PARA MEMORIZAR:
«Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas» (Mat. 6: 33).
 

Lección 7 Para el Sábado, 15 de Noviembre

Lealtad suprema: Adoración en medio de la guerra





- Audio Lección -


Jueves, 13 de Noviembre

Anhelando su presencia

Lee Josué 18:1, 2. ¿Cuál fue la actividad por la que Josué interrumpió el proceso de repartición de la tierra?

Después de la descripción de los territorios asignados a las dos tribus más grandes, al oeste del Jordán, y a la media tribu de Manasés, este pasaje describe una asamblea de la congregación en Silo, donde se reparte la tierra a las siete tribus más pequeñas.

El establecimiento del **Santuario**, la «morada» de Dios, representaba el cumplimiento de la promesa del Señor de vivir entre su pueblo ( Éxo. 25:8; Lev. 26:11, 12 ) y revelaba el tema central del libro: la **presencia de Dios en medio de Israel** hizo posible la posesión de la tierra y habría de ser una fuente continua de bendición para Israel y para todo el mundo por medio de ellos (Gén. 12:3).

El culto a Dios ocupa un lugar central y preeminente, incluso por encima de la conquista y la repartición de la tierra. El Santuario, y más tarde el Templo, debería haber ayudado siempre al pueblo a percibir la presencia de Dios entre ellos y a recordar su obligación de mantenerse fieles al pacto.

Lee Hebreos 6:19, 20; 9:11, 12; 10:19-23. ¿Qué podemos aprender de Josué los cristianos, quienes no tenemos un Santuario terrenal que nos recuerde la presencia de Dios entre nosotros?

La súbita aparición del tema del Santuario en el libro no debería sorprendernos, ya que este había estado presente en la narración de Josué a través del **Arca del Pacto**, que era el elemento central del mobiliario del Lugar Santísimo y marcó las dos primeras secciones del libro: la travesía y la conquista. Ahora, al situar la colocación del Tabernáculo en el eje del reparto de tierras, Josué muestra que **toda la vida de Israel giraba en torno al Santuario**, sede terrenal de Dios.

Es aún más importante para nosotros como cristianos, que vivimos en el día antitípico de la expiación, enfocar nuestra atención en el **Santuario Celestial** mientras continuamos nuestra lucha contra los gigantes modernos (o posmodernos) que desafían nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra herencia espiritual. Al confiar constantemente en la obra de Cristo realizada en la Cruz y en el Santuario Celestial, podemos esperar con fe el momento en que Dios vuelva a morar entre su pueblo, esta vez para siempre (comparar con Apoc. 21:3).


Comentarios Elena G. W.

Mientras estuvo en la tierra, **Cristo cumplió la obra por la cual había dejado el trono de Dios en el cielo**. Trabajó por la humanidad, para que gracias a su obra esta pudiera ser elevada en la escala del valor moral ante Dios. Tomó la naturaleza humana para poder levantar a la familia de la humanidad, hacerla participante de la naturaleza divina, y colocarla en un lugar ventajoso frente a Dios. Toda su actividad ha sido hecha en favor del mundo caído: para buscar la oveja que se había descarriado del redil y traerla de vuelta a Dios…

El Señor nos vio en una condición desesperada y envió a nuestro mundo al único mensajero a quien le podía confiar su gran tesoro de perdón y gracia. **Cristo, el Hijo unigénito de Dios, fue el mensajero delegado**. Se le encomendó la realización de una obra que ni siquiera los ángeles del cielo habrían podido cumplir. Únicamente a él se le podía encomendar la tarea requerida para la redención de un mundo completamente endurecido y desfigurado por la maldición. Y en esta dádiva el Padre le entregó todo el cielo al mundo.

