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  • CAPÍTULO 10
    EL VERDADERO JOSUÉ

    TIPO Y ANTITIPO

    La naturaleza simbólica de la Tierra Prometida y las profundas implicaciones que el concepto de herencia tiene para los cristianos en el Nuevo Testamento nos llevan al tema de la tipología bíblica. Este es un método que los escritores bíblicos utilizaban para interpretar partes ya escritas de las Escrituras. Ciertos acontecimientos, personajes o símbolos del Antiguo Testamento se consideran sombras de la persona y la vida de Jesús, así como de otras realidades espirituales del evangelio. La relación entre la "sombra" que se encuentra en el Antiguo Testamento y la "realidad" que se encuentra en el Nuevo Testamento se describe mediante dos vocablos que provienen de los términos griegos typos ("tipo") y antitypos ("antitipo") y aparecen en textos como Romanos 5:14; 1 Corintios 10:1-13; y Hebreos 8:5; 9:23. El tipo y el antitipo no son idénticos. Más bien, el tipo refleja el antitipo de manera muy similar a como la impresión de un sello refleja el sello inicial a partir del cual fue elaborado. De esta forma, el tipo bíblico ha sido producido en línea con un modelo divino.1

    El enfoque tipológico de la Biblia consiste en encontrar patrones o conexiones entre las dos partes, en las que los tipos del Antiguo Testamento anticipan los antitipos del Nuevo Testamento. Como ya vimos en el capítulo anterior, la herencia de la tierra que recibió el antiguo Israel es un tipo de la herencia espiritual que Dios le dio a la iglesia.

    97 Josué: La fe que conquista

    Cuando oímos hablar de tipología, inevitablemente surge una pregunta en nuestra mente: ¿cómo podemos saber qué es un tipo y cuál es su antitipo correspondiente? ¿Podemos elegir cualquier acontecimiento, personaje o símbolo del Antiguo Testamento y convertirlo en un tipo de cualquier otro acontecimiento o persona del Nuevo Testamento? ¿Qué principios nos pueden ayudar a descubrir la riqueza de la tipología bíblica sin transformarla en una espiritualización alegórica que puede conducir a interpretaciones extrañas?

    La buena noticia es que el uso de la tipología por parte de los autores bíblicos ofrece principios para interpretar la relación entre los tipos y los antitipos. Cuando los escritores del Nuevo Testamento, inspirados por el Espíritu Santo, reflexionaron sobre el significado y el cumplimiento de las promesas y las profecías del Antiguo Testamento, descubrieron patrones que ya estaban reforzados en el Antiguo Testamento. Veamos algunos ejemplos concretos para que sea más fácil.

    EL ÉXODO

    Consideremos el acontecimiento histórico del éxodo de los israelitas de Egipto (Éxo. 12:40,41; 14). Tras años de opresión bajo la cruel esclavitud del imperio egipcio, y gracias a la poderosa intervención de Dios en forma de diez plagas, Israel fue conducido a la libertad por el propio Dios. Más tarde, los profetas inspirados continuaron con el tema de la liberación de Israel de la esclavitud y reinterpretaron la restauración de los exiliados como un nuevo Éxodo. Los exiliados que regresaban atravesarían las aguas (Isa. 43:2), y el Señor prepararía un camino a través del desierto (vers. 16-19). Así como el Señor guio a su pueblo en el desierto por medio de la columna de fuego y la nube, también guiaría a los exiliados a casa y les ofrecería protección contra los enemigos que atacaran por la retaguardia (Isa. 52:12). Aunque el acontecimiento descrito por los profetas sería similar al Éxodo, también diferiría en algunos aspectos. Los israelitas salieron de Egipto con gran prisa (Éxo. 12:11,33,39), pero el regreso de Babilonia sería en paz y tranquilidad. En el Éxodo y el regreso de Babilonia, el Señor utilizó una "vía fluvial", pero de maneras diferentes. En el Éxodo, dividió el mar Rojo y proporcionó un paso por tierra firme para los israelitas. El nuevo éxodo también fue posible gracias a una vía fluvial, el cauce seco del río Éufrates, a través del cual el ejército de Ciro entró en Babilonia e hizo posible el regreso de los judíos. Tanto Herodoto como Jenofonte registran que Ciro decidió sitiar Babilonia y esperar hasta que la gente dentro de las murallas se quedara sin comida. Le informaron que la gran ciudad tenía suficientes suministros de alimentos para más de veinte años. Ciro se sintió decepcionado, pero se le ocurrió un plan. Las murallas eran demasiado anchas para derribarlas. Las puertas eran demasiado fuertes. Solo había una forma de entrar: el río Éufrates, que atravesaba el centro de la ciudad.2

