Lección 3: Para el 16 de octubre de 2021
EL PACTO PERPETUO

Sábado 9 de octubre Audio  Comentario EGW Mat. Damas Mat. Adultos Audio Pr. Bullón

Lee para el estudio de esta semana

Génesis 12:1–3; Romanos 4:1–5; Éxodo 2:24; Deuteronomio 5:1–21; 26:16–19; 8:5; Mateo 28:10.

Para memorizar

“Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti” (Gén. 17:7).

“Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo” (Apoc. 14:6). Observa, es “el evangelio eterno”, que siempre existió, que siempre estuvo allí, que se nos prometió en Cristo Jesús “desde antes del comienzo del tiempo” (Tito 1:2, RVA-2015).

Por lo tanto, no es de extrañar que la Biblia hable en otras ocasiones sobre el pacto “perpetuo”, “eterno” o “sempiterno” (Gén. 17:7; Isa. 24:5; Eze. 16:60; Heb. 13:20), porque la esencia del evangelio es el Pacto, y la esencia del Pacto es el evangelio: Dios, por su gracia y su amor salvíficos, te ofrece una salvación que no mereces y que nunca podrás ganar; y tú, en respuesta, le devuelves el amor “con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas” (Mar. 12:30); un amor que se manifiesta por la obediencia a su Ley: “Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos” (1 Juan 5:3).

Esta semana veremos la idea del Pacto según se expresa en el libro de Deuteronomio, donde el Pacto y todo lo que este implica se ponen de manifiesto.


Comentarios Elena G.W

Como habían vivido en un ambiente de idolatría y corrupción [los israelitas], no tenían un concepto verdadero de la santidad de Dios, de la extrema pecaminosidad de su propio corazón, de su total incapacidad para obedecer la ley de Dios, y de la necesidad de un Salvador. Todo esto se les debía enseñar.

Dios los llevó al Sinaí; manifestó allí su gloria; les dio la ley, con la promesa de grandes bendiciones siempre que obedecieran: “Ahora pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, … vosotros seréis mi reino de sacerdotes, y gente santa”. Éxodo 19:5, 6… Habían presenciado la grandiosa majestad de la proclamación de la ley, y habían temblado de terror ante el monte; y sin embargo, apenas unas pocas semanas después, quebrantaron su pacto con Dios al postrarse a adorar una imagen fundida. No podían esperar el favor de Dios por medio de un pacto que ya habían roto; y entonces viendo su pecaminosidad y su necesidad de perdón, llegaron a sentir la necesidad del Salvador revelado en el pacto de Abraham y simbolizado en los sacrificios. De manera que mediante la fe y el amor se vincularon con Dios como su libertador de la esclavitud del pecado. Ya estaban capacitados para apreciar las bendiciones del nuevo pacto (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 388, 389).

A la omnipotencia del Rey de reyes, nuestro Dios, que cumple su pacto, une la delicadeza y el cuidado de un tierno pastor. Nada puede impedirle el camino. Su poder es absoluto y es la prenda para el seguro cumplimiento de sus promesas a su pueblo. Él puede remover todos los obstáculos al avance de su obra. Él posee los recursos para eliminar toda dificultad para que aquellos que le sirven, y tienen respeto por los medios que él utiliza, puedan ser libertados. Su bondad y su amor son infinitos y su pacto es inalterable.

Los planes de los enemigos de su obra al parecer son firmes y bien trazados, pero él puede echar abajo los planes más sólidos, y lo logrará a su debido tiempo, cuando vea que nuestra fe ha sido lo suficientemente probada y que estamos acercándonos a él y haciendo de él nuestro consejero (Testimonios para la iglesia, t. 8, pp. 17, 18).

Dios no violará su pacto, ni alterará lo que proclamaron sus labios. Su palabra perdurará para siempre, tan inalterable como su trono. En el juicio, este pacto se destacará, escrito claramente por el dedo de Dios; y el mundo será emplazado ante el tribunal de la justicia infinita para recibir su sentencia.

