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Lee las páginas 475-479 del capítulo «Las bendiciones y las maldiciones» en el libro Patriarcas y profetas de Elena G. de White.
«De acuerdo con las indicaciones dadas a Moisés, se construyó un monumento de enormes piedras sobre el Monte Ebal. Sobre estas piedras, revocadas previamente con argamasa, se escribió la ley, no solamente los diez preceptos pronunciados desde el Sinaí y esculpidos en las tablas de piedra, sino también las leyes que fueron comunicadas a Moisés y escritas por él en un libro. A un lado de este monumento se construyó un altar de piedra sin labrar, sobre el cual se ofrecieron sacrificios al Señor. El hecho de que se haya construido el altar en Ebal, el monte sobre el cual recayó la maldición, resulta muy significativo, pues daba a entender que por haber violado la ley de Dios, Israel había provocado su ira, y que esta lo alcanzaría de inmediato si no fuera por la **expiación de Cristo, representada por el altar del sacrificio**».
(Elena G. de White, Patriarcas y profetas, p. 476).«Pero el servicio de la comunión no había de ser una ocasión de tristeza. Tal no era su propósito. Mientras los discípulos del Señor se reúnen alrededor de su mesa, no han de recordar y lamentar sus faltas. No han de espaciarse en su experiencia religiosa pasada, haya sido esta elevadora o deprimente. No han de recordar las divergencias existentes entre ellos y sus hermanos. El rito preparatorio ha abarcado todo esto. El examen propio, la confesión del pecado, la reconciliación de las divergencias, todo esto se ha hecho. Ahora han venido para **encontrarse con Cristo**. No han de permanecer en la sombra de la cruz, sino en su **luz salvadora**. Han de abrir el alma a los brillantes rayos del Sol de justicia».
(El Deseado de todas las gentes, pp. 628-629).1. ¿Qué significa para ti buscar primero el Reino de Dios? ¿Cómo configura ese principio tu vida cotidiana?
2. Analiza tu respuesta a la pregunta final del miércoles (¿cuán fácil es olvidar al Señor en medio del ajetreo diario de la vida?). Comenta en clase por qué es tan fácil hacerlo. ¿Qué soluciones existen para ese problema?
3. Como adventistas, creemos que Jesús está ministrando en nuestro favor en el Santuario Celestial. ¿Cómo puede esta convicción ser una fuente constante de esperanza y fortaleza? ¿Por qué el hecho de saber que Jesús es quien está «intercediendo» (Heb. 7:25) por nosotros debería ayudarnos a percibir cuán buena es su obra en el Santuario Celestial, especialmente ahora, en el día antitípico de la expiación?
Juan 8:54-58 |