Capítulo 3

¿EN QUIÉN CONFÍAS?

Isaías 7

El rey Acaz era miembro de la dinastía establecida por David. Él era hijo de Jotam, que era hijo de Uzías. j m—á Poco antes de la muerte de Uzías (alrededor de 740a.C.), Tiglat-pileser III comenzó a reinar sobre Asiría en 745 a.C. Este rey buscó expandir su dominio en gran medida, ! conquistando otras naciones. Ante la inminente posibilidadde aniquilación por parte de la superpotencia asiría, los reinos de Siria e Israel hicieron una alianza para luchar contra Asiría. Estos reinos vecinos habían luchado entre sí muchas veces (p. ej„ i Rey. 20; 2 Rey. 6,13), pero ahora un peligro mayor los unía.

Siria e Israel necesitaban el apoyo de Judá, pero Judá estaba en el sur, lejos de Asiría, y no quería intervenir. Siria e Israel estaban desesperados, por lo que no estaban dispuestos a aceptar un "No" como respuesta. Decidieron tomar Judá por la fuerza, deponer a su rey, a saber, Acaz, y establecer un gobernante títere que cooperara con ellos (Isa. 7:1,5,6). Entonces marcharon con sus ejércitos hasta Jerusalén, la capital de Judá, y la sitiaron (2 Rey. 16:5). Nunca antes una coalición de Israel y Siria había amenazado la existencia misma de la dinastía davídica en Judá.

DECLARACIÓN DE DEPENDENCIA

Acaz era joven e inexperto. Había llegado al trono recientemente, a los veinte años (vers. 2); y esta fue una crisis aterradora, porque los reyes depuestos tenían una corta esperanza de vida. Isaías describe gráficamente la reacción de la corte real de Judá: "Y se le estremeció el corazón, y el corazón de su pueblo, como se estremecen los árboles del monte a causa del viento" (Isa. 7:2).

El asedio sirio-israelita a Jerusalén no estaba logrando conquistar la ciudad (2 Rey. 16:5; Isa. 7:1),-pero Acaz no quería arriesgarse. Entonces envió un costoso soborno a Tiglat-pi-leser III, el rey de Asiria, junto con un mensaje que decía: "Yo soy tu siervo y tu hijo; sube, y defiéndeme de mano del rey de Siria, y de mano del rey de Israel, que se han levantado contra mí" (2 Rey. 16:7). El rey asirio cumplió, felizmente. En 734 a.C., marchó con su ejército a Damasco, la capital de Siria, la asedió y la tomó, se llevó a sus habitantes cautivos y mató al rey sirio (vers. 9). Así finalizó el reino de Siria y la amenaza sirio-israelita a Judá.

¡Bien por Acaz! ¡Qué movimiento tan brillante! Pero el soborno vino con un precio adicional. Tan,to Tiglat-pileser como Acaz sabían a qué se refería Acaz cuando introdujo su petición con las palabras: "Soy tu siervo y tu hijo". Esta era una declaración de dependencia. Acaz se estaba poniendo bajo la protección del rey asirio, como su subordinado. Estaba renunciando a la independencia de Judá y poniéndose bajo el dominio y la influencia del poder pagano asirio, que era despiadadamente cruel y del que no podría escapar fácilmente. Como 2 Crónicas 28 describe la situación, sobornar al rey asirio "no le ayudó" (vers. 21), porque "vino contra él Tiglat-pileser rey de los asirios, quien lo redujo a estrechez, y no lo fortaleció" (vers. 20).

EL RESTO DE LA HISTORIA

Al evaluar cómo se desarrollaron los hechos, ¡los eventos no necesitaban presentarse de ese modo! No era necesario que Judá perdiera su independencia, se sometiera al apoyo y la manipulación de Asiria, le rindiera homenaje y estuviera bajo su peligrosa ^corruptora influencia. Dios conocía el futuro, y habría protegido a Acaz y a Judá, si tan solo Acaz hubiera confiado en él y hubiese ejercido el coraje que surge de la fe.

