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  • EL SABADO ENSEÑARE... RESEÑA

    EL SÁBADO ENSEÑARÉ...

    RESEÑA

    Texto clave: Mateo 6:33.

    Enfoque del estudio: Josué 5:1-7; Éxodo 12:6; 1 Corintios 5:7; Josué 8:30-35; Deuteronomio 8:11, 14; Hebreos 9:11, 12.

    Después de cuarenta años de vagar por el desierto, Israel finalmente puso un pie en la **Tierra Prometida**. Sin duda, fue un momento emocionante, ya que cruzaron el río Jordán y vieron cómo la promesa se materializaba. Sin embargo, desde ese momento estuvieron en territorio enemigo y los desafíos que los esperaban en esa zona de guerra eran enormes, mucho más allá de su capacidad para superarlos por sí mismos. Por lo tanto, era **tiempo de prepararse**. En lugar de centrarse en armas, estrategias y mano de obra, necesitaban **preparar sus corazones** mediante ceremonias que agudizaran su percepción espiritual y calibraran su lealtad al Señor. A medida que avanzó la conquista, estos **rituales de renovación del Pacto** se volvieron a realizar como un recordatorio constante de su necesidad de preparación espiritual.

    Esta semana repasamos cómo **Josué guio a los israelitas a renovar su compromiso con el Señor**. Estos acontecimientos se centran en los **rituales**, que son una forma poderosa de transmitir tradiciones y valores, crear significado y expresar emociones. En los rituales bíblicos, encontramos, además, el **elemento profético**, que señala a **Cristo y las realidades que él trae consigo**. A continuación, profundizaremos en los rituales de la **circuncisión** y la **Pascua**, realizados por Israel justo después de cruzar el río Jordán, y la construcción de **altares** en el contexto de la renovación del Pacto en el libro de Josué. Al repasar estas ceremonias, podemos reflexionar sobre su importancia en el pasado y su relevancia para quienes vivimos cada vez más cerca de la Canaán celestial.


    COMENTARIO

    El poder de los rituales

    Los **rituales** desempeñan un papel importante en la conmemoración de acontecimientos importantes de la vida, incluso en los tiempos modernos. Están presentes a lo largo de la vida de una persona y abarcan la familia, la escuela, el trabajo y los contextos religiosos. No es una coincidencia que Dios haya utilizado el poder del ritual para transmitir los aspectos esenciales de su plan a la humanidad. Estos ritos del Antiguo Testamento grabaron verdades eternas en la mente de las personas sobre el carácter de Dios, la decadencia humana y el plan divino para superar la brecha causada por el pecado.

    La circuncisión

    En el contexto de Josué, el ritual de la **circuncisión** sirve como recordatorio a Israel de su verdadera **identidad dentro de la comunidad del Pacto**. La remoción del prepucio señalaba de manera gráfica la eliminación de la antigua condición de Israel como esclavos del Faraón. Ahora, tienen la opción de servir al Señor, quien los llama a un compromiso total. La circuncisión masculina, que implica la remoción quirúrgica del prepucio, ha sido practicada desde al menos el tercer milenio antes de Cristo por varias sociedades. En estas sociedades, el rito marcaría una transición importante, como el comienzo de la edad adulta o el matrimonio, sin un significado religioso per se. Sin embargo, en el pacto de Dios con Abraham, la circuncisión se designa como un **signo de compromiso e identidad**. Incluso los no israelitas podían someterse a la circuncisión para señalar su nuevo estatus como parte de la descendencia de Abraham (Gén. 34:15-24; Éxo. 12:48).

    Material auxiliar para el maestro // Lección 7

    Desde la perspectiva del Nuevo Testamento, la circuncisión es una marca de separación vinculada a la identidad judía que **ya no es vinculante para los cristianos** en la nueva creación inaugurada por Jesús (Gál. 6:15; Col. 2:11-13; Hech. 15). Sin embargo, el llamado de Pablo a **circuncidar el corazón** no es una innovación cristiana. Ya en el contexto original, la señal física de la circuncisión debía ser solo una indicación externa de una disposición interior (Deut. 30:6). Esta visión también es reiterada por los profetas, como Jeremías, quien apeló a los habitantes de Jerusalén: "Circuncídense para el Señor, circunciden su corazón" (Jer. 4:4; comparar con Jer. 9:25, 26). Así, el Antiguo Testamento ya previó la **dimensión metafórica y ética** del ritual. Cuando se disocia de la actitud correcta, la idea de que "la circuncisión nada es" (1 Cor. 7:19) ya era cierta en el Antiguo Testamento.

