Capítulo 11

EL SANTUARIO Y LOS MINISTERIOS DEL NUEVO PACTO

La Epístola a los Hebreos contiene una relación profé-tica y tipológica muy completa entre el plan de Dios revelado por medio del sistema de sacrificios hebreo y el plan de Dios revelado por medio del ministerio personal de Jesucristo en su vida, muerte, ascensión y mediación celestial.1 Hebreos 9:15 nos introduce en el estudio de estas dos revelaciones del .plan de Dios que se complementan entre sí. "Cristo es médiador de un nuevo pacto, para que los llamados recíbanla herencia eterna prometida" (NVI).

Aquí, la Escritura iesalta claramente a Jesucristo como el Mediador celestial de un pacto superior. Él cumplió el tipo del llamado pacto antiguo de dos maneras.

Primero, él es el verdadero sacrificio sobre el que se basa ese pacto, cuya sangre también lo ratificó. La sangre de Cristo ratificó el nuevo pacto y dejó caduco el pacto del Sinaí y su sistema mediador basado en el sacrificio de animales. "El pacto hecho con Abraham fue ratificado mediante la sangre de Cristo, y es llamado el 'segundo' pacto o 'nuevo' pacto, porque la sangre con la cual fue sellado se derramó después de la sangre del primer pacto.".2

En segundo lugar, Cristo cumplió el tipo al convertirse en el Mediador del nuevo pacto, así como Moisés fue el mediador del pacto del Sinaí. La mediación de Jesucristo, sin embargo, también incluye la redención "de los pecados cometidos bajo el primer pacto" (Heb. 9:15). Esta amplitud de significados indica que los sacrificios del pacto del Sinaí solo eran tipos que apuntaban hacia la muertede Cristo en la cruz y que solo encontraron su cumplimiento en la muerte sacrificial y sustitutiva de Cristo. Por lo tanto, debemos entender que su mediación afecta la redención de todos los creyentes, ya sea bajo el nuevo pacto o bajo el antiguo pacto.

El nuevo pacto es también superior al antiguo en la seguridad del perdón. Sin embargo, sería un error pensar que bajo el pacto del Sinaí, con sus sacrificios de animales, no había perdón disponible. Dios también prometió el perdón a los penitentes en el período durante el que el pacto del Sinaí estaba vigente (Éxo. 34:6,7; Lev. 4:20,26,31,35; 19:22; Sal. 103:12; Isa. 38:17; 43:25; Neh. 9:17). Pero el perdón bajo el pacto del Sinaí era proléptico o anticipatorio del perdón que aseguraría la sangre de Cristo (Heb. 9:15), que "por muchos es derramada para perdón de los pecados" (Mat. 26:28). El perdón de los pecados bajo el nuevo pacto se puede considerar superior en el sentido de que está asegurado en la muerte de Cristo en la cruz. En el antiguo pacto, el pecado era perdonado en vista y en anticipación de lo que Cíisto lograría en la cruz al morir por los pecados de la humanidad; pero en el nuevo pacto, el perdón se otorga sobre la base de lo que ya se logró en la cruz. En el primer caso, los creyentes esperaban con ansias la llegada del Hijo de Dios; en el segundo, miramos atrás, hacia lo que ya él logró.

EL VERDADERO SANTUARIO EN EL CIELO

Así como el antiguo pacto tenía un santuario, el nuevo pacto también tiene uno. El santuario en el cielo no es simplemente una idea en el ámbito celestial que tiene un leve reflejo en la tierra; sino que es algo muy real, tanto, que está en el corazón del universo y que se puede ver y apreciar.3

Dios deseaba vivir con su pueblo, y por eso dijo: "Me erigirán un santuario, y habitaré en medio de ellos" (Éxo. 25:8). El propósito final de Dios de construir un santuario portátil en el desierto era que él pudiera estar presente de una manera más íntima en medio del pueblo del pacto. La intención era que el santuario terrenal, erigido para que morara la presencia Divina, revelara su propósito de hacer de los corazones humanos un templo para su morada, una de las disposiciones clave del nuevo pacto (Heb. 13:20,21). Todo el proceso para llevar a cabo el pacto (Éxo. 19 y 24) y de entrega de la ley (Éxo. 20:1-11) es garantía de la realidad de la presencia de Dios en el tabernáculo y en los corazones de su pueblo. Un estudio detallado de Éxodo 25:9 y 40 revela que la triple repetición de la palabra "modelo" (en hebreo tabriit) denota la idea de que,a Moisés en su visión (Núm. 8:4) se le mostró un modelo a escala o una copia en miniatura del Santuario celestial. Dios lo instruyó para que construyera el santuario terrenal siguiendo el patrón de este modelo en miniatura. Por lo tanto, el santuario terrenal era una copia construida según la realidad celestial.^

