Notas EGW

Lección 8
EDUCACIÓN Y REDENCIÓN


Sábado 14 de noviembre

Los talentos naturales y adquiridos son todos dones de Dios y deben ser conservados constantemente bajo la dirección de la potencia divina y santificadora de su Espíritu. Necesitan sentir profundamente su falta de experiencia en esta obra, y esforzarse con celo en adquirir el conocimiento y la sabiduría necesarios para emplear cada facultad del cuerpo y de la mente de tal manera que glorifique a Dios.

“Os daré corazón nuevo”. Cristo debe morar en nuestro corazón, así como la sangre está en nuestro cuerpo y circula por él como una potencia vivificadora. No podemos insistir demasiado en este punto. Al par que la verdad debe ser nuestra armadura, nuestras convicciones deben ser fortalecidas por la simpatía viva que caracterizaba la vida del Salvador. Ningún hombre puede subsistir a menos que la verdad viva se manifieste en su carácter. Hay un solo poder que puede hacernos o mantenernos firmes, y es la gracia de Dios en la verdad. El que confía en otra cosa está ya tambaleando, pronto a caer.

El Señor desea que se apoyen en él. Aprovechen al máximo cada ocasión para acercarse a la luz. Si se mantienen alejados de las santas influencias que emanan de Dios, ¿cómo podrán discernir las cosas espirituales (Testimonios para la iglesia, t. 7, p. 180).

Los que despojan su corazón de vanidad y escoria, por la gracia de Dios pueden purificar la mente, y hacer de ella un alfolí de conocimiento, pureza y verdad, que estará continuamente expandiéndose más allá de los estrechos límites del pensamiento mundanal, a la vastedad de lo infinito. La justicia y la misericordia de Dios serán reveladas a la percepción moral. Se discernirá el carácter atroz del pecado y sus resultados. El carácter de Dios, su amor manifestado al dar a su Hijo para morir por el mundo, y la belleza de la santidad son temas exaltadas para la contemplación. Fortalecerán el intelecto y atraerán al hombre a una comunión estrecha con el Infinito (Fundamentals of Christian Education, p. 49).

Dedicamos nuestro tiempo y pensamiento a las cosas triviales y vulgares del mundo, y descuidamos los grandes intereses que atañen a la vida eterna. Las nobles facultades de la mente se empequeñecen y debilitan porque no se las ejercita en temas que son dignos de su concentración. “Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. Filipenses 4:8… A medida que meditamos en la perfección de nuestro Modelo divino, desearemos transformarnos y renovarnos más cabalmente a la imagen de su pureza; se nos pide que salgamos y nos separemos del mundo, para que seamos hijos e hijas del Altísimo (Sons and Daughters of God, p. 107; parcialmente en Hijos e hijas de Dios, p. 109).



Domingo 15 noviembre - A IMAGEN DE DIOS

La vida de Cristo se debe revelar en la humanidad. El ser humano constituyó la corona de la obra creadora de Dios, hecho a la misma imagen divina y diseñado para ser un complemento de Dios; pero Satanás se ha esforzado por borrar la imagen de Dios en el hombre y por imprimirle la suya propia. El ser humano es muy querido para Dios, porque fue formado a su propia imagen. Este hecho debería impresionar sobre nosotros la importancia de enseñar por precepto y ejemplo lo que significa el pecado de la degradación del cuerpo que fue formado para representar a Dios ante el mundo…

Para poder comprender el valor que Dios le da al hombre, necesitamos entender el plan de la redención: el costoso sacrificio hecho por nuestro Salvador para rescatar a la raza humana de la ruina eterna. Jesús murió para obtener nuevamente posesión de la perla de gran precio… La vida de los hijos de Dios es una vida de abnegación, de autosacrificio, una vida de humildad. Los que no participan de los sacrificios de Cristo no pueden abrigar la esperanza de compartir su gloria… Hemos de ser juzgados de acuerdo con la manera en que utilizamos el conocimiento de la verdad que nos ha sido presentado (Exaltad a Jesús, p. 42).

En estos tiempos se habla mucho de la naturaleza e importancia de la “educación superior”. Aquel con quien están “la sabiduría y el poder”. Job 12:13 y de cuya boca “viene el conocimiento y la inteligencia” Proverbios 2:6, imparte la verdadera educación superior.

