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¿Cuál fue la motivación de Josué cuando construyó un altar para el Señor? Lee Josué 8:30, 31; comparar con Deuteronomio 11:26-30; 27:2-10.
En la época de los patriarcas, los altares que construían eran hitos que señalaban el camino que recorrían y se convertían en representaciones tangibles de su derecho a la tierra que Dios les había prometido. Ahora, al erigir un altar, los israelitas daban testimonio del cumplimiento de las promesas hechas a sus antepasados. En este caso, la construcción del altar fue el cumplimiento directo de las instrucciones dadas por Moisés ( Deut. 11:26-30; 27:2-10 ).
Josué 8:30 al 35 desempeña un papel importante en la configuración de todo el mensaje teológico del libro. Al vincular uno de los relatos más truculentos y violentos (la guerra) con algo totalmente distinto, una escena de **reafirmación del pacto (la adoración)**, Josué nos remite a uno de los temas teológicos más importantes del libro, y que aparece en su mismo comienzo: Josué recibió el mandato divino de conducir a Israel a una vida de obediencia en armonía con el pacto (Jos. 1:7). El libro termina destacando ese rol de Josué (Jos. 24).
A pesar de la importancia de la guerra y la conquista, hay algo aún más vital: la **lealtad a los requerimientos de la Ley de Dios**. La conquista era solo un paso en el cumplimiento del plan de Dios para Israel y la restauración de toda la humanidad. La **fidelidad a los preceptos de la Torá** constituye la cuestión última en el destino de la humanidad. Josué escribió la copia de la ley sobre grandes piedras encaladas, distintas de las del altar (comparar con Deut. 27:2-8). Así, las piedras, que probablemente contenían los Diez Mandamientos, constituían un monumento aparte en las proximidades del altar y recordaban constantemente a los israelitas los privilegios y deberes implícitos en el pacto.
Josué prefigura al **Jehoshua (Jesús)** del Nuevo Testamento, cuya misión consistía, entre otras cosas, en conducir nuevamente a la humanidad a la obediencia a Dios. Para lograr este objetivo, tuvo que entrar en conflicto con los poderes del mal. Su objetivo final era **cumplir los requerimientos del pacto como nuestro representante**: «Porque todas las promesas de Dios son “sí” en él. Por eso decimos “amén” en él, para gloria de Dios» (2 Cor. 1:20).
¿Qué prácticas espirituales equivalen hoy a la construcción de un altar en la antigüedad?
Todos los que con humildad y con una mente investigadora desean encontrar orientación en la Biblia, y están determinados a descubrir los fundamentos de la salvación, sabrán lo que dicen las Escrituras. En cambio, los que no manifiestan una disposición para aceptarla, dicho espíritu los alejará de la investigación. El Señor no transmitirá ningún mensaje a nadie que no le interese la verdad. No malgasta sus instrucciones en los que están permeados por deseos irreverentes o contaminados. A fin de neutralizar el buen efecto de la santa ley de Dios, el tentador educa la mente para que asimile sus sugerencias.
Necesitamos humillar el corazón, y con sinceridad y reverencia escudriñar las palabra de vida porque solo los que tienen una mente humilde y contrita podrán ver la luz. El corazón, la mente, el ser entero necesitan estar preparados para recibirla. Debe producirse un silencio interior para que los pensamientos puedan ser llevados cautivos a Cristo Jesús. La Palabra de Dios tiene que reprochar el conocimiento jactancioso y la autosuficiencia.
El Señor está dispuesto a hablar a los que se presentan delante de él con humildad. En el **altar de la oración**, y en la medida en que mediante la fe toquemos el trono de la misericordia, recibiremos de las manos de Dios la llama celestial que disipará nuestras tinieblas y nos convencerá de nuestras necesidades espirituales. El Espíritu Santo toma todo lo que pertenece a Dios y lo revela a los que buscan con sinceridad los tesoros celestiales. Si permitimos que él nos guíe, nos conducirá a la luz. En la medida que contemplemos la gloria de Cristo, seremos transformados a su imagen. Necesitamos tener la fe que obra por amor y purifica a la persona. El corazón será renovado, y nacerá en nosotros el deseo de obedecer a Dios en todas las cosas.
(Recibiréis poder, 10 de abril, p. 111).
Vi que el Israel de Dios debe levantarse, y **renovar su fortaleza en Dios, reafirmando y cumpliendo su pacto con él**. La codicia, el egoísmo, el amor al dinero y el amor al mundo compenetran todas las filas de los observadores del sábado. Estos males están destruyendo el espíritu de sacrificio entre el pueblo de Dios. Los que albergan esta codicia en su corazón no se dan cuenta de ello. Ese mal se ha apoderado de ellos imperceptiblemente, y a menos que lo desarraiguen, su destrucción será tan segura como la de Acán. Muchos han **quitado su sacrificio del altar de Dios**. Aman al mundo, desean sus ganancias, y a menos que se produzca en ellos un cambio completo, perecerán con el mundo. Dios les ha prestado recursos; estos no son propios, pues Dios ha hecho a los hombres mayordomos suyos. Pero debido a esto, los llaman propios y los atesoran. Pero ¡oh, cuán prestamente les es arrebatado todo en un momento cuando la mano prosperadora de Dios se aparta de ellos! **Se deben hacer sacrificios para Dios; hay que negarse al yo por amor a la verdad**. ¡Oh, cuán débil y frágil es el hombre! ¡Cuán débil su brazo! Vi que pronto la altivez del hombre será abatida, y humillado su orgullo. Reyes y nobles, ricos y pobres, todos por igual serán postrados y caerán sobre ellos las plagas agostadoras de Dios.
(Testimonios para la Iglesia, t. 1, pp. 132, 133).
Juan 8:54-58 |