CAPÍTULO 3
La vida y la muerte son las dos experiencias humanas que eclipsan a todas las demás. Las rutinas de la vida cotidiana se interrumpen cuando se da la bienvenida al mundo a un recién nacido o nos despedimos de un ser querido. Muchos cristianos conciben el más allá como una elección binaria: los salvados van al Cielo y los perdidos al infierno (o a un estado intermedio como el purgatorio, donde se purga el mal de una persona). En esta perspectiva subyace la noción de que los seres humanos tienen almas inmortales que sobreviven a la muerte. En consecuencia, los comentarios bíblicos acerca de Filipenses suelen interpretar la afirmación de Pablo de que "morir es ganancia" (Fil. 1:21) y su deseo de "ser desatado y estar con Cristo" (Fil. 1:23) en el sentido de ir inmediatamente al Cielo tras la muerte. Sin embargo, la idea de que el alma es inmortal no es bíblica. El libro de Eclesiastés es enfático al afirmar que "los muertos nada saben" y que "en el sepulcro [...] no hay obra, ni planes, ni ciencia [conocimiento], ni sabiduría" (Ecl. 9:5,10).
Las Escrituras "describen sistemáticamente la muerte humana como un sueño inconsciente" hasta la resurrección. Muchos pasajes tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento se refieren a la muerte de esa manera (Job 14:10-12; Sal. 13:3; Jer. 51:39, 57; Mat. 27:52; 1 Tes. 4:13; 2 Ped. 3:4). Tras la muerte de la hija de Jairo y, luego, de Lázaro, Jesús dijo que estaban durmiendo (Mat 9:24; Juan n:ii-i4).1
Sin embargo, el dualismo cuerpo-alma de la filosofía griega ejerció una poderosa influencia en las ideas judías acerca de la vida después de la muerte en tiempos del Nuevo Testamento. En los escritos de Filón y Josefo (entre otros), encontramos el concepto de un alma inmortal que abandona el cuerpo tras la muerte.2
Si examinamos detenidamente Filipenses 1:19 al 26, veremos que las palabras de Pablo están en armonía con el resto de las Escrituras. En primer lugar, Pablo no espera ser condenado. Dice con confianza: "Sé [oída] que [...] esto resultará en mi liberación". Su confianza provenía no solo de la debilidad de las acusaciones en su contra, como se menciona en el capítulo 1, sino sobre todo de las oraciones de los filipenses y de "la ayuda del Espíritu de Jesucristo". Por lo tanto, como resultado de su testimonio "con toda confianza", Cristo "será magnificado en mi cuerpo" (Fil. 1:19,20). Esta interpretación se ve respaldada por la confianza que Pablo expresa en los versículos 25 y 26: "Y convencido de esto, sé [oída] que quedaré, que aún permaneceré con ustedes" y, aún más claramente, el apóstol dice también que los filipenses se alegrarían de que volviera a ellos (nótese también el vers. 27).
En segundo lugar, Pablo deja claro que lo más importante para él no es si vive o muere. Dice que no sabe qué preferiría,3lo cual podría parecemos extraño. No dijo que deseaba morir. Parece estar sopesando cuál de dos alternativas opuestas reportaría el mayor beneficio:
|
Porque para mí, el vivir es Cristo, y el morir es ganancia (vers. 21). |
Pero si el vivir en la carne traerá fruto para la obra (vers. 22) |
|
Ser desatado y estar con Cristo, lo cual es mucho mejor (vers. 23b) |
Sin embargo, quedar en la carne es más necesario por causa de ustedes (vers. 24) |
La reflexión de Pablo comienza enfáticamente en griego con una forma del pronombre personal de primera persona (emoi) que "subraya la naturaleza intensamente personal de sus afirmaciones".4 Cristo es todo para él. No le importa si la voluntad de su Señor lo conduce al martirio o a una continuación de la.labor misionera que dé como fruto más personas ganadas para el reino de Dios en virtud de su ministerio. Sabe que de cualquier manera "Cristo será magnificado" (vers. 20).
En tercer lugar, mientras que la referencia de Pablo a "partir" (analusai) emplea una metáfora eufemística familiar en griego para referirse a la muerte,5 no hay ninguna indicación de un dualismo cuerpo-alma en este pasaje.
Además, "cuando Pablo se refiere a estar con Cristo en el futuro, es claro que esto no sucede en ocasión de la muerte, sino en la parusía", es decir, en la Segunda Venida.5Este acontecimiento parecerá inmediato para quien haya muerto y resucite en ese momento, aunque haya transcurrido un tiempo considerable durante el cual la persona estuvo en la tumba. De hecho, "Pablo está hablando aquí principalmente acerca de estar con Cristo en la muerte, no solo después de la muerte. [...] Pablo desea que su muerte corporal y visible sea un testimonio de su unión invisible con Cristo".6 Su reflexión está en armonía con el contexto más amplio de la epístola, que describe la humillación y la muerte sin par de Cristo en la Cruz por nosotros (Fil. 2:6-8). Un poco más adelante, Pablo expresa su anhelo de "conocer a Cristo [...] y participar de sus padecimientos, hasta llegar a ser semejante a él en su muerte, para llegar de algún modo a la resurrección de los muertos" (Fil. 3:10,11). La esperanza futura de Pablo estaba en la resurrección, no en un supuesto estado celestial e incorpóreo después de la muerte.
