La Epístola del Apóstol San Pablo a los HEBREOS
INTRODUCCIÓN

1. Título.

El título de este libro en los manuscritos griegos más antiguos es sencillamente Pros Hebráious ("A los hebreos"). Este título es particularmente apropiado, ya que el libro trata mayormente del significado del santuario y sus servicios, temas que sin duda deben haber sido de especial significado para los primitivos cristianos de origen hebreo o judío (ver la sección "Marco histórico").

2. Paternidad literaria.

La paternidad literaria del libro a los Hebreos ha sido motivo de debates desde los primeros tiempos. Muchos atribuían el libro a Pablo, pero otros se oponían intensamente a esta opinión. Orígenes, padre de la iglesia que escribió a comienzos del siglo III, concluía su examen del libro con esta declaración: "Quien la haya escrito es sólo conocido por Dios" (citado por Eusebio, Historia eclesiástica vi, 25, 14). Otros padres pensaban que el autor pudo haber sido Bernabé, Apolos, Clemente o Lucas.
Esta incertidumbre en cuanto a la paternidad literaria de la Epístola a los Hebreos fue un factor importante en la renuencia de muchos antiguos cristianos del occidente del Imperio Romano para aceptarla como canónica. No fue aceptada en Occidente sino hasta la segunda mitad del siglo IV (ver t. V, p. 132). En los siglos siguientes cesó la discusión sobre la paternidad literaria de Hebreos, y la mayoría de los cristianos la aceptó como obra de Pablo, opinión que fue apoyada en forma general hasta los tiempos modernos; entonces se agitó de nuevo la polémica, debatida especialmente por los eruditos. Entre las Biblias en inglés, la RV atribuyó hasta 1885 el libro de Hebreos al apóstol Pablo; pero en la actualidad son pocos los críticos que defienden este punto de vista.
No son pocos los que afirman que es un libro anónimo. He aquí tres opiniones: "...escrito anónimo, donde alienta el espíritu de San Pablo, uno de los documentos esenciales de la revelación del Nuevo Testamento" (BJ, 1975, Introducción de las Epístolas de San Pablo, p. 1608). "Que el autor de la Ep. a los Hebreos sea Pablo, no admite duda; es, con todo, cierto que a las órdenes del Apóstol, bajo su dirección y responsabilidad, colaboró un redactor cuyo nombre no ha llegado hasta nosotros (BC, 196 1, Epístola a los Hebreos, p. 1432). "Quedamos, pues, en que la epístola tiene 402 por autor a Pablo, pero a otro, que no sabemos quien sea, por redactor" (NC, 1974, Epístola a los Hebreos, p. 1427). Esta es la típica posición actual. Entre los posibles redactores de la Epístola a los Hebreos, el que más se menciona es Apolo (ver Hech. 18:24-28).
Las evidencias en contra del punto de vista de que Pablo escribió la Epístola a los Hebreos han sido extraídas mayormente de consideraciones en cuanto al estilo literario y el contenido del libro. Es posible que el vocabulario de un autor y su estilo varíen según el tema de que trate, pero esas variaciones serán principalmente en los términos técnicos, característicos de los diversos temas acerca de los cuales se escriba. Su vocabulario general y especialmente las palabras que escoja casi inconscientemente para expresarse -preposiciones, adverbios y especialmente los nexos conjuntivos-, son considerados por la mayoría de los eruditos como indicaciones mucho mejores de su estilo que su terminología técnica.
Cuando el libro de Hebreos se compara con las epístolas generalmente aceptadas de Pablo, es notablemente distinto, especialmente en las palabras comunes y en los enlaces sintácticos con que el autor une las oraciones y los razonamientos en la epístola. Otra clara diferencia radica en el empleo de citas del AT. En las epístolas aceptadas comúnmente como paulinas, se emplea un grupo de frases más o menos estereotipadas para comenzar las citas del AT, mientras que en Hebreos se usa otro tipo. Las epístolas muestran que el apóstol también usaba con relativa libertad los pasajes del AT. Sus citas siguen con frecuencia la LXX, pero a veces presenta lo que evidentemente es su propia traducción del hebreo. Y en otras ocasiones se satisface con dar una cita aproximada o paráfrasis. Por contraste, las citas del AT que hay en Hebreos están tomadas casi textualmente de la LXX.
Apreciando el tema en su conjunto, el estilo literario general de Hebreos difiere notablemente del de cualquiera de las epístolas que llevan el nombre de Pablo. El estilo paulino en éstas tiene la marca inconfundible de vívidos y fervientes pasajes que revelan el torrente impetuoso de los pensamientos del autor, quien no se preocupa por un estilo literario pulido. Pero Hebreos presenta un tema completamente organizado y mantiene un nivel retórico más elevado que el de cualquier otro libro del NT Esta marcada diferencia de estilo fue observada por los escritores a comienzos del cristianismo, para los cuales el griego koiné era su lengua materna. Clemente de Alejandría (m. c. 215 d. C., citado por Eusebio en su Historia eclesiástica vi. 14. 23), sugiere que Pablo escribió Hebreos en hebreo y que Lucas lo tradujo al griego. Esta explicación queda excluida por el hecho de que Hebreos contiene una cantidad de juegos de palabras en griego, que no podían haber sido traducciones de otro idioma. Pero la afirmación de Clemente es significativa porque implica el reconocimiento de que el griego del libro de los Hebreos no parece ser el griego de los escritos de Pablo. Orígenes (m. c. 254 d. C.), uno de los eruditos prominentes de la iglesia primitiva, también reconoció la dificultad de armonizar el estilo de Hebreos con el estilo de Pablo. Su solución era que "las sentencias son del Apóstol, pero la dicción y composición de las palabras son de otro cualquiera que quiso recordar los dichos del Apóstol y cómo reducir a comentario las cosas que había oído del maestro" (citado por Eusebio, Historia eclesiástica vi. 25. 13).
Por medio del descubrimiento de los papiros bíblicos de Chester Beatty, del siglo III (ver t. V, pp. 117-118), se puso de manifiesto alguna probable evidencia en favor de la paternidad literaria paulina de la Epístola a los Hebreos. En el códice que contiene las epístolas paulinas, Hebreos se halla entre Romanos y 1 Corintios. Aunque este hecho no demuestra la paternidad literaria paulina de Hebreos, es un significativo indicio de que desde muy antiguo en la historia de la iglesia había quienes 403 creían que Hebreos debía ser incluida como parte de los escritos de Pablo.
Este Comentario sostiene que, aunque se han presentado sólidos argumentos contra la paternidad paulina de Hebreos, esas razones no son suficientes para neutralizar la creencia tradicional de que Pablo es el autor. Una gran parte de la diferencia de tono y estilo de Hebreos, en comparación con las epístolas paulinas conocidas, puede ser explicada razonablemente por el hecho de que esas otras epístolas fueron dirigidas a grupos de iglesias o a individuos para hacer frente a problemas particulares. Aunque se reconoce que hay ciertas diferencias de estilo literario que no pueden ser explicadas con ese argumento, esas diferencias pueden ser razonablemente explicadas suponiendo que Pablo predicó ciertos sermones sobre el tema del ministerio sacerdotal de Cristo, los cuales fueron escritos. Como sucede a veces cuando se utiliza un sistema tal, la forma literaria final del ejemplar transcrito puede tener una marcada influencia del que hizo la transcripción. Es fácil comprender que Pablo no podría haber tenido la oportunidad de redactar esos sermones, pues viajaba incesantemente, y no pasó mucho tiempo antes que sus viajes terminaran con el martirio.
Se acepta generalmente que Hebreos fue escrito antes de la caída de Jerusalén. El número de dirigentes de la iglesia era muy reducido en los años anteriores al año 70 d. C. ¿Cuál de esos dirigentes podría haber expuesto un tema tan profundo como el que se presenta en el libro de Hebreos? La persona más posible es, sin duda alguna, Pablo. Decir que el autor fue un cristiano desconocido de ese temprano período, sólo levanta un nuevo problema: ¿cómo es posible que un cristiano que poseyera el discernimiento teológico necesario y la capacidad lógica suficiente para producir una obra como Hebreos, pudiera haber quedado en el anonimato en un tiempo cuando los dirigentes cristianos eran tan pocos, pero tan completo el registro que se tenía de los mismos?

3. Marco histórico.

La cuestión que quizá produjo el resquebrajamiento más profundo en la iglesia apostólica fue, sin duda alguna, el tema de la ley ceremonial y su observancia por los cristianos. El concilio de Jerusalén había liberado a los cristianos de origen gentil de las obligaciones propias de esa ley, pero psicológicamente la gran comunidad cristiana de origen judío, de Palestina, no estaba preparada para participar de esa libertad. Esos cristianos pensaban, a no dudarlo, que porque eran judíos debían practicar esos ritos. No se daban cuenta de que para todos, sin excepción, los ritos ceremoniales habían encontrado su cumplimiento en Jesucristo. Esta situación hizo surgir una malsana tensión en la iglesia, ya que un amplio sector seguía un complicado sistema de vida religiosa ignorado por otro sector.
Pablo y quienes lo acompañaban, comprendían suficientemente bien los ritos mosaicos y las ceremonias para evaluarlos correctamente y darles su debido lugar en el plan de salvación, Pablo conocía la naturaleza transitoria de ese sistema y sabía que ya se había cumplido el período para su abrogación. La iglesia cristiana de origen judío, cuyo centro estaba en Jerusalén, parecía desconocer las calamidades que pronto sobrevendrían a esa ciudad. Los cristianos de origen judío aún guardaban las fiestas, seguían sacrificando como en años anteriores y continuaban en su celo por la ley ceremonial (ver Hech. 15). Tenían sólo un vago concepto de la obra de Cristo en el santuario celestial; sabían poco de su ministerio; no comprendían que sus sacrificios eran inútiles debido al gran sacrificio del Calvario. Esos millares de cristianos judaicos "todos... celosos por la ley" (Hech. 21:20), tendrían que enfrentarse a una crisis cuando fueran destruidos la ciudad y el templo. Esto evidentemente ocurrió sólo un corto tiempo después de que se escribió la Epístola a los Hebreos (ver t. VI, pp. 89, 109-110). 404
Había llegado el tiempo cuando los ojos de los cristianos de origen judío debían abrirse a las realidades celestiales. Cuando su templo fuera destruido, les sería necesario que su fe se basara en algo seguro y firme que no fallara. Si su atención pudiera fijarse en el Sumo Sacerdote celestial, en el santuario y en los sacrificios mejores que los de becerros y machos cabríos, no desfallecerían cuando desapareciera el santuario terrenal. Pero si no tenían esta esperanza, si carecían de una visión del santuario del cielo, se sentirían confundidos y perplejos cuando vieran la destrucción del templo en que tanto habían confiado. Era importante que los cristianos judíos entendieran estas cosas, no sólo por ellos mismos sino también para beneficio de las iglesias gentiles que estaban en las provincias, entre las cuales serían esparcidos los creyentes de Jerusalén durante la guerra con Roma que era inminente.
Se cree que en esa hora de crisis apareció el libro de Hebreos. Contenía precisamente la ayuda necesaria: luz acerca del tema del santuario, de Cristo como Sumo Sacerdote, de la sangre "que habla mejor que la de Abel" (cap. 12: 24); del reposo que queda para los hijos de Dios (cap. 4:9); de la bendita esperanza que es "segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo" (cap. 6: 19).

4. Tema.


El libro de Hebreos consiste esencialmente de una comparación y un contraste entre los símbolos mediante los cuales Dios presentó el plan de salvación a su pueblo escogido en los días del NT, y la realidad del ministerio de Cristo en favor de los pecadores a la luz de la cruz. Las experiencias del antiguo Israel bajo el sistema simbólico son presentadas como una lección y una advertencia para los cristianos. Mediante el sistema simbólico y las experiencias de Israel que vivió bajo ese sistema, Pablo procura desarrollar una comprensión y un aprecio más completos por el ministerio de Cristo en las moradas celestiales. El siguiente análisis de las comparaciones y los contrastes que traza entre los diversos aspectos de los santuarios terrenal y celestial y sus respectivos sacerdocios, bosqueja la forma en que el apóstol desarrolla este tema.
Comparación entre los santuarios terrenal y celestial y sus sacerdocios
I. Moisés y Cristo comparados como guías del pueblo escogido de Dios
El terrenal
1. "Dios, habiendo hablado... en otro tiempo a los padres por los profetas,
2. "Moisés fue fiel en toda la casa de Dios" (3:2).
3. "De tanto mayor gloria que Moisés
4. "... que la casa,
5. "Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;
El celestial
1. en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo" (I: 1-2).
2. "Considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús; el cual es fiel al que le constituyó" (3:1-2).
3. es estimado digno éste [Cristo]" (3:3).
4. tiene mayor honra que la casa el que la hizo" (3:3).
5. pero Cristo como hijo sobre su casa" (3:5-6).
II. El antiguo pacto y el nuevo
El terrenal
6. "Porque si aquel primero,... el pacto que hice con sus padres... ; mi pacto" (8:7, 9).
7. "Porque ellos no permanecieron en mi 405 pacto,y yo me desentendí de ellos...reprendiéndolos...;ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer". (8:9,8,13)
8. "Porque si aquel primero hubiera sido defecto,
El celestial
6. "Un nuevo pacto;. . . no como el pacto que hice con sus padres. . ., un mejor pacto, . . . pacto eterno" (8: 8-9, 13: 20).
7. "He aquí vienen días, dice el Señor, en que estableceré con la casa de Israel. . . un nuevo pacto. . .; el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días" (8: 8, 10).
8. no se hubiera procurado lugar para el segundo" (8: 7).
III. El santuario terrenal y el celestial
El terrenal
9. "El primer pacto tenía... un santuario terrenal. Porque el tabernáculo estaba dispuesto así... Haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte" (9: 1-2; 8: 5).
10. "No entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero,
El celestial
9. "Santuario,... aquel verdadero tabernáculo, que levantó el Señor, y no el hombre" (8: 2).
10. sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios (9: 24).
"Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote, sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe" (10: 19-22).
IV. El sacerdocio terrenal y el celestial
El terrenal
11. "Así que, si estuviese sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo aún sacerdotes que presentan las ofrendas según la ley; los cuales sirven a lo que es Figura y sombra de las cosas celestiales... Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos" (8:4-5; 7:23).
12. "Todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere" (5: l).
13. "Otros ciertamente sin juramento fueron hechos sacerdotes [lo eran por nacimiento];
14. "La ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres;
15. "Los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar;
16."Aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales;
17."Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico,...
18."La ley constituye sumos sacerdotes,... sacerdotes que presentan las ofrendas según la ley;... la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros" (7:28; 8:4; 10: l).
19."(pues nada perfeccionó la ley)
El celestial
11. "Cambiado el sacerdocio,... Jesús..., hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec... Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas" (7:12; 6:20; 8:6).
12. "Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy" (5: 5).
13. pero éste [Cristo], con el juramento...Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto"(7:21-22).
14. pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre" (7:28).
15. mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable (7:23-24).
16. pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive" (7:8).
17. ¿qué necesidad había aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón?" (7:11).
18. "Cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley.. Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia" (7:12, 18).
19. [sino] la introducción de una mejor esperanza" (7:19). 406
V. El ministerio terrenal y el celestial
El terrenal
20. "Todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios;
21. "Casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión . Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así;
22. "Si la sangre de los toros y de los machos cabríos... santifican para la purificación de la carne,
23. "En la primera parte del tabernáculo entran los sacerdotes continuamente para cumplir los oficios del culto; pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año,... dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo, entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie. Lo cual es símbolo para el tiempo presente,... impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas" (9:6-10).
24. "...cada día,... aquellos sumos sacerdotes, [ofrecen] primero sacrificios... Entra el sumo sacerdote [muchas veces] en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena... Ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios" (7:27; 9:25; 10:11).
25. "Los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del pecado es introducida en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera del campamento.
26. "Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado.., porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados... Sacrificios que nunca pueden quitar los pecados; sacrificios que no pueden hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto" (10:1-4, 11; 9:9).
27. "Holocaustos y expiaciones por el pecado, no te agradaron" (10:6).por lo cual es necesario que también éste tenga algo que ofrecer" (8:3).
28. "Quita lo primero,
El celestial
20. por lo cual es necesario que también éste tenga algo que ofrecer" (8: 3).
21. pero las cosas celestiales.... con mejores sacrificios que estos" (9:22-23).
22. ¿Cuánto más la sangre de Cristo... limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?" (9:13-14).
23. "Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo["Santuario", BJ, BC, NC[, habiendo obtenido eterna redención" (9:11-12).
24. "no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios;... porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo... Pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado... Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios" (7:27; 9:26; 10:12).
25. Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta. Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio" (13:11-13).
26. "Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados" (10: 14).
27. "Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo... Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad" (10:5, 7).
28. para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre" (10:9-10). 407
VI. Nuestros privilegios y responsabilidades
El terrenal
29. "No os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego....
30. "La voz del cual conmovió entonces la tierra,
31. "Dios, habiendo hablado... en otro tiempo a los padres por los profetas,
32. "...como a ellos,
33. "...me tentaron vuestros padres;... me disgusté contra esa generación, y dije: Siempre andan vagando en su corazón" (3:9- 10).
34. "Juré en mi ira: No entrarán en mi reposo... No pudieron entrar a causa de incredulidad... Y aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva, no entraron... Si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día" (3:11-9; 4:6-8).
35. "Si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución,
36. "Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra,
37. "que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente.
38. "Porque por ella [la fe] alcanzaron buen testimonio los antiguos... Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido;
39. "Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos,
El celestial
sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial,... a Jesús el Mediador del nuevo pacto,... mirad que no desechéis al que habla" (12:18-25).
pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.... para que queden las [cosas] inconmovibles" (12:26-27).
en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo" (1:1-2).
también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva" (4:2).
"No endurezcáis vuestros corazones... Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad" (3:8-12).
"Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios..., puesto que falta que algunos entren en él... Temamos, pues, no sea que... alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado... Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia" (4:9, 6, 1,11).
¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor"... (2:2-3).
mucho menos nosotros, si desecháramos al que amonesta desde los cielos" (12:25).
¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteara al Hijo de Dios.... e hiciera afrenta al Espíritu de gracia?" (10:28-29).
proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros" (1 1:2, 39-40).
despojémonos de todo el peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús... Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión... Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" (12:1-2; 4:14, 16 ).
5. Bosquejo
I. El puesto supremo y la suprema autoridad de Jesucristo, 1:1 a 2:18.
A. Su igualdad con el Padre, 1:1-3.
B. Su superioridad sobre los ángeles, 1:4-14.
C. La importancia de aceptar la salvación que proporciona Cristo, 2:1-4.
D. El propósito de la encarnación de Cristo, 2:5-18.
1. El elevado destino de la raza humana, 2:5-8.
2. La posibilidad de la salvación debido a la encarnación, 2:9- 18
II. El "reposo" que queda para el pueblo de Dios, 3:1 a 4:16.
A. La fidelidad de Cristo, nuestro apóstol y sumo sacerdote, 3:1-6. 408
B. El fracaso del antiguo Israel al no entrar en el "reposo" de Dios, 3:7- 19.
1. Una exhortación a la fidelidad nuestra, 3:7-15.
2. lncredulidad: la causa del fracaso de Israel, 3:16-19.
C. Una exhortación a entrar en el "reposo" de Dios mediante la fe en Cristo, 4:1-16.
1. Prueba de que permanece la promesa del "reposo", 4: 1-11.
2. Una admonición a encontrar ese "reposo" en Cristo, 4:12-16.
III. La suprema condición de Cristo como sumo sacerdote, 5:1 a 8:13.
A. Cristo constituido sumo sacerdote por el Padre, 5:1-10.
1. La función de un sumo sacerdote, 5:1-3.
2. La designación de Cristo, 5:4-6.
3. La preparación de Cristo para servir como sumo sacerdote, 5:7-10.
B. Exhortación a aceptar a Cristo como sumo sacerdote, 5: 11 a 6:20.
1. La lentitud de muchos para comprender el papel de Cristo como sumo sacerdote, 5:11-14.
2. La confianza del autor de que sus lectores crecerán en entendimiento, 6:1-12.
3. La certeza de la esperanza cristiana, 6:13-20.
C. Cristo como sumo sacerdote según el orden de Melquisedec, 7:1-28.
1. La elevada posición de Melquisedec, 7:1-4.
2. El sacerdocio de Melquisedec anterior y superior al aarónico, 7:5-11.
3. El sacerdocio aarónico reemplazado por el de Cristo, 7:12-24.
4. La eficacia y permanencia del sacerdocio de Cristo, 7:25-28.
D. Cristo como sumo sacerdote del santuario celestial, 8:1-5.
E. El nuevo pacto, bajo el cual Cristo es el sumo sacerdote, 8:6-13.
IV. El ministerio de Cristo como Sumo Sacerdote, 9:1 a 10:22.
A. Una descripción del santuario terrenal y sus servicios, 9:1-7.
B. El significado simbólico del santuario terrenal, 9:8-14.
C. Cristo como mediador del nuevo pacto, 9:15-28.
1. Ratificación del antiguo pacto y dedicación de su santuario mediante sangre, 9:15-22.
2. La sangre de Cristo da eficacia al nuevo pacto, 9:23-28.
D. El sacrificio de Cristo superior al sacrificio de animales, 10: 1-22.
1. La ineficacia de sacrificios de animales, 10: 1-4.
2. La eficacia y permanencia del sacrificio de Cristo, 10:5-18.
3. La exhortación a aceptar el ministerio sacerdotal de Cristo, 10: 19-22.
V. Una exhortación a la fidelidad y a la vida piadosa, 10:23 a 13:17.
A. En vista del día del juicio y de la venida de Cristo, 10:23-39.
B. En vista del fiel ejemplo de ilustres personajes antiguos, 11: 1 a 12:2.
C. A pesar de las pruebas y las persecuciones, 12:3-13.
D. A pesar de las tentaciones, 12:14-29.
E. Respecto a situaciones específicas de la vida diaria, 13:1-17.
VI. Bendición apostólica y saludo personal, 13:18-25. 409


CAPÍTULO 1
1 Cristo, enviado a nosotros en estos últimos días procedente del Padre, 4 es exaltado por sobre los ángeles, o en su persona como en su oficio.
1 DIOS, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,
2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;
3 El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,
4 hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.
5 Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás:
Mi Hijo eres tú,
Yo te he engendrado hoy,
y otra vez:
Yo seré a él Padre,
Y el será a mí hijo?
6 Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice:
Adórenle todos los ángeles de Dios.
7 Ciertamente de los ángeles dice:
El que hace a sus ángeles espíritus,
Y a sus ministros llama de fuego.
8 Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; Cetro de equidad es el cetro de tu reino.
9 Has amado la justicia, y aborrecido la maldad,
Por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, Con óleo de alegría más que a tus compañeros.
10 Y: Tú,oh Señor, en el principio fundaste la tierra, Y los cielos son obra de tus manos.
11 Ellos perecerán, mas tú permaneces;
Y todos ellos se envejecerán como una vestidura,
12 Y como un vestido los envolverás, y serán mudados;
Pero tú eres el mismo,
Y tus años no acabarán.
13 Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás:
Sientate a mi diestra,
Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?
14 ¿No son todos espíritus ministradores enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?


1.
Dios.
La epístola entra directamente en un tema doctrina, sin los saludos iniciales acostumbrados (ver los primeros versículos de las otras epístolas del NT; ver p. 402). En el texto griego la palabra "Dios" no se halla al comienzo; el orden es: "Muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo Dios habló". Ver el comentario inmediato, "hablado".
Hablado.
El autor destaca el hecho de que fue Dios quien habló por medio de los profetas. Un libro puede llevar el nombre de Isaías o Amós o Daniel, pero Dios es el verdadero autor (cf. Juan 5:46-47). El hecho de que él había dado revelaciones por medio de los profetas en los tiempos del AT, no impidió que más tarde también las diera, y aun mayores, cuando fue necesario hacerlo. En los tiempos del AT era imprescindible demostrar fe en el Redentor que vendría, ofreciendo un cordero sobre el altar; pero después de que Cristo vino, era completamente inapropiado seguir ofreciendo tales sacrificios. Si se hubiese continuado con ellos, no se ha demostrado fe sino incredulidad. Era necesario dejar a un lado los ritos y ceremonias que señalaban a Cristo y reemplazarlos por otros en que se demostrara confianza en que Cristo ya había venido. Pero para que el creyente en Dios pudiera hacerlo, eran necesarias nuevas revelaciones del cielo.
Terminar con ceremonias y costumbres que tenían la aureola de santidad que les daban los siglos-como el cristianismo lo exigía 410 de Israel- y adoptar otras nuevas que en ostentación y pompa no se comparaban con las antiguas; desprenderse de los majestuosos servicios del templo, parecía a muchos, sin duda, que no sólo era repudiar todas las experiencias religiosas y revelaciones del pasado sino poner fin a toda religión. Los judíos del siglo I y sus antepasados siempre habían ofrecido sacrificios, y Dios había aceptado su culto. ¿Podría haber algún perjuicio en continuar con lo que el cielo había bendecido tan manifiestamente? Recordaban cómo Dios había instruido a Moisés para que construyera el santuario, y cómo honró directamente su dedicación enviando fuego del cielo para encender la leña del altar. Conceptuaban que la religión que había sido buena para Abrahán, Moisés y Elías, tenía que ser también para ellos.
Siempre será una tarea difícil cambiar las costumbres de siglos; transformar los hábitos de una nación en unos pocos años es casi imposible. En el caso de la transición del judaísmo al cristianismo era particularmente difícil, pues el cambio debía hacerse mediante el liderazgo de hombres que, según el concepto de la mayoría, no estaban a la altura de los que habían instituido las prácticas ancestras. Por eso fue sumamente difícil el período de transición. Se necesitaba mucha sabiduría y sabio consejo. No hay duda de que había interrogantes casi siempre presentes: si Dios no exige ahora sacrificios, si en realidad le son desagradables, ¿entonces qué se puede decir de los hombres de la antigüedad, grandes y buenos, que enseñaron a Israel a ofrecer sacrificios a Dios y ellos también los ofrecieron? ¿No siguieron entonces las instrucciones específicas de Dios? ¿Y quiénes son Pablo y los otros apóstoles para que se atrevan a cambiar prácticas e instituciones antiguas? Los judíos podían preguntar directamente a los apóstoles si se consideraban mayores que los profetas y los patriarcas de la antigüedad (cf. Juan 4:12).
Estas preguntas son respondidas en las primeras palabras de la epístola. Los grandes dirigentes del pasado no estaban equivocados. Habían sido guiados por Dios. Eran hombres de Dios. Cuando hablaban, Dios hablaba. No habían seguido fábulas sutiles, engañosas. Al enfocar las cosas de esta manera, el autor del libro naturalmente se ganaba la confianza de la gente que creía que los grandes hombres y los profetas de la antigüedad habían sido guiados por Dios.
Muchas veces.
Gr. polumeros. Este adverbio griego significa "en muchas partes" o " muchas maneras"; "de una manera fragmentaria" (BJ). La luz procedente del trono de Dios no irrumpió sobre los hombres como un gran relámpago de gloria, sino que descendió lentamente, poco a poco, a medida que los hombres podían comprenderla.
De muchas maneras.
Gr.polutrópós, "multiforme", "de muchos modos" (BJ). Dios hablo mediante profetas a través de mensajes verbales y escritos, por parábolas y por medios visuales. Pero cualesquiera que fueren los medios, era Dios el que hablaba (ver el comentario de "hablado").
En otro tiempo.
Gr. pálai, "hace mucho", "anteriormente". La referencia es sin duda a toda la revelación del AT.
Padres.
Con el sentido de "antepasados" o "ascendientes".
Profetas.
Gr profétes (ver com. Mat. 11:9).
2.
Estos postreros días.
Equivale a la expresión "en nuestro tiempo". Los escritores bíblicos a veces hablan de los acontecimientos relacionados con el primer advenimiento de Cristo como si ocurrieran en los "postreros días" (cf. Hech. 2:17; Heb. 9:26; 1 Ped. 1:5).
Por el Hijo.
"Por medio del Hijo" (BJ). Se establece un contraste entre la revelación mediante un profeta y la revelación mediante un "hijo". En el texto griego no se encuentra el artículo "el" que antecede a "Hijo". Cf. com. Dan. 7:13; Apoc. l: 13; Juan l:1.
A quien constituyó.
Es difícil ubicar este suceso en un momento preciso de la historia, pues los propósitos de Dios son eternos. Sin embargo, la designación a la cual se hace referencia quizá ocurrió después de la ascensión, cuando Cristo "se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas" (vers. 3).
El primer versículo presenta al Padre; el segundo, al Hijo. Cuando el autor de Hebreos presenta al Hijo, llega al corazón de su tema. Si Cristo tiene que reemplazar al sacerdocio aarónico instituido por Moisés, debe demostrarse que es superior a Moisés; de lo contrario no tendría poder para abrogar lo que Moisés había instituido. Por esto Cristo es presentado como Dios (ver com. Heb. 1: 3; cf. com. Juan 1: 1).
Heredero de todo.
Cuando Jesús vino a la tierra, se despojó "de su vestido y corona reales" (5TS 182). "Prefirió devolver el cetro a las manos del Padre, y bajar del trono del 411 universo" (DTG 14). Con su ascensión tomó otra vez el puesto que había tenido con el Pare antes de su encarnación (ver HAp 31-32; cf. 3JT 266-267). Era importante que los hebreos entendieran el verdadero lugar del Hijo. Los escritores del AT no comprendían la naturaleza trinitaria de la Deidad. A Israel se le había enseñado: "Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es" (Deut. 6: 4). Era necesario que entendieran que el Mesías compartía el trono del universo con el Padre. Ver Nota Adicional de Juan l; cf. com. 1 Cor. 15:24-27.
Por quien asimismo hizo.
Se presenta al Hijo como asociado con el Padre y como agente activo en la creación (ver com. Juan 1:3; Col. 1:16-17).
Universo.
Gr. aión, "siglo", "edad", "mundo"; "mundos" (BJ, BC). Ver com. Mat. 13: 39. El plural del vocablo griego probablemente se refiera a todo el sistema de cosas que fue llamado a la existencia por Cristo. Son "todas las cosas" de Heb. l: 3, las "visibles e invisibles: sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades" (Col. l: 16-17).
Dios hizo los mundos por medio de Cristo; pero no usó a Cristo como una herramienta sino como un colaborador. Aquí se presenta una división de las actividades de la Deidad. El que sería el Redentor del hombre, fue su Creador; y porque es el Creador, puede crear al hombre como "nueva criatura" (2 Cor. 5:17).
Cuando consideramos la magnitud de la creación de Dios, los innumerables millones de mundos que circundan el trono de la Deidad, no sólo obtenemos un concepto más amplio de Dios, sino que somos inducidos a decir con el salmista: "¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?" (Sal. 8: 4). Nuestro Dios es admirable en sabiduría, conocimiento y poder; y junto con esto, es admirable el amor de Aquel que creó y sostiene todas las cosas e invita al ser humano a participar activamente con él de la gloria.
3.
El cual, siendo.
O "el que es". El verbo griego eimí, "ser" o "estar", nunca puede traducirás "llegar a ser" o "convertirse en". La misma idea se nota en Juan l: l: "En el principio era el Verbo" (ver com. respectivo). En el principio Cristo no apareció ni vino a la existencia, ya era. Según Juan l: 14, cuando el que era o existía antes vino a la tierra, se hizo carne, lo que antes no había sido. Por otra parte, la frase "el que es" aparece la LXX de Exo. 3:14 como nombre de Dios; el que se use aquí la misma frase sin duda no es coincidencia (ver com. Apoc. 1:4).
Resplandor.
Gr. apáugasma, "resplandor", esplendor", "reflejo". El Padre y el Hijo son inseparables. El Hijo revela al Padre, es el reflejo del Padre. Cuando miramos el sol, no vemos el sol sino sus rayos; tampoco vemos al Padre sino al Hijo, pues el Padre es invisible, "habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver" (1 Tim. 6:16).
Gloria.
Gr. dóxa (ver com. Rom. 3:23; 1 Cor. 1l: 7). La gloria de Dios es la suma total de todos sus atributos. Moisés le pidió a Dios: "Te ruego que me muestres tu gloria" (Exo. 33: 18), y Dios le respondió: "Yo haré pasar todo mi bien ['mi bondad', BA, BC, NC] delante de tu rostro" (Exo. 33:19; cf. cap. 34:5-7).
La gloria de Dios es su carácter (ver DTG 1l; PR 231-232; OE 43l). Cristo no llegó a ser el resplandor de la gloria de Dios; ya lo era, y siempre lo había sido (ver com. Juan l: l; t. V, pp. 894-895). Esto constituye el fundamento esencial y eterno de su personalidad.
Imagen misma.
Gr. jaraktér originalmente una herramienta para grabar o marcar. Posteriormente llegó a significar la marca misma. La traducción "impronta" (BJ, BC, NC) se acerca más al significado de algo grabado o marcado. Esta misma dualidad de significa se puede advertir en algunas palabras. Por ejemplo, "sello" puede significar la impresión que se marca sobre un objeto y también el sello que la marcó. Cristo es el sello o la "impronta" exacta de Dios.
Sustancia.
Gr. hupóstasis, literalmente, "lo que está debajo", y por lo tanto, "meollo", "esencia", "realidad". Es realidad en contraste con imaginación y fantasía. Se usa esta palabra para designar la esencia de las cosas, la naturaleza íntima de algo, el verdadero ser. También se emplea para denotar firmeza, estabilidad, seguridad, confianza.
Cuando se dice que Cristo es "la imagen misma" de la hupóstasis del Padre, significa más que una semejanza externa: es la expresión exacta y verdadera de la naturaleza íntima de Dios. Así como es el Padre, así es el Hijo: uno en esencia, uno en carácter, uno en pensamiento y propósito. Son tan semejantes que Cristo pudo decir: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre... Yo y el Padre 412 uno somos" (Juan 14: 9; 10: 30). o de los grandes propósitos de la venida de Cristo a esta tierra fue para dar a los hombres una fiel representación del Padre.
Sustenta.
Gr. féro, "dirigir", "llevar", "sostener". Puede añadirse el significado de movimiento, propósito, conducción, de proceder con una intención definida. Cristo es el que sostiene todas las cosas en todo el universo y el que mantiene a los cuerpos celestes en sus órbitas prefijadas. Compárese con la oración "todas las cosas en él subsisten". Féro es más abarcante que "subsistir" o "consistir", pues abarca el concepto de una acción deliberada, llena de propósito. Esta definición cambia el concepto de un poder que sólo sostiene el universo físico, por el de un Ser inteligente que tiene un plan y se halla en el proceso de llevarlo a cabo.
Palabra.
Gr. rhema, "expresión", "palabra", "orden". El universo fue constituido por la "palabra" (rhema) de Dios (cap. 11:3). Compárese con el uso de la rhema de Dios en Rom. 10:8, 17-18; Efe. 6:17; 1 Ped. 1:25.
Su.
O de Cristo.
Poder.
Gr. dúnamis, "potencia", "vigor", "capacidad de realizar".
Purificación.
Con su expiación en la cruz Cristo obtuvo la limpieza del pecado en general -que incluye finalmente la purificación del pecado en el universo-, y también la limpieza de los pecados individuales. Esta última purificación, también hecha posible mediante la cruz, aún se lleva a cabo, y continuará hasta cuando sea posible salvar la última persona.
Cristo terminó su obra en la cruz como víctima y sacrificio. Derramó su sangre, y así se convirtió en "un manantial abierto... para la purificación del pecado y de la inmundicia" (Zac. 13: l). Pero continúa su obra como intercesor. Es nuestro abogado ante el Padre (ver Heb. 7:25).
Cristo venció toda tentación. Aunque los pecados del mundo fueron colocados sobre él, su alma permaneció inmaculada. Rechazó toda sugestión al mal. Satanás nunca obtuvo ventaja alguna. Atacó mil veces a Cristo, pero nunca tuvo éxito.
Nuestros.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) la omisión de esta palabra. Por lo tanto, el texto significa que Cristo llevó "a cabo la purificación de los pecados" (BJ, BA, BC, NC). Es cierto que Cristo purificó "nuestros" pecados, pero el autor presenta aquí un panorama más abarcante, incluyendo a todos los pecados.
Por medio de sí mismo.
La evidencia textual se inclina por (cf. p. 10) la omisión de estas palabras. Las omiten la BJ, BA, BC y NC. Pero la idea está implícita en la expresión griega que se traduce "habiendo efectuado la purificación". Cristo pisó solo el lagar (Isa. 63:3).
Se sentó.
Esta expresión indica hacerse cargo de algo, asumir un cargo; sugiere una inauguración, una coronación. Significa investir con autoridad, reconocer el derecho de Cristo a tener jurisdicción. Era el principio, no el fin, de su actividad como mediador especial. Era la colocación del sello de Dios sobre su obra de intercesión. Dios, sentando en esa forma a Cristo a su diestra, colocó su aprobación sobre la obra que Cristo había hecho en la tierra, y la aceptó. Lo consagró como sumo sacerdote y, por lo tanto, lo autorizó para que se desempeñara como mediador según el orden de Melquisedec (cap. 7:17).
A Cristo se le concedió que se sentara a la diestra de la Majestad en las alturas porque había logrado la purificación de los pecados. Había triunfado donde fracasó Adán. Había ganado el derecho de hablar y actuar en favor de la humanidad. Por lo tanto, lejos de sentarse a descansar, estaba comenzando su nueva actividad. Cuando un juez se sienta para presidir una asamblea, ocupa su solio de magistrado y comienza el procedimiento judicial. Así también Cristo se sentó a la diestra de Dios, y recibió un reconocimiento oficial ante las multitudes congregadas de que actuaba por la designación y la voluntad de Dios.
En los servicios del santuario los sacerdotes ofrecían la sangre de las víctimas que la gente presentaba. Era necesario que Cristo, como sumo sacerdote, tuviera "algo que ofrecer" (cap. 8:3). Ese "algo" no fue la "sangre de machos cabríos ni de becerros, sino... su propia sangre" (cap. 9:12). No podía ofrecer esa sangre hasta que no la hubiera derramado en el Calvario. Pero tan pronto como la derramó, pudo comenzar su ministerio; y lo hizo inmediatamente después de ser instituido en su cargo. Ahora ya era sacerdote para siempre, y estaba listo para interceder por el hombre en el santuario del cielo.
Diestra.
El lugar de honor y autoridad. Hay sin duda una alusión a Sal. 110: 1. 413
Majestad.
Gr. megalosúne "grandeza", "magnificencia". En el NT sólo aparece aquí, Heb. 8: 1 y Jud. 25. Aquí se usa como atrito de la divinidad en lugar del nombre divino, sin duda con propósito literario.
En Las alturas.
Es decir, en el cielo (cf. Sal. 93:3).
4.
Hecho.
Mejor "habiendo llegado a ser". Debido a su encarnación, Jesús llegó a ser "un poco menor que los ángeles" (cf.com. cap. 2: 9); ahora es grandemente ensalzado (cap. 1:3).
Tanto superior.
El resto del capítulo se dedica a presentar el contraste entre Cristo y los ángeles. El autor comienza mostrando que Cristo es Dios en sentido supremo. Si Cristo limpia a los hombres de los pecados, tiene que ser Dios, pues sólo Dios puede perdonar pecados. Aunque los ángeles fueran poderosos y aunque los judíos tuvieran un concepto tan elevado de ellos, ningún ángel puede ser jamás un salvador. Por eso el autor procede a mostrar que Cristo es "tanto superior" a los ángeles.
La deidad de Cristo era una gran piedra de tropiezo para que los judíos aceptaran el cristianismo. Israel se había sentido orgulloso durante siglos de adorar a un solo Dios, entre tanto que los paganos tenían muchos dioses. "Jehová nuestro Dios, Jehová uno es" (Deut. 6: 4) había sido el desafío a sus vecinos paganos. Los judíos necesitaban entender la naturaleza de la Deidad, que las palabras "Jehová uno es" incluían al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Heredó.
Cristo fue constituido "heredero de todo" (ver com. vers. 2). Con esta herencia también le fue dado "un nombre que es sobre todo nombre" (ver com. Fil. 2:9).
Más excelente nombre.
Algunos creen que este nombre es "Jesús". Este es el nombre que se le dio al nacer, y le fue dado reconociendo el hecho de que salvaría "a su pueblo de sus pecados" (Mat. l: 2 l). Puesto que el ángel que anunció el nombre sólo estaba cumpliendo una orden de Dios, en realidad fue Dios el Padre quien le dio el nombre. Otros piensan que se hace referencia al título "Hijo". Creen, que este es ensalzado con las diversas citas que se presentan del AT (Heb. 1:5-8). El título "Hijo" se aplicó especialmente con respecto a la encarnación (ver com. Luc. 1: 35). Los ángeles son sólo "espíritus ministradores" (Heb. l: 13- 14); el único "Hijo" es Jesús.
5.
Cuál de los ángeles.
Se da comienzo a una serie de citas del AT para probar la superioridad de Cristo sobre los ángeles. La respuesta anticipada a la pregunta es: "Nunca dijo esto a ningún ángel en ningún momento".
Mi Hijo eres tú.
Una cita de Sal. 2: 7 (ver el comentario respectivo). En cuanto al título "Hijo" aplicado a Cristo, ver com. Luc. 1: 35; cf. com. Rom. 1:4. El autor desbarata el argumento de algunos de que Cristo es sólo un ángel encumbrado. Si Cristo fuera realmente un ángel elevado a su condición de gloria, entonces Dios "habría dicho" a un ángel: "Mi Hijo eres tú"; pero Dios 'jamás" "dijo" esto a ningún ángel.
Algunos se refieren a Job 1: 6; 2: 1; 38: 7 como una prueba de que las Escrituras llaman hijos de Dios a los ángeles (ver el comentario de estos versículos). Debe notarse que todas estas expresiones están en plural. Las Escrituras no dicen en ninguna parte que un ángel es llamado hijo de Dios; y los ángeles, por supuesto, son seres creados (Col. 1: 16).
Yo te he engendrado hoy.
En cuanto a las diversas interpretaciones dadas a este pasaje, ver com. Hech. 13: 33; cf. com. Rom. 1: 4.
Yo seré a él Padre.
Una cita de 2 Sam. 7: 14 (ver el comentario respectivo). La profecía original se había aplicado en primer lugar a Salomón, pero aquí se le da no significado mesiánico. El propósito de la cita es destacar la condición de hijo de Cristo, y de ese modo establecer más firmemente su superioridad sobre los ángeles.
6.
Cuando introduce.
Una indudable referencia a la encarnación, aunque en ninguna parte se registra una orden tal. Algunos insisten en que no debe destacarse el elemento temporal. Cristo era Dios antes de la encarnación; era Dios durante la encarnación; y es Dios después de la encarnación. En cualquiera de esas etapas le correspondía la adoración. La orden de adorarlo destaca la supremacía del Hijo.
Primogénito.
Gr. protótokos (ver com. com. 8:29).
Adórenle todos los ángeles.
Una cita no textual de Deut. 32: 43, LXX, con elementos de Sal. 97:7. La cita no aparece así en la Biblia hebrea. Las citas de la LXX son características de esta epístola (ver p. 402). La orden de adorar a Cristo confirma la deidad del Salvador. Los ángeles son encumbrados, pero Cristo es tan superior a ellos, que se les 414 ordena que lo adoren. Sólo se debe adorar a Dios (Apoc. 22:8-9), por lo tanto, Cristo es Dios.
7.
Espíritus.
Gr. pnéuma, "viento", "espíritu", "aliento". Una cita del Sal. 104: 4. El propósito del autor al citar este texto es mostrar que los ángeles son siervos, y que Dios los usa como a sus ministros, en contraste con el Hijo que es Dios.
En cuanto a la diferencia entre Sal. 104:4 y Heb. 1:7, ver t.III, p. 875, com. Sal. 104:4. Nótese que "ángel" y "mensajero" tienen una misma raíz: en hebreo, mal'ak significa tanto "ángel" como "mensajero" (cf. com. 2 Sam. 14:17); y en griego, ággelos también puede traducirse o "ángel" o "mensajero" (cf. com. Apoc. l: 20). Otro tanto sucede con "espíritu" y "viento": ambos pueden ser o del hebreo ruaj (cf com. Job 1:3), o del griego pneúma (cf. com. Luc. 8:55).
Ministros.
Gr. leitourgós (ver com. Rom. 13:6). El Hijo es Dios y debe ser adorado; pero los ángeles son ministros, siervos que se deleitan en cumplir la voluntad de Dios. Desde el mismo principio han tenido una parte definida en el plan de Dios y han servido de muchas maneras. Después que el hombre pecó, custodiaron el camino que daba acceso al árbol de la vida (Gén. 3:24). Cuando se produzcan los sucesos finales y Cristo vuelva a la tierra, los ángeles vendrán con él (Mat. 25:31), y Cristo los enviará para que reúnan "a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro" (Mat. 24:31).
Los ángeles han sido a través de toda la historia los guardianes y protectores de los hombres, "enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación" (Heb. l: 14). Los ángeles se presentaron con frecuencia durante el ministerio terrenal de Cristo, desde el primer anuncio de su nacimiento hasta el momento de su ascensión. Aunque no estemos siempre conscientes de la presencia constante de los ángeles en nuestras vidas, con seguridad podemos saber que siempre estamos bajo su amoroso cuidado.
Llama de fuego.
Cf. com. Gén. 3:24.
8.
Del Hijo.
En contraste con "de los ángeles" (vers. 7).
Tu trono, oh Dios.
Una cita de Sal. 45:6-7 (ver el comentario respectivo). El Padre se dirige reverentemente al Hijo llamándolo Dios, lo cual puede considerarse como el clímax del tema de la posición y dignidad de Cristo. No puede haber un testimonio superior en cuanto a la deidad de Cristo, que esta exclamación del Padre dirigida al Hijo. En forma solemnísima se afirma la deidad de Cristo, y eso lo hace el mismo Padre.
La salvación del hombre y todo el plan de salvación se basan en la deidad de Cristo. Si Cristo no es Dios en el sentido más sublime y por su propio derecho, es vana nuestra fe y la salvación se vuelve imposible.
Muchos de los judíos habían visto a Jesús en persona, y quizá les era más difícil que a las generaciones posteriores creer que Cristo era divino. ¿Acaso no conocían a su supuesto padre y a su madre, y no vivían todavía algunos de su familia? ¿Cómo podía ser Dios este hombre? El autor procura quitar esta piedra de tropiezo, y por eso recurre al testimonio de las Escrituras para confirmar su posición. De poco valdría presentar los temas vitales que trata la Epístola a los Hebreos si este punto no era aclarado y plenamente aceptado.
Cuando consideramos la historia de la iglesia desde los días de los apóstoles, sentimos la necesidad de destacar la deidad de Cristo. Hay muchos hoy día que reverencian a Cristo y lo estiman altamente a su manera, y sin embargo se niegan a darle el lugar al que tiene derecho. No comprenden que la deidad de Cristo es el hecho central en el plan de redención, y que "no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hech. 4:12).
Por el siglo del siglo.
Cf. com. Apoc. 11: 15; 14: 11.
Equidad.
Gr. euthúts, "rectitud", "justicia". Son dignas de notarse las referencias al "trono" y al "cetro": indican verdadera posesión de poder y no una posibilidad. No presentan el reino como futuro, sino como presente y en función activa. El trono y el reino son eternos; y el cetro -símbolo de verdadero ejercicio de autoridad- se caracteriza por su rectitud.
9.
Justicia.
Gr. dikaiosúne (ver com. Mat. 5:6). Se refiere especialmente a la vida terrenal de Cristo. Por eso fue ungido, como se menciona en la última parte del versículo.
Amar la justicia es una virtud más noble que simplemente practicar la justicia. Muchos sinceros cristianos participan activamente en diversas empresas buenas más por un sentido de obligación que por un amor inherente a la obra. Un misionero puede ir a un lugar necesitado 415 movido por un alto sentido del deber y de responsabilidad, y puede hacer una gran obra; pero sólo alcanzará la norma establecida por Dios cuando esté dominado por el amor a la obra y cuando comience a amar verdaderamente a ala gente entre quienes trabaja. Es digno de alabanza que uno trabaje motivado por el deber; pero una experiencia mayor a ésa es trabajar motivado por el amor. Muchos aceptan la doctrina de la iglesia y obedecen lo que Dios ordena debido a la lógica abrumadora de la verdad y su excelente presentación; "el amor de la verdad para ser salvos" (2 Tes.2: 10)finalmente pueden ser hallados faltos.
El amor movió a Dios actuar: "De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito" (Juan 3:16) "Cristo amó a la iglesia, y se entregó así mismo por ella" (Efe.5: 25). Pablo, quien declara, "he trabajado más que todos ellos" (1 Cor.15:10), testifica: "el amor de Cristo nos constriñe" (2 Cor.5:14).
Maldad.
Gr.anomía,"ilegal", "violación de la ley"; "iniquidad" (BJ).El amor es una virtud cristiana esencial; pero es necesario destacar también la cualidad de odiar el mal. Dios alaba a Cristo por su amor a la justicia, y también por su odio al pecado.
Es posible resistir el pecado sin odiarlo realmente. Un cierto pecado puede no atraer a una persona, y por lo tanto no serle una tentación. Otros pecados quizá la atraigan, pero como sabe que son pecado y que podría ser descubierta, se abstiene de hacer lo que en realidad le agradaría hacer. No sabemos cómo se considerará una persona tal en los libros del cielo; pero sí sabemos que no es suficiente que no es suficiente el motivo de abstenerse de pecar por temor de que se arruine la reputación propia si se es descubierto. El ha aprendido en realidad a odiar el pecado es el único que puede estar seguro. El que se abstiene de pecar y sin embargo desea hacerlo y encuentra que el pecado es atrayente e interesante, no está en terreno seguro. Necesita aprender a odiar el pecado. La iglesia de Efeso fue alabada por que odiaba la obra de los nicolaítas (Apoc. 2:6)En los libros de Dios no sólo lo que amamos sino también lo que odiamos.
Ungió.
Este ungimiento es con el "óleo de alegría", es decir, con aceite que es alegría. El ungimiento es un símbolo de bendiciones y de gozo (ver Deut. 28:40; Sal. 23:5; 92: 10).
Compañeros.
En la profecía original éstos eran sin duda otros personajes celestiales. Cuando el pasaje se aplica a Cristo, algunos entienden que estos "compañeros" representan a todos los otros seres; otros creen que representan a los que están asociados con Cristo en el plan de salvación, es decir, los salvados que son coherederos con él.
10.
Tú.
Los vers. 10- 12 son una cita de Sal. 102:25-27. Se presenta una cita tras otra tomadas de la LXX, para establecer la deidad de Cristo por encima de toda duda. En el vers. 8 Cristo es llamado Dios; aquí Señor. Jesús es Señor y Dios (cf. com. Hech. 2:36).
Fundaste la tierra.
Ya se ha mencionado el hecho de que Cristo fue el agente activo en la creación (ver com. vers. 2). Aquí se muestra que una cita del AT que los judíos consideraban como referente a Dios, se refiere específicamente a Cristo.
11.
Ellos perecerán.
Es decir, los cielos atmosféricos y la tierra experimentarán cambios fundamentales (ver com. Mat. 24:35-, Apoc. 2 l: l).
Tú permaneces.
A Cristo se le atribuye eternidad. Como Creador, Cristo existió antes que todas las cosas (Col. l: 17), y cuando se desvanezcan las cosas perecederas, él permanecerá.
12.
Como un vestido.
Una impresionante figura de la naturaleza transitoria y pasajera de los cielos y la tierra (ver coro. vers. 11).
Tú eres el mismo.
Esta declaración afirma la inmutabilidad de Cristo. Todos los atributos de Dios son imprescindibles. Destacamos su amor, su bondad, su justicia; pero su inmutabilidad es igualmente importante, aunque no siempre la apreciemos. Gozamos de una infinita bendición al tener la certeza de que Cristo es siempre "el mismo ayer, y hoy, y por los siglos" (cap. 13:8).
Inmutabilidad y eternidad dan la idea de coherencia, estabilidad, permanencia. Son " segura y firme ancla del alma" (cap. 6: 19). En estos tiempos de incertidumbre es bueno tener algo sobre lo cual edificar; es bueno tener un ancla que no vaya a la deriva.
13.
Los ángeles.
La respuesta anticipada a la pregunta (cf. com. vers. 5) es: "Dios nunca llamó a un ángel 'mi Hijo', ni jamás lo invitó a que se sentara a su diestra para compartir el lugar divino y sus prerrogativas".
Siéntate a mi diestra.
Cita de Sal. 11 0: l. 416 Ver com. Heb. 1:3.
Tus enemigos por estrado.
Referencia a una costumbre oriental, según la cual el vencedor colocaba un pie sobre el cuello de sus enemigos como señal de sumisión de los vencidos. Compárese con la referencia de Jesús a esta declaración de los Salmos (Luc. 20:42- 43).
14.
Ministradores.
Gr. leitourgikós, "destinado al servicio", "dedicado al ministerio". Es un vocablo relacionado con leitourgós, cuyo plural se ha traducido como "ministros" en el vers. 7. En cuanto al verbo leitourgéo, ver com. Hech. 13:2.
Para servicio.
En cuanto a diakonía, ver com. Rom. 12:7.
Cuando el autor presenta la supremacía de Cristo sobre los ángeles, no tiene el propósito de hablar livianamente de estos mensajeros de Dios. Su misión es destacada (ver com. vers. 7 ). Los judíos tenían un alto concepto de los ángeles. Por eso es tan grandioso el tema de este capítulo.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-5 3JT 266; MC 329
2 DTG 622; PE 157
3 MJ 46; DTG 36; Ed 128; Ev 446; 1JT 217; 3JT 263; MC 326; MM 19; PP 12, 25; PVGM 87; 2T 345; PE 77
6 CS 556; DTG 774; 2T 426
8-9 DTG 152,683; PP 12
13 MeM 313
14 (1967) 154; CS 565, 607; CW 140; DTG 593, 771; EC 403; Ed 99; HAd 291, 368; HAp 125; HR 157; 2JT 379, 441; MC 196; MeM 312-313; MJ 17,24; OE 513; PE 88, 262; PP 50; PVGM 140, 321; SC 266; 2T 125, 453; 3T 198; 5T 420; 6T 63, 433, 456


CAPÍTULO 2
1 Debemos obedecer a Cristo Jesús 5 porque él condescendió a tomar nuestra naturaleza, 14 pues era necesario que lo hiciera.
1 POR tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos.
2 Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución,
3 ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron,
4 testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad.
5 Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando;
6 pero alguien testificó en cierto lugar, diciendo:
Qué es el hombre, para que te acuerdes de él,O el hijo del hombre, para que le visites?
7 Le hiciste un poco menor que los ángeles,
Le coronaste de gloria y de honra, y le pusiste sobre las obras de tus manos;
8 Todo lo sujetaste bajo sus pies.
Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas.
9 Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.
10 Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos.
11 Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, 417
12 diciendo:
Anunciaré a mis hermanos tu nombre, En medio de la congregación te alabaré.
13 Y otra vez:
Yo confiaré en él.
Y de nuevo:
He aquí, yo y los hijos que Dios me dio.
14 Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo
15 y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.
16 Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham.
17 Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.
18 Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.

