Josué 2:1-24; 6:17, 22-25; y 9:1-27
A los 89 años, Colín Thackery, un jubilado que vive al oeste de Londres, tenía toda una carga de experiencias en la vida. Tras la muerte de su esposa, con la que había estado casado durante 66 años, decidió presentarse en el escenario de Britain's Got Talent. Cuando empezó a cantar, el público quedó cautivado por la melodía y por todo lo que había vivido, como si el pasado de este veterano de guerra se entrelazara con el presente.
Las actuaciones de Thackery no eran simples interpretaciones musicales, sino un viaje al interior de su corazón, en el que cada nota resonaba con lo vivido durante su servicio militar. A medida que avanzaba la competencia, la expectación crecía entre los espectadores, que se preguntaban si este experimentado héroe sería capaz de conquistar una nueva clase de victoria.
La gran sorpresa se reveló cuando la competencia llegó a la ronda final. La tensión alcanzó su punto máximo y, entonces, el anuncio resonó en el auditorio: **¡Colin Thackery, el jubilado de Chelsea de 89 años, era el ganador de Britain's Got Talent!** Su victoria no solo fue un triunfo del talento, sino un testimonio del poder transformador que tiene una **segunda oportunidad** bien aprovechada.
23Josué: La fe que conquista
Josué, como líder, se sitúa frente a los israelitas cuando se les da una segunda oportunidad para entrar en la Tierra Prometida. El ambiente está cargado de tensión. Cuarenta años antes, otra generación encaró una tarea similar y fracasó estrepitosamente (Núm. 13; 14). Tuvieron una fantástica oportunidad de hacer realidad las promesas de Dios en sus vidas, pero fracasaron rotundamente. La pregunta que las palabras iniciales del segundo capítulo de Josué evocan en la mente del lector es: ¿cómo utilizarán los israelitas esta segunda oportunidad? ¿La tomarán y la aprovecharán al máximo con la ayuda de Dios, o su falta de entusiasmo y su terquedad les harán desperdiciarla de nuevo?
El esfuerzo inicial para conquistar la tierra supuso un reconocimiento **estratégico** más que una dependencia pasiva de la fe. Esta estrategia no sugería una falta de confianza en la Palabra de Dios, sino el hecho de que tomar en serio la dirección divina requiere un **compromiso proactivo**. La intervención divina no niega la responsabilidad humana. La narración cambia el foco de atención de Josué hacia **Rahab y los cananeos**, ratificando la promesa de que "nadie te podrá derrotar" (Jos. 1:5, DHH), y de que el Señor ha entregado la tierra en sus manos (Jos. 2:9, 24). El capítulo 2 presagia la caída de Jericó en el capítulo 6. El trato de Rahab con los espías israelitas genera suspenso, despertando la curiosidad de saber cuál será su destino.
Josué 2 establece paralelismos con dos historias más del pasado de Israel. La primera es la historia de los **doce espías en Números 13**, donde se narra la comisión, la incursión, el descubrimiento, el regreso, la presentación, el informe y la decisión posterior de los doce espías. La historia de Rahab oculta de la manera más singular la identidad del elusivo objeto de valor que buscaban los espías, allanando el camino para la sorpresa final. **¡La propia Rahab es el descubrimiento invaluable de la misión de reconocimiento!** Se le da la bienvenida a la comunidad del pacto y, finalmente, se convierte en antepasada del Mesías (Mat. 1:5).
La segunda historia a la que se hace referencia en Josué 2 es uno de los episodios más profundos y oscuros de la historia de Israel hasta la fecha: la violación descarada, inmoral y rebelde del pacto con Dios en **Baal-peor** (Núm. 25:1-3; 31:16). La historia comienza con la extraña tensión que resulta de la asociación entre Rahab, presentada como una prostituta, y la mención del lugar de origen del acontecimiento, **Sitim**, un lugar que evoca el recuerdo del libertinaje de Israel con las mujeres moabitas. Luego, el texto nos informa que los espías entraron en la casa de Rahab y se acostaron allí (Jos. 2:1).