Hoy como en el tiempo de Elías, la línea de demarcación entre el pueblo que guarda los mandamientos de Dios y los adoradores de los falsos dioses está claramente trazada. Elías clamó: “¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él”. 1 Reyes 18:21. Y el mensaje destinado a nuestra época es: “Caída es, caída es la grande Babilonia… Salid de ella, pueblo mío, porque no seáis participantes de sus pecados, y que no recibáis de sus plagas; porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades”. Apocalipsis 18:2, 4, 5 (Profetas y reyes, pp. 139, 140).

 

Reavivados por su Palabra: Hoy, Gálatas 2.
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Domingo 10 de octubre
EL PACTO Y EL EVANGELIO
Audio Diálogo Bíblico Comentario EGW Mat. Damas Mat. Adultos

En la Biblia, de principio a fin, el Pacto y el evangelio aparecen juntos. Aunque la idea del Pacto existía antes de la nación de Israel (por ejemplo, el pacto de Noé), y aunque la promesa del Pacto se hizo antes de que existiera la nación de Israel, se expresó de manera prominente mediante la interacción de Dios con su pueblo, comenzando con sus padres, los patriarcas.

E incluso desde el principio, la verdad central del Pacto fue el evangelio: la salvación solo por la fe.

Lee Génesis 12:1 al 3; 15:5 al 18; y Romanos 4:1 al 5. ¿Cuál fue la promesa del Pacto que se le hizo a Abram (más tarde Abraham), y cómo se revela el evangelio en esa promesa del Pacto?

Abraham creyó en Dios, creyó en las promesas que Dios le había hecho, y por lo tanto fue justificado ante Dios. Sin embargo, esta declaración no era gracia barata: Abraham procuró cumplir con su parte del Pacto mediante la obediencia, como se ve en  Génesis 22, en el monte Moria. A pesar de todo esto, “su fe le es contada por justicia” (Rom. 4:5). Por eso, siglos después, Pablo usó a Abraham como ejemplo de lo que significa vivir de acuerdo con las promesas del pacto que Dios había hecho con su pueblo.

Este tema resuena en toda la Biblia. Pablo lo mencionó en otra ocasión en Gálatas 3:6, donde nuevamente cita Génesis 15:6, acerca de que la fe de Abraham “le fue contad[a] por justicia”, y esto hace referencia a la primera promesa que se le hizo a Abram de que todas las naciones serían bendecidas en su simiente (Gál. 3:9). Las promesas del Pacto son para todos, para los judíos y los gentiles “que son de fe” (Gál. 3:7) y, por tanto, son justificados por la fe sin las obras de la Ley, aunque estén comprometidos, debido al Pacto, a obedecer la Ley.

Incluso cuando Jeremías habla del Nuevo Pacto, lo hace en el contexto de la Ley: “Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo” (Jer. 31:33), lo que refleja el lenguaje que se remonta al libro de Levítico: “Andaré entre vosotros, y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo” (Lev. 26:12).

La idea de la Ley y el evangelio juntos, ¿cuán perfectamente encaja con el mensaje de los tres ángeles de Apocalipsis 14, el mensaje de advertencia final de Dios al mundo?


Comentarios Elena G.W

Abraham… a quien se diera por primera vez la promesa del pacto, había sido llamado a salir de su parentela hacia regiones lejanas, para que pudiese comunicar la luz a los paganos. Aunque la promesa que le fuera hecha incluía una posteridad tan numerosa como la arena del mar, no eran motivos egoístas los que iban a impulsarle como fundador de una gran nación en la tierra de Canaán. El pacto que Dios hiciera con él abarcaba todas las naciones de la tierra. Jehová declaró: “Bendecirte he, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición: y bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré: y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”. Génesis 12:2, 3.

Al renovarse el pacto poco después del nacimiento de Isaac, el propósito de Dios en favor de la humanidad se expresó nuevamente con claridad. Acerca del hijo prometido el Señor aseguró que serían “benditas en él todas las gentes de la tierra”. Génesis 18:18. Y más tarde el visitante celestial volviô a declarar: “En tu simiente serán benditas todas las gentes de la tierra”. Génesis 22:18 (Profetas y reyes, pp. 272, 273).