El libro de Apocalipsis en el Nuevo Testamento deja en claro que el templo o Santuario celestial no debe equipararse con todo el cielo. Apocalipsis 11:19 claramente nos presenta un templo "en el cielo" que fue abierto en el que podía verse el arca del pacto dentro de él. En Apocalipsis 14:17, el revelador informa que "otro ángel salió del templo que está en el cielo" (cursiva añadida). Esta particularidad aparece nuevamente en Apocalipsis 15:5, donde el versículo dice que "fue abierto en el cielo el santuario del tabernáculo del testimonio" (cursiva añadida). La repetición de esta frase revela sin lugar a dudas que hay un templo o santuario en el cielo y que, de ninguna manera, se puede interpretar que el cielo mismo o los cielos superiores son el santuario. En resumen, basándonos en la visión que tuvo Moisés y la que tuvo el apóstol Juan, queda claro que debe establecerse una clara distinción entre el cielo mismo y el santuario o templo de Dios en el cielo. En Hebreos 8 también se hace hincapié en la realidad del Santuario celestial. En el versículo 2, encontramos el adjetivo "verdadero" asociado con el Santuario celestial. El Santuario celestial es el "verdadero tabernáculo". La palabra verdadero aquí es el adjetivo griego alethes, que define algo como "verdadero" en oposición a "falso". Este "verdadero tabernáculo" (Heb. 8:2) es el tabernáculo original, del que el santuario terrenal de dos partes es una "figura y sombra" (Heb. 8:5). El santuario terrenal no es más que una "sombra"; la realidad está en el cielo. La "sombra" en la tierra refleja la realidad física del santuario de dos partes que está en el cielo, el cual proyecta la sombra (comparar con Éxo. 25:40; 26:30; 27:8).

La Epístola a los Hebreos nos dice que en un lugar excelso al que define como "los cielos" (Heb. 4:14; 7:26; 8:i, 2; 9:24; 12:25, 26), muy por encima de la tierra y de los cielos que serán sacudidos por Dios (Heb. 1:10-12; 11:1,2; 12:26), existe la realidad de la Jerusalén celestial (Heb. 11:10; 12:22; 13:14) y el santuario "verdadero" de dos compartimientos (Heb. 8:2, 5; 9:11,28). Así como la copia terrestre tenía dos compartimentos (Heb. 9:1-6), el santuario original celestial tiene dos partes o compartimentos (Heb. 8:2,5; 9:8,11,12,23,24; 10:19), de los cuales uno contiene el trono de Dios (Heb. 4:16; 8:1; 12:2). Este verdadero santuario de dos partes en el cielo no solo es el original, sino la sede misma del ministerio celestial salvador y benéfico de Cristo.

La lógica de la Epístola a los Hebreos exige que así como el antiguo pacto tenía un santuario dividido en dos partes, el nuevo pacto también tenga un santuario dividido en dos partes. La tipología que se usa en Hebreos 8:1 al 5 y Hebreos 9:8 al 28 muestra una tipología vertical, cielo-tierra; así como una tipología de original y copia.

Hebreos 9:1 al 5 describe la estructura del santuario terrenal con el lugar santo y el lugar santísimo. Los versículos 6 y 7 dan detalles de los respectivos servicios. En Hebreos 9:8, la frase "primer tabernáculo" (NVI) o "primer cuarto" (PDT) (prote skene) se usa en el sentido temporal de haber sido el "primer santuario" o "antiguo santuario" del antiguo pacto, e incluye tanto el Lugar Santo como Lugar Santísimo.

