Lección 8 MATERIAL AUXILIAR PARA EL MAESTRO
El sábado enseñaré...

RESEÑA

La educación es un don precioso, que no debe darse por sentado. Como cualquier otro buen regalo que recibimos, este también “desciende de lo alto, del Padre de las luces” (Sant. 1:17). Cabe suponer que Dios tiene el corazón de un maestro. A los maestros les gusta compartir todo lo que saben con sus alumnos, y Jesús da una pista de que él y el Padre son así: “Porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer” (Juan 15:15). ¿Qué pasaría si leyéramos la Biblia a través de la lente de la relación alumno-maestro? ¿Qué pasaría si escucháramos a nuestro divino Maestro y nos preguntáramos qué está tratando de enseñarnos Dios hoy con esta lección? Dar un paseo al aire libre quizá no sea una oportunidad menor para aprender del gran Maestro, al recordar que con frecuencia él utilizó la naturaleza como pizarra. Con todo, debemos ajustarnos al rol de alumnos e interiorizarlo, si queremos apreciar plenamente el don de la educación que Dios nos dio.

Quizá parte de la motivación divina para hacernos “a su imagen” sea para que nuestra similitud con él facilite la comunicación de su amor y su conocimiento hacia nosotros. La lección habla de una “convergencia de ideas”, una divina y una humana, que permite que esta comunión tenga lugar. Ser racional es una de esas cualidades que nos separa del resto de la Creación. ¿Hasta qué punto debemos confiar en el razonamiento para comprender el plan de redención?

COMENTARIO

Ilustración

Esta lección resalta la importancia de ver a Dios en la posición del divino Maestro y a nosotros como sus alumnos. El tesoro más valioso de su enseñanza es el plan de redención y restauración de este mundo perdido. No solo debemos aprender de este plan, sino también compartirlo con los demás. El problema es que cada vez es más difícil comunicar las verdades del evangelio a una cultura que no comparte algunas de las presuposiciones que sustentan una cosmovisión cristiana.

Por ejemplo, un cristiano quizá quiera testificar compartiendo un versículo bíblico favorito con un amigo de la universidad, pero pronto se da cuenta de que el amigo ve la Biblia como una recopilación de mitos… con cero credibilidad. ¿Y ahora qué? Cuando el cristiano pasa por alto la Biblia y va directamente a explicar cómo Dios envió a Jesús a morir por nuestros pecados, se encuentra con una mirada desdeñosa sobre la palabra pecado. “¿Pecado?”, sonríe el amigo. “El pecado es un concepto anticuado de los días en que la religión controlaba a la sociedad”. La moral objetiva quedó atrás; en otras palabras, lo que puede ser un “pecado” para ti puede ser una virtud en otra cultura. El cristiano lucha por parecer imperturbable y, en un último esfuerzo, dice que Jesús es “el camino, y la verdad, y la vida”, y que podemos encontrar la salvación en él si creemos. El amigo le da una palmada condescendiente en el hombro al cristiano y comenta que los estudios posmodernos han demostrado que el término “verdad” es problemático y es un retroceso a la era de la Modernidad. El amigo expresa satisfacción porque el cristiano ha encontrado un camino que le brinda paz, pero él está en otro camino. Se separan, y el cristiano se pregunta por qué toda esa oportunidad de testificar no salió como era de esperar.

Por más que esta situación hipotética suene muy frustrante, al menos apunta a otro problema. El problema es que se anima al cristiano a adoptar dos respuestas distintas. Una es orar para que su amigo de la universidad vea la luz y ejerza fe a pesar de la gran cantidad de argumentos intelectuales que lo obligan a no hacer esto. La segunda respuesta también sería orar, para luego empaparse de la literatura académica relevante sobre filosofía, teología bíblica y sistemática, historia, estudios sobre fe y ciencia y otras disciplinas que lo capacitarían para manejar efectivamente las inquietudes escépticas del amigo. Entonces, ¿por cuál optar? ¿Orar y dejarlo en paz o aprovechar la democratización de la información y tratar de instruirnos en los más altos niveles que sean razonables en determinada situación y seguir orando también?

Para analizar:

Haz la pregunta anterior a tu clase de Escuela Sabática, y seguramente recibirás respuestas entusiastas a favor y en contra del tema. Un pasaje que inevitablemente aparece es 1 Corintios 2:1 y 2, que dice: “Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado”. La siguiente parte analiza más detenidamente este texto.