COMENTARIO BIBLICO ADVENTISTA
1.
Por tanto.
Es decir, debido a la supremacía del Hijo sobre los ángeles -tema del cap. 1- y por causa de la importancia del mensaje del Hijo "en estos postreros días" (ver com. cap. 1: 2).
Con más diligencia.
O "prestemos mayor atención" (BJ). Es el Hijo, Dios mismo, quien ha hablado.
Las cosas que hemos oído.
La manera en que les llegó el mensaje se describe en el vers. 3.
No sea que nos deslicemos.
También podría traducirse: "no sea que marchemos a la deriva", o "no sea que, arrastrados, nos alejemos de ellas". El autor teme que sus lectores dejen de reconocer la importancia trascendental de lo que fue dicho por Cristo. Los cristianos de origen judío eran muy celosos por la revelación del AT, pero estaban en peligro de no ver la importancia de la nueva revelación que había sido dada.
Dejarse llevar por la corriente es una forma de locomoción fácil y placentera, pero también es sumamente traidora y peligrosa. No se necesita ningún esfuerzo para ello, y cuando uno es llevado aguas abajo hacia una muerte segura, la sensación es de bienestar y contentamiento, y aun de somnolencia. Es difícil sentir el movimiento descendente, pues el bote parece que estuviera inmóvil. El bote se mueve con el agua, y por eso la apariencia es engañosa.
2.
Palabra dicha por medio de los ángeles.
Referencia al sistema de leyes instituido en el Sinaí (ver com. Gál. 3:19).
Firme.
Gr. bébaios, "seguro", "establecido". La ley era plenamente válida y no podía ser ignorada impunemente.
Transgresión.
Gr. parábasis, "pasarse del límite", "extralimitación", "transgresión", "violación". La palabra implica pasar deliberadamente por encima de una línea, un acto deliberado en contraste con una caída accidental. En la oscuridad, una persona puede pasar por encima de una línea que no ve y no sabe que está allí, lo cual es diferente de traspasar la línea en plena luz del día, viendo la señal que prohibe hacerlo. Esa violación voluntaria es transgresión.
Desobediencia.
Gr. parakoe (ver com. Rom. 5:19).
Justa retribución.
La ley mosaica especificaba los castigos para las diversas clases de transgresiones. Aunque "dicha por medio de los ángeles", la ley era de origen divino y, por lo tanto, a semejanza de su autor, era justa en todos sus castigos y exigencias.
3.
¿Cómo escaparemos nosotros?
Esta pregunta retórica demanda una sola respuesta: "No escaparemos". El pronombre "nosotros" da en el texto griego más énfasis a la pregunta. "Nosotros" contrasta con los que en los días del AT transgredían el código mosaico (vers. 2). Ellos descuidaban "la palabra dicha por medio de los ángeles"; los que están representados por "nosotros" están en peligro de descuidar la palabra dicha por Cristo.
Descuidamos.
Gr. ameléo, "descuidar", 'despreocuparse", "ser negligente". Muchos de los cristianos de origen judío se aferraban al antiguo sistema judaico y se sentían inclinados a restarle importancia al Evangelio. El propósito de la epístola era mostrar que el antiguo sistema había terminado y que la salvación sólo se podía encontrar en Cristo y en el Evangelio. 418
La amonestación es aplicable en cualquier tiempo. No hay escapatoria para los que decidan las exhortaciones del Evangelio. Quizá no haya un rechazo directo de Cristo sino sólo demora y negligencia. Tal proceder está impregnado de un grave peligro, y si se persiste en él se llegará a la perdición eterna.
Salvación tan grande.
Grande porque Dios es su autor. Grande debido a su costo: la vida el Hijo de Dios. Grande en lo que logra: la renovación del cuerpo, el alma y el espíritu, y el ensalzamiento de la humanidad a un lugar celestial.
Anunciada. . . por el Señor.
En contraste con "la palabra dicha por medio de los ángeles" (vers. 2), "Dios... en estos postreros días... nos ha hablado por el Hijo" (cap. l: 1 2). Una referencia al mensaje proclamado por Cristo durante su ministerio terrenal. En cuanto al significado del título "Señor" cuando se aplica a Cristo, ver com. Juan 13:13; 20:28.
Nos.
El autor se identifica como uno de aquellos a quienes el Evangelio había sido confirmado por los que lo oyeron directamente de Jesús. Esto indica que ninguno de los doce apóstoles fue el autor de Hebreos. Muchos afirman que esto también excluye a Pablo, pues él se jacta de que no había recibido el Evangelio de hombre alguno sino por revelación de Jesucristo (Gál. l: 12). Pero este razonamiento no es concluyente pues el autor podría estarse incluyendo en forma general con sus lectores. Además, sin duda hubo muchas cosas que le fueron confirmadas a Pablo por los testigos oculares de Jesús. El recibió, por supuesto, el misterio del Evangelio directamente de Jesucristo. El problema de la paternidad literaria debe resolverse con otros argumentos (ver pp. 401-403).
Confirmada.
Gr. bebaióo, "establecer", "confirmar". No sólo les había sido proclamado el Evangelio, había sido proclamado con poder convincente.
4.
Dios juntamente.
Dios también dio testimonio de la veracidad del mensaje evangélico. El mensaje no podía tener una confirmación mayor.
Señales.
Respecto a una definición de señales, prodigios y milagros, ver t. V, p. 198; com. Rom. 15:19.
Repartimientos del Espíritu Santo.
Hay una enumeración de estos dones en 1 Cor. 12: 8-10, 28; cf. Efe. 4: 11-12.
Según su voluntad.
Ver com. 1 Cor. 12: 11.
5.
A los ángeles.
Se trata nuevamente del lugar de Cristo en contraste con el de los ángeles (cf. cap. l). El pensamiento que sigue implica el lado positivo: el mundo venidero ha sido sometido al Hijo.
El mundo venidero.
Una indudable referencia al reino de gloria que comenzará con la segunda venida de Cristo (cf. com. Mat. 4:17; 5:3). Ver Efe. l: 2 l; Heb. 6:5.
6.
Cierto lugar.
No implica incertidumbre en cuanto a dónde debe hallarse la referencia; es sólo un medio de introducir una declaración cuando se cree innecesario citar la fuente.
¿Qué es el hombre?
La cita de los vers. 6-8 es de Sal. 8:4-6, LXX. En cuanto al significado original del pasaje, ver com. Sal. 8: 4-6. El autor de Hebreos extiende por inspiración el significado del pasaje y lo aplica a Cristo (Heb. 2:9). En cuanto a los principios que fundamentan tales aplicaciones, ver com. Deut. 18:15.
7.
Un poco.
O "por un corto tiempo". En el texto griego puede entenderse de ambas maneras; las dos son ciertas. La segunda es especialmente apropiada cuando se aplica a Cristo (vers. g), pues sólo brevemente, durante su encarnación, fije hecho menor que los ángeles.
Le coronaste.
Se refiere al caso de Adán y Eva registrado en Gén. 1: 28 (ver el comentario respectivo). Dios no creó al hombre para que fuera siervo o esclavo sino para que fuera rey, y le confirió gloria y honor.
Le pusiste sobre. . . manos.
La evidencia textual se inclina (cf. p. 10) por la omisión de esta cláusula. Quizá fue añadida en algunos MSS para completar la cita de Sal. 8: 4- 6.
8.
Lo sujetaste.
Después que Dios creó a Adán y a Eva, "los bendijo.... y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla" (Gén. 1:28). Esto le dio al hombre una incontestable posesión de la tierra y dominio sobre todo ser viviente.
Nada dejó.
Los eruditos no están de acuerdo en cuanto a los alcances del dominio original. Algunos sostienen que incluía poder sobre la naturaleza y los elementos, así como Cristo tenía poder sobre ellos citando estuvo en la tierra. Otros afirman que al hombre se le dio dominio sobre los animales y era superior a ellos.
El hombre ha aprendido a utilizar en forma muy notable los poderes o leyes de la naturaleza. Se remonta por los cielos y las profundidades 419 del mar le entregan sus secretos. Aprovecha la fuerza de las aguas tormentosas, y hace que la electricidad le sirva. Habla, y los confines de la tierra oyen su voz; excava en los continentes, y extrae riquezas ocultas. Fisiona el átomo, y libera un inmensurable poder.
Todavía no.
A pesar de sus notables conquistas (ver el comentario de "nada dejó"), hay fuerzas contra las cuales el hombre es impotente. Ha aprendido a posponer la muerte, pero finalmente no puede escaparse de ella. Se halla en gran medida bajo el poder de Satanás, razón por la cual está muy lejos de ejercer el dominio que originalmente le fue entregado.
9.
Pero vemos. . . a Jesús.
La conjunción adversativa "pero" señala un contraste. El hombre "todavía no" tiene el dominio (ver com. vers. 8); "pero vemos... a Jesús". El tiene el dominio. Fue coronado de gloria y honra. Tiene toda la autoridad (Mat. 28: 18).
Un poco menor.
O "menor por un corto tiempo" (ver com. vers. 7). Se afirma que Cristo es verdaderamente hombre así como en el primer capítulo fue presentado como verdaderamente Dios. Su humanidad lo capacita para ser un sumo sacerdote como el que necesitan los hombres (vers. 17-18). Por supuesto, en el ciclo Cristo era superior a los ángeles, infinitamente superior. Pero cuando se hizo hombre, voluntariamente ocupó su lugar entre los hombres y no exigió favores especiales. Pero aunque estaba en esas condiciones, no renunció a su Deidad. Sabía de dónde provenía (Juan 13: 3); sabía que tenía poder para perdonar pecados (Mat. 9: 6); sabía que en cualquier momento podía pedir la ayuda de legiones de ángeles (cap. 26: 53). Pero aunque tenía ese poder, siempre lo usó dirigido por Dios y en ningún momento lo empleó para salvarse a sí mismo. Si lo hubiese hecho, habría invalidado su obra. Con referencia a la humillación de Cristo, ver com. Fil. 2: 5-8.
Coronado de gloria.
Esto es, inmediatamente después de su ascensión (ver com. Heb.1: 3; cf. com. Fil. 2:9).
A causa del padecimiento de la muerte.
Este pasaje no destaca el propósito de la encarnación, sino el resultado de sufrir la muerte, a saber: el ensalzamiento.
Por la gracia de Dios.
Si bien algunos MSS dicen "sin Dios", sugiriendo que en su muerte Jesús no tuvo la presencia sustentadora del Padre, la evidencia textual favorece (cf, p. 10) el texto que aparece en la RVR. Por otra parte, ambas frases corresponden con la realidad: Cristo sufrió solo en su muerte (Mat. 27:46)- su sufrimiento por el hombre fue también una demostración de la gracia de Dios.
Gustase.
Gr. géuomai, "comer"," gustar", "experimentar". El pasaje no significa, como algunos sugieren, que Cristo gustó la muerte sólo superficialmente y no sufrió en forma completa. El Getsemaní demuestra que bebió la copa hasta las heces y gustó la muerte como ningún hombre jamás la ha gustado.
Por todos.
O "en provecho de todos". El sacrificio de Cristo fue en favor de todos (ver com. Rom, 5:15). Todo el que esté dispuesto a hacerlo, puede apropiarse de los beneficios de la muerte expiatoria de Cristo (ver Apoc. 22:17).
10.
Convenía.
Gr. prépo, "caer bien", "convenir", "sentar bien".
Aquel.
Es decir, el Padre, como lo indica claramente el resto del versículo.
Por cuya causa.
O "debido a quien". "Todas las cosas" existen porque Dios tuvo la voluntad de que existieran (cf. com. 1 Cor. 8:6).
Por quien.
O "mediante quien". Dios es Aquel por quien "todas las cosas" vinieron a la existencia. Cf. Rom. 11:36. Las Escrituras también presentan a Cristo como Aquel por medio de quien todas las cosas fueron creadas (Col. l: 16; cf. Heb. l: 2). El Padre "creó todas las cosas" mediante Jesucristo (Efe. 3:9).
Llevar muchos hijos a la gloria.
Cristo fue glorificado después de su humillación (ver Juan 17:5), y su muerte expiatoria también hará que muchos sean glorificados. En cuanto al significado de glorificación, ver com. Rom. S: 30. Acerca del significado del sustantivo "hijos", ver com. Rom. 8:14. Se ha elegido este nombre para mostrar la relación entre Cristo, el Hijo y los redimidos, que son sus hermanos (ver Heb. 2:11-18).
Perfeccionase.
Gr. teleióo, "completar", "hacer perfecto", "llevar a la consumación". En cuanto al adjetivo téleios, ver com, Mat. 5:48. El autor no dice que Cristo no era previamente perfecto. Como Dios era perfecto, y en su encarnación fue perfecto como hombre; pero por medio de sus sufrimientos llegó a ser perfecto como Salvador (ver Hech. 5:3l). Aquí el pensamiento del verbo teleióo es alcanzar una meta predeterminada, de 420 terminar una carrera, de completar un recorrido prescrito. Antes de que Cristo viniera a la tierra, era claro para él el sendero que tenía que recorrer, cada paso le era nítido. Para llegar a la meta debía andar todo el camino. No podía detenerse antes de su destino final; debía perseverar hasta el fin. La terminación de esa carrera es tácita en este texto, y no un simple perfeccionamiento moral.
Aflicciones.
Cristo alcanzó su suprema condición recorriendo el sendero del sufrimiento. Su "padecimiento de la muerte" (vers. 9) fue lo que lo constituyó como Salvador y lo capacitó para ser el capitán que conduciría muchos hijos a la gloria. Los sufrimientos de la tentación lo capacitaron para ser un "misericordioso y fiel sumo sacerdote..., poderoso para socorrer a los que son tentados" (ver com. vers. 17-18). Si Cristo hubiese venido a este mundo y el tiempo que se le dio lo hubiese pasado en paz y contentamiento, guardado por ángeles celestiales y protegido de los riesgos y las tentaciones comunes a los seres humanos, no hubiera sido perfeccionado para su oficio, no hubiera tenido la oportunidad de demostrar lo que haría estando sometido a presión. Si no hubiese sido tentado en todas las formas, los hombres se hubieran preguntado qué habría hecho si hubiera estado verdaderamente hambriento, cansado y enfermo; cómo habría reaccionado si la gente lo ridiculizase, lo maldijese, lo escupiese, lo azotase, y cuando finalmente lo colgase de una cruz. ¿Conservaría aún su serenidad y oraría por sus enemigos? Si aquellos en quienes confiaba lo abandonaran, lo negaran, lo traicionaran y lo dejaran solo en su hora suprema o más difícil, ¿seguiría confiando en Dios? Y si para remate, Dios, el Padre, p1areciera abandonarlo y lo envolviera y casi aplastara el horror de las tinieblas, ¿bebería aún la copa, o se echaría atrás? Los hombres se habrían hecho todas estas preguntas si Cristo hubiera estado protegido contra todas las tentaciones y los sufrimientos.
Autor.
Gr. arjégós, "jefe", "principal", "fundador", "autor", "guía". Arjegós aparece cuatro veces en el NT'. En la RVR se traduce tres veces como "autor" (Hech. 3:15; Heb. 2: 10; 12: 2) y una vez como "príncipe" (Hech.5: 31).
Arjgós se usaba en el griego clásico para designar al caudillo o progenitor de un clan griego, y también para referirse a los héroes y aun al nombre del dios Apolo. Para el texto que comentamos algunos han sugerido como adecuado el nombre "Pionero", pues la encarnación y la muerte de Cristo fue lo que hizo posible que los miembros de la raza humana finalmente sean llevados a la gloria. El fue el pionero porque abrió el camino. Pero este nombre no es completo, pues Cristo es mucho más que un pionero: él es el Salvador, y los que lo siguen son los redimidos.
11.
El que santifica.
En este contexto, Cristo(cf. Heb. 9:13-14).
Los que son santificados.
Estos son los "muchos hijos" que serán llevados a la gloria (vers. 10).
De uno.
Es decir, de Dios, el Padre. Cristo el Hijo y los "muchos hijos", todos tienen un solo Padre.
No se avergüenza.
A pesar de su enorme superioridad sobre los ángeles (Heb. 1: 4; cf. Luc. 9: 26).
Hermanos.
Ver com. Mat. 12: 49-50; cf. Juan 20: 17.
12.
Anunciaré. . . tu nombre.
Una cita de Sal. 22: 22. El Salmo 22 es mesiánico (ver la introducción de este salmo). Pablo emplea el pasaje para apoyar su observación de que los que son santificados (vers. 11) son hermanos de Cristo.
Hermanos.
La palabra significativa por la cual se cita el pasaje (cf. vers. 11).
13.
Otra vez.
Frase empleada para introducir una nueva cita.
Confiaré.
Una cita de 2 Sam. 22: 3 o de Isa. 8: 17, más probablemente de este último pues la cita siguiente es de Isa. 8:18. Se la presenta como prueba de la humanidad de Cristo. Presenta un cuadro de su completa comunión con nosotros. El puso en práctica la misma confianza y fe que pide de nosotros.
Y los hijos.
En cuanto al significado de la cita y su contexto original, ver com. Isa. 8: 18. El autor de Hebreos da una aplicación mesiánica al pasaje. Considera a Isaías como un símbolo de Cristo y a sus hijos como representantes de los hijos espirituales de Cristo. La figura cambia de "hermanos" a "hijos" pero se destaca la misma idea básica: Cristo comparte la humanidad con nosotros, lo que se ilustra aquí con el hecho de que un padre y sus hijos comparten la misma naturaleza.
Dios me dio.
En su oración antes de la experiencia del Getsemaní, Cristo siete veces dijo que Dios le había dado a sus discípulos (Juan 17:2, 6, 9, 11-12, 24). No se atribuyó 421 honor sino que dio la gloria a Dios por el resultado de la obra de su vida.
14.
Los hijos.
"Los hijos" mencionados en el vers. 13.
Participaron.
O "han participado". Los hijos comparten una naturaleza humana común.
El también.
Es decir, Cristo.
Participó.
El uso del tiempo aoristo sugiere llegar a participar de algo de lo cual antes no se participaba. Esto fue una realidad en Jesús: era divino, pero tomó nuestra naturaleza humana, fusionando misteriosamente ambas naturalezas en una (ver com. Juan l: 14). Cristo se hizo hombre para poder compenetrarse con todas las experiencias de la humanidad.
Destruir.
Gr katargéo, "anular", "invalidar", "destruir" (ver com. Rom. 3:3). Ya ha sido quebrantado el poder de Satanás sobre la muerte; aunque todavía reina la muerte, la resurrección está asegurada (1 Cor. 15:20-22, 51-57). Finalmente será aniquilado el originador del pecado y autor de la muerte (ver com. Apoc. 20:10).
Por medio de la muerte.
Es decir, su muerte expiatoria en la cruz (cf. vers. 9). Cuando Jesús murió en la cruz, pareció como si Satanás hubiera triunfado, porque hasta el Hijo de Dios parecía, con su muerte, reconocer el poder de Satanás para dar muerte, y someterse a él. Pero Dios tenía otro propósito.
Al que tenía el imperio.
Satanás tiene el poder de la muerte porque es el originador del pecado, y la muerte es el resultado del pecado (ver com. Rom. 5:12). Su reino es un reino de muerte, y él rige allí. Si el pecado domina nuestra vida, la muerte reina, y también Satanás.
Cristo fue el que entró en la casa del hombre fuerte (Mar. 3: 27), ató al enemigo y liberó a los que él tenía prisioneros. Cristo entró en el reino tenebroso de la muerte -el baluarte de Satanás-, y arrebató la presa de Satanás. Cuando él pensó que tenía a Cristo en su poder, cuando la tumba fue sellada estando Cristo dentro de ella, Satanás se regocijó. Pero Cristo rompió las ataduras de la muerte y salió de la tumba, pues "era imposible que fuese retenido por ella" (Hech. 2: 24). Y no sólo resucitó él, sino que "se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad" (Mat, 27: 52-53). Y así, aunque "el hombre fuerte armado guarda su palacio...viene otro más fuerte que él y le vence" (Luc. 11: 21-22). El hombre más fuerte, Cristo, entró en el reino de la muerte, y con su muerte venció al que tenía el poder de la muerte, se llevó sus cautivos y despojó su casa (Mat. 12: 29); "y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz" (Col. 2: 15). Desde allí en adelante la muerte es sólo un sueño para los creyentes; descansan en paz hasta que Dios los llame. Para muchos aun será un sueño bendito (Apoc. 14: 13). Cristo "ha destruido la muerte" (2 Tim. l: 1 0, BJ); tiene "las llaves de la muerte y del Hadas" (Apoc. l: 18; cf. 1 Cor. 15: 51-57).
Diablo.
Gr. diablos (ver com. Mat. 4: l).
15.
Librar.
Gr. apallásso, "liberar", "soltar". Cristo vino para liberar al hombre del yugo del pecado y de la muerte.
Temor de la muerte.
Esta es la condición de los que no están con Cristo. Millones están sometidos al yugo del pecado y anhelan ser liberados. Tienen temor del presente; sienten temor del futuro; los abruma el miedo de la vida; temen a la muerte. ¿Hay alguna esperanza, algún consuelo o liberación? La respuesta es que Cristo destruyó el poder de Satanás, abolió la muerte, y los ha librado y los librará de los temores que los mantienen atados.
Toda la vida.
El hombre ha nacido en pecado, y continúa en yugo de esclavitud hasta que es liberado por Cristo.
Servidumbre.
O "esclavitud". En cuanto a la servidumbre del pecado, ver com. Rom. 8: 15.
16.
Ciertamente.
Gr. depou, "por supuesto".
Socorrió.
Gr. epilambánomai, "apoderarse de", "alcanzar", "ocuparse de", "tener interés en", "ayudar". ¿Cuál de estos diversos significados puede aplicarse en este pasaje? El verbo está en presente, lo cual indicaría que se trata de algo que Cristo hace de continuo.
El significado "ayudar" concuerda con el contexto y con la sintaxis griega, por lo tanto, sugiere este pensamiento: "Porque no ayuda a los ángeles, sino que ayuda a la descendencia de Abraham" (BA). "Ocuparse de" es también una traducción lógica: "Porque, ciertamente, no se ocupa de los ángeles, sino la descendencia de Abrahán" (BJ). El ser 422 humano necesita redención y puede ser restaurado, y, en lo que atañe al plan de salvación, la preocupación constante de Cristo se centra en el ser humano.
La descendencia de Abraham.
Quizá sea sinónimo de "hombre". No hay el propósito de excluir a los gentiles. Quizá se haga referencia a la simiente espiritual (Gál. 3: 29; Rom. 2: 28-29).
17.
Por lo cual.
Es decir, debido a que se ocupaba del hombre (ver com. vers. 16).
Debía ser.
Gr. oféilo, "deber", "estar en deuda", "tener obligación"; "tuvo que" (BJ). Compárese con el uso del verbo y sustantivos afines en Mat. 18: 30, 34; 23: 16; Luc. 16: 6- 7; Juan 13: 14; 1Cor. 5: 10; 2Tes. 2: 13.
En todo.
Cristo debía hacerse hombre en forma tan completa que nunca se pudiera decir de él que es ajeno a cualquier tentación, a cualquier dolor, prueba o sufrimiento por los que tienen que pasar los seres humanos.
Semejante.
Por la razón que sigue: para poder ser sumo sacerdote. No quiere decir que sus experiencias debían ser idénticas a las nuestras en todo respecto -al lapso de mil vidas- no sería suficiente para esto; significa, sin duda, que las pruebas debían ser típicas e incluir, en principio, todo lo que el hombre tiene que sufrir, y que en intensidad debían estar a la altura de todo lo que el ser humano debe soportar.
Misericordioso y fiel.
Dos características necesarias para un ministerio justo, completo. La misericordia sola podría ser demasiado condescendiente y no tomar en cuenta a la justicia. La fidelidad equilibra la misericordia al tener en cuenta los derechos y los deberes del ofensor y del ofendido. Cristo, como sumo sacerdote, debe ser bondadoso y comprensivo con el transgresor; pero también debe ser fiel con la justicia y no ignorar la ley. La fidelidad mantiene el delicado equilibrio entre la misericordia incondicional y la justicia implacable. El sumo sacerdote debe ser considerado con el pecador y también con el que ha sido ofendido. Debe ser fiel a su cometido y al mismo tiempo misericordioso con el transgresor.
Sumo sacerdote.
Aquí comienza el tema de Cristo como sumo sacerdote, que posteriormente se desarrollará con más amplitud (cf. cap. 3; 5; 7-10).
En lo que a Dios se refiere.
O en los asuntos del servicio divino. Esta frase griega aparece en Exo. 4: 16, LXX, con referencia a la relación de Moisés con Dios en cuanto a Aarón.
Para expiar.
Gr. hiláskomai. En cuanto al significado de este verbo y los sustantivos afines, ver com. Rom. 3: 25. Este verbo sólo aparece aquí y en Luc. 18: 13, en donde se ha traducido "sé propicio".
18.
Siendo tentado.
Gr. peirázo, "examinar", "probar", "tentar" (ver com. Mat. 4: l). La naturaleza humana de Cristo sintió toda la fuerza de la tentación. De otra manera no habría comprendido la terrible lucha del pobre pecador que es abrumadamente tentado a rendirse. Cristo fue tentado en todo sentido "según nuestra semejanza" (Heb. 4: 15). Sufrió realmente bajo la tentación.
El desierto, el Getsemaní y el Gólgota revelan hasta qué punto sufrió Cristo resistiendo la tentación. En los primeros dos casos, la tentación fue tan abrumadora que pareció que moriría bajo el impacto si no se hubiera enviado a un ángel para que lo fortaleciera (Mat. 4: 11; Luc. 22: 43). A pesar de su oración la copa no le fue quitada. Debía beberla. El autor se refiere evidentemente a esas experiencias cuando dice: "No habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado" (Heb. 12: 4). Cristo resistió sin duda alguna "hasta la sangre".
Es poderoso para socorrer.
O "capaz de ayudar" (NC). Cristo venció al tentador resistiendo con éxito la tentación y soportando pacientemente los sufrimientos. Ahora estamos luchando con un enemigo vencido. La victoria de Cristo es la seguridad de nuestra victoria. Ver com. Mat. 4: l.
Para el cristiano es una fuente permanente de consuelo saber que Cristo comprende nuestros dolores y nuestras perplejidades, y simpatiza con nosotros. Si Cristo no se hubiese hecho hombre, fácilmente podría haber surgido esta pregunta: ¿Cómo podemos saber que Dios nos ama y nos cuida si nunca ha experimentado las pruebas que sufrimos, si nunca ha sido pobre ni ha sido abandonado, ni nunca ha sabido lo que es estar solo y hacer frente a un futuro desconocido? Nos pide que seamos fieles hasta la muerte, ¿pero alguna vez ha hecho frente a las difíciles decisiones que nosotros enfrentamos? Si fuera uno de nosotros y uno con nosotros, sabría cuán difícil es hacer frente a ciertas pruebas, Pero si nunca ha sido hombre, ¿conoce en realidad todos nuestros dolores y puede simpatizar con nosotros cuando nos extraviamos? 423
La respuesta es que Dios ciertamente conoce todo esto, y que no fue por su culpa sino por la nuestra que se hizo pobre. Cristo sufrió y murió no por su culpa sino por la nuestra. Necesitábamos la demostración que Cristo vino a dar, de lo contrario nunca hubiéramos conocido el profundo amor de Dios por la humanidad suficiente. Además, nunca hubiéramos conocido los sufrimientos que el pecado ha causado al corazón de Dios.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-3 FE 404
3 1JT 230, 283, 349; 5T 352
7 CN532; Ed 17;4T 563; Te 159
9 PP 50
10 CS 399; DMJ 56; 2JT 28; PP 513;4T 448;5T 71;8T 212
11 CC 13; CS 531; DMJ 86; DTG 17; ECPF 52; 2JT 336; MeM 298;5T 230
13 CN 531,535; CS 704; HAd 141;2T 366
14 CS 558; HR 221; PE 151; PP 50; PR 517
14-15 DTG 286
16 8T 207
17 DTG 15; FE 442; HAp 376; MC 329; MeM 306;8T 286
17-18 CS 469; DMJ 17; Ed 74; FE 106; HR 44; 1JT 383; MeM 345; PE 150; PP 50,513;4T 294;5T 422; TM 391


CAPÍTULO 3
1 Cristo es mayor que Moisés, 7 por lo tanto, si no creso en él seremos más dignos de castigo que el endurecido Israel.
1 POR tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús;
2 el cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios.
3 Porque de tanto mayor gloria que Moisés es estimado digno éste, cuanto tiene mayor honra que la casa el que la hizo.
4 Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios.
5 Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;
6 pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.
7 Por lo cual, como dice el Espíritu Santo:
Si oyereis hoy su voz,
8 No endurezcáis vuestros corazones, Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto,
9 Donde me tentaron vuestros padres; me probaron,
Y vieron mis obras cuarenta años.
10 A causa de lo cual me disgusté contra esa generación,
Y dije: Siempre andan vagando en su corazón,
Y no han conocido mis caminos.
11 Portanto,juré en mi ira:
No entrarán en mi reposo.
12 Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo;
13 antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.
14 Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio,
15 entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación.
16 ¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés?
17 ¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto?
18 ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? 424
19 Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad.


1.
Por tanto.
Esto es, en vista de todo lo que se ha dicho en los cap. 1 y 2 acerca de la suprema posición de Cristo como Dios, y su infinita condescendencia al tomar la naturaleza humana.
Hermanos santos.
Todos los creyentes son "hermanos" en Cristo; pero como el libro de Hebreos está dirigido principalmente a los cristianos judíos (ver p. 401), el sustantivo "hermanos" parece referirse aquí a ese grupo más restringido. El tema de los capítulos siguientes -lecciones derivadas de la historia del antiguo Israel- era especialmente significativo para los judíos, "hermanos" en Cristo. Son llamados "santos" porque habían consagrado sus vidas a Dios y no porque no tuvieran faltas o errores (ver com. Mat. 5:48; Rom. l: 7).
Participantes.
Gr. métodos, "copartícipe" (ver com. Luc. 5:7; cf. Heb. 3:14; 6:4; 12:8).
Llamamiento celestial.
O sea el llamamiento de Dios a obtener salvación por medio de Jesucristo (ver coro. Rom. 8:28, 30).
Considerad.
Gr. katanoé "fijar la mente en", "contemplar". Se invita a los "hermanos santos" a que presten atención al tema central de la Epístola a los Hebreos: el ministerio de Cristo como nuestro gran sumo sacerdote en el santuario celestial (ver p. 404).
Apóstol.
Gr. apóstoles, "embajador", "enviado", "delegado", "mensajero" (ver com. Mar. 3: 14; Hech. 1: 2). Cristo vino a esta tierra como el "Apóstol" del Padre, "el Enviado de Dios" (DTG 440; cf. Juan 6:29). Vino para representar a Dios ante los hombres (ver com. Mat. 1: 23; Juan l: 14), y volvió al cielo como representante del hombre o sumo sacerdote delante del Padre. En los días del AT el sumo sacerdote del santuario terrenal también representaba a Dios delante del pueblo y al pueblo delante de Dios (ver com. Lev. 16: 4).
Sumo sacerdote.
Ver com. cap. 2: 17.
Profesión.
Gr. homología, "confesión", "convenio"; "fe" (BJ, BA). Ver com. Rom.10: 9; 1Tim. 6: 12.
Cristo Jesús.
La evidencia textual establece (cf. . 10) la omisión de la palabra "Cristo". La omiten la BJ, BA, BC y NC. "Jesús" era el nombre de nuestro Salvador como hombre entre los hombres; "Cristo" era su nombre como el Mesías del AT, como el "Enviado de Dios", como el Hijo de Dios. Llamar a Jesús el Cristo es, ciertamente, reconocer al Hijo de María como Aquel en quien se cumplieron las profecías del AT concernientes al Mesías, y que como Hijo del Hombre es verdaderamente el Hijo de Dios. El uso de ambos nombres constituye una afirmación de la creencia en la naturaleza divino-humana de nuestro Señor. Ver com. Mat. l: l.
2.
Fiel.
Una referencia a la fidelidad de Jesús a través de toda su misión terrenal. En su encarnación se humilló, despojándose de las prerrogativas de la Deidad y tomando la naturaleza humana. Soportó las privaciones y tentaciones que lo acosaron durante su vida terrenal. Avanzó con determinación y fortaleza hasta la cruz (ver Fil. 2: 5-8; Heb. 2: 14, 17; 12 - 2; t. V, pp. 894-896). Fue fiel en toda las cosas al plan que había sido establecido antes de la creación de esta tierra (ver DGT 120-121-178).
Constituyó.
Gr. piéo, "hacer", "constituir" (ver com. Mar. 3: 14): Cristo fue leal al Padre cuando vino a esta tierra como su representante (ver com. Juan 1: 14). En el concilio secreto de paz entre el Padre y el Hijo (ve com. Zac. 6: 13), cuando se hizo el plan de salvación, Cristo convino en venir a la tierra Para llevar a cabo este plan voluntariamente entregó al Padre ciertas prerrogativas de la Deidad. Se subordinó al Padre durante su vida terrenal para poder vivir como hombre entre los hombres, y para que su vida perfecta pudiera proporcionarles un ejemplo de la relación que debían mantener con su Padre celestial (ver com. Mat. 6: 9; Juan l. 14; cf. t. V, p. 895). De ese modo fue que el Padre "constituyó" a Cristo para su misión terrena (ver com. Juan 3:16), y Cristo fue "fiel" en ese estado de subordinación.
Como también lo fue Moisés.
En los vers 1-6 Cristo es comparado con Moisés, el gran legislador (Juan l: 17; 7: 19), y en cierto sentido fundador de la nación hebrea. Pablo de- sea mostrar que Cristo es infinitamente mayor que Moisés (Heb. 3:3). El alto precio que tenían por Moisés los judíos de los tiempos del NT, se demuestra por el orgullo que sentían al hablar de sí mismos como "discípulos" de él (Juan 9: 28-29). Ya se ha demostrado que Cristo es igual con el Padre (Heb. 1: 8) 425 y superior a los ángeles (vers. 4), y aquí es presentado como superior a Moisés. Más tarde se demostrará que es superior a Abrahán (cap.7: 2, 4; cf. vers. 15), el padre de la nación judía (Juan 8:39; ver com. Mat. l: l), a Leví (Heb. 7:9- 10) y a Aarón (vers. 11); y que su sacerdocio es superior al sacerdocio aarónico.
Moisés "hizo conforme a todo lo que Jehová le mandó" (Exo. 40: 16); era un dirigente fiel y digno de confianza. Cristo también representó fielmente al Padre en la tierra al vivir como hombre entre los hombres, diciendo y haciendo sólo lo que estaba en armonía con la voluntad de Dios y le agradaba (Juan 4: 34; 6: 38; 8: 28-29). Cuando concluyó su ministerio en la tierra pudo decirle al Padre: "He acabado la obra que me diste que hiciese" (Juan 17: 4).
La casa de Dios.
Se compara a Moisés con un mayordomo que administra los asuntos de la casa de su amo (cf. Gén. 15: 2; Luc. 12: 42; 16: 1-2). José desempeñó una vez ese cargo en la casa de Potifar (Gén. 39: 1-6). El mayordomo era custodio y administrador de la propiedad de su amo. La "casa" que aquí se menciona es el pueblo escogido de Dios, por medio del cual el Señor se proponía cumplir el plan de salvación. Esa casa fue en la antigüedad la nación hebrea; pero ahora es la iglesia cristiana (ver t. IV, pp. 28, 37).
En el texto griego dice "la casa de él". No claro si el antecedente es Moisés o Dios, como podría deducirse por el vers. 4. Si se refiere a la casa de Moisés, el texto estaría designando a los israelitas como "casa de él". Si se refiere a la casa de Dios, se haría resaltar la idea de que Israel pertenecía a Dios. El significado básico no se altera si se toma en uno u otro sentido. Es probable que la última parte del vers. 2 se base en Núm. 12: 7, donde Dios alaba a Moisés por ser "fiel" sobre la casa de Dios.
3.
Gloria.
Gr dóxa (ver com. Juan l: 14; Rom. 3: 23; 1 Cor.11: 7), que aquí significa respeto" u "honor". Cristo como edificador de la "casa" merecía más honor que la "casa" o que Moisés, quien fue mayordomo de ella Por un tiempo.
Estimado digno.
O "considerado como digno" (BJ).
Este.
"Jesucristo hombre" (1 Tim. 2: 5).
Cuanto.
La figura cambia ligeramente, pero el propósito sigue siendo ensalzar a Cristo. Se hace notar en su papel en el AT como edificador de la casa.
Mayor honra.
Un edificio magnífico es alabado por los que lo contemplan; pero hay un mayor honor para el arquitecto que lo planeó y para el constructor que lo edificó.
El que la hizo.
Es decir, Cristo. Cf. cap. 11: 10.
4.
Dios.
En el vers. 3 Cristo es el edificador de la casa; aquí se dice que es Dios (cf. com. Juan 1: 1, 14).
5.
A la verdad.
La primera parte del vers. 5 repite la última parte del vers. 2 con el propósito de presentar de nuevo las figuras de Cristo y de Moisés como mayordomo, cada uno de su respectiva "casa". Esta figura se dejó a un lado en los vers. 3 y 4, en donde se hace referencia a Cristo como edificador en el AT de la casa sobre la cual Moisés fue mayordomo. En los días del NT Cristo asumió el papel de mayordomo de la casa.
Fue fiel.
El propósito al ensalzar a Cristo no fue para rebajar a Moisés. ¡De ninguna manera! Moisés es alabado porque fue completamente "fiel". La superioridad de Cristo sobre Moisés consiste en el hecho de que aunque Cristo llegó más tarde a ser mayordomo de la "casa", en realidad fue su edificador y propietario cuando Moisés sirvió como mayordomo de ella.
Siervo.
Gr. therápon, "servidor", "cuidador", "acompañante", "compañero". Se aplica a un siervo que presta un servicio más importante o más personal que el de un dóulos (ver com. Rom. 1: 1), o un diákonos (ver com. Mar. 9: 35). La designación de therápon aplicada a Moisés refleja la alta estima en que los judíos tenían al gran legislador. Pero a pesar de que era grande sólo era un "siervo acompañante" de Cristo para cumplir los propósitos de Dios en la tierra. Sin embargo, ¿qué honor más grande podría dispensar el cielo a hombre alguno?
Para testimonio.
La vida fiel y el servicio de Moisés sirvieron como testimonio de la Fidelidad de Cristo cuando tuvo que venir a la tierra para servir; sirvió como lo había hecho Moisés (ver com. vers. 1-3).Todo el sistema ceremonial instituido por Moisés bajo la dirección de Dios, fue "para testimonio de lo que se iba a decir", un "testimonio" del ministerio de Cristo como "apóstol y como sacerdote de nuestra profesión" (vers. l). Ver Deut. 18: 15.
De lo que.
Es decir, la vida y la misión de Cristo en la tierra y su ministerio como sumo 426 sacerdote en el cielo.
6.
Cristo como hijo.
Cristo es mayor que Moisés así como un "hijo" es mayor que un "siervo" (Heb. 3: 5; cf. Gál. 4: l). Moisés demostró ser "fiel" como "siervo", y Cristo como "hijo" (Mat. 21: 34-37; cf. Gén. 15: 2-4; com. Heb. 1: 5; 5: 8). Acerca de Cristo como el Hijo de Dios, ver com. Luc. 1: 35; Juan 1: 14.
Su casa.
Ver com. vers. 2; cf. cap. 10: 2 l.
La cual casa somos nosotros.
La "casa" sobre la cual Moisés fue supervisor era la "casa de Israel" (cf. cap. 8: 8). La "casa" sobre la cual preside ahora Cristo es la iglesia cristiana (Efe. 2: 19-22; 1 Ped. 2: 5).
Retenemos.
Ver com. Mat. 24: 13; Heb. 10: 35-36; cf. Apoc. 3: 1 l.
Firme hasta el fin.
La evidencia textual se inclina (cf. p. 10) por la omisión de estas palabras. Las omite la BJ. La misma frase está plenamente confirmada en el vers. 14. Ver com. Mat. 24: 13; Apoc. 2: 10.
Confianza.
Gr. paressía, "osadía", "valor", "confianza" (ver com. Hech. 4: 13; cf. Heb. 4: 16; 10: 19, 35). Esta "confianza está constituida por la convicción en el corazón del cristiano de la certeza de las cosas que ha podido creer acerca de Cristo. El creyente tiene el privilegio de disfrutar de la bendita seguridad de haber sido aceptado por Dios (ver com. 1 Juan 5: 10-12). Atesora en su corazón "las arras del Espíritu" (ver com. 2 Cor. 1: 22) y tiene la "certeza" ("garantía", BJ, NC) de las cosas que espera (ver com. Heb.1 1:1).
El gloriarnos.
Gr. káujema, 'jactancia", ,"regocijo", "orgullo". El verbo afín kaujáomai se traduce de diversas formas: "regocijarse", "gloriarse", 'jactarse", etc. (ver com. Rom. 5: 2). Compárese con el "gloriarse" (kaujáomai) de Pablo en la cruz de Cristo (Gál. 6: 14). El cristiano debe sentirse orgulloso en sumo grado por la esperanza cristiana y regocijarse en ella.
Esperanza.
Ver com. Rom. 5: 2-5; 8: 24; Efe. l : 18. La esperanza del cristiano se centra en el "apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión", en "la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, en "la resurrección de entre los muertos" y en la vida eterna (Heb. 3: 1; Tito 2:13; 3: 7; Fil. 3: 1 l; 1 Cor. 15:12-23). Los cristianos tienen buenas razones para ser la gente más feliz y optimista del mundo. '
7.
Por lo cual.
Es decir, en vista de lo que se ha dicho en los vers. 1-6 acerca de Cristo
como "el apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión" (vers. l) y de nuestra "confianza" y "esperanza" en él (vers. 6).
Dice el Espíritu Santo.
Un reconocimiento de que el Espíritu Santo es el medio de comunicación entre Dios y el hombre (ver com. 2 Ped. l: 2 l), particularmente con respecto al Sal. 95 del cual se toma la cita de Heb. 3: 7-11, y con respecto a David que fue divinamente inspirado cuando escribió ese salmo (cf. Heb. 4:7).
Si.
Gr. eán, "si", "cuando", "siempre que". Con lenguaje claro e inconfundible se presenta la libre elección del hombre al aceptar o rechazar la misericordiosa invitación de Dios. Dios no ha predestinado a unos para que acepten su misericordia, y a otros para que la rechacen (ver com. Juan 3: 17-20; Efe. 1: 4-6).
Oyereis. . . su voz.
Es evidente que se incluye más que el simple oír. Se hace referencia a un oír atento, eficaz; es decir, un oír que produzca la debida acción. Cf. com. Mat. 7: 24-27; Apoc. 1: 3.
Hoy.
Ver com. Sal. 95: 7. Este "hoy" de David se refería a sus propios días, pero el autor de Hebreos declara, guiado por la Inspiración, que la verdad que aquí se presenta se aplicaba con igual fuerza en los días del NT (ver t. IV, p. 39; com. Deut. 18: 15). El Espíritu Santo nos da hoy este mismo mensaje (ver com. Heb. 4:7-9). Esta misma misericordiosa exhortación que invita a los hombres a encontrar en Cristo "reposo" para el alma, se ha proclamado de generación en generación. Pero la misericordia pronto cesará de suplicar, y terminará el día de salvación.
El pensamiento que se presenta en el cap. 3: 7-11 se repite vez tras vez en los cap. 3 y 4, y forma la base del tema que aquí se expone. La conclusión a la cual se llega con este tema es que aún "queda un reposo para el pueblo de Dios" (cap. 4: 9) y por lo tanto debemos acercarnos "confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" (vers. 16).
Es necesario advertir que el tema de los cap. 3 y 4 comienza con la presentación de Cristo como "apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión" (cap. 3: 1) y termina con una exhortación para ir a él con fe, con la plena seguridad de que puede darnos la ayuda que necesitamos, y nos la dará (cap. 4: 14-16). Nótese la coherencia del hilo del razonamiento a través de estas expresiones: "si retenemos 427 firme... la confianza" (cap. 3: 6); "retengamos nuestra profesión" (cap. 4: 14); acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia" (cap. 4: 16).
8.
No endurezcáis vuestros corazones.
Esto es, no rechacéis ni descuidéis la misericordiosa exhortación de la voz de Dios (vers. 7).n cuanto al endurecimiento del corazón, ver. com. Exo. 4: 2 l; Rom. 9: 18. Provocación. Literalmente "amargura"; con sentido secundario de "rebelión". Hay una referencia muy específica a la rebelión de Cades- barnea (ver Núm. 14: 1-35), aunque, como lo sugiere Heb. 3: 9, podría también aplicarse en forma general a las diferentes ocasiones en que el pueblo se rebeló antes de la crisis en Cades (ver Núm. 14: 22). El pueblo se negó allí a entrar en el "reposo" de Canaán (ver com. Heb. 4: 11), y como resultado se le impidió a casi toda la generación adulta que entrara en la tierra prometida (Núm. 14:22-35).
Tentación.
O "prueba", que es mejor aquí que "tentación" por el sentido que generalmente se le da a esta palabra (ver com. vers. 9). "El día de la tentación" se refiere a la mencionada rebelión y explica la naturaleza de la misma. Israel puso a prueba a Dios en muchas ocasiones (ver Exo. 17: 2, 7; Núm. 14: 22).
En el desierto.
Cades estaba situada en el desierto de Zin (Núm. 20: l; 27: 14).
9.
Me tentaron vuestros padres.
O "me pusieron a prueba vuestros padres" (BJ). Israel probó la paciencia de Dios hasta lo sumo con sus continuas quejas y sus actos de rebelión. La paciencia infinita con el antiguo Israel puede ser un motivo de esperanza para los que quizá se hayan descarriado en nuestro tiempo, aunque nunca debe ser una excusa para abusar de la misericordia y de la magnanimidad de Dios (ver Rom. 6:1, 15). "Por la misericordia de Dios no hemos sido consumidos" (Lam. 3: 22; cf. Exo. 34: 6-7).
Los repetidos casos de rebelión contra la autoridad y la dirección del Señor fueron el producto inevitable del "corazón malo" o de la "incredulidad" de Israel (ver com. Heb. 3: 12, 19). Por medio de las plagas de Egipto, del cruce del Mar Rojo, del maná, del agua que brotó de la roca, de la liberación de los ataques de las serpientes ardientes y en muchas otras formas, Dios demostró a su pueblo su grandiosa sabiduría y su poder. Dios permitió vez tras vez, que diversas circunstancias enseñaran a su pueblo a confiar en él y a seguir sus instrucciones; pero Israel demostró que era un "pueblo de dura cerviz" (Exo. 32: 9), lento para aprender. Este espíritu perverso continuó casi hasta el fin de los 40 años de peregrinación por el desierto (ver Núm. 20: 5).
No nos corresponde condenar al pueblo hebreo por sus muchos errores. Más bien debiéramos aprender de las tristes vicisitudes por las que pasaron debido a la dureza de su corazón, para que no caigamos en las mismas faltas que ellos cometieron (1 Cor. 10: 5-12).
Me probaron.
O"me pusieron a prueba".
Vieron mis obras.
Fueron testigos de múltiples casos de la providencia divina, que debieran haber sido suficientes para hacer que desarrollaran una perfecta confianza en la sabiduría de Dios y en su poder. Hubo repetidas ocasiones cuando Dios podría, con justicia, haberlos abandonado para que siguieran sus propios caminos perversos; pero con misericordia continuó soportándolos pacientemente.
Cuarenta años.
Transcurrieron exactamente 40 años entre la pascua celebrada durante el éxodo de Egipto y la pascua que celebraron pocos días después de cruzar el Jordán (ver t. I, pp. 196-197).
10.
Me disgusté.
O"me molesté", "fui provocado", "me irrité". En lenguaje humano (vers. 9-1 l) Dios declara la completa inutilidad de hacer algo más para ganarse la confianza y cooperación de esa generación de esclavos que había liberado del yugo egipcio. En conjunto, aunque no necesariamente como individuos, su tiempo de gracia terminó en Cades-barnea. Los hechos habían demostrado claramente que el carácter de la nación era tal que no era posible cambio alguno, y que nada se ganaba con soportarlos por más tiempo.
Esa generación.
Es decir, los adultos mayores de 20 años que emigraron de Egipto (Núm. 14: 29, 35).
Siempre.
Cuando los hijos de Israel fueron probados, fracasaron repetidas veces en la ejercitación de su fe en la Providencia divina (ver Núm. 14: 2).
Andan vagando.
Gr. planáo, "vagar", "extraviarse" (cf. com. Mat. 18: 12). "Andan siempre extraviados" (NC).
En su corazón.
Israel no quiso entender ni la voluntad ni las providencias de Dios, ni seguir sus instrucciones. Fue un rechazo voluntario, 428 deliberado, y persistió a pesar de toda la evidencia que Dios les dio. Cf. Ose. 4: 6.
No han conocido mis caminos.
Pensaron que merecían el cuidado providencial de Dios en el desierto, y fracasaron por completo en apreciar el elevado propósito del Señor al llamarlos a salir de Egipto para convertirlos en una nación (ver t. IV, pp. 28-32). No comprendían que las vicisitudes que Dios permitía en el desierto eran para su bien, para enseñarles a confiar y a cooperar con él; que los estaba preparando para cuando ocuparan la tierra prometida.
11.
Ira.
Gr. orgé (ver com. Rom. 1: 18; 2: 8). En cuanto a la "ira" o "cólera" de Dios, ver com. 2 Rey. 13: 3.
No entrarán.
Dios había prometido a Abrahán que sus descendientes volverían a Canaán "en la cuarta generación" (Gén. 15: 16). Su único propósito al sacar a los hebreos de Egipto era conducirlos a la tierra que les había prometido. Pero cuando debido a su extremada desobediencia se negaron a aprender las lecciones que debían asimilar antes de que Dios pudiera hacerlos entrar en Canaán, finalmente no tuvo otra alternativa que abandonarlos para que siguieran sus propios caminos. Hubiera sido inútil que les diera la posesión de la tierra prometida, pues, considerando la forma como se habían portado en el desierto, no habrían cumplido el gran propósito que Dios tenía al darles esa tierra. Dios había soportado durante mucho tiempo a ese pueblo, y no quedaba más nada que pudiera hacerse por él. Compárese el contraste entre la promesa divina de darles "descanso" (Exo. 33: 14) y el "castigo" que sufrieron en Cades (Núm. 14: 34). "Así sabréis lo que es apartarse de mí" (BJ); "y experimentaréis así mi aversión por vosotros" (NC).
Reposo.
Gr. katápausis, "reposo" o "lugar de reposo". El concepto fundamental de katápausis es el de cesación de trabajo o de otra actividad más el estado de inactividad que sigue a tal cesación. Katápausis aparece ocho veces en los cap. 3 y 4 (3: 11, 18; 4: 1, 3 [dos veces], 5, 10-11); y el verbo afín katapáu se halla tres veces (cap. 4: 4, 8, 10). Katápausis equivale siempre a "reposo", definido, específico, particular: el "reposo" de Dios. Cuando katápausis aparece en la LXX, por lo general es una traducción del Heb. menujah: "lugar de descanso", "reposo", que deriva de núaj, "establecerse", "Permanecer [en un lugar]", "reposar", es decir, después de una actividad previa. Katápausis se usa en la LXX para referirse al lugar permanente del arca en Canaán después de la peregrinación por el desierto (Núm. 10: 36), y también para significar la herencia de Israel en Canaán después de sus 430 años de peregrinación (Deut. 12: 9). El verbo afín katapáu generalmente se traduce del Heb. núaj o shabath, que significa "reposar". Katapáu se usa cinco veces en Gén. 2: 2-3 y Exo. 34: 21; 31: 17 para referirse al "reposo" del sábado. Katapáu y katápausis representan la cesación de cualquier clase de actividad. También puede incluir el "reposo" que sigue a dicha cesación. Ver com. Heb. 4: 9.
Para entender bien el tema presentado en los cap. 3 y 4 es esencial prestar cuidadosa atención a las cuatro aplicaciones diferentes de katápausis y katapáu.
1. Se hace referencia (cap. 3: 11, 18; 4: 3, 5) a la ocupación prometida y literal de la tierra de Canaán por los israelitas que fueron liberados de Egipto. Esta promesa no se cumplió por causa de la rebelión de Cades-barnea (ver com. cap. 3: 7-11). La generación siguiente entró en Canaán en ese aspecto del "reposo". Esto es evidente en Deut. 3: 18, 20; Jos. 21: 44; 23: 1, etc.
2. Pero es claro que la entrada de Israel en la Canaán literal era sólo un aspecto del "reposo" que Dios tenía preparado para su pueblo. Después de que se establecieran en la tierra prometida, el Señor tenía el propósito de capacitarlos como nación para que fueran sus mensajeros escogidos de salvación para el mundo (ver t. IV, pp. 28-32). A pesar de todo, siglos más tarde, en el tiempo de David, aún no habían entrado en ese aspecto del "reposo" de Dios (Heb. 4: 7-8); en realidad, nunca entraron en él (ver t. IV, pp. 32-36). Los israelitas a través de toda su historia cometieron en esencia y repetidas veces los mismos errores de aquella generación cuyo tiempo de gracia terminó en Cades. Por eso Dios finalmente los excluyó como nación de su "reposo" espiritual, así como había excluido a la generación en Cades de entrar en la Canaán literal (t. IV, p. 35). Perdieron el derecho a su misión como pueblo escogido (ver com. Mat. 21:43).
Las repetidas invitaciones de Dios en los días de David para que entraran en el aspecto espiritual de su "reposo", son evidencia de que el fracaso de los israelitas en los días de 429 Josué no había anulado el propósito divino para Israel como nación. Más aún: la invitación en los días de David es una prueba de que Josué no había podido dar a Israel el "reposo" espiritual (cap. 4: 8).
3. En el cap. 4: 4 (ver el comentario respectivo) se presenta el reposo de Dios en el séptimo día de la semana de la creación como una ilustración del "reposo" en el cual Dios quiere que entren los cristianos.
4. En el cap. 4: 1, 3, 10-11 katapáu y katúpausis se refieren al reposo del cristiano de las obras del pecado y de los intentos de ganar la salvación por sus propios méritos. Compárese con la invitación personal de Cristo: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar" (ver com. Mat. 11: 28).
El desarrollo del razonamiento de los cap. 3 y 4, que se centra en la palabra "reposo", es en esencia como sigue:
1. Originalmente Dios tenía el propósito de que Moisés hiciera entrar a Israel en el "reposo" de Canaán; pero ni entraron ellos, ni Moisés, ni la generación que salió de Egipto.
2. Sin embargo, Josué presidió la entrada en Canaán de la generación siguiente; pero debido a la incredulidad del pueblo no pudo hacerlos entrar en el "reposo" espiritual de Dios.
3. Dios renovó en los días de David la invitación a entrar en su "reposo" espiritual (ver t. IV, p. 33). A pesar de todo, era obvio en los días del NT que Israel, como nación, no había entrado en el "reposo" de Dios.
4. Sin embargo, la invitación de Dios y su promesa no habían caducado por el incumplimiento, pues cuando Dios determina cierto propósito, finalmente lo alcanzará a pesar de los fracasos humanos (ver com. cap. 4:34).
5. Por lo tanto, ya que el pueblo de Dios aún no ha entrado en el "reposo" divino, es evidente que "queda un reposo para el pueblo de Dios" (cap. 4: 9).
6. Si los cristianos se acercan "confiadamente al trono de la gracia" (cap. 4: 16), donde Cristo ministra como "el apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión" (cap. 3: l; cf. cap. 4: 14-15), encontrarán a Aquel que puede "compadecerse de nuestras debilidades" (cap. 4: 15), y obtendrán "misericordia" y hallarán "gracia para el oportuno socorro" (cap. 4: 16). Si lo hacen, entrarán en el "reposo" espiritual de Dios, el "reposo" del alma que él ha preparado para el pecador arrepentido. En esta forma explica el autor que lo que Israel no disfrutó debido a su fracaso, se convirtió en el privilegio del cristiano sincero de hoy día (cap. 3: 13, 15).
7. "Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado... Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia" (cap. 4: 1, 11). La fe es la llave para entrar en el "reposo" de Dios (cap. 4: 2; cf. cap. 3: 18-19; 4: 6; 11), y debemos estar en guardia para que no haya en nosotros "corazón malo de incredulidad" (cap. 3: 12).
En los tiempos del sacerdocio levítico los hombres debían cumplir con ciertas "obras", las cuales les ayudaban a comprender y apreciar el plan de salvación en Cristo Jesús; pero ahora, en los tiempos de la ministración de Cristo como Sumo Sacerdote, todos deben ir directamente a Cristo sin la mediación de un sacerdote humano. Deben hallar "reposo" en Cristo sin necesidad de las "obras" que exigía el sistema ceremonial o cualquier otro sistema. En los cap. 3 y 4 el autor ruega a sus hermanos cristianos de origen judío que no continúen con esas "obras" inútiles, y que entren en el "reposo" de la fe sencilla en los méritos expiatorios y en el ministerio de nuestro gran Sumo Sacerdote celestial. Cf. Isa. 30: 15;Jer. 6: 16; Mat. 11 :29.
12.
Mirad.
O "tened cuidado", "¡cuidado con!", "considerad". Aquellos a quienes se dirige la epístola y todos los cristianos que la leen, deben prestar la más cuidadosa atención a la experiencia del antiguo Israel para no cometer el error en que cayeron los israelitas.
Hermanos.
Ver com. vers. 1.
Corazón malo de incredulidad.
Esta ha sido siempre la raíz de las dificultades en las relaciones del hombre con Dios. Así le sucedió a Israel en el desierto y más tarde en la tierra de Canaán. Esta misma dificultad impide que los cristianos nominales de hoy día disfruten del "reposo" que es posible por medio de la fe genuina en Cristo Jesús. La falta de fe de Israel contrasta agudamente con la fidelidad de Moisés y de Cristo (vers. 1-2).
Apartarse.
Gr. afístemi, "alejarse", "retirarse", "apartarse". La palabra "apostasía" deriva de la forma sustantivada apostasía, que le 430 ha traducido en Hech. 21: 21 "apostatar" y en 2 Tes. 2 :3 como "apostasía" (ver los comentarios respectivos). Se amonesta a los cristianos a que no apostaten en sus corazones apartándose "del Dios vivo" mientras mantienen una forma o apariencia de religión. Las vicisitudes por las cuales pasó el antiguo Israel "les acontecieron como ejemplo" o "para amonestarnos" (1 Cor. 10: 11); todo fue escrito "para admonición de nosotros" (VM). Cuando se examina la obstinación del antiguo Israel, los cristianos que se consideren superiores harían bien en prestar atención a este consejo: "El que piensa estar firme, mire que no caiga" (1 Cor. 10: 12; cf. vers. 1 - 10).
Dios vivo.
Separarse de la fuente de la vida es morir.
13.
Exhortaos los unos a los otros cada día.
El verbo está en tiempo presente, por lo cual podría traducirse "seguid exhortando". Otras acepciones del verbo griego son "animar" y "consolar". Cf. com. Hech. 16: 15; 1 Cor. 1: 10.
Entre tanto que se dice: Hoy.
Es decir, mientras dura el día de la gracia y aún se escucha la misericordiosa invitación a entrar en el "reposo" de Dios.
Endurezca.
Ver com. Exo. 4: 21; cf. Heb. 3: 8.
Engaño.
O "error", "fraude". Los hombres son seducidos por el pecado porque éste parece atrayente y deseable. Cuando Eva "vio" lo que Dios le había advertido que no comiera, le pareció "bueno", "agradable" y "codiciable" (ver com. Gén. 3: 6). Entonces cruzó la línea que separa entre la rectitud y el pecado. El cristiano sincero debe estar alerta cuando algo que Dios ha prohibido comienza a parecerle atrayente y deseable. Si lo que Dios ha dicho que es completamente malo comienza a parecerle completamente bueno, puede estar seguro de que se halla en el terreno en cantado de Satanás, en donde las cosas parecen ser lo opuesto de lo que realmente son.
14.
Somos hechos.
Mejor "hemos venido a ser" (BJ).
Participantes de Cristo.
O"participantes en Cristo". El cristiano participa de la victoria y el carácter de su bendito Señor, y también puede participar de los beneficios y de las bendiciones que le corresponde disfrutar como resultado del gran sacrificio de Cristo en la cruz y de su ministerio como Sumo Sacerdote en los atrios celestiales. La unión con Cristo aquí y ahora es una experiencia preciosa (ver com. Gál. 2: 20). Este es el "reposo" en el cual debemos entrar.
Con tal que retengamos.
Ver com. Mat. 24: 13; Heb. 10: 35-36.
Hasta el fin.
Ver com. Mat. 24: 13; Apoc. 2: 10. Las admoniciones de Hebreos fueron originalmente dirigidas a los judíos creyentes de la iglesia apostólica, y los mensajes del libro tuvieron su primera aplicación para ese grupo (ver pp. 401, 404). Era creencia común en la iglesia de los tiempos apostólicos, que el prometido regreso del Señor no demoraría mucho (ver Nota Adicional de Rom. 13); pero ya habían pasado unos 30 años o más desde que Cristo había ascendido al cielo (ver t. VI, p. 109), y aún no había ninguna señal de su inmediata venida. Lo que entonces sin duda parecía una larga e inesperada demora puede haber producido un decaimiento en la fe de muchos. La admonición a retener "firme hasta el fin" la "confianza" quizá estaba dirigida particularmente a ese grupo vacilante. Un claro concepto de la obra de Cristo en las moradas celestiales como nuestro Sumo Sacerdote, proporcionaría un firme fundamento para la fe de esas personas, lo que haría posible que fueran "participantes de Cristo" (Heb. 3: 14). Debían comprender que aún debía hacerse una gran obra tanto para ellos como para otros. Podía haber demora en el regreso de Jesús, pero tenían el privilegio de entrar en el "reposo" de Dios ahora (ver com. vers. 7-11) por la fe (ver com. vers. 12). La admonición que aquí se da a la iglesia apostólica es especialmente apropiada para la iglesia de nuestros días.
Confianza.
Gr. hupóstasis (ver com. cap. 1: 3), una palabra diferente de la que se ha traducido como "confianza" en el vers. 6 (ver el comentario respectivo). Mantener nuestra confianza firme hasta el fin es lo opuesto de endurecer nuestro corazón (cf. vers. 8, 15).
Del principio.
La brillante fe que acompaña a una genuina conversión puede empañarse después de un tiempo, y enfriarse el corazón ferviente. Bienaventurado el cristiano que mantiene su primera fe y su primer ardor sin menguar a través de toda su vida. Ver com. vers. 6.
15.
Entre tanto que se dice.
El cristiano debe mantenerse "firme" a través del gran día de la salvación de la tierra, "entre tanto que se dice: Hoy".
Hoy.
En cuanto al vers. 15, ver com. vers. 7-8. Aquí se repite parcialmente la cita del 431 Sal. 95 para darle más énfasis.
16.
¿Quiénes fueron?
Es decir, los que se rebelaron en Cades-barnea (ver com. vers. 8-11). Esta es una declaración bastante modesta, pues casi todos los que fueron liberados de Egipto estuvieron implicados en la rebelión y perecieron en el desierto.
Habiendo oído.
O "aunque oyeron"; es decir, aunque conocían bien las cosas.
Provocaron.
O se rebelaron (ver com. vers. 8).
¿No fueron todos?
Mejor "¿acaso no fueron todos ... ?" La primera pregunta retórica halla su respuesta mediante una segunda pregunta. La pregunta implica que se rebelaron todos los que salieron de Egipto. Esto fue cierto en general, aunque hubo algunas excepciones (Núm. 26: 65; cf Jos. 17: 4; 22: 13, 31-32; Núm. 25: 7).
Por mano de Moisés.
Es decir, bajo el liderazgo de Moisés.
17.
Disgustado.
Ver com. vers. 10.
Cuarenta años.
Ver com. vers. 9.
Los que pecaron.
O los que continuamente se rebelaban (ver com. vers. 8-10).
El desierto.
Ver com. vers. 8.
18.
Juró.
Ver Núm. 14: 22-35.
No entrarían en su reposo.
Ver com. vers. 11.
19.
Vemos.
El autor concluye el razonamiento que comenzó con la cita que introdujo en el vers. 7.
No pudieron entrar.
La generación de israelitas cuya rebelión llegó a su clímax en Cades-barnea, fue excluida de entrar en la tierra prometida a causa de un defecto fatal, y no por un acto arbitrario de Dios ni porque Moisés hubiera fallado en proporcionarles un liderazgo completo y hábil. Moisés había sido "fiel en toda la casa de Dios" (vers. 2, 5), y por lo tanto no podía atribuírsele la responsabilidad por el fracaso de ellos. La falta de fe de los israelitas, demostrada por su desobediencia, les imposibilitó su entrada.
Incredulidad.
La "incredulidad" del pueblo se presenta en agudo y triste contraste con la fidelidad de Moisés. Si el pueblo hubiese sido más semejante a él, podría haber entrado en Canaán. Cristo, a semejanza de Moisés, también es "fiel" y no puede ser responsabilizado por el fracaso de algunos cristianos que no entran en el "reposo" prometido del alma (ver com. vers. 11). Esta es la lección que el autor deriva de las vicisitudes del antiguo Israel (ver com. cap. 4: 1).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
5-6 PP 513
7-8 CC 33; CM 403; HAd 325; 2JT 70
11 1T 281
12 CC 109; COES 31; HR 130; 2JT 76,
306; PP 300; 1T 377; 2T 656; 5T 72;
TM 355
12-14 1T 429
12-16 8T 115
13 PVGM 29
14 CM 175; Ev 264; HAp 197, 413; 3JT 29,
128, 275; MeM 322; OE 134, 277, 284,
322; PR 437; 6T 60, 250; 8T 11
15 CC 33; CM 403; HAd 325; 2JT 70
19 CS 511; Ev 504 432


