Texto clave: Proverbios 15:1.
Enfoque del estudio: Josué 22; Efesios 6:7; Juan 7:24; Números 25; Proverbios 15:1; 1 Pedro 3:8, 9.
No hay nación sin ley y sin tierra. Este es el caso del Israel bíblico, que recibe la Ley de Dios en el libro de Éxodo y obtiene la tierra en el de Josué. Sin embargo, como reino de sacerdotes, también necesitaba una identidad fuerte, arraigada en su llamado como pueblo elegido para ser representante de Dios en la Tierra. Tal identidad no perduraría sin dos elementos básicos: **compromiso total** y **unidad**. Este tema es el que trata Josué 22. En ese momento, la tierra había sido conquistada y dividida entre todas las tribus, al menos parcialmente (porque todavía había trabajo por hacer). A pesar de este hecho, Israel aún necesitaba entender lo que significaba ser Israel. Su necesidad de entender su identidad es el propósito de los discursos finales del libro, que se encuentran en Josué 22:1 al 8; 23 y 24:1 al 28.
Al igual que los discursos de los capítulos 23 y 24, las palabras de Josué en Josué 22:2 al 8 a los rubenitas, los gaditas y la media tribu de Manasés, que se dirigían al otro lado del Jordán, revelan el camino hacia el compromiso total, que comienza con el amor y termina con el servicio. El incidente que involucra a las tribus de Transjordania, en la segunda parte del capítulo, muestra que el compromiso individual o corporativo con el Señor, sin unidad, también es una amenaza para el plan de Dios. Si Israel quiere soportar los desafíos que se avecinan, no puede olvidar quién es en relación con Dios y entre sí.
Josué 22 contiene el último relato del libro, que está precedido por un breve discurso del estimado líder a las tribus de Transjordania, quienes, después de ayudar a sus hermanos en la conquista, estaban listos para cruzar de nuevo el Jordán. El discurso de Josué enfatizó que, aunque estarían separados geográficamente, las tribus de Transjordania todavía eran parte de Israel y debían vivir en consecuencia. Su mensaje se centró en la importancia del compromiso incondicional con el Señor en el contexto del Pacto, que requiero un servicio basado en el amor. A pesar de la separación geográfica, estaban llamados a permanecer unidos en su devoción a la Torá y a su Dador. La edificación de un altar serviría como prueba tanto de su compromiso como de su unidad.
En Josué 22, el líder de Israel se acerca al final de su misión. La tierra está dividida e Israel tiene un control relativo sobre el territorio restante que debe ser conquistado. Ahora está por comenzar la despedida. Como Josué estaba convencido de que no volvería a ver a los líderes de las tribus de Transjordania (aunque pronto se demostró que estaba equivocado), les dio las últimas instrucciones. Siguiendo una estructura pactual, Josué los elogió por seguir todo lo que Moisés y él habían ordenado y por ayudar a sus hermanos durante la conquista (Jos. 22:2, 3). Luego enfatizó la fidelidad de Dios en el cumplimiento de sus promesas y dijo que era tiempo de que descansaran (Jos. 22:4). Antes de su partida, resumió los principios esenciales de la Ley y explicó el camino hacia el compromiso completo en cinco frases exhortativas, que progresan lógicamente desde el amor hasta el servicio:
Primero, "amen al Señor su Dios". El amor es el fundamento del carácter de Dios, y todo comienza con el amor. El servicio sin amor es legalismo, es una distorsión de la Torá y Dios no puede aceptarlo. Amar es el resumen de la Ley que ya estaba en boca de Moisés antes de su muerte (Deut. 6:4-15; 10:12,13, 20; 11:1; 13:4, 5). No hay contradicción entre la revelación de Dios en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento: Él creó a los seres humanos para tener una relación con él basada en el amor, no en el temor. Como dice Pablo, si "no tengo amor, nada soy" (1 Cor. 13:2). Nuestro amor ya es una respuesta, pues lo amamos porque él nos amó primero (1 Juan 4:19). El objeto de nuestro amor se equilibra entre la trascendencia divina del Creador ($elohim$) y la inmanencia de nuestro Señor ($Yahweh$), que habita con su pueblo.
En segundo lugar, "anden en todos sus caminos". La Biblia utiliza a menudo la metáfora de "andar" para referirse a la relación entre Dios y su pueblo. Expresa intimidad y armonía. En un sentido literal, Dios camina (heb. $halaj$) con su pueblo (Éxo. 13:21, comparar con Gén. 3:8). En un sentido espiritual, lo llama a caminar con él. En este contexto, la imagen se vuelve relacional, pues "¿Andan dos juntos, si no están de acuerdo?" (Amos 3:3, RVC). Además, indica la conducta que se espera de quienes eligen caminar con Dios, como se ve en Levítico 26:23 y 24: "Siguen oponiéndose a mí, yo también me pondré en contra de ustedes" (RVC).
En tercer lugar, "guarden sus mandamientos". El cumplimiento de la Ley, como una expresión de la voluntad de Dios, es el resultado natural de un corazón agradecido que comprende lo que Dios ha hecho. En esta secuencia, hay una progresión desde el amor, como punto de partida, hasta una relación de confianza, que resulta en obediencia. Por eso Juan dice que "sus mandamientos no son gravosos" (1 Juan 5:3). Es claro que la verdadera obediencia surge del amor, como lo evidencian las palabras de Jesús a los discípulos: "Si me aman, guardarán mis mandamientos" (Juan 14:15). La observancia de la Ley traería vida para Israel (Lev. 18:5), no vida en un sentido salvífico, sino una vida abundante en la Tierra. Al adherirse a los principios divinos, Israel podría establecer una sociedad justa y próspera, cuyo éxito sería un testimonio para el mundo.