24Sorprendidos por la gracia
Los espías eligieron la casa de Rahab porque la casa de una prostituta era un lugar discreto de visita para los extranjeros, ya que permitía entrar sin llamar la atención. Es probable que la casa de Rahab funcionara como una posada o taberna, pero también era un centro de reunión para recabar información, lo que la convertía en una opción estratégica para los espías. Los espías fueron fieles a su misión y, a diferencia del pueblo de Israel en Sitim, evitaron cualquier posible distracción y se dedicaron a recabar información esencial para el éxito de la conquista. **Aprovecharon bien la segunda oportunidad que les brindó la gracia de Dios** y demostraron que una historia negativa no tiene por qué repetirse si confiamos en Dios.
Hay quienes tienen dudas sobre la naturaleza de su visita a la casa de Rahab. Aunque el término hebreo *shakab* que se utiliza en el texto puede tener connotaciones sexuales, ya que significa "acostarse", en este contexto no hay tales implicaciones. El texto hebreo dice literalmente que "se acostaron allí", y aunque la palabra *shakab* se asocia ocasionalmente con las relaciones sexuales, este matiz no parece pertinente en este caso. Para que el verbo implique un significado sexual, suele requerir la preposición "con" seguida de una designación de la pareja. En este caso, sin embargo, el verbo está seguido de un adverbio, *shammá*, que significa "**allí**", lo cual niega de plano cualquier insinuación de una posible relación sexual entre los espías y Rahab.
En el centro de la teología cristiana está la comprensión profunda de qué Dios es por naturaleza **amor** (1 Juan 4:8). Este amor se manifiesta por medio de la **gracia**, la cual le da a la humanidad una **segunda oportunidad** de alcanzar la vida eterna. La Biblia está repleta de ejemplos en los que Dios muestra misericordia, dando una segunda oportunidad como testimonio de su amor infinito.
25Josué: La fe que conquista
La historia de la nueva generación de israelitas que entraron en Canaán, así como otros innumerables ejemplos en la Biblia en los que Dios les dio otra oportunidad a los israelitas para demostrar su lealtad a él (Sal. 78:40; 130:4; Mat. 23:37), constituyen un principio fundamental para los creyentes. Estas historias nos motivan a **emular el carácter misericordioso de Dios** en nuestras interacciones con los demás (Luc. 6:36). Al reconocer el impacto transformador de una segunda oportunidad, los cristianos están llamados a mostrar misericordia y perdón a aquellos que han cometido errores o les han hecho daño (Efe. 4:32).
Al ofrecer una segunda oportunidad a los demás, los cristianos reflejan la misericordia divina que ellos mismos han recibido. En esta reciprocidad de la gracia, cada persona se convierte en un instrumento del amor de Dios. Se establece una comunidad de gracia marcada por el perdón, la redención y la oportunidad de un nuevo comienzo. ¿Cuándo fue la última vez que quisiste que te dieran una segunda oportunidad? **Comprométete a darle una segunda oportunidad a alguien cada vez que sea posible**, abrazando el espíritu de Cristo, en lugar de buscar venganza o disfrutar de sus desgracias como resultado de malas decisiones.
El libro de Josué presenta dos grupos de personas que, a primera vista, parecen ser algo diferente de lo que son. **Rahab y su familia**, así como los **gabaonitas**, pertenecían al grupo de personas que, según la ley de guerra de Israel (Deut. 20:10-18), debían ser destruidas. Esta clasificación se enmarca en un contexto conceptual más amplio que puede resultar extraño para el lector moderno, pero que refleja el pensamiento de los autores bíblicos. Comprenderlo nos ayudará a tener una visión más clara de Dios tal y como se describe en el Antiguo Testamento (ver la Figura 1).
