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  • COMPLEMENTAIO 1

    INTRODUCCIÓN

    El Cielo está más cerca de lo que pensamos: solo a una oración de distancia. Los ángeles, que nos superan en fuerza, están listos para ayudarnos (Heb. 1:14). El Espíritu Santo está prometido para guiarnos y enseñarnos el camino que debemos seguir (Juan 16:13; cf. Sal. 32:8).

    Cuando consideramos la cercanía del Cielo, puede ser útil preguntarnos: "¿Dónde están nuestros pensamientos? ¿Qué ocupa nuestro tiempo y nuestra atención?" Desde el principio, el Padrenuestro dirige nuestra mente hacia el Cielo: "Santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad en la tierra como en el cielo" (Mat. 6:9,10). El reino y la voluntad de Dios van a establecerse finalmente en la Tierra para que la santidad de su nombre sea reconocida umversalmente. También pide que los caminos que prevalecen en el Cielo se manifiesten en la Tierra.

    Vemos un tema similar en tres de las cuatro epístolas que Pablo escribió mientras estaba bajo arresto domiciliario en Roma (Efesios, Filipenses y Colosenses; todas excepto Filemón). Se centran en Cristo y su obra de salvación, que pretende unir el Cielo y la Tierra. Observa algunos de estos pasajes en Filipenses y Colosenses (ver también Efe. 1:10; 3:15; 4:10; 6:9): "Pero nuestra ciudadanía está en el cielo, de donde esperamos ansiosamente al Salvador, al Señor Jesucristo" (Fil. 3:20). "La esperanza que les está guardada en el cielo, de la cual han oído por la palabra verdadera del evangelio" (Col. i:5).

    "Por él [el Hijo] fueron creadas todas las cosas, las que están en los cielos y las que están en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, dominios, principados o autoridades. Todo fue creado por medio de él y para él [...] por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda su plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así lo que está en la tierra como lo que está en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz" (Col. 1:16-20).

    Se nos insta a mantener nuestra atención en el Cielo porque allí es donde está nuestra ciudadanía, donde está nuestra esperanza y nuestro Maestro, el Señor Jesucristo. Él creó todas las cosas, y todas las cosas del Cielo y de la Tierra han de ser reconciliadas entre sí por él. Por medio de la Cruz, Dios reconcilió al mundo consigo mismo (2 Cor. 5:19) y estableció la paz entre el Cielo y la Tierra porque Cristo ha recuperado el dominio que Adán había perdido (Juan 12:31,32).

    El designio de Dios es que su pueblo en la Tierra ejemplifique el amor, la paz y la alegría del Cielo. Los hogares y las congregaciones cristianas deben ser un pedacito del Cielo. Nuestras palabras, nuestros pensamientos y sentimientos, incluso nuestra música y la forma en que interactuamos unos con otros, indican hasta qué punto es una prioridad para nosotros que se haga la voluntad de Dios en la Tierra como en el Cielo. Mirar a Jesús y centrarnos en él nos ayuda a unirnos no solo con él y entre nosotros, sino también con el mismo Cielo. Dios ya "nos sentó en el cielo con Cristo Jesús" (Efe. 2:6) y "en Cristo nos bendijo con toda bendición espiritual en los cielos" (Efe. 1:3). Se nos dice que "la multiforme sabiduría de Dios" debe ser ahora "notificada por medio de la iglesia a los principados y potestades de los cielos" (Efe. 3:10). Llegará el momento en que "en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para la gloria de Dios el Padre" (Fil. 2:10,11).

    Mediante nuestro estudio de Filipenses y Colosenses -con su enfoque en Cristo, su persona, su poder, su carácter y su obra de salvación-, el Cielo puede acercarse a nosotros más que nunca. Este es ciertamente el propósito del Plan de Salvación: que, en nuestros corazones y vidas, la voluntad de Dios se cumpla en nosotros como en el Cielo. Que sientas la cercanía del Cielo al estudiar estos libros inspirados. conocimiento, el discernimiento, la sabiduría, los frutos de justicia, la fortaleza espiritual, la paciencia, el gozo, la acción de gracias y nuestra gloriosa herencia futura (Fil. 1:9-11; Col. 1:9-12). Estos ideales proveen numerosos temas para la reflexión y la oración, algunos de los cuales serán tratados con más detenimiento en los próximos capítulos.