Las promesas hechas a Abraham y confirmadas a su hijo eran miradas por Isaac y Rebeca como la meta suprema de sus deseos y esperanzas. Esaú y Jacob conocían estas promesas. Se les había enseñado a considerar la primogenitura como asunto de gran importancia, porque no solo abarcaba la herencia de las riquezas terrenales, sino también la preeminencia espiritual. El que la recibía debía ser el sacerdote de la familia; y de su linaje descendería el Redentor del mundo. En cambio, también pesaban responsabilidades sobre el poseedor de la primogenitura. El que heredaba sus bendiciones debía dedicar su vida al servicio de Dios. Como Abraham, debía obedecer los requerimientos divinos. En el casamiento, en las relaciones de familia y en la vida pública, debía consultar la voluntad de Dios (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 175, 176).

Bajo el nuevo pacto, las condiciones por las que se puede obtener la vida eterna son las mismas que bajo el antiguo: una obediencia perfecta. Bajo el antiguo pacto, había muchas ofensas de carácter insolente y atrevido para las que no había un sacrificio especificado por la ley. En el nuevo y mejor pacto, Cristo ha satisfecho la ley en lugar de los transgresores de la ley, si ellos quieren recibirlo por fe como un Salvador personal… Misericordia y perdón son las recompensas de todos los que acuden a Cristo confiando en sus méritos para que les quite los pecados. En el mejor pacto, somos limpiados del pecado por la sangre de Cristo… El pecador es incapaz de expiar un solo pecado. El poder está en el don gratuito de Cristo, una promesa apreciada únicamente por los que se percatan de sus pecados y los olvidan poniendo su alma desvalida sobre Cristo, el Salvador perdonador de pecados. Él pondrá en su corazón su ley perfecta, que es “santa, justa, y buena”. Romanos 7:12 (A fin de conocerle, p. 298).

 

Reavivados por su Palabra: Hoy, Gálatas 3.
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Lunes 11 de octubre
EL PACTO E ISRAEL
Audio Diálogo Bíblico Comentario EGW Mat. Damas Mat. Adulto

“No por tu justicia, ni por la rectitud de tu corazón entras a poseer la tierra de ellos, sino por la impiedad de estas naciones Jehová tu Dios las arroja de delante de ti, y para confirmar la palabra que Jehová juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob” (Deut. 9:5; ver además Deut. 9:27). ¿Cómo se manifiesta la realidad de las promesas del Pacto en este versículo?

Aquí también se manifiesta el Pacto de la gracia: Dios trabajó por ellos, a pesar de sus constantes errores. (Con seguridad, así es como funciona el evangelio en la actualidad.) Y fue por la promesa hecha a los padres que la gracia de Dios se concedió a las generaciones futuras.

En el trato de Moisés con el pueblo al que se le dieron las promesas del Pacto en su conjunto, a menudo él se refirió a las promesas del Pacto hechas a los patriarcas.

Lee Éxodo 2:24; 6:8; y Levítico 26:42. ¿Qué se dice aquí que ayuda a mostrar cómo funcionan las promesas del Pacto?

El Éxodo de Egipto, el gran símbolo de la gracia salvífica de Dios, también se basó en el pacto que el Señor había hecho con sus padres. Es decir, incluso antes de que nacieran los beneficiarios del Pacto, las promesas se hicieron en su favor. Por ende, sin ningún mérito propio, recibieron la liberación prometida que Dios obró en favor de ellos a través de los milagros y las maravillas del Éxodo.

Por supuesto, las cosas no terminaron allí. Fueron desde Egipto hasta el Sinaí, donde el pacto se estableció “oficialmente” (ver  Éxo. 20). Y, en el centro de ese Pacto encontramos el evangelio y la Ley, los Diez Mandamientos, a los que fueron exhortados a obedecer: una manifestación de su relación salvífica con el Señor, quien ya los había redimido (el evangelio). Por lo tanto, una y otra vez en Deuteronomio, se los instó a obedecer esa Ley como parte del Pacto, que había sido ratificado en el Sinaí.

¿Qué papel debe desempeñar la Ley de Dios en nuestra vida hoy –aquellos que hemos sido salvos por gracia–, y por qué esa Ley es primordial para nuestra experiencia con Dios?