26Sorprendidos por la gracia
La Biblia presenta la **santidad** como uno de los atributos esenciales de Dios (Éxo. 15:11; Lev. 19:2; 20:26; 1 Sam. 2:2; 6:20). Dado que Dios es santo, solo las personas o cosas **puras y santificadas** pueden estar en su presencia (Sal. 24:2,3). El propósito de Dios al habitar físicamente entre su pueblo (Éxo. 25:8), era que, al contemplar su santidad, se transformaran a su imagen mediante un proceso de santificación. Debido al **pecado**, la humanidad quedó separada de Dios como fuente de vida y vive bajo el dominio de la **muerte** (Rom. 5:12; 6:23; Heb. 2:14,15).
En el Antiguo Testamento, una manifestación de esta idea de que la humanidad ha estado sujeta al ciclo del nacimiento y la muerte debido al pecado es el concepto de la **impureza ritual**. Esta impureza ritual tiene una dimensión tanto moral como ceremonial (litúrgica). Dios afrontó este estado de impureza, prescribiendo una serie de ritos de **purificación** para el pueblo de Israel, con el fin de ilustrar una de las principales características del ministerio de Jesús para con nosotros: la purificación del pecado y sus consecuencias (1 Juan 1:9; Hech. 10:43; 13:38, 39). Sin embargo, si algunos persisten en su estado pecaminoso y no aprovechan la oportunidad que Dios ofrece, pueden distanciarse tanto de él que, finalmente, terminen negándose a someterse a su voluntad. En el juicio final, Dios respetará su decisión y les permitirá sufrir la consecuencia última de su elección: la **destrucción** (Apoc. 20:14,15). Por supuesto, Dios, en su misericordia, ofrece a todos la oportunidad de someterse a él y volver al camino de la purificación y la santificación (Eze. 18:30; Hech. 3:19; 5:31; 2 Ped. 3:9).
27Josué: La fe que conquista
Los casos de Rahab y los gabaonitas ilustran muy bien este proceso de purificación. La sociedad en la que vivían Rahab y los gabaonitas se había alejado tanto del ideal de Dios para la humanidad que Dios decidió intervenir en la historia humana y, como un cirujano, **extirpar las células cancerosas del cuerpo para salvarlo** (Gén. 15:16; Deut. 9:5; Lev. 18:25-28). En este proceso de intervención, Dios ve la **fe vacilante de Rahab**, quien, a través de la niebla de la cultura pecaminosa en la que vivía, descubre la luz de la gracia de Dios. En un último y desesperado movimiento, aprovecha la oportunidad y decide dedicar su vida al único Dios verdadero.
Evidentemente, la vida de Rahab distaba mucho de ser perfecta. No tuvo tiempo de cambiar su estilo de vida, les mintió descaradamente a los soldados que registraron su casa, y pensó que podía negociar con los mensajeros de Dios para salvarse. Actuó como si pudiera ganarse la misericordia de Dios con la buena acción de ocultar a los espías. Aunque no conocía a fondo al Dios de Israel, entendía lo suficiente como para reconocer la posibilidad de la **gracia** y reclamar las promesas dadas a los israelitas. Es por esta cualidad que el Nuevo Testamento la incluye entre los **héroes de la fe** (Heb. 11:31; Sant. 2:25). Después de que ella y su familia fueran salvadas, tuvieron que pasar un tiempo fuera del campamento de Israel (Jos. 6:23) como una etapa de purificación al comienzo de un largo proceso de santificación.
A pesar del estilo de vida pecaminoso de Rahab y del entorno corrupto que propiciaba su destrucción (*Jérem*), Dios, en su gracia, **reconoció la chispa de fe que permitió su salvación**. Dios reconoció los aspectos positivos de las elecciones de Rahab, específicamente su decisión de unirse a su pueblo, sin aprobar todos los aspectos de sus acciones. Dios valoró a Rahab por su coraje excepcional, su fe incipiente, su papel como instrumento de salvación y su elección de abrazar al Dios de Israel.