    98 El verdadero Josué

    Otros profetas también utilizan el tema del Éxodo. Oseas vislumbra el restablecimiento de la relación de Israel con Dios tras una intervención divina similar al cuidado especial que el Señor brindó a su pueblo en el desierto (Ose. 2:14, 15). El Señor planea poner fin a la infidelidad de Israel liberando al pueblo de la esclavitud de la idolatría. Al igual que durante el éxodo, donde los israelitas dependían completamente de Dios para satisfacer todas sus necesidades, Oseas prevé un nuevo éxodo en el que los israelitas aprenderán a fomentar una relación exclusiva e íntima con Dios. El desierto se convierte en un símbolo de la renovación y pureza del pacto (cf. Jer. 2:2; 31:2; Eze. 20:10-38).3 Según Jeremías, este nuevo éxodo será tan poderoso que se convertirá en un nuevo punto de referencia en la historia de Israel:

    "Por eso —afirma el Señor—, vienen días en que ya no se dirá: 'Tan cierto como vive el Señor, que hizo salir a los israelitas de la tierra de Egipto', sino: 'Tan cierto como vive el Señor, que hizo salir a los descendientes de la familia de Israel, y los hizo llegar del país del norte y de todos los países adonde los había expulsado'. Entonces habitarán en su propia tierra" (Jer. 23:7, 8, NVI).

    En el campo de la tipología, la secuencia de acontecimientos anterior sirve de tipo para los posteriores, y estos últimos se consideran un antitipo de los primeros. Alternativamente, podríamos decir que las épocas de la historia de la salvación que se desarrollan revelan un patrón repetitivo de intervención divina, que los escritores posteriores de la Biblia percibieron que había alcanzado su plenitud en su época.4

    Desde luego, los autores del Nuevo Testamento, bajo la inspiración del mismo Espíritu Santo, reconocen el patrón que se desarrolla en el Antiguo Testamento y lo mantienen. Mateo presenta a Jesús como el representante encarnado de Israel en una persona, el cual, en cierto sentido, repite la historia de Israel en su propia vida, pero tiene éxito donde Israel fracasó. Refiriéndose a la profecía de Oseas, Mateo muestra que, al igual que Israel, Jesús tuvo que regresar de Egipto (Mat. 2:15).

    Pero este giro tipológico no es obra de Mateo. Ya en el Pentateuco se pasa de la identidad de Israel como entidad plural al Israel individual, que representa a todo el pueblo en una sola persona. En una profecía que Moisés registra, Balaam habla primero de Israel en plural (ellos) como aquellos a quienes Dios saca de Egipto (Núm. 23:22); pero en el siguiente oráculo, Balaam cambia al singular y habla de que Dios lo saca de Egipto (Núm. 24:8). Finalmente, en la tercera y última visión escatológica, lo identifica como el Mesías:

    "Lo veo, mas no ahora; lo contemplo, mas no de cerca: Saldrá estrella de Jacob, se levantará cetro de Israel, y herirá las sienes de Moab y destruirá a todos los hijos de Set" (vers. 17).5