Antes de que Acaz apelara a Tiglat-pileser, el Señor envió a su profeta Isaías para disuadir a Acaz de cometer este grave error, y le aseguró que la amenaza de Siria e Israel pronto se desvanecería de todos modos, sin la necesidad de que Asiria interviniera. Tiglat-pileser no necesitaba un soborno para atacar a Siria e Israel, como tampoco Hitler necesitaba un soborno para atacar a Polonia en 1939; su camino de conquista ya se dirigía en esa dirección.

"Entonces dijo Jehová a Isaías: Sal ahora al encuentro de Acaz, tú, y Sear-jasub tu hijo, al extremo del acueducto del estanque de arriba, en el camino de la heredad del Lavador" (Isa. 7:3). La ubicación "al extremo del acueducto del estanque de arriba" sugiere que Acaz estaría inspeccionando el suministro de agua de Jerusalén, lo que sería crucial durante un asedio.

Cuando Isaías le presentara a su hijo a Acaz, el nombre de Sear-jasub le daría escalofríos. El nombre Sear-jasub significa "un remanente volverá". Podría significar que un remanente del pueblo volvería al Señor; es decir, se arrepentirían y se convertirían (comparar con Isa. 1:27; 10:21; Jer. 3:12). O también podría significar que un remanente regresaría de la batalla o del exilio (comparar con Neh. 8:17; Jer. 30:10) o sobreviviría a la destrucción (Isa. 10:22). Este nombre podría ser una advertencia profética condicional de que solo algunos regresarían, si el pueblo de Dios no se arrepentía; simultáneamente, podría ser un presagio de esperanza de que habría una restauración posterior para algunos. El hijo menor de Isaías era un mensaje y un llamado condicional viviente, que respiraba y caminaba. Era una promesa de que Dios controlaba el destino de Judá.

Al llevar a Sear-jasub para encontrarse con el rey, según el mandato del Señor, Isaías honró a su hijo. Este hecho debió haberle transmitido a Acaz una reprensión implícita al presentar un contraste radical con la forma en que trataba a su propio hijo: "Hizo pasar por fuego a su hijo, según las prácticas abominables de las naciones que Jehová echó de delante de los hijos de Israel" (2 Rey. 16:3; práctica prohibida en Deut. 18:10; Lev. 18:21; 20:1-5).

Pero, el mensaje del Señor que Isaías le entregó a Acaz era claro: no tengas miedo, porque el plan para derrocar a Judá no tendrá éxito (Isa. 7:4-9). Los enemigos de Judá -Asiría e Israel- terminarían como dos tizones humeantes. Luego vino el llamado de Dios a Acaz y a los miembros de su corte, incluida su familia: "Si vosotros no creyereis, de cierto no permaneceréis" (vers. 9). Si no confían en mí, no sobrevivirán.

Todo dependía de su confianza en Dios. Esta confianza se desarrolla mediante una experiencia con él. Quien creyó en Dios, obedeció su palabra y descubrió que es fiable podrá confiar en él cuando llegue una crisis y no hay nada más de qué aferrarse que su Palabra (comparar con Gén. 22; ver también Heb. 11:17-19).

Desgraciadamente, Acaz no era esa ciase de persona. Estaba muy lejos de Dios y se rebeló contra él más que cualquier otro rey de Judá hasta ese. momento (2 Rey. 16:2-4; 2 Crón. 28:1-4). Acaz era un politeísta idólatra, no un verdadero adorador del único Señor; no confiaba en él ni lo obedecía.

Acaz fue el responsable de acarrear sobre su nación y sobre sí mismo la crisis de la coalición sirio-israelita. Debido a sus pecados, Dios permitió que los sirios y los israelitas derrotaran a los ejércitos de Judá en la batalla, mataran a numerosos habitantes de Judá y tomaran cautivos a muchos (2 Crón. 28:5-15; ver también los vers. 17-19).

Podemos identificar dos razones por las que Dios actuó así. En primer lugar, no podía continuar derramando sus bendiciones del Paito sobre quienes le habían sido infieles, ni enviaría un mensaje equivocado al mundo, es decir, que la lealtad a él como el Señor del Pacto no importaba. En segundo lugar, la disciplina de Dios fue un intento de despertar a Acaz y a los habitantes de Judá a la realidad de que su bienestar y su existencia dependían de él. Si no cooperaban con él, estarían solos en un mundo cruel y peligroso.