CAPÍTULO 4
1 El reposo de los cristianos se obtiene por medio de la fe. 12 El poder de la Palabra de Dios. 14 Por medio de nuestro Sumo Sacerdote, Jesús, el Hijo de Dios, sujeto a nuestras debilidades, pero sin pecado, 16 podemos y debemos allegarnos confiadamente al trono de la gracia.


1 TEMAMOS, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado.
2 Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron.
3 Pero los que hemos creído entramos en el reposo, de la manera que dijo:
Por tanto, juré en mi ira,
No entrarán en mi reposo;
aunque las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo.
4 Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día.
5 Y otra vez aquí: No entrarán en mi reposo.
6 Por lo tanto, puesto que falta que algunos entren en él, y aquellos a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron por causa de desobediencia,
7 otra vez determina un día: Hoy, diciendo después de tanto tiempo, por medio de David, como se dijo:
Si oyereis hoy su voz,
No endurezcáis vuestros corazones.
8 Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría después de otro día.
9 Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios.
10 Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas.
11 Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia.
12 Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.
13 Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.
14 Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión.
15 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.
16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

 

COMETARIO BIBLICO ADVENTISTA
1.
Temamos, pues.
Esta misma advertencia resuena en 1 Cor. 10: 1-12. Los cristianos, olvidando su propio y grave peligro, pueden sentirse inclinados a mirar en forma crítica la torpeza de aquellos hebreos que no pudieron entrar en Canaán, y también a generaciones posteriores que han fracasado en entrar en el "reposo" espiritual que Dios preparó para Israel como nación (ver com. Heb. 3: 11). A partir del cap. 4: 1 el autor procede a aplicar la lección derivada de la historia de Israel en el desierto a la iglesia cristiana en los tiempos apostólicos. En principio, los cristianos de hoy corren un peligro semejante y tienen necesidad de recibir la misma admonición a la fidelidad.
Permaneciendo aún la promesa.
La promesa de entrar en el "reposo" de Dios no había sido retirada debido a los repetidos errores de Israel. La validez de la promesa permanece y se repite a cada generación.
Su reposo.
Ver com. cap. 3: 11.
Vosotros.
Específicamente los cristianos de origen judío, a quienes se dirigía la epístola; pero lo mismo es seguramente cierto con todos los cristianos.
No haberlo alcanzado.
Es decir, fracasar como le sucediera al antiguo Israel que no entró en el "reposo" prometido por Dios. 433
2
Buena nueva.
La frase podría traducirse: "Hemos sido evangelizados como ellos también [lo fueron]". En los tiempos del AT el Evangelio era "predicado" mediante símbolos y ceremonias, con ritos y sacrificios, pero era el mismo Evangelio que poco antes había sido proclamado por Cristo (ver com. Heb. 1: 1-2).
No les aprovechó.
Si los oyentes al "oír la palabra" no la reciben con fe, no pueden beneficiarse (ver com. Mat. 7: 24-27). La efectividad del mensaje personal que dio Cristo también fue limitada por la escasa receptividad de sus oyentes. De Nazaret se dijo: "No hizo allí muchos milagros, a causa de la incredulidad de ellos" (Mat. 13: 58). La forma en que actúa este principio está claramente ilustrada en la parábola del sembrador (ver com. Mat. 13: 3).
Fe.
Ver com. cap. 3: 12; 11: 1.
3.
Los que hemos creído.
O nosotros los cristianos, especialmente los judíos convertidos que estaban en la iglesia apostólica.
Entramos.
O "estamos entrando". La invitación aún es válida. Además, algunos están aceptando la invitación y entran por fe en el "reposo" de Dios.
El reposo.
Es decir, el mismo "reposo" al cual ya se ha hecho referencia en cap. 3: 11, 18; 4 :1 (ver com. cap. 3: 11). El "reposo" en el cual entran los cristianos-que incluye a los judíos convertidos- es el mismo "reposo" espiritual al que Dios había invitado a los israelitas a que entraran: el "reposo" del alma que se produce con la entrega plena a Cristo y con la integración de la vida al propósito eterno de Dios (cf. Isa. 30: 15; Jer. 6: 16; Mat. 11: 29).
De la manera que dijo.
El autor acaba de afirmar que los creyentes cristianos están entrando uno por uno en el mismo "reposo" espiritual en el cual tuvo Dios el propósito que entraran los israelitas de antaño, pero del cual se hallaban ahora excluidos como nación. Y comenzando desde este punto presenta hasta el vers. 8 la evidencia sobre la cual basa su conclusión, una conclusión ofensiva para los judíos inconversos y quizá un enigma para muchos, y acaso para la mayoría de los judíos convertidos. En el vers. 9 concluye esta sucesión de razonamientos reafirmando la validez de su premisa principal, a saber: que la admisión al "reposo" de Dios es ahora por medio de la fe cristiana como antes lo fue por medio del judaísmo.
El plan del tema de los vers. 3-8 puede resumirse así:


CAPÍTULO 5
1 La autoridad y el honor del sacerdocio de nuestro Salvador; 11 por lo tanto, se reprueba la negligencia en conocerlo.
1 PORQUE todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere, para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados;
2 para que se muestre paciente con los ignorantes y extraviados, puesto que él también está rodeado de debilidad;
3 y por causa de ella debe ofrecer por los pecados, tanto por sí mismo como también por el pueblo.
4 Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón.
5 Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo: 442 Tú eres mi Hijo, Yo te he engendrado hoy.
6 Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre, Según el orden de Melquisedec.
7 Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente.
8 Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia;
9 y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen;
10 y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.
11 Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír.
12 Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.
13 Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño;
14 pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.
1.
Sumo sacerdote.
Se presentan las cualidades esenciales del ministerio del sumo sacerdocio (vers. 1-4) para mostrar que Cristo las poseía (vers. 5-10).
Tomado de entre los hombres.
Se refiere al "sumo sacerdote". El autor trata primero de los sumos sacerdotes humanos; después (vers. 5-10) se ocupará de Cristo como Sumo Sacerdote.
Constituido.
Gr. kathístemi, "nombrar", "poner en cargo". Dios era quien lo constituía (cf. vers. 4).
A favor de los hombres.
La función del sumo sacerdote era en favor de los hombres como mediador entre ellos y Dios.
En lo que a Dios se refiere.
Ver com. cap. 2: 17.
Para que presente.
Sin duda ésta era la función más significativa del ministerio del sumo sacerdote.
Ofrendas.
Gr. doron, que en la LXX designa especialmente a la ofrenda de grano (Heb. minjah, ver com. Lev. 2: l), aunque en Gén. 4: 4 se usa para nombrar la ofrenda de Abel.
Sacrificios.
Gr. thusía, vocablo que en la LXX generalmente se aplica a los sacrificios cruentos, aunque hay excepciones. En Gén. 4: 5 se usa para la ofrenda incruenta de Caín. Es dudoso que haya que buscarse una diferencia entre doron, y thusía. Ambas palabras quizá se usen para denotar el conjunto de ofrendas y sacrificios implicados en el sistema ceremonial judaico.
Por los pecados.
Las ofrendas y los sacrificios tenían que ver con los pecados del pueblo. El sistema ceremonial tenía el propósito de enseñar a los adoradores el aborrecimiento de Dios por el pecado y su plan para enfrentarse a él.
2.
Para que se muestre paciente.
Mejor "es capaz de ser moderado", "puede tratar con bondad". Es capaz de hacerlo gracias a su humanidad.
Ignorantes.
Gr. agnoé, "no saber", "no entender", "ignorar"; por extensión , "pecar por ignorancia", lo que es particularmente apropiado aquí. Los que pecan por ignorancia necesitan ser tratados amablemente pues su falta no es voluntaria. Necesitan ser enseñados y animados. Están inconscientes de su pecado, y no deben ser clasificados con los que cometen las mismas faltas conociendo cabalmente la maldad de su proceder.
Extraviados.
Mejor "los que se están extraviando", o "los que están siendo engañados".
Rodeado de debilidad.
El sumo sacerdote estaba sometido a debilidades semejantes a las de su pueblo. Su conocimiento personal y experimental de las debilidades y tentaciones de la carne debían inducirlo a ser comprensivo y a simpatizar con las debilidades y faltas de otros, lo cual lo capacitaba para dar consejo y ayudar a los tentados. Cf. com. cap. 2: 17; 4: 15.
3.
Por causa de ella.
O "debido a esto"; es decir porque él mismo estaba acosado por las debilidades. Sentía las mismas tendencias al pecado que tenía su pueblo, y por esta razón el antiguo sistema ceremonial ordenaba que ofreciera sacrificios por sus propios pecados.
Debe.
Gr. oféilo, "deber", "tener obligación". 443 La obligación se basaba en las ordenanzas de la ley ceremonial (ver Lev. 16: 6; cf. cap. 4: 3). El hecho de que se exigía que el sumo sacerdote ofreciera sacrificios por sus propios pecados, lo inducía a tener compasión del pueblo. ¿Cómo podía culpar a otros cuando él mismo cometía las mismas faltas, o quizá peores? Necesitaba mantener una actitud humilde y considerar con profunda compasión a los que cometían faltas. Cuando un hombre medita en sus propias debilidades, es menos propenso a condenar implacablemente a otros. Cf. Gál. 6: 1.
Por sí mismo.
Ver com. "debe".
Por el pueblo.
Quizá sea una referencia al día de la expiación, cuando el sumo sacerdote hacía "expiación... por todos los pecados de Israel" (Lev. 16: 34).
4.
Honra.
Gr. time, "honor", "respeto", "lugar de honor", "oficio". "Oficio" o "lugar de honor" serían traducciones adecuadas. El oficio de sumo sacerdote era un cargo de honor.
Llamado por Dios.
El cargo de sumo sacerdote había sido instituido divinamente. Dios fue quien eligió a Aarón para el cargo (Exo. 28: 1). La sucesión en la familia de Aarón también fue ordenada por Dios como está implícito en el texto que consideramos. En el transcurso de la historia de Israel hubo muchos sacerdotes indignos de ese cargo; pero el autor no está tratando este tema. Su propósito es poner de relieve la elección divina como una condición esencial del verdadero sumo sacerdocio, para mostrar que Cristo cumplió con éste y con otros requisitos (Heb. 5: 5-10).
5.
Así tampoco Cristo.
Los vers. 5-10 muestran que Cristo cumplió con los requisitos para el sumo sacerdocio presentados en los vers. 1- 4: (1) el sumo sacerdote debía participar de la naturaleza humana (vers. 1- 3); (2) debía ser constituido por Dios (vers. 4).
Tampoco... se glorificó a sí mismo.
Cristo no asumió el honor del sumo sacerdocio sin ser invitado; fue Dios quien lo designó. Cf. com. Juan 8: 54,
Tú eres mi Hijo.
Ver com. cap. 1: 5. Con esta cita se prueba que la excelsa posición de Cristo se debió a la elección de su Padre. Ver com. Hech. 13: 32-33.
6.
Dice.
Dios es el que habla desde el vers. 5.
Tú eres sacerdote.
Una cita de Sal. 110: 4; se presenta como una evidencia de que Dios había designado a su Hijo para el oficio sacerdotal. El sacerdocio de Cristo se estudia a fondo en los cap. 7- 10.
Para siempre.
En contraste con los sumos sacerdotes terrenales quienes, debido a la muerte, tenían su cargo durante períodos limitados.
Orden.
Gr. táxis, "sucesión establecida", "orden", "posición", "dignidad", "categoría", "puesto", "jerarquía". Los matices de significado "sucesión establecida" u "orden" no parecen adecuados, pues Melquisedec no tuvo un linaje de sucesores. Serían preferibles matices como "dignidad" o "categoría": según la categoría de Melquisedec. La palabra hebrea en Sal. 110: 4, dibrah que significa "manera" o "semejanza", se ha traducido como "orden". Esto apoya la idea de que la sucesión no es el objeto de la comparación que aquí se presenta.
Melquisedec.
Transliteración del Gr. Meljisédek, que a su vez deriva del Heb. Malki-tsedeq. En cuanto a la identidad de Melquisedec, ver com. Heb. 7: 2.
7.
Cristo.
Gr. hós, "quien", es decir, Cristo (ver com. vers. 5). La sintaxis griega es aquí un poco difícil. El verbo principal de esta larga declaración es "aprendió" (vers. 8), y el pensamiento principal es que Cristo aprendió obediencia.
Días de su carne.
Es decir, el período de su vida terrenal (ver com. Juan 1: 14).
Ofreciendo.
La idea básica de toda la declaración es que Jesús aprendió obediencia mientras ofrecía oraciones y súplicas, y era oído. La obediencia se aprendía mediante esas experiencias.
Ruegos.
Gr. déesis, "petición", "súplica", "oración", del Gr. déomai, "pedir", "suplicar un favor".
Súplicas.
Gr. hiketería. Una sinécdoque. Así se llamaban las ramas de olivo sostenidas por las manos de los suplicantes; después vino a significar las mismas súplicas fervientes.
Gran clamor y lágrimas.
Parece referirse especialmente a la experiencia del huerto de Getsemaní. Los escritores evangélicos no mencionan lágrimas en relación con la agonía que allí sufrió Cristo, pero es fácil imaginarlas. Algunos creen que el autor se está refiriendo a los sufrimientos en la cruz. Ver Mat. 26: 36-44; 27: 46; Mar. 14: 32-41; 15: 34; Luc. 22: 39-44, 23: 46.
Le podía librar.
El hecho de que el Padre pudiera librar al Hijo de la muerte hizo que 444 la prueba fuera aún más grande. La humanidad del Hijo de Dios se estremeció de horror ante la idea de la separación del Padre. Cristo estuvo dispuesto a beber la copa, pero al mismo tiempo oraba fervientemente para ser liberado de beberla, si era posible; pero no pudo ser, y la bebió.
De la muerte.
El griego dice "de dentro de la muerte", lo que podría indicar que Cristo moriría, pero Dios lo sacaría de la muerte; es decir, lo resucitaría.
Fue oído.
Esta afirmación ha causado cierta dificultad porque Cristo no fue librado de la muerte, y sin embargo se afirma que Cristo "fue oído". Si "de la muerte" se entiende según se acaba de explicar, "fue oído" no presenta ninguna dificultad. Pero si se interpreta que Cristo no sufriría "la muerte" entonces cabría la siguiente explicación: el texto no dice que Cristo pidió ser librado "de la muerte" sino que oró a Aquel "que le podía librar de la muerte". El relato de los sinópticos claramente afirma que Cristo "oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora" (Mar. 14: 35); y también dice que exclamó: "Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad" (Mat. 26: 42). Estas declaraciones se pueden entender únicamente si se tiene en cuenta que Cristo deseaba ser librado de la muerte si era posible y estaba de acuerdo con la voluntad de Dios.
Si Cristo hubiese rogado en forma absoluta ser librado "de la muerte" entonces sí tendría que admitirse que le fue negado su pedido; pero no lo hizo así. Cuando añadió las palabras de sumisión "hágase tu voluntad", dejó libre el camino para que el Padre procediera de la manera que le pareciese mejor, y se comprometió a aceptar su decisión. La voluntad de Cristo era también la voluntad del Padre, y por esta razón cualquier cosa que decidiera también sería la decisión de Cristo. Cristo, pues, fue oído, y bajo tal condición -sometiéndose a la voluntad divina- será oída toda oración que asciende a Dios.
Ningún cristiano debe pensar que su oración no es oída. Toda oración ferviente es oída aunque no sea contestada en forma positiva. "No" es una respuesta tan definida como "sí", aunque con frecuencia la respuesta no es ni "sí" ni "no", sino "espera". El gran secreto de la oración eficaz es sumisión a la voluntad de Dios.
A causa de su temor.
Gr. apó tés eulabéias, "desde la piedad", "desde el temor"; es decir, debido a su piedad o a su temor. "En atención a la sumisión incondicional con que oraba" (BC, nota). Los comentadores están divididos en cuanto a si eulábeia (nominativo de eulabéias) debe considerarse como un "temor reverente" o como un temor común. Si se trataba de un temor común, el pasaje significaría: "Fue oído [es decir, librado] de su ansiedad"; sin embargo, el uso bíblico de eulábeia y sus formas derivadas favorece el significado de "piedad" o "temor reverente". Por ejemplo, eulábeia se traduce como "temor y reverencia" (cap. 12: 28). Compárese con el uso del adjetivo eulabes en Luc. 2: 25; Hech. 2: 5; 8: 2, y del verbo eulabéomai en Hech. 23: 10; Heb. 11: 7.
8.
Aunque era Hijo.
Esto se refiere a la divinidad de Cristo. Aunque Cristo se revistió de humanidad, era divino. En él estaban misteriosamente combinadas las dos naturalezas (ver com. Juan 1: 14). La resurrección demostró de un modo incontrovertible que era el Hijo de Dios (ver com. Rom. 1: 4); pero antes de ese acontecimiento ya era Hijo (ver com. Luc. 1: 35). El pensamiento del pasaje es que aunque era divino aprendió "la obediencia por las cosas que sufrió".
Aprendió.
Gr. mantháno, "aprender", "llegar a saber", "comprender", "enterarse". Cristo llegó a entender lo que significaba la obediencia, pero ésta le ocasionó sufrimientos y muerte: se hizo "obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Fil. 2: 8). Vino a esta tierra para hacer la voluntad de Dios (Heb. 10: 9) y nada pudo desviarlo de ese propósito. Cristo sostuvo una lucha constante porque hacía la voluntad de su Padre; pero ni una sola vez cedió a la tentación. Como sabe por experiencia personal todo lo que implica la obediencia humana a la voluntad divina, puede "socorrer" a los que son tentados a desviarse del camino de la obediencia (cap. 2: 18).
A veces surge la pregunta en cuanto a cómo podría decirse que Cristo -que fue, es y será perfecto en todo momento- necesitaba aprender obediencia. Dos observaciones pueden ayudar a responder este interrogante: (1) En lo que se refiere a su vida terrenal, Cristo se desarrolló como los otros seres humanos. "Crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres" (ver com. Luc. 2: 52); y como sucede con los demás, aprendía por la observación y la experiencia. 445 (2) Aunque Cristo era omnisapiente en su carácter de Dios anterior a la encarnación, sin embargo no conocía por experiencia los problemas que enfrentan los seres humanos cuando procuran obedecer a Dios. Pero al hacerse hombre y enfrentarse a las tentaciones de la vida como hombre, obtuvo ese conocimiento experimental. En esa forma cumplió con uno de los requisitos y cualidades esenciales para el sumo sacerdote, a saber: que el elegido pertenece a la familia humana(ver com. Heb. 5: 1-3).
9.
Habiendo sido perfeccionado.
Gr. teleióo (ver com. cap. 2: 10). La flexión del verbo que aquí se emplea también podría traducirse "habiendo sido completado", sugiriendo la idea de haber alcanzado una meta o terminado una tarea. Cristo logró lo que se había propuesto alcanzar por medio de su humanidad. Había demostrado su obediencia hasta la muerte, y fue perfeccionado. Así quedó capacitado para el cargo de sumo sacerdote (ver com. cap. 5: 1-3).
Autor.
Gr. áticos, "causa", "fuente", "autor". El cumplimiento del plan establecido antes de la fundación del mundo, referente a su encarnación, vida, muerte, resurrección y glorificación, fue lo que hizo de Cristo la fuente de salvación. Ver Hech. 4: 12.
Le obedecen.
La obediencia está directamente implicada en el plan de salvación. No se trata de que la salvación se gane con la obediencia, sino que la fe produce la obediencia. En cuanto a la relación de las obras con la fe, ver com. Rom. 3: 31.
10.
Declarado.
Gr. prosagoréuo, "nombrar", "designar". Este verbo sólo aparece aquí en el NT. Para "llamar" o "declarar" generalmente se usa kalé, vocablo que aparece en el vers. 4. Prosagoréuo se refiere a que Cristo fue formalmente designado por Dios como sumo sacerdote.
Sumo sacerdote.
El mundo cristiano conoce a Cristo generalmente como "el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1: 29); lo conoce como el Crucificado que se entregó por nosotros para que pudiéramos ser salvados. Pero no todos los cristianos conocen a Cristo como el Sumo Sacerdote que ofrece su propia sangre en el santuario celestial. Sin embargo, sin ese ministerio el plan de salvación sería ineficaz. Cuando la pascua fue instituida en Egipto, Dios no sólo ordenó a los israelitas que mataran el cordero, sino que pusieran su sangre en los postes y dinteles de sus casas (ver Exo. 12: 7-13); y en la realidad simbolizada, la sangre de Cristo, nuestra Pascua (1 Cor. 5: 7), no sólo se derrama sino que es aplicada en favor de nosotros en el cielo, por nuestro gran Sumo Sacerdote, como una parte vital del plan de Dios para salvarnos.
Orden de Melquisedec.
Ver com. vers. 6.
11.
Acerca de esto.
O "acerca de quien". El texto griego puede entenderse en una u otra forma. "Acerca de quien" se aplicaría a Melquisedec, acerca del cual el autor dice muchas cosas (vers. 7); "acerca de esto" se aplicaría al sumo sacerdocio de Cristo, según el orden de Melquisedec.
Dificil de explicar.
El autor comprendía la dificultad de su tema y el hecho de que la iglesia necesitaba percepción espiritual para captarlo. Es evidente que conocía bien a sus lectores, o de lo contrario no se habría atrevido a hablar tan abiertamente en cuanto a ellos.
Tardos para oír.
Mejor "lentos" o "perezosos" para oír. Esta condición le dificulta al autor presentar su tema. Su dificultad es doble: un tema difícil y unos oyentes lentos. Las limitaciones del alumno se convierten en limitaciones del maestro.
12.
Debiendo ser ya maestros.
No eran conversos nuevos; de lo contrario esta declaración no se aplicaría. Es evidente que no habían avanzado como podrían haberlo hecho.
Después de tanto tiempo.
O "por el tiempo transcurrido".
Se os vuelva a enseñar.
Ya se les había enseñado, pero habían olvidado sus lecciones y necesitaban que se les enseñara de nuevo. Esta misma condición existe ahora. Jóvenes y adultos malgastan su tiempo en lo que no es esencial, no aprovechan sus oportunidades, y necesitan aprender de nuevo los rudimentos del cristianismo. Es una condición espiritual lamentable.
Rudimentos.
Gr. stoijéia, "elemento", "principio fundamental" (ver com. Gál. 4: 3; Col. 2: 8).
Palabras.
Gr. logía (ver com. Hech. 7: 38; Rom. 3: 2).
Leche... alimento sólido.
Una metáfora que se refiere a los rudimentos del Evangelio y a los principios más avanzados, respectivamente. En cuanto a esta misma figura, ver com. 1 Cor. 3: 1-2. Dios quiere que todos crezcan hasta la estatura plena de la naturaleza humana de Cristo para "que ya no seamos 446 niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina" (ver com. Efe. 4: 14).
13.
Inexperto.
Gr. úpeiros, "inexperto", "desconocedor", "inhábil". Este ápeiros no necesariamente desconoce completamente la Palabra de justicia, sino que tiene un conocimiento limitado y un crecimiento espiritual muy lento. Así como las personas se capacitan en un oficio o profesión, Dios también desea que lleguemos a ser hábiles y experimentados en el uso de la Palabra.
Palabra de justicia.
Una frase que es sin duda sinónima de "Evangelio".
Nio.
En sentido figurado, falto de desarrollo (cf. com. Efe. 4: 14).
14.
Alimento sólido.
Ver com. vers. 12. El autor está preparando a sus lectores para que reciban una instrucción más avanzada en ciertos asuntos relacionados con la verdadera jerarquía de Cristo. Desea estimular a sus lectores a interesarse en mayor grado en lo que está a punto de impartirles. Piensa que ha llegado el tiempo para que avancen y abandonen sus hábitos infantiles y se conviertan en adultos espirituales.
Los que han alcanzado madurez.
Gr. téleios, "maduro", "completo". Ver com. Mat. 5: 48.
Uso.
Gr. héxis, "ejercicio", "práctica"; "costumbre" (BJ).
Sentidos.
Gr. aisthtrion, "órgano de sentido"; en sentido figurado, "los sentidos"; las facultades que capacitan para tomar las debidas decisiones morales. El pasaje podría traducirse: "Tienen las facultades ejercitadas para discernir entre el bien y el mal".
Ejercitados.
Gr. gumnázo, "adiestrar", "ejercitar". "Gimnasio" deriva de esta raíz (cf. com. 2 Ped. 2: 14).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-2 CM 187-188; COES 200
2 DTG 264, 462; Ed 263, 286; 2T 509 2-3 FE 268
7 CN 396; 3JT 91; MeM 31; 2T 508
9 1T 370; 3T 18
12 Ev 26; FE 266; 3JT 86 13-14 Ev 149, 186, 221


CAPÍTULO 6
1 Exhortación a no abandonar la fe, 11 sino a permanecer firmes, 12 diligentes y pacientes para esperar en Dios, 13 porque él es infalible en sus promesas.
1 POR tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios,
2 de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno.
3 Y esto haremos, si Dios en verdad lo permite.
4 Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo,
5 y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero,
6 y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio.
7 Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios;
8 pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada.
9 Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así.
10 Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún. 447
11 Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza,
12 a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.
13 Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo,
14 diciendo: De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente.
15 Y habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa.
16 Porque los hombres ciertamente juran por uno mayor que ellos, y para ellos el fin de toda controversia es el juramento para confirmación.
17 Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento;
18 para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros.
19 La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo,
20 donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.
1.
Por tanto.
El autor continúa con la exhortación que comenzó en el cap. 5. Sus lectores se han estado alimentando con leche cuando ya deberían estar comiendo un alimento más sólido. Aún eran niños, y se sentían satisfechos de serio. Pero el autor quiere que penetren más profundamente en las cosas de Dios y que no continúen satisfechos con lo que han alcanzado.
Rudimentos.
Literalmente "la palabra del comienzo"; es decir, los principios elementales de la doctrina de Cristo. Son definidos en la última parte del vers. 1 y en el vers. 2.
Perfección.
O "madurez".
Fundamento.
Es necesario poner un buen fundamento, pero el que no edifica sobre él nunca tendrá un edificio completo. El autor propone que se dejen los primeros rudimentos, pues da por sentado que la gente ya está bien fundada en ellos; pero dejarlos no es abandonarlos. El autor los "deja" como "fundamento" para construir sobre ellos, así como un constructor levanta el edificio sobre su base.
El autor menciona seis principios fundamentales sobre los cuales está construido el cristianismo. Los menciona, pero no los discute porque considera que ya ha sido hecho, y bien.
Arrepentimiento.
Gr. metánoia, "cambio de mente" (ver com. 2 Cor. 7: 9). Este es el primero en la lista de los principios fundamentales. El que de verdad se arrepiente, evalúa sus acciones pasadas, las pesa en la balanza moral, repudia todos los motivos y actos indignos, y por la gracia de Dios cambia la antigua mente carnal por la mente de Cristo. Es transformado mediante la renovación de su mente (Rom. 12: 2). El arrepentimiento no es primariamente una experiencia basada en emociones; es más bien un profundo proceso que afecta la mente y la vida, lo que da lugar a una "nueva criatura", hasta que pueda decirse "las cosas viejas pasaron;... todas son hechas nuevas" (2 Cor. 5: 17).
Obras muertas.
"Muertas" quizá en el sentido de que son pecaminosas. El pecador está muerto en "delitos y pecados" (Efe. 2: 1). Estas son obras que debe desechar antes de que pueda convertirse en cristiano. Cf. Heb. 9: 14
Fe en Dios.
Está en segundo lugar en la lista de principios fundamentales. El arrepentimiento significa apartarse "de obras muertas"; la fe es ir hacia Dios. Lo viejo debe ser abandonado; lo nuevo debe ser adquirido. El arrepentimiento de obras muertas significa un cambio completo de mente -una nueva actitud espiritual- que induce al creyente a abandonar las obras muertas, y a volverse a Dios.
El arrepentimiento y la fe están entre los principios fundamentales del Evangelio. Si un hombre está completamente convertido, si se ha apartado de su vida pasada y ha renunciado a las "obras muertas", si ha depositado su fe en Dios, tiene un fundamento sólido que no le faltará cuando vengan los días malos.
2.
Bautismos.
Gr. baptismós, "lavamiento ritual", "ablución". La palabra aquí aparece en el plural; no es la misma que se aplica generalmente al bautismo cristiano (báptisma, 448 ver com. Mat. 3: 6). Baptismós se usa además en Mar. 7: 4, 8 y Heb. 9: 10, aunque la evidencia textual se inclina (cf. p. 10) por su uso también en Col. 2: 12. Claramente en Mar. 7: 4, 8 y Heb. 9: 10 se refiere a los diferentes actos de purificación del ritual judaico. Sin embargo, éste no podría ser aquí su significado básico pues los reglamentos acerca de esos lavamientos no se consideraban como una doctrina fundamental del cristianismo. Es posible que el autor estuviera pensando en el bautismo cristiano, pero que emplee el plural de baptismos para representar el rito en sus aspectos más elementales.
Algunos ven en baptismós una referencia a los dos bautismos de la iglesia cristiana: bautismo con agua y el bautismo con el Espíritu, acerca de los cuales dijo Juan el Bautista: "Yo a la verdad os he bautizado con agua; pero él os bautizará en Espíritu Santo" (Mar. 1: 8). Jesús dijo después de su resurrección: "Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días" (Hech. 1: 5; cf. Juan 3: 5; Hech. 11: 16; 1 Cor. 12: 13). Sin embargo, si estas dos formas de bautismo cristiano hubieran estado básicamente en el pensamiento del autor, es de esperar que usara el plural de báptisma en vez del de baptismos, especialmente porque éste último aparece posteriormente en la epístola con una clara referencia a los lavamientos ceremoniales (Heb. 9: 10). Por lo tanto, parece preferible la explicación que considera al plural de baptismós como equivalente del bautismo cristiano en sus aspectos más elementales.
Imposición de manos.
Esta es la cuarta de las doctrinas fundamentales que se presentan. La imposición de las manos en los tiempos del AT significaba la transferencia de una bendición o de un cargo (Gén. 48: 9-14; Núm. 8: 10-11; Deut. 34: 9). En el NT se siguió la misma costumbre. Era especialmente significativa la imposición de las manos de los apóstoles después del bautismo, acto por el cual los creyentes recibían el Espíritu Santo (Hech. 8: 17-18; 19: 6). Como el autor inmediatamente antes ha mencionado "bautismos", quizá estaba pensando en esta función especial. En cuanto a la ordenación, ver Hech. 6: 6; 1 Tim. 4: 14.
Resurrección de los muertos.
Con referencia a la importancia de esta doctrina, ver com. 1 Cor. 15.
Juicio eterno.
La doctrina del juicio ocupa un lugar prominente tanto en el AT (cf. Sal. 9: 3-8, 15-16; Dan. 7: 9-10; cf. Jud. 14-15) como en el NT (Mat. 12: 41-42; 25: 31-46; Luc. 11: 31-32; 2 Cor. 5: 10). Debe adherirse que los cristianos de origen judío no tenían dificultades con estos seis principios, pues todos se destacan en el AT. El peligro a que estaban expuestos era que se sintieran satisfechos con lo que habían traído del judaísmo y se negaran a aceptar con agrado las doctrinas del cristianismo.
3.
Esto haremos.
Aunque la evidencia textual favorece (cf. p. 10) el texto "haremos", algunos MSS dicen "hagamos". El autor anima a sus lectores a ir más allá de los rudimentos (vers. 1) del Evangelio, pues esperaba y creía que eran bien comprendidos. Dejaba atrás esos rudimentos así como un niño deja el abecedario para ocuparse de su primer libro de lectura; pero la realidad es que ningún niño ni tampoco el hombre más sabio abandonan jamás el alfabeto. Siempre usan sus 28 letras. Lo mismo sucede con estos principios fundamentales. No se abandonan; se edifica sobre ellos. El autor iba de las verdades elementales a las más profundas, de lo conocido a lo desconocido.
Si Dios... lo permite.
Cf. com. Hech. 18: 21; 1 Cor. 4: 19; cf. 1 Cor. 16: 7.
4.
Es imposible.
Los vers. 4-6 tratan de la suerte que corren los que se apartan de Dios. El tema que se presenta es la posibilidad de restaurar a los que han pasado por una profunda experiencia cristiana, pero luego se han apartado. Podrán ser restaurados a la comunión cristiana y recibir otra vez misericordia? Este pasaje ha causado gran perplejidad y desánimo a muchos. Parece como si enseñara que los que se apartan de la fe están irremisiblemente perdidos.
Entre los diversos puntos de vista que se han sostenido, dos son dignos de consideración: (1) Que la apostasía de la cual aquí se habla, es haber incurrido en el pecado imperdonable (ver com. Mat. 12: 31-32). pues es la única forma de apostasía sin esperanza; (2) que el pasaje, correctamente entendido, no enseña que esta apostasía sea absolutamente sin esperanza, sino que esa falta de esperanza es condicional (ver com. Heb. 6: 6). La mayoría de los comentadores aceptan el primer punto de vista, aunque el segundo tiene sus fundamentos y puede ser sostenido usando el texto griego. La idea de que era imposible arrepentirse
CRISTO NUESTRO SUMO SACERDOTE *
449
después de llegar a ciertas circunstancias, era común entre los judíos. Por ejemplo, enseñaban que ese era el caso del hombre que pecaba desenfrenadamente confiando en un futuro arrepentimiento. "Si uno dice: pecaré y me arrepentiré, pecaré y me arrepentiré, no se le dará oportunidad de arrepentirse. [Si uno dice]: pecaré, y el día de la expiación procuraré expiación para mí, el día de la expiación no le concede ninguna expiación" (Mishnah Yoma 8. 9). Enseñaban también que el arrepentimiento era imposible para el hombre que inducía a muchos a pecar: "Cualquiera que hace que muchos sean justos, el pecado no ocurre a causa de él; y cualquiera que hace que muchos pequen, ellos no le conceden la facultad de arrepentirse" (Mishnah Aboth 5. 18). Es interesante también un pasaje del Eclesiástico: "No digas: 'Pequé, y ¿qué me ha pasado?', porque el Señor es paciente. Del perdón no te sientas tan seguro que acumules pecado tras pecado. No digas: 'Su compasión es grande, él me perdonará la multitud de mis pecados'. Porque en él hay misericordia, pero también hay cólera, y en los pecadores se desahoga su furor. No te tardes en volver al Señor, no lo difieras de un día para otro, pues de pronto salta la ira del Señor, y perecerás al tiempo del castigo" (cap. 5: 4-7, BJ).
Iluminados.
Ver com. Efe. 1: 18.
Gustaron.
Gr. géuomai (ver com. cap. 2: 9). Aquí parece aplicarse el significado "experimentaron". Cf. Sal. 34: 8.
Don celestial.
Es decir, el don de la salvación o quizá un don especial del Espíritu (Rom. 5: 15; 1 Cor. 12).
Partícipes del Espíritu Santo.
O que han recibido un derramamiento del Espíritu ya sea como energía divina en la conversión (Juan 3: 5), o mediante el impartimiento de algún don especial (1 Cor. 12).
5.
Gustaron.
Gr. géuomai (ver com. vers. 4). Este verbo sugiere algo más que un conocimiento superficial: da a entender estudio, meditación y aceptación.
Poderes.
Gr. dúnamis (ver com. Hech. 1: 8), aquí tal vez el plural tenga el sentido de "milagros" como en Heb. 2: 4. En los comienzos de la época apostólica se hacían muchos milagros, los endemoniados eran liberados; los enfermos eran curados y aun muertos eran resucitados (Hech. 3: 6-9; 5: 15-16; 6: 8; 8: 6; 12: 7; 20: 9-12). Gustar de esos poderes era participar de ellos, ya fuera recibiendo personalmente una curación u otro beneficio, o haciendo un milagro, o haberlo presenciado. Aquellos a quienes aquí se hace referencia habían visto el gran poder de Dios para hacer lo que no era posible que hiciera el ser humano.
Siglo venidero.
O "mundo venidero". Quizá se refiera a la era futura, de la cual la era evangélica, con sus milagros, era un anticipo o garantía.
Se enumeran estas diferentes cualidades para mostrar que esas personas habían tenido una experiencia auténtica. Habían sido testigos del gran poder de Dios en su vida y en la de otros. Se les había confiado mucho, y mucho se les pediría.
6.
Y recayeron.
O "y habiendo apostatado". Los alcances de la caída pueden ser juzgados por los privilegios concedidos. El contexto sugiere una gran apostasía.
Renovados para arrepentimiento.
Es decir, para que se produzca el deseo de arrepentirse. Este no es el caso de un hombre que procura volverse a Dios, pero que le es imposible arrepentirse, sino el de un hombre que no desea regresar a la vida de la cual se apartó. En cuanto al significado del arrepentimiento, ver com. vers. 1.
Crucificando de nuevo.
Gr. anastaurá, crucificar", "crucificar de nuevo". En los escritos extrabíblicos significa sencillamente "crucificar", pero en este pasaje el contexto favorece el sentido figurado de "crucificar de nuevo". Este sentido es especialmente significativo pues aquellos a quienes se dirige la epístola son cristianos de origen judío, cuya raza había sido culpable de crucificar al Hijo de Dios la primera vez (Hech. 3: 14-15). Si estos cristianos rechazaban a su Salvador y volvían a su vida anterior, era como si lo hubieran crucificado de nuevo.
La interpretación de este pasaje depende mucho de la comprensión del participio griego que se traduce "crucificando". La construcción griega con un participio puede expresar tiempo, causa, condición o propósito. Algunos comentadores sugieren que el sentido es aquí temporal y que el pasaje debiera traducirse: "es imposible renovar el arrepentimiento mientras continúen crucificando al Hijo de Dios". Es común este uso temporal del participio. Si así se acepta, entonces el pasaje enseña que los que han apostatado no pueden ser restaurados mientras continúen sin arrepentirse. 450
Si se acepta el uso causal del participio ("en vista de", "puesto que", "debido a", etc.), entonces debe considerarse que el pasaje se ocupa del pecado imperdonable, pues los culpables de este pecado son los únicos que no pueden ser renovados para arrepentimiento. Este pecado generalmente se manifiesta en un continuo rechazo de las invitaciones de Dios y de las súplicas del Espíritu. Se trata de un endurecimiento del corazón, hasta que ya no hay ninguna respuesta a la voz de Dios. Por esta razón una persona que ha pecado contra el Espíritu no siente arrepentimiento, ni experimenta dolor por su pecado, ni desea apartarse de él, pues no hay una conciencia que lo acuse. Si alguno tiene el sincero deseo de hacer lo correcto, puede creer confiadamente que aún hay esperanza para él.
Esto debería ser una fuente de consuelo para el alma desanimada, pero de ninguna manera debería usarse como un incentivo para el descuido. Dios desea consolar a los desconsolados, pero también quiere advertir a su pueblo en cuanto al peligro de llegar al punto sin retorno.
Exponiéndole a vituperio.
O "lo exponen a la ignominia pública". Esta oración podría traducirse: "Mientras continúen exponiendo a Cristo a vituperio" (ver com. de "crucificando de nuevo").
7.
Bebe la lluvia.
La tierra que recibe lluvia a su vez produce hierba y alimento para los seres humanos. Es una ilustración del corazón humano que recibe la lluvia y el rocío celestial y, por comparación, se espera que produzca frutos para la gloria de Dios.
Bendición de Dios.
Es decir, en su productividad.
8.
Espinos y abrojos.
Dios había bendecido a los cristianos hebreos y esperaba que produjeran fruto. Si con todas las bendiciones que les había dado y con toda la luz que había iluminado su sendero, aún se negaban a dar fruto, o si se descarnaban, sólo habría un fin para ellos: la separación de Dios y el olvido.
Próxima a ser maldecida. Cf. Gén. 3: 17-18. El autor no quiere decir que los cristianos hebreos ya estaban en la condición desesperada descrita en Heb. 6: 4-6; pero sin fructificar, esa condición está "próxima". Se los aconseja debidamente para que no sigan un camino que produzca su rechazo (cf. cap. 2: 1-3; 10: 26-29).
Quemada.
Cf. Deut. 29: 23.
9.
Amados.
Esta es la única vez en que aparece este afectuoso término en Hebreos.
Cosas mejores.
El autor ha pronunciado palabras de advertencia y admonición para sus lectores; ahora los consuela. Está persuadido de que no tienen la intención de rechazar la invitación de Dios, y sin embargo deben ser amonestados pues están en peligro de ir a la deriva, de no prestar atención a las cosas que han oído (cap. 2: 1-3). Corren el peligro de repetir el error del antiguo Israel y no entrar en el reposo (cap. 4: 1). No han progresado ni crecido satisfactoriamente, sino que aún son niños cuando ya debieran ser adultos (cap. 5: 11-14). Y en el caso presente les está diciendo que están en verdadero peligro de perderse. Suaviza esto un poco diciéndoles que está persuadido "de cosas mejores" de parte de ellos, y sin embargo deja la impresión de que su condición es seria y que deben estar alerta para no perder la vida eterna.
Pertenecen a la salvación.
El autor no declara cuáles son esas cosas, pero por lo que ya ha escrito los lectores podrían saber de qué se trata.
10.
Dios no es injusto.
El autor recurre a la justicia y equidad de Dios.
Para olvidar.
Dios no olvida ningún acto de bondad por pequeño que sea. Todo se registra y se tomará en cuenta en el día del juicio. No se olvida ni siquiera un vaso de agua fría (Mat. 10: 42); la lágrima de dolor o simpatía se registra y recuerda (cf. Sal. 56: 8).
Trabajo.
La evidencia textual favorece (cf. p.10) la omisión de la frase "el trabajo de". La omiten la BJ, BA, BC y NC.
Hacia su nombre.
Es decir, hacia Dios. "Nombre", como es frecuente, está aquí en lugar de persona (cf. com. Sal. 7: 17).
Servido a los santos.
Esto podría parecer algo sin importancia, no digno de ser mencionado cuando había tantos asuntos de mayor importancia que necesitaban ser atendidos. Pero la ayuda en tiempo de desgracia, el hospedaje por la noche, el alimento y la bebida para el forastero, la hospitalidad y la bondad: todo se registra en el libro de Dios; y él no olvida tales actos de bondad (cf. Mat. 10: 42; 25: 31-40).
11.
Deseamos.
Gr. epithuméÇ, "anhelar fervientemente".
Solicitud.
Gr. spoudL (ver com. Rom. 12: 8).
Hasta el fin.
Es bueno comenzar, pero es 451 mejor terminar. No importa cuán bueno sea el comienzo, será sin valor a menos que se continúe hasta el fin. La promesa de Dios es que "el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará" (Fil. 1: 6). Son muchos los que comienzan, pero no terminan.
Plena certeza de la esperanza.
Cf. Col. 2: 2. Los creyentes a quienes se dirigía la epístola habían sido celosos en su hospitalidad para con los santos. Necesitaban continuar con esa obra, pero también debían ser diligentes en otros asuntos relativos a la salvación.
12.
Perezosos.
Gr. nÇthrós, "lento", "perezoso"; si se usa en relación con oír se traduce como "tardos" en cap. 5: 11. La pereza es lo opuesto a la diligencia. La religión es para muchos algo circunstancial, que puede cultivarse perezosamente. No ocupa el primer lugar en su programa, sino cerca del fin de la lista. Todo debe hacerse antes, y Dios puede quedarse con lo que queda. Esta conducta debe ser invertida.
Fe.
Esta cualidad esencial se trata ampliamente en el cap. 11 (ver el comentario respectivo).
Paciencia.
Gr. makrothumía, "longanimidad", "paciencia", "perseverancia".
Heredan las promesas.
Cf. cap. 4: 1.
13.
Dios hizo la promesa a Abraham.
Se presenta a Abrahán como un ejemplo de alguien que mediante su paciente perseverancia "alcanzó la promesa" (vers. 15).
Jurar por otro mayor.
Ver com. vers. 16.
Juró por sí mismo.
Referencia a Gén. 22: 16-17.
14.
De cierto te bendeciré con abundancia.
Literalmente "te bendeciré bendiciendo". Esta frase idiomática hebrea da mucho énfasis a la acción del verbo.
Te multiplicaré grandemente.
Literalmente "multiplicando te multiplicaré". Ver com. "de cierto te bendeciré con abundancia".
15.
Habiendo esperado con paciencia.
Ver com. vers. 12. Se presenta a Abrahán como un ejemplo digno de ser imitado por otros.
Alcanzó la promesa.
Esto es, con el nacimiento de Isaac. Este hijo de la promesa fue como una prenda o señal de la multitud de descendientes por medio de los cuales vendría una bendición a todas las naciones, y especialmente mediante la "simiente", Cristo (Gál. 3: 16).
16.
Mayor.
Los hombres tienen la costumbre de jurar por Dios; pero Dios, no teniendo otro mayor por el cual pudiera jurar, juró por sí mismo (vers. 13).
Confirmación.
Gr. bebáiÇsis, que aquí se usa como un término legal que significa "prenda" o "garantía". Un juramento tiene un efecto positivo: proporciona una seguridad legal, y un efecto negativo: pone fin a una controversia.
17.
Queriendo Dios mostrar.
No era necesario que Dios jurara. Su palabra vale tanto como su juramento. Fue, por lo tanto, algo admirable que se colocara al mismo nivel del hombre y que consintiera en prestar juramento por la verdad de la promesa.
A los herederos.
No sólo a Abrahán sino a todos los herederos, incluso los descendientes espirituales de Abrahán (Gál. 3: 29).
Interpuso juramento.
Gr. mesitéuÇ, "mediar", "actuar como fiador", "garantizar". La confirmación de la palabra de Dios mediante un juramento se registra en Gén. 22: 16-18.
18.
Dos cosas inmutables.
Es decir, la promesa de Dios y su juramento. La palabra de Dios es intrínsecamente inmutable. Ningún juramento puede a añadir nada o a lo que Dios ha dicho, o hacerlo más seguro; pero él lo confirmó con un juramento únicamente por causa de nosotros. Los hombres juran para confirmar algo, y Dios condescendió a hacer lo mismo para ayudarnos en nuestra fe. Este juramento era sin duda una ayuda definida para la gente que vivió antes de Cristo. Si alguna duda surgía en su mente podían depender del hecho de que Dios no sólo lo había prometido, sino que lo había confirmado con un juramento, y que, por lo tanto, con seguridad cumpliría su palabra. De ese modo el juramento ayudaría a fortalecer su fe.
Fortísimo consuelo.
O "fuerte aliento"; "vehemente consolación" (BC).
Hemos acudido.
"Buscamos un refugio" (BJ). La ilustración puede haberse tomado de la antigua costumbre de una persona que, creyéndose en peligro, huía al tabernáculo como lugar de refugio (ver Exo. 21: 13-14; 1 Rey. 2: 28-34).
Para asirnos.
O "para aferrarnos".
Esperanza.
Ver com. Rom. 5: 4; 8: 24; 12: 12.
Puesta delante de nosotros.
La esperanza de la salvación se ha puesto delante de todos, y todos pueden aferrarse a ella. 452
19.
Ancla.
Un cambio en la metáfora. Un ancla sostiene a un barco en la tormenta e impide que se estrelle contra las rocas. Las anclas a veces se zafan; pero no sucede así con el ancla de la "esperanza". Este es el único lugar de las Escrituras donde aparece la metáfora del ancla.
Que penetra.
Es decir, penetra la esperanza.
Dentro.
Gr. es^teros, "interior"; "más allá" (BJ); "detrás" (BA). Esta palabra aparece en el NT sólo aquí y en Hech. 16: 24, en donde se describe el calabozo "de más adentro" donde fueron encerrados Pablo y Silas. Esoteros es más frecuente en la LXX (Exo. 26: 33; Lev. 16: 2, 12, 15, etc,).
Velo.
Gr. katapétasma, "cortina", "velo". Esta palabra aparece seis veces en el NT. Tres veces se usa para referirse al velo del templo que fue rasgado cuando Cristo murió (Mat. 27: 51; Mar. 15: 38; Luc. 23: 45). Las restantes se hallan en Hebreos (cap. 6: 19; 9: 3; 10: 20). En las referencias al santuario, tal como están en la LXX, katapétasma se usa para describir (1) la cortina que separaba el lugar santo del lugar santísimo (Exo. 26: 31, 33); (2) la cortina de la puerta del tabernáculo (Exo. 26: 37; 36: 37; Núm. 3: 26); (3) la cortina de la entrada del atrio (Exo. 38: 18). El hecho de que la cortina de la entrada del tabernáculo y la cortina interior que separaba el lugar santo del lugar santísimo fueran llamadas katapétasma, proporciona una explicación sencilla para el uso de la expresión "segundo [velo katapétasma]" en Heb. 9: 3, para describir la cortina interior. Surge la pregunta: A cuál cortina se refiere el autor como aquella dentro de la cual "penetra" nuestra esperanza?
Algunos escrituristas no adventistas enseñan que Cristo inmediatamente después de su ascensión comenzó su obra en el lugar santísimo del santuario celestial. Sostienen que katapétasma se refiere aquí a la cortina que separaba el lugar santo del santísimo. Hacen notar que "dentro del velo" es una traducción de las palabras griegas es^teron tóu katapetásmatos, que en las cuatro veces que aparece en la LXX (Exo. 26: 33; Lev. 16: 2, 12, 15) siempre describe el lugar santísimo. Sin embargo, no necesariamente puede deducirse que "el velo" que aquí se menciona es el velo que dividía el lugar santo del santísimo, y que, por lo tanto, Cristo inmediatamente después de su ascensión comenzó su obra mediadora en el lugar santísimo.
A continuación hay tres posibles explicaciones de la expresión "dentro del velo", todas las cuales concuerdan con la posición de la Iglesia Adventista del Séptimo Día acerca del tema del santuario.
l. "El velo" significa la cortina divisoria entre los lugares santo y santísimo; pero Pablo está hablando de la entrada de Cristo dentro del lugar santísimo del santuario celestial para dedicarlo, junto con el resto del santuario, cuando asumió su ministerio de Sumo Sacerdote. Esa dedicación está mencionada en Dan. 9: 24 (ver el comentario respectivo) y se simboliza con el ungimiento del santuario terrenal después de que fue edificado (Exo. 40; cf. cap. 30: 26-29).
2. En Heb. 6: 19 Pablo deja sin definir la palabra "velo", pues su propósito es llamar la atención no al velo sino a lo que está dentro [o 'detrás'] del velo", a saber: el lugar donde ministra Cristo, nuestro Sumo Sacerdote. En otras palabras, Pablo está usando la palabra "velo" (katapétasma) no en términos de una explicación técnica o detallada de la estructura del santuario celestial, sino como una figura de lenguaje para describir lo que divide lo visible de lo invisible, lo terrenal de lo celestial. Por esta razón "dentro del velo" significa sencillamente estar en la presencia de Dios. Según este punto de vista, se personifica a la "esperanza", pues "penetra hasta dentro del velo", hasta la misma presencia de Dios, donde entró Cristo (vers. 20; cf. cap. 9: 24).
3. Pablo describe específicamente en otro lugar de Hebreos el velo que separaba el lugar el lugar santísimo, como "el segundo velo" (cap. 9: 3); por lo tanto, cuando habla del "velo" (cap. 6: 19) debe referirse sencillamente al velo de la entrada del tabernáculo. Además, como el santuario celestial y el orden de sus servicios estaban prefigurados por el santuario terrenal, cuando Cristo ascendió al cielo "entró" en el lugar santo -el primer compartimiento- para comenzar la primera fase de su ministerio celestial (ver CS 472-473).
20.
Precursor.
Gr. pródromos, "que corre delante". Esta palabra sólo aparece aquí en el NT. En la LXX se encuentra dos veces: en Núm. 13: 20 y en Isa. 28: 4; en este último texto se refiere a la fruta "temprana" (pródromos). Cuando se aplica a Jesús, el pensamiento parece ser que él fue adelante para estar en la presencia de Dios y nosotros iremos tras 453 él. La idea es similar a la que se expresa en Heb. 2: 10 con el término arjégós (ver el comentario respectivo)
Sumo sacerdote para siempre.
Ver com. cap. 5: 6. El autor vuelve hábilmente al tema del cual se ha apartado desde el cap. 5: 11. Este tema se trata detalladamente en el cap. 7.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1 CS 523; 2T 124
5 CH 33; FE 173; 2JT 343; MeM 302; 6T 444
6 DMJ 14; FE 284; HAd 297; MJ 127; PP 628; 3T 438; TM 39, 147
7-8 Ed 212
13 1JT 74
17 1JT 74; PR 121
18 PP 388, 553
19 1JT 99, 178; PE 72; 2T 304; 5T 113
19-20 CS 473, 543; 2JT 339; MeM 8