Todo verdadero conocimiento y desarrollo tienen su origen en el conocimiento de Dios. Doquiera nos dirijamos: al dominio físico, mental y espiritual; cualquier cosa que contemplemos, fuera de la marchitez del pecado, en todo vemos revelado este conocimiento. Cualquier ramo de investigación que emprendamos, con el sincero propósito de llegar a la verdad, nos pone en contacto con la Inteligencia poderosa e invisible que obra en todas las cosas y por medio de ellas. La mente del hombre se pone en comunión con la mente de Dios; lo finito, con lo infinito. El efecto que tiene esta comunión sobre el cuerpo, la mente y el alma sobrepuja toda estimación.

En esta comunión se halla la educación más elevada. Es el método propio que Dios tiene para lograr el desarrollo del hombre. “Vuelve ahora en amistad con él”. Job 22:21, es su mensaje para la humanidad. El método trazado en estas palabras era el que se seguía en la educación del padre de nuestra especie. Así instruyó Dios a Adán cuando, en la gloria de una virilidad exenta de pecado, habitaba este en el sagrado jardín del Edén (La educación, p. 14).

La gracia de Dios debe invadir las cámaras de la mente, la imaginación debe contemplar temas celestiales, y todo factor de la naturaleza debe ser purificado y vitalizado por el Espíritu de Dios.

Los pensamientos deben ser atados, restringidos, debe impedírseles que se desvíen en la contemplación de cosas que solamente debilitan y contaminan el alma. Los pensamientos deben ser puros, las meditaciones del corazón deben ser limpias… Las nobles facultades de la mente nos han sido dadas por el Señor para que las empleemos en contemplar las cosas celestiales. Dios ha hecho provisiones abundantes para que el alma continúe progresando en la vida divina (Hijos e hijas de Dios, p. 109).


Lunes 16 de noviembre - JESÚS COMO MAESTRO


La obra que el Salvador haría en la tierra había sido bosquejada plena y claramente: “Y reposará sobre él el espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. Y harále entender diligente en el temor de Jehová”. El así ungido vendría “a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos abertura de la cárcel; a promulgar año de la buena voluntad de Jehová, y día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar a Sión a los enlutados, para darles gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar del luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya”. Isaías 11:2, 3; 61:1-3 (Los hechos de los apostoles, p. 182).

[Jesús] reprendió la vanidad manifestada al codiciar el título de rabino o maestro. Declaró que este título no pertenecía a los hombres, sino a Cristo. Los sacerdotes, escribas, gobernantes, expositores y administradores de la ley, eran todos hermanos, hijos de un mismo Padre. Jesús enseñó enfáticamente a la gente que no debía dar a ningún hombre un título de honor que indicase su dominio de la conciencia y la fe.

Si Cristo estuviese en la tierra hoy rodeado por aquellos que llevan el título de “Reverendo” o “Reverendísimo”, ¿no repetiría su aserto: “Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo”? …

[Jesús dijo:] “El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se ensalzare, será humillado; y el que se humillare, será ensalzado”. Repetidas veces Cristo había enseñado que la verdadera grandeza se mide por el valor moral. En la estima del cielo, la grandeza de carácter consiste en vivir para el bienestar de nuestros semejantes, en hacer obras de amor y misericordia. Cristo, el Rey de gloria, fue siervo del hombre caído (El Deseado de todas las gentes, p. 565).

[Jesús] dio luego una prueba por la cual podía distinguirse al verdadero maestro del impostor: “El que habla de sí mismo, su propia gloria busca; mas el que busca la gloria del que le envió, este es verdadero, y no hay en él injusticia”. El que busca su propia gloria habla tan solo de sí mismo. El espíritu de exaltación propia delata su origen. Pero Cristo estaba buscando la gloria de Dios. Pronunciaba las palabras de Dios. Tal era la evidencia de su autoridad como maestro de la verdad (El Deseado de todas las gentes, p. 420).

