Capítulo 2

La Caída:

¿Alguien explica este disparate?

Era un frío día de invierno y mi padre me había llevado a pasear por la nieve. Éramos pobres y no estábamos bien equipados para este tipo de expedición. Muy rápidamente, la emoción de los primeros minutos evolucionó en un dolor insoportable en mis pies y mis manos congelados. Apenas podía hablar cuando mi padre se volvió hacia mí y me preguntó: "¿Qué te pasa, hijo?" Me quejé del dolor en los pies y los dedos y me pregunté en voz alta: ¿Por qué tanta desdicha? ¿Por qué hace tanto frío? ¿Por qué sufrimos? ¿Por qué Dios permite que todo este disparate suceda?

Mi padre aprovechó el momento para torturarme con la más insufrible disertación sobre el problema del mal. En resumen, la disertación solo empeoró la situación. Desde ese día, he cargado con el dolor y la angustia de ese momento^ sigo buscando una respuesta satisfactoria.

Con el paso de-Ios años, mis preguntas solo se han profundizado. Ahora no solo tratan sobre mis pies fríos, sino también sobre la niña que fue violada y asesinada. Tratan sobre las injusticias en el mundo y en mi vida. ¿Por qué este disparate de la muerte y de un virus que mata indiscriminadamente a la gente en hospitales, en las calles, y bajo los puentes? ¿Por qué Dios dejó que esto sucediera? El filósofo francés Albert Camus llamó a toda esta desgracia el "absurdo" de la condición humana. Todas nuestras preguntas permanecen sin respuesta, colgando en el vacío.

¿Qué salió mal? Después de todo, nos acabamos de maravillar con la exitosa historia de la Creación de Dios, en la que todo era tob; es decir, "perfecto", "hermoso", y lleno de vida. Nadie conocía la muerte ni el mal. Pero ahora en Génesis 3, estamos sumidos en un abismo sin fondo en el que la humanidad no parece tener esperanza.

Este cambio de acontecimientos en la historia bíblica comienza con una conversación teológica inofensiva bajo un árbol frutal. Una conversación que termina dejando a Adán y Eva temblando ante la perspectiva del juicio divino y el posible destino de la humanidad. Pero no todo fueron malas noticias. Nos maravillaremos de los primeros rayos de esperanza, la primera profecía de la Biblia, y la promesa divina que proporciona la única respuesta al disparate del mundo.

La conversación bajo el árbol

La forma en que comienza el capítulo: "La serpiente" (Génesis 3:1; itálicas añadidas), sorprende. El artículo definido sugiere que esta serpiente ya era bien conocida y había estado involucrada en un drama cuyo próximo episodio estaba por comenzar. El gran conflicto, que tuvo su origen en el cielo, continuaba su curso. El superlativo que caracteriza a la serpiente nos habla de su capacidad de engaño: "Era más astuta que todos" (vers. 1). Los "disparatados" acontecimientos posteriores tienen su origen en las primeras palabras de la serpiente, que de hecho fue una pregunta: "¿Conque Dios os ha dicho [...]?" Satanás se presenta así como un intérprete de las palabras de Dios. Irónicamente, la serpiente es el primer comentarista de la Palabra de Dios en la historia.

Lo primero que la serpiente hace es sugerir que Dios no dijo nada. Dios no habló. Satanás es el primer escéptico, tratando de corregir e incluso reemplazar las palabras de Dios. Sugiere que sus palabras son las únicas palabras verdaderas. La serpiente, "que Jehová Dios habfa hecho" (vers. 1), trata de reemplazar a su Hacedor. Se presenta a sí mismo como el Creador, "quien gobierna este mundo" (Juan 12:31, NTV). Es aquel a quien Jesús identificó como el "enemigo" que ha hecho este mal (véase Mát. 13:28).

La serpiente inicia la conversación sobre el árbol del conocimiento, lo cual sugiere que ella eligió estar en ese lugar. Está en o cerca del árbol, presentándose entonces en un lugar que estaba asociado con

Dios. En el capítulo anterior, vimos a Dios junto al mismo árbol sosteniendo una conversación sobre su fruto (Gen. 2:16,17). El hecho de que la mujer responda de inmediato sugiere que está en la proximidad de la serpiente y del árbol, "mirando con curiosidad y admiración el árbol prohibido".1

La tentación de la inmortalidad

La serpiente repite las mismas palabras de Dios: "No morirán" (Gén. 3:4; cf. Gén. 2:17, RVC), pero con la pequeña palabra lo', "no", antes del verbo mot, "morir". La tentación no consistía en el fruto del árbol en sí mismo, como si este contuviera alguna sustancia mágica. Tampoco tiene que ver con sexo, convirtiendo el amor humano en un pecado y a la mujer en una seductora peligrosa. El problema ni siquiera se reduce a la desobediencia humana, convirtiendo a Dios en un jefe despótico que prueba la lealtad de sus empleados. Lo que está enjuego aquí es más profundo y crucial que todas las sugerencias anteriores. Tiene que ver con el tema de la muerte. Es la tentación de la inmortalidad y, por lo tanto, de ser como Dios.