En Hebreos 9:8, la expresión "tabernáculo" (en griego, ta hagia) se refiere a todo el Santuario celestial con sus dos divisiones. "El más afhplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos" (Heb;f9:n), se refiere igualmente al Santuario celestial de dos partes, dos divisiones. Todo esto demuestra que tanto el Nuevo Testamento como el Antiguo (Sal. 1:4; 18:6; 29:9; 60:6; 63:2; 68:35; 96:6; 150:1; Miq. 1:2,3; Hab. 2:20; etc.) enseñan la realidad del Santuario celestial y que existe un verdadero Santuario celestial de dos p'artes, un santuario "real", que no es meramente un concepto o metáfora.

En los tiempos anteriores al Nuevo Testamento, el método designado divinamente para que el pecador se librara del pecado y de la culpa era por medio de sacrificios de animales. En Levítico 1 al 7 se detallan las ofrendas de sacrificio de los israelitas. Estos procedimientos requerían de una cuidadosa atención al uso y la eliminación de la sangre en los diversos tipos de sacrificios.

La persona que pecaba, quebrantaba de manera personal la relación del pacto y la ley que la regulaba. Bajo el antiguo pacto, esta persona podía restaurar su plena comunión con Dios y sus semejantes si traía un animal para presentarlo como sacrificio sustitutivo. Los sacrificios, incluidos los ritos asociados con ellos, eran el medio designado por Dios para lograr la limpieza del pecado y la culpa. Dios Jos instituyó para limpiar al pecador, para transferir el pecado y la culpa del pecador al santuario por medio de la sangre rociada, y para restablecer la plena comunión del pacto con Dios y con los demás seres humanos. "De hecho, la ley exige que casi todo sea purificado con sangre, pues sin derramamiento de sangre nb hay perdón" (Heb. 9:22, NVI).

El israelita reflexivo sabía que los sacrificios de animales eran el medio que Dios utilizaba para señalarles profética-mente el sacrificio mayor. Ciertamente, un animal no era el sustituto idóneo para expiar adecuadamente el pecado y la culpa de una persona (véase Ose. 6:6; Sal. 50:8-15; 5i:i5-i9; Isa. 1:10-18; 53). El autor de Hebreos declara explícitamente: "Es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados" (Heb. 10:4, NVI). Por lo tanto, el sacrificio de animales no era más que una prefiguración del sacrificio venidero, el cual moriría en sustitución de los pecados del mundo.

Esta gran verdad está expresada proféticamente en.uno de los capítulos más majestuosos de todas las Escrituras:

Mas él fue herido por nuestras rebeliones, molido por fiuestros pecados. Por darnos la paz, cayó sobre él el castigo, y por sus llagas fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como un cordero fue llevado al matadero; como una oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, no abrió su boca (Isa. 53:5-7).

Estas palabras proféticas sobre la venida del Mesías y su papel sacrificial manifiestan el hermoso plan de Dios para la salvación de la humanidad. El hecho de que Jesucristo murió en la cruz como sacrificio es el tema principal del Nuevo Testamento. Se habla de Jesús como el Cordero de Dios inmolado vicariamente: "¡Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!" (Juan 1:29). Pablo describe a Jesús como "nuestro Cordero pascual" que "ha sido "sacrificado" (1 Cor. 5:7, NVI). De hecho, Jesucristo "se entregó a sí mismo por nosotros" como un "sacrificio a Dios" (Efe. 5:2), "como de un cordero sin mancha y sin contaminación" (1 Ped. 1:19). Él "se ofreció a sí mismo a Dios como un solo sacrificio por los pecados, válido para siempre" (Heb. 10:12, NTV).

La tesis de que la muerte de Cristo en la cruz fue susti-tutiva y no meramente representativa ha perdido el apoyo de muchos intérpretes.4 Sin embargo, la muerte sustitutiva de Cristo en la cruz no se puede negar fácilmente. El Nuevo Testamento insiste una y otra vez que Cristo, quien vivió "sin pecado" (Heb. 4:15), murió "por" el pecado (Rom. 8:3, NVI) y fue crucificado en favor de hombres y mujeres, "se dio a sí mismo por nuestros pecados" (Gál. 1:4! "fue entregado por nuestras transgresiones" (Rom. 4:25) y "murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras" (i Cor. 15:3). Estos pasajes, junto con Gálatas 3:13 y 2 Corintios 5:14, dejan claro que la muerte de Cristo en la cruz fue sustitutiva. Él murió en nuestro lugar. Él mismo se entregó como sustituto por nosotros. Murió la muerte del transgresor, pagando la pena por nuestro pecado, proporcionando asi vida y comunión con él y con Dios para siempre.3

Así como el animal se sacrificaba en el altar fuera del santuario, Jesucristo murió en la cruz, en la tiersa, fuera del Santuario celestial. La muerte de Cristo en la cruz resumió y cumplió todos los tipos y sombras en todos los diversos sacrificios en el sistema del Antiguo Testamento, todos los cuales apuntaban hacia su muerte.