Comentarios Elena G.W

El Señor sacó a sus hijos de Egipto en forma victoriosa. Los condujo por el desierto para probarlos. Repetidas veces manifestó su poder milagroso al librarlos de sus enemigos. Prometió conservarlos para sí mismo, como su tesoro peculiar, si ellos obedecían su voz y guardaban sus mandamientos. No les prohibió comer la carne de los animales, pero la apartó de ellos en gran medida. Les proporcionó el alimento más saludable. Hizo llover su pan del cielo y les dio agua pura de la dura roca. Realizó un pacto con ellos según el cual los libraría de las enfermedades si ellos le obedecían en todas las cosas (Mensajes selectos, t. 2, p. 476).

Una fe nominal en Cristo, que le acepta simplemente como Salvador del mundo, no puede traer sanidad al alma. La fe salvadora no es un mero asentimiento intelectual a la verdad. El que aguarda hasta tener un conocimiento completo antes de querer ejercer fe, no puede recibir bendición de Dios. No es suficiente creer acerca de Cristo; debemos creer en él. La única fe que nos beneficiará es la que le acepta a él como Salvador personal; que nos pone en posesión de sus méritos. Muchos estiman que la fe es una opinión. La fe salvadora es una transacción por la cual los que reciben a Cristo se unen con Dios mediante un pacto. La fe genuina es vida. Una fe viva significa un aumento de vigor, una confianza implícita por la cual el alma llega a ser una potencia vencedora (El Deseado de todas las gentes, pp. 312, 313).

Para la iglesia de Dios… resultan de un valor especial los mensajes de consejo y admonición dados por los profetas que presentaron claramente el propósito eterno del Señor en favor de la humanidad. En las enseñanzas de los profetas, el amor de Dios hacia la raza perdida y el plan que trazó para salvarla quedan claramente revelados. El tema de los mensajeros que Dios envió a su iglesia a través de los siglos transcurridos fue la historia del llamamiento dirigido a Israel, sus éxitos y fracasos, cómo recobró el favor divino, cómo rechazó al Señor de la viña y cómo el plan secular será realizado por un remanente piadoso en favor del cual se cumplirán todas las promesas del pacto. Y hoy el mensaje de Dios a su iglesia, a aquellos que se ocupan en su viña como fieles labradores, no es otro que el dado por el profeta antiguo…

Espere Israel en Dios. El Señor de la viña está ahora mismo juntando de entre los hombres de todas las naciones y todos los pueblos los preciosos frutos que ha estado aguardando desde hace mucho. Pronto vendrá a los suyos; y en aquel alegre día se habrá cumplido finalmente su eterno propósito para la casa de Israel. “Días vendrán cuando Jacob echará raíces, florecerá y echará renuevos Israel, y la haz del mundo se henchirá de fruto”. Isaías 27:6 (Profetas y reyes, pp. 15, 16).

 

Reavivados por su Palabra: Hoy, Gálatas 4.
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Martes 12 de octubre
EL LIBRO DEL PACTO
Audio Diálogo Bíblico Comentario EGW Mat. Damas Mat. Adulto

Aunque la idea de pacto (berit, en hebreo), para describir la relación de Dios con su pueblo, se encuentra en toda la Biblia, esta palabra aparece tan a menudo en Deuteronomio que a Deuteronomio se lo ha llamado “El libro del Pacto”.

Examina Deuteronomio 5:1 al 21. ¿Qué sucede aquí que ayuda a mostrar cuán esencial es la idea de Pacto (berit) en el libro de Deuteronomio?

No mucho después de que los hijos de Israel fueron redimidos de Egipto, Dios estableció el Pacto con ellos, en el Sinaí, justo antes de supuestamente entrar en la Tierra Prometida. Luego, después de un rodeo de cuarenta años, justo antes de que ingresaran en la Tierra Prometida, que era una parte central de la promesa del Pacto (ver Gén. 12:7; Éxo. 12:25), a través del vocero Moisés, el Señor les da nuevamente los Diez Mandamientos, una manera de volver a enfatizar lo importante que era para ellos renovar también sus responsabilidades en el Pacto.