Las palabras de la serpiente: "Serán como Dios" (Gén. 3:5, RVC), indican que su seducción no solo consistía en la tentación de Adán y Eva. Desde los alborece la historia, los humanos no han dejado de soñar con la inmortalidad y por lo tanto, con alcanzar el nivel de Dios. La doctrina efe la inmortalidad del alma emergió en las religiones del antiguo Cercano Oriente y se desarrolló en las religiones orientales y las filosofías griegas. Posteriormente, se fue infiltrando en el cristianismo, en el judaismo y en el islam. En Ips tiempos modernos, se manifiesta en las filosofías de la evolución, que proponen que los seres humanos finalmente alcanzarán el estado de la inmortalidad por sí solos. La profecía bíblica nos advierte que al final de los tiempos, el gran conflicto girará en torno a la ilusión de la vida después de la muerte (Apoc. 13:13; 16:13,14).

Adán y Eva fueron engañados por la promesa de la inmortalidad de la serpiente y se dan cuenta de su error después de comer el fruto y descubrir que están "desnudos" (Gén. 3:7), un estado que expresa vulnerabilidad (Deut. 28:48; Eze. 16:7, 22, 39). En este contexto particular, sin embargo, la palabra hebrea 'arom, "desnudo", conlleva una idea complementaria: se trata de un juego de palabras que recuerda la expresión 'arum "astucia", que caracteriza a la serpiente (Gén. 3:1). Adán y Eva ahora están identificados con la serpiente. Es como si hubieran perdido su identidad original.

Irónicamente, habían abandonado a Dios porque querían ser como Dios; pero ahora, en lugar de la imagen de Dios, se había convertido en 'arum, la imagen de la serpiente. Seguidamente, se esconden y se cubren con las hojas de un árbol. Como resultado, el Dios que siempre estaba cerca de ellos se vuelve distante y pregunta: "¿Dónde estás?" (vers. 9). A partir de ese momento, los seres humanos viven este absurdo y trágico disparate. Se volvieron vulnerables y residen en manos del enemigo, del que "gobierna este mundo".

El juicio divino

Adán y Eva escuchan a Dios acercarse "entre los árboles del huerto" (vers. 8). Estos son los mismos árboles bajo los cuales Eva y la serpiente conversaron; entre ellos, el árbol del que acababan de comer; y los árboles que usaron Adán y Eva para esconderse de Dios, de ese mismo Dios que los plantó para ellos.

Cuánta ironía hay entre el fuerte mensaje del Dios que todo lo ve y todo lo oye, y el ridículo comportamiento de las criaturas qye actuaban como si él no viera y no oyera. Dios vio a Eva conversando con la serpiente, escuchó todas sus palabras y supo todos sus pensamientos. Dios vio a Adán comer del fruto y presenció su silencio (vers. 6). Dios también vio y escuchó a la serpiente que él había creado junto al árbol que él había creado. El Creador es el Juez y, como tal, llama a todos los implicados ante su tribunal, los interroga y les pide que respondan por sus actos.

Al darse cuenta de la desaprobación de Dios, Adán y Eva intentan esconderse, pero sus esfuerzos son en vano. Dios comienza su investigación con Adán, porque él fue el que comenzó a esconderse: "¿Dónde estás?" (vers. 9). Adán no solo se esconde detrás de los arbustos, sino también detrás de su esposa: "La mujer que me diste" (vers. 12). Eva, que permanece tras los arbustos, se esconde detrás de la serpiente: "La serpiente me engañó" (vers. 13). Entonces, comienza el juego de la culpa. Desde ese momento, los seres humanos siguen culpándose unos a otros por sus desdichas. Marido y mujer se culpan mutuamente y padres e hijos se culpan mutuamente. Al final, todos culpan a Dios por sus desdichas.

La maldición de la serpiente

Dios ni siquiera responde a la patética respuesta humana. En cambio, maldice a la serpiente. Curiosamente, la serpiente es la única a la que Dios maldice. Ni el hombre ni la mujer reciben una maldición. Además, la serpiente es el único culpable que no trata de justificar sus actos. Simplemente la serpiente sabe que Dios sabe, y Dios sabe que la serpiente sabe. Por lo tanto, el texto bíblico no registra ninguna discusión entre ellos sobre el tema. Dios sabe que la serpiente es el "enemigo" que causó tod§ este mal (Mat. 13:28). La serpiente es la raíz de todo este disparate. Es-'por eso que la maldición de la serpiente no solo es única, sino*que también viene como un superlativo: "Maldita más que todos" (Gén. 3:14, NTV). Este superlativo se corresponde con el superlativo de la serpiente misma, que fue descrita como "más [...] que todos" (vers. 1).