Cuando Jesucristo murió en la cruz, el templo y sus rituales dejaron de tener sentido. La cortina del templo se rasgó por la mitad (Mat. 27:51) como señal de que el templo y sus servicios habían perdido su significado en el plan de Dios. Aunque los judíos, e incluso ciertos cristianos hebreos, como podemos deducir de la Epístola a los Hebreos, continuaron ofreciendo sacrificios en el templo terrenal, estos sacrificios eran en vano. Jesucristo, el verdadero sacrificio, había venido, cumpliendo con la totalidad de lo que estos sacrificios de animales señalaban, haciendo que carecieran de sentido después de que él murió.

LA PRIMERA FASE DEL MINISTERIO CELESTIAL DE CRISTO

Después de la dedicación del santuario terrenal (Éxo. 40:1-11) y de la instalación de los sacerdotes (Éxo. 40:12-15;

30:30-33), se dio inicio al ministerio en el santuario terrenal. Antitípicamente, nuestro Sacerdote y Sumo Sacerdote celestial también comenzó su ministerio en el Santuario celestial después de su dedicación, un servicio que se había predicho en Daniel 9:24. El derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés significó, según Hechos 2:33, que Cristo había dado inicio a su ministerio celestial. Por medio del Espíritu Santo, el Cristo que ministra sostiene a su iglesia en la tierra y reivindica a los creyentes ante sus enemigos.

Jesús es el "mediador" celestial de un pacto superior. La propia sangre de Cristo, derramada en el Calvario a nuestro favor, ratificó el nuevo pacto y dejó obsoleto el pacto anterior y su sistema mediador. La propia sangre de Cristo nos dio "plena libertad para entrar en el Lugar Santísimo" (Heb. 10:19, NVI). Nos proporciona el "camino nuevo y vivo" (versículo 20) por medio del que podemos acercarnos "con toda confianza al trono de la gracia" (Heb. 4:16, NTV).

Cristo es nuestro Sacerdote y Sumo Sacerdote celestial. El término "sacerdote" se usa tres veces en la Epístola a los Hebreos en relación con el Cristo exaltado y entronizado (Heb. 7:15; 8:4; 10:21). Eij Hebreos 7:15 y 16, Cristo se presenta como el Real Sacerdote según el orden de Melquisedec. Melquisedec, nunca llamado "sumo sacerdote" sino más bien "sacerdote", es un tipo de Cristo, el "sacerdote" celestial.

Otra característica especial de la Epístola a los Hebreos es el desarrollo de una extensa tipología de Cristo como nuestro Sumo Sacerdote celestial. Recientes investigaciones meticulosas sobre esta tipología muestran que tiene aspectos tanto horizontales como verticales. Ya habíamos mencionado su aspecto vertical. La tipología de sumo sacerdote en Hebreos se desarrolla más que todo de una manera horizontal. Hebreos 5:4 y 5 señala que Dios llamó a Jesús a su función de sumo sacerdote como lo hizo con Aarón. Su llamamiento fue un cumplimiento de la predicción registrada en el Salmo 110:4. Dios "lo designó" (Heb. 5:io, NTV) y lo exaltó "sobre los cielos" (Heb. 7:26, NVI). Su nombramiento como Sumo Sacerdote celestial ocurrió como resultado de un llamado divino y no como un acto de autodesignación o de alguna herencia física. Bajo esta investidura, Cristo demuestra que sus ministerios sumo sacerdotal y sacerdotal son de naturaleza superior.

