Lección 2: Para el 8 de octubre de 2022
MUERTE EN UN MUNDO PECAMINOSO

 

EL SÁBADO ENSEÑARÉ...

RESEÑA

Texto clave: Génesis 3.

Enfoque del estudio:

Dios creó un mundo perfecto, sin pecado, maldad, violencia, inseguridad, enfermedad ni muerte. Él es el Dios de la vida, la Fuente de la vida y el Dador de la vida. Hay un gran contraste entre el mundo de Génesis 1 y 2 -donde todo es provechoso, hermoso y armonioso, y su descripción es con colores brillantes, alegres y luminosos, con una melodía inspiradora- y el mundo del resto del Génesis, en el que todo lo bueno se ve repentinamente azotado por una tormenta de pecado que termina arruinando las relaciones afectivas. Los colores se vuelven sombríos; y la música, discordante. Se estropea el potencial puro y formidable para el crecimiento y la exploración.
Sin embargo, Dios, en su misericordia, va en pos de la humanidad y, a pesar del pecado, trae esperanza y una solución al problema del pecado y la muerte.
Ninguna filosofía ni religión puede ofrecer una solución para la muerte, para el proceso de morir, ni restaurar la vida sin muerte en nuestro mundo. Solo Dios puede hacer esto: el Dios viviente, mediante sus actos misericordiosos; por eso, nada ni nadie puede compararse con nuestro Creador y Redentor. Él es, sobre toda su Creación, único y soberano.
La rebelión y la desobediencia comenzaron en el cielo pero fueron transferidas a la Tierra cuando Adán y Eva pecaron. Dios no dejó a la humanidad en su pecado, sino que dirigió una guerra contra los poderes de las tinieblas y su comandante, Satanás. Dios puso enemistad entre el mal y la humanidad a fin de que la humanidad no quedara hechizada ni atrapada por el mal, sino que pudiera decir NO al aferrarse a él en busca de sabiduría y fuerza. El Dios creador trajo una solución al problema del pecado al enviar a la Simiente prometida (Gén. 3:15), Jesucristo, como el Salvador de la humanidad (Juan 3:16; 5:24; Hech. 4:12). El pecado trajo no solo complicaciones, sino además la muerte, en última instancia. Sin embargo, Jesús venció la muerte mediante su vida perfecta de servicio amoroso, sacrificio abnegado y obediencia voluntaria (Rom. 6:23).

COMENTARIO

Satanás, el autor de la destrucción y la muerte No fue Dios sino la serpiente quien introdujo la desconfianza en Dios en el corazón humano, e hizo de la muerte parte de nuestro destino. Por la desobediencia de Adán, “la muerte pasó a todos” (Rom. 5:12). Por lo tanto, la muerte es un componente integral de nuestra existencia en este mundo pecaminoso.
Salomón dice: “Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben” (Ecl. 9:5). La muerte es una intrusa y es nuestra enemiga (1 Cor. 15:26). Hubo un tiempo en que la muerte no existía, ni estaba presente en el mundo.
Para expresar este aspecto, Génesis 2:5 y 6 contiene la expresión “aún no”, que es corta pero extremadamente significativa. La muerte vino como resultado del distanciamiento de Dios y de llevar una vida autónoma e independiente de él: “Polvo eres, y al polvo volverás” (Gén. 3:19).
Dios advirtió específicamente a la primera pareja que no desobedeciera su Palabra y que el resultado de la desobediencia terminaría en devastación y tragedia, a saber, la muerte (Gén. 2:17). Satanás contradijo a Dios, al afirmar: “Ciertamente no moriréis” (Gén. 3:4, LBLA). Fíjate que la serpiente sabía exactamente lo que Dios había dicho previamente a Adán en el Jardín del Edén y lo niega con
las mismas palabras, hasta “ciertamente”, como en “ciertamente no moriréis”.
Por ende, se advierte al lector que nuestros primeros padres trataban con Satanás y no con un mero reptil, porque la serpiente habla y se opone a Dios directamente. Dios usó “ciertamente” y Satanás también lo enfatizó. Luego, el diablo respaldó su afirmación con dos mentiras engañosas: “Serán abiertos vuestros ojos”, es decir, obtendrán nuevos conocimientos especiales, se volverán sabios, y “Seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal”, es decir, podrán decidir lo que es bueno y lo que es malo (Gén. 3:5). Satanás, experto en intrigas, presentó la desobediencia como una cuestión de libertad y beneficios.
Al comer, por supuesto que a Adán y a Eva se les abrieron ojos (Gén. 3:7), pero de manera diferente de lo que esperaban. Se dieron cuenta de que habían perdido lo que tenían antes: su pureza e inocencia se desvanecieron, y vieron que estaban desnudos. Esta desnudez era más que la desnudez física, porque (1) ellos también estaban desnudos antes, pero no se avergonzaban (Gén. 2:25); y (2) cuando Dios los visitó y preguntó: “¿Dónde estás tú?” (Gén. 3:9), Adán respondió que se escondieron porque estaban desnudos. Para que quede claro, en esa situación no estaban físicamente desnudos, ya que estaban cubiertos con prendas de hojas de higuera (Gén. 3:7). Pero estaban moralmente desnudos porque, por primera vez, les sobrevino un sentimiento de culpa.
La segunda promesa de Satanás también era una mentira. Adán y Eva no llegaron a ser como Dios al conocer el bien y el mal porque Dios no conoce el mal por experiencia (¡él nunca pecó!). Pero Adán y Eva perdieron lo que tenían: la capacidad de discernir claramente entre el bien y el mal. Una traducción literal de Génesis 3:22 revela este hecho: “He aquí, los humanos eran [no ‘se han vuelto’] como uno de nosotros, sabiendo [discerniendo entre] el bien y el mal, pero ahora...” (Para más detalles, ver Jirí Moskala, “ ‘You Will Be Like God Knowing Good and Evil’: Discernment of Truth and Lies”, Journal of Adventist Mission Studies 12, Nº 2 [2016]: pp. 10-18.) Así, Adán y Eva perdieron no solo su integridad, sino también la capacidad de saber lo que estaba bien y lo que estaba mal. De allí en más, necesitarían la revelación de Dios para saber qué era bueno y qué era malo.
Tendrían que depender del poder espiritual de Dios, ajeno a ellos mismos, para poder hacer lo correcto.