28Sorprendidos por la gracia
La **confesión de fe de Rahab** (Jos. 2:9-11) aparece en un contexto inusual. Tales expresiones suelen darse en la Ley y están asociadas con el reconocimiento del derecho exclusivo de Dios a recibir adoración (Éxo. 20:4; Deut. 4:39; 5:8). Sus palabras indican la decisión deliberada y meditada de reconocer al Dios de los israelitas como el único Dios verdadero. A través de su confesión, revela haber comprendido la íntima conexión entre la soberanía de Dios y el inminente juicio sobre Jericó. Su decisión moral refleja que era consciente de que, ante el juicio de Dios, solo había dos opciones: persistir en la rebelión y enfrentarse a la aniquilación o **rendirse con fe y confianza en la misericordia de Dios**. Al elegir al Dios de los israelitas, Rahab ilustra lo que podría haber sido el destino de todos los habitantes de Jericó si se hubieran vuelto al Dios de Israel en busca de misericordia.
La historia de Rahab presenta a un Dios que **ve más allá de las apariencias**, **¡un Dios que espera ansiosamente descubrir el más mínimo destello de fe para salvar a un ser humano!** Donde un humano solo vería inmundicia, corrupción, decadencia e inmoralidad, la mirada penetrante de Dios busca el menor destello de fe y lo convierte en el ancla de su maravilloso acto salvador.
El segundo grupo de personas en el libro de Josué que siguen un camino similar son los **gabaonitas** (ver Josué 9). A medida que crece la oposición contra los invasores israelitas y varias ciudades-estado gobernadas por reyes deciden formar una coalición contra los israelitas, los gabaonitas, que parecen haber tenido un tipo de gobierno diferente (un consejo de ancianos en lugar de un rey, cf. Jos. 9:11), buscan establecer un **pacto con Israel**.
El discurso de los gabaonitas se asemeja mucho al de Rahab. Ambos reconocen la presencia todopoderosa de Dios con Israel y admiten que el éxito de Israel no es un logro exclusivamente humano (cf. Sal. 78:51; 135:8-11; 136:10-22). A diferencia de otros cananeos, aceptan el plan de Dios de entregar la tierra a los israelitas (Jos. 9:1-2; 10:1-5; 11:1-5) y declaran abiertamente que el Señor mismo está expulsando a estas naciones delante de Israel (Jos. 2:9; 9:9). Los relatos de la liberación de Egipto y los triunfos sobre Sehón y Og impulsan tanto a Rahab como a los gabaonitas a buscar una alianza con los israelitas. Pero a diferencia de Rahab, que reconoció abiertamente su disposición a someterse al Dios de Israel, **los gabaonitas recurrieron al engaño**.
29Josué: La fe que conquista
En el antiguo Cercano Oriente hay ejemplos de personas que optaron por someterse para evitar la aniquilación total, lo que las llevó a un estado de servidumbre. Tanto los habitantes de la región del río Seha como la ciudad de Azzi, por ejemplo, fueron perdonados por el rey hitita Mursili II y continuaron viviendo en subyugación. [1] Lo que distingue la narración gabaonita es la astucia con la que consiguen ese estatus.
Los gabaonitas emplean una maniobra estratégica, presentándose como embajadores de una nación lejana para **engañar a los israelitas a que hagan un pacto con ellos**. Aunque su motivo para asociarse con Israel parece encomiable, su método resulta en última instancia en una posición menos favorable dentro de la comunidad israelita en comparación con la de Rahab. Según Deuteronomio 20:10-18, Israel debía establecer una distinción en su estrategia contra los habitantes de Canaán y los que residían más allá de las fronteras de la Tierra Prometida. Se desconoce hasta qué punto los gabaonitas estaban familiarizados con estas normas, pero el texto sugiere que entendían sus matices.
