PARA MEMORIZAR:
«Todos estos reyes y sus tierras tomó Josué de una vez, porque el Señor Dios de Israel peleaba por los israelitas» (Jos. 10: 42).

 

Lección 5: Para el 1 de noviembre de 2025

Dios pelea por ustedes





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Sábado, 25 de Octubre

Lee para el estudio de esta semana: Génesis 15: 16; Levítico 18: 24–30; 2 Timoteo 4: 1, 8; Éxodo 23: 28–30; Deuteronomio 20: 10, 15–18; Isaías 9: 6.
Para memorizar:
«Todos estos reyes y sus tierras tomó Josué de una vez, porque el Señor Dios de Israel peleaba por los israelitas» (Jos. 10: 42).

El libro de Josué contiene algunas escenas inquietantes. El concepto de la **guerra por orden de Dios** –que un grupo de personas reciba y ejecute el mandato divino de destruir a otro– plantea serios interrogantes.

El tema de la guerra por orden divina en el Antiguo Testamento es desafiante. Dios aparece en el Antiguo Testamento como el **Señor soberano del universo**. Por lo tanto, todo lo que sucede debe, de alguna manera, estar relacionado con su voluntad, directa o indirectamente. En consecuencia, la pregunta: «¿Cómo puede Dios permitir estas cosas?» resulta inevitable. Vimos la semana pasada que Dios mismo está involucrado en un **conflicto** que es mucho mayor que cualquier guerra o batalla librada en la historia humana, un conflicto que impregna todos los aspectos de nuestras vidas. También vimos que los acontecimientos de la historia bíblica y secular solo pueden comprenderse plenamente a la luz de ese conflicto.

Esta semana continuaremos explorando la complejidad de las guerras aprobadas por Dios, las limitaciones y condiciones que las rigen, la visión final de la **paz** anunciada por los profetas del Antiguo Testamento y las implicaciones espirituales de tales guerras.


Comentarios de Elena G. de White

Las naciones paganas habían mirado con oprobio al Señor y a su pueblo porque los hebreos no habían tomado posesión de Canaán, como lo esperaban, poco después de haber abandonado Egipto. Sus enemigos se habían regocijado porque Israel había errado tanto tiempo en el desierto, y habían declarado en son de burla que el Dios de los hebreos no podía introducirlos en la tierra prometida. Ahora el Señor había manifestado señaladamente su poder y favor al abrir el Jordán ante su pueblo, y sus enemigos ya no podían tenerlos en oprobio.

(Historia de los patriarcas y profetas, pp. 519, 520).

La destrucción total de los habitantes de Jericó no fue sino el cumplimiento de las órdenes dadas previamente por medio de Moisés con respecto a las naciones de los habitantes de Canaán:

“Del todo las destruirás”. “De las ciudades de estos pueblos, … ninguna persona dejarás con vida”.

Deuteronomio 7:2; 20:16.

Muchos consideran estos mandamientos como contrarios al espíritu de amor y de misericordia ordenado en otras partes de la Biblia; pero eran en verdad dictados por la **sabiduría y bondad infinitas**. Dios estaba por establecer a Israel en Canaán, para desarrollarlo en una nación y un gobierno que fuesen una manifestación de su reino en la tierra. No solo habían de ser los israelitas herederos de la religión verdadera, sino que habían de difundir sus principios por todos los ámbitos del mundo. Los cananeos se habían entregado al **paganismo más vil y degradante**; y era necesario limpiar la tierra de lo que con toda seguridad habría de impedir que se cumplieran los bondadosos propósitos de Dios.

A los habitantes de Canaán se les habían otorgado **amplias oportunidades de arrepentirse**. Cuarenta años antes, la apertura del mar Rojo y los juicios caídos sobre Egipto habían atestiguado el poder supremo del Dios de Israel. Y ahora la derrota de los reyes de Madián, Galaad y Basán, había recalcado aún más que Jehová superaba a todos los dioses. Los juicios que cayeron sobre Israel a causa de su participación en los ritos abominables de Baal-peor, habían demostrado cuán santo es el carácter de Jehová y cuánto aborrece la impureza. Los habitantes de Jericó conocían todos estos acontecimientos, y eran muchos los que, aunque se negaban a obedecerla, participaban de la convicción de Rahab, de que Jehová, el Dios de Israel, era “Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra”. Como los antediluvianos, los cananeos vivían solo para blasfemar contra el Cielo y corromper la tierra. Tanto el **amor como la justicia** exigían la pronta ejecución de estos rebeldes contra Dios y enemigos del hombre.

(Historia de los patriarcas y profetas, p. 525).

Juan 8:54-58   

1 Corintios 1:26-29   

26 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; 27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia.


Génesis 15:16

16 Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí.

Levítico 18:24-30

24 En ninguna de estas cosas os amancillaréis; pues en todas estas cosas se han corrompido las naciones que yo echo de delante de vosotros,
25 y la tierra fue contaminada; y yo visité su maldad sobre ella, y la tierra vomitó a sus moradores.
26 Guardad, pues, vosotros mis estatutos y mis ordenanzas, y no hagáis ninguna de estas abominaciones, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros
27 (porque todas estas abominaciones hicieron los hombres de aquella tierra que fueron antes de vosotros, y la tierra fue contaminada);
28 no sea que la tierra os vomite por haberla contaminado, como vomitó a la nación que la habitó antes de vosotros.
29 Porque cualquiera que hiciere alguna de todas estas abominaciones, las personas que las hicieren serán cortadas de entre su pueblo.
30 Guardad, pues, mi ordenanza, no haciendo las costumbres abominables que practicaron antes de vosotros, y no os contaminéis en ellas. Yo Jehová vuestro Dios.

2 Timoteo 4:1

1 Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino,

2 Timoteo 4:8

8 Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.

Éxodo 23:28-30

28 Enviaré delante de ti la avispa, que eche fuera al heveo, al cananeo y al heteo, de delante de ti.
29 No los echaré de delante de ti en un año, para que no quede la tierra desierta, y se aumenten contra ti las fieras del campo.
30 Poco a poco los echaré de delante de ti, hasta que te multipliques y tomes posesión de la tierra.

Deuteronomio 20:10

10 Cuando te acerques a una ciudad para combatirla, le intimarás la paz.

Deuteronomio 20:15-18

15 Así harás a todas las ciudades que estén muy lejos de ti, que no sean de las ciudades de estas naciones.
16 Pero de las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da por heredad, ninguna persona dejarás con vida,
17 sino que los destruirás completamente: al heteo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, como Jehová tu Dios te ha mandado;
18 para que no os enseñen a hacer según todas sus abominaciones que ellos han hecho para sus dioses, y pequéis contra Jehová vuestro Dios.

Isaías 9:6

6 Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.

Éxodo 20:22-23    (CB)   

Juan 1:1-18    CB   

1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Este era en el principio con Dios. 3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. 4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. 5 La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. 6 Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. 7 Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. 8 No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz. 9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. 10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. 11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. 14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. 15 Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo. 16 Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. 17 Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. 18 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.