    CAPÍTULO 1

    PERSEGUIDOS, PERO NO OLVIDADOS

    Pablo estaba en Roma, pero no como lo había planeado. Escribió a los cristianos de esa ciudad con la esperanza de pasar tiempo allí como parte de una futura gira evangelizadora por España (Rom. 15:23,24). ¿Cuántas veces hemos hecho planes que no han resultado como esperábamos? En lugar de ir a Roma durante un nuevo viaje misionero, era un prisionero encadenado a un guardia romano. Pudo ser peor. Podría haber estado en la húmeda y oscura prisión Mamertina, donde los prisioneros esperaban su ejecución. Pablo no estaba allí, al menos no esa vez.

    La mayor parte de la información acerca de las circunstancias del apóstol allí proviene de Lucas, quien fue compañero de Pablo durante ese tiempo (Col. 4:14; File. 1:24). Después de que el apóstol fuera encarcelado en Jerusalén y Cesarea (Hech. 21:26; 26:32), y tras un viaje bastante accidentado y angustioso a través del Mediterráneo (Hech. 27:1; 28:15), Pablo llegó a Roma custodiado por una guardia romana (Hech. 28:16). Suponiendo que saliera de Cesarea en torno al año 59 d. C., habría llegado a la capital del imperio a principios del año 6o d. C.1 Durante todo el encarcelamiento de Pablo y su permanencia en Roma, el hecho de haber recibido una educación privilegiada en Tarso y de poseer la ciudadanía romana, algo poco común para un judío de aquella época, le dio muchas ventajas y lo protegió de quienes querían matarlo. Además, su educación a los pies de Gamaliel (Hech. 22:3), uno de los maestros más influyentes entre los fariseos de Jerusalén y miembro del Sanedrín (Hech. 5:34), hizo que, tanto desde el punto de vista social como del religioso, el impacto de Pablo pudiera ser sustancial, ya que era posiblemente el cristiano más influyente hasta ese momento.2Por otra parte, no se debe subestimar el grave estigma social que significaba ser arrestado, acusado, y llegar a Roma como prisionero. En su segunda detención y encarcelamiento final en Roma (ver más adelante), Pablo lamenta el sufrimiento que padeció: "hasta prisiones, como si yo fuera un malhechor" (2 Tim. 2:9). En comparación con su anterior arresto domiciliario, esta frase "puede indicar un agravamiento de su situación".3 Pablo utiliza una palabra griega (kakourgos) que significa literalmente "malhechor" y que solo aparece en el Nuevo Testamento para referirse a los criminales Crucificados a ambos lados de Jesús (Luc. 23:32, 33, 39). El apóstol insta a los creyentes a que no se avergüencen de él (2 Tim. 1:8) y elogia a Onesíforo, quien a menudo lo confortaba y "no se avergonzó de mi cadena" (2 Tim. 1:16). Algunos, como Demás, incluso abandonaron a Pablo, al parecer debido a la vergüenza de su encarcelamiento (2 Tim. 4:10) y, tras su defensa después de este nuevo arresto, el apóstol dijo con pesar: "Ninguno me ayudó, todos me desampararon" (vers. 16). Esto no habría sido inusual dado el estigma y la presunta culpabilidad de los acusados de delitos.

    Imagina el alivio de Pablo cuando fue recibido por una delegación oficial de la iglesia de Roma al llegar allí para su primer juicio.4 La palabra griega traducida como "a recibirnos", en Hechos 28:15 (apantésis), "era casi un término técnico para designar la bienvenida oficial dada a un dignatario visitante por parte de una diputación que salía de la ciudad para recibirlo y escoltarlo durante la última parte de su viaje".5 No es de extrañar, como menciona Lucas, que "al verlos, Pablo dio gracias a Dios y se sintió reanimado" (Hech. 28:15). Al igual que Pablo, no debemos retraernos de compartir los mensajes de los tres ángeles simplemente porque sintamos temor de lo que puedan pensar los demás o de repercusiones negativas. El Señor estará con nosotros, nos fortalecerá y nos permitirá marcar la diferencia en nuestro círculo de influencia (2 Tim. 4:17).