La maldición de la serpiente a comer polvo mientras se arrastra sobre su vientre (vers. 14), también se corresponde con lo que era originalmente. Pasa de ser un maravillosa y majestuosa serpiente voladora (Isa. 14:29) a un animal polvoriento que se arrastra por la tierra. En el horizonte de estas imágenes se encuentra la promesa de la victoria de Dios sobre aquel a quien Jesús identificó como el enemigo.

Este enemigo es precisamente la preocupación principal de la primera profecía mesiánica. Este pasaje ha sido catalogado como el protoevangelio, el primer evangelio de la Biblia: "Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú la herirás en el talón" (Gén. 3:15).

En el hebreo original, la palabra "enemistad" es la que inicia la profecía, como para resaltar el tema principal. Desde la primera palabra se señala el punto más importante del pasaje: se trata de un conflicto cósmico y permanente. La palabra enemistad apunta al gran conflicto. Es significativo que la misma palabra hebrea 'eyba, "enemistad" se repite en otros dos pasajes bíblicos: Ezequiel 25:15 y Ezequiel 35:5, donde se refiere a una situación cósmica que perdura para siempre. Elena de White explica: "La enemistad a que se hace referencia en la profecía del Edén no iba a quedar restringida meramente a Satanás y al Príncipe de la vida. Debía ser universal. Satanás y sus ángeles habían de sentir la enemistad de toda la humanidad".2

La imagen, que describe el rumbo del conflicto, sugiere que los dos ataques, tanto el de la serpiente, como el de la Simiente de la mujer, pertenecen al mismo drama. Se golpea el talón mientras se aplasta la cabeza. De hecho, el talón es afectado simplemente porque es con el talón que se aplasta a la serpiente. Las dos muertes son simultáneas y dependen una de la otra. Es más, hay un juego de palabras que hace que las dos agresiones resuenen con la misma palabra: shup, "contusión". Aunque el primer ataque es un mordisco y el otro uq% aplastamiento, ambos van juntos.

Además, aunque solo se mencionan la cabeza y el talón, cada antagonista es alcanzado en la totalidad de su persona. El shup, o la "contusión", finalmente afecta a todo el ser y no solo la cabeza o el talón. La operación nos recuerda el misterioso mecanismo del

sistema de sacrificios, donde el perdón, y por lo tanto la vida del pecador, costaba la vida del animal. Esta alusión al sacrificio no debería sorprender en este contexto, ya que un sacrificio real se lleva a cabo allí mismo después de la maldición (Gén. 3:21).

La Simiente

Lo lógico sería que la serpiente y la mujer fueran los receptores de la maldición, ya que ambos son los protagonistas reales en la escena. Sin embargo, aunque la serpiente es el objeto directo de la maldición, es a la Simiente de la mujer a quien tendrá que enfrentar. La Simiente no debe entenderse en un sentido colectivo, es decir, como la humanidad o como un pueblo (Israel, por ejemplo); o en un sentido particular, es decir, como una persona específica (algún tipo de guerrero). En la siguiente línea, la Simiente ha sido reemplazada por el pronombre personal bu', "él", que es el sujeto real del verbo shup, "contusión". Este "él" resalta de una manera particular en la estructura del párrafo y la sintaxis de la frase: aparece en el centro exacto de la estrofa y es la primera palabra de la frase.

La forma en que este "él" está resaltado en el texto no se les escapó a los traductores de l'a Septuaginta. De hecho, la forma griega del pronombre (autos) no^e refiere ni a la mujer (no es femenino) ni a la Simiente (no es neutro), sino a un individuo masculino que ha sido identificado c»mo el_Mesías, el Hijo de David, quien salvará a la humanidad (Sal. 110). Es Jesucristo mismo (Rom. 16:20; Heb. 2:14). Esta profecía mesiánica revela la respuesta de Dios al "disparate": Dios mismo descenderá por medio de la Simiente y salvará a la humanidad por medio de su sacrificio.

El lamento divino

Al final de Génesis 3 Dios se lamenta de que los seres humanos hayan perdido su conexión con él: "Luego dijo Jehová Dios: 'El hombre había sido como uno de nosotros'" (Gén. 3:22, traducción libre del autor). Esto sugiere que los seres humanos dejaron de ser como Dios debido al pecado. Irónicamente, dejaron de ser como Dios porque querían ser como él. Debo resaltar que el verbo hebreo hayah significa literalmente que "eran" y no "que se volvieron", como algunas versiones de la Biblia lo traducen, dando a entender de manera absurda que al comer del fruto se volvieron como Dios, lo cual le daría la razón a la serpiente astuta (cf. vers. 5). El "disparate" tiene su momento culminante con Adán y Eva abandonando el jardín del Edén (vers. 24). A partir de entonces, los humanos vivirán en el exilio, anhelando regresar nuevamente a su hogar al final del tiempo.

28

1  Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 36.

2  Elena de White, Mensajes selectos, 1.1, p. 309.