 


Martes 17 de noviembre - MOISÉS Y LOS PROFETAS


El no haber estudiado la Palabra de Dios es la gran causa de la debilidad e ineficiencia mentales. Al apartarse de ella para alimentarse en los escritos de hombres no inspirados, la mente se empequeñece y degenera. No se pone en contacto con los principios profundos y amplios de la verdad eterna. El entendimiento se adapta a la comprensión de las cosas con las cuales está familiarizado, y en esta devoción a lo finito se debilita, su poder se contrae, y después de un tiempo se vuelve incapaz de expandirse.

Todo esto es falsa educación. La obra de cada maestro debe ser aferrar la mente de los jóvenes a las grandes verdades de la Palabra inspirada. Esta es la educación esencial para esta vida y para la venidera (Exaltad a Jesús, p. 113).

La Palabra de Dios es un gran Libro educador. Pero mientras muchos pretenden respetarla, ponen otros libros por encima de ella. Se exalta la razón humana por sobre la divina…

La Biblia es el libro de texto, y debería ser estudiada diligentemente, no como se lee cualquier libro. Debe ser para nosotros el libro que satisface las necesidades del alma. Este libro hará sabio para la salvación al hombre que lo estudie y lo obedezca. Así como el alimento no puede nutrir el cuerpo a menos que se lo coma y se lo digiera, tampoco puede la Palabra del Dios vivo satisfacer el alma a menos que se la reciba como Maestra de un sistema de educación superior, que está por encima de todo artificio humano; a menos que sus principios sean obedecidos porque son la sabiduría de Dios (Cada día con Dios, p. 125).

No es la mayor cantidad de trabajo lo que el Señor recompensa. Él no considera la magnitud de la obra tanto como la fidelidad con que se ha hecho. El siervo bueno y fiel es recompensado. En la medida en que cultivemos las facultades que Dios nos ha concedido, creceremos en conocimiento y percepción, y seremos capacitados para comprender y valorar la vida inmortal. Los que han despreciado los privilegios que Dios les ha dado y han estado conformes con su ignorancia, y han permitido que sus mentes estén completamente ocupadas con asuntos de valor trivial para ellos mismos o para otros, no comprenderán su responsabilidad personal, no subyugarán sus malas inclinaciones, ni fortalecerán sus resoluciones para una vida más pura, elevada y santa.

Los jóvenes deben ser aprendices para el mundo venidero. La perseverancia en la adquisición de conocimientos, regida por el temor y el amor de Dios, dará a los jóvenes crecidas fuerzas para el bien en esta vida; y los que saquen el mejor partido de sus oportunidades para alcanzar altas realizaciones, las llevarán consigo a la vida futura. Han procurado y obtenido lo que es imperecedero. La capacidad de apreciar las glorias que “ojo no vio, ni oído oyó” (1 Corintios 2:9), será proporcional a las realizaciones alcanzadas en el cultivo de las facultades en la vida ahora (Fundamentals of Christian Education, pp. 48, 49).

 


Miércoles 18 de noviembre - LOS SABIOS

El nombre de Jehová fue grandemente honrado durante la primera parte del reinado de Salomón. La sabiduría y la justicia reveladas por el rey atestiguaban ante todas las naciones la excelencia de los atributos del Dios a quien servía. Durante un tiempo Israel fue como la luz del mundo y puso de manifiesto la grandeza de Jehová. La gloria verdadera de Salomón durante la primera parte de su reinado no estribaba en su sabiduría sobresaliente, sus riquezas fabulosas o su extenso poder y fama, sino en la honra que reportaba al nombre del Dios de Israel mediante el uso sabio que hacía de los dones del cielo.

A medida que transcurrían los años y aumentaba la fama de Salomón, procuró él honrar a Dios incrementando su fortaleza mental y espiritual e impartiendo de continuo a otros las bendiciones que recibía. Nadie comprendía mejor que él que el favor de Jehová le había dado poder, sabiduría y comprensión, y que esos dones le eran otorgados para que pudiese comunicar al mundo el conocimiento del Rey de reyes (Profetas y reyes, pp. 22, 23).