En cuarto lugar, "manténganse unidos firmemente a él" (NVI). El verbo hebreo $dabaq$ también significa "aferrarse", o "unirse", tanto en sentido literal como metafórico. En este último, indica un estado de lealtad, afecto y cercanía. La primera vez que esa palabra aparece en la Biblia describe a un hombre unido a su esposa en matrimonio: "El hombre dejará a su padre y a su madre, se unirá a su esposa, y serán una sola carne" (Gén. 2:24, NVI). El mismo mandato de mantenerse unido, esta vez al Señor, también precedido por el llamado a amarlo y serle obediente, aparece en Deuteronomio 30:20. Aquí Moisés además presenta la razón: "Porque él es tu vida". Como un salvavidas para una persona que se está ahogando, Israel debía aferrarse a Dios como su única esperanza. La imagen también describe la necesidad de persistencia y perseverancia para mantener la conexión con Dios en una tierra y en un tiempo en el que innumerables distracciones competirían por su atención.
Por último, "sírvanle de todo corazón y con todo su ser" (NVI). La expresión "servir al Señor" aparece 56 veces en el Antiguo Testamento y a menudo se refiere a "adorar" o "guardar fielmente el pacto". Servir al Señor fue la razón que se presentó a Faraón para la salida de Israel de Egipto: "Y dile: 'El Señor, el Dios de los hebreos, me ha enviado a ti para decirte que dejes ir a mi pueblo, a fin de que me sirva en el desierto, y hasta ahora no has querido oír' " (Éxo. 7:16; 12:31). Cuando Israel salió de Egipto, en esencia estaba cambiando de amo al servir al Señor en vez de servir al Faraón. Al entregarse al servicio al Señor experimentarían las bendiciones divinas y cumplirían su designio de bendecir a todas las familias de la Tierra. En última instancia, los redimidos también están llamados a servir a Dios para siempre (Apoc. 22:3). Por lo tanto, los seres humanos encuentran su verdadera identidad solo cuando sirven voluntariamente a su Creador con amor. Esta combinación de amor y servicio es la paradoja de la existencia: cuando las criaturas viven para servirse a sí mismas, solo encuentran confusión, desesperación y muerte. Pero, cuando abandonan su actitud egoísta y se someten a la voluntad del Creador, encuentran verdadero propósito, satisfacción y vida abundante. Vemos este mismo razonamiento detrás de la declaración de Jesús: "Porque el que quiera salvar su vida la perderá; y el que pierda su vida por causa de mí la salvará" (Luc. 9:24).
Después de pronunciar su discurso de despedida, Josué bendijo a las tribus de Transjordania y las envió a su heredad (Jos. 22:6). Estas palabras debían ser las últimas de Josué hacia ellos, pero no mucho después el episodio del altar pondría a prueba su determinación de seguir estos consejos. La falta de unidad se convertiría en un problema a lo largo de la historia de Israel. Poco después de la muerte de Josué, la incapacidad del pueblo para amar, andar, obedecer, mantenerse unidos y servir al Señor, como es evidente en el libro de Jueces, los llevó a la desintegración definitiva. Al final del libro, una guerra civil casi llevó a los benjamitas a la extinción (Juec. 20, 21). Aunque la monarquía unida trajo unidad política y espiritual por un tiempo, esta situación no duro mucho. Después de la separación entre las tribus del norte y las del sur, Israel nunca volvió a ser una nación. La apostasía provocó desintegración y desunión. La historia de Israel muestra que la unidad y el compromiso total son interdependientes.
En la Biblia, la relación entre Dios y su pueblo se compara a menudo con un matrimonio, en el que Dios es un esposo amoroso e Israel es una esposa infiel. Esta metáfora ilustra la idea del amor inquebrantable de Dios en contraste con la desobediencia de Israel. En el Nuevo Testamento, la llegada del Mesías prometido se compara con una ceremonia nupcial.
Piensa en tus propias experiencias como cónyuge, si estás casado, o reflexiona sobre tus propias amistades profundas y considera cómo la receta de Josué para el compromiso total es esencial para una relación feliz y duradera. Reflexiona sobre cada una de las siguientes acciones imperativas individualmente y cómo contribuyen al éxito de una relación:
Amar:
Andar:
Respetar:
Mantenerse unido:
Servir:
"Un visitante de un hospital psiquiátrico se quedó atónito al notar que solo había tres guardias vigilando a cien Internos peligrosos. Le preguntó a su guía: '¿No temen que esta gente domine a los guardias y escape?' 'No', fue la respuesta. 'Los locos nunca se unen'" (Green, 7500 lllustrations for Biblical Preaching, p. 65).
En nuestra enfermedad espiritual, tenemos dificultad para unirnos. Desde la perspectiva del Nuevo Testamento, la unidad en la iglesia es un milagro, llevado a cabo por el Espíritu Santo, en cooperación con nosotros (Efe. 5:2-15).