CAPÍTULO 7
1 Cristo es un sacerdote según el orden de Melquisedec 11 y, por lo tanto, mucho más excelente que los sacerdotes de la orden de Aarón.
1 PORQUE este Melquisedec, rey de Salem sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abrabam, que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo,
2 a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz;
3 sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.
4 Considerad, pues, cuán grande era éste, quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín.
5 Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque éstos también hayan salido de los lomos de Abraham.
6 Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, bendijo al que tenía las promesas.
7 Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor.
8 Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que vive.
9 Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos;
10 porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.
11 Si, pues la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón?
12 Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley;
13 Y aquel de quien se dice esto, es de otra tribu, de -la cual -nadie sirvió al altar.
14 Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio.
15 Y esto es aun más manifiesto, si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto,
16 no constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida indestructible.
17 Pues se da testimonio de él:
Tú eres sacerdote para siempre,
Según el orden de Melquisedec.
18 Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia
19 (pues nada perfeccionó la ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios.
20 Y esto no fue hecho sin juramento;
21 porque los otros ciertamente sin juramento fueron hechos sacerdotes; pero éste, 454 con el juramento del que le dijo:
Juró el Señor, y no se arrepentirá:
Tú eres sacerdote para siempre,
Según el orden de Melquisedec.
22 Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto.
23 Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar;
24 mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable;
25 por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.
26 Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos;
27 que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.
28 Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre.
1.
Melquisedec.
Los hechos históricos mencionados en este versículo son una recapitulación de Gén. 14: 18-20 (ver el comentario respectivo).
2.
Dio Abraham los diezmos.
Ver com. Gén. 14: 20. Abrahán no habría dado a Melquisedec "los diezmos de todo" si no hubiera sabido que era sacerdote, y por lo tanto tenía derecho a recibir el diezmo.
Se ha discutido mucho en cuanto a quién era Melquisedec. Es poca la información que hay acerca de él. En el AT sólo es mencionado en Gén. 14: 18-20 y Sal. 110: 4, y en el NT únicamente en el libro de Hebreos. Algunos creen que era Cristo; otros, el Espíritu Santo; otros, Sem; otros, un ser sobrenatural de otro mundo. Como no hay una buena comprobación para cualquiera de esas suposiciones, este Comentario sostiene que Melquisedec era uno de los contemporáneos de Abrahán, rey de uno de los pequeños Estados de ese tiempo (ver com. Gén. 14: 18). Aparece en Hebreos como un símbolo de Cristo, simbolismo que se basa en la profecía mesiánica de Sal. 110: 4.
Rey de justicia.
Se llama la atención al nombre debido a su significado cuando se aplica al Mesías (ver com. Sal. 72: 3; 85: 10).
Rey de Salem.
Ver com. Gén. 14: 18.
Paz.
Término que con propiedad se aplica al Mesías (Isa. 9: 5-6; Zac. 9: 10). Ver los pasajes de Sal. 72: 3 y 85: 10, donde se mencionan la justicia y la paz como características del reino mesiánico.
3.
Sin padre, sin madre.
Estas palabras han dado lugar a la especulación de que Melquisedec era un ser sobrenatural, lo cual tendría que haber sido así si en verdad no hubiese tenido padres, "ni... principio de días ni fin de vida". Esta afirmación puede ser total y literalmente cierta sólo si se aplica a las personas de la Deidad; sin embargo, no es necesario llegar a esta conclusión en cuanto a estas palabras. El autor sencillamente podría estar diciendo que no había registro de quienes fueron el padre y la madre de Melquisedec.
Sin genealogía.
Los judíos eran muy cuidadosos en registrar y conservar sus genealogías. Este cuidado se aplicaba especialmente a los sacerdotes (ver Esd. 2: 61-63). Nadie podía servir en el sacerdocio a menos que perteneciera a la familia de Aarón, de la tribu de Leví, y esto debía demostrarse sin que quedara la menor duda. Si en alguna parte había una interrupción en el linaje, quedaba eliminado, con lo cual perdía los privilegios propios de los sacerdotes. Por eso cada judío, y particularmente los sacerdotes, registraban con todo cuidado sus registros genealógicos. Pero no había ninguna genealogía de Melquisedec.
Principio de días.
Es decir, no hay registro de su nacimiento ni de su muerte, como lo indican las palabras "ni fin de vida".
Hecho semejante.
O "asemejado" (Al); "se asemeja" (NC). Melquisedec era un símbolo de Cristo. Nada se sabe de su nacimiento ni de su muerte porque no hay ningún registro, lo cual concuerda en todo con Cristo, quien no tuvo principio ni fin de días (ver com. Juan 1: 1-3).
Permanece sacerdote.
O sea que no hay registro alguno de la terminación de su ministerio como sumo sacerdote.
4.
Cuán grande.
Los judíos tenían a Abrahán 455 en alta estima (ver Juan 8: 52). El autor de Hebreos prosigue su tema para probar que Melquisedec era aun más grande. Y si era mayor, entonces el sacerdocio de Cristo -que era según el orden de Melquisedec (ver com. Heb. 5: 6)-, era mayor que el aarónico.
Patriarca.
Gr. patriárj's, "primero de una patria" o de un clan. Abrahán es llamado "patriarca" para destacar que Melquisedec era tan grande que "aun Abrahán el patriarca" le entregó el diezmo. Abrahán reconocía con este acto la autoridad sacerdotal superior de Melquisedec.
Diezmos.
Cf. vers. 2.
Botín.
Sin duda el botín de la reciente batalla (Gén. 14: 14-16).
5.
Mandamiento de tomar del pueblo los diezmos.
Los levitas tenían derecho de recibir los diezmos en virtud de una orden divina (ver Núm. 18: 21); pero no fueron los primeros en recibir los diezmos; Melquisedec los recibió antes que ellos. Si los levitas habían tenido la autorización divina, Melquisedec también la tuvo. Y el hecho de que "aun Abrahán el patriarca" le entregara los diezmos a Melquisedec, demuestra que éste estaba plenamente autorizado para recibirlos. Si los levitas estaban autorizados por Dios para recibir los diezmos, con más razón lo había estado Melquisedec.
6.
Genealogia no es contada de entre ellos.
Ver com. vers. 3. Sólo los levitas podían recibir los diezmos. Melquisedec no era levita, y sin embargo recibió los diezmos de Abrahán. El patriarca se encontró con un hombre "mayor" que él. Reconoció la superioridad de Melquisedec y, como sacerdote que era, le entregó el diezmo.
Bendijo al que.
Ver Gén. 14: 19.
Tenía las promesas.
Ver com. cap. 6: 13, 15.
7.
Sin discusión alguna.
O "fuera de toda controversia" (BC).
El menor. . . el mayor.
El asunto de la superioridad queda definido por el hecho de que Abrahán fue el que entregó el diezmo y recibió una bendición.
8.
Aquí.
O en el sistema levítico.
Allí.
Una referencia al sacerdocio de Melquisedec.
De que vive.
Esto no podría ser literalmente cierto en cuanto a Melquisedec, ni una adecuada explicación de que sencillamente significa que no hay registro en la Biblia de la muerte de Melquisedec. Según parece estas palabras van más allá de Melquisedec, o sea al Superior a quien representa: a Cristo, de quien se afirma que vive "siempre" (vers. 25). El sacerdocio de Melquisedec se perpetúa en el sacerdocio de Jesucristo.
9.
Pagó el diezmo... Leví.
Se presenta esta observación para destacar más que el sacerdocio de Melquisedec era superior al levítico. La forma en que Leví pagó diezmo a Melquisedec se muestra en el vers. 10.
10.
En los lomos.
Todo lo que el patriarca Abrahán hiciera, también lo haría su posteridad; por esta razón cuando él pagó diezmo, también lo pagó Leví. Esto lo cita el autor como otra prueba de la grandeza de Melquisedec.
11.
Perfección.
El sacerdocio levítico y la ley ceremonial eran temporales, y sombras que señalaban la obra que Cristo haría. La perfección no vino por medio de la ley sino por medio de Cristo, a quien ella señalaba. Este pensamiento se amplía en los cap. 9 y 10.
Ley.
Equivale aquí a todo el sistema judío instituido en el Sinaí, incluyendo los Diez Mandamientos (ver com. Gál. 3: 17).
Qué necesidad habría?
El sistema levítico no se dio con el propósito de que fuera un fin en sí mismo; era para mostrar a Cristo delante de los hombres, pues sólo en él hay salvación. Si dicho sistema hubiera proporcionado la salvación aparte de la obra de Cristo, no hubiera habido necesidad del ministerio de Cristo.
12.
Cambiado el sacerdocio.
O sea del levítico al de Melquisedec.
También cambio de ley.
La ley ordenaba que únicamente los levitas podían servir en el tabernáculo y que sólo los hijos de Aarón podían ser sacerdotes; también disponía los servicios de los sacerdotes con referencia al orden o reparto en que servían. Si se hubiera elegido un sacerdote de otra tribu (vers. 13) habría sido necesario cambiar la ley, y con esto se hubiera introducido un nuevo orden de cosas (cap. 8: 13).
13.
Aquel.
Es decir, Cristo (vers. 14).
Otra tribu.
Ver com. vers. 14.
Sirvió.
U "ofició".
14.
Judá.
Ver Miq. 5: 2; Mat. 1: 1; Mar. 10: 47-48; Luc. 3: 33; Rom. 1: 3; Apoc. 5: 5.
Nada habló Moisés.
Las leyes que reglamentaban el sacerdocio fueron dadas por medio de Moisés (Núm. 3; 4). 456
15.
Más manifiesto.
Parece referirse a la proposición presentada en el vers. 12: que era necesario que hubiera un cambio en la ley. Algunos afirman que se refiere al carácter transitorio del sacerdocio levítico. La profecía a la que se hace referencia en el vers. 17, que predecía que el nuevo sacerdocio sería de un orden diferente, hace más claro que debía haber un cambio en la ley del sacerdocio, o que el sacerdocio levítico era provisional.
16.
Mandamiento acerca de la descendencia.
Había un linaje de descendientes según la carne (Exo. 29: 29-30; Núm. 20: 26, 28).
Poder.
Nótese el contraste entre "poder" y "ley".
17.
Sacerdote para siempre.
El autor vuelve una y otra vez a la declaración de Sal. 110: 4 (Heb. 5: 6, 10; 6: 20; 7: 21). Su tema se apoya en lo siguiente: ningún hombre como tal podía ser "sacerdote para siempre". Los sacerdotes levitas servían sólo mientras vivían; por lo tanto, si había de venir uno que serviría "para siempre", tenía necesariamente que ser más que un simple hombre, más que un levita. Por esta razón -si había de oficiar "para siempre" esa clase de sacerdote- era "aun más manifiesto" (vers. 15) que debía haber un cambio en la ley sacerdotal.
18.
Queda, pues.
De acuerdo con el texto griego, la relación entre los vers. 18 y 19 es como sigue: "Por un lado hay la abrogación del mandamiento,... y por el otro, la presentación de una mejor esperanza".
Abrogado.
Término más significativo que "cambiado" (vers. 12). El designio era que la ley del sacerdocio levítico sólo operara hasta que Jesucristo, el gran Sumo Sacerdote, comenzara su ministerio; entonces sería abrogado el sacerdocio levítico.
Debilidad e ineficacia.
No lo era intrínsecamente así, pues Dios lo había instituido; pero fracasó debido a la actitud del pueblo hacia él. Hicieron de la ley un fin; creían que obedeciéndola alcanzaban la salvación. Se les había predicado el Evangelio, pero no les aprovechó por no añadirle fe (cap. 4: 2).
19.
Nada perfeccionó la ley.
Es decir, la ley en sí y por sí misma, lo cual no significa que la salvación era imposible para los que vivieron en los tiempos del AT. La perfección era posible pero por el mismo medio por el cual se adquiere hoy: por la fe en Jesucristo. "La ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo... Pero venida la fe, ya no estamos bajo el ayo" (ver com. Gál. 3: 24-25).
Introducción de una mejor esperanza.
En cuanto a la relación de esta frase con su contexto, ver com. vers. 18. La mejor esperanza se centra en Cristo. El tomó el lugar del sacerdocio levítico. Esta es la esperanza que es "puesta delante de nosotros... [como] segura y firme ancla.... que penetra hasta dentro del velo" (cap. 6: 18-20).
Nos acercamos a Dios.
Este había sido el propósito del sacerdocio levítico, pero debido a una instrucción y una administración defectuosas los hombres creían que Dios estaba muy lejos de ellos. Ahora Jesucristo, el Sumo Sacerdote, ha entrado "dentro del velo" (cap. 6: 19). Está sentado "a la diestra de la Majestad en las alturas" (cap. 1: 3). Por eso los seres humanos pueden acercarse "confiadamente al trono de la gracia" (cap. 4: 16), pueden allegarse a Dios con plena confianza.
20.
No fue hecho sin juramento.
Ver com. cap. 6: 17.
21.
Con el juramento.
Se presenta el contraste para mostrar la superioridad del sumo sacerdocio de Melquisedec. En cuanto a la importancia del juramento, ver com. cap. 6: 17.
Arrepentirá.
Gr. metamélomai, "cambiar de opinión", "sentir pesar" (ver com. 2 Cor. 7: 8-9).
Según el orden de Melquisedec.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) la omisión de esta frase. Sin embargo, está plenamente establecida su inclusión en el vers. 17. La omiten la BJ, BA, BC y NC.
22.
Por tanto.
Es decir, porque fue confirmado por un juramento, mientras que el sacerdocio levítico se basaba en una orden transitoria.
Jesús.
Este nombre pone de relieve su aspecto humano (ver com. Mat. 1: 1).
Fiador.
Gr. égguos, "fiador" o "fianza", "garante" o "garantía". Aquí tiene el significado de uno que se hace responsable de algo, o garantiza la ejecución de algún convenio; aquí, el "mejor pacto".
Pacto.
Gr. diathLk' (ver com. Gál. 3: 15). Esta palabra se ha traducido como "testamento" (Heb. 9: 16-17) y como "pacto" (Mat. 26: 28; Luc. 1: 72; 1 Cor. 11: 25; 2 Cor. 3: 6; Gál. 3: 15; Heb. 8: 6-10). En el texto que consideramos, "pacto" es la mejor traducción porque el autor está hablando del nuevo pacto (diathekeLk'), tema que desarrollará después (cap. 8: 6-13). 457
23.
Sacerdotes... muchos.
El contraste radica entre los muchos sacerdotes del sistema levítico y el único sacerdote según el orden de Melquisedec.
24.
Inmutable.
Gr. aparábatos, "permanente", "invariable". Los sacerdotes del sistema levítico no podían continuar porque morían; pero Cristo vive "siempre para interceder" (Heb. 7: 25; cf. Apoc. 1: 18).
25.
Perpetuamente.
Gr. pantelLs, "completamente", "plenamente", "cabalmente", "para siempre", "perpetuamente". Los comentadores están divididos en cuanto al significado que aquí corresponde. Ambos son verdaderos, pues Cristo salva completamente y también por todo el tiempo. "Salvar perfectamente" (BJ); "perfecto su poder para salvar" (NC).
Se acercan a Dios.
Ver com. vers. 19.
Viviendo siempre.
Ver com. vers. 24.
Interceder.
Gr. entugjánÇ (ver com. Rom. 8: 34).
26.
Nos convenía.
Era apropiado que tuviéramos un sumo sacerdote de la naturaleza de Cristo.
Santo.
Gr. hósios, "piadoso", "pío", "agradable a Dios" (ver com. Heb. 2: 27).
Inocente.
Gr. ákakos, "cándido", "inocente", no vengativo.
Sin mancha.
Gr. amíantos, "puro" en el sentido religioso y moral. Compárese con el uso de esta palabra en Heb. 13: 4; Sant. 1: 27; 1 Ped. 1: 4.
Apartado de los pecadores.
O "que fue separado de los pecadores". Algunos creen que se refiere a la disposición de Cristo de reunirse con los pecadores durante su vida terrenal y, sin embargo, permanecer separado de ellos. Otros creen que la descripción no se refiere a Cristo durante su vida terrenal sino en su obra como sumo sacerdote, y que, por lo tanto, "apartado de los pecadores" se refiere a haber completado su obra por los pecadores en lo que se refiere a su muerte expiatoria (cf. cap. 9: 28). Creen que dichas palabras deben interpretarse en concordancia con la frase que sigue, la cual se refiere a que Cristo fue sacado de este mundo y, como consecuencia, de su contacto literal con los pecadores, para presentarse delante de Dios. Los que sostienen uno y otro punto de vista creen con plena certeza que Cristo fue siempre "santo, inocente, sin mancha".
Hecho más sublime que los cielos.
Cristo fue exaltado a la diestra del Padre. Esta clase de sumo sacerdote es el que es completamente adecuado para nosotros.
27.
Que no tiene necesidad cada día.
No se registra que el sumo sacerdote ofreciera diariamente una ofrenda expiatorio. A Aarón y a sus sucesores se les había ordenado que presentaran diariamente una ofrenda, pero se la preparaba con flor de harina y no era una ofrenda por el pecado (Lev. 6: 20-22). Por lo tanto, la dificultad de esta afirmación consiste en que el sumo sacerdote de la antigüedad presentaba diariamente una ofrenda por el pecado, y que Cristo no necesitaba hacer esto.
Esta dificultad ha sido explicada teniendo en cuenta que en todos los servicios en que participaban los sacerdotes lo hacían como representantes del sumo sacerdote. Oficiaban en lugar de él, y lo que hacían era considerado como si lo hubiera hecho el mismo sumo sacerdote. Eran sólo sus ayudantes, y como ofrecían diariamente ofrendas por el pecado, puede decirse que el sumo sacerdote también las ofrecía.
Por sus propios pecados.
El sumo sacerdote presentaba en el día de la expiación una ofrenda por sus propios pecados, y después otra por los pecados del pueblo (Lev. 16: 11, 15). Esto era necesario. Como era pecador no podía presentarse delante de Dios en el lugar santísimo a menos que ya hubiera presentado una ofrenda por sí mismo. Cristo no necesitaba hacerlo porque es sin pecado.
Esto lo hizo una vez. Ha surgido la pregunta en cuanto a qué significa el pronombre "esto". ¿Presentó una ofrenda Cristo una vez por sus propios pecados, como lo hacía el sumo sacerdote, y después por los del pueblo? Cristo no tenía pecados propios. Los únicos pecados que tenía fueron los que llevó por nosotros. El fue hecho pecado por nosotros (2 Cor. 5: 21). Pero cuando se ofreció a sí mismo "una vez" pagó por todos los pecados que llevaba sobre sí. Esos pecados, que eran nuestros pecados, los llevó en su cuerpo en el madero. Eran suyos únicamente en el sentido de que tomó sobre sí mismo la responsabilidad por ellos. Los llevó como nuestro sustituto y garante.
Ofreciéndose a sí mismo.
Cristo fue tanto sacerdote como víctima.
28.
La ley.
Ver com. vers. 11-12, 16.
Constituye.
O "instituye" (BJ).
Débiles.
O "frágiles" (BJ). Cf. cap. 5: 2.
Juramento.
Cf. vers. 20-21. 458
Posterior a la ley.
El sistema ceremonial expiró en la cruz (ver com. Rom. 6: 14; Efe. 2: 15; Col. 2: 14). Cristo asumió su cargo de sismo sacerdote una vez que terminó la ley que regía el sacerdocio levítico.
Al Hijo.
O "constituye a Uno que es Hijo". En el texto griego no hay artículo; pero si se traduce "a un Hijo" en vez de "al Hijo", no se expresa correctamente el énfasis del texto. La ausencia del artículo destaca la cualidad. Por eso es preferible la traducción: "Uno que es Hijo" (cf. com. Dan. 7: 9, 13).
Perfecto.
Ver com. cap. 2: 10.
Para siempre.
En contraste con el servicio transitorio de los sacerdotes del sistema levítico.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1 DTG 532; PP 130, 153, 761; 3T 393
5 HAp 271
24 DTG 36
25 CC 103; COES 124; CS 536; DMJ 13; DTG 138, 700, 775; FE 178, 184; HAd 493; 2JT 59, 338, 488; MB 201; MC 187, 331; MeM 33; MJ 405; MM 33, 181; OE 162; PVGM 115, 121; 1T 543; 2T 60, 32 l; 5T 633; 6T 123; 8T 287; Te 248; TM 20
26 DTG 17; HAp 455


CAPÍTULO 8
1 El sacerdocio levítico de Aarón fue abolido por el sacerdocio eterno de Cristo, 7 y el pacto temporal con los Padres por el pacto eterno del Evangelio.
1 AHORA bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos,
2 ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre.
3 Porque todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios; por lo cual es necesario que también éste tenga algo que ofrecer.
4 Así que, si estuviese sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo aún sacerdotes que presentan las ofrendas según la ley;
5 los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte.
6 Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas.
7 Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo.
8 Porque reprendiéndolos dice: He aquí vienen días, dice el Señor,
En que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto;
9 No como el pacto que hice con sus padres
El día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto;
Porque ellos no permanecieron en mi pacto,
Y yo me desentendí de ellos, dice el Señor.
10 Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel
Después de aquellos días, dice el Señor:
Pondré mis leyes en la mente de ellos,
Y sobre su corazón las escribiré;
Y seré a ellos por Dios,
Y ellos me serán a mí por pueblos;
11 Y ninguno enseñará a su prójimo,
Ni ninguno a su hermano, diciendo:
Conoce al Señor;
Porque todos me conocerán,
Desde el menor hasta el mayor de ellos.
12 Porque seré propicio a sus injusticias,
Y nunca más me acordaré de sus 459 pecados y de sus iniquidades.
13 Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.
1.
Punto principal.
Gr. kefálaion, "punto capital", "lo más importante", "sustancia del asunto". El autor presenta el punto fundamental de lo que ha venido diciendo.
Tal sumo sacerdote.
Cristo no es un sumo sacerdote común como los que había en el sacerdocio aarónico, los cuales servían en la tierra (vers. 4). Cristo sirve junto al trono de Dios.
A la diestra.
Ver com. cap. 1: 3.
2.
Ministro.
Gr. leitourgós, "siervo", "ministro" (cf. com. Rom. 13: 6; cf. Fil. 2: 25; Heb. 1: 7).
Santuario.
Aquí se emplea por primera vez en la Epístola a los Hebreos una palabra en plural para referirse al santuario celestial, la que luego aparece nueve veces más en el libro. Las discusiones en cuanto al por qué de este uso han sido prolongadas. El tema se trata en detalle en la Nota Adicional de este capítulo. Ta hágia, "los lugares santos", es el lugar donde Cristo lleva a cabo su ministerio sacerdotal. Por cuanto se nos dice que el santuario terrenal era una "imagen" del verdadero (cap. 9: 24) que está en el cielo, podemos suponer que el santuario celestial, ta hágia, tiene dos grandes divisiones. Cf. com. Exo. 25: 9; Dan. 8: 14; cf. Nota Adicional de Heb. 10.
Y de.
Mejor, "es decir de".
Verdadero.
Gr. alLthinós, forma femenina de "genuino", "real". El santuario terrenal era sólo un símbolo del celestial.
Tabernáculo.
Gr. sk'nL, "tienda" (BJ). La terminología del santuario terrenal se usa para el celestial.
Levantó.
Una expresión figurada porque se describe al santuario celestial como un "tabernáculo" o una "tienda". Pero no debemos pensar que hay una tienda literal en el cielo, levantada literalmente por Dios. Cf. Exo. 33: 7.
La idea de un santuario celestial no era nueva para los judíos, como lo demuestran los siguientes extractos de su literatura de c. siglo I a. C.: "El ángel me abrió los portales del cielo, y vi el santo templo, y al Altísimo sobre un trono de gloria" (Testamento de Leví 5: 1). "Tú me ordenaste levantar un Templo en tu monte santo, un altar en la ciudad donde tiene establecida tu morada, imagen de la Tienda santa que preparaste desde el principio" (Sabiduría 9: 8, BJ).
3.
Constituido para presentar ofrendas.
La obra de los sacerdotes en el tabernáculo era principalmente ofrecer "ofrendas y sacrificios"; con ese fin habían sido ordenados. Los ofrecían mañana y tarde por la nación, y durante el día por los individuos.
Tenga algo que ofrecer.
Cf. cap. 5: 1; 9: 25.
4.
Si estuviese sobre la tierra.
El autor se sitúa en el tiempo en que escribe, cuando probablemente aún existía el templo (ver pp. 403-404).
Ni siquiera sería sacerdote.
Si los reglamentos del sacerdocio levítico se cumplían estrictamente, Cristo no podría haber sido sacerdote en esta tierra. Sólo podían serlo los de la tribu de Leví, y Cristo pertenecía a la tribu de Judá. El sacerdocio de Cristo era independiente y celestial según el orden de Melquisedec.
Sacerdotes que presentan.
Esta declaración es un buen argumento para ubicar la redacción de esta epístola antes de la destrucción de Jerusalén y del templo en el año 70 d. C. (ver pp. 403- 404).
Según la ley.
Es decir, el sistema legal instituido en el Sinaí.
5.
Figura.
Gr. hupódeigma, "ejemplo", "modelo", "copia", "representación". Sin embargo, es necesario recordar que una "copia" terrenal nunca puede representar fielmente, en todos sus detalles, al original celestial; por ejemplo, todos los diversos sacrificios por los pecados que se ofrecían continuamente en el santuario terrenal, hallaron su cumplimiento en el único sacrificio de Cristo.
Sombra.
"Figura y sombra" es posible entenderlas porque equivalen a una expresión figurada que significa "figura borrosa".
Advirtió.
Gr. jrLmatízÇ, "impartir una revelación"; quien la imparte es Dios. "Según... fue revelado a Moisés" (BJ, NC).
Haz todas las cosas.
Ver Exo. 25: 40; Núm. 8: 4; Hech. 7: 44.
6.
Tanto mejor ministerio.
El autor comienza en este versículo a tratar acerca de Cristo como "mediador de un mejor pacto". La base de este más excelente ministerio de Cristo se demuestra por el hecho de que es el 460 mediador de un mejor pacto establecido sobre mejores promesas.
Mediador.
Gr. mesít's, "árbitro", "mediador", uno que media entre dos partes para eliminar un desacuerdo o para llegar a una meta común (cf. com. Gál. 3: 19). Esta palabra aparece seis veces en el NT; en cuatro ocasiones se refiere a Cristo. El es el mediador entre Dios y el hombre (1 Tim. 2: 5), y puede hacer de puente entre ambos. Como Dios que es, comprende a Dios y puede hablar por él. Como hombre que es, comprende al hombre y puede interceder con simpatía a favor de él ante el Padre.
Mejor.
Esta superioridad se trata en los vers. 8-12.
Pacto.
Gr. diathLk' (ver com. cap. 7: 22).
Mejores promesas.
Ver com. vers. 10- 12.
7.
Aquel primero.
El autor designa con esta expresión al sistema que estuvo en vigencia en los días del AT a partir del Sinaí. El sacerdocio levítico era una parte integral de dicho sistema. En cuanto a la relación de este sistema con el pacto hecho en el Sinaí, ver com. Eze. 16: 6 ; y respecto al significado de la palabra pacto (diathéke), ver com. Heb. 7: 22. Este sistema y sus leyes caducaron cuando Jesús se convirtió en sumo sacerdote según el orden de Melquisedec (ver com. cap. 7: 12, 18-19).
Sin defecto.
La frase implica que era defectuoso; pero la imperfección no radicaba inherentemente en el pacto sino en el pueblo que lo aplicó mal (ver com. Eze. 16: 60; Efe. 2: 15). Esa ley en sí y de por sí no perfeccionó nada (ver com. Heb. 7: 22), pero correctamente empleada les habría señalado al Salvador y la salvación. Las repetidas exhortaciones de los profetas al pueblo para que aceptara las estipulaciones del pacto eterno, fueron siempre inútiles.
Para el segundo.
Es decir, el nuevo (vers. 8).
8.
Reprendiéndoles.
La debilidad del nuevo pacto no radicaba en el pacto, ni la falta estaba en Dios. El defectuoso era el pueblo (ver com. Heb. 8: 7; cf. Rom. 9: 30 a 10: 3; Heb. 3: 18 a 4: 2).
Vienen días.
Los vers. 8-12 son una cita de Jer. 31: 31-34 que concuerda más con la LXX que con el texto hebreo, aunque las diferencias son leves. Compárese con el comentario de estos versículos en jeremías. Estas palabras constituyeron originalmente una predicción de lo que Dios estaba dispuesto a hacer por Israel y Judá si aprendían las lecciones del cautiverio en el cual estaban por entrar, y se volvían realmente a él. A partir del Sinaí, Dios siempre trató de conducir al pueblo a una experiencia espiritual más elevada, como la que se presenta en el nuevo pacto; pero los israelitas, dominados por su rebeldía, se resistieron a progresar más allá de sus estrechos conceptos de lo que constituía la verdadera religión. Se aferraban a la creencia de que la salvación podía alcanzarse por medio del estricto cumplimiento de una ley, especialmente de las leyes referentes a los ritos y las ofrendas ceremoniales. La ocasión era propicia; quizá aprenderían mediante la rigurosa disciplina del cautiverio aquello que se habían negado a aceptar en su propio país. Pero ni siquiera el cautiverio produjo en ellos un verdadero reavivamiento. La gran mayoría de los repatriados continuaron esclavizados a su interpretación del antiguo pacto.
La experiencia espiritual característica del nuevo pacto era posible en los días del AT, y se hubiera cristalizado si el pueblo hubiese cumplido con las condiciones; pero los judíos, en conjunto, la rechazaron. Aunque la enseñanza de Cristo y los apóstoles hicieron doblemente clara la "buena nueva [o Evangelio]" que los judíos podrían haber aceptado antes (Heb. 4: 2), les resultó difícil renunciar al antiguo sistema de formas y ceremonias. El libro de Hebreos tenía el propósito de ayudarles a hacer esa transición.
El autor de Hebreos recurre a la profecía para apoyar su tesis del supremo sacerdocio de Cristo y de la introducción de un nuevo orden. Jeremías había predicho un nuevo orden; ahora había llegado.
Con la casa de Israel.
Aquí se menciona el nuevo pacto como si hubiera sido hecho con la casa de Israel y con la casa de Judá, pues fue ofrecido primero a esas dos casas (Jer. 31: 31-34). Pero cuando los judíos menospreciaron sus privilegios religiosos, "el reino de Dios" les fue quitado (ver com. Mat. 21: 33-43). La iglesia cristiana es ahora la heredera de los privilegios y las responsabilidades espirituales que una vez pertenecieron al Israel literal (ver t. IV, pp. 37-38).
Nuevo.
Nuevo con respecto al "primero" (vers. 7). Con la venida de Cristo se cumplieron los símbolos de la ley ceremonial, con lo que se dio fin al sistema levítico (ver com. Efe. 2: 15). El derramamiento de la sangre de Cristo ratificó el pacto hecho mucho antes 461 con Adán y confirmado con Abrahán (ver com. Eze. 16: 60).
Pacto.
Gr. diathLk' (ver com. cap. 7: 22).
9.
No como.
En cuanto al antiguo pacto, ver com. Eze. 16: 60.
No permanecieron.
Este es un rápido resumen de la historia de los israelitas como se registra en el AT. "Ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios.... hasta que... no hubo ya remedio" (2 Crón. 36: 16), y Dios los desechó.
10.
Pondré mis leyes.
En el monte Sinaí el Señor escribió sus leyes en tablas de piedra (Deut. 4: 13) y en un libro (cap. 31: 24, 26). Dios tenía el propósito de que esas leyes también estuvieran escritas en los corazones del pueblo; pero los israelitas se contentaron con considerar esos estatutos sencillamente como un código externo y su observancia como un asunto de cumplimiento también externo. Dios no tenía el propósito de que sus leyes fueran consideradas así. Ofreció a su pueblo que disfrutara de la experiencia de tener un corazón nuevo (ver com. Eze. 36: 26); pero los israelitas se contentaron con una religión de formas y apariencias. Ahora, bajo los términos del nuevo pacto, se transforman los corazones y las mentes de las personas (ver com. Rom. 12: 2; 2 Cor. 5: 17). Los hombres proceden correctamente no por su propia fuerza sino porque Cristo mora en el corazón y manifiesta su vida en el creyente (ver com. Gál. 2: 20). Son nacidos del Espíritu y producen los frutos del Espíritu (Gál. 5: 22-23). El poder divino es lo único que puede efectuar el cambio. Sólo Dios puede "poner" su ley en el corazón de sus seguidores, pero, por supuesto, no sin el consentimiento del hombre y de su cooperación (Apoc. 22: 17; cf. DMJ 120).
Seré a ellos por Dios.
Este es el propósito de todos los pactos divinos (cf. Exo. 6: 7). Dios desea ocupar su lugar debido, y la gente anhelará reconocerlo como a su Dios.
11.
Ninguno enseñará.
No habría necesidad de admoniciones y consejos continuos pues los seres humanos disfrutarían de una experiencia religiosa personal. Los cristianos podrían ahora allegarse directamente a Dios sin el sacerdocio levítico como intermediario. Serían "guiados por el Espíritu de Dios" (Rom. 8: 14), habrían "aprendido de Dios" (1 Tes. 4: 9) y tendrían "la unción del santo" que les haría conocer "todas las cosas" (1 Juan 2: 20). Desde hace muchos siglos los cristianos han tenido todo el canon de las Escrituras para que aprendan acerca de Dios; pero esto no suple la necesidad de instructores espirituales. Dios ha dado a la iglesia como dones "pastores" y "maestros" (Efe. 4: 11).
Todos me conocerán.
Es decir, todos los cristianos tendrán un conocimiento personal de Dios, no importa cuál sea su edad, condición social o capacidad mental.
12.
Seré propicio.
Cuando Jeremías escribió estas palabras al aproximarse el cautiverio, fueron una promesa de lo que Dios estaba dispuesto a hacer por su pueblo extraviado si se volvía a él. Para los cristianos son una promesa de pleno y gratuito perdón mediante la sangre de Jesús, sin derramamiento de la sangre de animales como era en el tiempo del sistema levítico.
Nunca más me acordaré.
Es decir, Dios no tendrá más en cuenta esos pecados contra el transgresor (cf. com. Isa. 65: 17). Dios echará todos nuestros pecados tras sus espaldas (Isa. 38: 17); los arrojará en lo profundo del mar (Miq. 7: 19).
13.
Pacto.
Este sustantivo ha sido añadido. No está en el texto griego, pero es correcto añadirlo. El adjetivo traducido "nuevo" está en el mismo género y número que corresponde a "pacto". La añadidura de "pacto" es también correcta porque la frase "al decir" hace regresar a la cita dejen 31: 31-33, mencionada en los vers. 8-12, donde se emplea la expresión "nuevo pacto".
Ha dado por viejo al primero.
La cita de Jeremías (vers. 8-12) claramente muestra que el "nuevo" debía reemplazar al "antiguo" y no serie una añadidura. Este era un asunto difícil de comprender por los cristianos hebreos.
Lo que se da por viejo.
O "envejece". Puede surgir la pregunta en cuanto a por qué estas palabras están en tiempo presente si ya el antiguo pacto terminó en la cruz. Algunos comentadores piensan que la referencia es al tiempo cuando Jeremías pronunció esta profecía acerca del nuevo pacto (Jer. 31: 31-33); pero también es posible entender que se refiere al tiempo cuando fue escrito el libro de Hebreos. Es cierto que el sistema ceremonial caducó cuando Cristo murió en la cruz (ver com. Efe. 2: 15); sin embargo, aun para los cristianos piadosos fue gradual la transición del sistema antiguo al nuevo (ver com. Heb. 9: 9; cf. com. Rom. 14: 1).
Próximo a desaparecer.
Los lectores de la 462 epístola están siendo preparados para el tiempo cuando desaparecería completamente el sistema antiguo (ver com. cap. 9: 9).

NOTA ADICIONAL DEL CAPÍTULO 8
Desde Heb. 8: 2 en adelante, se emplea nueve veces una expresión plural, ta hágia, para referirse al santuario celestial (cap. 8: 2; 9: 2-3, 8, 12, 24-25; 10: 19; 13: 11). En algunos casos la RVR la ha traducido como "santuario" (cap. 8: 2; 9: 24; 13: 11); en otros, "Lugar Santo" (cap. 9: 2) o "Lugar Santísimo" (cap. 9: 3, 8, 12, 25; 10: 19). La traducción -mejor dicho, la interpretación- se ha hecho en base al contexto, pues el griego siempre usa el adjetivo hágia.
La frase ta hágia es un adjetivo plural neutro, con s correspondiente artículo definido. El neutro singular es to hágion, "lo santo"; suele referirse a una cosa, "lo santo", o acaso a un lugar, "lugar santo". El neutro plural se usa en forma intercambiable con el neutro singular, por lo cual to hágion, "lo santo" y ta hágia, "las cosas santas", tienen aproximadamente el mismo sentido. Tan común es este intercambio que puede usarse el adjetivo (o sustantivo) plural neutro con un verbo singular.
La razón del uso de esta frase para designar al santuario celestial no se encuentra en el sentido de la frase, sino en el uso que le da la LXX. En el AT griego se emplea el adjetivo sustantivado neutro hágion, tanto en el singular como en el plural hágia, unas 170 veces para referirse al tabernáculo o al templo. De estos usos, 142 casos se refieren al tabernáculo, santuario o templo en general. En los otros casos se hace referencia a partes específicas del conjunto, a veces al lugar santo o al lugar santísimo. En 45 de los 142 casos se emplea el singular y en 97, el plural. De las 142 veces que se usa hágion o hágia para designar al santuario, sólo cuatro no tienen artículo. Por lo tanto, el uso de ta hágia, neutro plural, "las cosas santas" o "los lugares santos", para designar al santuario entero, está bien establecido en el AT.*
En fuentes extrabíblicas se emplea la frase to hágion para significar templo o santuario. Así se ve en una inscripción de Tolomeo III, del 239 a. C. Filón la usa con este sentido. También lo hace Josefo, quien así designa al templo de Jerusalén (Antigüedades, 3. 6. 4), el santuario interior (Guerra i. 7. 6) y el santuario con el atrio y los muros del templo (Guerra iv. 3. 10; vi. 2. 1; Antigüedades xii. 10. 6).*
Se ha interpretado que los judíos usaban el término to hágion o ta hágia para referirse al templo a fin de no usar la palabra hierón, que tenía matices demasiado paganos. En todo caso, el uso de esta designación no es nueva para el autor de Hebreos, quien debía entender que ta hágia era un nombre apropiado para el santuario de Dios, ya fuera en la tierra o en el cielo.
Para nosotros, a fines del siglo XX, esta ambigüedad que una misma palabra pudiera usarse con distintos significados causa molestia. Queremos precisión. Nos resulta difícil comprender que en el ambiente mediterráneo del siglo I la precisión del método científico, del cual tanto alarde hacemos hoy, no tenía mayor importancia.
En la RVA, todas las veces que aparece ta hágia, se traduce "santuario", excepto en el cap. 9: 3, donde dice "Lugar Santísimo". Cuando apareció la RVR, con sus tres diferentes interpretaciones de la frase, más de uno se quejó de lo que parecía un error de traducción. Sobre todo en relación con Heb. 9: 12, la afirmación de que Jesús entró en el "Lugar Santísimo" molestó a quienes suponían que era un intento de desacreditar la doctrina adventista del juicio celestial. Sin embargo, debe enseñares que el problema no radica en mala voluntad, ni en falta de honestidad, sino más bien en la interpretación individual de una frase ambigua, empleada por judíos y cristianos helenistas en el primer siglo, para referirse al santuario entero o a parte del mismo.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-2 CS 465 463
2 CS 469; DTG 138; HR 395-396; PP 370; PR 505
5 CM 61; CS 466-467, 470, 473; DTG 179; Ed 33; HR 396-397; NB 374; PP 364, 370
6 PP 389
7-8 PP 387
10 3JT 49; PE 58


CAPÍTULO 9
1 Descripción de los ritos y de los Cantos sacrificios de la ley ceremonial, 11 completamente inferiores a la dignidad y perfección de la sangre y el sacrificio de Cristo.

1 AHORA bien, aun el primer pacto tenía ordenanzas de culto y un santuario terrenal.
2 Porque el tabernáculo estaba dispuesto así: en la primera parte, llamada el Lugar Santo, estaban el candelabro, la mesa y los panes de la proposición.
3 Tras el segundo velo estaba la parte del tabernáculo llamada el Lugar Santísimo,
4 el cual tenía un incensario de oro y el arca del pacto cubierta de oro por todas partes, en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció, y las tablas del pacto;
5 y sobre ellas los querubines de gloria que cubrían el propiciatorio; de las cuales cosas no se puede ahora hablar en detalle.
6 Y así dispuestas estas cosas, en la primera parte del tabernáculo entran los sacerdotes continuamente para cumplir los oficios del culto;
7 pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo;
8 dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo, entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie.
9 Lo cual es símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto,
10 ya que consiste sólo de comidas y bebidas, de diversas abluciones, y ordenanzas acerca de la carne, impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas.
11 Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación,
12 y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.
13 Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne,
14 cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?
15 Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna.
16 Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador.
17 Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive.
18 De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre.
19 Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo,
20 diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. 464
21 Y además de esto, roció también con la sangre el tabernáculo y todos los vasos del ministerio.
22 Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión.
23 Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos.
24 Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios;
25 y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena.
26 De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado.
27 Y de la manera que está establecido para los hombres que mueren una sola vez, y después de esto el juicio,
28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.