    En cuanto a su primera detención en Roma, Pablo se llama a sí mismo "embajador en cadenas" (Efe. 6:20). El apóstol era plenamente consciente del potencial de sus circunstancias para dar testimonio del evangelio a los guardias, al creciente número de personas que acudían a visitarlo6 y a todos aquellos sobre los que pudiera influir, tanto judíos como gentiles. Dado que Pablo había apelado al emperador, la responsabilidad de custodiar a Pablo le correspondió a la guardia pretoriana, que era parte de un grupo selecto "de unos trece o catorce mil soldados italianos libres", que constituían "la custodia de élite del emperador".7 Así que, Pablo pudo compartir el evangelio con esos hombres que estaban con él (Fil. 1:13). Curiosamente, algunos manuscritos antiguos de Hechos 28:16 añaden más detalles que pueden reflejar recuerdos precisos: "El centurión entregó sus prisioneros al stratopedarca, pero a Pablo se le permitió quedarse solo fuera del campamento con el soldado que lo custodiaba".8Como comenta Bruce: "El stratopedarca ('comandante del ejército' o 'comandante del campamento') designa muy probablemente al comandante del campamento o cuartel donde se alojaba la guardia pretoriana del emperador, cerca de la Puerta Viminal".9 Rapske identifica la ubicación de la Puerta Viminal como "un poco más allá de las murallas, al noreste de la ciudad".10 Aquí, un funcionario que dependía del stratopedarca decidió dónde y en qué circunstancias debía ser encarcelado Pablo. Es posible que algunos de los creyentes que Pablo conocía en Roma (Rom. 16:1-15) estuvieran entre los que viajaron la mayor parte de dos días para reunirse con él en el Foro de la Vía Apia y las Tres Posadas (situados a 63 y 53 kilómetros respectivamente al sureste de Roma por la Vía Apia; ver Hech. 28:i5).u Dado su evidente afecto por Pablo, no sería de extrañar que los cristianos de Roma ayudaran a conseguir una residencia más permanente para el estimado apóstol en aquel momento.

    Pablo quedó bajo arresto domiciliario y esposado a un soldado (Hech. 28:2o).10 Los guardias rotaban "cada cuatro horas más o menos".11 Normalmente, dos soldados se encargaban de custodiar a un prisionero, al que aseguraban con cadenas a ambos lados (Hech. 12:6). El hecho de que un solo soldado fuera responsable de esta tarea sugiere que los romanos consideraban improbable que Pablo intentara escapar.14 Este trato indulgente y el confinamiento relativamente leve bajo arresto domiciliario también parecen sugerir "la debilidad de la acusación esgrimida contra Pablo, como indica la documentación enviada junto con él a Roma".12 Esta documentación "habría incluido no solo la apelación de Pablo al emperador, sino también el reporte de lo que Félix, Festo y Agripa habían concluido; a saber, que Pablo no era culpable de ningún delito importante (crimen maiestatis) según el derecho romano".16

    El hecho de que se permitiera a Pablo "vivir aparte, con un soldado que lo custodiaba" (Hech. 28:16) y recibir visitas (vers. 17, 23, 30) sugiere que el departamento donde vivía el apóstol tenía amplio espacio.13 En vista de los elementos históricos y sociales relevantes, parece probable que Pablo residiera en "uno de los miles de edificios de vecindad de Roma", en un departamento económico del tercer piso o superior (cf. Hech. 20:9) y podía "preparar su propia comida".14 Tras un viaje tan prolongado, de unos cinco meses de duración y lleno de desafíos que pusieron en peligro su vida, este confinamiento domiciliario relativamente indulgente y que ofrecía muchas oportunidades para dar testimonio de su fe debió parecerle un maravilloso regalo del Señor.

    Esos dos años de confinamiento (Hech. 28:30) permitieron a Pablo escribir y enviar a través de emisarios las epístolas de Filipenses, Colosenses, Efesios y Filemón. Durante su encarcelamiento posterior, Pablo habría estado recluido en la cárcel Mamertina, donde "prisioneros notorios eran detenidos [...] y a veces ejecutados".15 Así, en 2 Timoteo, la situación de Pablo parece haberse deteriorado considerablemente, hasta convertirse en una de privación. De allí que pidiera el abrigo que dejó en Troas (2 Tim. 4:13), y pidiera a Timoteo: "Procura venir antes del invierno" (2 Tim. 4:21). Durante este encarcelamiento, Pablo no sabía si sería "desatado" (analuó), refiriéndose así a la Inuerte, o "quedaría en la carne" (Fil. 1:23,24). Pero, en su segunda carta a Timoteo, dice que "se acerca el tiempo de mi partida [ana/usis]" (2 Tim. 4:6), empleando la forma sustantivada del verbo utilizado en Filipenses.