Además de la de Sacerdote y Sumo Sacerdote, el Nuevo Testamento describe la función de Cristo en el«cielo como Mediador e Intercesor. Pablo describe a Moisés como el "mediador" de la ley (Gál. 3:19); pero en 1 Timoteo 2:5, el Señor Jesucristo, quien se dio a sí mismo en rescate por todos, es designado como el "mediador entre Dios y los hombres". El término Mediador es uno de los grandes títulos que el Nuevo Testamento le adjudica a Jesús, en este caso cuatro vecesi Timoteo 2:5; Hebreos 8:6; 9:15; y 12:24.

Según el uso de la palabra en el Nuevo Testamento, un "mediador" es un árbitro o intermediario cuya tarea es unir a dos partes distanciadas. Este árbitro es el que escribe las diferencias entre las partes y también el que inaugura un contrato o pacto. El "mediador" también puede hacer las veces de garante o fiador (Heb. 7:22) que se responsabiliza de la deuda de otra persona. De esta manera, en la primera fase del ministerio celestial de Cristo, el cual se llevó a cabo en la primera parte del Santuario celestial, Jesús, el Mediador celestial, actúa como intermediario entre nosotros y Dios. Él es el eslabón que conecta a Dios con la humanidad. Como nuestro Mediador, él pagó todas las deudas de cada uno de sus clientes. Jesús es el Mediador que puede presentarse delante de Dios por nosotros gracias a lo que representa su sangre (Heb. 10:10,19) luego de haberse entregado a sí mismo por nosotros. Solo él es capaz de unir a las dos partes distanciadas.

Jesucristo es el camino de acceso al Santuario celestial (ver Heb. 9:8). Su mediación continua en el Santuario celestial es tan perfecta y de una naturaleza tan superior, que el creyente en Cristo no necesita ningún otro mediador, ya sea en la tierra o en el cielo. La gloria única de Cristo como Mediador exige que los fieles no den a ningún otro ser ni siquiera en apariencia la función y obra que Jesucristo está realizando en el Santuario celestial.

Cristo también se desempeña como intercesor celestial. El ministerio celestial de Cristo incluye un aspecto de "intercesión permanente", que sobresale por la forma en que se usa el verbo en Romanos 8:34. También se dice que Jesús intercede "por" aquellos "que por medio de él se acercan a Dios" (Heb. 7:25, NVI). La enseñanza de la continua intercesión celestial de Cristo se desarrolla de una manera más amplia en la Epístola a los Hebreos, donde podemos ver que sus actividades de intercesión se llevan a cabo (Heb. 7:25) "ante Dios en favor nuestro" (Heb. 9:24, NVI), donde continuarán mientras Cristo sea Sumo Sacerdote (Heb. 6:20; 7:3).

Esta intercesión, que lleva a cabo en favor de todo aquel que se acerca a Dios por medio de Cristo, es un auténtico acto sumosacerdotal. Mediante su función intercesora, nuestro Sumo Sacerdote celestial nos limpia de toda maldad. La función intercesora^Je Cristo es la del Paráclito, nuestro Abogado ante él Padire (1 Juan 2:1); quien le habla al Padre en nuestra defensa para que los pecados confesados por los santos sean perdonados.

El conocimiento de la función de Cristo como Sacerdote intermediario e intercesor y Sumo Sacerdote en el cielo, así como nuestro Mediador e Intercesor celestial, nos hace sentir confiados en nuestra salvación. Nos hace sentir libres de culpa cuando le confesamos nuestros pecados. Nos eleva a un nivel excelso de crecimiento espiritual. Nos enseña sobre el Único por medio de quien podemos llegar a ser perfectos. El conocimiento de la función celestial de Cristo es clave para entender el significado de la justificación por la fe.

LA SEGUNDA FASE DEL MINISTERIO CELESTIAL DE CRISTO

La segunda fase del ministerio celestial de Cristo en la segunda división del Santuario celestial comenzó en 1844. Esta segunda fase del ministerio celestial de Cristo, a diferencia de la primera fase, está relacionada tipológicamente con el ministerio terrenal que realizaba el sumo sacerdote en el Día de la Expiación, que estaba separacjo del que llevaban a cabo diariamente los sacerdotes durante todo el año. El ministerio "anual" del sumo sacerdote terrenal durante los tiempos del Antiguo Testamento en el gran Día de la Expiación corresponde tipológicamente a la segunda fase del ministerio de Cristo en la segunda división del Santuario ¿elestial.