Sí, el Señor iba a cumplir sus promesas del Pacto con ellos. No obstante, ellos ahora están comprometidos a cumplir su parte del trato: “Y él os anunció su pacto, el cual os mandó poner por obra; los diez mandamientos, y los escribió en dos tablas de piedra” (Deut. 4:13). Lo hizo en el Sinaí, y ahora lo estaba haciendo de nuevo, en Moab, justo antes de que ellos tomaran la tierra que se les había prometido mediante la promesa hecha a los padres siglos antes, una manifestación del “pacto perpetuo” que precedió incluso a la existencia del mundo.

“Desde antes que fueran echados los cimientos de la tierra, el Padre y el Hijo se habían unido en un pacto para redimir al hombre en caso de que fuese vencido por Satanás. Habían unido sus manos en un solemne compromiso de que Cristo llegaría a ser el fiador de la especie humana” (DTG 774).

Lee Deuteronomio 5:3. ¿Cómo entendemos este versículo?

¿Qué les estaba queriendo decir Moisés? Lo más probable es que Moisés estuviera enfatizando el hecho de que sus padres ya no estaban, y que las maravillosas promesas del Pacto hechas a los padres ahora se estaban cumpliendo en ellos. Esta podría haber sido la manera en que Moisés les hizo saber que no debían equivocarse, como había hecho la generación anterior. Las promesas y los compromisos ahora son de ellos.


Comentarios Elena G.W

Al descender del monte, Moisés “contó al pueblo todas las palabras de Jehová, y todos los derechos: y todo el pueblo respondió a una voz, y dijeron: Ejecutaremos todas las palabras que Jehová ha dicho”. Esta promesa, junto con las palabras del Señor que ellos se comprometían a obedecer, fueron escritas por Moisés en un libro.

Entonces se procedió a ratificar el pacto…

Después de rociar el altar con la sangre de las ofrendas, Moisés tomó “el libro de la alianza, y leyó a oídos del pueblo”. En esta forma fueron repetidas solemnemente las condiciones del pacto, y todos quedaron en libertad de decidir si querían cumplirlas o no. Antes habían prometido obedecer la voz de Dios; pero desde entonces habían oído pronunciar su ley; y se les habían detallado sus principios, para que ellos supieran cuánto abarcaba ese pacto. Nuevamente el pueblo contestó a una voz: “Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos”. “Porque habiendo leído Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomando la sangre de los becerros y de los machos cabríos, … roció al mismo libro, y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del testamento que Dios ha mandado”. Hebreos 9:19, 20 (Historia de los patriarcas y profetas, p. 320).

Al proclamar los Diez Mandamientos a los hijos de Israel con su propia voz, Dios demostró su importancia. En medio de una grandiosidad pavorosa, dio a conocer su majestad y autoridad como Gobernador del mundo. Lo hizo para grabar en la mente de su pueblo la santidad de su ley y la importancia de observarla. El poder y la gloria con que fue dada la ley revelan su importancia. Es la fe una vez dada a los santos por Cristo nuestro Redentor hablando desde el Sinaí (Testimonios para la iglesia, t. 8, p. 210).

De una raza de esclavos, los israelitas fueron ascendidos sobre todos los pueblos, para ser el tesoro peculiar del Rey de reyes. Dios los separó del mundo, para confiarles una responsabilidad sagrada. Los hizo depositarios de su ley, y era su propósito preservar entre los hombres el conocimiento de sí mismo por medio de ellos. En esa forma la luz del cielo había de alumbrar a todo un mundo que estaba envuelto en tinieblas, y se oiría una voz que invitaría a todos los pueblos a dejar su idolatría y servir al Dios viviente. Si eran fieles a su responsabilidad, los israelitas llegarían a ser una potencia en el mundo. Dios sería su defensa y los elevaría sobre todas las otras naciones. Su luz y su verdad serían reveladas por medio de ellos, y se destacarían bajo su santa y sabia soberanía como un ejemplo de la superioridad de su cul

Reavivados por su Palabra: Hoy, Gálatas 5.
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Miércoles 13 de octubre
SU PUEBLO ESPECIAL
Audio Diálogo Bíblico Comentario EGW Mat. Damas Mat. Adulto


Es difícil para nosotros hoy entender gran parte de cómo era el mundo antiguo en la época en que Israel vagaba por el desierto. Si surgieron y desaparecieron imperios enteros, y hoy solo quedan ruinas (si es que quedan), ¿qué podemos saber de muchas de las naciones paganas más pequeñas que vivieron en el mismo territorio que Israel?