El término traducido como "**astutamente**" o "**con astucia**" (Jos. 9:4) tiene una doble connotación. Puede denotar prudencia y sabiduría (Prov. 1:4; 8:5, 12) o sugerir una intención criminal (Éxo. 21:14; 1 Sam. 23:22; Sal. 83:4). En el caso de los gabaonitas, sus acciones traicioneras surgen de su instinto de supervivencia, mezclando la inocencia de la sabiduría con artimañas engañosas. Más allá de la apariencia de amistad, hay una intención de engañar. **Al no buscar la sabiduría esclarecedora de Dios, los israelitas son engañados.**
30Sorprendidos por la gracia
La narración de los gabaonitas nos invita a reflexionar sobre diversos aspectos teológicos, que van desde la naturaleza del carácter de Dios, su justicia, su misericordia, su gobierno sobre la historia, la libertad humana y la interpretación de su voluntad en situaciones marcadas por la contradicción o la ambigüedad.
La revelación de Dios a través de Moisés instaba a los israelitas a abstenerse de formar alianzas con los cananeos y, en su lugar, exterminarlos bajo el *jérem* (la "prohibición"). Pero el descuido de Israel en buscar la dirección del Señor hizo que los gabaonitas engañaran a los israelitas para que formaran una alianza prohibida, lo que los llevó a transigir.
Al reflexionar sobre esta situación, surge una pregunta clave: ¿Y si los gabaonitas hubieran revelado honestamente su identidad y buscado misericordia, como hizo Rahab? O, ¿y si los israelitas hubieran consultado al Señor y este les hubiera revelado la identidad de los gabaonitas? Aunque la respuesta sigue siendo incierta, es concebible que Dios, en su voluntad de salvar en lugar de condenar, los habría perdonado. Existe la posibilidad de que consultar su voluntad podría haber eximido a los gabaonitas del *jérem*. El propósito final de Dios **no radica en castigar a los pecadores, sino en presenciar su arrepentimiento y conceder su misericordia** (cf. Ezequiel 18:23; 33:11). De hecho, el subterfugio de los gabaonitas puede verse como una apelación a la misericordia de Dios y a su carácter bondadoso y justo.
31Josué: La fe que conquista
A diferencia de los cananeos, cuya negativa a arrepentirse y obstinación hacia los propósitos de Dios condujo a su aniquilación (Gén. 15:16), el propósito del *jérem* **no era la mera aniquilación**. El propósito del *jérem* era reemplazar el corrupto estilo de vida cananeo por una sociedad gobernada por los principios de Dios. El objetivo no era lograr la pureza étnica eliminando a los cananeos, sino establecer una sociedad fundamentada en la ley de Dios. [2] Dios, sin embargo, se abstuvo de dar una orden tajante a los israelitas, evitando así la ambigüedad y frustrando posibles arrepentimientos fingidos por parte de los cananeos.
Dado que solo Dios, el Creador y Juez de la humanidad, puede discernir los corazones individuales (Gén. 18:25), la decisión de perdonar o destruir recae exclusivamente en él. En el caso de los gabaonitas, Dios honró su genuino respeto por él, su búsqueda de la paz por encima de la rebelión y su disposición a abandonar la idolatría y adorar al único Dios verdadero.
Dios vio más allá de la naturaleza engañosa del enfoque de los gabaonitas. **Vio el deseo de estas personas de entregarse para poder vivir, que es la esencia del arrepentimiento.** La pregunta práctica a la que nos enfrentamos hoy no es diferente: ¿Qué vemos cuando nos mezclamos con los habitantes de las grandes ciudades mientras compramos alimentos, usamos el transporte público, nos topamos con gente sin hogar o cumplimos con nuestras obligaciones en el trabajo? ¿Estamos preparados para verlos con los ojos de Dios: como personas que en lo más profundo de su corazón anhelan el perdón, la gracia y el amor; como personas que desean pertenecer a una comunidad que pueda ofrecerles apoyo para vivir de acuerdo con el plan de Dios?
[1] Para una traducción de estos ejemplos, véase K. Lawson Younger, Ancient Conquest Accounts: A Study in Ancient Near Eastern and Biblical History Writing (Sheffield: Sheffield Academic Press, 1990), pp. 202, 203.
[2] D. G. Creach, Joshua (Louisville, KY: John Knox Press, 2003), p. 88.