    99 Josué: La fe que conquista

    Mateo reconoce el patrón del Éxodo conforme se desarrolla en la historia de Israel y descubre su cumplimiento en la vida de Jesús, el Israel representativo. Jesús regresa de Egipto tras un decreto de muerte (Mat. 2:15) y vive una experiencia simbólica similar al cruce del mar Rojo durante su bautismo (Mat. 3; cf. 1 Cor. 10:1, 2). Posteriormente, se embarca en un viaje de cuarenta días por el desierto, que refleja la estancia de cuarenta años del antiguo Israel en el desierto. Durante este periodo, Jesús demuestra que reconoce su papel como el nuevo Israel en el nuevo éxodo al resistir constantemente las tentaciones del diablo con citas de Deuteronomio 6-8, donde se resumen las pruebas del antiguo Israel en el desierto. Finalmente, Jesús asciende al monte, como un nuevo Moisés, acompañado por sus doce discípulos, que simbolizan las tribus de Israel. En el Sermón del Monte, ratifica la Ley como lo hizo Moisés al final del viaje por el desierto.

    Pablo también emplea con frecuencia el tema del Éxodo para ilustrar diversos conceptos teológicos. En 1 Corintios 10:1,2, Pablo establece un paralelismo entre el paso de los israelitas por el mar Rojo y el bautismo cristiano. Sugiere que, así como los israelitas fueron bautizados en Moisés en la nube y en el mar, los cristianos son bautizados en Cristo. Esta conexión pone de relieve el concepto de liberación espiritual y de nueva identidad que representa el bautismo. En 1 Corintios 10:5-11, Pablo se refiere al viaje de los israelitas por el desierto como una advertencia para los creyentes de Corinto. Destaca los fracasos de los israelitas y el juicio de Dios sobre ellos como ejemplos a tener en cuenta. Este uso de la narración del Éxodo tiene como objetivo advertir a los cristianos de Corinto contra la desobediencia y la incredulidad. En 2 Corintios 6:16-18, mediante expresiones que aluden a la construcción del tabernáculo después del Éxodo, Pablo hace un llamamiento a los cristianos para que abandonen su antiguo estilo de vida pagano y vivan como hijos e hijas del Señor Todopoderoso (cf. Apoc. 18:4).

    100 El verdadero Josué

    Finalmente, el cumplimiento definitivo del símbolo del Éxodo lo vemos en la representación de la gran asamblea como aquellos "que han salido de la gran tribulación" (Apoc. 7:13,14). Juan describe a la gran multitud de pie frente al trono de Dios, junto al mar de vidrio, alabando a Dios con un nuevo cántico de Moisés, al igual que María y Moisés guiaron a los israelitas en la adoración después del milagroso cruce del mar Rojo (Apoc. 15:2-4, cf. Éxo. 15:1-21).

    Como podemos ver, la tipología no es arbitraria. Hay controles claros que rigen la interpretación y aplicación de los tipos en la Biblia. Un acontecimiento o personaje histórico se convierte en un tipo cuando los escritores proféticos del Antiguo Testamento reconocen los patrones de la actividad divina en la historia o el futuro revelado. En base a este patrón emergente, los escritores del Nuevo Testamento ven las manifestaciones del tipo en tres fases adicionales:

    1. la fase cristológica se cumple en la persona, la vida y el ministerio de Jesús;
    2. la fase eclesiológica se manifiesta en la experiencia espiritual de la iglesia; y
    3. la fase escatológica, que representa la consumación final del tipo al concluir la historia de la salvación.

    JOSUÉ, EL TIPO DE CRISTO

    Si analizamos las guerras de conquista que se relatan en el libro de Josué desde el punto de vista de la tipología, vemos que concuerdan con cinco aspectos distintivos que caracterizan a un tipo. Estas guerras, dirigidas por Josué, tienen un importante valor histórico, ya que constituyen un capítulo fundamental en la historia de Israel. Su objetivo principal es establecer a los israelitas en la Tierra Prometida, donde puedan asegurar la herencia que se les ha asignado y establecer una sociedad gobernada por la ley divina (Jos. 1:7, 8). Los profetas del Antiguo Testamento, como Isaías, se hacen eco de esta idea y retratan al Mesías como un nuevo Josué que ha sido elegido por Dios para asignar la herencia espiritual a un Israel renovado (Isa. 49:8). Cuando los profetas hablan del Día del Señor, amplían la imaginería de la guerra santa, advirtiendo del inminente juicio de Dios sobre las naciones desobedientes, incluida Israel, para provocar el arrepentimiento (Isa. 13:9; Joel 1:15; 2:1; Amos 5:18-20; Sof. 1:14-17).