Al examinar la segunda fase del ministerio de Cristo en el Santuario celestial, es de gran importancia reconocer que la segunda fase no anula a la primera. Por el contrario, se agrega una nueva segunda fase del ministerio a la primera fase, para que ambas fases sigan operando simultáneamente. Aquí podemos ver el paralelismo con el servicio del santuario terrenal. En el gran Día de la Expiación, también se ofrecía ese mismo día el holocausto continuo, además de los sacrificios especiales del día (Núm. 29:11). De la misma manera, al comienzo de la segunda fase del ministerio expiatorio de Cristo, su fase como Sumo Sacerdote, él no dejó su papel como Intercesor y Mediador. Durante la segunda fase, así como durante la primera, el perdón y los demás beneficios que recibe el creyente del ministerio sacerdotal de Cristo continúan estando disponibles.

Ahora, en nuestra comparación del ministerio sacerdotal típico con el antitípico, examinaremos el elemento del tiempo. La escena del juicio en Daniel 7 arroja luz sobre este aspecto del tema. Debemos establecerlo dentro del marco del tiempo del fin, después de que se haya cumplido la profecía de los 1.260 días/años de dominio del cuerno pequeño sobre el pueblo de Dios y antes de que el pueblo de Dios reciba el reino (Dan. 7:21,22). En Daniel 8:13 y 14, podemos encontrar más detalles sobre algunos aspectos del tema ya revelados en la visión de Daniel 7. Específicamente, proporciona detalles sobre el elemento temporal de la segunda fase, refiriéndose a la segunda fase como la "purificación" del Santuario celestial, indicando que comienza al final de los 2.300 años; es decir, en 1844 (véase Dan. 9:24-27 para conocer las razones por las que la profecía de los 2.300 años/días comenzó en el año 457 a.C.).

Resulta asombroso que el término santuario en Dan. 8:14 es el término hebreo qodesh. Este término es el mismo término típico que se usa para describir el santuario ("tabernáculo de reunión", "lugar santo", etc.) que sería purificado en el Día de la Expiación en Levítico 16, donde aparece ocho veces (vers. 2,3,16,17,20,23,27,33). Aquí vemos claramente un vínculo en la terminología así como en el concepto entre Daniel 8:14 y Levítico 16. En Levítico 16, el capítulo sobre el gran Día de la Expiación, se habla de la purificación del santuario durante el antiguo pacto. Pero en Daniel 8:14, estanTbs hablando de la "purificación" del santuario del nuevo pacto, el santuario ungido después de la muerte y la ascensión de Cristo (ver Dan. 9:24, última frase) y que ahora está siendo purificado en el "tiempo del fin" (Dan. 8:17; compárese con el vers. 19).

La actividad que se llevará a cabo en el Santuario celestial y que se describe en Daniel 8:14, es una actividad para la que Daniel usó una palabra que se ha traducido tradicionalmente al español como "purificado". El término hebreo es nisdaq, el único uso de esta forma verbal en el Antiguo Testamento. En la antigüedad y en otros idiomas, este término también se ha traducido como "limpiado". Dos traducciones griegas, la Septuaginta y la de Teodoción, contienen la misma traducción "purificado". En la traducción latina conocida como Vulgata, la palabra que se usa es mundabitur, que significa "limpiado" o "purificado". Lo mismo ocurre con las antiguas traducciones siríaca y copta.

Una investigación filológica cuidadosa revelará que "purificado" es una de las acepciones de este término, como lo indican términos hebreos paralelos (Job 4:17; 17:9; 15:14; Sal. 5i:7; Prov. 20:7-9) que significan "limpiar" o "purificar". Pero el término hebreo nisdaq en Daniel 8:14 también sugiere acciones como "restituir" o "restaurar", así como "justificar" y "reivindicar".4 Parece que no hay una palabra adecuada en nuestro idioma que pueda captar los diversos matices de significado, como: limpieza, rectificación, justificación y vindicación, que se deben resumir en un solo término para transmitir la riqueza de esta palabra hebrea.