Si la influencia de nuestro colegio es la que debería ser, los jóvenes que están en él estarán capacitados para discernir a Dios y glorificarlo en toda su obra. Mientras estén ocupados cultivando las facultades que Dios les ha dado se prepararán para rendirle un servicio aún más eficaz. El intelecto santificado, abrirá los tesoros de la palabra de Dios y juntará sus preciosas gemas para presentarlas a otras mentes y moverlas también a buscar las profundas cosas de Dios. El conocimiento de la riqueza de su gracia ennoblecerá y enaltecerá el alma humana y mediante la conexión con Cristo será partícipe de la naturaleza divina y obtendrá poder para resistir los envites de Satanás.

El hecho de que el conocimiento solo, puesto en manos del enemigo de todo bien, puede ser un poder que los destruya debe quedar grabado en la mente de los alumnos. Quien finalmente se declaró en rebeldía fue un ser muy inteligente que ocupó una posición muy elevada entre la multitud de ángeles y más de una mente privilegiada está ahora cautiva de su poder. El conocimiento santificado que Dios imparte es de la mejor calidad y hablará de su Gloria (Testimonios para la iglesia, t. 4, pp. 414, 415).

El pecado mancilló y casi borró la semejanza divina. Las facultades físicas del hombre se debilitaron, su capacidad mental disminuyó, su visión espiritual se oscureció. Quedó sujeto a la muerte. No obstante, la especie humana no fue dejada sin esperanza. Con infinito amor y misericordia había sido trazado el plan de salvación y se le otorgó una vida de prueba. La obra de la redención debía restaurar en el hombre la imagen de su Hacedor, devolverlo a la perfección con que había sido creado, promover el desarrollo del cuerpo, la mente y el alma, a fin de que se llevase a cabo el propósito divino de su creación. Este es el objeto de la educación, el gran objeto de la vida (La educación, pp. 15, 16).


Jueves 19 de noviembre LA EDUCACIÓN EN LA IGLESIA PRIMITIVA

“Hablamos sabiduría entre perfectos —declaró más tarde Pablo—; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que se deshacen; mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria: la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció: porque si la hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de gloria: antes, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oreja oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que ha Dios preparado para aquellos que le aman. Empero Dios nos lo reveló a nosotros por el Espíritu: porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios”. 1 Corintios 2:6-10:

Pablo comprendía que su suficiencia no estaba en él, sino en la presencia del Espíritu Santo, cuya misericordiosa influencia llenaba su corazón y ponía todo pensamiento en sujeción a Cristo. Hablando de sí mismo, afirmaba que llevaba “siempre por todas partes la muerte de Jesús en el cuerpo, para que también la vida de Jesús sea manifestaba en nuestros cuerpos”. 2 Corintios 4:10. En las enseñanzas del apóstol, Cristo era la figura central. “Vivo —declaraba—, no ya yo, mas vive Cristo en mí”. Gálatas 2:20. El yo estaba escondido; Cristo era revelado y ensalzado (Los hechos de los apóstoles, p. 240).

Todos debieran comprender la necesidad de la obra del Espíritu Santo. A menos que este Espíritu sea aceptado y albergado como el representante de Cristo, cuya obra consiste en renovar y santificar el ser entero, las verdades trascendentales que les han sido confiadas a los seres humanos perderán su poder sobre la mente. No es suficiente que poseamos un conocimiento de la verdad. Hemos de caminar y obrar en amor, conformando nuestra voluntad a la voluntad de Dios. De los que hacen esto el Señor dice: “Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré”. Hebreos 8:10… Así se renueva la relación divina entre el hombre y Dios. “Y seré a ellos por Dios”, dice, “y ellos me serán a mí por pueblo” (En los lugares celestiales, p. 337).

“Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad”. Juan 14:16, 17

La promesa nos pertenece ahora tan ciertamente como perteneció a los discípulos… Que cada miembro de iglesia se arrodille delante de Dios y ore fervientemente por la recepción del Espíritu. Clamad: “Señor, aumenta mi fe. Hazme comprender tu Palabra; porque la entrada de tu Palabra da luz. Refrigérame con tu presencia. Llena mi corazón con tu Espíritu”.

En toda ocasión y lugar, en todas las tristezas y aflicciones, cuando la perspectiva parece sombría y el futuro nos deja perplejos y nos sentimos impotentes y solos, se envía el Consolador en respuesta a la oración de fe (La maravillosa gracia de Dios, p. 191).