¡Qué cambio para el Hijo de Dios, al que adoraban los ángeles, la Luz del cielo! Podría haber ido a las agradables moradas de los mundos no caídos, a la atmósfera pura donde la deslealtad y la rebelión nunca habían entrado; y allí habría sido recibido con aclamaciones de alabanza y amor. Pero era un mundo caído el que necesitaba al Redentor. “No he venido a llamar a justos —dijo él—, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mateo 9:13). Al traer el mensaje de esperanza y salvación a nuestro mundo, **vino a representar al Padre**. No vivió para sí mismo; no tomó en cuenta su propia comodidad y placer; no cedió ante la tentación; y **eligió morir con el fin de redimir a los seres humanos pecadores y darles vida eterna** en las mansiones que habría de preparar para ellos. Su misión consistió en enseñar a las almas que estaban muriendo en sus pecados.

Cristo ha colocado esta responsabilidad sobre cada persona a quien ha comprado. El Señor dará abundante luz a todos los que sean sinceros y leales a él… Su misericordia y la influencia llena de gracia de su Espíritu permanecen inalterables para todos los que quieran recibirlas. Su ofrecimiento de salvación no ha cambiado. Es el hombre el que cambia su relación con Dios. Muchos se colocan en un punto desde el cual no pueden reconocer su gracia ni su salvación…

Nada se dejó sin hacer de lo que Dios podía realizar en favor nuestro. En el carácter de su Hijo, nos dio un ejemplo perfecto del suyo; y la tarea de los seguidores de Cristo consiste en **crecer a su semejanza mientras contemplan la excelencia incomparable de su vida y carácter**. Reflejarán la imagen de Cristo a medida que miren a Jesús y respondan a su amor.

(Exaltad a Jesús, 13 de julio, p. 202).


Juan 8:54-58   

Josué 18:1-2
1 Toda la congregación de los hijos de Israel se reunió en Silo, y erigieron allí el tabernáculo de reunión, después que la tierra les fue sometida.
2 Pero habían quedado de los hijos de Israel siete tribus a las cuales aún no habían repartido su posesión.
Éxodo 25:8
8Y **harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos**.
Levítico 26:11-12
11Y **pondré mi morada en medio de vosotros**, y mi alma no os abominará;
12y **andaré entre vosotros, y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo**.
Hebreos 6:19-20
19La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo,
20donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.
Hebreos 9:11-12
11Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación,
12y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.
Hebreos 10:19-23
19Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo,
20por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne,
21y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios,
22acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.
23Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.

Josué 8:30-35
30Entonces Josué edificó un altar a Jehová Dios de Israel en el monte Ebal,
31como Moisés siervo de Jehová lo había mandado a los hijos de Israel, como está escrito en el libro de la ley de Moisés, un altar de piedras enteras sobre las cuales nadie alzó hierro; y ofrecieron sobre él holocaustos a Jehová, y sacrificaron ofrendas de paz.
32También escribió allí sobre las piedras una copia de la ley de Moisés, la cual escribió delante de los hijos de Israel.
33Y todo Israel, con sus ancianos, oficiales y jueces, estaba de pie a uno y otro lado del arca, en presencia de los sacerdotes levitas que llevaban el arca del pacto de Jehová, así los extranjeros como los naturales. La mitad de ellos estaba hacia el monte Gerizim, y la otra mitad hacia el monte Ebal, de la manera que Moisés, siervo de Jehová, lo había mandado antes, para que bendijesen primeramente al pueblo de Israel.
34Después de esto, leyó todas las palabras de la ley, las bendiciones y las maldiciones, conforme a todo lo que está escrito en el libro de la ley.
35No hubo palabra alguna de todo cuanto mandó Moisés, que Josué no hiciese leer delante de toda la congregación de Israel, y de las mujeres, de los niños, y de los extranjeros que moraban entre ellos.

Josué 18:1-2
1 Toda la congregación de los hijos de Israel se reunió en Silo, y erigieron allí el tabernáculo de reunión, después que la tierra les fue sometida.
2 Pero habían quedado de los hijos de Israel siete tribus a las cuales aún no habían repartido su posesión.