No mucho, pero sí sabemos una cosa: estos pueblos estaban sumidos en el paganismo, el politeísmo y algunas prácticas totalmente degradantes, que incluían el sacrificio de niños. Intenta imaginar cuán degradante y malvada sería una cultura y una religión que les hacía eso a sus propios hijos, ¡y en nombre de algún dios!

Con razón, vez tras vez, a lo largo de la historia del antiguo Israel, el Señor le había advertido a su pueblo que no siguiera las prácticas de las naciones que lo rodeaban. “Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones” (Deut. 18:9).

Y eso es porque Dios había llamado a esta nación con un propósito especial. Al haber hecho el Pacto con Dios, iban a ser un pueblo especial, un testimonio para el mundo del Dios que creó el cielo y la Tierra, el único Dios.

Lee Deuteronomio 26:16 al 19. ¿Cómo se resume la relación del Pacto entre Dios e Israel en estos versículos? Su fidelidad al Pacto, ¿cómo debería manifestarse en la clase de pueblo que llegarían a ser? ¿Qué lecciones podemos extraer para nosotros también?

Es fascinante que Moisés comience estos cuatro versículos con las palabras “hoy” [NTV, NVI, PDT, BLP] o “este día” [RVC], en el sentido de ahora mismo, nuevamente, Dios les ordena que hagan estas cosas (repite la idea en el vers. 17). Les había estado ordenando todo el tiempo que hicieran estas cosas. Es como si les estuviera diciendo que necesitan comprometerse en este mismo momento, nuevamente, a ser personas fieles, santas y especiales, que es verdaderamente la razón central de su existencia como nación del Pacto. Ellos eran la única nación, como nación, que conocía al Dios verdadero y conocía la verdad acerca de este Dios y cómo quería que viviera la gente. En realidad, no solo tenían la “Verdad Presente” sino también, a su manera, iban a representar esa verdad hasta que viniera Jesús, “la Verdad” con mayúsculas (Juan 14:6).

¿Por qué es pertinente para nosotros comprometernos “hoy” con Dios y con los requisitos de su Pacto?


Comentarios Elena G.W

Los ritos más licenciosos y abominables llegaron a formar parte del culto pagano. Hasta los dioses mismos se representaban como impuros, y sus adoradores daban rienda suelta a las pasiones bajas. Prevalecían vicios contra la naturaleza, y las fiestas religiosas se caracterizaban por una impureza general y pública…

Desde el principio de la gran controversia, se propuso Satanás desfigurar el carácter de Dios, y despertar rebelión contra su ley; y esta obra parece coronada de éxito. Las multitudes prestan atención a los engaños de Satanás y se vuelven contra Dios. Pero en medio de la obra del mal, los propósitos de Dios progresan con firmeza hacia su realización. Él manifiesta su justicia y benevolencia hacia todos los seres inteligentes creados por él. A causa de las tentaciones de Satanás, todos los miembros de la raza humana se han convertido en transgresores de la ley divina; pero en virtud del sacrificio de su Hijo se abre un camino por el cual pueden regresar a Dios. Por medio de la gracia de Cristo pueden llegar a ser capaces de obedecer la ley del Padre. Así en todos los tiempos, de entre la apostasía y la rebelión Dios saca a un pueblo que le es fiel, un pueblo “en cuyo corazón está” su “ley”. Isaías 51:7 (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 350, 351).

El propósito de todos los mandamientos de Dios consiste en revelars el deber del hombre no solo hacia Dios sino hacia sus semejantes. En esta hora tardía de la historia del mundo no debemos cuestionar o discutir el derecho de Dios a formular estos requerimientos, debido al egoísmo de nuestros corazones, o en caso contrario nos engañaremos a nosotros mismos y le robaremos a nuestras almas las más ricas bendiciones de la gracia de Dios. El corazón, la mente y el alma deben fusionarse con la voluntad de Dios. Entonces el pacto, constituido por los dictados de la sabiduría infinita, y vigente por el poder y la autoridad del Rey de reyes y Señor de señores, será nuestro placer… Basta que él haya dicho que la obediencia a sus estatutos y leyes es la vida y la prosperidad de su pueblo.