1.
El primer pacto.
La palabra "pacto" ha sido añadida, pero es una añadidura correcta como en el cap. 8: 13 (ver el comentario respectivo). Se hace referencia al pacto que se hizo con Israel en el Sinaí (ver com. Heb. 8: 7; cf. com. Eze. 16: 60).
Tenía.
"También tenía" (VM). Si el primer pacto también tenía ordenanzas, quiere decir que el nuevo pacto las tiene. El autor ya ha presentado el servicio de Cristo como sumo sacerdote (cap. 5: 5-6; 6: 19-20; 7: 22-25; 8: 12). Ahora se ocupa más detalladamente de ese servicio.
Ordenanzas.
Gr. dikáiÇma, "reglamento", requisito", "mandamiento".
De culto.
Gr. latréia; en cuanto a latréia, ver com. Rom. 9: 4; 12: 1.
Santuario terrenal.
Un contraste con el santuario del nuevo pacto, "aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre" (cap. 8: 2).
2.
Tabernáculo.
Gr. sk'nL, "tienda", "albergue", "cabaña".
La primera parte.
El griego dice "primer tabernáculo" o "primera tienda". El primer compartimiento y el segundo (vers. 3) también son llamados "tienda" (BJ) o "estancia" (BC, NC). Durante todo el año se entraba sólo en el primer compartimiento o "tienda"; pero en el segundo compartimiento o lugar santísimo entraba únicamente el sumo sacerdote una sola vez cada año: en el día de la expiación.
El Lugar Santo.
Gr. hágia; ver Nota Adicional del cap. 8. Si bien la evidencia textual establece el texto hágia, el Códice Vaticano dice ta hágia, y algunos MSS dicen hágia hagíÇn (ver com. cap. 9: 3). Es evidente que la palabra neutra plural no satisfacía a los copistas, por lo cual unos pocos manuscritos tardíos cambian la acentuación para que el adjetivo sea femenino y concuerde con sk'nL. Corresponde señalar que durante los primeros siglos de la era cristiana no se usaron los acentos ortográficos en el griego, por lo cual no habría cómo definir dónde estaba el acento. Por otra parte, el problema del uso de ta hágia para referirse al santuario o a una parte del mismo debe entenderse a la luz del uso tradicional reflejado en la LXX.
A pesar de todas las especulaciones en cuanto a la palabra que se usa, es totalmente claro que aquí se hace referencia al primer compartimento del santuario.
El candelabro.
Se describen los muebles en el orden en que estaban en el antiguo tabernáculo y no en el templo de ese entonces (cf. com. vers. 3). En Exo. 25: 31-40 hay una descripción del candelabro.
La mesa.
Ver Exo. 25: 23-30.
Los panes de la proposición.
Ver Ley 24: 5-9.
3.
Tras.
Gr. metá, "detrás", "más allá de", "más lejos", "al otro lado de".
El segundo velo.
El velo que separaba el lugar santo del lugar santísimo. Se llama "segundo" porque tanto éste como el velo que estaba en la entrada del lugar santo se denominan con la misma palabra: katapétasma (ver com. cap. 6: 19).
Tabernáculo.
Cf. vers. 2.
Lugar Santísimo.
Gr. hágia hagíon. "Santo de los Santos" (BJ, NC). Aquí aparece nuevamente el neutro plural, hágia, usado comúnmente 465 para designar a todo el santuario, refiriéndose a una parte del santuario. Ver Nota Adicional del cap. 8.
4.
Incensario.
Gr. thumiatLrion, literalmente "lugar o recipiente para quemar el incienso"; por lo tanto, podría tratarse de un incensario o del altar del incienso. Como ejemplos de este último significado, puede verse en Josefo, Guerra v. 5. 5; Antigüedades iii. 6. 8; S. 3; cf. Herodoto 2. 162. Es posible que en Hebreos se haga referencia al altar del incienso. Ese altar era el mueble más importante del lugar santo, y sería raro que el autor no lo mencionara, teniendo especialmente en cuenta que está enumerando los muebles de cada compartimiento.
I.a traducción "altar del incienso" presenta un problema; pues ese altar parece presentarse aquí como si estuviera en el lugar santísimo, pero ese mueble estaba en el primer compartimiento del antiguo tabernáculo (Exo. 30: 6). Debe tenerse en cuenta que el autor no afirma que el altar del incienso estaba dentro del segundo compartimiento; sólo dice que el lugar santísimo "tenía" ese altar o "incensario" (RVR). Esto podría sencillamente indicar que el altar tenía relación con e¡ lugar santísimo.
La relación entre el altar y el lugar santísimo que aquí se indica podría ser que su función estaba íntimamente relacionada con el lugar santísimo. El incienso que se ofrecía diariamente sobre ese altar en el lugar santo era dirigido al propiciatorio del lugar santísimo. Dios manifestaba allí su presencia entre querubines, y a medida que el incienso ascendía con las oraciones de los que rendían culto, llenaba tanto el lugar santísimo como e1 santo. El velo que separaba a ambos compartimientos no llegaba hasta el techo, y el incienso que se ofrecía en el lugar santo -el único lugar donde podían entrar los sacerdotes- llegaba hasta el segundo compartimiento, el lugar hacia donde era dirigido. En Rey. 6: 22 se dice que el altar del incienso el templo de Salomón estaba "frente al lugar santísimo", es decir, que estaba relaciona con él, o que pertenecía -por función- al lugar santísimo.
Arca.
Ver Exo. 25: 10-16.
Del pacto.
Se llama así al arca porque contenía "las tablas del pacto", las dos tablas de piedra sobre las cuales Dios había escrito los Diez Mandamientos. En Deut. 4: 13 se declare que los Diez Mandamientos son el pacto que Dios ordenó a su pueblo que pusiera "por obra".
Urna de oro.
"Vasija". Ver Exo. 16: 33-34. En la LXX se añade "de oro".
Vara de Aarón.
Ver Núm. 17: 1-11. Aquí aparentemente se declara que la vasija y la vara de Aarón estaban en el arca. En el AT se dice que estaban "delante de Jehová" o "delante del testimonio" (Exo. 16: 33- 34; Núm. 17: 10). Esto no significa necesariamente que haya una discrepancia, pues estas últimas expresiones podrían también indicar una posición dentro del arca. La declaración de 1 Rey. 8: 9 de que "en el arca ninguna cosa había sino las dos tablas de piedra que allí había puesto Moisés", podría implicar que una vez hubo en el arca otras cosas tales como las que aquí se mencionan (ver el comentario respectivo).
Algunos han tratado de resolver esta aparente discrepancia haciendo que la frase "en la que" se refiera a "la parte del tabernáculo llamada el Lugar Santísimo" (Heb. 9: 3). Aunque es gramaticalmente posible, la sintaxis general no acepta tal relación. Además, el hecho de que las tablas del pacto estén incluidas en la lista de cosas que vienen después de "en la que", es un poderoso argumento para indicar que aquí se está haciendo referencia al arca y no al lugar santísimo.
Tablas del pacto.
Ver Exo. 25: 16; 32: 15-16; Deut. 9: 9, y com. de "del pacto".
5.
Querubines.
Para una descripción de los querubines, ver Exo. 25: 18-20.
De gloria.
Quizá se los llame así para hacer referencia a la gloria de Dios que se manifestaba en medio de ellos (Exo. 25: 22; Núm. 7: 8-9; 1 Sam. 4: 4; Sal. 80: 1).
Propiciatorio.
Gr. hilastLrion (ver com. Rom. 3: 25).
No se puede ahora hablar.
El autor no desea entrar en detalles pues su propósito no era tratar extensamente estos asuntos.
6.
Dispuestas.
Mejor "preparadas", "aparejadas". El tabernáculo había sido bien erigido y preparado.
Primera parte del tabernáculo.
Es decir, el primer compartimiento (ver com. vers. 2).
Entran.
El tiempo presente del verbo griego presenta esta acción como algo habitual (cf. com. vers. 9).
Para cumplir los oficios.
Parte del servicio era la ofrenda diaria de incienso en el lugar santo y el arreglo de las lámparas (Exo. 27: 20-21; 30: 7-8). Los panes de la proposición 466 eran colocados cada semana en orden sobre la mesa (Lev. 24: 5-9). Además, cada vez que el sacerdote ungido o toda la congregación pecaban, se sacrificaba un becerro, y el sacerdote tomaba de esa sangre y la llevaba dentro del primer compartimiento; metía su dedo en ella y la rociaba siete veces delante del velo, y también ponía algo de la sangre sobre los cuernos del altar del incienso aromático delante de Jehová (Lev. 4: 5-7, 16-18).
7.
En la segunda.
El sumo sacerdote era el único a quien se le permitía entrar en el segundo compartimiento una sola vez en el año: el día de la expiación (Lev. 16: 2, 24; 23: 27).
No sin sangre.
El sumo sacerdote entraba por primera vez en el lugar santísimo con la sangre de un becerro como ofrenda por el pecado por sí mismo y por su casa (Lev 16: 34, 11-14). Cuando entraba por segunda vez llevaba la sangre del macho cabrío de Jehová, con la cual eran limpiados tanto el santuario como el pueblo (Lev. 16: 15-17).
Por.
Gr. hupér, "a favor de", "a causa de", "con referencia a". En este contexto podría traducirse "para hacer expiación por" (ver Lev. 16: 30).
Pecados de ignorancia.
Gr. agnóema, "ignorancia", "error"; "pecado cometido por ignorancia" (cf. Lev. 4: 2, 13). No se puede admitir la idea de que no se había hecho provisión para el perdón de los pecados en el día de la expiación.
8.
Espíritu Santo.
El Espíritu es el intérprete divino de la verdad (ver com. Juan 14: 26).
A entender.
Cf. 1 Ped. 1: 11.
Lugar Santísimo.
Aquí el texto griego otra vez emplea la hágia (ver Nota Adicional del cap. 8), por el cual puede designarse tanto el santuario entero como una parte del mismo. El contexto aclara que la hágia (nominativo de ton hagíon) se refiere al "más amplio, y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos" (cap. 9:11); es decir, el santuario celestial (cf. vers. 24-25).
La interpretación de los traductores de la RVA, BC, BJ y NC se ciñe mejor al griego: "santuario". Pero también pueden haber pensado en el ciclo, donde fue Jesús (vers. 24), como el lugar más santo de todos, correspondiente al "Santísimo" del tabernáculo terrenal.
Primera parte del tabernáculo. Algunos sostienen que esta frase se refiere al primer compartimiento del santuario terrenal. Este punto de vista se basa en que en los vers. 2 y 6 se usa la misma frase para referirse al primer compartimiento del santuario. Como los vers. 6-8 están estrechamente relacionados, los que sostienen la opinión mencionada afirman que la fuerza y la lógica de este pasaje se debilitarían si se tradujera "primer tabernáculo" en el vers. 8, mientras se le da otro significado en los vers. 2 y 6. Otras traducciones de esta frase son: "primera Tienda" (BJ); "primer tabernáculo" (RVA, BA, NC y VM); "primera estancia" (BC).
Otros sostienen que "primer tabernáculo", tal como se usa aquí, se refiere a todo el tabernáculo mosaico en contraste con el tabernáculo celestial (cap. 8:2). Afirman que el propósito de Pablo es el de establecer un contraste entre los santuarios de los dos pactos (cap. 9: 1), y que el vers. 8 enseña que el servicio en el cielo no podía comenzar mientras no terminara el servicio terrenal.
Ambos puntos de vista concuerdan con la tesis de Pablo, de que el ministerio de Cristo como sumo sacerdote en el "más perfecto tabernáculo" (vers. 11) no podía comenzar mientras no terminara el servicio terrenal.
Estuviese en pie.
Mejor "esté aún en pie". El texto griego no denota necesariamente la permanencia del edificio como tal, sino que puede tener referencia a la validez de las funciones del edificio. En cuanto al sentido en que el "primer tabernáculo" todavía estaba en pie, ver como. vers. 9. La frase "estuviese en pie" puede significar: "ocupa su lugar establecido" o "retiene su condición legal divinamente señalada".
9.
Lo cual.
El texto griego aclara que el antecedente de "lo cual" es "primera parte del tabernáculo" o "primer tabernáculo". Por lo tanto, la interpretación del vers. 9 depende de la definición dada a "primera parte del tabernáculo" o "primer tabernáculo".
Símbolo.
Gr. parabole, "parábola" (ver t. V, pp. 193-194; cl t. 111, p. 1129).
Tiempo presente.
Pablo concede, quizá por razones de delicadeza, que el servicio en el santuario terrenal aún era eficaz, aunque en realidad Cristo, como el Mediador de un mejor pacto (cap. 8: 6), ya se había sentado a la diestra de la Majestad en los cielos (cap. 1: 3; 9:11-12). Todavía se celebraban servicios en el templo (cap. 8: 4), en los cuales evidentemente tomaban parte muchos de los cristianos de origen judío (ver HAp 153-154). 467 Esos conversos judíos poco a poco llegaron a comprender que los símbolos del sistema ceremonial se habían cumplido en Cristo, y que por lo tanto había terminado ese sistema. El concilio de Jerusalén había dispuesto que no se exigiera a los gentiles que se circuncidaran ni guardaran la ley de Moisés (ver Hech. 15; cf. HAp 153-163); pero no se registra que ese concilio hubiera legislado sobre algo para los cristianos de origen judío. Es evidente que se dejó que ellos decidieran, de acuerdo con su conciencia, el asunto de cumplir, a lo menos con ciertos ritos de la ley ceremonial (cf. como. Rom. 14: 1, 5). Por eso parece que el autor, como los servicios en el templo continuaban y muchos cristianos de origen judío mostraban respeto por los ritos y las ceremonias de la ley mosaica, se sintió en libertad para referirse al sistema como si aún hubiera estado en vigencia. Su propósito era mostrar que algo mejor ya había sido inaugurado.
Ofrendas y sacrificios.
Una expresión genérica que abarca las diversas ofrendas levíticas.
No pueden hacer perfecto.
El autor ya ha tratado de la insuficiencia del antiguo sistema (ver como. cap. 7: 18-19).
Conciencia.
Gr. sunéidesis (ver como. Rom. 2: 15). El adorador podía cumplir con todos los requisitos externos y sin embargo no sentir paz ni tener la seguridad de que había sido aceptado por Dios. Esa paz sólo podía encontrarla por medio de su fe personal en Cristo. Pero pocos obtenían esta elevadora experiencia. La mayoría de los judíos dependían del minucioso cumplimiento de una multitud de reglamentos para ser aceptados por Dios.
10.
Consiste.
Esta flexión verbal no está en el texto griego; pero se usa en concordancia con los tiempos presentes del vers. 9 y para unir o dar continuidad a ambos versículos.
Sólo.
Se destaca la naturaleza externa del sistema levítico.
Comidas y bebidas.
Una referencia a las diversas comidas de cereales y libaciones de la ley ceremonial judía (Exo. 29: 40-4l; Lev. 2: 1-15; 23: 13, 18, 37; Núm. 6: 15; etc.).
Diversas abluciones.
Ver Mar. 7: 3-4, 8; cf. Exo. 29: 4; Lev. 11:25; Núm. 8:7; etc. Algunas de las "abluciones" servían para enseñar higiene y limpieza personal, además de las aplicaciones espirituales que podrían haber tenido. Pero a las ordenanzas originales los judíos habían añadido muchas otras que Dios nunca ordenó. Esas "abluciones" fueron ordenadas para que desempeñaran un papel importante en la religión.
Y ordenanzas acerca de la carne.
La evidencia textual favorece (cf. p. 10) la omisión de la conjunción "y"; en esta forma "ordenanzas acerca de la carne" queda en aposición con "ofrendas y sacrificios" (vers. 9), o quizá también con "comidas... bebidas... [y] abluciones" (vers. 10). "Ordenanzas" es literalmente "reglamentos" (cf. como. vers. l). "Carnales" tiene aquí evidentemente el propósito de establecer un contraste con "espirituales". Los reglamentos carnales no pudieron proporcionar satisfacción espiritual. Su cumplimiento no hizo que los hombres fueran perfectos en cuanto a la conciencia (vers. 9).
Impuestas.
Gr. epíkeimai, literalmente "estar encima", "ser impuesto", "incumbir".
Tiempo de reformar.
Literalmente "tiempo de enderezamiento". De este modo se muestra claramente que el sistema levítico era transitorio. Sus ordenanzas preanunciaban la obra del Mesías y tenían el propósito de estar en vigencia hasta su venida. La transición del sistema antiguo al nuevo puede ser llamada aquí una "reforma" debido a que se abusó del sistema antiguo (ver como. Efe. 2: 15).
11.
Pero... Cristo.
Ahora se presenta la obra del sumo sacerdocio de Cristo para ser considerada, y se muestra que es inmensamente superior a los servicios que celebraban los sumos sacerdotes del santuario terrenal.
Estando ya presente.
Gr. paragínomai, "venir", "llegar", "estar presente", "aparecer". El tiempo verbal griego indica que la acción ocurrió en el pasado: "habiendo venido", o "habiendo aparecido". Aquí se presenta a Cristo en el momento en que es investido como sumo sacerdote del santuario celestial, cosa que ya había ocurrido.
Bienes venideros.
La evidencia textual se inclina (cf. p. 10) por el texto "bienes ya aparecidos. Ambas variantes tienen sentido lógico. Con la frase "bienes venideros" se reconocería que el período cuando Pablo escribió era un momento de transición, y que lo nuevo aún no había reemplazado completamente a lo antiguo. Esto era especialmente cierto en cuanto a los cristianos de origen judío (ver como. vers. 9). La traducción "bienes que han venido" tomaría en cuenta el hecho de que cuando Jesús fue investido como sumo sacerdote 468 en el cielo, también se habían hecho presentes los bienes del nuevo pacto.
Por.
Gr. diá, "a través de" (BJ, BA), "por medio del" (VM), "con". Esta preposición también tiene otros significados. El contexto debe determinar el significado preciso. El contexto no favorece aquí la idea de pasar a través de algo. Ciertos comentadores, apoyándose en esta idea, interpretan "tabernáculo" como los cielos inferiores a través de los cuales pasó Jesús en camino al cielo; pero aquí no hay razón suficiente para darle a "tabernáculo" un significado diferente al que se le da en el cap. 8:2 (ver el comentario respectivo). Además, los cielos inferiores son "de esta creación". Después de todo, la idea de pasar "a través de" es sólo uno de los varios significados de diá. La idea instrumental es muy común, y ese significado aquí -en el sentido de "empleando"- es completamente lógico dentro del contexto. Por esta razón el pasaje podría traducirse: "Pero Cristo, habiendo aparecido como sumo sacerdote de bienes venideros, empleando el más amplio y más perfecto tabernáculo,... entró una vez para siempre en el lugar [o 'lugares'] Santo(s)". Los sacerdotes llevaban a cabo sus servicios en el tabernáculo "hecho de manos"; pero Cristo cumple con los suyos en "el más amplio y perfecto tabernáculo".
Podría mencionarse además otro punto de vista. La mayoría de los llamados "padres de la iglesia", tanto griegos como latinos, sostenían que la palabra "tabernáculo" se refiere aquí al cuerpo de Cristo, o a su humanidad. Daban a diá un significado instrumental; enseñaban que fue por medio de la encarnación como Cristo fue preparado para su ministerio de sumo sacerdote. Este es un hecho que el autor ya ha destacado (ver com. cap. 5:7-9). Los que apoyan este punto de vista hacen notar que Jesús habló del templo de su cuerpo Juan 2: 2l) y que la palabra "habitó" en Juan 1: 14 literalmente es "moró en tienda" (Gr. skenáo, cuyo sustantivo correspondiente, skene, es la palabra que se traduce como "tabernáculo" en Heb. 9:11). También citan otros textos para mostrar que se hace referencia al cuerpo humano como a un "tabernáculo" (2 Cor. 5: 1, 4) o "templo" (1 Cor. 6: 19). La principal objeción a este punto de vista es que no parece concordar bien con el contexto. Introduce una definición de "tabernáculo" que altera el uso uniforme consistente que le da el autor a esta palabra, por lo menos hasta llegar a este punto. Por eso es más seguro atribuirle a "tabernáculo" una definición que ya se ha dado en el contexto, especialmente porque no se encuentra ninguna dificultad al interpretar el pasaje de esa manera.
Más amplio y más perfecto.
Ningún edificio terrenal puede representar la amplitud y la gloria del templo celestial donde mora Dios (ver PP 37 l).
Tabernáculo.
Ver com. cap. 8: 2; cf. cap. 9: 24.
No hecho de manos.
Es decir, no hecho con manos humanas. Los sumos sacerdotes terrenales actuaban en templos hechos de manos. Cristo, el gran Sumo Sacerdote, actúa en un tabernáculo muy superior que "levantó" el Señor (cap. 8: 2).
No de esta creación.
Quizá con el sentido de creación visible. "No de este mundo" (BJ). Cf. com. Rom. 8: 19.
12.
No por sangre de machos cabríos ni de becerros.
En cuanto a la parte que representaban los machos cabríos y los becerros en las ofrendas por el pecado en el día de la expiación, ver Lev. 16: 59, 11-16.
Su propia sangre.
Se confirma así la superioridad del ministerio de Cristo. Ya se ha demostrado que sobresale porque se lleva a cabo en un "más amplio y más perfecto tabernáculo" (vers. 11). Ahora se demuestra su superioridad porque la sangre necesaria para sus servicios era la del Hijo de Dios en contraste con la sangre de animales. En cuanto al significado de la sangre de Cristo, ver com. Rom. 3: 25.
Una vez.
Gr. efápax, "una vez por todas" o "para siempre" (cf. com. Rom. 6: 10). Cristo no necesita ofrecer repetidos sacrificios para continuar como sumo sacerdote en el santuario celestial (Heb. 9: 24-26).
El Lugar Santísimo.
Gr. ta hágia, "lo santo", "los lugares santos", "el santuario". Mejor es la traducción "santuario" (BJ, BC, NC, RVA). Ver Nota Adicional del cap. 8. El códice porfiriano (siglo IX) dice ta hágia ton hagíon, "santo de los santos", pero la evidencia textual establece (cf. p. 10) el texto ta hágia. Después de que Cristo hubo ofrecido "su propia sangre" en el Calvario y ascendido al cielo, entró "dentro del velo" (ver com. cap. 6: 19; cf. Nota Adicional del cap. 10).
Habiendo obtenido.
Una evidente referencia a la redención que se obtuvo en la cruz como se indica en los vers. 13-17. 469
Eterna.
En contraste con las disposiciones transitorias del sistema levítico.
Redención.
Gr. lútrosis, "rescate", "liberación", "redención". Esta palabra aparece en el NT sólo aquí y en Luc. 1: 68; 2: 38. La palabra afín lútron, "rescate", se halla en Mat. 20: 28 (ver el comentario respectivo); lutrotés, "libertador" o "redentor" se encuentra en Hech. 7: 35 (ver el comentario respectivo), y apolútrosis, que también significa "redención", en Rom. 3: 24 (ver el comentario respectivo).
13.
Sangre de los toros.
Ver com. vers. 12.
Cenizas de la becerra.
Acerca de la purificación efectuada por las cenizas de la becerra, ver com. Núm. 19.
Rociadas a los inmundos.
O "a los contaminados". Ver Núm. 19: 18.
Santifican.
Gr. hagiázo, "consagrar", "dedicar", "santificar", "purificar". Este verbo parece tener aquí el significado de "purificar como en Núm. 6: 11 en la LXX; en la RVR se traduce "santificará".
Purificación de la carne.
En contraste con la limpieza de las conciencias (vers. 14). Se destaca que los ritos levíticos eran externos. Proporcionaban pureza ceremonial, pero no un verdadero descanso espiritual del alma (ver com. cap. 3:1l). Cf. cap. 7: 11, 19.
14.
¿Cuánto más?
Se destaca la superioridad de la ofrenda de Cristo.
Sangre de Cristo.
En contraste con la sangre de animales (cf. com. vers. 12).
Mediante el Espíritu eterno.
El artículo no se encuentra en el texto griego lo cual sugiere, aunque no prueba, que no se está hablando del Espíritu Santo sino de la naturaleza divina de Cristo, que es eterna. Mientras aún se hallaba en su estado eterno, anterior a su vida terrenal, Cristo se ofreció para dar su vida por los seres humanos (Apoc. 13: 8).
A sí mismo.
Cristo se entregó a sí mismo como sacrificio voluntario. Tenía poder para dar su vida, y tenía poder para tomarla otra vez (Juan 10: 18).
Limpiará.
Gr. katharízo, "hacer limpio", "limpiar", "purificar". Compárese con el uso que tiene en Hech. 10: 15; 15: 9; 2 Cor. 7: 1; Efe. 5: 26; Tito 2: 14; Sant. 4: 8; 1 Juan 1:7, 9. El hecho de que el verbo esté en tiempo futuro sin duda tiene aplicación para aquellos a quienes fue escrita la epístola, quienes aún no habían participado plenamente de la experiencia que les aguardaba en el nuevo pacto (Heb. 8: 10-12; ver com. cap. 9: 9). Para muchos, el antiguo sistema sólo había reportado pureza ceremonial; el nuevo pacto les ofrecía limpieza total por medio de Jesús.
Conciencias.
Ver com. vers. 9.
Obras muertas.
Ver como. cap. 6: l.
Para que sirváis.
El objeto de la purificación es preparar para el servicio. Los hombres y las mujeres son redimidos para que sirvan. La limpieza no es un fin en sí misma, sino que prepara a los que son limpiados para que sirvan a Dios de tina manera aceptable (ver como. Rom. 12: l)
Dios vivo.
Título corriente de Dios tanto en el AT como en el NT (Deut. 5: 26; Jos. 3: 10; Heb. 3: 12; etc.). Aquí parece haberse utilizado en contraste con las "obras muertas". Los que sirven al Dios vivo producen frutos vivos para justicia.
15.
Por eso.
Es decir, debido a la eficacia de la sangre de Cristo para limpiar la conciencia.
Mediador de un nuevo pacto.
El autor ya ha presentado a Cristo como "mediador de un mejor pacto" (ver como. cap. 8: 6). En cuanto al nuevo pacto, ver com. cap. 8:812.
Interviniendo muerte.
Mejor "habiendo ocurrido muerte". Una referencia a la muerte en la cruz (cf com. cap. 2: 14).
Remisión.
Gr. apolútrosis (ver com. Rom. 3:24).
Bajo el primer pacto.
Ver com. cap. 7: 22; 9: 16. Durante el sistema de sacrificios se concedía el perdón de los pecados teniendo en cuenta la sangre del Cordero de Dios que sería derramada. La sangre de los animales no tenía intrínsecamente poder para perdonar los pecados. Su oficio era simbolizar la muerte de Cristo por los pecados del mundo. Si Jesús no hubiera dado su vida, el perdón que se ofrecía bajo el primer pacto no hubiera tenido ninguna validez.
Llamados.
Ver com. Rom. 8: 28, 30.
Reciban.
La recepción de la herencia dependía del sacrificio de Cristo. Si él no hubiese ofrecido su vida, habría sido vana la esperanza de los que estaban bajo el antiguo pacto.
Herencia.
Ver com. Gál. 3: 18.
16.
Testamento.
Gr. diatheke, palabra que puede significar "pacto", o "testamento" como se hace antes de morir (ver com. Heb. 7: 22; Gál. 3: 15). En Heb. 9: 15-18 se aplica este doble significado. La "herencia" mencionada en el vers. 15 quizá sugiera la idea de un testamento, y la frase "interviniendo 470 muerte", quizá recuerde que Cristo había muerto dejando una herencia, y que ésta nos había sido dejada en un testamento.
Es necesario.
Un testamento no tiene ninguna vigencia mientras viva el testador; éste debe morir para que entonces se haga efectivo.
17.
Pues no es válido.
Se destaca nuevamente el hecho bien conocido de que un testamento no tiene vigencia sino cuando muere el testador.
18.
Primer pacto.
El autor está hablando del pacto hecho con Israel en el Sinaí (ver com. cap. 8: 7).
Fue instituido.
Gr. egkainízó, "inaugurar", "dedicar". Esta palabra sólo aparece aquí y en el cap. 10: 20, donde el autor habla de un camino nuevo y vivo que fue abierto, o inaugurado.
19.
Habiendo anunciado Moisés.
En cuanto a lo que aquí se refiere, ver com. Exo. 24: 3-8.
Machos cabríos.
No son mencionados en Exo. 24: 3-8; allí sólo se especifican los animales ofrecidos como sacrificios de paz (Exo. 24: 5).
Agua, lana escarlata e hisopo.
Estas cosas no se mencionan en Exo. 24: 3-8. Su uso se menciona en otras ocasiones: Lev. 14 y Núm. 19. En el relato de Éxodo no hay nada que no admita los detalles que añade el autor de Hebreos.
Libro.
No se menciona en Exo. 24: 3-8 que el libro fuera rociado con sangre, pero eso bien podría haberse hecho en las ceremonias que allí se describen.
20.
Diciendo.
La redacción es aquí algo diferente a la de Exo. 24:8, pero el pensamiento general es el mismo (ver la Nota 2, al término de Mat. 3). Hay una notable similitud entre el lenguaje de Hebreos y el de Cristo cuando sirvió el vino al instituir la Cena del Señor (Mat. 26: 28).
21.
Roció también con la sangre.
Este detalle no se menciona en el relato del AT, donde sólo se refiere a la unción con aceite (Exo. 40: 9-1l). Josefo describe la consagración del tabernáculo, y habla de sangre rociada sobre el tabernáculo y sobre los utensilios pertenecientes a él (Antigüedades iii. 8.6). El autor de Hebreos confirma esta tradición.
22.
Casi todo.
Había ciertas excepciones. Algunas cosas eran limpiadas con fuego o agua, y no con sangre (Núm. 19; 31: 23-24).
Purificado.
Gr. katharízo (ver com. vers. 14).
Según la ley.
La ley de Moisés (cf com. cap. 7: 12, 19).
Sin derramamiento de sangre.
Cf. Lev. 17: 11. Pero en ciertas circunstancias podía haber expiación por los pecados con harina en lugar de sangre (Lev 5: 11-13). Pero como regia general el ritual levítico exigía derramamiento de sangre para la expiación.
Remisión.
Gr. áfesis, "perdón" (ver com. Mat. 26: 28). Casi siempre que se usa esta palabra en el NT es seguida por el sustantivo "pecados". Afesis aparece sólo aquí y en Mar. 3: 29 sin indicar qué es lo que se perdona; evidentemente la palabra tácita es "pecados". La gran verdad que enseñaba la prescripción de que era necesario el derramamiento de sangre para el perdón, era que la salvación de los seres humanos exigía en su debido momento la muerte del Hijo de Dios (cf. Mat. 26: 28). Cada sacrificio de animales anticipaba el supremo sacrificio del "Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1: 29).
23.
Pues.
Es decir, debido al principio general establecido en el vers. 22.
Figuras.
Gr. hupodeigma (ver com. cap. 8: 5). El tabernáculo del desierto y sus muebles eran una representación de las realidades celestiales que anticipaban la obra que haría nuestro gran Sumo Sacerdote por los pecadores.
Purificadas.
Gr. katharízo, "limpiar" (ver com. vers. 14).
Así.
Es decir, con las cosas mencionadas en los vers. 18-22.
Las cosas celestiales.
Gr. ta epouránia, "lo celestial", "las cosas celestiales". El autor está contrastando las cosas celestiales con las diversas cosas terrenales que ya ha mencionado. El término es genérico y podría referirse a cualquier cosa relacionada con el servicio celestial de Cristo. El énfasis del pasaje no se hace sobre el acto de limpiar sino sobre la necesidad de una limpieza por medio de un sacrificio mejor, a saber: la sangre de Cristo.
El cielo es un lugar de pureza, y por eso se ha discutido mucho entre los comentadores por qué alguna cosa celestial necesitaba ser limpiada y qué fue lo que purificó la sangre de Cristo. Algunos afirman que es completamente imposible comprender lo que quiso decir el autor; otros sugieren que la limpieza consistió en el apaciguamiento de la ira de Dios. Esta opinión debe rechazarse, pues revela una incomprensión de la naturaleza de 471 Dios y de la expiación (ver com. Rom. 5: 10).
La dificultad radica quizá en que se trata de llevar demasiado lejos la comparación del autor. La esencia de lo que ha dicho es clara: está mostrando que el sacrificio de Cristo fue infinitamente superior a los sacrificios de animales. La sangre de los becerros y los machos cabríos limpiaba (Heb. 9: 22) lo relacionado con el santuario terrenal, el santuario del antiguo pacto (vers. 1); pero la sangre de Cristo está íntimamente relacionada con el servicio en el "verdadero tabernáculo"(cap. 8: 2), el santuario del nuevo pacto (cap. 9: 11, 15). En el primer caso se lograba la pureza ceremonial; en el segundo, la moral (ver com. vers. 13-14).
Cristo se ha presentado "por nosotros ante Dios" (vers. 24). Vive "siempre para interceder " por nosotros (cap. 7: 25). La razón por la que necesitamos que alguien se presente delante de Dios por nosotros e interceda por nosotros, es porque hemos pecado. Cristo "se presentó... por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado" (cap. 9: 26). Ahora está ofreciendo la eficacia de su expiación en favor del pecador. El resultado de esto es la limpieza de la conciencia del pecador (vers. 14). La palabra que se traduce "limpiará", es una flexión del verbo katharízo, otra de cuyas flexiones se ha traducido "purificadas" (vers. 23). Cf. 1 Juan 1: 9, en donde katharízo se ha traducido como "limpiarnos". De modo que Jesús, como ministro del verdadero tabernáculo, presentándose ante Dios por nosotros e intercediendo por nosotros, está llevando a cabo una obra de limpieza, limpieza que se aplica a los pecados de todos los que se arrepienten.
Pero Cristo hace además una obra especial de limpieza del santuario celestial, que corresponde con el servicio que efectuaba el sumo sacerdote en el santuario terrenal en el día de la expiación (ver com. Lev. 16). El profeta Daniel habla de esta obra especial de Cristo: "Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado [katharízo, LXX]" (Dan. 8:14). Cuando se aplica el principio de un día por cada año, este período termina en 1844 d. C. (ver com. Dan. 8: 14). Cuando llegó ese año, hacía muchos siglos que había desaparecido el templo terrenal, construido según el modelo de las cosas celestiales; por lo tanto, esta referencia (Dan. 8: 14) debe corresponder con el santuario del nuevo pacto, el "verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre" (Heb. 8: 2). Ver com. Dan. 8: 14.
Mejores sacrificios.
Aquí se usa el plural para el único sacrificio de Cristo, quizá porque ese único sacrificio cumplió cada uno de los requisitos que simbolizaban los sacrificios del sistema antiguo.
24.
Santuario.
Gr. hágia (ver Nota Adicional del cap. 8). Aquí falta el artículo, pero el adjetivo neutro plural bien puede traducirse "santuario" o "lo santo".
Hecho de mano.
Ver com. vers. 11.
Figura.
Gr. antítupos, "copia", "figura", "imagen". "Antitipo" deriva de esta palabra, aunque usamos "antitipo" para expresar lo que es anunciado por el "tipo".* La palabra griega puede referirse tanto al original como a la copia. Este término griego aparece una vez más en el NT (1 Ped. 3: 2l).
El cielo mismo.
"El más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos" (vers. 11) se iguala aquí con "el cielo mismo". "Ningún edificio terrenal podría representar la grandeza y la gloria del templo celestial, la morada del Rey de reyes donde millares de millares le sirven y millones de millones están delante de él (Dan. 7: 10), de aquel templo lleno de la gloria del trono eterno, donde los serafines, sus guardianes resplandecientes, se cubren el rostro en su adoración" (PP 371).
Ahora.
El autor pone de relieve el pensamiento de que Cristo ya está ministrando como sumo sacerdote, y exhorta a sus lectores a que dejen de depender del antiguo sistema levítico y disfruten plenamente de las gloriosas prerrogativas que dispensa el nuevo pacto (cf. com. vers. 9).
Por nosotros.
O "en favor de nosotros"; intercede por nosotros (cap. 7: 25). "Si alguno hubiera pecado, abogado tenemos para con el Padre" (ver com. 1 Juan 2: l).
Ante Dios.
En contraste con el sumo sacerdote del santuario terrenal (ver com. vers. 8), que sólo podía llegar hasta delante de la manifestación de la Deidad en la gloria sobre el propiciatorio (ver com. Gén. 3: 24), y eso sólo una vez al año. 472
25.
Ofrecerse.
Cf. "su propia sangre" (ver com. vers. 12).
Muchas veces.
El ofrecimiento voluntario de Cristo y su entrada "en el ciclo mismo" (vers. 24) fueron actos únicos, consumados una sola vez.
Como entra el sumo sacerdote.
Ver com. vers. 7.
El Lugar Santísimo.
Gr. ta hágia (ver Nota Adicional del cap. 8). "Lugar Santísimo" es una interpretación probable, aunque el griego emplea el neutro plural, el cual puede referirse tanto al todo, como a una parte del santuario.
Sangre ajena.
O sangre no suya. Se presenta un contraste entre la entrada del sumo sacerdote con la de Jesús, quien entró "por su propia sangre" (vers. 12).
26.
De otra manera.
Es decir, si la ofrenda de Jesús sólo hubiera tenido una eficacia transitoria, como sucedía con las ofrendas del sum sacerdote terrenal.
Padecer muchas veces.
Su encarnación y muerte se hubieran tenido que repetir muchas veces.
En la consumación de los siglos.
Esta expresión se usa aquí como sinónimo de "estos postreros días" (cap. 1: 2), y debe entenderse de acuerdo con la explicación que se da para este pasaje.
Se presentó.
Es decir, su primer advenimiento.
Una vez para siempre.
Gr. hápax, "una vez por todas".
Sacrificio de sí mismo.
Ver com. vers. 14.
Para quitar de en medio el pecado.
Cristo vino para salvar "a su pueblo de sus pecados" (Mat. 1: 21). El era "el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1: 29). Ver Isa. 53:6; 1 Ped. 2:24; cf. Dan. 9:24; Heb. 9:23.
27.
Y de la manera.
Los vers. 27 y 28 son un paréntesis. El tema del vers. 26 se reanuda en el cap. 10: l.
Está establecido.
Gr apókeimai, "existir", estar guardado", "estar asegurado". Compárese con el uso que se le da en Luc. 19: 20; Col. 1: 5; 2 Tim. 4: 8. La mención de que Cristo murió una vez sugiere, sin duda, el pensamiento de que los hombres mueren una vez. Por causa del pecado de Adán, la muerte pasó a todos los hombres (Rom. 5: 12).
Mueran una sola vez.
Dios ha establecido que los hombres mueran una sola vez antes del juicio; pero esto no contradice la idea de que si el juicio los condena, tengan que morir otra vez (Apoc. 20: 15).
Después de esto el juicio.
La muerte no es el fin del hombre. Un día todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo (ver com. 2 Cor. 5: 10). Este hecho se menciona aquí aparentemente para mostrar un paralelo con la obra de Cristo, cuya primera venida no sería su última, pues vendrá "por segunda vez" (vers. 28).
28.
Fue ofrecido una sola vez.
La Biblia dice que Cristo se dio a sí mismo (Gál. 1: 4), o se ofreció a sí mismo (Heb. 9: 14), y que el Padre dio a su Hijo (Juan 3: 16); pero también dice que Cristo fue apresado, crucificado y muerto por manos impías (Hech. 2: 23).
Llevar los pecados.
Ver com. Heb. 9: 26; cf. com. 2 Cor. 5: 2l.
De muchos.
Literalmente "de los muchos"; "la multitud" (BJ); "de la muchedumbre" (BC), lo que equivale a "de todos" (NC; ver com. Rom. 5: 15).
Aparecerá.
Gr horáo; según el significado que aquí se le da, equivale a "hacerse visible", "aparecer". Compárese con el significado que tiene en Luc. 24: 34, Hech. 7: 2, 1 Tim. 3: 16.
Segunda vez.
Su encarnación fue su primera venida. Este es el único texto del NT en donde se usa el adjetivo "segunda" para referirse a la venida de Cristo en poder y gloria.
Sin relación con el pecado.
Un contraste con la frase "para llevar los pecados de muchos". En su primer advenimiento Cristo tomó sobre sí los pecados del mundo (cf. 1 Juan 2: 2); "por nosotros" fue hecho "pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él" (2 Cor 5: 21); pero la obra que vino a hacer en relación con el pecado, se completará antes de que vuelva por segunda vez.
Le esperan.
Gr. apekdéjomai, "esperar ávidamente" (ver com. Rom. 8: 19).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1 CS 465
1-5 CS 463
2-3 PE 251 473
3-5 PE 251
4-5 PE 32
8-12 DTG 138
9 CS 465; HR 394; PP 370; PR 505
12 COES 124; CS 473; DTG 705; 1JT 485
13-14 1JT 485; TM 98
14 HAp 451
19-20 PP 321
21 PP 370
22 CS 470; HR 52; PP 58
22-23 CS 470
23 PP 370; PR 505
23-24 CS 465; HR 395; PP 356
24 CS 473, 536; HAp 452; PP 371, 384
28 CS 361, 539; DTG 390; PP 436; 5T 15


CAPÍTULO 10
1 La inferioridad de los sacrificios de la ley ceremonial. 10 El sacrificio del cuerpo de Cristo ofrecido sólo una vez, 14 quitó para siempre los pecados. 19 Exhortación a mantener firmemente la fe con paciencia y acción de gracias.
1 PORQUE la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismo sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan.
2 De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado.
3 Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados.
4 porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.
5 Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo.
6 Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron.
7 Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad. Como en el rollo del libro está escrito de mí.
8 Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley),
9 y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último.
10 En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.
11 Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados;
12 pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios,
13 de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies;
14 porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.
15 Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho:
16 Este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor:
Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré,
17 añade:
Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones.
18 Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.
19 Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo,
20 por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne,
21 y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios,
22 acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.
23 Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, fiel 474 es el que prometió.
24 Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras;
25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.
26 Porque si pecaremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados,
27 sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.
28 El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente.
29 ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteara al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?
30 Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo.
31 ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!
32 Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos;
33 por una parte, ciertamente, con vituperios y tribulaciones fuisteis hechos espectáculo; y por otra, llegasteis a ser compañeros de los que estaban en una situación semejante.
34 Porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos.
35 No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón;
36 porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.
37 Porque aún un poquito, Y el que ha de venir vendrá, y no tardará.
38 Mas el justo vivirá por fe; Y si retrocediera, no agradará a mi alma.
39 Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.
1.
La ley.
Esta palabra se emplea aquí como en el cap. 7:11: para describir el sistema judío de leyes instituidas en el Sinaí casi equivalente a la expresión "aquel [pacto] primero", tal como el autor la usa (ver com. cap 8: 7). "Ley" o "primer pacto" equivalían al sistema levítico, en vigencia en los días del a partir del Sinaí.
Sombra.
Una sombra sólo proyecta lo contornos del original; por lo tanto, no debe esperarse una similitud demasiado estrecha entre la sombra y el objeto que la proyecta "Sombra" se usa aquí en contraste con "imagen" (éikon), que indica una representación mucho más precisa (ver com. 2 Cor. 4: 4 Apoc. 13: 14).
Bienes venideros.
Es decir, los que comenzarían con la venida de la realidad, o sea Cristo.
No la imagen misma.
"No la realidad" (BJ); "no la expresión real" (BC). Ver com "sombra".
Nunca.
Un intenso énfasis sobre la incapacidad de la "ley" para perfeccionar al ser humano.
Mismos sacrificios.
Si bien lo que aquí s afirma se aplica a los sacrificios diarios, e evidente que se refiere a los sacrificios del día de la expiación. La razón por la cual se destacan los sacrificios anuales es, según parece porque eran ofrecidos por el sumo sacerdote, y Jesús es presentado en Hebreos como el gran sumo sacerdote del nuevo y mejor pacto (cap. 8: 1; 9: 11). Cf. cap. 9: 25-26, donde se contrasta de nuevo la obra de Cristo con la del sumo sacerdote terrenal en el día de la expiación.
Continuamente.
Gr. eis to dienekés, "sin interrupción", "continuamente", "para siempre". Los comentadores están divididos e cuanto a si esta frase adverbial corresponde con la flexión verbal "ofrecen" o con la frase "hacer perfectos". La sintaxis sugiere "ofrecen sin interrupción"; pero al comparar es versículo con el 14, se puede preferir "hace perfectos para siempre", pues allí se dice que la única ofrenda de Cristo hizo perfecto "para siempre" (eis to dienekés) a los santificados. Los antiguos sacrificios tenían un valor temporal, servían para instruir; pero de por sí nunca tuvieron el propósito de perfeccionar a los que rendían culto. Era necesario repetirlos hasta el tiempo cuando llegara la realidad con el sacrificio único de Cristo, hecho "una vez para siempre". 475
Perfectos.
Ver com. cap. 7:18-19; 9: 9; 10: 14.
Los que se acercan.
O participaban en los servicios del día de la expiación.
2.
Cesarían de ofrecerse.
Habrían cesado si pudieran haber hecho lo que consumó el sacrificio de Cristo: perfeccionar "para siempre" (vers. 14). Cristo hizo frente al problema del pecado "una vez para siempre"; por lo tanto, no había necesidad de repetir su sacrificio (cf. cap. 9: 25-26).
Limpios una vez.
"Una vez purificados" (BJ). Esta limpieza no se efectuó hasta que Cristo "se ofreció a sí mismo" (cap. 9: 14). Fue entonces cuando hubo remisión para las transgresiones cometidas bajo el primer pacto (cap. 9: 15).
No tendrían ya más conciencia.
Cf. cap. 9: 9. Los que rendían culto en los tiempos del AT podían, en el mejor de los casos, anticipar el momento cuando se ofrecería el verdadero sacrificio por el pecado. Sin esa fe su culto era muerto, sólo apariencia.
3.
Se hace memoria.
Los sacrificios que se ofrecían año tras año recordaban constantemente el hecho de que el verdadero sacrificio por los pecados aún no se había ofrecido.
4.
No puede.
Ya se ha destacado la incapacidad de la sangre de los animales para quitar los pecados (cap. 9: 9-14).
5.
Entrando en el mundo.
O sea en la encarnación. Se presenta a Cristo como si estuviera pronunciando las palabras del Sal. 40: 6-8 en el momento de su entrada en el mundo. Aquí está claramente implícita la preexistencia de Cristo.
Sacrificio y ofrenda.
La afirmación de que Dios no quería "sacrificio y ofrenda" sin duda se refiere a la presentación de esos sacrificios sólo para cumplir con un requisito ritual, sin verdadera consagración del corazón. Fue Cristo quien instituyó el sistema de sacrificios. Si se hubiera cumplido debidamente habría sido una bendición para los adoradores sinceros, porque Dios no siente agrado con los sacrificios de los adoradores descuidados (cf 1 Sam. 15: 22; Ose. 6: 6).
Me preparaste cuerpo.
Así traduce la LXX. En cuanto al texto hebreo y su significado, ver com. Sal. 40: 6. El autor de Hebreos sin duda conocía ambos textos, y eligió el de la LXX. La redacción de la LXX destaca una verdad muy significativa, y el uso de ese texto refuerza la verdad que se enseñaba, lo cual no necesariamente respalda que esa traducción sea una versión totalmente fiel al texto hebreo.
Con referencia al significado que el autor da a "cuerpo", ver com. vers. 10.
6.
No te agradaron.
Ver com. vers. 5. El adorador no sincero creía que Dios se agradaba mucho con sus sacrificios formales, externos.
7.
Vengo.
Mejor "he venido". La palabra parece expresar una respuesta inmediata a una situación que exigía remedio.
Para hacer tu voluntad.
En el contexto original estas palabras describían obediencia moral a la voluntad de Dios. El autor de Hebreos las usa para mostrar que el sacrificio de Cristo había cumplido con la voluntad de Dios al proporcionar una expiación aceptable, expiación que los sacrificios de animales no habían podido proporcionar. Continúa ampliando este Punto.
Rollo.
Ver com. Sal. 40: 7.
8.
Primero.
O "más arriba". Se hace referencia a los vers. 5 y 6, ya citados. La mayor parte de esos versículos se repite en los vers. 8 y 9.
Sacrificio y ofrenda.
Ver com. vers. 5 y 6.
Según la ley.
En cuanto a esta ley ver com. vers. 1.
9.
Para hacer tu voluntad.
Ver com. vers. 7.
Quita lo primero.
El autor primero citó Sal. 40: 5-7, después repitió la parte más importante para el propósito que buscaba (vers. 8 y 9), y ahora hace su aplicación. Usa este pasaje para probar que el antiguo sistema había caducado cuando Cristo vino para hacer la voluntad de Dios, más específicamente, para ofrecer el sacrificio eficaz. Afirma que lo antiguo ha caducado, diciendo que Dios no se complacía en los sacrificios ofrecidos según la ley; destaca el establecimiento de lo nuevo, afirmando que Cristo hizo la voluntad de Dios al proporcionar el verdadero sacrificio. Cf. com. cap. 8: 13. El hecho de que el sistema antiguo fuera obsoleto era un punto difícil de aceptar por parte de los cristianos de origen judío. El autor de Hebreos está tratando de probarles que esto estaba predicho en el AT, las Escrituras que eran consideradas como sagradas por los que vivían bajo el antiguo sistema.
10.
En esa voluntad.
Quizá significa que al cumplirse esa voluntad mediante el perfecto sacrificio de Cristo, somos santificados, o que en esa voluntad que entregó a Jesús como sacrificio por los hombres, está incluida nuestra 476 santificación (cf. 1 Tes. 4: 3).
Somos santificados.
O "hemos sido santificados". El texto griego insinúa el pensamiento de que fuimos santificados y ahora permanecemos en estado de santificación. La santificación se contempla aquí no desde el aspecto de un proceso continuo (para lo cual, ver com. Rom. 6: 19), sino en términos de un cambio radical del pecado a la santidad y como una continuación en ese estado. Este significado se encuentra en otras partes. Dirigiéndose a los creyentes corintios, Pablo les habla, por ejemplo, como "a los santificados en Cristo Jesús" (ver com. 1 Cor. 1: 2); también les recuerda que "ya" han "sido santificados" (1 Cor. 6: 11).
Ofrenda del cuerpo.
Aquí se halla la aplicación que le da el autor a la declaración "amas me preparaste cuerpo" (ver com. vers. 5). Cristo tomó un cuerpo humano, cuerpo que fue ofrecido (cf. com. cap. 2: 14); y por medio de la ofrenda de ese cuerpo los hombres obtuvieron la santificación. Jesucristo "nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención (1 Cor. 1: 30).
Una vez para siempre.
No era ni es necesario que se repita el sacrificio de Cristo, pues proveyó la verdadera limpieza del pecado (cap. 9: 14). No fue sólo una "sombra" como lo eran los sacrificios de la "ley".
11.
Está.
"Está en pie" (BJ); "de pie" (BA). En esta expresión parece recalcarse una tarea inconclusa; pero Cristo, por contraste, "se ha sentado" (vers. 12), lo cual significa que su obra -en lo que atañe a su sacrificio había sido completada. La naturaleza continua de los sacrificios sacerdotales se destaca aún más con las frases "día tras día" y "muchas veces".
Quitar.
Ver com. vers. 4.
12.
Para siempre.
Gr. eis to dienekés (ver com. vers. l). Aquí la traducción "para siempre" parece ser más apropiada. Los beneficios de ese único sacrificio fueron de valor permanente.
Un Solo sacrificio.
En contraste con los muchos ofrecidos por los sacerdotes terrenales (vers. 11).
Se ha sentado.
Es decir, completó su tarea (ver com. vers. 11)
Diestra de Dios.
Ver com. cap. 1: 3.
13.
De ahí en adelante.
Gr. to loipón, "de ahora en más", "de aquí en adelante", "en el futuro".
Esperando.
Ahora se presenta a Cristo como en espera del momento del triunfo final sobre todos sus enemigos.
Hasta que sus enemigos.
Alusión a Sal. 110: 1 (ver com. Heb. l: 13; cf. com. 1 Cor. 15: 24-28).
14.
Una sola ofrenda.
Este pensamiento se destaca repetidas veces (ver com. vers. 10, 12).
Perfectos.
El sacrificio único de Cristo logró lo que no era posible por los continuos sacrificios de los sacerdotes, pues no podían purificar la conciencia (ver com. cap. 9: 9, 14; 10: 2). Cuando el pecador acepta por fe los beneficios de ese único sacrificio, es acepto en el Amado, es considerado como perfecto porque Cristo, su sustituto, ocupa su lugar (ver com. Rom. 5: l; cf. CC 62).
Para siempre.
Gr. eis to dienekés (ver com. vers. 1). No significa que el hombre una vez que ha sido salvo ya no puede caer de la gracia, pues el autor de Hebreos ya ha negado semejante razonamiento (ver com. cap. 6: 46). El énfasis radica en la eficacia continua del sacrificio único de Cristo (cf. com. cap. 10: 10, 12).
Los santificados.
La forma del participio griego que aquí se usa es diferente de la que se traduce "santificados" en el vers. 10 (ver el comentario respectivo). El significado es "los que están siendo santificados", sin embargo, esta forma no implica necesariamente que el autor esté hablando ahora de la santificación como un proceso continuo. Es improbable que hubiera usado la misma palabra con un significado tan diferente en una relación textual tan estrecha. "Siendo santificados" se usa aquí probablemente para describir la afluencia continua de nuevos creyentes dentro de la iglesia cristiana.
15.
Espíritu Santo.
El testimonio de las Escrituras se presenta como el testimonio del Espíritu Santo (ver com. 2 Ped. 1: 2l).
Después de haber dicho.
En este pasaje se pone énfasis en el perdón de los pecados (vers. 17-18). El vers. 16 sencillamente sirve de introducción para mostrar que el nuevo pacto es el que proporciona ese glorioso beneficio.
16.
Este es el pacto.
Ver com. cap. 8: 10. La redacción es diferente a la del cap . 8: 10. El autor quizá cita de memoria el pasaje, o sencillamente puede haber elegido los puntos más resaltantes de la profecía de Jeremías, que son suficientes para el propósito que 477 ahora está persiguiendo,
17.
Nunca más me acordaré.
Ver com. cap. 8: 12. Los pecados podían ser olvidados ahora, pues se había ofrecido el supremo sacrificio expiatorio, lo cual no había sucedido bajo el antiguo pacto (ver com. cap. 10: 2).
18.
Remisión.
Gr. áfesis (ver com. cap. 9: 22).
No hay más ofrenda.
Ver com. vers. 1-2.
19.
Así que... teniendo. Aquí comienza una nueva sección. El autor resume brevemente sus conclusiones, a saber: que por medio de Jesucristo tenemos acceso directo a Dios, y deduce lecciones prácticas para los cristianos de origen judío. Esta sección práctica continúa hasta el fin de la epístola.
Hermanos.
Ver com. cap. 3: l. Esta es la segunda vez que aparece esta manera familiar de hablar (ver cap. 3:12).
Libertad.
Gr. parresía, "franqueza", "claridad para hablar", "valor", "confianza", "osadía", "intrepidez".
Para entrar.
Bajo el antiguo pacto esto era privilegio exclusivo del sumo sacerdote, y sólo una vez al año (cap. 9: 7, 25). Ahora cada creyente tiene libre acceso.
El Lugar Santísimo.
Aquí se emplea nuevamente la frase ta hágia, "los lugares santos", nominación que se aplica al santuario celestial (ver Nota Adicional del cap. 8).
Por la sangre de Jesucristo.
No como el sumo sacerdote terrenal, con la sangre de animales que no podía quitar los pecados (vers. 4), sino por la sangre del sacrificio eficaz de Cristo, hecho "una vez para siempre".
20.
Nuevo.
Era nuevo en el sentido de que no había existido antes. El antiguo pacto no tenía ese "camino". Y también es nuevo porque siempre es original, siempre es eficaz.
Vivo.
Cristo vive "siempre para interceder por" nosotros (cap. 7: 25). El camino nuevo se centra en una persona que vive eternamente. es "el camino, la verdad, y la vida" (Juan 14: 6). Está en agudo contraste con los sacrificios muertos que se ofrecían bajo el antiguo acto.
Nos abrió.
Gr. egkainízó, "inaugurar", "dedicar". Este camino fue inaugurado por la muerte de Cristo.
Velo.
Gr. katapétasma (ver com. cap. 6: 19). Los antiguos comentadores generalmente tendían que este velo representa el medio entrada; es decir, la puerta por la cual se lega a la presencia divina. Pero este "velo" parece usarse aquí con el sentido de algo que oculta la presencia divina. Esta interpretación parece concordar con el simbolismo del momento de velo del cap. 6: 19, y también con el significado de la rasgadura del velo en el la muerte de Cristo (ver com. Mat. 27: 51). Esa rasgadura no sólo significó que el sistema de sacrificios había llegado a su fin, sino también que "había sido preparado para todos un camino nuevo y viviente" (DTG 705).
Esto es, de su carne.
"Carne" se refiere a la humanidad de Jesús (cf. cap. 5:7). El término abarca todo lo que estuvo implicado en el primer advenimiento de Cristo a esta tierra, incluso su muerte expiatorio.
La pregunta que debe responderse es ésta: ¿"Carne" se halla en aposición con "velo" o con "camino"? Gramaticalmente cualquiera de los dos casos es posible en el texto griego, aunque el segundo parece ser más natural; sin embargo, la interpretación del pasaje es más sencilla con la primera relación' Las opiniones de los comentadores están divididas en cuanto a esto. Si "carne" está en aposición con "camino", entonces la encarnación, la vida y la muerte de Cristo se presentan como el camino a través del velo hasta la presencia de Dios. En este caso el vers. 20 es sencillamente una ampliación del vers. 19, en donde se presenta "la sangre de Jesucristo" como el medio por el cual tenemos entrada al santuario celestial.
Si "carne" está en aposición con "velo", entonces significa que Cristo hizo posible nuestra entrada en el santuario celestial cuando pasó por la experiencia de la encarnación (vers. 19). No hay problema con esta interpretación si no se la fuerza demasiado. Deben evitarse comparaciones más detalladas entre "carne" y "velo"; por ejemplo, que Cristo después de pasar por la humanidad ya no posee más su naturaleza humana (ver com. Juan 1: 14), o que la humanidad de Cristo actuó en uno u otro sentido como una barrera que impide a los hombres llegar a Dios.
Cualquiera que sea el significado específico de este texto, el significado general es claro. La mayoría de las dificultades de este pasaje se producen cuando se lee en él más de lo que quiso decir el autor.
Es bueno notar que éste es uno de los varios pasajes donde el autor de Hebreos recalca que, mediante Cristo Jesús, el hombre tiene acceso directo a Dios. Este parece ser el pensamiento central de todo el mensaje del 478 libro de Hebreos. Debido al sacrifico de Cristo en favor de nosotros, ya no existe un velo entre nosotros y nuestro Dios. Nuestra esperanza "penetra hasta dentro del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor" (cap. 6: 19-20). "No entro Cristo en el santuario hecho de mano..., sino en el cielo mismo para presentarte ahora por nosotros ante Dios" (cap. 9: 24). El autor de Hebreos procura establecer la superioridad del ministerio celestial de nuestro Señor sobre el ministerio celestial de nuestro Señor sobre el ministerio terrenal cumplido por sacerdotes terrenales. Y como una de las mejores pruebas cita el glorioso hecho de que no hay un velo o barrera entre nosotros y nuestro Dios. Ver la Nota Adicional al fin del capítulo; com. Éxodo 25: 9; Dan. 8: 14.
21.
Un gran sacerdote.
El autor reafirma el tema del libro de Hebreos: el sacerdocio de Cristo en el santuario celestial (ver p. 404). Ver com. cap. 2: 17; 4: 14.
Casa de Dios.
Es decir, la iglesia (ver com. cap. 3: 3-6).
22.
Acerquémonos.
No es suficiente creer en Cristo y en su ministerio sacerdotal en los atrios celestiales. El creyente sincero tiene que hacer uso de las facilidades que el cielo ha proporcionado tan bondadosamente y por medio de las cuales puede "alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" (ver. com. cap. 4: 16). "Acercarse" equivale a íntima comunión y participación.
Corazón sincero.
Esta es la primera de cuatro condiciones que se presentan, y que deberán cumplir quienes se beneficien con los méritos de nuestro gran Sumo Sacerdote. El que se acerca con "corazón sincero" lo hace sin fingimiento, sin hipocresía ni reservas de ninguna clase. Compárese con el íntegro corazón" de Isa. 38: 3.
Plena certidumbre.
Los que se acercan deben hacerlo con una fe firme en el poder de Cristo para limpiar el alma de pecado e impartir gracia para vivir a salvo del pecado. La duda y la incredulidad privan a una persona de la capacidad de valerse a de los méritos redentores de Cristo. La importancia de la fe para una experiencia cristiana viva constituye el tema que va del cap. 10: 38 a 11: 40.
Fe.
Gr. pístis (ver com. cap. 11: 1).
Purificados los corazones.
El acto de rociar a las personas y a sus vecinos era antiguamente un símbolo de consagración a un servicio sagrado (cf. Lev. 8: 30; etc.). El pacto antiguo fue ratificado, o confirmado, rociando sangre (Heb. 9: 19.). Asimismo el que se acerca a Cristo aceptará de todo corazón las estipulaciones del nuevo pacto y se consagrará a la nueva forma de vida que proporciona ese pacto.
Mala conciencia.
O sea el "viejo hombre" de Rom. 6: 6; Efe. 4: 22; Col. 3: 9. Un corazón nuevo ha reemplazado al viejo, y se han abandonado los deseos carnales que antes motivaban la vida. Predominan la mente y el amor de Cristo (ver com. 2 Cor. 5: 14; Fil. 2: 5).
Lavados los cuerpos.
Una evidencia externa que da testimonio de la transformación interna que se ha efectuado. El rito del bautismo proclama delante de todos la intención de cada candidato de participar de los privilegios que siguen a la conversión y de aceptar sus responsabilidades. Acerca del significado del rito del bautismo, ver com. Rom. 6: 3-6.
Agua pura.
El agua es un factor de suma importancia y valioso para la limpieza en general, y es un símbolo adecuado de la eliminación de los pecados de la vida.
23.
Mantengamos firme.
Cristo y los escritores del NT destacan vez tras vez la importancia de la paciencia y la perseverancia (ver Mat. 10: 22; 24: 13; Col. 1: 23; etc.). Hay peligro de que los que han entrado en la nueva vida en Cristo lleguen a cansarse "de hacer bien" (Gál. 6: 9), que dejen de aferrarse de las verdades eternas de la Palabra de Dios. Ver com. Heb. 3: 6.
Sin fluctuar.
"Fluctuar" es lo opuesto a mantener firme (ver com. Mat. 24: 13; cf. Heb. 4: 14; 10: 35-36). Como resultado de "fluctuar" en Cades-barnea, la generación de israelitas que salió de Egipto no pudo entrar en la tierra prometida. Su fluctuación fue el resultado de la falta de fe (ver com. Heb. 3: 12, 18-19; 11: 1).
Profesión.
Ver com. cap. 3: 1.
Nuestra esperanza.
La esperanza de salvación mediante Cristo (ver com. Tito 2: 13; cf. Heb. 3: 6; 6: 11, 18-19).
Fiel.
Dios es fiel en cumplir sus promesas: de liberación de Egipto y de entrar en Canaán, de liberación del poder del pecado y de entrar en las bendiciones del poder del pecado y de entrar en las bendiciones de la salvación en Cristo Jesús. Puesto que Dios es fiel y no fluctúa en el cumplimiento de sus promesas, debemos ser fieles y no "fluctuar" o vacilar en aceptarlas. Se destaca la fidelidad de Cristo como nuestro gran sumo sacerdote en cap. 3: 2, 5-6. 479
El que prometió.
El autor está pensando sin duda en las promesas hechas a Abraham y a sus descendientes en cuanto a la tierra de Canaán (ver com. Gén. 15: 18; Heb. 4: 1); pero en su mente predomina la promesa de salvación mediante Jesucristo (cf. Juan 3: 16; ver com. Mat. 1: 21).
24.
Consideremos.
Este versículo podría también traducirse: "Consideremos cómo animarnos unos a otros al amor y las buenas obras". En lugar de hacer y decir cosas que hagan más difícil que otros se mantengan firmes "sin fluctuar (ver. 23), el verdadero cristiano procurará activamente animar a otros en el amor y las buenas obras. Esta es una aplicación del gran principio del amor hacia el prójimo, que se refleja en la segunda tabla del Decálogo (ver com. Mat. 5: 43-44; 22: 39). El sincero interés por el bienestar temporal y eterno de otros, es la medida por la cual el cielo determina la sinceridad del amor que el hombre profesa por Dios (ver com. 1 Juan 2: 9-11; 3: 10, 14).
Amor
Ver com. Mat. 5: 43-44.
Buenas obras.
Es decir, el amor en acción, el amor expresado en actos de bondad y de misericordia. Animamos a otros a que sean bondadosos y considerados si nosotros somos considerados y bondadosos. Este ejemplo es irresistible. Ver com. Sant. 1: 27; 2: 18.
25.
No dejando.
O "no descuidando".
De congregarnos.
El autor aquí se refiere a las reuniones de los cristianos con el propósito de rendir culto y para animarse mutuamente se celebraban en los hogares de los creyentes (ver t. VI. p. 48).
Algunos tienen por costumbre.
Es evidente que algunos descuidaban la comunión con sus hermanos en las reuniones de culto y devoción, lo cual los perjudicaba. Su manera de obrar descuidaba el consejo del vers. 24 de animar a los creyentes "al amor y las buenas obras". Debido a la tensa situación política que había cuando se escribió Hebreos, algunos podían haberse ausentado por el temor de incurrir en el desagrado de las autoridades civiles y quizá de ser castigados. Otros se ausentaban de los servicios religiosos por descuido e indiferencia (ver los vers. 26 y 27).
Exhortándonos.
O "animándonos". Las palabras de exhortación animan a otros a mantenerse firmes y a que su fe permanezca "sin fluctuar" (vers. 23). Los que están firmemente establecidos en la fe nunca deben olvidar que algunos de sus hermanos en la fe pueden estar pasando por momentos de duda y desánimo. "Saber hablar palabras al cansado" (Isa. 50: 4), podría ser el medio, en la providencia de Dios, para hacer volver a un "pecador del error de su camino", para salvar "de la muerte un alma" y para cubrir "multitud de pecados" (Sant. 5: 20).
Tanto más.
A medida que aumentaran las tribulaciones, dificultades y persecuciones, la exhortación y el ánimo mutuos proporcionarían un beneficio aún mayor. El peligro que amenazara la seguridad personal, que podría presentarse al asistir a los cultos públicos, serían ampliamente superado por el valor y la fortaleza que infundiría la comunión cristiana.
Aquel día.
Una referencia al día "de juicio, y de hervor de fuego" (ver. 27), el día cuando "el que ha de venir vendrá, y no tardará" (ver. 37). La expresión "veis que aquel día se acerca sin duda se refiere a la admonición de nuestro Señor en respuesta a la pregunta de los discípulos: "¿Cuáles serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del mundo?" (Mat. 24: 3). La pregunta de los discípulos y la respuesta de nuestro Señor abarca tanto la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C. (ver pp. 403-404), es posible que el autor también estuviera anticipado los funestos acontecimientos de este año; pero, como es evidente por el contexto (ver especialmente Heb. 10: 27, 37), en primer lugar está pensando en la segunda venida de Cristo (ver la Nota Adicional de Rom. 13).
26.
Porque si.
En los vers. 26-31 el autor explica más plenamente la naturaleza de la fluctuación del vers. 23 y el estado mental de los que menciona en el vers. 23 y el estado mental de los que menciona en el vers. 25, quienes eran negligentes en asistir a las reuniones establecidas para los creyentes.
Pecáremos voluntariamente.
La flexión del verbo griego que se usa indica continuar pecando voluntariamente. "Si continuamos pecando deliberadamente" (BA). Como es evidente en el contexto (ver vers. 29), no se está haciendo referencia a hechos pecaminosos aislados, cometidos con pleno conocimiento de su detestable carácter, sino a la actitud mental que prevalece cuando una persona deliberadamente renuncia a Cristo, 480 rechaza la salvación y desprecia al Espíritu Santo. Este es un pecado deliberado, persistente y desafiante: es una reversión voluntaria de la decisión anterior de aceptar la salvación en Cristo y de entregarle el corazón y la vida, una apostasía premeditada que conduce al pecado imperdonable (ver com. Mat. 12: 31-32), un estado continuo de rebeldía contra Dios.
Después de.
Todos los pecadores están en realidad en estado de rebeldía contra Dios (ver com. Rom. 8: 7); pero, como Pablo lo explicó a los atenienses, Dios tiene en cuenta su ignorancia hasta que reciben el conocimiento de la verdad (Hech. 17: 30). Dios no hace responsables a los hombres por las tinieblas en que viven antes de que la luz brille en sus corazones (ver Juan 15: 22; cf. Eze. 3:18- 21; 18: 2-32; 33: 12-20; Luc. 23: 34; 1 Tim. l: 13). Dios ama a los pecadores, y por esto envió a su Hijo para salvarlos (ver com. Juan 1: 45, 9-12; 3: 16; cf. Mat. 9: 13). Pero cuando llega la luz y los hombres prefieren las tinieblas, se condenan a sí mismos delante de Dios (Juan 3: 19), "y no queda más sacrificio por los [sus] pecados" (Heb. 10: 26; cf. Sant. 4: 17).
Conocimiento.
Gr. epígnosis, "pleno conocimiento" (BJ). Las personas aquí incluidas están plenamente conscientes de los resultados de la conducta que han elegido.
Verdad.
La "verdad" acerca del amor del Padre por los pecadores, como se revela en el plan de salvación y en la dádiva de su Hijo (cf cap. 2:1-3).
No queda más sacrificio.
La ley mosaica dictaminaba pena de muerte -no sacrificios para los renegados persistentes (ver com. vers. 28) como lo fueron Nadab y Abiú (Lev. 10: 1-5), Coré, Datán y Abiram y sus 250 seguidores (Núm. 16: 1-35). El Señor no hubiera aceptado sacrificios por o a favor de esas personas pues los sacrificios sólo tenían valor si representaban corazones arrepentidos.
27.
Horrenda expectación.
"Una terrible expectación".
Juicio.
Gr. krísis, "juicio", con el sentido de la ejecución de la sentencia, en este caso la sentencia final, como es evidente por la expresión adicional "hervor de fuego" (ver com. Hech. 17: 3l; Heb. 9: 27).
Hervor de fuego.
O "furia del fuego" (BJ); es decir, el fuego del último día (2 Ped. 3: 7, 10-12; Apoc. 20: 9-15). Se hace referencia a la intensidad del fuego, no a la actitud divina que halla expresión en el fuego (ver com. Rom. l: 18).
Devorar.
O "acabar", "consumir".
Los adversarios.
Los pecadores deliberados y obstinados del vers. 26.
28.
Viola.Gr. athetéÇ, "negarse a reconocer", "rechazar", "anular". Los que "desechaban" la ley de Moisés lo hacían actuando en abierta violación de sus preceptos. Despreciaban la autoridad de la ley y desafiaban la jurisdicción que tenía sobre ellos.
Ley de Moisés.
Se hace referencia a todo el código legal promulgado por Moisés bajo la dirección divina, particularmente como se registra en el libro de Deuteronomio (cap. 31: 24-26).
De dos o de tres testigos.
En el caso de un crimen grave, por ejemplo, un asesinato, Moisés estipulaba que debían concordar por lo menos dos testigos en cuanto a los detalles esenciales, antes de que pudiera pronunciarse un veredicto de culpabilidad (Debut. 17: 6; cf. com. Mat. 26: 60; ver t. V, p. 527). Esta estipulación misericordioso y sabia tenía el propósito de desalentar falsas acusaciones, y de asegurar que hubiera justicia. Este mismo principio es válido en la actualidad.
Muere irremisiblemente.
No había posibilidad de apelación. No había una corte superior que extendiera misericordia. No había escapatoria para el castigo que prescribía la ley. Los apóstatas reconocidos como tales, debían morir para que su influencia no se propagara a otros.
29.
Mayor castigo.
O "más severa retribución". La muerte era el castigo más severo posible bajo la ley de Moisés. Privaba a la persona de la vida. Pero el "hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios" del Señor (vers. 27) en el último día, privará a los desobedientes de la vida eterna. Habrá una resurrección luego de la primera muerte, pero no después de la segunda y, por lo tanto, la segunda muerte será un "mayor castigo".
¿Pensáis ... ?
La verdad que aquí se expone es mucho más enfática, pues se presenta en forma de pregunta.
Merecerá.
La decisión del castigo depende del gran juez del universo.
Pisoteare.
Es decir, un desprecio deliberado (cf. Mat. 7: 6). Estas personas no sólo rechazan la oferta de misericordia de Cristo, sino que no escatiman esfuerzos para hacer saber que menosprecian el ofrecimiento de Cristo. 481
Hijo de Dios.
Ver com. Luc. 1: 35.
Tuviere por.
Es decir, considerase.
Inmunda.
Literalmente "común". El que rechaza el amor de Dios no aprecia el valor supremo de ese don. Su proceder está en agudo contraste con el del mercader de buenas perlas (ver Mat. 13: 45-46) y el del hombre que descubrió un tesoro escondido en el campo (vers. 44).
Sangre del pacto.
Es decir, la sangre de Cristo, por la cual se hacen efectivas las estipulaciones del nuevo pacto (ver cap. 9: 11 26).
Fue santificado.
Este apóstata profesó una vez aceptar la salvación por medio de la gracia expiatorio de Cristo, que apreciaba lo que ahora desprecia; de esa manera dio un testimonio inconsciente de que su proceder actual no se debe a su ignorancia.
Hiciere afrenta.
Gr. enubrízo, "insultar", "ultrajar". El rechazo persistente a las insinuaciones del Espíritu Santo refleja un desprecio por ellas. Acerca de las diversas formas en que los hombres pueden afrentar al Espíritu Santo y cometer el pecado imperdonable, ver com. Mat. 12: 31-32; Efe. 4: 30.
Espíritu de gracia.
El Espíritu es el instrumento mediante el cual la gracia de Cristo es aplicada a cada pecador arrepentido.
30.
Venganza.
La cita es de Debut. 32: 35. Ver com. Rom. 12: 19.
Yo daré el pago.
El Señor "pagará a cada uno conforme a sus obras (Rom. 2: 5-10; cf. Apoc. 22: 12). En el gran día del juicio final, los que hayan despreciado la misericordia de Dios y afrentado a su Espíritu, no podrán esperar misericordia. Recibirán plenamente su merecido.
Juzgará.
Cita de Debut. 32: 36 que repite el pensamiento del vers. 35.
31.
Horrenda cosa.
Es espantoso imaginarse el terror que sobrecogerá a los pecadores cuando comparezcan ante la presencia del Dios justo (cf. Apoc. 6: 14-17). ¡Cuánto más espantoso será pasar por esa experiencia!
Caer en manos.
Muchos olvidan que aunque Dios es, sin duda alguna, "misericordioso y piadoso,... de ningún modo tendrá por inocente al malvado" (Exo. 34: 67). Los que desprecian la misericordia de Dios nunca deben olvidar que "todo lo que el hombre sembrare, eso también segará" (Gál. 6: 7).
Del Dios vivo.
¡Dios vive! Sus advertencias de castigo no deben ser tomadas como puras
amenazas, parecidas a las que se pronuncian en nombre de una deidad pagana que no es sino madera o piedra (ver Isa. 37: 19).
32.
Traed a la memoria.
El autor se dirige de nuevo a sus lectores, quienes podían comprender lo que él quería decirles si reflexionaban en su experiencia pasada como cristianos.
Los días pasados.
Es decir, las experiencias por las que habían pasado poco después de su conversión. Los lectores que en primer lugar fueron tenidos en cuenta en el libro de Hebreos, eran judíos (ver pp. 403- 404). Como puede verse en varios pasajes del libro de los Hechos, los judíos incrédulos persiguieron desde el principio a sus hermanos en la carne que aceptaban el cristianismo.
Después de haber sido iluminados.
Iluminados por la luz del Evangelio.
Sostuvisteis.
"Hubisteis de soportar" (BJ). Aquellos a quienes se dirige el autor habían soportado pacientemente persecuciones y penalidades en el pasado, ¿por qué tenían ahora que desanimarse?
Combate.
Gr. áthelesis, "contienda", "lucha", "prueba". Después de haber librado un "gran combate", deberían estar bien preparados para enfrentarse a las aflicciones presentes. La naturaleza de este "gran combate de padecimientos" continúa explicándose en los vers. 33-34.
33.
Por una parte.
O "unas veces" (BJ).
Vituperios.
Gr. oneidismós, "insulto", "injuria", "deshonor".
Tribulaciones.
O "sufrimientos", incluso quizá vicisitudes como ser desheredados, sufrir el ostracismo social y la privación de los medios para ganarse la vida.
Hechos espectáculo.
Gr. theatrízo, "ofrecer como espectáculo", "exponer a la vergüenza". Antiguamente los criminales eran expuestos a menudo al ridículo público, y después eran ejecutados en un circo o teatro.
Compañeros.
Aunque no hubieran sido perseguidos directamente, habían estado dispuestos a participar de los "vituperios y tribulaciones" a que estaban sometidos sus hermanos. En el versículo siguiente se cita un ejemplo específico de su compañerismo en el sufrimiento.
34.
De los presos.
Si bien algunos manuscritos dicen "de las prisiones" y otros rezan "de mis prisiones", la evidencia textual favorece (cf p. 10) el texto de la RVR. Debido a las variantes del texto griego, no se sabe con 482 certeza si el autor se refiere específicamente a una experiencia personal anterior, o si quizá se incluye entre los varios presos que menciona colectivamente con "los que estaban" (vers. 33). Cf Efe. 3: 1, 2 Tim. 1: 8.
Os compadecisteis.
Literalmente "sufristeis con". Esta compasión sin duda incluía las visitas que recibió Pablo mientras estaba en la prisión y también alimento que le habían llevado para complementar la escasa ración de la cárcel.
Despojo.
O "arrebato". Algunos habían sufrido la confiscación de sus propiedades y pertenencias personales.
Con gozo.
Ver com. Mat. 5: 12; Sant. 1: 2; cf. 1 Ped. 4: 13.
Sabiendo que tenéis en vosotros.
La evidencia textual favorece (cf. p. 10) la variante "sabiendo vosotros mismos que tenéis"; es decir, sabiendo que vosotros tenéis.
Mejor.
O "preferible", "más útil", "más ventajosa".
Herencia.
O "riqueza" (BJ), "posesión".
En los cielos.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) la omisión de estas palabras. Las omiten la BJ, BA, BC y NC. Pero no puede haber duda de que la "perdurable herencia" está "en los cielos" (cf. Mat. 6: 19-2l).
35.
No perdáis.
Como evidentemente le sucedía a algunos (ver. 25). "No perder" equivale a "mantenerse firme" (vers. 23). Ver com. Mat. 24: 13; Heb. 3: 14.
Confianza.
Gr. parresía (ver com. cap. 3: 6).
Galardón.
El "galardón" de la fidelidad es la vida eterna (ver com. Rom. 2: 6-7).
36.
Paciencia.
La paciencia es una virtud positiva; significa perseverancia, persistencia y acción a pesar del cansancio, el desánimo y los obstáculos que puedan interponerse en el camino.
Habiendo hecho la voluntad de Dios.
En cuanto a la importancia de hacer la voluntad de Dios, ver com. Mat. 7: 21-27.
La promesa.
Es decir, el galardón prometido, la vida eterna. Así como un atleta recibe el premio después de una actuación triunfante, así también el cristiano recibe "la promesa" después de haber "hecho la voluntad de Dios". En el libro de Hebreos "la promesa" se refiere específicamente a lo que se llama el "reposo" de Dios y "la herencia eterna" (cap. 4: l; 9: 15; cf. cap. 11: 13).
37.
Un poquito.
El griego denota poquísimo tiempo; "un poquito, tantico, tantico" (BC). Ver Nota Adicional de Rom. 13.
El que ha de venir.
O Aquel que ha prometido volver (Juan 14: 1-3). Cf. Luc. 21: 27; Sant. 5: 8.
Tardará.
Gr. jronízo, "pasar tiempo", "demorar". Cf. Hab. 2:3 (LXX), donde se usa el mismo verbo griego. Puede parecer que las promesas de Dios demoran mucho en cumplirse, pero su cumplimiento es finalmente seguro.
38.
El justo.
La primera parte del versículo es una cita de Hab. 2: 4 (ver este comentario y el de Rom. 1: 17; cf. Gál. 3: 11). "El justo" debe vivir "por fe" mientras espera la prometida- venida de Cristo; por fe debe soportar pacientemente los tiempos difíciles que precederán al advenimiento del Señor.
Si retrocediera.
Es decir, si perdiere su confianza (vers. 35).
No agradará.
Los que "retroceden" en el camino de la fe nunca podrán esperar oír las palabras: "Bien, buen siervo y fiel;... entra en el gozo de tu señor" (Mat. 25: 21).
Mi alma.
Una expresión bíblica usual que significa "yo" (ver com. Sal. 16: 10).
39.
Nosotros no somos de los que retroceden.
El autor incluye hábilmente a todos sus lectores en el grupo de los que vivirán "por fe" (vers. 38). La admonición de los vers. 23-36 sugiere que algunos de ellos estaban en peligro de retroceder "para perdición"; pero el autor desecha ahora el pensamiento de que en realidad alguno de ellos retroceda.
Perdición.
Es decir, la destrucción final (ver com. Juan 17: 12).
Preservación.
Gr. peripóiesis, "adquisición", "conservación". Ver com. Efe. l: 14, en donde peripóiesis se ha traducido "posesión adquirida".
NOTA ADICIONAL DEL CAPÍTULO 10
En la Biblia repetidas veces se hace referencia al gran plan que Dios ideó para la salvación de los seres humanos, plan que tiene como centro y fundamento ¿El sacrificio de nuestro Señor en el Calvario y su ministerio en el cielo por nosotros. Cuando Dios llamó a un pueblo escogido como suyo, una de sus primeras revelaciones a ese pueblo fue acerca del plan de salvación. Dios instruyó a Moisés 483 para que le construyera un santuario a fin de poder habitar "en medio de ellos" (ver com. Exo. 25: 8). Ese santuario estaba dividido en dos compartimientos (ver com. Exo. 26: 31-37), en cada uno de los cuales se colocaron ciertos muebles muy importantes. En el primer compartimiento estaban la mesa de los panes de la proposición, el candelero de siete brazos y el altar del incienso; cada día se celebraban allí determinados servicios. En el segundo compartimiento estaba el arca del pacto, y en ese lugar se celebraba sólo un servicio en el día cumbre del ciclo anual: el día de la expiación. En relación con los servicios que se celebraban en ambos compartimientos, se ofrecían sacrificios de animales y se derramaba su sangre (ver t. I, pp. 710-723).
Este santuario fue hecho de acuerdo con un "modelo" que le fue mostrado a Moisés "en el monte" (Exo. 25: 40; ver com. Exo. 25: 9; Hech. 7: 44). En el cielo se halla el original, del cual el santuario terrenal era una "sombra" (ver com. Heb. 8: 5; 9: 23). El apóstol Juan, a quien le fueron reveladas repetidas vislumbres proféticas del cielo, dice que "fue abierto en el cielo el templo del tabernáculo del testimonio" (ver com. Apoc. 15: 5). En ese templo vio en visión celestial el "arca" (cap. 11: 19), y también el altar del incienso (ver com. cap. 8: 3). Pablo, el autor de Hebreos, habla de nuestro "sumo sacerdote" en el cielo (Heb. 3: 1; 9: 24), quien se sacrificó "una vez para siempre" y derramó su sangre en favor de los pecadores que se arrepientan (ver com. cap. 9: 24-26; 10: 12).
Por éstos y otros pasajes que podrían citarse es evidente que el santuario terrenal con sus dos compartimientos y su ciclo de servicios, es una "sombra" o bosquejo de la obra de Cristo por los pecadores en el Calvario y en el cielo. Es muy probable que podamos hablar con más seguridad acerca de los servicios del santuario que de cualquier otro aspecto de lo que Dios ha hecho para relacionarse con el hombre, porque allí se presenta delante de nosotros, tan fielmente como pueden hacerlo los símbolos del santuario terrenal, el gran original que se halla en el ciclo.
Por lo que nos enseña el santuario terrenal podemos deducir ciertas conclusiones acerca del celestial. El ministerio terrenal no podía comenzar hasta que el sacerdote no hubiera ofrecido un sacrificio; Cristo comenzó su obra como nuestro sumo sacerdote en el santuario celestial después de ofrendarse a sí mismo. El santuario terrenal tenía dos fases o etapas que se llevaban a cabo en sus dos compartimientos o divisiones; el celestial tiene también esas dos etapas. El servicio del santuario terrenal se desarrollaba en su primera etapa y compartimiento hasta que llegaba el día más solemne de todos: el día de expiación. El servicio del santuario celestial estuvo vinculado con la primera etapa hasta ese día, ya cerca del fin de Ia historia de la tierra, cuando nuestro gran sumo sacerdote entró en la segunda fase o etapa de su ministerio sacerdotal. La profecía de Dan. 8: 14 (ver comentario respectivo) y la de Dan. 9: 25, nos muestran que Cristo comenzó esa segunda fase en 1844.
Sin embargo, como se ha hecho notar en el comentario de Exo. 25: 9, es vano especular en cuanto a las dimensiones, la apariencia exacta, o la disposición precisa del santuario celestial, pues "ningún edificio terrenal podría representar la grandeza y la gloria del templo celestial" (PP 371). El hombre es la "imagen de Dios" (Gén. 1: 27), y sin embargo sólo Cristo es "la misma imagen de su sustancia" (Heb. 1: 3). El santuario terrenal fue hecho conforme al modelo celestial; era, pues, una vívida representación de los diferentes aspectos del ministerio de Cristo en favor del hombre caído (PP 371). Podemos hablar correctamente del "lugar santo" y del "lugar santísimo" del santuario celestial, pues al hacerlo usamos el lenguaje y los símbolos del santuario terrenal (Exo. 26: 33-34) para entender, de la mejor manera posible, la verdad concerniente al santuario celestial. Pero al basarnos en lo que conocemos del terrenal, no debemos permitir que ningún tipo de perplejidad en la comprensión del santuario celestial opaque en nuestra mente las grandes verdades enseñadas por esa "sombra" terrenal, una de las cuales es que el ministerio de Cristo en nuestro favor se lleva a cabo en dos fases o en "dos grandes divisiones", empleando las palabras de Elena G. de White (PP 371). Esta verdad es vital para la debida comprensión de la obra de nuestro gran sumo sacerdote. Para un estudio más completo de este tema, pueden leerse los comentarios de los textos citados.
La Epístola a los Hebreos trata de la obra de Cristo como nuestro sumo sacerdote. En ciertos casos, por ejemplo el cap. 9, Pablo habla de dos compartimientos del tabernáculo terrenal y le da cierta aplicación al ministerio 484 de Cristo en el cielo. Por lo tanto, este libro veces ha sido el centro de una discusión teológica en cuanto a la interpretación de las palabras de Pablo acerca de dicho tema, particularmente en cuanto a si enseña que hay dos compartimientos en el santuario celestial, o "dos grandes divisiones" del ministerio sacerdotal de Cristo.
Este Comentario sostiene firmemente que el ministerio celestial de Cristo se lleva a cabo en "dos grandes divisiones", o empleando el simbolismo de las Escrituras, en el "lugar santo" y después en el "lugar santísimo" del santuario celestial (ver especialmente com. Exo. 25: 9; Dan. 8: 14); pero considera que no ha de buscarse en el libro de Hebreos una presentación definitiva de este asunto.
Los primeros cristianos de origen judío estaban muy perplejos con el problema de si debían participar o no en los servicios realizados en el santuario terrenal, que ellos y sus antepasados habían considerado durante mil quinientos años como centro y fundamento de la verdadera vida religiosa (ver t. VI, pp. 32-35), Pablo procura mostrar por medio de una serie de paralelos y de contrastes, que ya no debían consagrar su lealtad y dedicación al santuario terrenal porque Dios ya había establecido aquello de lo cual lo terrenal no era sino una "sombra" (ver la Introducción a Hebreos, pp. 404-407), donde hay una amplia lista de esos paralelos). Por ejemplo, el autor de Hebreos habla del sacerdote inmortal del cielo, comparado con los sacerdotes mortales de la tierra (ver com. Heb. 7: 23-24, 28), del sacrificio incomparable de Cristo en contraste con el sacrificio de animales (ver com. cap. 9: 11-14, 23-26; 10: 11- 14); y llega a la grandiosa conclusión de que ahora hay un "tanto mejor ministerio" (ver com. cap. 8: 6) al alcance de los hijos de Dios. Ya no necesitamos recurrir más a sacerdotes terrenales para presentar ante Dios nuestras súplicas en busca de perdón. Nosotros podemos ahora ir directa y confiadamente al trono de la gracia en virtud de nuestro gran sumo sacerdote celestial (ver com. cap. 4: 14-16; 10: 19-22).
Pablo tenía que establecer esta verdad fundamental de la inmensa superioridad del santuario celestial, para persuadir a los cristianos de origen judío a apartar para siempre su atención de los sacerdotes y del santuario terrenal para fijarla en el gran Sacerdote y en el santuario celestial. Pablo concentra sobre esta verdad su apasionado tema acerca del santuario. Este Comentario sostiene que si las declaraciones de Pablo en Hebreos se comparan con otros pasajes bíblicos que tratan más ampliamente con las "dos grandes divisiones" del servicio del santuario, aparece nítidamente un cuadro bíblico muy completo en cuanto a la naturaleza y a la preeminencia del ministerio de Cristo por nosotros como sumo sacerdote.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-39 7T 40
5-7 DTG 14
7 DGT 705; 1JT 484
16 CC 60; DMJ 47
19-20 FE 309 21 DGT 36
21-22 1JT 484
22 MeM 133; TM 515 23 1JT
23 HR 257; 5T 630; 7T 274
25 CRA 55; FV 248; 3JT 31
26-27 PP 429, 554; TM 97
27 CC 22; DMJ 26
29 CS 659; FE 434; 3JT 310; IT 429; TM
31 PP 339; 3TS 385
32 CS 43; HR 336; 3JT 30; 8T 113
32-33 3T 319
35 CS 460; ECFP 118; 2JT 222; MJ 109; 2T 509
35-37 3JT 434; PR 541; PVGM 140
35-39 CS 459; HR 392; PE 25
37 3JT 281; 5T 485
37-38 CS 459
38 CC 69; 4T 237; TM 424
38-39 5T 693 485