    Pablo se alegró a lo largo de su vida por el privilegio de ser "siervo" o "esclavo" de Cristo (Rom. 1:1; Gál. 1:10; Fil. 1:1) y de Dios (Tito i:i), así como Jesús mismo se hizo voluntariamente "siervo" para salvarnos (Fil. 2:7).16 Revirtiendo las convenciones romanas, Pablo eleva la servidumbre abyecta e ignominiosa propia de la "esclavitud" a la categoría de servicio honorable, algo deseable porque está dedicado al Señor, el mejor "Amo". Si somos cristianos de verdad, todos somos esclavos en armonía con la exhortación de Jesús: "El que quiera ser el primero entre ustedes deberá ser su siervo; así como el Hijo del hombre no vino para ser servido sino para servir, y dar su vida en rescate por muchos" (Mat. 20:27,28). Si esto es cierto en nuestro caso, podremos verdaderamente "regocijarnos en el Señor siempre" (Fil. 4:4) y decir con Pablo: "Aprendí a contentarme con cualquier situación" (Fil. 4:11).


    1  Esta datación, a pesar de las dudas persistentes, está ampliamente aceptada. Ver, por

    ejemplo, Clinton E. Arnold, "Acts", en Zondervan Hlustrated Bible Backgrounds Commen-tary (Grand Rapids, MI: Zondervan, 2002), t. 2, p. 489; Craig S. Keener, Acts: An Exegetical Commentary (Grand Rapids, MI: Baker Academic, 2015), t. 4, p. 3722 y especialmente t. 4-, pp. 3444-3446, donde analiza más detalladamente las evidencias disponibles.

    2  Para profundizar en este punto, ver Brian Rapske, The Book of Acts and Paul in Román

    Custody (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1994), pp. 72-112. Algunos cuestionan el elevado estatus social de Pablo en vista de su relativamente modesto trabajo como fabricante de tiendas, pero tal cuestionamiento no tiene presente las evidentes ventajas que tenían fuera de Israel losjudíos que ejercían un oficio; a saber, podían trabajar de forma independiente y determinar su propio horario laboral, lo que les permitía observar el sábado sin impedimentos por parte de un empleador o por necesidad económica.

    3  Philip H.Towner, TheLettersto TimothyandTitus (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2006), p.503.

    4  Rapske sostiene que los "hermanos" mencionados en Hechos 28:15 eran en realidad "líderes

    de la iglesia de Roma" (Paul ¡n Román Custody, p. 381).

    5  F. F. Bruce, The BookofActs (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1988), p. 502 n. 35 (compare el

    uso del término en Mat. 25:6; 1 Tes. 4:17).

    6 de judíos (vers. 23), y con "todos los que venían a él" durante los dos años de su confinamiento (vers. 30,31).

    7  Craíg S. Keener, Bíble Background Commentary: New Testament (Downers Crove, MI:

    InterVarsity Press, 1993), p. S59.

    8  Bruce, Book ofActs, p. 504.

    9  Bruce, Book ofActs, p. 504. También Rapske, Paul in Román Custody, pp. 175-177, donde

    se presenta un análisis en profundidad.

    10 " Keener,/4cts, t. 4, p. 3.712.

    Bruce, Book of Acts, p. 504. Nótese que aquí, en contraste con las menciones anteriores (Hech. 20:23; 23:29; 26:29, 31), ta referencia parece ser a una sola cadena o soldado al que Pablo estaba atado. Rapske indica que probablemente se trataba de una cadena ligera y no de una pesada cadena de hierro que causara molestias físicas, graves problemas de salud e incluso incapacidad permanente (Rapske, Paul ¡n Román Custody, pp.181 n. 47,206-209).

    11  Bruce, Book of Acts, p. 504.

    12  Ver Rapske, Paul in Román Custody, pp. 183-185,

    13  Aunque Hechos 28:23 se refiere genéricamente al lugar donde Pablo estaba con la expresión "adonde se hospedaba" (xen/o), el contexto más amplio sugiere que se trataba de un alojamiento más bien confortable.

    14 la Rapske, Paul in Román Custody, pp. 238, 239, compara el lugar donde Pablo residía con "un hogar-iglesia" (p. 365).

    15 Keener, Acts, t. 4, p. 3732. Acerca de !a probable liberación, nueva detención y posterior ejecución de Pablo, ver Keener Acts, t. 4, pp. 3767-3771. Ver Elena de White, Los hechos de los apóstoles (Florida: ACES, 2017), p. 404, acerca de las razones y las circunstancias del nuevo arresto y el confinamiento de Pablo en "una lóbrega mazmorra", refiriéndose, sin duda, a la prisión Mamertina descrita anteriormente.

    16  La palabra griega doulos designaba usual mente a un esclavo en el mundo grecorromano.