El pueblo de Dios llegó a constituirse en una lección objetiva que mostraba al mundo los resultados de la lealtad o la deslealtad hacia él. Los caminos de Dios no habían cambiado. Quería otorgar abundantes bendiciones a su pueblo para captar la atención de los demás y atraerlos hacia él. Pero no podría hacer esto si ignoraban sus instrucciones.

UN OFRECIMIENTO DEMASIADO BUENO PARA SER RECHAZADO

Acaz no merecía más que la muerte por su idolatría, por asesinar a sus propios hijos y por la alta traición contra el Rey divino, que como resultado causó la muerte de miles de sus soldados en batalla (ver 2 Crón. 28:6). Pero, después de que Dios redujera las opciones de Acaz mediante la derrota y lo llevara a un punto crítico de crisis, en el que se enfrentó a la muerte cara a cara, el Señor le planteó a este miserable y desdichado infiel un asombroso ofrecimiento para ayudarlo a creer que seguramente se cumpliría lo que Isaías había predicho sobre el final de la amenaza sirio-israelita: "Pide para ti señal de Jehová tu Dios, demandándola ya sea de abajo en lo profundo [el inframundo; lugar de los muertos], o de arriba en lo alto" (Isa. 7:11). Dios haría cualquier cosa que Acaz le pidiera, solo para demostrar que él tenía la capacidad de hacerlo, incluyendo salvar al rey de sus enemigos. Este era un "cheque en blanco" sin ningún riesgo, para que Acaz lo completara con la cantidad que deseara. ¡A cuántos de nosotros nos encantaría tener esa oportunidad!

¡Sorprendentemente, Acaz rechazó el ofrecimiento de Dios (vers. 12)! Ni siquiera estaba dispuesto a darle al Señor la oportunidad de persuadirlo al brindarle una vía de escape (comparar con 1 Cor. 10:13), porque estaba atrincherado en la incredulidad y el estilo de vida que llevaba; por lo tanto, no quería cambiar. La fe en Dios implicaría reconocer el señorío divino sobre Acaz, y la responsabilidad del rey ante él; algo que el monarca no estaba dispuesto a aceptar. Quería tener las riendas, sin importar las consecuencias. Dios ya le había mostrado la futilidad de ese curso de acción, al reducir el reino del que estaba a cargo.

Las siguientes palabras de Isaías a Acaz, y ahora también a la familia real, fueron inquietantes: "Oíd ahora, casa de David. ¿Os es poco el ser molestos a los hambres, sino que también lo seáis a mi Dios?" (vers. 13). En el versículo 11, el Señor, a través de Isaías, se había dirigido a Acaz: "Pide para ti señal de Jehová tu Dios" (énfasis añadido). Ahora Isaías le decía que eran molestos "a mi Dios" (énfasis añadido). Al rechazar esta oportunidad de fe, Acaz había rechazado al Señor como su Dios. El Señor era el Dios de Isaías, pero no el de Acaz ni de su familia, .

Agotar la paciencia de Dios es peligroso. Cuando está (metafóricamente) cansado de hacer llamados que solo son rechazados, llega un momento en el que ya no hay nada más que pueda hacer para ayudar (comparar con 5:4).

Era de esperar que Isaías le diera a Acaz un veredicto divino de desastre inminente e ineludible, y esto es lo que hizo, pero iba acompañado de un mensaje de esperanza para el pueblo de Dios. Acaz había rechazado una señal, pero el Señor le daría de todos modos otra:

Por tanta el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen .concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombfe Emanuel. Comerá mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno. Porque antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno, la tierra de los dos reyes que tú temes será abandonada. Je-hová hará venir sobre ti, sobre tu pueblo y sobre la casa de tu padre, días cuales nunca vinieron desde el día que Efraín se apartó de Judá, esto es, al rey de Asiria (Isa. 7:14-17).

Lo bueno es que el territorio de Siria y el Reino del Norte, Israel ("la tierra de los dos reyes que tú temes" [vers. 16]), serían abandonados, por lo que estas naciones dejarían de amenazar a Judá. Esto sucedería en un período corto, incluso antes de que un bebé que nacería pronto tuviera la edad suficiente como para elegir qué comida le gustaba y qué es lo no quería comer. Lo malo era que el rey de Asiria se acercaba. Él, el mismo a quien Acaz estaba a punto de pedir ayuda, era la verdadera amenaza.