CAPÍTULO 11
1 Qué es la fe. 6 Sin fe es imposible agradar a Dios. 7 Las obras dignas, fruto de la fe, de los antiguos patriarcas.
1 ES, PUES, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
2 Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos.
3 Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.
4 Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella.
5 Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios.
6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.
7 Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe.
8 Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.
9 Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa;
10 porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.
11 Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido.
12 Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar.
13 Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra.
14 Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria;
15 pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver.
16 Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad.
17 Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito,
18 habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia;
19 pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir.
20 Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas venideras.
21 Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón.
22 Por la fe José, al morir, mencionó la salida de los hijos de Israel, y dio mandamiento acerca de sus huesos.
23 Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey.
24 Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón,
25 escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado,
26 teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón.
27 Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible.
28 Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos.
29 Por la fe pasaron el Mar Rojo como, 486 por tierra seca; e intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron abogados.
30 Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días.
31 Por la fe Rahah la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz.
32 ¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas;
33 que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones,
34 apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros.
35 Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección.
36 Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles.
37 Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ove . as y de cabras, pobres, angustiados, maltratados;
38 de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.
39 Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido;
40 proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.
1.
Fe.
Gr. pístis, "fe", "esperanza", "confianza"; también "fidelidad", "confiabilidad". Pístis puede significar una actitud mental o una conducta fiel que es el producto de una actitud de fe. Los dos matices de significado -fe y fidelidad- están íntimamente ligados en todo el capítulo, pues en cada ejemplo de fe que se cita, una actitud de fe fue lo que indujo a actos fieles. El énfasis se hace en los hechos fieles.
El capítulo 11 ilustra ampliamente el principio que se presenta en forma más breve en el cap. 10, especialmente en los vers. 35-39: que la fe y la fidelidad son la necesidad suprema de los que esperan la venida del Señor. Existe el peligro de que algunos pierdan su confianza porque el Señor demora su venida. Para éstos es necesaria la paciencia" a fin de que puedan vivir "por la fe". Ninguno de los personajes ejemplares que se mencionan en esta lista "recibieron lo prometido" (cap. 11: 39); sólo lo vieron "de lejos" (vers. 13). Sin embargo, "todos éstos... alcanzaron buen testimonio mediante la fe". Pero ahora dentro de "un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará" (cap. 10: 37). Si esos dignos personajes de los siglos pasados creían tan plenamente en las promesas, aunque estaban 'lejos" de su cumplimiento (cap. 11: 13), nosotros que hemos de verlas cumplidas dentro de "un poquito", ¿no debiéramos ser también pacientes y fieles?
Certeza.
Gr. hupóstasis, "naturaleza sustancial", "esencia", "ser real", "garantía", y en un sentido más amplio como aquí, "seguridad confiada". Compárese con la palabra arrabón, "arras" (ver com. 2 Cor. 1: 22). La fe ciega no existe. La fe genuina siempre descansa sobre la firme "sustancia" subyacente de una suficiente evidencia que garantiza la confianza en lo que aún no se ha visto. Hupóstasis se usaba en los papiros antiguos para referirse a los documentos legales por medio de los cuales una persona demostraba que una propiedad era suya. Los documentos no eran la propiedad; sólo demostraban su existencia y su derecho a ella. Por lo tanto, hupóstasis podría traducirse aquí como "título de propiedad": "la fe es el título de propiedad..."
El cristiano considera por fe que ya posee lo que le ha sido prometido. Su plena confianza en Aquel que ha hecho las promesas no deja lugar para incertidumbre alguna en cuanto a su cumplimiento a su debido tiempo. Por lo tanto, la fe capacita al cristiano no sólo para pedir las bendiciones prometidas sino para recibirlas y disfrutar de ellas ahora. La herencia prometida se convierte de ese modo en una posesión presente. Los bienes venideros no dejan de ser sólo un sueño que se cumplirá en el futuro, sino vivientes realidades presentes. Para el ojo de la fe se hace visible lo que de otra manera es invisible.
Lo que se espera.
Es decir, la herencia prometida que poseerán los santos cuando Cristo venga. 487
Convicción.
Gr. élegjos, que aquí significa "prueba" (BJ, NC, VM); "argumento" (BC). " fe no es una creencia abstracta de que existe una evidencia, sino una seguridad establecida, basada en la convicción de que Dios cumple sus promesas. Puede ser que nunca hayamos visto la dínamo que produce la electricidad que usamos, pero estamos seguros de que la presencia de la electricidad es evidencia suficiente de la existencia de la dínamo. Así también debemos creer que nuestra energía física, mental y espiritual es una prueba de la existencia de una Fuente Sobrenatural de vida y poder. Pero la fe no debe confundirse con credulidad, pues la fe se refuerza en cierta medida con la evidencia (ver com. cap. 12: l).
Lo que no se ve.
O sea "lo que se espera": la herencia prometida.
2.
Alcanzaron buen testimonio.
O "se dio testimonio de ellos", "fueron acreditados", "fueron aprobados"; "merecieron testimonio favorable" (BC). La fe de "los antiguos" los indujo a observar una conducta fiel, la cual a su vez acreditó la realidad de su fe. Su fe les granjeó la aprobación divina. Quizá nos preguntemos cómo algunos de los que se mencionan en este capítulo pudieron alcanzar "buen testimonio". Si en esta lista sólo se incluyeran héroes de la fe impecables, el relato proporcionaría muy poco ánimo para la persona común. Si quienes están sometidos "a pasiones semejantes a las nuestras" (Sant. 5: 17) pudieron alcanzar "buen testimonio", hay toda la razón para creer que hasta los más débiles de los hijos de Dios pueden hacer otro tanto.
3.
Por la fe.
O "por medio de la fe", como sucede en el resto del capítulo.
El universo.
Gr. aion , "siglo", "edad", "mundo", generalmente considerado desde el punto de vista del tiempo. Aquí aparece en plural edades o mundos sugiriendo la creación entera a través de los tiempos.
Por la palabra de Dios.
Ver como. Gén. l: 3; cf. Sal. 33: 6, 9. En cuanto al fíat de la creación en contraste con la evolución, ver t. l. pp. 50-74.
Lo que se ve.
Es decir, el mundo natural de la tierra, el mar y el cielo atmosférico, junto con sus diferentes formas de vida.
Fue hecho.
Dios no dependió de materia preexistente. Mediante su omnímodo poder Dios hizo aparecer la materia, y después por medio de ese mismo poder impartió vida a los seres formados con ella. Antes del amanecer de la llamada Era Atómica, uno de los primeros postulados de la ciencia era que la materia es eterna, que no puede ser creada ni destruida; pero los científicos declaran ahora que la materia y la energía son intercambiables. Entonces, ¿porqué parece extraño que un Dios todopoderoso pudiera crear la materia que aún no existía?
Lo que no se veía.
El mundo y todo lo que hay en él fue hecho de la nada, mediante la acción de un poder infinito.
4.
Por la fe.
Ver com. vers. 1, 3.
Abel.
El registro del caso de Abel se encuentra en Gén. 4: 3- 10.
Alcanzó testimonio.
O "se dio testimonio de que era justo" (ver com. vers. 2). Abel percibió por la fe la promesa de un Redentor Su ofrenda no tenía en sí valor expiatorio, pero su fe en la promesa lo indujo a presentar el sacrificio que Dios había ordenado. Dios aceptó sus "ofrendas" como evidencia de su fe.
Dando Dios testimonio.
Dios aceptó la "ofrenda" de Abel y rechazó la de Caín. La diferencia radicaba no sólo en el carácter de las ofrendas sino también en el carácter y la actitud de los oferentes, lo que se reflejaba en los sacrificios que presentaron (ver PP 58-59).
Aún habla.
La fe de Abel ha dado un testimonio vivo a través de los siglos. Había poder en la fe de Abel que lo indujo a cumplir con el proceder que Dios había ordenado, y la poderosa influencia de su fe perdura hasta hoy; "aún habla".
5.
Por la fe.
Ver com. vers. 1, 3.
Enoc.
Ver com. Gén. 5: 22.
Traspuesto.
"Trasladado" (BJ, BC, NC). El autor no quiere decir que Enoc tenía fe en que Dios lo trasladaría, sino que fue trasladado como resultado de su fe y su fidelidad; él agradó "a Dios". La inspiración dice que sólo Enoc y Elías fueron trasladados sin ver la muerte.
Enoc tenía, según la cronología sagrada, un poco más de 300 años de edad cuando murió Adán (ver el cuadro del t. 1, p. 195). Para los que eran fieles a Dios, la muerte de Adán tuvo que haber proyectado una sombra de incertidumbre sobre el futuro; pues a pesar de su vida de arrepentimiento y piedad, murió como muere todo pecador Dios, para despejar la nube de incertidumbre que se cernía sobre el futuro y dar a sus hijos fieles 488 les la seguridad de que sería recompensada su vida de fe, trasladó a Enoc, el séptimo patriarca a partir de Adán. Dios demostró en el caso de Adán que "la paga del pecado es muerte"; con Enoc, que "la dádiva de Dios es vida eterna" (Rom. 6: 23). La traslación de Enoc probó que aunque el pecado separa al hombre de Dios, se ha abierto un camino para evitar esa separación y el hombre puede volver a Dios. Ese camino es el sendero de la fe.
Enoc es un símbolo de los de la última generación que serán trasladados sin experimentar la muerte. Enoc se convirtió en amigo de Dios, caminaba con él, y al fin se fue a vivir con él. Por lo tanto, todos pueden tener buen ánimo. Todo el que sirve a Dios con corazón lleno de fe y camine con él día tras día en medio de las cambiantes vicisitudes de la vida, tendrá una segura entrada en el paraíso de Dios.
Para no ver muerte.
Es decir, para no morir.
No fue hallado.
Por estas palabras se deduce que se buscó a Enoc después de que desapareció. Una búsqueda semejante también ocurrió después de que Elías fue trasladado (ver 2 Rey. 2: 16-18).
Antes que fuese traspuesto.
La piedad de la vida de Enoc era bien conocida por sus contemporáneos.
Tuvo testimonio.
O "se testificó de él". Dios había proporcionado al mundo por medio de Enoc una demostración de la clase de carácter que merece su aprobación. No había ninguna posibilidad de que los hombres preguntaran después de su traslación: "¿cómo puede Dios aceptar a un hombre semejante?"
Agradado a Dios.
La fe de Enoc y su fidelidad a Dios merecieron la aprobación divina. Su vida y su carácter eran una demostración de lo que Dios quiere que sean todos los seres humanos.
6.
Sin fe.
O "aparte de la fe", o "aparte de la fidelidad" (ver com. vers. 1). El Creador es infinito y sus criaturas son irremediablemente limitadas, por lo tanto hay cosas que deben aceptar por fe. Creer exactamente lo que Dios dice es el ejercicio más elevado de¡ que sea capaz la mente humana. No hay duda de que debemos creer exactamente lo que Dios dice para que podamos ocupar perfectamente el lugar designado para nosotros en un universo perfecto, pues una comprensión del amor de Dios culmina en la fe. En la persona divino-humana del Salvador por primera vez se unieron un amor semejante al de Dios y la fe humana.
Imposible agradar a Dios.
Es decir, imposible estar a la altura de sus requerimientos, En un universo perfecto no hay lugar para un ser creado que no tiene fe en el Gobernante del universo. Si no hay fe en Dios, sólo puede haber temor y resentimiento, y finalmente desesperación.
Se acerca a Dios.
Es decir, le profesa fidelidad.
Crea que le hay.
Creer que Dios realmente existe es el fundamento primario de la fe cristiana. Por medio de la naturaleza, de su Palabra y de su conducción providencial, Dios ha proporcionado a los hombres toda la comprobación de su existencia que necesitan y pueden utilizar los seres inteligentes (cf. Rom. 1: 20). El autor descarta los conceptos distorsionados de Dios, como los que sostienen los panteístas.
Galardonador.
El autor excluye los conceptos referentes a Dios, como los del deísmo y el universalismo. Es de suma importancia que los hombres respondan al amor de Dios y cumplan con su voluntad revelada, pues "ha establecido un día en el cual juzgará al mundo" (Hech. 17: 31), un día cuando "pagará a cada uno conforme a sus obras" (Rom. 2: 6). La tremenda perspectiva de que algún día estaremos ante el gran juez del universo es, indudablemente, un poderoso incentivo para vivir rectamente. Un gran temor al fuego del infierno nunca salvará a ningún hombre, pero puede ser un factor -un poderoso factor- para sacudirlo y hacerlo salir de su letargo. El infinito amor de Dios, como se revela en Cristo Jesús, proporciona al hombre el único incentivo eficaz para la salvación.
Los que le buscan.
O "procuran encontrarlo". "Buscar" a Dios es esforzarse por entender más plenamente su carácter y su voluntad para los hombres. El autor no quiere decir que Dios deliberadamente ha hecho difícil que los hombres lo hallen; lo que destaca es la necesidad de un deseo ferviente de entender a Dios y llegar a ser como él en pensamiento y carácter.
7.
Por la fe.
Ver com. vers. 1, 3.
Noé.
En cuanto al caso de Noé, ver Gén. 6: 13-22.
Cosas que aún no se veían.
No había ninguna evidencia de que pudiera suceder alguna 489 vez una catástrofe como la del diluvio. El hecho de prepararse para ese acontecimiento fue un acto de fe de parte de Noé.
Con temor preparó.
Noé quedó profundamente impresionado por la revelación de que Dios tenía el propósito de destruir la tierra mediante un diluvio, y prestó atención a las instrucciones que se le dieron. Sin embargo, no fue tanto el temor al diluvio que vendría lo que indujo a Noé a construir el arca, sino la fe en lo que Dios le había revelado acerca de la catástrofe.
Condenó al mundo.
La construcción del arca fue un testimonio de la decisión de Noé contra el "mundo", o sea los impíos y su manera de vivir. Su renunciamiento al mundo de ese entonces testificó de su fe en Dios.
Heredero de la justicia.
La fe de Noé, como se reflejó por su fidelidad dinámica en armonía con esa fe, por la gracia de Dios le dio el derecho a ser contado como 'justo". En cuanto a la justificación por la fe, ver com. Rom. 1: 17.
8.
Por la fe.
Ver com. vers. 1, 3.
Abraham.
En cuanto a la experiencia de Abrahán, ver com. Gén. 12: 15.
Obedeció.
Creyó lo que Dios le dijo, y procedió de acuerdo con lo que creía. Su fe se manifestó por medio de una fiel obediencia.
Sin saber a dónde.
Abrahán y su familia "salieron para ir a tierra de Canaán" (Gén. 12: 5). Esto no significa necesariamente que en el momento de su partida él sabía cuál sería su destino. Sencillamente "salieron para ir a [lo que resultó ser la] tierra de Canaán". Es obvio que Dios lo instruyó en cuanto a la dirección hacia la cual debían ir y la ruta que debían seguir.
9.
Como extranjero.
Abrahán y sus descendientes estuvieron en esta condición durante unos 215 años (ver t. I, p. 194). Los acontecimientos que ocurrieron mientras Abrahán habitó "en la tierra prometida", están registrados en Gén. 12 a 25.
La tierra prometida.
Es decir, la tierra que Dios prometió a Abrahán.
Tierra ajena.
O "tierra extraña" (BJ, BA, BC, NC). Abrahán, Isaac y Jacob vivieron como extranjeros en la tierra que Dios les había prometido. Dios no le dio a Abrahán heredad en la tierra de Canaán, "ni aun para asentar un pie" (Hech. 7: 5).
Coherederos.
La promesa original incluía a los descendientes de Abrahán; pero Dios repitió las promesas del pacto a Isaac y más tarde también a Jacob.
10.
La ciudad.
No hay duda de que no se refiere a ninguna de las ciudades de Canaán de ese entonces. El propósito final de Abrahán era la herencia eterna que Dios ha preparado para aquellos que lo aman y le sirven. Cf. cap. 12: 22; 13: 14.
Fundamentos.
Los fundamentos implican permanencia; las "tiendas" (vers. 9) no tienen fundamentos.
11.
Por la fe.
Ver com. vers. 1, 3.
Sara.
Este caso se registra en Gén. 17: 15-21; 18: 9-15; 21: 1-5.
Recibió fuerza.
Sara tenía 90 años cuando nació Isaac. Su esterilidad hasta ese tiempo hizo que la concepción fuera un milagro sumamente impresionante.
Creyó que era fiel.
Humanamente no había base para creer la promesa de Dios de que ella daría a luz un hijo. El único camino era aceptar la promesa por fe. Sara la aceptó sólo porque creía en Dios, y su aceptación de la promesa testificó de su fe.
12.
Por lo cual... salieron.
En cuanto al nacimiento de Isaac, ver Gén. 21:1-5.
Ya casi muerto.
Abrahán tenía 100 años, cuando nació Isaac. Nadie puede leer el relato de los sucesos que llegan hasta el nacimiento de Isaac sin quedar impresionado por la falta de fe demostrada por Abrahán (Gén. 15: 2-4; 16: 1-3; 17: 16-17) y Sara (cap. 18: 9-15). Pero finalmente ambos vencieron sus dudas naturales, e Isaac -por el linaje paterno y por el materno- fue un hijo de la fe.
Como las estrellas.
Ver Gén. 15: 5; 22: 17, 13.
Conforme a la fe murieron.
Por fe vieron las promesas a la distancia; estaban persuadidos de la realidad de la herencia prometida. Su fe en esas promesas los hizo renunciar al presente y vivir exclusivamente para el futuro. No entraron en posesión de la herencia, ni de la Canaán terrenal prometida ni del reino eterno.
Todos éstos.
Los fieles desde Abel (vers. 4) hasta Abrahán (vers. 8-12). Sin duda muchos otros durante ese largo lapso fueron aprobados por Dios; pero los personajes aquí mencionados se eligieron como ejemplos resplandecientes del principio de que la fe es el factor decisivo en una vida piadosa.
Creyéndolo.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) la omisión de esta palabra. La omiten la BJ, BA, BC y NC. Pero es obvio que creían en la realidad sustancial de la herencia 490 prometida, de lo contrario no hubieran "saludado" a esas promesas.
Saludándolo.
O "dándole la bienvenida". Cf. Juan 8: 56.
Confesando.
O "reconociendo".
Peregrinos sobre la tierra.
Aunque estaban en el mundo se daban cuenta que no eran del mundo. Tenían en vista otro propósito más grandioso. Comprendían la condición transitoria de las cosas de esta vida y la permanencia de las cosas que sólo veían "de lejos" por la fe. Vivían para el futuro, no para el presente.
14.
Esto dicen.
Es decir, declaran de sí mismos que son "extranjeros y peregrinos sobre la tierra".
Patria.
Es decir, "tierra natal"; "patria propia" (BA). Los dignos personajes de antaño dejaron muy en claro que este mundo no era su hogar definitivo, y que eran "extranjeros y peregrinos sobre la tierra". Comprendían que había algo mejor por lo cual vivir que lo que este mundo ofrece.
15.
Si hubiesen estado pensando.
0 "si hubieran tenido en mente", "si se hubiesen acordado".
Tenían tiempo de volver.
Abrahán tenía sin duda un buena casa en Harán, como antes la había tenido en Ur de los caldeos. Cuando el hambre azotó la tierra de Canaán (Gén. 12: 10), es razonable que hubiera podido pensar en volver a Harán, donde tenía amigos y parientes cercanos. Pero Abrahán no regresaría a un país del cual el Señor le había ordenado que saliera.
16.
Anhelaban.
Gn orégo, en voz media, "aspirar a", "esforzarse por", "desear". Los hombres de fe viven con los ojos fijos en algo mejor que lo que este mundo ofrece. Para ellos sólo las realidades eternas merecen nuestro esfuerzo; contemplan los asuntos del tiempo y de la eternidad en su verdadera perspectiva (ver com. Mat. 6: 24-34).
Dios no se avergüenza.
Dios no se siente avergonzado de ser conocido como Dios de ellos porque reflejan su carácter. Cristo advirtió que en el gran día final él se "avergonzará" de todo aquel que haya intentado "salvar su vida" para ganar lo que el mundo ofrece (ver Mar. 8: 34-38). Además, quien está dispuesto a "perder" su vida, renunciando a ella por Cristo, en realidad la estará salvando.
Les ha preparado.
Cf. Juan 14: 1-3; Apoc. 21: 2.
Una ciudad.
La Jerusalén celestial (ver cap. 12: 22; 13: 14).
17.
Por la fe.
Ver com. vers. 1, 3.
Abraham.
Este episodio de Abrahán se encuentra en Gén. 22: 1-9.
Probado.
O "sometido a la prueba" (BJ); "puesto a prueba" (BC, NC). Este caso que se registra en Génesis, comienza con la afirmación de que "probó Dios a Abrahán" (Gén. 22: 1). Dios sabía de antemano con toda seguridad qué iba a hacer Abrahán; la prueba no era necesaria para que Dios supiera qué haría el patriarca. Pero Abrahán necesitaba pasar por esa vicisitud que lo pondría a prueba para que su fe pudiera maduran Esta fue la experiencia cumbre de su vida.
Ofreció a Isaac.
Ver Gén. 22: 1-19.
Unigénito.
Gr. monogenes, "único", "único de su clase" (ver com. Juan 1: 14). En lo que respecta a número, Isaac no fue el "unigénito" de Abrahán y ni siquiera su primogénito. Isaac fue el "único" hijo de Abrahán en el sentido especial de que fue el único de sus hijos con derecho a ser el heredero del pacto (ver com. vers. 18).
18.
En Isaac.
En vista de las repetidas y enfáticas declaraciones de Dios de que Isaac sería aquel por medio del cual se cumplirían las promesas del pacto, fue una demostración sumamente extraordinaria de fe de parte de Abrahán el hecho de que estuviera dispuesto a cumplir con las instrucciones de Dios de que ofreciera a Isaac en sacrificio. A Abrahán debe haberle parecido que Dios le pedía algo que hacía completamente imposible el cumplimiento de sus promesas.
La inserción de esta cita tomada de Gén. 21: 12, en el comentario acerca de la fe de Abrahán, explica el sentido en el cual se refiere a Isaac como el "unigénito" de Abrahán. Isaac era el único hijo de Abrahán que podía ser idóneo como heredero de las promesas del pacto hecho con Abrahán.
19.
Pensando.
O "considerando". La fe de Abrahán en el poder de Dios para resucitar a Isaac le dio el valor para ponerse en camino con el propósito de ofrecer a su hijo en sacrificio. Sólo así podía el anciano patriarca reconciliar la promesa de Dios de que Isaac sería su heredero con la orden de Dios de que le quitara la vida. Tener fe en la integridad de una persona que hace una promesa y ordena algo que parece anular esa promesa, es el grado máximo en la perfección de la fe. Abrahán tuvo que haberse dado cuenta de 491 que Dios estaba probándolo; tuvo que haber llegado a la conclusión de que si era necesario Dios resucitaría a Isaac de los muertos. Hasta ese momento ningún ser humano había sido resucitado de los muertos, por lo tanto, la fe de Abrahán era del carácter más elevado.
De donde... también le volvió a recibir.
Para Abrahán su hijo Isaac ya estaba muerto. Cuando Dios detuvo la prueba y devolvió a Isaac a su padre, fue sin duda alguna como si Isaac hubiera regresado de entre los muertos.
20.
Por la fe.
Ver com. vers. 1, 3.
Bendijo Isaac a Jacob.
El relato de este hecho está en Gén. 27: 1-40.
Cosas venideras.
Cuando Isaac se dio cuenta del engaño al cual había sido sometido, tuvo, sin duda, que haberle parecido tenebroso el futuro de su familia. Sus planes para Esaú habían sido desbaratados. Estaba físicamente ciego, pero elevó los ojos de su fe y discernió el desarrollo de las "cosas venideras", la manera en la cual se cumpliría el propósito infinito de Dios.
21.
Por la fe.
Ver com. vers. 1, 3.
Jacob.
Este caso se registra en Gén. 48: 1-22. Jacob vivió y murió en el exilio. Por eso manifestó fe en las promesas divinas cuando pronunció bendiciones sobre sus hijos.
22.
Por la fe.
Ver com. vers. 1, 3.
José.
En cuanto a este episodio, ver Gén. 50: 24-25; cf. Exo. 13: 19. José no tenía una evidencia concreta en la cual basar su esperanza de que la familia regresaría a Canaán y ocuparía el país. Su pedido de que lo sepultaran en la tierra prometida cuando su familia volviera para vivir allí, se basaba en su fe en las promesas de Dios.
23.
Por la fe.
Ver com. vers. 1, 3.
Moisés.
Este episodio se halla en Exo. 2: 1-10. Durante la infancia de Moisés la fe de sus padres triunfó sobre "el decreto del rey". La fe en un destino superior al de la esclavitud en Egipto indujo a Amram y a Jocabed a no obedecer el decreto real; y cuando Moisés llegó a la madurez mostró esa misma clase de fe, como lo sigue diciendo el autor de Hebreos (ver cap. 11: 24-29).
24.
Por la fe.
Ver com. vers. 1, 3.
Moisés.
En cuanto al relato de los hechos registrados en los vers. 24-29, ver Exo. 2: 11-25; 12: 18-36; 14: 10-3l.
Rehusó.
Moisés rechazó los honores, la jerarquía y el poder del momento debido a su confianza en el elevado destino que Dios le había señalado a él y a su pueblo. Según todas las apariencias, nada podía ser de menos valor que poner la esperanza en tales cosas, pues el pueblo hebreo estaba sometido a la más vil servidumbre en la nación más poderosa de la tierra. Sólo la fe en las promesas de Dios pudo haberlo inducido a rechazar el trono de Egipto.
Hijo de la hija de Faraón.
Ver com. Exo. 2: 5, 10, 15; cf t. 1, p. 202.
25.
Escogiendo antes.
Moisés tenía que elegir entre el trono del imperio más grande del mundo, y vincularse con una raza de esclavos.
Ser maltratado.
Fue sometido a maltratos aun como caudillo del pueblo hebreo. Los israelitas eran irremediablemente duros de cerviz y rebeldes, y murmuraban siempre. Moisés escogió un destino que, desde cualquier punto de vista, muy poco le podía ofrecer en cuanto a poder terrenal y renombre.
Deleites... del pecado.
Moisés podría haber razonado que como rey de Egipto estaría en una situación ideal para liberar a su pueblo; pero el Faraón de Egipto también tenía que ser sacerdote de la religión idólatra egipcia. Además, siempre habría estado sometido a las influencias corruptoras de la vida de la corte. Ver com. Exo. 2:11.
26.
Vituperio de Cristo.
Es decir, el "vituperio" sufrido por Cristo o por causa de Cristo. Moisés entendía la promesa del Mesías, y se daba cuenta de que en la liberación del pueblo hebreo de Egipto estaba implicado más de lo que los israelitas o los egipcios podían comprender en ese tiempo. Vio a lo lejos por fe la venida de la simiente prometida a Abrahán, por medio de la cual serían bendecidas todas las naciones (ver Gén. 22: 18; cf. Gál. 3: 8, 16).
Tesoros de los egipcios.
Estos incluían al país con todas sus riquezas, el servicio de todo su pueblo, el esplendor de su corte, el poder de su trono y sus ejércitos.
Tenía puesta la mirada.
Sus ojos estaban fijos en las promesas y los privilegios de la relación del pacto. Moisés, como Pablo 15 siglos después (ver Fil. 3: 7-8), cambió voluntariamente la impresionante y brillante gloria y el poder momentáneos por las menos aparentes, aun invisibles, promesas y privilegios del pacto.
Galardón.
El galardón que era más remoto, que sólo podía verse con los ojos de la fe, 492 atraía más fuertemente a Moisés que las recompensas materiales inmediatas que acompañaban al trono de Egipto.
27.
Por la fe.
Ver com. vers. 1, 3.
Dejó a Egipto.
Cf. Exo. 2: 15.
No temiendo.
Algunos, apoyados en las circunstancias de la huida de Moisés de Egipto a Madián, a la edad de 40 años, han hecho equivaler esta salida del vers. 27 al éxodo, a la edad de 80 años. Es cierto que la flexión del verbo que se traduce "dejó" (Gr. kataléipo) puede significar sencillamente "salir", pero sin implicar nada más que el hecho de partir. También es cierto que Moisés se enfrentó audazmente con un gobernante iracundo durante todo el tiempo de las plagas, y que el vers. 27 tomado aisladamente podría entenderse como que se aplica al éxodo. Pero en esta breve sinopsis de acontecimientos de la vida de Moisés que reflejan su fe, parece que los vers. 28 y 29 tienen el propósito de abarcar el éxodo. La repetición de la expresión "por la fe" en el vers. 27, parece implicar que el autor consideraba la ocasión allí referida como diferente de otros episodios en la sucesión de acontecimientos referentes a la fe de Moisés (cf. vers. 23-24, 28-29; cf. Ed 59-60).
Según el relato de Exo. 2:11-15 (cf cap. 4:19), parece que el temor de Moisés por su seguridad personal, jugó un importante papel en su decisión de huir de la tierra de Egipto. Pero a pesar de todo, lo que más se destaca en su pensamiento era la suerte de su pueblo y la perspectiva del papel que le correspondería a los hebreos por la promesa hecha a Abrahán. El intento infructuoso de Moisés de iniciar una serie de sucesos que él esperaba que conducirían a la liberación de su pueblo, fue lo que en realidad hizo necesaria su huida a Madián (ver Hech. 7: 25). A pesar de su error, es indudable que tenía fe en que, de alguna manera, Dios aún lo usaría para concretar la liberación de los suyos. Por eso buscó un refugio transitorio desde donde pudiera esperar el desarrollo de los acontecimientos.
Aun antes del incidente con el capataz egipcio (Exo. 2: 11-12) Moisés necesitó una gran fe, siendo como eran las circunstancias, para creer que pudieran cumplirse las promesas del pacto, Y ahora, cuando una equivocación lo había desterrado completamente de Egipto, Moisés tuvo que haber necesitado una fe aún mayor para creer en el cumplimiento de las promesas. ¿Cómo podría un desamparado exiliado en Madián, cuya muerte había sido decretada por un edicto imperial, tener la menor esperanza de liberar a los esclavos del monarca que procuraba matarlo? Si alguna vez tuvo necesidad de demostrar fe fue en tales circunstancias.
28.
Por la fe.
Ver com. vers. 1, 3.
Celebró la pascua.
El registro de los acontecimientos que se mencionan en estos versículos se halla en Exo. 12: 1-36. Después de la novena plaga Faraón amenazó de muerte a Moisés si se presentaba otra vez delante de él (Exo. 10: 28). Moisés tuvo que haber necesitado una gran fe para dar las instrucciones en cuanto a la décima plaga, la pascua y el éxodo. Durante las primeras nueve plagas Faraón se había negado obstinadamente a permitir la salida de Israel. No había ninguna razón humana para creer que permitiría hacerlo durante la décima plaga.
29.
Por la fe.
Ver com. vers. 1, 3.
Pasaron el Mar Rojo.
En Exo. 14: 10-31 se registra este episodio. La liberación en el mar Rojo del pueblo elegido de Dios se menciona con más frecuencia en todo el AT que cualquier otra manifestación del cuidado divino en favor de Israel en toda su historia. La grandeza de la liberación refleja la magnitud de la crisis, y la magnitud de esa crisis es una medida del grado de fe que necesitaba Moisés, el representante instituido por Dios.
30.
Por la fe.
Ver com. vers. 1, 3.
Muros de Jericó.
El registro de este hecho está en Jos. 6: 1-24. Desde el punto de vista militar, el procedimiento empleado por Josué para someter a jericó era una completa necedad; pero las órdenes que impartió concordaban con las instrucciones que Dios le había dado. Como experimentado general él podría haberlas sustituido por lo que le hubiera parecido ser un mejor plan; pero Josué, un hombre de gran fe y también de gran experiencia militar, estaba listo para depositar más confianza en la voluntad revelada de Dios que en sus propios conocimientos bélicos. Su fidelidad al trazar el plan de batalla que Dios le había revelado, testificó elocuentemente de su proeza como hombre de fe.
31.
Por la fe.
Ver com. vers. 1, 3.
Rahab.
Este episodio está registrado en los. 2: 1-24; 6: 23-25. El nombre de Rahab puede parecer a primera vista fuera de lugar en esta enumeración de héroes de la fe, pues era pagana y, además, ramera. Pero estas mismas circunstancias hacen que su acto de fe sea aún 493 más notable. Se puede entender mejor la mentalidad de Rahab leyendo Jos. 2: 8-13. Su nombre también aparece en la genealogía de Mateo (ver com. Mat. 1: 5) como uno de los honorables progenitores de Cristo.
32.
¿Qué más digo?
La lista podría alargarse indefinidamente, pero ya se han presentado suficientes ejemplos para mostrar el principio de que la fe y la fidelidad son la esencia de un vivir piadoso.
El tiempo me faltaría.
El propósito del autor no era hacer una lista de todos los fieles de Dios a través de los siglos, sino sólo ilustrar su tema: que la fe y la fidelidad son esenciales para la paciente espera de la venida del Señor y el cumplimiento de sus promesas. La emocionante enumeración quizá ya se había extendido más allá del propósito que el autor había tenido al principio, y se da cuenta de que el espacio no le permite prolongar lo que ha proporcionado un clímax apropiado para el tema del libro. Comenzó con el propósito de mostrar que tenemos un gran sumo sacerdote que ministra a nuestro favor en el santuario celestial, para luego exhortar a todos los cristianos a entrar en la presencia de Cristo por fe (cap. 4: 14, 16); pero en el cap. 11 argumenta que los dignos personajes de la antigüedad vivieron por fe delante de la presencia de Dios. Puesto que ellos disfrutaron de ese privilegio y pudieron permanecer fieles, también nosotros lo podemos.
Gedeón.
Ver Juez. 6 y 7.
Barac.
Ver Juez. 4 y 5.
Sansón.
Ver Juez. 13 a 16.
Jefté.
Ver Juez. 11.
David.
Las proezas de David forman una gran parte de los libros históricos de 1 y 2 Samuel y porciones de otros libros.
Samuel.
El ministerio de Samuel como sacerdote, profeta y juez se registra en 1 Sam. cap. 2 a 25.
Los profetas.
Los profetas sufrieron casi sin excepción debido a su fiel testimonio en favor de Dios (ver Hech. 7: 52).
33.
Por fe.
Ver com. vers. 1, 3. El autor no se cansa de mencionar la fe como la esencia del triunfo sobre cada obstáculo. Se podrían escribir largas listas de héroes casi para cada categoría de las proezas enumeradas en los vers. 33-37; pero basta con decir que cada caso era un brillante ejemplo de victoria por la fe.
Conquistaron reinos.
Como Josué y David.
Hicieron justicia.
Como Samuel y Elías. En esta categoría se podrían incluir numerosos jueces y reyes.
Alcanzaron promesas.
Como Abrahán, Josué y Daniel.
Taparon bocas de leones.
Como Sansón, David y Daniel.
34.
Apagaron fuegos.
Como los tres héroes hebreos en Babilonia.
Evitaron... espada.
Como los dos espías en Jericó, y como David ante Saúl.
De debilidad.
Como los reyes Ezequias y Josafat.
Se hicieron fuertes.
Como Sansón.
Pusieron en fuga.
Como Josué, Débora y Barac, y Gedeón.
35.
Recibieron sus muertos.
Como en el caso de la sunamita y la viuda de Sarepta.
Atormentados.
Como el profeta Jeremías.
No aceptando el rescate.
Es decir, no fueron desleales a sus principios a fin de librarse de la tortura.
A fin de obtener.
Estos dignos personajes de la antigüedad demostraron, sin excepción, que eran valientes y fieles frente a las dificultades y los peligros, debido a la fe que tenían en su corazón de que Dios cumpliría todas sus promesas. Creían que la herencia futura de los justos era digna de cualquier sacrificio y sufrimiento que pudieran afrontar o por el que pudieran pasar en esta vida.
36.
Vituperios y azotes.
Esto, más "prisiones y cárceles", lo sufrieron hombres como José, Jeremías, Pablo, etc.
37.
Apredeados.
Como Nabot de Jezreel y Esteban.
Aserrados.
De acuerdo con la tradición así murió Isaías.
Puestos a prueba.
Podría presentarse una larga lista de hombres y mujeres nobles que pasaron con éxito por las grandes pruebas de sus vidas.
Muertos a filo de espada.
Como Gedalías, los sacerdotes de Nob y Jacobo el hermano de Juan.
Anduvieron de acá para allá.
Como Elías y David.
38.
El mundo no era digno.
El mundo se daba cuenta de cuánto debía a esos dignos personajes, que en realidad eran "la sal de la tierra" (ver com. Mat. 5: 13). El mundo no aprecia hoy la contribución para el bienestar de la humanidad hecha por aquellos que han procurado aplicar principios cristianos a la solución de los problemas del mundo. 494
Errando.
Ver com. vers. 37.
39.
Alcanzaron buen testimonio.
O "aunque bien aprobados". Ver com. vers. 1, 4.
Mediante la fe.
Ver com. vers. 1, 3.
No recibieron lo prometido.
Su fidelidad en momentos de crisis con frecuencia les proporcionó una evidente ayuda o liberación; pero no disfrutaron de la herencia prometida a Abrahán y a los padres. Ver com. vers. 13.
40.
Proveyendo.
Gr. problépo, "prever". "Proveer" también significa "prever", del latín pro, "antes", y videre, "ver". Dios previó el fin desde el principio. Sabía que en los siglos futuros habría una multitud muy grande de hombres, mujeres, jóvenes y niños fieles; y en su infinita sabiduría dispuso que los fieles de todos los siglos entraran juntos en la herencia eterna (ver com. 1 Cor. 15: 51-52; 1 Tes. 4: 16-17; 2 Tim. 4: 7-8). En lo que se refiere a recibir la gran dádiva de la vida eterna, nadie tendrá ventaja o prioridad sobre otro.
Alguna cosa mejor.
No alguna cosa mejor de la que él se propuso dar a los fieles de los siglos pasados, sino que, desde nuestro punto de vista, ha sido mejor que Dios nos haya concedido una oportunidad de unirnos a sus filas.
Perfeccionados.
Gr. teleióo, que se usa aquí en voz pasiva: "ser completado", "ser llevado a la perfección". En cuanto al adjetivo afín téleios, ver com. Mat. 5: 48. Ser "perfeccionados" equivale a entrar en la herencia eterna prometida a Abrahán y a los padres (ver com. Heb. 10: 35-38).
Aparte de nosotros.
"Sin nosotros" (BJ, BA, BC, NC). Dios, en su providencia, nos ha concedido tiempo para prepararnos para la entrada en la herencia eterna de los santos. La oportunidad es nuestra como lo fue de los héroes mencionados. En los primeros versículos del cap. 12, el autor presenta su conclusión: "Despojémonos de todo peso,... corramos con paciencia..."
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-40 7T 40
1 EC 459; FE 341; HR 133; 1JT 453; 3JT 420; MJ 104; MM 227; OE 274; PP 118; 5T 69; 7T 41
3 Ed 130; 3JT 258; MC 322
4 PP 59
5 OE 55- HR 61; ST 331
5-6 PP 76-77
6 CC 95; CS 80, 489; DTG 101; Ev .212; 1JT 109; 2JT 140, 267; MeM 8, 99; MJ 100, 259; PE 115; PR 116; PVGM 38; lT 645; 3T 415; TM 149
7 3JT 90; PP 82
8 DGT 42; FE 505; MC 380; OE 26, 117; PVGM 19- 3TS 374
8-9 PP 118
9-10 PP 167
10 CM 62, 440; Ev 407; PR 205; 8T 125; TM 131
13 CMC 42; 3JT 74, 82; PE 113; PP 67, 167; PR 516; ST 215; TM 131
13-16 FE 328; 2T 194; 5T 188
14-16 CS 733; HR 451
15-16 MeM 365
16 1JT 563; 2JT 44, 166; 3JT 82; PP 67, 167
19 PP 147
23 MC 288; PP 248
24-26 CV 84; Ed 58; 1JT 387; PP 251; IT 656; 3T 89
25 PP 506; IT 78
25-26 2T 101
26 CS 513; CV 84; Ed 64; Ev 164, 181; M 51; PVGM 329
26 27 2JT 267
27 CM 99; CW 19; DMJ 31; DGT 204; Ed 60; FE 346; HAp 292; 2JT 267; MC 97, 404; 8T 45, 188
29 1JT 452; PP 294
30 PP 526
31 PR 274; PVGM 232
32-40 Ed 153
33-34 PP 549; PR 116; PVGM 136
34 DMJ 55-56; Ev 219; SC 123
35 CS 45
35-36 DMJ 31
36 HR 337
36-37 IT 657
36-38 CS 43-44; HAp 477; PR 281 39 1JT 443 495