    Actualmente, los adventistas del séptimo día, al igual que otros cristianos, "entienden el **bautismo como un símbolo** de participar (figurativamente) en la muerte, sepultura y resurrección de Cristo y también como un símbolo de pertenecer al pueblo del Nuevo Pacto de Dios, en lugar de la circuncisión (Col. 2:11, 12)"(John C. Peckham, God With Us: An Introduction to Adventist Theology [Berrien Springs, MI: Andrews University Press, 2023], pp. 595, 596). Sin embargo, uno podría cuestionar la razón del cambio. La práctica de la circuncisión estaba estrechamente relacionada con la venida del Mesías prometido, que aparecería de la simiente de Abraham. Una vez que vino **Jesús** —la simiente de la mujer y la simiente de Abraham—, la señal física se volvió obsoleta y fue **reemplazada por el bautismo**. Aunque existen diferencias entre el significado de los dos rituales, los elementos simbólicos de la circuncisión siguen siendo relevantes para el pueblo de Dios hoy.


    La Pascua

    El ritual de la **Pascua** se instituyó la noche en que Israel salió de Egipto. La **sangre del cordero**, sacrificado antes de la puesta del sol, se utilizó para marcar los postes de las puertas de los israelitas para evitar la muerte de los primogénitos (Éxo. 12:12, 13). Por lo tanto, la Pascua estaba intrínsecamente relacionada con la **liberación de Israel de la esclavitud**. También estaba relacionada con la celebración agrícola que marcaba el comienzo de la temporada de la cosecha, cuando la gente llevaba las primicias al Santuario (Éxo. 34:18-27). La Pascua no era solo una celebración de la vida ordinaria, sino una celebración de la **nueva vida** que se viviría en abundancia y libremente con el Señor. En el corazón del ritual estaba el **sacrificio del cordero**.

    Este sacrificio era un acto simbólico en dos sentidos. En primer lugar, simbolizaba la liberación del primogénito. Se sacrificaba al cordero en lugar del primogénito israelita, como **sacrificio sustitutivo**. En segundo lugar, todo el ritual tenía como objetivo **recordar la experiencia del Éxodo**, el momento en que fueron liberados de la esclavitud. Cada detalle de la ceremonia se caracterizaba por la prisa por partir: la carne se asaba en lugar de hervirla, se comían hierbas en lugar de verduras (Éxo. 12:8-10), se vestía con la ropa puesta, listos para salir, y la comida se comía rápidamente (Éxo. 12:11). Por lo tanto, para los participantes originales, la primera Pascua fue una declaración de fe en la liberación milagrosa que Dios estaba a punto de realizar esa misma noche.

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    Lección 7 // Material auxiliar para el maestro

    Jesús instituyó la **Cena del Señor** durante su última Pascua en la Tierra. La Cena del Señor **reemplazó la Pascua** después de su muerte. Por lo tanto, el rito de la Cena del Señor también tiene una **doble dimensión temporal**. Si bien llama nuestra atención a lo que Dios ha hecho por nosotros en el pasado, también señala lo que Dios logrará en el futuro. En Josué 5, el pueblo de Dios se encontraba en esta misma coyuntura temporal, entre el pasado y el futuro, entre la liberación y el descanso.


    Los altares

    El **altar** era una parte crucial del sistema ritual del Antiguo Testamento y desempeñó un papel importante en la adoración durante los tiempos patriarcales. Aunque la primera mención de un altar aparece recién en Génesis 8:20, el primer sacrificio está implícito en la provisión de pieles para Adán y Eva (Gén. 3:21). Al igual que la circuncisión, el sacrificio era una práctica que no se limitaba a Israel. De hecho, era la norma en la religión del mundo antiguo. Sin embargo, en Israel el sacrificio no tenía como objetivo alimentar, complacer o apaciguar a una deidad enojada; más bien, se consideraba como la **provisión misericordiosa de Dios** a la humanidad para expiar el pecado y traer su creación de regreso.

    Junto con el aspecto expiatorio de los sacrificios, los altares desempeñaban un papel importante en la experiencia religiosa del pueblo de Dios en el pasado. Como acto de adoración, los altares se construían para marcar **nuevos comienzos** (Gén. 8:20) y lugares de **peregrinación** (Gén. 12:7; 13:18). También se usaban para la **oración intercesora** (Job 1:5) y la **acción de gracias** (Sal. 26:6, 7). Además, los altares podían convertirse en **memoriales de los actos misericordiosos de Dios**. En el libro de Josué, incluso un altar sin sacrificio se convierte en un memorial de la identidad religiosa de las tribus al otro lado del río Jordán (Jos. 22:26-28). En Josué 8:30-35, el altar construido en el monte Ebal **ratifica el Pacto**, la renovación del compromiso del pueblo con el Señor. Todos estos aspectos de los altares fueron incorporados al servicio del Templo, donde los israelitas acudían a adorar, orar, hacer votos, recordar los actos misericordiosos de Dios, confesar sus pecados y buscar el perdón a través de sus sacrificios.

    El **Calvario es el altar supremo**, donde el Cordero de Dios fue ofrecido de una vez para siempre (Heb. 10:10). Al igual que en el sistema ritual, su sacrificio es el punto central que completa el Plan de Salvación. Su sangre inaugura el Nuevo Pacto ante Dios e intercede a favor del pecador penitente (Heb Herramientas Gemini puede cometer errores, así que verifica sus respuestas.