    101 Josué: La fe que conquista

    En el Nuevo Testamento, encontramos paralelismos entre Josué (en hebreo Yehoshúa) y el verdadero Josué, Jesús (en hebreo Yehoshúá), que subrayan el papel de Cristo como cumplimiento definitivo del ministerio de Josué. Del mismo modo que Josué comenzó su misión cruzando el Jordán, Jesús se embarca en su ministerio en la tierra después de un bautismo simbólico en el río Jordán (Mat. 3:13-17; Mar. 1:9-11). Su bautismo marca el inicio de su guerra divina contra las fuerzas del mal (Mat. 12:29; Mar. 3:27; Luc. 11:21, 22; cf. 1 Juan 3:8). Esta guerra aparece reflejada en su fiel obediencia, que culminó con su muerte sacrificial en la cruz. Este acto destruyó el dominio de Satanás (Juan 12:31; Col. 2:15) y aseguró el descanso espiritual y la herencia para los creyentes (Efe. 4:8; Heb. 1:4; 9:15).

    Los escritores del Nuevo Testamento reconocen también la implicación eclesiológica de la tipología de Josué, que describe a la iglesia como una institución comprometida en la guerra espiritual (1 Tim. 1:18, 6:11; 2 Tim. 4:7; Efe. 6:10-20; 2 Cor. 10:3-5) y que al mismo tiempo descansa en la gracia de Dios y disfruta de las bendiciones de su herencia espiritual (Efe. 1:11, 14, 18; Col. 1:12; Heb. 4:1-11). Sin embargo, el cumplimiento pleno de la tipología de Josué, es decir, su aspecto escatológico, aguarda la segunda venida de Cristo. En ese momento, los santos heredarán su recompensa eterna (1 Ped. 1:4; Col. 3:24), los enemigos de Dios se enfrentarán a la derrota total (Apoc. 20:7-10) y los redimidos disfrutarán del descanso eterno (Apoc. 20:9; 21:3).

    Cuando estudiamos a Josué desde un punto de vista tipológico, aprendemos que, aunque Dios es constante, no es totalmente predecible. Su carácter es invariable y podemos confiar en él. Al mismo tiempo, como Creador, ¡siempre puede sorprendernos con nuevos actos de creación! No está limitado por la forma en que logró sus propósitos en el pasado, ya que su creatividad no conoce fronteras. Mientras descubrimos el patrón de sus actos en favor de su pueblo, es posible que no lleguemos a conocer todos los detalles de sus acciones futuras, pero sin duda podemos entender lo suficiente como para confiar en que, en el gran despliegue del plan de salvación, su Palabra es digna de confianza.


    1 Para un estudio en profundidad del concepto de la tipología, véase Richard M. Davidson, Typology in Scripture: A Study of Hermeneutical Typos Structures (Berrien Springs, MI: Andrews University Press, 1981).

    2 Véase Jenofonte, Cyropaedia VII. 5. pp. 10, 13, 15, 16, 26-30, trad. Walter Miller (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1943), t. 2, pp. 265, 267, 269, 271, 273; Herodoto 1.191, trad. A. D. Godley (Cambridge, MA: Harvard University Press, 1946), t. 4, p. 239.

    3 Duane A. Garrett, Oseas, Joel (Nashville, TN: Broadman & Holman, 1997), p. 88.

    4 F. F. Bruce, "Typology", New Bible Dictionary (Leicester: InterVarsity Press, 1996), p. 1214.

    5 Richard M. Davidson, "Hermenéutica intrabíblica: El uso de la Escritura por parte de los escritos bíblicos", Hermenéutica bíblica: El enfoque adventista, ed. por Frank M. Hasel (Foral, DL: IADPA, 2023), p. 288.