HEBREOS - CAPÍTULO 12
1 Exhortación a la constancia en la fe, la paciencia y la santidad. 22 Diferencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.
1 POR tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,
2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.
3 Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.
4 Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado;
5 y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo:
Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor,
Ni desmayes cuando eres reprendido por él;
6 Porque el Señor al que ama, disciplina,
Y azota a todo el que recibe por hijo.
7 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?
8 Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.
9 Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?
10 Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.
11 Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.
12 Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas;
13 y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado.
14 Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.
15 Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;
16 no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura.
17 Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas.
18 Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad,
19 al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más,
20 porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo;
21 y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando;
22 sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,
23 a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,
24 a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.
25 Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecharemos al que amonesta desde los cielos.
26 La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.
27 Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles. 496
28 Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia;
29 porque nuestro Dios es fuego consumidor.


1.
Por tanto.
Los vers. 1 y 2 de este capítulo constituyen la conclusión del cap. 11. Sería mejor haber cerrado el capítulo después de Heb. 12: 2.
En derredor.
O "rodeados". Doquiera miremos en la historia sagrada, encontraremos "testigos" de que la fe y la fidelidad triunfan sobre todo obstáculo.
Nube de testigos.
O "hueste de testigos". La metáfora del vers. 1 compara al cristiano con un atleta que hace los últimos preparativos para competir en una carrera en un estadio de la antigüedad, mientras los espectadores observan sentados en las gradas circundantes. El atleta, que tiene el propósito de ganar la carrera, contempla por un momento la masa de rostros que lo rodean como una nube. Los "testigos" son aquí los incontables héroes de la fe que se mencionan en el cap. 11, cada uno de los cuales, a pesar de desventajas y obstáculos de toda clase, terminó su carrera con gozo. Su fidelidad y perseverancia les proporcionaron la victoria en la carrera de la vida. El atleta cristiano que, por así decirlo, sabe que los ojos de los fieles de todos los siglos están ahora completamente fijos en él, siente un ardiente impulso de esforzarse al máximo para triunfar en la carrera que tiene "por delante".
Los concursos atléticos griegos fueron durante varios siglos muy populares en el mundo mediterráneo, por lo tanto esta ilustración era bastante familiar para todos los lectores de Hebreos. El autor usa con frecuencia la figura de la carrera para representar su carrera como misionero entre los gentiles (Gál. 2: 2; Fil. 2: 16; 2 Tim. 4: 7) o, como aquí, para ilustrar lo que experimentan los cristianos en la vida (ver 1 Cor 9: 24-27).
Peso.
Gr. ógkos, "peso", "carga", "impedimento"; aquí, en este último sentido. En esta metáfora ógkos se refiere al peso de todo lo superfluo, como, por ejemplo, el vestido que estorbara o impidiera al corredor. Los que están motivados por la fe no vacilan en desprenderse de todo -pequeño o grande- lo que pueda impedirles llegar a su meta.
Los hallazgos arqueológicos han demostrado que los atletas se ejercitaban llevando pesas de piedra en las manos. En la carrera no las llevaban, aligerándose así para correr con más presteza. Esta costumbre podría reflejarse aquí.
El autor deja que cada lector descubra qué es lo que puede estorbar sus progresos como corredor cristiano. En esta carrera, por la gracia de Cristo, puede ganar cada participante, pues no está compitiendo con otros sino consigo mismo. No se le exige que aventaje a sus competidores o que sobrepase una marca impuesta por otro competidor previo. El yo es el único competidor, y el único requisito es que en su competencia con el yo ponga en acción fidelidad y paciencia, y que por la gracia de Cristo venza cada "peso", cada tendencia al mal.
Del pecado.
Cada ser humano tiene algún pecado que lo asedia, alguna tendencia al mal que amenaza con impedirle que corra la carrera cristiana, y cuando aferrado a Jesucristo gana la victoria sobre esa tendencia al mal, otra ocupa su lugar y tratará de dominarlo. En el sendero de la salvación hay que librar una batalla tras otra; pero cada cristiano tiene el privilegio de obtener la victoria a cada paso del camino. Cualquiera que sea el pecado que fácilmente nos acose, debemos dejarlo a un lado como los corredores antiguos se desprendían de sus ondeantes mantos o de las pesas con que se habían ejercitado, y se ceñían debidamente para la carrera.
Nos asedia.
O "fácilmente nos envuelve" (BA). Algunos MSS dicen 'distrae fácilmente", pero la evidencia textual favorece (cf. p. 10) el texto "enreda fuertemente". No importa cuán fuertemente pueda enredarnos un pecado y cuán penoso pueda ser el proceso de separación, debe dejarse a un lado para poder conquistar la victoria en la carrera de la vida.
Paciencia.
Gr. hupomoné, "paciencia", "resistencia", "fortaleza", "tenacidad", "perseverancia". Como la carrera cristiana dura toda la vida, exige paciencia y perseverancia: perseverancia ante los sucesivos chascos y dificultades, y paciencia para esperar el galardón al final de la carrera. En Hebreos hay admonición tras admonición en cuanto a soportar pacientemente (cap. 3: 6; 4: 14; 6: 1, 11-12; 10: 23, 36-39; etc.). 497
La carrera.
Es decir, la carrera cristiana, la experiencia permanente por medio de la cual el creyente se va pareciendo cada vez más a Jesús.
2
Puestos los ojos en Jesús.
Para obtener la gracia y la fortaleza para vencer cada dificultad y soportar hasta el fin. Es peligroso apartar los ojos de Jesús aunque sea por un momento, como le sucedió a Pedro cuando intentó caminar sobre las agitadas olas del mar de Galilea (Mat. 14: 24-32). Mantener "puestos los ojos en Jesús" es sostener una relación continua con Aquel que es la fuente de todo poder, con Aquel que puede fortalecernos para que resistamos y triunfemos.
Autor.
Gr. arjegós, "caudillo", "originador", "fundador", "iniciador". Arjegós se ha traducido en Hech. 3: 15 como "Autor" (RVR), "Jefe" (BJ), "Caudillo" (BC), "Príncipe" (NC); en Hech. 5: 31 como "Príncipe" (RVR), "Jefe" (BJ), "Caudillo" (BC), "Príncipe" (NC); en Heb. 2: 10 como "autor" (RVR, BC, NC), "al que iba a guiarlos [el conductor]" (BJ). En cada caso se hace referencia a Cristo como el centro del plan de salvación y la fuente de toda gracia cristiana. El es quien llama a los hombres caídos a salir de las lúgubres tinieblas del pecado a fin de llevarlos a la gloriosa luz del Evangelio. El los limpia del pecado que ha manchado su vida anterior y los capacita para que se conviertan en hijos e hijas de Dios. El los justifica por su gracia en virtud de su expiación en el Calvario. El afirma los pies de ellos en su camino al ciclo.
Consumador.
Gr. teleiotés, "perfeccionador". " obra de la justificación es apenas el comienzo de la vida cristiana. No sólo debemos poner "el fundamento del arrepentimiento de obras muertas", sitio seguir "adelante a la perfección" (ver com. cap. 6: l). Debemos crecer "en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo" (2 Ped. 3:18). Mediante su fortaleza debemos conquistar victoria tras victoria sobre los pecados que nos asedian (ver com. Heb. 12: l) y crecer "en todo en aquel [Cristo] que es la cabeza" (Efe. 4: 15). Nuestros caracteres deben ser transformados "por medio de la renovación" de nuestro "entendimiento" (Rom. 12: 2). Esta es la obra del Cristo que mora interiormente (Gál. 2: 20) como "perfeccionador" de la fe; esta es la obra de la santificación. Ver com. Mat. 5: 48.
De la fe.
"De la fe" como un principio activo en nuestras vidas.
Por.
Gr. antí, "en vez de", "a cambio de", "en consideración de". Cristo sufrió el martirio de la cruz a cambio de la gozosa perspectiva de un universo libre de pecado.
Gozo.
Si para antí se acepta el significado "en consideración de" (ver el comentario de "por"), el pasaje podría entenderse así: Mirando a la cruz desde un punto de vista humano, podríamos decir que fue la fe en os resultados futuros de su sufrimiento y muerte lo que fortaleció a Cristo para soportar el oprobio y la ignominia de la cruz. El sabía que viviría para ver "el fruto de la aflicción de su alma" y que quedaría "satisfecho" (Isa. 53:11). Compartir la eternidad con los redimidos de todos los siglos y con los seres no caídos de otros mundos, fue una perspectiva que produjo intenso gozo a nuestro Señor cuando sufrió en el Getsemaní y en la cruz del Calvario. Ver com. Mat. 5: 12; Sant. l: 2.
Si para antí se acepta el significado "en vez de" (ver el comentario de "por"), entonces el pasaje enseña que en vez del gozo que estaba a su alcance, ya fuera por su existencia antes de la encarnación, o por su existencia desde la encarnación, con excepción de la cruz, Cristo prefirió soportar la cruz.
Sufrió la cruz.
Cristo "sufrió la cruz" para que pudiéramos tener fortaleza para soportar nuestros conflictos individuales con los poderes de las tinieblas. Sufrió la cruz para poder ganar la corona. El Autor de nuestra salvación fue perfeccionado "por aflicciones" (cap. 2: 10), y a medida que aprendemos a sobrellevar la cruz que es necesario que sobrellevemos, también podremos ser hallados perfectos en él en su venida. Así como el gozo futuro inspiró a Cristo para soportara cruz, de la misma manera, en las dificultades y duras vicisitudes de la vida tenemos el privilegio de mirar hacia adelante al gozo que nos reserva la eternidad.
Menospreciando el oprobio.
O "sin hacer caso de la ignominia" (NC), "sin importarle la vergüenza". "Las aflicciones del tiempo presente" son nada en comparación "con la gloria venidera" (Rom. 8: 18) y, por lo tanto, no deben ser tomadas en cuenta. Podemos regocijarnos mucho, "aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario", tengamos "que ser afligidos con diversas pruebas" (1 Ped. 1: 6). Como Pablo, podemos considerar todas las cosas terrenales como pérdida por el gozo inefable de conocer a Cristo Jesús como el Señor (ver Fil. 3: 8). 498
Se sentó.
La evidencia textual establece (cf p. 10) el texto "se ha sentado" (BA). La flexión del verbo griego de la variante preferida implica que Cristo se sentó a la diestra del Padre y que ha permanecido en ese puesto de honor: "Está sentado" (BJ, BC, NC).
A la diestra.
Ver com. cap. 1: 3.
23.
Considerad a aquel.
Los vers. 3-11 tratan de la naturaleza, el propósito y los resultados de la disciplina divina. A ningún cristiano se le impone que pase por un sendero de disciplina más estricto que el que recorrió Cristo. Podemos evitar el cansancio o desfallecer si consideramos la forma en que él hizo frente a las pruebas y tentaciones. Cristo soportó, y por su gracia nosotros también podemos soportar.
Sufrió.
Ver com. vers. 1.
Contradicción.
U "hostilidad". La hostilidad de los sacerdotes, gobernantes, escribas y fariseos, persiguió las pisadas de Cristo durante todo su ministerio terrenal; pero la corriente de popularidad finalmente se volvió contra él, y su propio pueblo pidió su sangre. La hostilidad acumulada de una raza de pecadores fue dirigida contra el Príncipe de los sufrientes con toda la fuerza de la inventiva diabólica.
Para que vuestro ánimo no se canse.
Si contemplamos las cargas que Cristo sobrellevó, por comparación las nuestras parecerán livianas (ver Mat. 11: 28-30). Si sólo miráramos a Jesús y consideráramos lo que él soportó, cada dificultad y chasco que tengamos que enfrentar sería más fácil de llevar.
4.
Resistido hasta la sangre.
O hasta la muerte. Aquí cambia ligeramente la metáfora de los vers. 1 y 2. El cristiano aún está en el centro del estadio, siendo contemplado fijamente por la simbólica "nube de testigos"; pero ahora tiene que hacer frente a un adversario que espera para trabarse con él en una lucha mortal. El cristiano aún no ha experimentado todo lo que el maligno puede lanzar en contra de él; por eso no debe pensar que está sufriendo en su lucha con el pecado más de lo que Dios puede, en justicia, esperar de él (ver 1 Cor. 10: 13). No obstante, al desprenderse del pecado que lo imposibilita se le exhorta que resista la tentación con toda la resuelta firmeza que desplegará al enfrentarse a un adversario en una lucha mortal.
Cristo se trabó una vez en mortal combate con los poderes de las tinieblas, combate que llegó a su clímax en el Getsemaní y en la cruz. Los mártires también resistieron "hasta la sangre". Pero aquellos a quienes fue escrito el libro de Hebreos aún no habían sido llamados a enfrentarse a lo que Cristo y los mártires se habían enfrentado.
5.
Habéis ya olvidado.
El texto griego puede entenderse aquí como una pregunta o como una afirmación. Una pregunta parece imprimir más fuerza y, al mismo tiempo, ser menos severa. El niño que soporta la disciplina puede darse cuenta de que su castigo es justo, que lo merece; pero quizá no capta que es administrado con amor. Los cristianos muy a menudo tienden a pasar por alto el valor disciplinario de las vicisitudes difíciles, y ese descuido los priva de preciosas lecciones que de otra manera podrían aprender. Con demasiada frecuencia se resienten porque Dios permite que les sobrevengan esas dificultades, y se quejan de su suerte.
Exhortación.
Gr. paráklesis, "ánimo", "exhortación", "consuelo". En cuanto a paráklesis y otras palabras afines, ver com. Mat. 5: 4; Juan 14: 16.
Hijos.
La sucesión de instrucciones contenidas en los vers. 5-11 se centra en la relación padre-hijo, y llega a su clímax con el anhelo del padre de que su hijo aprenda ciertas lecciones necesarias para que tenga éxito en la vida.
Se os dirige.
La cita de los vers. 5 y 6 proviene de Prov. 3: 11-12.
Hijo mío.
Una forma común de dirigir la palabra en el libro de Proverbios, de donde se toma esta cita. Equivale a la solicitud de un padre amoroso.
Menosprecien.
Gr. oligré, "tener en poco", "tomar livianamente"; es decir, no tomarlo en serio. El propósito de la disciplina es hacer una impresión. " disciplina que no produce gran impresión, no sirve para un propósito útil.
Disciplina.
Gr. paidéia, "educación de un niño", "instrucción", "disciplina", "corrección" (ver com. Efe. 6: 4), de paidíon, "niño pequeño". Disciplina es la preparación que corrige, modela, fortalece y perfecciona el carácter. Esta palabra se restringe muy a menudo al estrecho significado de castigo; pero la disciplina ha sido definida como el refinado arte de hacer discípulos, pues un verdadero discípulo se somete a un molde especial de disciplina o de preparación. Aunque paidéia puede incluir -pero no lo denota específicamente- 499 disciplina correctiva como es el caso en la palabra castigo, se refiere a todo el proceso por el cual los niños son preparados para desempeñar sus responsabilidades al llegar a la vida adulta.
Del Señor.
Todo lo que nos ocurre en la vida está bajo el control "del Señor"; nada puede sucedemos a menos que lo permita el Altísimo. Dios nunca ha sido el autor del sufrimiento y del pesar, aunque a veces puede permitir que pasemos por ellos. Ver com. 2 Crón. 18: 18; Job 42: 5; Sal. 38: 3;
39: 9.
Desmayes.
Gr. eklúo, en voz pasiva, "cansarse", "agotarse", "desanimarse". Un discípulo que desmaya nunca se graduará de la escuela de la experiencia. El que se descorazona y se siente inclinado a darse por vencido, recibe la invitación de dirigir sus ojos a Jesús y meditar en el Señor (ver com. vers. 23). Por sobre todo debe recordar que Dios no está enojado con él, sino que lo ama como un padre amoroso y está tratando de ayudarlo para que aprenda una lección muy necesaria. Frecuentemente lo que nos hace difícil la vida es la actitud que adoptamos frente a la disciplina, y no ésta.
Reprendido.
Gr. elégjo, "reprobar", "corregir", "castigar", "disciplinar". Nunca es agradable ser reprobado o corregido, mucho menos sufrir el castigo; la reacción natural es despreciarlo. La forma fácil de escapar es desmayar ante él; pero la actitud sabia es la de sacar provecho de él.
6.
El Señor al que ama.
La disciplina paciente y continua es una expresión de solícito afecto. Las vicisitudes que tienen el propósito de ennoblecer y perfeccionar el carácter, constituyen la mejor evidencia de que el Señor nos ama. La disciplina es esencial para el carácter, ya se trate de un niño o de un cristiano adulto,
Azota.
Dios administra cualquier tipo de disciplina que considere necesaria para la formación del carácter, o permite experiencias que alcancen ese propósito (ver com. vers. 5); pero esta afirmación no debe tomarse muy literalmente, como si Dios personal o directamente autorizara u ordenara el sufrimiento y el pesar que acompañan a algunas de las vicisitudes disciplinarias de la vida. Ver com. vers. 5.
El que recibe.
Es decir, a todo aquel que recibe como su hijo. Cada hijo de Dios de esta tierra ha llegado a serlo por su adopción en la familia celestial.
Por hijo.
En cuanto a nuestra relación como hijos del Padre celestial, ver com. Mat. 6: 9; 1 Juan 3: l.
7.
Si soportáis la disciplina.
Ver com. vers. 3, 5. La evidencia textual establece (cf. p. 10) la omisión del "si" condicional: "para disciplina soportáis" o "soportad". Bien puede ser una frase imperativa, una admonición basada en el principio expresado en el vers. 6. Muy frecuentemente oramos para pedir la victoria sobre pecados particulares; pero Dios nos responde permitiendo circunstancias que nos fortalezcan precisamente en aquellos puntos en que somos débiles. Reconozcamos entonces la respuesta de Dios a nuestras oraciones, y no vacilemos. Soportemos "la disciplina" con valor y humildad.
Como a hijos.
Generalmente los padres son reacios a castigar a quienes no son sus hijos; pero un padre sabio no vacila en castigar a sus hijos cuando lo necesitan. El castigo es una prerrogativa, un deber y una responsabilidad de los padres; por lo tanto, castigar es en cierto sentido una evidencia de paternidad.
¿Qué hijo?
Ningún niño nace con un carácter maduro; por eso cada hijo debe ser disciplinado para que pueda ocupar un lugar de utilidad en el mundo y sea una honra para la familia.
8.
Si se os deja sin disciplina.
Los hijos que no reciben castigo son privados precisamente de la preparación que necesitan para los deberes y las responsabilidades de la vida. Los padres que no aplican la debida disciplina tendrán que rendir un día una terrible cuenta delante de Dios. No sería correcto ni justo que nuestro Padre celestial dejara de disciplinarnos, o que nos librara de las circunstancias y situaciones que tienen un valor disciplinario.
Bastardos.
O "hijos ilegítimos".
9.
Por otra parte.
Se establece un punto más de comparación entre la disciplina paterna terrenal y la de nuestro Padre celestial.
Los venerábamos.
O "los respetábamos" (BJ, BA, NC); algo opuesto a despreciarlos (ver com. vers. 5). El respeto por la autoridad debidamente constituida -ya sea la del hogar, de la sociedad o de Dios- es básico para la paz, la armonía y la seguridad.
Obedeceremos.
O "nos someteremos" (BJ). ¿Dejaremos de reconocer y apreciar la disciplina del Señor y de beneficiamos con ella? ¿Debemos ser menos receptivos a la disciplina 500 de nuestro Padre celestial que los hijos a la de sus padres terrenales?
Espíritus.
Gr. pnéuma, "espíritu", "soplo", o, posiblemente, "vida" (ver com. Luc. 8: 55). "Padre de los espíritus" se refiere a Dios como la fuente de toda vida y de todo ser. Esta expresión contrasta con "padres terrenales", como lo hace evidente Heb. 12: 10. El argumento va de lo menor a lo mayor: si respetamos la disciplina de un padre terrenal, a quien debemos nuestra existencia corporal, ¿cuánto más no debiéramos ser obedientes o someternos a la corrección de nuestro Padre celestial, a quien debemos la vida?
"Espíritus" contrasta con "terrenales". Ambos se refieren a seres humanos vivientes, como se ve claramente en el contexto y la sintaxis del texto griego. Todo el contexto trata de la forma en que Dios, como nuestro Padre celestial, castiga a sus hijos terrenales. "Los espíritus" es traducción de una frase griega idiomática que equivale a "nuestros espíritus" (BA).
10.
Por pocos días.
O durante la niñez y la juventud; pero nuestro Padre celestial nos disciplina durante toda la vida.
Nos disciplinaban.
Ver com. vers. 8.
Como a ellos les perecía.
Es decir, como les parecía bueno o mejor.
Para lo que nos es provechoso.
Es decir, para nuestro bien. Puede ser que nuestros padres terrenales se equivocaron con su disciplina debido a su criterio defectuoso o a motivos egoístas; sin embargo, "los venerábamos". ¿Pero cuánto más no debiéramos apreciar y prestar atención a la disciplina de nuestro Padre celestial, un Padre cuya sabiduría y amor permite sólo lo que es para nuestro bien?
Participemos de su santidad.
El propósito de toda disciplina divina es la transformación del carácter; su meta es la perfección (ver com. Mat. 5: 48).
11.
Ninguna disciplina.
O "ninguna corrección" (BJ, NC). Ver com. vers. 5.
Al presente.
La perspectiva del tiempo y de la experiencia generalmente es necesaria para apreciar plenamente la disciplina que se recibe. Cuando los niños y los jóvenes llegan a la madurez -y sólo entonces- pueden comprender todo lo que sus padres, maestros y amigos han contribuido en el desarrollo de su carácter. Este aprecio es, sin duda, un indicio seguro de madurez. Los cristianos maduros aprecian el valor disciplinario de las diversas vicisitudes de la vida mientras están pasando por ellas. Comprenden que el resentimiento frente a la disciplina divina es señal de puerilidad e inmadurez.
Causa de gozo.
O "agradable" (BJ, NC).
Tristeza.
No en el sentido de ser severa, intensa u opresiva, sino porque causa aflicción, sufrimiento o dolor.
Después.
Las bestias sólo viven en el presente y para el presente; pero una de las características distintivas de los seres inteligentes es que pueden proyectarse hacia el pasado o el futuro por medio de la memoria o de la imaginación. En esta forma pueden estimar su situación actual dentro de la perspectiva del tiempo y de la experiencia, y decidir y actuar con inteligencia.
La manera como una persona puede contemplar el presente en relación con el pasado y el futuro es una medida bastante segura de que ha pasado de la niñez a la madurez. Otro tanto es cierto en el caso de la madurez cristiana, especialmente en relación con las vicisitudes disciplinarias de la vida. Felices aquellos cristianos que han aprendido a considerar las cosas del tiempo a la luz de la eternidad.
Da fruto.
La disciplina siempre da "fruto apacible de justicia", si se acepta; rara vez, si es resistida; nunca, si es rechazada.
De justicia.
La disciplina se hace necesaria cuando surge un conflicto entre las tendencias y los deseos naturales y los principios correctos. El propósito de la disciplina es resolver ese conflicto armonizando las tendencias y los deseos naturales con los principios. Así, la disciplina produce paz. Las persona sometida a la disciplina se encuentra en paz con Dios, consigo misma y con sus prójimos.
Ejercitados.
O "adiestrados". Los que aceptan la preparación que proporcionan las vicisitudes disciplinarias, tienen el privilegio de disfrutar del "fruto apacible de justicia", que crece en el árbol de la obediencia a la voluntad revelada de Dios.
12.
Por lo cual.
Es decir, en vista de que las vicisitudes disciplinarias son permitidas por un Padre celestial sabio y amoroso, con el propósito de que haya el "fruto apacible de justicia" que dé madurez a nuestra vida.
Levantad.
"Las manos caídas y las rodillas paralizadas" son símbolos de desánimo e inactividad. Representan la antítesis de la paciencia (ver com. vers. 2). El cristiano maduro no se cansa ni desmaya (vers. 3) cuando 501 pasa por la disciplina; no deja caer las manos ni vacilan sus rodillas. Como entiende no poco de la naturaleza y del propósito de la disciplina y tiene confianza en la sabiduría y la bondad de su Padre celestial, destierra el resentimiento, el desánimo y la inactividad. Cumple sus tareas con valor y confianza.
Son demasiados los cristianos que sufren de "rodillas paralizadas" y de "manos caídas". En vez de aceptar la disciplina del ciclo, comienzan a culpar a otros por las circunstancias desfavorables en que se encuentran. Rechazan la oportunidad que les proporciona su Padre celestial para desarrollar el carácter. Su vida comienza pronto a dar frutos de disensión y amargura (ver com. vers. 13, 15) en vez del "fruto apacible de justicia" (vers. 11). Cf. Isa. 35:3.
Caídas.
"Caídas" por causa del desánimo y los chascos.
Rodillas paralizadas.
Las rodillas paralizadas son una desventaja en la carrera cristiana (ver com. vers. 1-2).
13.
Sendas derechas.
La renuencia a aceptar la disciplina de la vida, lleva con frecuencia a una persona por caminos tortuosos. El cristiano maduro avanza por una senda derecha porque acepta con valor y confianza, sin vacilaciones ni quejas, las vicisitudes disciplinarias necesarias para la formación de un carácter cristiano simétrico. No trata de encontrar un desvío para evitar la disciplina, sino que prosigue por el camino verdadero y aprovecha las buenas oportunidades que la vida ofrece.
Lo cojo.
Otra referencia a las personas de "manos caídas", "rodillas paralizadas" y pies que necesitan "sendas derechas" (vers. 12-13). Su cojera les dificulta caminar por las desagradables experiencias disciplinarias a lo largo del camino de la vida.
Salga del camino.
Gr. ektrépo, en voz media "desviarse", "apartarse", "dejar el camino". El sentido en que este verbo se usa aquí, no es completamente claro. Es posible una de estas dos interpretaciones: (1) los pies cojos se salen "del camino", o se apartan de las "sendas derechas' a "sendas" torcidas donde es más posible tropezar y caer; (2) ektrépo debe entenderse en sentido médico: "dislocado", "descoyuntado". La cojera haría difícil caminar; una dislocadura lo haría imposible. Si la admonición se entiende de esa manera, diría a menos que se ofrezcan "sendas derechas y para los pies cojos, existe el peligro de que se produzcan dislocaduras de las articulaciones. El segundo sentido, "dislocado" o "descoyuntado", concuerda mejor con el contexto, pues es más probable que "lo cojo" se disloque y no que se extravíe. Además, la admonición 'que sea sanado" presenta un sentido más apropiado si hay descoyuntamiento que si hay extravío. "No se descoyunte" (BA, BJ); "no se disloque" (NC).
Sino que sea sanado.
La renuencia a aceptar la disciplina producirá dificultades aún mayores; pero el cristiano sabio no lo permite, sino que aplica el remedio apropiado. Los males físicos tienden a empeorar, no a mejorar, cuando no se les presta la debida atención. Las condiciones de la mente y del corazón, como la renuencia a aceptar la disciplina o el resentimiento debido a ella, se agravan inevitablemente, a menos que se hagan esfuerzos inteligentes para diagnosticar la situación y aplicar el remedio apropiado.
14.
Seguid la paz.
Literalmente "perseguid la paz". El autor deja los problemas personales del cristiano individual, y se ocupa de las relaciones del cristiano con sus prójimos. En cuanto a la admonición de seguir "la paz", ver com. Rom. 12: 18; 1 Ped. 3: 11; cf. Sal. 34: 14.
Santidad.
Sólo los de corazón puro pueden esperar que verán a Dios (ver com. Mat. 5: 8).
Verá al Señor.
Es decir, en paz.
15.
Mirad bien.
Nadie entrará en el cielo yendo a la deriva. "Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios" (Hech. 14: 22; ver com. Mat, 7: 21-27; 10: 23). Debemos esforzarnos para entrar (Luc. 13: 24). Ningún esfuerzo a medias alcanzará el tesoro celestial (ver Mat. 13: 44-46).
Deje.
Gr. husteréo, "carecer de", "faltar", "llegar tarde". La forma en que se usa aquí implica un descuido continuo, no una sola deserción. En cuanto a caer de la gracia, ver com. Gál. 5: 4.
Raíz de amargura.
La declaración se basa en Deut. 29: 18 (LXX). Originalmente fue una advertencia contra la idolatría (ver com. Deut. 29: 18); aquí parece ser un consejo contra cualquier persona de la iglesia dada a las discusiones con el deliberado propósito de fomentar mala voluntad y división entre los hermanos. Una "raíz de amargura" generalmente germina en la oscuridad de algún alma marchita, y luego florece convirtiéndose 502 en una crítica pública y maligna contra los dirigentes de la causa de Dios en la tierra, y hace que los hermanos se dividan entre sí.
Muchos sean contaminados.
Los que tienen amargada el alma procuran siempre implicar tantos como pueden en su descontento y rebelión.
16.
Fornicario.
"Persona inmoral".
Profano.
Gn bébelos, "Profano", "vulgar", "irreligioso". Bébelos describe en el NT a una persona que no aprecia ni desea las cosas sagradas, cuyos deseos y ambiciones no se elevan por encima de las cosas de esta tierra.
Esaú.
En cuanto al carácter de Esaú y el episodio al cual se hace referencia, ver com. Gén. 25: 27-34.
Primogenitura.
En cuanto al significado de la primogenitura, ver com. Gén. 25: 31.
17.
Desechado.
Gr. apodokimázo, "se refiere a rechazar, después de someter a prueba, por no alcanzar la medida de las normas exigidas". En cuanto al episodio a que aquí se menciona, ver Gén. 27: 1-40.
No hubo oportunidad para el arrepentimiento.
Los largos años durante los cuales Esaú fue en pos de propósitos terrenales, lo incapacitaron para cumplir con las responsabilidades más serias de la vida. Su propia elección había modelado su manera de pensar y su carácter El autor de Hebreos no quiere decir que Esaú deseó realmente arrepentirse de sus malos hábitos, sino sencillamente que se arrepintió de haber vendido su primogenitura. Deseaba recuperarla; pero sabía que su decisión había sido irrevocable: la había perdido para siempre. Ningún acto arbitrario de Dios impidió que Esaú recibiera la herencia que normalmente hubiera sido suya; fue su carácter lo que lo descalificó para los privilegios y las responsabilidades de la primogenitura.
Con lágrimas.
Cuando Esaú se dio cuenta de lo que había perdido, "clamó con una muy grande y muy amarga exclamación" (Gén.27: 34).
18.
No os habéis acercado.
Ver Exo. 19: 9-25 en cuanto al suceso al cual se hace referencia en los vers. 18-21. Así como el antiguo Israel oyó en el monte Sinaí la voz de Dios (Heb. 12: 18-21), también los cristianos se han "acercado al monte de Sion" (vers. 22-23) y deben prestar atención a la voz de Cristo (vers. 24- 27).
Que se podía palpar.
No se trata de un monte literal en la tierra.
Que ardía en fuego.
En cuanto a las frases descriptivas de los vers. 18-19, ver Exo. 19: 16.
19.
Voz que hablaba.
O sea la voz de Dios.
Rogaron.
Ver Exo. 20: 19; Deut. 5: 5.
21.
Tan terrible.
Se destaca lo impresionante que fue lo que se vio y se oyó, especialmente el sonido de la voz de Dios. Cuando el pueblo estuvo frente a frente con el Dador de la ley y juez de toda la tierra, experimentó algo del "temor del Señor" (2 Cor. 5: 11). La entrega de la ley en el Sinaí fue acompañada por una exhibición tremendamente impresionante del poder y de la majestad de Dios. Nunca antes ni tampoco después ha contemplado el mundo algo tan impresionante y aterrador.
22.
Os habéis acercado.
El autor deja ahora aquella experiencia del antiguo Israel para referirse a los cristianos. Habla en sentido figurado de los cristianos como si estuvieran congregados alrededor del trono de Dios en el cielo, o en una gran reunión de la iglesia invisible.
Monte de Sion.
El nombre de uno de los cerros sobre los cuales estaba situada la antigua Jerusalén (ver com. Sal. 48: 2). Este llegó a ser un nombre poético favorito para la ciudad de Jerusalén. Aquí se hace referencia a "Jerusalén la celestial".
Dios vivo.
Ver com. cap. 3: 12; 9: 14; 10: 31.
Jerusalén la celestial.
En cuanto a la aplicación del nombre Jerusalén o nueva Jerusalén a ciudad del Dios vivo", ver com. Apoc. 3: 12; 21: 2.
Compañía de muchos millares.
Literalmente "miríadas". Ver com. Apoc. 5:11.
23.
Congregación de los primogénitos.
En el texto griego hay dos sustantivos en este pasaje, ambos con relación a "los primogénitos": paneguris, "convocación festiva" y ekklesía, "congregación" o "iglesia". "A la asamblea general e iglesia de los primogénitos" (BA). Esta iglesia "de los primogénitos" la constituyen los que han nacido de nuevo. Se alude a la iglesia invisible.
Inscritos en los cielos.
O "registrados en los cielos", es decir en el libro de la vida del Cordero (ver com. Fil. 4: 3; Apoc. 3:5).
Dios el juez.
Dios fue el que dio la ley en el monte Sinaí. En el monte de Sión aparece como "el juez de todos" los hombres para juzgarlos por la ley que proclamó desde el Sinaí. No será menos aterrador encontrarse 503 frente a Dios cuando juzgue a todos los seres humanos de acuerdo con la norma de su ley.
Espíritus.
Gr. pnéuma (ver com. vers. 9). " idea de que pnéuma signifique alguna entidad del ser humano que es consciente y capaz de existir separada del cuerpo, no es parte esencial de esta palabra, ni tampoco puede hacerse derivar de ella objetivamente tal significado por el uso que tiene en el NT. El concepto de espíritu inmortal se basa únicamente en opiniones preconcebidas de los que creen que una entidad consciente sobrevive al cuerpo cuando éste muere, preconcepto que aplican a palabras como "espíritu" y "alma". En cuanto a rúaj, el equivalente hebreo del griego pnéuma, ver com. Ecl. 12: 7. Ver también com. Sal. 16: 10 y Mat. 10: 28.
Justos hechos perfectos.
O cristianos maduros (ver com. Mat. 5: 48). Las palabras "os habéis acercado" (Heb. 12: 22) son dirigidas a cristianos vivos, como lo demuestra el contexto. El autor no se está dirigiendo a los justos muertos de los siglos pasados, como si estuvieran realmente reunidos delante del "Juez de todos" los hombres, en el "monte de Sion", en "Jerusalén la celestial" (vers. 22-23). Todos convendrán en que únicamente en sentido figurado pueden, todos los cristianos que viven, congregarse delante del trono de Dios como se describe en los vers. 22-24. El autor los invita en el mismo sentido a acercarse "confiadamente al trono de la gracia" (cap. 4: 16), y en la misma forma figurada pueden imaginarse a "los espíritus" de todos los otros "justos hechos perfectos" reunidos allí en espíritu, no en un estado imaginario de seres desencarnados. Afirmar que la expresión "los espíritus de los justos hechos perfectos" se refiere a supuestos "espíritus" desencarnados, sería poner en antagonismo al autor de Hebreos con las claras afirmaciones de las Sagradas Escrituras acerca de la inconsciencia del hombre en la muerte (ver com. Ecl. 3: 21; 12:7; Juan 11: 11; cf. com. Gén. 2: 7).
24.
Mediador.
En cuanto a Cristo como mediador del nuevo pacto, ver com. cap. 8: 6; 9: 15.
Nuevo pacto.
Ver com. cap. 8: 8- 10.
Sangre rociada.
Ver com. Exo. 24: 6, 8; Heb. 9: 19, 21; 10: 22. Es una referencia a la sangre expiatorio de Cristo, por medio de la cual fue ratificado el nuevo pacto y por cuyo medio es perdonado el pecado.
Habla.
Ver com. Gén. 4: 10; cf. com. Heb. 11: 4.
Mejor.
La sangre de Abel clamó pidiendo venganza; la de Cristo habla elocuentemente de la misericordia y el perdón de Dios.
25.
Mirad que no desechéis.
En los vers. 25-29 el autor extrae su conclusión de toda la serie de argumentos presentados en los vers. 18-24. El antiguo Israel quedó aterrorizado por la voz de Dios que hablaba desde el monte Sinaí (vers. 18-21). Si los cristianos penetran por fe hasta la presencia de "Dios el juez de todos" y de "Jesús el Mediador del nuevo pacto" (vers. 23-24), no se sentirán menos profundamente impresionados; sin embargo, Israel no quiso escuchar la voz de Dios (Exo. 20: 18-19), y ese rechazo prefiguraba una desobediencia persistente (ver t. IV, pp. 34-35). Los cristianos deben cuidarse para no caer en el mismo error que cometió el antiguo Israel (ver com. 1 Cor. 10: 1-12; Heb. 3: 11; 4: 1).
Al que habla.
En el cap. l: 1-2, Dios el Padre es presentado como si nos hablara por medio de su Hijo. Aquí no es claro si el que habla es el Padre o es el Hijo. En todo caso, el mensaje es el mismo.
Si no escaparon.
Ver com. cap. 2: 2-3; 4: 1.
Los amonestaba en la tierra.
Es decir, desde el monte Sinaí.
Mucho menos.
Ver com. cap. 2: 3.
Desde los ciclos.
O sea a los cristianos que viven ahora en la tierra.
26.
La voz del cual conmovió.
Cf. Exo. 19: 18.
Aún una vez.
La cita está adaptada de Hag. 2: 6-7 (LXX; ver el comentario respectivo). Esta profecía se aplicó al templo cuando fue restaurado después del cautiverio babilónico y al primer advenimiento de Cristo; aquí se refiere al segundo advenimiento de Cristo (ver Apoc. 16: 17-18).
27.
Indica la remoción.
La frase "aún una vez" indica que la segunda sacudida será final, definitiva. No se necesitará otra sacudida más. Por lo tanto, todo lo que pueda ser sacudido y removido lo será en la segunda sacudida que se producirá con la venida de Cristo.
Cosas movibles.
Es decir, que pueden ser sacudidas. Serán removidos el pecado y todas sus consecuencias. Terminará este mundo y todo lo que hay en él.
Como cosas hechas.
No se ve con facilidad la relación de esta frase con toda la argumentación. El texto griego en este pasaje es breve y poco claro. El autor quizá aluda al hecho de 504 que así como Dios en el principio llamó a la existencia los cielos y la tierra mediante su palabra (ver com. Gén. 1: 3; Heb. 11: 3; cf. Sal. 33: 6, 9), así también hablará otra vez para hacer desaparecer todo lo movible.
Para que queden.
Cuando la voz de Dios sacuda de nuevo los cielos y la tierra, sólo permanecerá lo que es recto, puro y verdadero.
Las inconmovibles.
Es decir, el "reino inconmovible" (vers. 28), incluso todos "los justos hechos perfectos" (vers. 23).
28.
Un Reino
El autor describe al pueblo de Dios en la tierra como si ya estuviera en posesión de su herencia eterna (ver com. cap. 11: 1).
Tengamos gratitud.
Tener járis puede significar tener "gracia" o "favor".
Sirvamos a Dios agradándole.
Nada puede ser más agradable a Dios que la gratitud por las bondadosas disposiciones del plan de salvación, pues la gratitud inevitablemente conduce a un servicio leal.
Temor y reverencia.
O "devoción y profundo respeto". Ver com. Sal. 19: 9; Heb. 5: 7. El temor reverente que los seres humanos sienten en la presencia de Dios, se destaca en cap. 12: 18-21, 26-27.
29.
Fuego consumidor.
Esto quedó demostrado en el monte Sinaí (Exo. 24: 17). El fuego del último día destruirá todo lo que esté manchado de pecado (ver com. Mal. 4:1 ; cf. 2 Ped. 3: 7, 10-12; Apoc. 20: 9, 15).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1 CM 433; FE 134; 2T 517; 3T 43; ST 83; 5TS 228
1-2 FE 402; HAp 251; 1JT 184; 4T 35
2 AFC 370; CC 74, 76; CE (1967) 158; CH 299, 320; CMC 225; COES 17; DTG 481, 614; EC 458; ECFP 101; Ev 468; FE 383; 1JT 232, 365, 395, 490, 518; 2JT 59, 126, 341, 550; 3JT 72, 120; MB 54; MC 404; MeM 102, 108, 181; MJ 102; MM 21, 41, 99; PR 127; RC 58; 2T 115,
491; 4T 54, 366, 461, 583, 615; 8T 210; 5TS 174
2-3 HAp 373; PE 114
2-4 2T 709
3 PR 517; 3T 434
3-4 2JT 238 4 5T 222
5 DMJ 15 8 IT 632
8-11 2JT 293
10 DMJ 14; 2JT 339; MeM 301
11 MeM 95; PE 119; PP 242; 3T 416
12 4T 131; TM 496
12-13 TM 184-185
12-15 8T 79
13 CE (1967) 207; CH 575; CMC 270;
COES 14; CW 174; Ev 269, 296, 429; FE 222; 1JT 533; 2JT 117; 3JT 414; MJ 29; NB 359; 3T 441; 5T 518; 7T 130, 238; 8T 196, 212; TM 219, 229, 406, 468
13-15 3JT 173
14 CC 34; CM 415; CS 596; FE 136, 385; 2JT 340; MM 52; IT 23; 2T 401; 4T 332; TM 447
15 Ev 395; HAp 169; 2JT 82; PR 63; PVGM 63; IT 480; 3T 440, 452; 4T 2299 610
16 CH 110; CMC 144; CRA 174; CV 61
16-17 PP 180
17 2T 39
21 PP 312; 4T 342
22 CS 566
24 DTG 138; PP 387
25 PVGM 188
26 DTG 726; 1JT 64; PP 353
27 CE (1967) 20, 24; Ev 266; 2JT 549; 3JT 285, 312; MJ 27; 1 T 355; 7T 219
29 CC 16; CS 732; DTG 82, 552; HR 449 505


HEBREOS - CAPÍTULO 13
1 Diversas admoniciones: a la caridad, 4 a la vida honesta, 5 contra la avaricia, 7 a honrar a los predicadores de Dios, 9 a cuidarse de las doctrinas falsas, 10 a confesar a Cristo, 16 a ayudar a otros, 17 a obedecer a las autoridades, 18 y a orar por el apóstol. 20 Conclusión.


1 PERMANEZCA el amor fraternal.
2 No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles.
3 Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo.
4 Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.
5 Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo. No te desampararé, ni te dejaré;
6 de manera que podemos decir confiadamente:
El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre.
7 Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe.
8 Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.
9 No os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas; porque buena cosa es afirmar el corazón con la gracia, no con viandas, que nunca aprovecharon a los que se han ocupado de ellas.
10 Tenemos un altar, del cual no tienen derecho de comer los que sirven al tabernáculo.
11 Porque los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del pecado es introducida en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera del campamento.
12 Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta.
13 Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio;
14 porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir.
15 Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre.
16 Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios.
17 Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.
18 Orad por nosotros; pues confiamos en que tenemos buena conciencia, deseando conducirnos bien en todo.
19 Y más os ruego que lo hagáis así, para que yo os sea restituido más pronto.
20 Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno,
21 os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
22 Os ruego, hermanos, que soportéis la palabra de exhortación, pues os he escrito brevemente.
23 Sabed que está en libertad nuestro hermano Timoteo, con el cual, si viniere pronto, iré a veros.
24 Saludad a todos vuestros pastores, y a todos los santos. Los de Italia os saludan.
25 La gracia sea con todos vosotros. Amén.