Las consecuencias del pecado El pecado es una maldición que trae consecuencias terribles. Es como una avalancha. Aparentemente comienza como algo insignificante, luego se rompe y derriba todo lo que es hermoso, valioso y significativo en la vida, y destruye la existencia misma por completo. Donde hay un pensamiento erróneo, automáticamente también habrá un mal comportamiento. El pecado rompe todo tipo de relaciones significativas; solo trae miseria, sufrimiento, separación y complicaciones. Romper nuestra relación con Dios (dimensión vertical) trae consigo múltiples rupturas horizontales. Esa es la causa de muchas consecuencias pecaminosas:

La solución de Dios
La esperanza aparece contra toda desesperanza. En medio de la oscuridad, la desesperación y la condenación, Dios garantiza el futuro de la humanidad, aunque Adán y Eva no merecen vivir.
Primeramente, Dios busca a Adán y a Eva: “¿Dónde estás tú?” (Gén. 3:9). Esta pregunta tiene múltiples propósitos.
Sirve:

(1) como una invitación al diálogo; (2) como ofrecimiento de la gracia (Dios clama por sus hijos perdidos y desaparecidos para brindar una solución muy costosa a su situación); (3) para ayudarlos a darse cuenta y comprender la magnitud de su actitud hacia Dios después de su pecado (es decir, en lugar de disfrutar de su presencia, se esconden de él); y (4) como un juicio investigador, que tiene lugar porque ellos son responsables de sus actos pasados hacia Dios como su Creador y Juez.

En segundo lugar, Dios provee una vestimenta real (Gén. 3:21). Así como la desnudez de la primera pareja era más que un fenómeno físico, analógicamente la vestimenta provista por Dios representa más que ropa física. Dios les da una vestidura de pieles hecha por él mismo, y así cubre a los pecadores con el manto de su justicia (1 Cor. 1:30; 2 Cor. 5:21). La solución para el problema del pecado es el Mesías (Efe. 1:4; 1 Ped. 1:20). El perdón y la redención deben obtenerse mediante el sacrificio de la gracia de Dios, representado por la muerte del animal cuya piel vestían Adán y Eva.
En tercer lugar, Dios crea enemistad entre los poderes del bien y del mal a fin de que podamos odiar el mal (Gén. 3:15).
En cuarto lugar, Dios promete enviar a la Simiente (Gén. 3:15) para derrotar a nuestro enemigo, Satanás. La declaración de Dios dirigida a la serpiente se encuentra en el centro de este capítulo. El Mesías se convertirá en el Redentor y Salvador de la humanidad, y su muerte victoriosa y deliberada finalmente destruirá a Satanás y, en consecuencia, a todos y todo lo relacionado con él. El Mesías es el Vencedor, y da la victoria a todos los que se relacionan con él (Rom. 8:1-4). Él garantiza la victoria final (Apoc. 12:7-12; 19:6, 7, 15-21; Jud. 24, 25).

APLICACIÓN A LA VIDA