Anteriormente señalamos que la nueva fase en el ministerio celestial de Cristo comenzó en el año 1844, que ocurre en lá segunda división del Santuario celestial. Esta actividad previa al advenimiento, que es el antitipo de la obra del Día de la Expiación en el sistema levítico, se lleva a cabo en el Lugar Santísimo del Santuario celestial y tiene dimensiones cósmicas. La "purificación" implica la eliminación del pecado. Esta "restitución" o "restauración" implica ganar el lugar apropiado para la función de la intercesión sumosacerdotal de Cristo durante esta última fase de su ministerio celestial. La "justificación" denota una actividad judicial, fqf ense, relacionada con un juicio, en la que se toman decisiones sobre los que serán resucitados y los que serán rescatados durante la Segunda Venida de Cristo (véase Dan. 12:1-3). La "reivindicación" significa que los santos sean purificados ante todas las inteligencias del universo (ver Dan. 7:9,10) y considerados dignos de ser ciudadanos del reino eterno de Dios. La "reivindicación" también implica la reivindicación del carácter y de la justicia de Dios.

Estas actividades de juicio, de redención y de purificación descritas en Daniel 8:14 señalan precisamente el inicio de estos acontecimientos en el Santuario celestial: tienen lugar al final de las 2.300 "tardes y mañanas". Estas actividades celestiales se comparan con las actividades típicas del Día de la Expiación, que encontramos en Levítico 16: la limpieza, la restitución, la justificación y la vindicación tanto del santuario como de los santos. Las actividades de juicio, de redención y de purificación del tiempo del fin ante las inteligencias del universo restauran el santuario al lugar que le corresponde, hace que los pecados sean borrados y que los santos, así como Dios mismo, sean vindicados ante el universo.

La base pactada para estas actividades de juicio, de redención y de purificación en el Santuario celestial en favor del pueblo de Dios es Cristo y su sacrificio: "Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo" (Dan. 12:1; comparar con Jud. 9). Él es el único capaz de salir victorioso en el tiempo de angustia y liberar físicamente a los santos, "todos los que se hallen inscritos en el libro. Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados: unos para vida eterna, otros para vergüenza y confusión perpetua" (Dan. 12:1,2). Evidentemente, el momento culminante de las actividades de juicio, de redención y de purificación del tiempo del fin (la justificación, la purificación, la vindicación y la restauración) afectan tanto al Santuario celestial como a los santos terrenales.

La contemplación de la obra majestuosa, maravillosa y vivificante de Jesucristo nos ayuda a entender el gran privilegio que tenemos de pertenecer al pueblo de Dios y de su pacto. No estamos solos en nuestra lucha. Por el contrario, nuestro Sumo Sacerdote celestial nos da la seguridad de su ministerio en favor de nosotros en el cielo, así como de su presencia acompañándonos aquí en la tierra. Poder contemplar lo que está sucediendo en el cielo a nuestro favor también nos invita y nos motiva a llevar a cabo una limpieza personal de nuestra vida por medio de su gracia. Además, comprender de manera sincera la actividad celestial que se lleva a cabo en el Lugar Santísimo del Santuario celestial estimula en nosotros un sentido misionero que nos impulsa a cooperar con él para preparar a otros para su próximo regreso.

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1 Ver los artículos en FrankB. Holbrook.ed., Issuesin the BookofHebrews, Daniel and Revelation Committee Series, tomo 4 (Silver Spring, MD: Biblical

2 Research Institute, 1989).

3  Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 387.

William 6. Johnsson, "The Heavenly Sanctuary: Figurative or Real?", en Issues in the Book ofHebrews, pp. 35-51; ver también Ángel Manuel Rodríguez, "Santuario" en Raoul Dederen ed„ Tratado de teología adventista del séptimo día, pp. 426-472.

Véase la conveniente encuesta llevada a cabo por Richard Rice, "The Doctrine of Atonement in Contemporary Protestant Theology", The Sanc-tuary and the Atonement: Biblical, Histórica!, and TheologicalStudies, Arnold V. Wallenkampf y W. Richard Lesher, eds. (Washington, DC: Review and Herald, 1981), pp. 478-499.

4 Gerhard F. Hasel, "El 'cuerno pequeño', el Santuario celestial y el tiempo del fin: estudio de Daniel 8:9-14", en Frank B. Holbrook, ed„ Simposio sobre Daniel (Doral, FL: IADPA, 2010), pp. 383-470; Richard M. Davidson, "The Meaning of Nisdaq in Daniel 8:14", Journal of the Adventist Theological Society 7/1 (1996): pp. 107-119.