1.
Amor fraternal.
Ver com. Rom. 12: 10. El capítulo final del libro de Hebreos está compuesto por una serie de admoniciones generales sobre diversos temas (vers. 1-17) y un saludo personal (vers. 18-25).
2.
No os olvidéis.
Evidentemente muchos tendían a estar tan absortos en sus propios asuntos, que no se interesaban personalmente en sus hermanos en la fe como debieran haberlo hecho. A medida que la iglesia aumenta en número, hay el peligro creciente de que ocurra lo mismo hoy día. Nuestro 506 prójimo es todo el que necesite nuestra amistad y hospitalidad.
Hospitalidad.
Las posadas eran escasas, y con frecuencia se desconfiaba de los extraños. Si los particulares no se interesaban en los forasteros, con frecuencia éstos no tenían dónde alojarse. La hospitalidad exigía en la antigüedad que se albergara a los forasteros. Esta necesidad quizá no exista hoy día en el mismo grado, pues por lo general abundan los lugares donde alojar a los viajeros. A pesar de todo permanece el principio, y los cristianos deben procurar formas y medios de demostrar hospitalidad de acuerdo con las necesidades actuales.
Sin saberlo.
Es decir, en los primeros momentos cuando fueron recibidos los forasteros.
Hospedaron ángeles.
Este fue el privilegio de Abrahán (Gén. 18: 1-8), de Lot (Gén. 19: 1-3), de Gedeón (Juec. 6: 11-26) y de Manoa (Juec. 13: 2-4, 9-21). La fidelidad en atender las necesidades de los forasteros será tenida muy en cuenta en el juicio final (ver Mat. 25: 35).
3.
Presos juntamente con ellos.
Atender los presos es otra actividad de suficiente importancia como para ser considerada en el juicio final (ver Mat. 25: 36). Aquí se presenta el principio, como en otras partes de las Escrituras (ver 1 Cor. 9: 22), de que el cristiano debe esforzarse por simpatizar con cualquier persona que él descubra que se encuentra en necesidad o circunstancias difíciles. Debe prestarle ayuda de acuerdo con la regla de oro (ver com. Mat. 7: 12).
También vosotros mismos estáis en el cuerpo.
Piense en cómo se sentiría usted si estuviera en la misma situación de los maltratados; luego socórralos conforme a sus necesidades. El principio que se presenta en la regla de oro se aplica a otra situación práctica. El cristiano no debe preguntar si los que sufren adversidades merecen o no ayuda; es suficiente que sepa que necesitan ayuda.
4.
Honroso sea en todos.
La institución del matrimonio fue ordenada por un sabio Creador para que fuera una gran bendición para los seres humanos, y cuando se lleva a cabo el propósito del Creador en la vida familiar, el resultado es un bien inmensurable. Pero el matrimonio se pervierte cuando sólo sirve a propósitos indignos; pierde la cualidad de ser "honroso".
Matrimonio.
Respecto a los ideales cristianos en cuanto a las responsabilidades y los privilegios del matrimonio, ver com. 1 Cor. 7; cf. com. Mat. 5: 28-32; 19: 5-10.
Lecho sin mancilla.
Esta parte del versículo puede traducirse: "que el lecho conyugal sea sin mancha". Es posible que el lecho sea mancillado, y por esto el apóstol aconseja a sus lectores a mantenerlo puro y honorable, a no degradarlo convirtiéndolo en un instrumento para la complacencia de las bajas concupiscencias. La idea que sostienen algunos de que las intimidades de la vida conyugal no son honorables, o que necesariamente disminuyen la nobleza del carácter, sirven como un recurso del diablo, que deshonra una de las disposiciones que el Creador ordenó y declaró buena. Ver com. 1 Cor. 7: 3-5.
Fornicarios.
O "personas inmorales". Ver com. Mat. 5: 32.
Adúlteros.
Ver com. Exo. 20: 14; Mat. 5: 32.
Juzgará Dios.
En el último día junto con todos los que persistentemente hayan vivido violando los principios presentados en la santa ley divina (ver com. Apoc. 21: 8).
5.
Costumbres.
Gr. trópos, "actitud", "costumbre", "manera", "conducta", "carácter".
Avaricia.
Ver com. Luc. 12: 13-34.
Contentos.
Ver com. Fil. 4: 11; 1 Tim. 6: 6.
Con lo que tenéis ahora.
Si los seres humanos tan sólo pudieran aprender a estar contentos con lo que tienen y a no codiciar lo de los demás, automáticamente se resolverían la mayoría de los problemas que azotan a la raza humana. En cuanto a la forma en que el cristiano debe considerar las cosas materiales, ver com. Mat. 6: 19-34.
El.
Es decir, Dios. La cita es de Deut. 31: 6, 8 (LXX).
Ni te dejaré.
Acerca de la bondadosa forma en que Dios atiende nuestras necesidades, ver com. Mat. 6: 26-34.
6.
Confiadamente.
La cita es de Sal. 118: 6 (LXX; ver el comentario respectivo).
7.
Pastores.
Literalmente "los que os guían"; aquí significa dirigentes de la iglesia. En cuanto a la lealtad hacia los que dirigen la iglesia, ver com. 1 Tes. 5: 12-13.
Hablaron.
El tiempo del verbo indica que se refiere a dirigentes del pasado, que quizá entonces ya descansaban en Jesús.
Resultado.
Sin duda el autor tenía en cuenta ciertas personas en particular, aunque no las menciona.
Conducta.
Gr. anastrofL, "manera de vida", 507 conducta", "comportamiento" (ver com. Efe. 4: 22).
Su fe.
Los héroes de la fe mencionados en el cap. 11 habían vivido hada mucho; pero también había habido hombres fieles en tiempos más recientes, cuyo ejemplo podía ser imitado.
8.
Jesucristo.
En cuanto a la combinación de Jesús y Cristo en un solo nombre, ver com. Mat. 1: 1.
El mismo.
Esta afirmación indudablemente tenía el propósito de preparar el camino para la advertencia del vers. 9. Como Cristo nunca cambia, nunca puede cambiar el mensaje en cuanto a él. Las enseñanzas que difieren del Evangelio puro ya proclamado, pueden ser desechadas sin mayor examen. Ver com. Gál. 1: 6-8.
9.
No os dejéis llevar.
Algunos sienten fácilmente la influencia de cualquier doctrina nueva o extraña. Les falta discriminación espiritual, y no pueden ver la diferencia entre la verdad y el error comparando la nueva enseñanza con las Escrituras. Ver com. Efe. 4: 14; Col. 2: 4, 8.
Diversas.
Es decir, que difieren del mensaje evangélico puro ya recibido.
Afirmar el corazón con la gracia.
Para no dejarse llevar por enseñanzas caprichosas en cuanto a religión y teología. El poder estabilizador de la gracia de Cristo es la mejor protección del cristiano contra las falsas enseñanzas. En cuanto a la "gracia", ver com. Rom. 1: 7; 3: 24.
No con viandas.
Por lo menos algunos de los que propagaban novedades caprichosas en cuanto a religión, indudablemente se extralimitaban frente a las claras enseñanzas de las Escrituras sobre la alimentación, y convertían sus escrúpulos de comida en una prueba de fe. En cuanto a la relación del régimen alimentarlo y la religión, y a la advertencia contra los caprichos en la alimentación disfrazados como obligaciones religiosas, ver com. Rom. 14: 17; 1 Tim. 4: 3.
Nunca aprovecharon.
Aun los que tan vehementemente ensalzaban el valor de los caprichos culinarios que patrocinaban, no habían recibido ningún beneficio práctico de ellos. Sin duda se hace referencia a una o más de las facciones judaizantes que perturbaban a la iglesia cristiana primitiva, como los ebionitas y los nazarenos (ver t. VI pp. 54-56).
10.
Tenemos un altar.
El autor alude al hecho de que a los sacerdotes y a los levitas se les habían asignado ciertas partes de algunos de los animales que eran llevados al santuario antiguo o al templo para ser sacrificados (ver Lev. 6: 16-18; 7: 15-16, 31-34; Núm. 18: 8-10; Deut. 18: 1-2; cf. 1 Cor. 9: 13). En las falsas doctrinas a que se hace referencia en Heb. 13: 9 quizá se hacía destacar la importancia de obligar a los cristianos a practicar las ceremonias y los antiguos ritos del judaísmo -que trataban de comidas y bebidas-, como si de esa manera se pudiera alcanzar una mayor santidad. Pero los cristianos tenemos un altar -la cruz del Calvario- y un sacrificio que supera por mucho en valor y en eficiencia a los antiguos sacrificios de animales (ver com. cap. 9: 14, 24-28; 10: 10, 12, 14): es, nada menos, "el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1: 29). Además, Cristo invita a los que creen en él a que coman de su carne (Juan 6: 33-58).
No tienen derecho de comer.
Dentro del ambiente del sistema religioso judío, los sacerdotes y levitas disfrutaban de un puesto de honor y de privilegios especiales; pero a pesar de su elevada posición, después de rechazar a Jesús fueron indignos de participar en lo que tiene derecho de participar todo verdadero cristiano. Pablo puede también haber tenido en cuenta el pan y el vino de la Cena del Señor. Los tan alabados méritos del sistema de religión o "doctrinas diversas y extrañas" del vers. 9, eran, desde cualquier punto de vista, incomparablemente inferiores al camino de salvación por la fe en Jesucristo.
Los que sirven.
Es decir, los sacerdotes y los levitas.
11.
De aquellos animales.
Cuando la sangre de la ofrenda por el pecado era introducida en el santuario, como en el caso del sacerdote ungido o de toda la congregación, el sacerdote no debía comer de la carne sino quemarla fuera del campamento (Lev. 6: 30). Así también Jesús sufrió "fuera de la puerta" (Heb. 13: 12; cf. Juan 19: 17), después de lo cual ministro con su propia sangre en el santuario celestial (Heb. 9: 12). Durante el antiguo sistema ceremonial los sacerdotes no tuvieron derecho a comer de la porción que les correspondía de un sacrificio como éste (cap. 13: 10); pero Cristo dijo: "Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido" (1Cor. 11: 24).
12.
Para santificar.
Para que Cristo pudiera ministrar con su propia sangre en favor de 508 los pecadores arrepentidos en el santuario com. cap. 10: 5-8). Esa sangre no sirve para celestial, era necesario que padeciera "fuera ningún propósito útil. Pero Dios se agrada de la puerta" de Jerusalén.
13.
Salgamos, pues.
Los cristianos de origen judío ya no buscarían la salvación en los ritos y ceremonias de la religión judía. Aún eran israelitas, y como tales, en sentido figurado, habitantes de la ciudad de Jerusalén; pero para hallar al Salvador tenían que buscarlo más allá de los límites del judaísmo. De acuerdo al libro de Hebreos, esta situación constituye una exhortación a los cristianos de origen judío a apartar la vista de los ritos y las ceremonias del judaísmo y a fijarla en Jesucristo y en su ministerio como nuestro gran sumo sacerdote en el santuario celestial (ver pp. 403-404).
Llevando su vituperio.
Los que manifestaron simpatía con Jesús cuando fue al Gólgota como criminal condenado, sufrieron "vituperio" con él. Cuando los cristianos de origen judío abrazaban el cristianismo, incurrían en el odio de sus compatriotas judíos, y cuando daban la espalda al sistema judaico de sacrificios como un medio de salvación, eran acusados de apostasía y traición,
14.
Ciudad permanente.
Los judíos consideraban a Jerusalén como una "ciudad permanente"; es decir, pensaban que el plan divino estaba indisolublemente ligado a esa ciudad y que, por lo tanto, estaba destinada a permanecer para siempre. Se sentían seguros dentro de los brazos del judaísmo. Pero los cristianos no tienen una "ciudad permanente" tal. Sus esperanzas y aspiraciones no están relacionadas con ninguna ciudad terrenal ni con ningún sistema religioso terreno. Cuánto significado tenía todo esto para los cristianos hebreos que, antes de mucho, verían la destrucción de Jerusalén!
Buscamos la por venir.
Es decir, la nueva Jerusalén (cf. cap. 12: 22). Compárese esto con el caso del patriarca Abrahán (cap. 11: 10).
15.
Por medio de él.
Es decir, por Cristo o en virtud del sacrificio que ya ha hecho por nosotros "fuera de la puerta" de Jerusalén.
Sacrificio de alabanza.
En vez de llevar una ofrenda de agradecimiento al templo como lo prescribía la ley de Moisés (ver Lev. 7: 12-14), debemos ofrecer un continuo "sacrificio de alabanza" al Señor.
16.
Hacer bien.
Es decir, ministrar a las necesidades de otros. Dios no se agrada con la sangre de becerros y machos cabríos (ver con el espíritu de servicio sacrificado a favor de otros (ver com. Mat. 25: 24-40). La práctica de "la religión pura y sin mácula" (Sant. 1: 27) siempre es aceptable a la vista del cielo.
No os olvidéis.
Quizá algunos se habían descuidado en este respecto.
Se agrada Dios.
Los ritos formales y las ceremonias no tienen significado para Dios. El procura que los seres humanos lo adoren "en espíritu y en verdad" (Juan 4: 23), es decir, reflejando el carácter divino y demostrando su amor y devoción a Dios con una vida de servicio para otros.
17.
Obedeced.
Ver com. vers. 7.
Sujetaos.
Dios ha instituido dirigentes para que pastoreen su grey, y exhorta a sus ovejas para que se sujeten a los que han sido instituidos sobre ellas mientras esos dirigentes obedezcan al Maestro. Aquí se hace referencia a los dirigentes de ese momento; no a los anteriores, como en el vers. 7.
Ellos velan.
Los dirigentes que Dios ha instituido sobre la iglesia son responsables delante de él por el bienestar de su pueblo, y les pedirá una estricta cuenta de su mayordomía.
Por vuestras almas.
Es decir, "por vosotros" (cf. cap. 12: 9, 23).
Han de dar cuenta.
Un mayordomo tiene que rendir cuentas a su amo de cualquier clase de bienes que le haya confiado, y sabe que debe dar cuenta de su mayordomía. Cuando los miembros de la iglesia cooperan con sus dirigentes instituidos, hacen mucho más fácil que los líderes rindan una fiel cuenta de su mayordomía.
Con alegría.
Es decir, sabiendo que han desempeñado fielmente su responsabilidad. Compárese con el caso de los siervos fieles a quienes se invita a que participen del gozo de su Señor (ver Mat. 25: 21).
No quejándose.
Compárese con el caso del siervo infiel (Mat. 25: 28-30).
No os es provechoso.
Los miembros de iglesia no ganan nada haciendo que a sus dirigentes instituidos les sea difícil rendir una buena cuenta de su mayordomía. Ambos participarán o de la "alegría" o del "lamento" del día del ajuste final de cuentas.
18.
Orad por nosotros.
O "continuad orando por nosotros", u "orad habitualmente por nosotros". Cf. Efe. 6: 19; Col. 4: 12. Aunque Pablo era un hombre de vasta experiencia 509 y de gran estatura espiritual, apreciaba y solicitaba las oraciones de sus hermanos en Cristo. Cada verdadero dirigente aprecia profundamente el interés y las oraciones de aquellos por quienes trabaja.
Confiamos.
Gr. péithÇ, que en la forma en que aquí se usa significa "estar convencido", "estar persuadido".
Buena conciencia.
Es decir, una conciencia limpia. Compárese con las repetidas afirmaciones de Pablo de que poseía una clara conciencia (Hech. 23: 1; 24: 16; Rom. 9: 1; 2 Cor. 1: 12; 2 Tim. 1: 3).
Deseando.
El propósito del autor es reflejar plenamente los principios del Evangelio en su propia vida (cf. 1 Cor. 9: 27).
Conducimos bien en todo.
O conducirse honorablemente.
19.
Más.
O "con la mayor insistencia" (BJ); sobre todo" (NC).
Os ruego.
El fervor con que el autor exhorta a sus lectores a orar por su liberación de las circunstancias que impedían que hubiera comunión con ellos, es, sin duda, conmovedor, y refleja su fe personal en el poder de la oración.
Os sea restituido.
El vers. 23 sugiere que Timoteo estuvo preso en ese tiempo y, además, parece indicar que el autor de Hebreos estaba en libertad. Otras circunstancias, como enfermedad o la presión de los deberes misioneros, quizá impidieron que Pablo se reuniera de nuevo con sus lectores.
20.
Y.
Los vers. 20 y 21 constituyen la bendición apostólica pronunciada por el autor para los lectores del libro de Hebreos. Los encomienda a la gracia de Dios.
Dios de paz.
Ver com. Rom. 15: 33.
Resucitó de los muertos.
Ver com. Rom. 4: 24. Como ocurre frecuentemente en las epístolas del NT, se presenta la resurrección de Cristo como el corazón y el centro de la esperanza y de la fe de los cristianos.
Pastor de las ovejas.
Ver com. Sal. 23; Juan 10: 10- 11; cf. 1 Ped. 2: 25.
La sangre.
El eficaz instrumento que hace efectivo el pacto eterno y lo ratifica. Ver com. cap. 9: 18-28.
Pacto eterno.
Ver com. cap. 8: 8-12.
21.
Os haga aptos.
Gr. katartízÇ (ver com. 1 Ped. 5: 10; cf. com. Mat. 5: 48).
Toda obra buena.
Levidencia textual tiende a confirmar (cf. p. 10) la omisión de la palabra "obra". "Toda clase de bienes" (BJ); en todo bien" (BC, NC). Por lo tanto, lo "bueno" se aplica a lo que Pablo anhela que tengan y sean sus lectores más bien que a lo que desea que hagan; sin embargo, el propósito de ese "bien" es hacer con más eficacia la "voluntad" divina.
Haciendo él en vosotros.
Ver com. Fil. 2: 13.
Por Jesucristo.
Ver com. Gál. 2: 20.
Al cual sea la gloria.
Ver com. Gál. 1: 5.
Por los siglos de los siglos.
Ver com. Mat. 25: 41; Apoc. 1: 6.
Amén.
Ver com. Mat. 5: 18; Rom. 15: 33.
22.
Soportéis.
O "aceptéis".
Palabra de exhortación.
Es decir, el mensaje contenido en el libro de Hebreos (ver pp. 403-404).
Brevemente.
Había mucho más que deseaba decir sobre el tema, pero el espacio no se lo permitía.
23.
Está en libertad.
Este encarcelamiento se conoce sólo por esta información.
Timoteo.
Ver com. Hech. 16: 1.
Si viniere.
Nada más se sabe de la visita que aquí se menciona.
24.
Todos vuestros pastores.
O sea a los líderes de la iglesia. Ver com. vers. 7.
Los de Italia.
Mejor "los que provienen de Italia"; es decir, creyentes cristianos. No se puede determinar por esta frase si esos creyentes estaban en Italia en aquel tiempo y, por lo tanto, la epístola fue enviada desde Italia, o si provenían de Italia y estaban con el autor en alguna otra parte.
25.
La gracia sea con todos vosotros.
Ver com. Tito 3: 15.
Amén.
Ver com. Mat. 5: 18; Rom. 15: 33.
En la RVA se a adía en tipo más pequeño: "Fue escrita a los Hebreos desde Italia con Timoteo". Esta añadidura no es parte de la epístola original. Apareció por primera vez en un manuscrito del siglo VI.
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1-2 1T 679
2 HAd 405; 2JT 569; MB 45, 221; PP 133, 154; PR 96 510
4 HAd 22, 46; PP 27
5 EC 398; HAd 312; HAp 24; MM 184; OE 158; 2T 623; 3T 293; 4T 447, 618; 5T 283; 7T 274
6 CM 396; FE 348; 2T 271; TM 148
8 HAp 170; MeM 309; MM 92; PP 682; 5T 62; TM 81
9 1T 438
11-12 CMC 58
12 DTG 690
13 CM 494; 2JT 162, 548; 1T 692; 3T 49, 423; 6T 412; 8T 53, 71
16 MM 184
17 CM 46, 64, 98; COES 48, 54, 88; CV 84; Ev 240, 249; FE 55, 264; HAd 480; HAp 298; 1JT 38; 2JT 79, 295, 390; 3JT 108, 308; MC 129; OE 197; PE 61; SC 210; 1T 153, 471; 2T 467, 706; 3T 242; 5T 11; 6T 62, 70, 75, 86, 248, 302, 434; 7T 13, 117; TM 122, 150; 5TS 160
20-21 MC 124; MeM 224
21 4T 543 513

1 Exhortación a la constancia en la fe, la paciencia y la santidad. 22 Diferencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.

1 POR tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,
2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.
3 Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.
4 Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado;
5 y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo:
Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor,
Ni desmayes cuando eres reprendido por él;
6 Porque el Señor al que ama, disciplina,
Y azota a todo el que recibe por hijo.
7 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?
8 Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.
9 Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?
10 Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.
11 Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.
12 Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas;
13 y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado.
14 Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.
15 Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;
16 no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura.
17 Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas.
18 Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad,
19 al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más,
20 porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo;
21 y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando;
22 sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,
23 a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,
24 a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.
25 Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecharemos al que amonesta desde los cielos.
26 La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.
27 Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles. 496
28 Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia;
29 porque nuestro Dios es fuego consumidor.

COMENTARIO BIBLICO ADVENTISTA
1.
Por tanto.
Los vers. 1 y 2 de este capítulo constituyen la conclusión del cap. 11. Sería mejor haber cerrado el capítulo después de Heb. 12: 2.
En derredor.
O "rodeados". Doquiera miremos en la historia sagrada, encontraremos "testigos" de que la fe y la fidelidad triunfan sobre todo obstáculo.
Nube de testigos.
O "hueste de testigos". La metáfora del vers. 1 compara al cristiano con un atleta que hace los últimos preparativos para competir en una carrera en un estadio de la antigüedad, mientras los espectadores observan sentados en las gradas circundantes. El atleta, que tiene el propósito de ganar la carrera, contempla por un momento la masa de rostros que lo rodean como una nube. Los "testigos" son aquí los incontables héroes de la fe que se mencionan en el cap. 11, cada uno de los cuales, a pesar de desventajas y obstáculos de toda clase, terminó su carrera con gozo. Su fidelidad y perseverancia les proporcionaron la victoria en la carrera de la vida. El atleta cristiano que, por así decirlo, sabe que los ojos de los fieles de todos los siglos están ahora completamente fijos en él, siente un ardiente impulso de esforzarse al máximo para triunfar en la carrera que tiene "por delante".
Los concursos atléticos griegos fueron durante varios siglos muy populares en el mundo mediterráneo, por lo tanto esta ilustración era bastante familiar para todos los lectores de Hebreos. El autor usa con frecuencia la figura de la carrera para representar su carrera como misionero entre los gentiles (Gál. 2: 2; Fil. 2: 16; 2 Tim. 4: 7) o, como aquí, para ilustrar lo que experimentan los cristianos en la vida (ver 1 Cor 9: 24-27).
Peso.
Gr. ógkos, "peso", "carga", "impedimento"; aquí, en este último sentido. En esta metáfora ógkos se refiere al peso de todo lo superfluo, como, por ejemplo, el vestido que estorbara o impidiera al corredor. Los que están motivados por la fe no vacilan en desprenderse de todo -pequeño o grande- lo que pueda impedirles llegar a su meta.
Los hallazgos arqueológicos han demostrado que los atletas se ejercitaban llevando pesas de piedra en las manos. En la carrera no las llevaban, aligerándose así para correr con más presteza. Esta costumbre podría reflejarse aquí.
El autor deja que cada lector descubra qué es lo que puede estorbar sus progresos como corredor cristiano. En esta carrera, por la gracia de Cristo, puede ganar cada participante, pues no está compitiendo con otros sino consigo mismo. No se le exige que aventaje a sus competidores o que sobrepase una marca impuesta por otro competidor previo. El yo es el único competidor, y el único requisito es que en su competencia con el yo ponga en acción fidelidad y paciencia, y que por la gracia de Cristo venza cada "peso", cada tendencia al mal.
Del pecado.
Cada ser humano tiene algún pecado que lo asedia, alguna tendencia al mal que amenaza con impedirle que corra la carrera cristiana, y cuando aferrado a Jesucristo gana la victoria sobre esa tendencia al mal, otra ocupa su lugar y tratará de dominarlo. En el sendero de la salvación hay que librar una batalla tras otra; pero cada cristiano tiene el privilegio de obtener la victoria a cada paso del camino. Cualquiera que sea el pecado que fácilmente nos acose, debemos dejarlo a un lado como los corredores antiguos se desprendían de sus ondeantes mantos o de las pesas con que se habían ejercitado, y se ceñían debidamente para la carrera.
Nos asedia.
O "fácilmente nos envuelve" (BA). Algunos MSS dicen 'distrae fácilmente", pero la evidencia textual favorece (cf. p. 10) el texto "enreda fuertemente". No importa cuán fuertemente pueda enredarnos un pecado y cuán penoso pueda ser el proceso de separación, debe dejarse a un lado para poder conquistar la victoria en la carrera de la vida.
Paciencia.
Gr. hupomoné, "paciencia", "resistencia", "fortaleza", "tenacidad", "perseverancia". Como la carrera cristiana dura toda la vida, exige paciencia y perseverancia: perseverancia ante los sucesivos chascos y dificultades, y paciencia para esperar el galardón al final de la carrera. En Hebreos hay admonición tras admonición en cuanto a soportar pacientemente (cap. 3: 6; 4: 14; 6: 1, 11-12; 10: 23, 36-39; etc.). 497
La carrera.
Es decir, la carrera cristiana, la experiencia permanente por medio de la cual el creyente se va pareciendo cada vez más a Jesús.
2
Puestos los ojos en Jesús.
Para obtener la gracia y la fortaleza para vencer cada dificultad y soportar hasta el fin. Es peligroso apartar los ojos de Jesús aunque sea por un momento, como le sucedió a Pedro cuando intentó caminar sobre las agitadas olas del mar de Galilea (Mat. 14: 24-32). Mantener "puestos los ojos en Jesús" es sostener una relación continua con Aquel que es la fuente de todo poder, con Aquel que puede fortalecernos para que resistamos y triunfemos.
Autor.
Gr. arjegós, "caudillo", "originador", "fundador", "iniciador". Arjegós se ha traducido en Hech. 3: 15 como "Autor" (RVR), "Jefe" (BJ), "Caudillo" (BC), "Príncipe" (NC); en Hech. 5: 31 como "Príncipe" (RVR), "Jefe" (BJ), "Caudillo" (BC), "Príncipe" (NC); en Heb. 2: 10 como "autor" (RVR, BC, NC), "al que iba a guiarlos [el conductor]" (BJ). En cada caso se hace referencia a Cristo como el centro del plan de salvación y la fuente de toda gracia cristiana. El es quien llama a los hombres caídos a salir de las lúgubres tinieblas del pecado a fin de llevarlos a la gloriosa luz del Evangelio. El los limpia del pecado que ha manchado su vida anterior y los capacita para que se conviertan en hijos e hijas de Dios. El los justifica por su gracia en virtud de su expiación en el Calvario. El afirma los pies de ellos en su camino al ciclo.
Consumador.
Gr. teleiotés, "perfeccionador". " obra de la justificación es apenas el comienzo de la vida cristiana. No sólo debemos poner "el fundamento del arrepentimiento de obras muertas", sitio seguir "adelante a la perfección" (ver com. cap. 6: l). Debemos crecer "en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo" (2 Ped. 3:18). Mediante su fortaleza debemos conquistar victoria tras victoria sobre los pecados que nos asedian (ver com. Heb. 12: l) y crecer "en todo en aquel [Cristo] que es la cabeza" (Efe. 4: 15). Nuestros caracteres deben ser transformados "por medio de la renovación" de nuestro "entendimiento" (Rom. 12: 2). Esta es la obra del Cristo que mora interiormente (Gál. 2: 20) como "perfeccionador" de la fe; esta es la obra de la santificación. Ver com. Mat. 5: 48.
De la fe.
"De la fe" como un principio activo en nuestras vidas.
Por.
Gr. antí, "en vez de", "a cambio de", "en consideración de". Cristo sufrió el martirio de la cruz a cambio de la gozosa perspectiva de un universo libre de pecado.
Gozo.
Si para antí se acepta el significado "en consideración de" (ver el comentario de "por"), el pasaje podría entenderse así: Mirando a la cruz desde un punto de vista humano, podríamos decir que fue la fe en os resultados futuros de su sufrimiento y muerte lo que fortaleció a Cristo para soportar el oprobio y la ignominia de la cruz. El sabía que viviría para ver "el fruto de la aflicción de su alma" y que quedaría "satisfecho" (Isa. 53:11). Compartir la eternidad con los redimidos de todos los siglos y con los seres no caídos de otros mundos, fue una perspectiva que produjo intenso gozo a nuestro Señor cuando sufrió en el Getsemaní y en la cruz del Calvario. Ver com. Mat. 5: 12; Sant. l: 2.
Si para antí se acepta el significado "en vez de" (ver el comentario de "por"), entonces el pasaje enseña que en vez del gozo que estaba a su alcance, ya fuera por su existencia antes de la encarnación, o por su existencia desde la encarnación, con excepción de la cruz, Cristo prefirió soportar la cruz.
Sufrió la cruz.
Cristo "sufrió la cruz" para que pudiéramos tener fortaleza para soportar nuestros conflictos individuales con los poderes de las tinieblas. Sufrió la cruz para poder ganar la corona. El Autor de nuestra salvación fue perfeccionado "por aflicciones" (cap. 2: 10), y a medida que aprendemos a sobrellevar la cruz que es necesario que sobrellevemos, también podremos ser hallados perfectos en él en su venida. Así como el gozo futuro inspiró a Cristo para soportara cruz, de la misma manera, en las dificultades y duras vicisitudes de la vida tenemos el privilegio de mirar hacia adelante al gozo que nos reserva la eternidad.
Menospreciando el oprobio.
O "sin hacer caso de la ignominia" (NC), "sin importarle la vergüenza". "Las aflicciones del tiempo presente" son nada en comparación "con la gloria venidera" (Rom. 8: 18) y, por lo tanto, no deben ser tomadas en cuenta. Podemos regocijarnos mucho, "aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario", tengamos "que ser afligidos con diversas pruebas" (1 Ped. 1: 6). Como Pablo, podemos considerar todas las cosas terrenales como pérdida por el gozo inefable de conocer a Cristo Jesús como el Señor (ver Fil. 3: 8). 498
Se sentó.
La evidencia textual establece (cf p. 10) el texto "se ha sentado" (BA). La flexión del verbo griego de la variante preferida implica que Cristo se sentó a la diestra del Padre y que ha permanecido en ese puesto de honor: "Está sentado" (BJ, BC, NC).
A la diestra.
Ver com. cap. 1: 3.
3.
Considerad a aquel.
Los vers. 3-11 tratan de la naturaleza, el propósito y los resultados de la disciplina divina. A ningún cristiano se le impone que pase por un sendero de disciplina más estricto que el que recorrió Cristo. Podemos evitar el cansancio o desfallecer si consideramos la forma en que él hizo frente a las pruebas y tentaciones. Cristo soportó, y por su gracia nosotros también podemos soportar.
Sufrió.
Ver com. vers. 1.
Contradicción.
U "hostilidad". La hostilidad de los sacerdotes, gobernantes, escribas y fariseos, persiguió las pisadas de Cristo durante todo su ministerio terrenal; pero la corriente de popularidad finalmente se volvió contra él, y su propio pueblo pidió su sangre. La hostilidad acumulada de una raza de pecadores fue dirigida contra el Príncipe de los sufrientes con toda la fuerza de la inventiva diabólica.
Para que vuestro ánimo no se canse.
Si contemplamos las cargas que Cristo sobrellevó, por comparación las nuestras parecerán livianas (ver Mat. 11: 28-30). Si sólo miráramos a Jesús y consideráramos lo que él soportó, cada dificultad y chasco que tengamos que enfrentar sería más fácil de llevar.
4.
Resistido hasta la sangre.
O hasta la muerte. Aquí cambia ligeramente la metáfora de los vers. 1 y 2. El cristiano aún está en el centro del estadio, siendo contemplado fijamente por la simbólica "nube de testigos"; pero ahora tiene que hacer frente a un adversario que espera para trabarse con él en una lucha mortal. El cristiano aún no ha experimentado todo lo que el maligno puede lanzar en contra de él; por eso no debe pensar que está sufriendo en su lucha con el pecado más de lo que Dios puede, en justicia, esperar de él (ver 1 Cor. 10: 13). No obstante, al desprenderse del pecado que lo imposibilita se le exhorta que resista la tentación con toda la resuelta firmeza que desplegará al enfrentarse a un adversario en una lucha mortal.
Cristo se trabó una vez en mortal combate con los poderes de las tinieblas, combate que llegó a su clímax en el Getsemaní y en la cruz. Los mártires también resistieron "hasta la sangre". Pero aquellos a quienes fue escrito el libro de Hebreos aún no habían sido llamados a enfrentarse a lo que Cristo y los mártires se habían enfrentado.
5.
Habéis ya olvidado.
El texto griego puede entenderse aquí como una pregunta o como una afirmación. Una pregunta parece imprimir más fuerza y, al mismo tiempo, ser menos severa. El niño que soporta la disciplina puede darse cuenta de que su castigo es justo, que lo merece; pero quizá no capta que es administrado con amor. Los cristianos muy a menudo tienden a pasar por alto el valor disciplinario de las vicisitudes difíciles, y ese descuido los priva de preciosas lecciones que de otra manera podrían aprender. Con demasiada frecuencia se resienten porque Dios permite que les sobrevengan esas dificultades, y se quejan de su suerte.
Exhortación.
Gr. paráklesis, "ánimo", "exhortación", "consuelo". En cuanto a paráklesis y otras palabras afines, ver com. Mat. 5: 4; Juan 14: 16.
Hijos.
La sucesión de instrucciones contenidas en los vers. 5-11 se centra en la relación padre-hijo, y llega a su clímax con el anhelo del padre de que su hijo aprenda ciertas lecciones necesarias para que tenga éxito en la vida.
Se os dirige.
La cita de los vers. 5 y 6 proviene de Prov. 3: 11-12.
Hijo mío.
Una forma común de dirigir la palabra en el libro de Proverbios, de donde se toma esta cita. Equivale a la solicitud de un padre amoroso.
Menosprecien.
Gr. oligré, "tener en poco", "tomar livianamente"; es decir, no tomarlo en serio. El propósito de la disciplina es hacer una impresión. " disciplina que no produce gran impresión, no sirve para un propósito útil.
Disciplina.
Gr. paidéia, "educación de un niño", "instrucción", "disciplina", "corrección" (ver com. Efe. 6: 4), de paidíon, "niño pequeño". Disciplina es la preparación que corrige, modela, fortalece y perfecciona el carácter. Esta palabra se restringe muy a menudo al estrecho significado de castigo; pero la disciplina ha sido definida como el refinado arte de hacer discípulos, pues un verdadero discípulo se somete a un molde especial de disciplina o de preparación. Aunque paidéia puede incluir -pero no lo denota específicamente- 499 disciplina correctiva como es el caso en la palabra castigo, se refiere a todo el proceso por el cual los niños son preparados para desempeñar sus responsabilidades al llegar a la vida adulta.
Del Señor.
Todo lo que nos ocurre en la vida está bajo el control "del Señor"; nada puede sucedemos a menos que lo permita el Altísimo. Dios nunca ha sido el autor del sufrimiento y del pesar, aunque a veces puede permitir que pasemos por ellos. Ver com. 2 Crón. 18: 18; Job 42: 5; Sal. 38: 3;
39: 9.
Desmayes.
Gr. eklúo, en voz pasiva, "cansarse", "agotarse", "desanimarse". Un discípulo que desmaya nunca se graduará de la escuela de la experiencia. El que se descorazona y se siente inclinado a darse por vencido, recibe la invitación de dirigir sus ojos a Jesús y meditar en el Señor (ver com. vers. 23). Por sobre todo debe recordar que Dios no está enojado con él, sino que lo ama como un padre amoroso y está tratando de ayudarlo para que aprenda una lección muy necesaria. Frecuentemente lo que nos hace difícil la vida es la actitud que adoptamos frente a la disciplina, y no ésta.
Reprendido.
Gr. elégjo, "reprobar", "corregir", "castigar", "disciplinar". Nunca es agradable ser reprobado o corregido, mucho menos sufrir el castigo; la reacción natural es despreciarlo. La forma fácil de escapar es desmayar ante él; pero la actitud sabia es la de sacar provecho de él.
6.
El Señor al que ama.
La disciplina paciente y continua es una expresión de solícito afecto. Las vicisitudes que tienen el propósito de ennoblecer y perfeccionar el carácter, constituyen la mejor evidencia de que el Señor nos ama. La disciplina es esencial para el carácter, ya se trate de un niño o de un cristiano adulto,
Azota.
Dios administra cualquier tipo de disciplina que considere necesaria para la formación del carácter, o permite experiencias que alcancen ese propósito (ver com. vers. 5); pero esta afirmación no debe tomarse muy literalmente, como si Dios personal o directamente autorizara u ordenara el sufrimiento y el pesar que acompañan a algunas de las vicisitudes disciplinarias de la vida. Ver com. vers. 5.
El que recibe.
Es decir, a todo aquel que recibe como su hijo. Cada hijo de Dios de esta tierra ha llegado a serlo por su adopción en la familia celestial.
Por hijo.
En cuanto a nuestra relación como hijos del Padre celestial, ver com. Mat. 6: 9; 1 Juan 3: l.
7.
Si soportáis la disciplina.
Ver com. vers. 3, 5. La evidencia textual establece (cf. p. 10) la omisión del "si" condicional: "para disciplina soportáis" o "soportad". Bien puede ser una frase imperativa, una admonición basada en el principio expresado en el vers. 6. Muy frecuentemente oramos para pedir la victoria sobre pecados particulares; pero Dios nos responde permitiendo circunstancias que nos fortalezcan precisamente en aquellos puntos en que somos débiles. Reconozcamos entonces la respuesta de Dios a nuestras oraciones, y no vacilemos. Soportemos "la disciplina" con valor y humildad.
Como a hijos.
Generalmente los padres son reacios a castigar a quienes no son sus hijos; pero un padre sabio no vacila en castigar a sus hijos cuando lo necesitan. El castigo es una prerrogativa, un deber y una responsabilidad de los padres; por lo tanto, castigar es en cierto sentido una evidencia de paternidad.
¿Qué hijo?
Ningún niño nace con un carácter maduro; por eso cada hijo debe ser disciplinado para que pueda ocupar un lugar de utilidad en el mundo y sea una honra para la familia.
8.
Si se os deja sin disciplina.
Los hijos que no reciben castigo son privados precisamente de la preparación que necesitan para los deberes y las responsabilidades de la vida. Los padres que no aplican la debida disciplina tendrán que rendir un día una terrible cuenta delante de Dios. No sería correcto ni justo que nuestro Padre celestial dejara de disciplinarnos, o que nos librara de las circunstancias y situaciones que tienen un valor disciplinario.
Bastardos.
O "hijos ilegítimos".
9.
Por otra parte.
Se establece un punto más de comparación entre la disciplina paterna terrenal y la de nuestro Padre celestial.
Los venerábamos.
O "los respetábamos" (BJ, BA, NC); algo opuesto a despreciarlos (ver com. vers. 5). El respeto por la autoridad debidamente constituida -ya sea la del hogar, de la sociedad o de Dios- es básico para la paz, la armonía y la seguridad.
Obedeceremos.
O "nos someteremos" (BJ). ¿Dejaremos de reconocer y apreciar la disciplina del Señor y de beneficiamos con ella? ¿Debemos ser menos receptivos a la disciplina 500 de nuestro Padre celestial que los hijos a la de sus padres terrenales?
Espíritus.
Gr. pnéuma, "espíritu", "soplo", o, posiblemente, "vida" (ver com. Luc. 8: 55). "Padre de los espíritus" se refiere a Dios como la fuente de toda vida y de todo ser. Esta expresión contrasta con "padres terrenales", como lo hace evidente Heb. 12: 10. El argumento va de lo menor a lo mayor: si respetamos la disciplina de un padre terrenal, a quien debemos nuestra existencia corporal, ¿cuánto más no debiéramos ser obedientes o someternos a la corrección de nuestro Padre celestial, a quien debemos la vida?
"Espíritus" contrasta con "terrenales". Ambos se refieren a seres humanos vivientes, como se ve claramente en el contexto y la sintaxis del texto griego. Todo el contexto trata de la forma en que Dios, como nuestro Padre celestial, castiga a sus hijos terrenales. "Los espíritus" es traducción de una frase griega idiomática que equivale a "nuestros espíritus" (BA).
10.
Por pocos días.
O durante la niñez y la juventud; pero nuestro Padre celestial nos disciplina durante toda la vida.
Nos disciplinaban.
Ver com. vers. 8.
Como a ellos les perecía.
Es decir, como les parecía bueno o mejor.
Para lo que nos es provechoso.
Es decir, para nuestro bien. Puede ser que nuestros padres terrenales se equivocaron con su disciplina debido a su criterio defectuoso o a motivos egoístas; sin embargo, "los venerábamos". ¿Pero cuánto más no debiéramos apreciar y prestar atención a la disciplina de nuestro Padre celestial, un Padre cuya sabiduría y amor permite sólo lo que es para nuestro bien?
Participemos de su santidad.
El propósito de toda disciplina divina es la transformación del carácter; su meta es la perfección (ver com. Mat. 5: 48).
11.
Ninguna disciplina.
O "ninguna corrección" (BJ, NC). Ver com. vers. 5.
Al presente.
La perspectiva del tiempo y de la experiencia generalmente es necesaria para apreciar plenamente la disciplina que se recibe. Cuando los niños y los jóvenes llegan a la madurez -y sólo entonces- pueden comprender todo lo que sus padres, maestros y amigos han contribuido en el desarrollo de su carácter. Este aprecio es, sin duda, un indicio seguro de madurez. Los cristianos maduros aprecian el valor disciplinario de las diversas vicisitudes de la vida mientras están pasando por ellas. Comprenden que el resentimiento frente a la disciplina divina es señal de puerilidad e inmadurez.
Causa de gozo.
O "agradable" (BJ, NC).
Tristeza.
No en el sentido de ser severa, intensa u opresiva, sino porque causa aflicción, sufrimiento o dolor.
Después.
Las bestias sólo viven en el presente y para el presente; pero una de las características distintivas de los seres inteligentes es que pueden proyectarse hacia el pasado o el futuro por medio de la memoria o de la imaginación. En esta forma pueden estimar su situación actual dentro de la perspectiva del tiempo y de la experiencia, y decidir y actuar con inteligencia.
La manera como una persona puede contemplar el presente en relación con el pasado y el futuro es una medida bastante segura de que ha pasado de la niñez a la madurez. Otro tanto es cierto en el caso de la madurez cristiana, especialmente en relación con las vicisitudes disciplinarias de la vida. Felices aquellos cristianos que han aprendido a considerar las cosas del tiempo a la luz de la eternidad.
Da fruto.
La disciplina siempre da "fruto apacible de justicia", si se acepta; rara vez, si es resistida; nunca, si es rechazada.
De justicia.
La disciplina se hace necesaria cuando surge un conflicto entre las tendencias y los deseos naturales y los principios correctos. El propósito de la disciplina es resolver ese conflicto armonizando las tendencias y los deseos naturales con los principios. Así, la disciplina produce paz. Las persona sometida a la disciplina se encuentra en paz con Dios, consigo misma y con sus prójimos.
Ejercitados.
O "adiestrados". Los que aceptan la preparación que proporcionan las vicisitudes disciplinarias, tienen el privilegio de disfrutar del "fruto apacible de justicia", que crece en el árbol de la obediencia a la voluntad revelada de Dios.
12.
Por lo cual.
Es decir, en vista de que las vicisitudes disciplinarias son permitidas por un Padre celestial sabio y amoroso, con el propósito de que haya el "fruto apacible de justicia" que dé madurez a nuestra vida.
Levantad.
"Las manos caídas y las rodillas paralizadas" son símbolos de desánimo e inactividad. Representan la antítesis de la paciencia (ver com. vers. 2). El cristiano maduro no se cansa ni desmaya (vers. 3) cuando 501 pasa por la disciplina; no deja caer las manos ni vacilan sus rodillas. Como entiende no poco de la naturaleza y del propósito de la disciplina y tiene confianza en la sabiduría y la bondad de su Padre celestial, destierra el resentimiento, el desánimo y la inactividad. Cumple sus tareas con valor y confianza.
Son demasiados los cristianos que sufren de "rodillas paralizadas" y de "manos caídas". En vez de aceptar la disciplina del ciclo, comienzan a culpar a otros por las circunstancias desfavorables en que se encuentran. Rechazan la oportunidad que les proporciona su Padre celestial para desarrollar el carácter. Su vida comienza pronto a dar frutos de disensión y amargura (ver com. vers. 13, 15) en vez del "fruto apacible de justicia" (vers. 11). Cf. Isa. 35:3.
Caídas.
"Caídas" por causa del desánimo y los chascos.
Rodillas paralizadas.
Las rodillas paralizadas son una desventaja en la carrera cristiana (ver com. vers. 1-2).
13.
Sendas derechas.
La renuencia a aceptar la disciplina de la vida, lleva con frecuencia a una persona por caminos tortuosos. El cristiano maduro avanza por una senda derecha porque acepta con valor y confianza, sin vacilaciones ni quejas, las vicisitudes disciplinarias necesarias para la formación de un carácter cristiano simétrico. No trata de encontrar un desvío para evitar la disciplina, sino que prosigue por el camino verdadero y aprovecha las buenas oportunidades que la vida ofrece.
Lo cojo.
Otra referencia a las personas de "manos caídas", "rodillas paralizadas" y pies que necesitan "sendas derechas" (vers. 12-13). Su cojera les dificulta caminar por las desagradables experiencias disciplinarias a lo largo del camino de la vida.
Salga del camino.
Gr. ektrépo, en voz media "desviarse", "apartarse", "dejar el camino". El sentido en que este verbo se usa aquí, no es completamente claro. Es posible una de estas dos interpretaciones: (1) los pies cojos se salen "del camino", o se apartan de las "sendas derechas' a "sendas" torcidas donde es más posible tropezar y caer; (2) ektrépo debe entenderse en sentido médico: "dislocado", "descoyuntado". La cojera haría difícil caminar; una dislocadura lo haría imposible. Si la admonición se entiende de esa manera, diría a menos que se ofrezcan "sendas derechas y para los pies cojos, existe el peligro de que se produzcan dislocaduras de las articulaciones. El segundo sentido, "dislocado" o "descoyuntado", concuerda mejor con el contexto, pues es más probable que "lo cojo" se disloque y no que se extravíe. Además, la admonición 'que sea sanado" presenta un sentido más apropiado si hay descoyuntamiento que si hay extravío. "No se descoyunte" (BA, BJ); "no se disloque" (NC).
Sino que sea sanado.
La renuencia a aceptar la disciplina producirá dificultades aún mayores; pero el cristiano sabio no lo permite, sino que aplica el remedio apropiado. Los males físicos tienden a empeorar, no a mejorar, cuando no se les presta la debida atención. Las condiciones de la mente y del corazón, como la renuencia a aceptar la disciplina o el resentimiento debido a ella, se agravan inevitablemente, a menos que se hagan esfuerzos inteligentes para diagnosticar la situación y aplicar el remedio apropiado.
14.
Seguid la paz.
Literalmente "perseguid la paz". El autor deja los problemas personales del cristiano individual, y se ocupa de las relaciones del cristiano con sus prójimos. En cuanto a la admonición de seguir "la paz", ver com. Rom. 12: 18; 1 Ped. 3: 11; cf. Sal. 34: 14.
Santidad.
Sólo los de corazón puro pueden esperar que verán a Dios (ver com. Mat. 5: 8).
Verá al Señor.
Es decir, en paz.
15.
Mirad bien.
Nadie entrará en el cielo yendo a la deriva. "Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios" (Hech. 14: 22; ver com. Mat, 7: 21-27; 10: 23). Debemos esforzarnos para entrar (Luc. 13: 24). Ningún esfuerzo a medias alcanzará el tesoro celestial (ver Mat. 13: 44-46).
Deje.
Gr. husteréo, "carecer de", "faltar", "llegar tarde". La forma en que se usa aquí implica un descuido continuo, no una sola deserción. En cuanto a caer de la gracia, ver com. Gál. 5: 4.
Raíz de amargura.
La declaración se basa en Deut. 29: 18 (LXX). Originalmente fue una advertencia contra la idolatría (ver com. Deut. 29: 18); aquí parece ser un consejo contra cualquier persona de la iglesia dada a las discusiones con el deliberado propósito de fomentar mala voluntad y división entre los hermanos. Una "raíz de amargura" generalmente germina en la oscuridad de algún alma marchita, y luego florece convirtiéndose 502 en una crítica pública y maligna contra los dirigentes de la causa de Dios en la tierra, y hace que los hermanos se dividan entre sí.
Muchos sean contaminados.
Los que tienen amargada el alma procuran siempre implicar tantos como pueden en su descontento y rebelión.
16.
Fornicario.
"Persona inmoral".
Profano.
Gn bébelos, "Profano", "vulgar", "irreligioso". Bébelos describe en el NT a una persona que no aprecia ni desea las cosas sagradas, cuyos deseos y ambiciones no se elevan por encima de las cosas de esta tierra.
Esaú.
En cuanto al carácter de Esaú y el episodio al cual se hace referencia, ver com. Gén. 25: 27-34.
Primogenitura.
En cuanto al significado de la primogenitura, ver com. Gén. 25: 31.
17.
Desechado.
Gr. apodokimázo, "se refiere a rechazar, después de someter a prueba, por no alcanzar la medida de las normas exigidas". En cuanto al episodio a que aquí se menciona, ver Gén. 27: 1-40.
No hubo oportunidad para el arrepentimiento.
Los largos años durante los cuales Esaú fue en pos de propósitos terrenales, lo incapacitaron para cumplir con las responsabilidades más serias de la vida. Su propia elección había modelado su manera de pensar y su carácter El autor de Hebreos no quiere decir que Esaú deseó realmente arrepentirse de sus malos hábitos, sino sencillamente que se arrepintió de haber vendido su primogenitura. Deseaba recuperarla; pero sabía que su decisión había sido irrevocable: la había perdido para siempre. Ningún acto arbitrario de Dios impidió que Esaú recibiera la herencia que normalmente hubiera sido suya; fue su carácter lo que lo descalificó para los privilegios y las responsabilidades de la primogenitura.
Con lágrimas.
Cuando Esaú se dio cuenta de lo que había perdido, "clamó con una muy grande y muy amarga exclamación" (Gén.27: 34).
18.
No os habéis acercado.
Ver Exo. 19: 9-25 en cuanto al suceso al cual se hace referencia en los vers. 18-21. Así como el antiguo Israel oyó en el monte Sinaí la voz de Dios (Heb. 12: 18-21), también los cristianos se han "acercado al monte de Sion" (vers. 22-23) y deben prestar atención a la voz de Cristo (vers. 24- 27).
Que se podía palpar.
No se trata de un monte literal en la tierra.
Que ardía en fuego.
En cuanto a las frases descriptivas de los vers. 18-19, ver Exo. 19: 16.
19.
Voz que hablaba.
O sea la voz de Dios.
Rogaron.
Ver Exo. 20: 19; Deut. 5: 5.
21.
Tan terrible.
Se destaca lo impresionante que fue lo que se vio y se oyó, especialmente el sonido de la voz de Dios. Cuando el pueblo estuvo frente a frente con el Dador de la ley y juez de toda la tierra, experimentó algo del "temor del Señor" (2 Cor. 5: 11). La entrega de la ley en el Sinaí fue acompañada por una exhibición tremendamente impresionante del poder y de la majestad de Dios. Nunca antes ni tampoco después ha contemplado el mundo algo tan impresionante y aterrador.
22.
Os habéis acercado.
El autor deja ahora aquella experiencia del antiguo Israel para referirse a los cristianos. Habla en sentido figurado de los cristianos como si estuvieran congregados alrededor del trono de Dios en el cielo, o en una gran reunión de la iglesia invisible.
Monte de Sion.
El nombre de uno de los cerros sobre los cuales estaba situada la antigua Jerusalén (ver com. Sal. 48: 2). Este llegó a ser un nombre poético favorito para la ciudad de Jerusalén. Aquí se hace referencia a "Jerusalén la celestial".
Dios vivo.
Ver com. cap. 3: 12; 9: 14; 10: 31.
Jerusalén la celestial.
En cuanto a la aplicación del nombre Jerusalén o nueva Jerusalén a ciudad del Dios vivo", ver com. Apoc. 3: 12; 21: 2.
Compañía de muchos millares.
Literalmente "miríadas". Ver com. Apoc. 5:11.
23.
Congregación de los primogénitos.
En el texto griego hay dos sustantivos en este pasaje, ambos con relación a "los primogénitos": paneguris, "convocación festiva" y ekklesía, "congregación" o "iglesia". "A la asamblea general e iglesia de los primogénitos" (BA). Esta iglesia "de los primogénitos" la constituyen los que han nacido de nuevo. Se alude a la iglesia invisible.
Inscritos en los cielos.
O "registrados en los cielos", es decir en el libro de la vida del Cordero (ver com. Fil. 4: 3; Apoc. 3:5).
Dios el juez.
Dios fue el que dio la ley en el monte Sinaí. En el monte de Sión aparece como "el juez de todos" los hombres para juzgarlos por la ley que proclamó desde el Sinaí. No será menos aterrador encontrarse 503 frente a Dios cuando juzgue a todos los seres humanos de acuerdo con la norma de su ley.
Espíritus.
Gr. pnéuma (ver com. vers. 9). " idea de que pnéuma signifique alguna entidad del ser humano que es consciente y capaz de existir separada del cuerpo, no es parte esencial de esta palabra, ni tampoco puede hacerse derivar de ella objetivamente tal significado por el uso que tiene en el NT. El concepto de espíritu inmortal se basa únicamente en opiniones preconcebidas de los que creen que una entidad consciente sobrevive al cuerpo cuando éste muere, preconcepto que aplican a palabras como "espíritu" y "alma". En cuanto a rúaj, el equivalente hebreo del griego pnéuma, ver com. Ecl. 12: 7. Ver también com. Sal. 16: 10 y Mat. 10: 28.
Justos hechos perfectos.
O cristianos maduros (ver com. Mat. 5: 48). Las palabras "os habéis acercado" (Heb. 12: 22) son dirigidas a cristianos vivos, como lo demuestra el contexto. El autor no se está dirigiendo a los justos muertos de los siglos pasados, como si estuvieran realmente reunidos delante del "Juez de todos" los hombres, en el "monte de Sion", en "Jerusalén la celestial" (vers. 22-23). Todos convendrán en que únicamente en sentido figurado pueden, todos los cristianos que viven, congregarse delante del trono de Dios como se describe en los vers. 22-24. El autor los invita en el mismo sentido a acercarse "confiadamente al trono de la gracia" (cap. 4: 16), y en la misma forma figurada pueden imaginarse a "los espíritus" de todos los otros "justos hechos perfectos" reunidos allí en espíritu, no en un estado imaginario de seres desencarnados. Afirmar que la expresión "los espíritus de los justos hechos perfectos" se refiere a supuestos "espíritus" desencarnados, sería poner en antagonismo al autor de Hebreos con las claras afirmaciones de las Sagradas Escrituras acerca de la inconsciencia del hombre en la muerte (ver com. Ecl. 3: 21; 12:7; Juan 11: 11; cf. com. Gén. 2: 7).
24.
Mediador.
En cuanto a Cristo como mediador del nuevo pacto, ver com. cap. 8: 6; 9: 15.
Nuevo pacto.
Ver com. cap. 8: 8- 10.
Sangre rociada.
Ver com. Exo. 24: 6, 8; Heb. 9: 19, 21; 10: 22. Es una referencia a la sangre expiatorio de Cristo, por medio de la cual fue ratificado el nuevo pacto y por cuyo medio es perdonado el pecado.
Habla.
Ver com. Gén. 4: 10; cf. com. Heb. 11: 4.
Mejor.
La sangre de Abel clamó pidiendo venganza; la de Cristo habla elocuentemente de la misericordia y el perdón de Dios.
25.
Mirad que no desechéis.
En los vers. 25-29 el autor extrae su conclusión de toda la serie de argumentos presentados en los vers. 18-24. El antiguo Israel quedó aterrorizado por la voz de Dios que hablaba desde el monte Sinaí (vers. 18-21). Si los cristianos penetran por fe hasta la presencia de "Dios el juez de todos" y de "Jesús el Mediador del nuevo pacto" (vers. 23-24), no se sentirán menos profundamente impresionados; sin embargo, Israel no quiso escuchar la voz de Dios (Exo. 20: 18-19), y ese rechazo prefiguraba una desobediencia persistente (ver t. IV, pp. 34-35). Los cristianos deben cuidarse para no caer en el mismo error que cometió el antiguo Israel (ver com. 1 Cor. 10: 1-12; Heb. 3: 11; 4: 1).
Al que habla.
En el cap. l: 1-2, Dios el Padre es presentado como si nos hablara por medio de su Hijo. Aquí no es claro si el que habla es el Padre o es el Hijo. En todo caso, el mensaje es el mismo.
Si no escaparon.
Ver com. cap. 2: 2-3; 4: 1.
Los amonestaba en la tierra.
Es decir, desde el monte Sinaí.
Mucho menos.
Ver com. cap. 2: 3.
Desde los ciclos.
O sea a los cristianos que viven ahora en la tierra.
26.
La voz del cual conmovió.
Cf. Exo. 19: 18.
Aún una vez.
La cita está adaptada de Hag. 2: 6-7 (LXX; ver el comentario respectivo). Esta profecía se aplicó al templo cuando fue restaurado después del cautiverio babilónico y al primer advenimiento de Cristo; aquí se refiere al segundo advenimiento de Cristo (ver Apoc. 16: 17-18).
27.
Indica la remoción.
La frase "aún una vez" indica que la segunda sacudida será final, definitiva. No se necesitará otra sacudida más. Por lo tanto, todo lo que pueda ser sacudido y removido lo será en la segunda sacudida que se producirá con la venida de Cristo.
Cosas movibles.
Es decir, que pueden ser sacudidas. Serán removidos el pecado y todas sus consecuencias. Terminará este mundo y todo lo que hay en él.
Como cosas hechas.
No se ve con facilidad la relación de esta frase con toda la argumentación. El texto griego en este pasaje es breve y poco claro. El autor quizá aluda al hecho de 504 que así como Dios en el principio llamó a la existencia los cielos y la tierra mediante su palabra (ver com. Gén. 1: 3; Heb. 11: 3; cf. Sal. 33: 6, 9), así también hablará otra vez para hacer desaparecer todo lo movible.
Para que queden.
Cuando la voz de Dios sacuda de nuevo los cielos y la tierra, sólo permanecerá lo que es recto, puro y verdadero.
Las inconmovibles.
Es decir, el "reino inconmovible" (vers. 28), incluso todos "los justos hechos perfectos" (vers. 23).
28.
Un Reino
El autor describe al pueblo de Dios en la tierra como si ya estuviera en posesión de su herencia eterna (ver com. cap. 11: 1).
Tengamos gratitud.
Tener járis puede significar tener "gracia" o "favor".
Sirvamos a Dios agradándole.
Nada puede ser más agradable a Dios que la gratitud por las bondadosas disposiciones del plan de salvación, pues la gratitud inevitablemente conduce a un servicio leal.
Temor y reverencia.
O "devoción y profundo respeto". Ver com. Sal. 19: 9; Heb. 5: 7. El temor reverente que los seres humanos sienten en la presencia de Dios, se destaca en cap. 12: 18-21, 26-27.
29.
Fuego consumidor.
Esto quedó demostrado en el monte Sinaí (Exo. 24: 17). El fuego del último día destruirá todo lo que esté manchado de pecado (ver com. Mal. 4:1 ; cf. 2 Ped. 3: 7, 10-12; Apoc. 20: 9, 15).
COMENTARIOS DE ELENA G. DE WHITE
1 CM 433; FE 134; 2T 517; 3T 43; ST 83; 5TS 228
1-2 FE 402; HAp 251; 1JT 184; 4T 35
2 AFC 370; CC 74, 76; CE (1967) 158; CH 299, 320; CMC 225; COES 17; DTG 481, 614; EC 458; ECFP 101; Ev 468; FE 383; 1JT 232, 365, 395, 490, 518; 2JT 59, 126, 341, 550; 3JT 72, 120; MB 54; MC 404; MeM 102, 108, 181; MJ 102; MM 21, 41, 99; PR 127; RC 58; 2T 115,
491; 4T 54, 366, 461, 583, 615; 8T 210; 5TS 174
2-3 HAp 373; PE 114
2-4 2T 709
3 PR 517; 3T 434
3-4 2JT 238 4 5T 222
5 DMJ 15 8 IT 632
8-11 2JT 293
10 DMJ 14; 2JT 339; MeM 301
11 MeM 95; PE 119; PP 242; 3T 416
12 4T 131; TM 496
12-13 TM 184-185
12-15 8T 79
13 CE (1967) 207; CH 575; CMC 270;
COES 14; CW 174; Ev 269, 296, 429; FE 222; 1JT 533; 2JT 117; 3JT 414; MJ 29; NB 359; 3T 441; 5T 518; 7T 130, 238; 8T 196, 212; TM 219, 229, 406, 468
13-15 3JT 173
14 CC 34; CM 415; CS 596; FE 136, 385; 2JT 340; MM 52; IT 23; 2T 401; 4T 332; TM 447
15 Ev 395; HAp 169; 2JT 82; PR 63; PVGM 63; IT 480; 3T 440, 452; 4T 2299 610
16 CH 110; CMC 144; CRA 174; CV 61
16-17 PP 180
17 2T 39
21 PP 312; 4T 342
22 CS 566
24 DTG 138; PP 387
25 PVGM 188
26 DTG 726; 1JT 64; PP 353
27 CE (1967) 20, 24; Ev 266; 2JT 549; 3JT 285, 312; MJ 27; 1 T 355; 7T 219
29 CC 16; CS 732; DTG 82, 552; HR 449