Texto bíblico

En la primera lectura de 1 Corintios 2:1 y 2, podríamos concluir que la única estrategia para evangelizar debería ser la mención de Jesús y su crucifixión. Evitar los argumentos relacionados con la sabiduría y la “excelencia” de palabras parece ser algo bueno. Pero, hay algunas señales de alarma con esta interpretación. En primer lugar, va en contra de muchos sermones de Hechos en los que se utilizan argumentos cuidadosos, evidencias históricas y la lógica de manera eficiente para convencer a otros de la identidad de Jesucristo y de su resurrección (p. ej., Hech. 2; 7). De hecho, en la misma epístola, Pablo utiliza estas herramientas para apoyar persuasivamente la verdad de la resurrección (1 Cor. 15). J. P. Moreland, un famoso apologista cristiano (J. P. Moreland, Love Your God With All Your Mind, p. 58) ofrece en parte las siguientes interpretaciones alternativas y contextualizadas:

1. Hay un uso falso y orgulloso de la razón que no conduce a la difusión del evangelio. La razón misma y la “sabiduría de lo alto” no pueden estar bajo condena, sino solo por su abuso. “Es la hubris (el orgullo) lo que está a la vista, no el nous (la mente). Dios escogió cosas “tontas” (moria) que eran ofensivas para el orgullo humano, no para la razón utilizada correctamente. Por ejemplo, la idea de que Dios fuera crucificado era tan ofensiva que el espíritu griego lo habría juzgado moralmente desagradable”.

2. Pablo también podría haber tenido en cuenta el uso de la retórica griega. Los oradores griegos se enorgullecían de poder argumentar persuasivamente a favor o en contra de un problema… por un buen precio. La verdad de un asunto se vuelve secundaria en este contexto, y el premio es para quien da el discurso más hábil y pulido. Es posible que Pablo haya querido distanciarse de estos métodos.

3. Pablo también quizás esté abogando por la ineptitud de la razón pura como único recurso para comunicar el evangelio. En primer lugar, no es posible comenzar con principios de lógica y deducción y de alguna manera llegar a un Salvador divino crucificado y resucitado. La Revelación, el testimonio apostólico/profético, la persuasión del Espíritu Santo y la fe son componentes necesarios junto con la razón para pasar de la incredulidad al compromiso con Cristo.

Hay algunas cosas que dice Pablo que son difíciles de entender (2 Ped. 3:16). El contexto ayuda. Además, dado que es lógico suponer que no es un hipócrita que esté violando sus propios consejos, siempre es aconsejable observar cómo él mismo aplica sus consejos cuando escribe y predica. Entonces, cuando dice: “Solo predico a Jesucristo, y a este crucificado”, incluso una lectura rápida de Romanos 1 al 12 nos ayuda a comprender que su predicación de Cristo y de este crucificado puede equivaler a la elaboración de un ensayo teológico denso, difícil, novedoso, profundo y brillante que ha mantenido a los eruditos ocupados durante siglos.

La relación entre la fe, la razón, la teología académica, el estudio bíblico personal, el papel del Espíritu Santo, la evangelización y la educación adventista es bastante opaca para muchos cristianos. Muchos están desconcertados sobre por qué deberían enviar a sus hijos a una institución educativa adventista superior cuando ya tienen la Biblia, los escritos de Elena de White y el Espíritu Santo a su disposición. ¿Por qué no ahorrarse miles de dólares y, quizá, hacer un curso de estudio bíblico de evangelización por correspondencia?

Este interrogante nos lleva de vuelta a nuestra ilustración del joven cristiano que intenta testificar a un amigo de la universidad, y cuáles son sus responsabilidades educativas, para responder a las preguntas de su amigo. Si todo lo que el Cielo espera que haga el cristiano es orar y citar versículos, entonces parece razonable que no necesite obtener una educación universitaria ni ser autodidacta (no todos podemos costearnos una experiencia universitaria de primera mano, pero podemos aprender de los textos y de los materiales de quienes sí pueden). Quizá dos citas nos puedan impulsar en la dirección correcta, una de Pedro y otra de C. S. Lewis:

“Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Ped. 3:15).

“Si todo el mundo fuera cristiano, quizá no importaría que todo el mundo se instruyera. Pero, fuera de la iglesia habrá vida cultural, ya sea que esta exista adentro o no. La buena filosofía debe existir, aunque más no sea porque la mala filosofía necesita una respuesta” (C. S. Lewis, Quotes: Quotable Quote).

APLICACIÓN A LA VIDA

1. ¿Cómo veía la gente a Jesús cuando anduvo en la Tierra? Busca en los cuatro evangelios todas las veces que lo llamaron “redentor”, y no encontrarás nada. Intenta buscar “salvador” en esos mismos evangelios (tres veces: dos de ellas fueron pronunciadas por un ángel o por alguien antes de que él naciera). Busca rabí o maestro, y podrás ver rápidamente cómo percibía la gente a Jesús. Por supuesto, él era más que un maestro. Pero la cuestión es que nunca dejó de ser un maestro; su obra de salvación está vinculada con su obra de enseñanza. ¿Cómo afecta este aspecto nuestra manera de compartir el evangelio y qué tipo de educación deberíamos obtener?

2. Lee el Sermón del Monte de Jesús o la Carta de Pablo a los Romanos, y observa que tienen un aspecto teórico y otro práctico. Al contemplar tu vida en este momento, ¿cuál de esos dos aspectos de tu desarrollo necesita atención? ¿Necesitas hacer más o aprender más? Si es esto último, ¿qué más sientes que necesitas aprender?

3. Además de la necesidad de salvar nuestra alma para el Reino de Dios, también tenemos muchas ideas que debemos rehacer o corregir. ¿Crees que cabe aplicar el concepto de redención a la totalidad de las ideas de nuestra mente? Explica tu respuesta.