|
|---|

Lee Josué 5:1-7. ¿Por qué ordenó el Señor a Josué que circuncidara a la segunda generación de israelitas en este momento concreto de la conquista?
Tras la exploración del país, el alentador informe de los espías y el milagroso cruce del Jordán cabría esperar un enfrentamiento inmediato con el enemigo. Sin embargo, había algo más importante que la conquista militar: el **pacto de Israel con Dios**.
Antes de que la nueva generación pudiera comprometerse con la posesión de la región, necesitaba ser plenamente consciente de su **relación especial con el Dueño de la tierra**. La renovación de la señal del pacto se produjo como **respuesta al acto misericordioso y milagroso de Dios** de llevar a Israel sano y salvo al otro lado del Jordán.
Nuestro pacto con Dios debe ser siempre una respuesta de **gratitud** por lo que él ya ha hecho en nuestro favor, nunca un acto para tratar de obtener algún beneficio mediante la conformidad legalista con sus requerimientos. Este mismo concepto fue, sin duda, crucial en las luchas de Pablo con quienes insistían en que los varones gentiles conversos al cristianismo fueran circuncidados, como se ve más claramente en su carta a los Gálatas.
Israel estaba a las puertas de la mayor campaña militar de su historia, y cabría esperar que todo el campamento estuviera ocupado con los preparativos bélicos. Así era, pero no en el sentido convencional. En lugar de enjaezar los caballos y afilar las espadas, se dedicaron a un ritual que dejó **vulnerable a la mayor parte de la fuerza de combate durante al menos tres días**.
Lo hicieron para celebrar su relación con su Dios, quien los había liberado de
Egipto. ¿Por qué? Porque reconocían que la **batalla pertenecía al Señor**.
Él era quien les concedía la victoria y el éxito.
Jesús formuló el mismo principio con palabras ligeramente diferentes:
«Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les
serán añadidas»
33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia,
y todas estas cosas os serán añadidas.
Piensa en las ocasiones en que descuidaste tu comunión con Dios pues tenías que atender asuntos más «importantes». ¿Por qué es tan fácil caer en este error y cómo podemos evitarlo?
A corta distancia del Jordán, los hebreos levantaron su primer campamento
en Canaán. Allí Josué **“circuncidó a los hijos de Israel”**, **“y los hijos de
Israel asentaron el campo en Gilgal, y celebraron la pascua”**
3 Y Josué se hizo cuchillos afilados, y circuncidó a los hijos de Israel en el
collado de Aralot.
10 Y los hijos de Israel acamparon en Gilgal, y celebraron la pascua a los catorce
días del mes, por la tarde, en los llanos de Jericó.
9 Y Jehová dijo a Josué: Hoy he quitado de vosotros el oprobio de Egipto; por lo cual el nombre de aquel lugar
fue llamado Gilgal, hasta hoy.
(Historia de los patriarcas y profetas, p. 519).
Muchos que, siendo aún niños, habían cruzado el mar Rojo cruzaban ahora el Jordán gracias a un milagro similar. Eran guerreros pertrechados para la batalla. Después de que el último de los soldados de Israel hubo cruzado, Josué ordenó a los sacerdotes que salieran del río. Cuando hubieron salido y trajeron el arca a un lugar seguro, Dios retiró su poderosa mano y las aguas que se habían ido acumulando irrumpieron río abajo formando una poderosa avenida que llenó todo el canal natural de la corriente. El Jordán siguió corriendo como una inundación irresistible, anegando toda su cuenca.
Pero antes de que los sacerdotes hubieran salido del río, para que este maravilloso milagro no fuera olvidado jamás, el Señor ordenó a Josué que seleccionara hombres notables de cada tribu para que tomaran piedras del lugar del río donde los sacerdotes habían permanecido y las llevaran en sus hombros hasta Gilgal; allí debían **erigir un monumento** en memoria del hecho de que Dios había hecho posible que Israel cruzara el Jordán a pie seco. Sería un recordatorio continuo del milagro que el Señor había obrado por ellos. A medida que los años fueran pasando, los niños preguntarían la razón del monumento y, una y otra vez, escucharían la maravillosa historia hasta que quedara indeleblemente grabada en sus mentes hasta la última generación.
Cuando todos los reyes de los amorreos y los reyes de los cananeos oyeron que el Señor había retenido las aguas del Jordán ante los hijos de Israel, sus corazones sucumbieron al pánico. Los israelitas habían derrotado a dos de los reyes de Moab y el cruce maravilloso del ancho e impetuoso Jordán llenó de temor a su pueblo. Entonces Josué circuncidó a todos los varones que habían nacido en el desierto. Después de esta ceremonia celebraron la Pascua en la llanura de Jericó. “Y Jehová dijo a Josué: ‘Hoy he quitado de vosotros el oprobio de Egipto’” (Josué 5:9).
(Testimonios para la Iglesia, t. 4, pp. 158, 159).
Juan 8:54-58 |