Las bendiciones del pacto de Dios son mutuas… Dios acepta a los que quieren trabajar para la gloria de su nombre, para que su nombre sea alabado en un mundo de apostasía e idolatría. Será exaltado por su pueblo que guarda los mandamientos, a fin de que pueda exaltarlo “sobre todas las naciones que hizo, para loor y fama y gloria”. Deuteronomio 26:19 (La maravillosa gracia de Dios, p. 150).

Escribimos nuestra historia diariamente. El ayer está más allá de nuestra posibilidad de enmendarlo o controlarlo; hoy es lo único que nos pertenece. Por lo tanto, no entristezcamos hoy el Espíritu de Dios, pues, mañana tal vez no podamos recordar lo que hemos hecho. Hoy será entonces como si fuera el día de mañana (Testimonios para la iglesia, t. 6, p. 154).

Reavivados por su Palabra: Hoy, Gálatas 6.
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Jueves 14 de octubre
OTRAS IMÁGENES
Audio Diálogo Bíblico Comentario EGW Mat. Damas Mat. Adulto


Los eruditos bíblicos han reconocido durante mucho tiempo las similitudes entre el Pacto de Israel con Dios y otros acuerdos pactuales entre los reinos de la antigüedad. Este paralelismo no debería sorprendernos. El Señor simplemente estaba trabajando con su pueblo en un contexto que ellos pudieran entender.

Al mismo tiempo, la noción de un pacto –un acuerdo legal entre dos partes, con reglas, estipulaciones y regulaciones– puede parecer demasiado fría y formal. Aunque ese elemento por cierto debe existir (Dios es el Legislador), no es lo suficientemente amplio como para abarcar la profundidad y la amplitud del tipo de relación que Dios quería con su pueblo. Por lo tanto, Deuteronomio utiliza otras imágenes que ayudan a retratar la misma idea que el Pacto entre Dios e Israel, pero solo para darle dimensiones adicionales.

Lee Deuteronomio 8:5; 14:1; y 32:6 y 18 al 20. ¿Qué tipo de imágenes se utilizan aquí, y cómo podría esto ayudar a revelar la relación que Dios quería tener con su pueblo?

Lee Deuteronomio 4:20 y 32:9. ¿Qué imágenes se utilizan aquí, y cómo estas también ayudan a revelar el tipo de relación que Dios quería mantener con su pueblo?

En cada uno de estos casos existe la idea de familia, que, idealmente, debería ser el vínculo más estrecho, cercano y amoroso. Dios siempre ha querido este tipo de relación con su pueblo. Incluso después del vergonzoso rechazo de Jesús durante la ocasión de la Cruz, Jesús le dijo a María después de resucitar: “No tengan miedo, vayan y díganles a mis hermanos que se dirijan a Galilea y que me verán allá” (Mat. 28:10, PDT). Incluso como el Cristo resucitado, se refirió a los discípulos como “mis hermanos”, un ejemplo de amor y de gracia que fluye del amor por quienes evidentemente no lo merecían. Eso es en esencia lo que siempre ha sido la relación entre Dios y la humanidad: gracia y amor para los que no los merecen.

¿Qué tipo de relación tienes con Dios? ¿Cómo puedes profundizarla y aprender a amarlo, mientras al mismo tiempo comprendes tu compromiso de obedecer su Ley? ¿Por qué estas dos ideas no son contradictorias sino complementarias?


Comentarios Elena G.W

Las peregrinaciones por el desierto fueron ordenadas no solamente como castigo para los rebeldes y murmuradores, sino que habían de servir también como disciplina para la nueva generación que se iba desarrollando, a fin de prepararla para su entrada en la tierra prometida. Moisés le dijo: “Como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga”, “para afligirte, por probarte, para saber lo que estaba en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. Y te afligió, e hízote tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido; para hacerte saber que el hombre no vivirá de solo pan, mas de toda palabra que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre”. Deuteronomio 8:5, 2, 3.