La señal de Emanuel enfatizaba dos aspectos. En primer lugar, su nombre, Emanuel, significa "Dios está con nosotros" (una oración sin verbo en hebreo, a la que se debe agregar el verbo "ser/estar"). Ya sea que a Acaz le gustara o no, el Señor todavía estaba con su pueblo y dirigía su destino. A un creyente en Dios, esta señal de su presencia continua le brindaría consuelo y esperanza. En segundo lugar, el desarrollo del niño ofrecía un marco de tiempo dentro del cual ocurrirían los acontecimientos clave. Parece que el niño comería leche agria o cuajada y miel, debido a la falta de cultivos de granos, frutas y verduras, como consecuencia de la devastación de la tierra.

La Biblia no identifica a este Emanuel ni a su madre, a quien se menciona en Isaías 7:14 simplemente como una almah: "una mujer joven o niña en edad de casarse". En otra parte de la Biblia, la palabra hebrea puede referirse a vírgenes solteras (no iniciadas sexualmente), en contextos donde se puede determinar este nivel de detalle (Gén. 24:43; Éxo. 2:8); pero en otros casos, las mujeres jóvenes pueden no ser vírgenes en este sentido (Cant. 1:3; 6:8;frpv. 30:19, que se refiere a la experiencia sexual). Entonces, tal vez esta joven-cita estaba a punto de casarse y quedar embarazada cuando Isaías habló con Acaz. Otra posibilidad es que el término almah pueda incluir a una joven recién casada. Si es así, la madre de Emanuel ya pudo haber estado embarazada. En cualquier caso, como el hijo de Isaías, Sear-jasub, el niño Emanuel era una señal profética para Acaz.

Sin embargo, la importancia de Emanuel iba mucho más allá, porque servía como tipo, una prefiguración histórica a la que correspondería una realidad salvífica«posterior y mucho mayor.1 Siglos después, una joven concebiría milagrosamente mediante el Espíritu Santo mientras todavía era virgen soltera. Un ángel le informó a su prometido José:

Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del.profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz

un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros (Mat. 1:21-23).

Aquí el texto griego de Mateo cita la traducción de la Septuaginta de Isaías 7:14, que traduce el hebreo 'almah con el término griego parthenos, que denota una virgen en el sentido técnico de "algtiien que nunca ha tenido relaciones sexuales".2

El nombre Jesús es una forma abreviada de Josué, que significa "YHWH [el nombre personal del Dios de Israel] es salvación". Como se mencionó anteriormente,"Emanuel significa "Dios está con nosotros" (el verbo está implícito en el hebreo pero se omitió en la traducción literal al griego en Mat. 1:23). Los nombres de Jesús y Emanuel son poderosas promesas relacionadas entre sí. Jesús, el Hijo de Dios, puede salvarnos de nuestros pecados y de sus resultados fatales, porque ha venido en carne humana, "nacido de mujer" (Gál. 4:4), para traernos la presencia de Dios no solo por unos pocos años, sino por siempre.

El Señor ofreció a Acaz una señal; podría ser "de abajo en lo profundo, o de arriba en lo alto" (Isa. 7:11). En Jesús, Dios nos ha dado una señal que es "tan alta como el cielo" para rescatarnos de la sujeción al cruel "príncipe de este mundo" (Juan 12:31), cuyo mal es tan "profundo como el Seol". Jesús dijo: "Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Juan 8:31,32).

Acaz se negó a permanecer en la palabra de Dios o a saber la verdad; en cambio, confió en sí mismo y perdió su libertad al elegir un amo cruel.

Tú ¿en quién confías?

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1  Para una definición de la tipología bíblica y los principios para identificar tipos en el Antiguo Testamento, ver Richard M. Davidson, "The Eschatologi-cal Hermeneutic of Biblical Typology", TheoRhema 6, N» 2 (2011), pp. 5-48.

2 z Frederick W. Danker, Walter Bauer, William F. Arndty F. Wilbur Gingrich,

A Greek-Enghsh Lexicón of the New Testament and Other Early Christian Literature (Chicago: University of Chicago Press, 2000), p. 777.