“Hallólo en tierra de desierto, y en desierto horrible y yermo; trájolo alrededor, instruyólo, gardólo como la niña de su ojo”. “En toda angustia de ellos él fue angustiado, y el ángel de su faz los salvó: en su amor y en su clemencia los redimió, y los trajo, y los levantó todos los días del siglo”. Deuteronomio 32:10; Isaías 63:9 (Historia de los patriarcas y profetas, p. 431).

Una familia bien orientada y disciplinada predica más a favor del cristianismo que todos los sermones que se puedan pronunciar.

Una luz por pequeña que sea, si está siempre encendida, puede servir para prender otras muchas. Nuestra esfera de influencia podrá parecer limitada, nuestras capacidades pequeñas, nuestras oportunidades escasas, reducidos nuestros recursos; no obstante, si sabemos aprovechar los que nos ofrece nuestro hogar, podemos realizar maravillas. Si queremos abrir nuestros corazones y nuestras casas a los divinos principios de vida, podremos ser canales que lleven raudales de fuerza vivificante (Mi vida hoy, p. 127).

Aquellos que tienen un amor genuino hacia Dios, manifestarán un ferviente deseo de conocer su voluntad y de realizarla. Dice el apóstol Juan, cuyas epístolas tratan tanto acerca del amor: “Este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos”. 1 Juan 5:3. El hijo que ama a sus padres manifestará ese amor por una obediencia voluntaria; pero el niño egoísta, desagradecido, trata de hacer tan poco como sea posible por sus padres, en tanto que al mismo tiempo desea gozar de todos los privilegios concedidos a un hijo fiel y obediente. La misma diferencia se ve entre los que profesan ser hijos de Dios. Muchos que saben que son los objetos del amor y cuidado de Dios, y que desean recibir sus bendiciones, no encuentran placer en hacer su voluntad. Consideran los requisitos de Dios para con ellos como una restricción desagradable, sus mandamientos como un yugo gravoso. Pero el que está buscando verdaderamente la santidad del corazón y la vida, se deleita en la ley de Dios, y se lamenta únicamente de que esté tan lejos de cumplir sus requerimientos…

No es solamente el privilegio sino también el deber de todo cristiano mantener una íntima unión con Cristo, y tener una rica experiencia en las cosas de Dios. Entonces su vida será fructífera en buenas obras. Dijo Cristo: “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto”. Juan 15:8 (La edificación del carácter, pp. 80, 83).

 

Reavivados por su Palabra: Hoy, 2 Corintios 13
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Viernes 15 de octubre
Audio Diálogo Bíblico   Mat. Damas Mat. Adulto

Para Estudiar y Meditar

El espíritu de servidumbre se engendra cuando se procura vivir de acuerdo con una religión legal, mediante esfuerzos para cumplir las demandas de la Ley por nuestra propia fuerza. Solo hay esperanza para nosotros cuando nos ponemos bajo el pacto hecho con Abraham, que es el Pacto de gracia por la fe en Cristo Jesús. El evangelio predicado a Abraham, por medio del cual tuvo esperanza, es el mismo evangelio que nos es predicado a nosotros hoy, mediante el cual tenemos esperanza. Abraham contempló a Jesús, quien es también el Autor y Consumador de nuestra fe” (CBA 6:1.077).

“Desde antes de que fueran echados los cimientos de la Tierra, el Padre y el Hijo se habían unido en un pacto para redimir al hombre en caso de que fuese vencido por Satanás. Habían unido sus manos en un solemne compromiso de que Cristo llegaría a ser el fiador de la especie humana. Cristo había cumplido ese compromiso. Cuando sobre la cruz exclamó: ‘Consumado es’, se dirigió al Padre. El Pacto había sido llevado plenamente a cabo. Ahora declara: ‘Padre, consumado es. He hecho tu voluntad, oh Dios mío. He completado la obra de la redención. Si tu justicia está satisfecha’, ‘aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo’ (Juan 19:30; 17:24)” (DTG 774).

PREGUNTAS PARA DIALOGAR

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Reavivados por su Palabra: Hoy, Gálatas 1
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