Resulta iluminador analizar la forma en que Pablo consideraba la unión "con Cristo" (syn Jristó) a la luz de otras de sus epístolas donde él usa construcciones semejantes con la preposición griega syn ("con"):7
• "Si hemos muerto con Cristo" (Rom. 6:8).
• "El que no eximió ni aun a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará junto con él, gratuitamente, todas las cosas?" (Rom. 8:32).
• "El que resucitó al Señor Jesús también nos resucitará a nosotros con Jesús" (2 Cor. 4:14).
• "Viviremos con él para servirlos a ustedes" (2 Cor. 13:4).
• "Les dio vida con Cristo" (Col. 2:13).
• "Siendo que ustedes han muerto con Cristo" (Col. 2:20).
• "Porque han muerto, y su vida está escondida con Cristo en Dios" (Col. 3:3).
• "Cuando Cristo, la vida de ustedes, se manifieste, entonces ustedes también serán manifestados con él en gloria" (Col. 3:4).
• "Estaremos siempre con el Señor" (1 Tes. 4:17).
• "Sea que velemos o durmamos, vivamos junto con él" (1 Tes. 5:10).
Esta preposición griega también es antepuesta a varias palabras para expresar nuestra unión con Cristo. Fuimos "sepultados con" él (Rom. 6:4; Col. 2:12), "unidos con" él (Rom. 6:5), "crucificados con" él (Rom. 6:6; Gál. 2:20) y "viviremos con" él (Rom. 6:8). Somos "coherederos con" él, "padecemos con" él y seremos "glorificados con él" (Rom. 8:i7).9 Todo esto apunta a que Pablo entendía que los creyentes participan con Cristo "en los acontecimientos redentores de su sufrimiento, crucifixión, sepultura, resurrección y glorificación" por la fe y mediante el bautismo,8 mientras esperan la transformación del cuerpo para la inmortalidad (1 Cor. 15:42-44,51-53; Fil. 3:21). Por lo tanto, el deseo dé Pablo de "ser desatado y estar con Cristo" se refiere a su comunión en los sufrimientos y la muerte de Jesús a causa del evangelio. Pablo considera que esto sería "mucho mejor" en el sentido de que le permitiría identificarse plenamente con el Señor (Fil. 1:23). Sin embargo, Pablo era consciente de que los cristianos de Filipos (y, sin duda, de otros lugares) seguían necesitando su ministerio, lo que constituía para él otra evidencia de que su situación presente terminaría con su reivindicación y liberación (vers. 19).
Otro de los temas principales abordados por Pablo en Filipenses i es la unidad, de la que se ocupará repetidamente en la epístola. En tal sentido, el apóstol insta a los creyentes a que se mantengan "firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio" (Fil. 1:27). Obsérvese que Pablo equilibra dos aspectos de la unidad: una dimensión espiritual (es decir, basada en el Espíritu) y otra basada en el contenido, o "la fe", del evangelio.11 Esta última expresión solo apárece aquí en el Nuevo Testamento, aunque Pablo utiliza frases similares en otros lugares. Por ejemplo, él exhorta a los cristianos de Corinto: "Velen, estén firmes en la fe. Pórtense varonilmente y esfuércense" (1 Cor. 16:13) e insta a los filipenses: "Estén firmes en el Señor, amados" (Fil. 4:1).
Este énfasis se encuentra en todo el Nuevo Testamento. Los bautizados en ocasión del Pentecostés "perseveraban firmes en la doctrina de los apóstoles" (Hech. 2:42). Pedro dice que debemos estar "siempre preparados para responder [apología] con mansedumbre y respeto al que [...] demande razón de la esperanza" que hay en nosotros (1 Ped. 3:15). Y Judas exhorta a los creyentes "a que contiendan por la fe que una vez fue confiada a los santos" (Jud. 1:3). De hecho, "fueron las enseñanzas de los apóstoles las que les crearon problemas con las autoridades judías (Hech. 4:2, 18; 5:25,28)". Pero, a pesar de la oposición, "no cesaban de enseñar y anunciar a Jesucristo", el Mesías (Hech. 5:42).9
Defender lo que es verdadero y justo puede a menudo resultar un desafío, como sugiere Pablo: "Porque a ustedes es concedido por Cristo, no solo que crean en él sino también que padezcan por él, y pasen por el mismo conflicto que han visto en mí y ahora oyen que está en mí" (Fil. 1:29,30). Y escribió a Timoteo: "Todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos" (2Tim. 3:12), "porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina" (2 Tim. a:'<). Después de citar este versículo, Elena de White afirma:
Ese tiempo ha llegado plenamente. Las multitudes no quieren las verdades bíblicas porque estas interfieren con los deseos de los corazones pecaminosos y mundanos; y Satanás les proporciona las supercherías que ellas aman. Pero Dios tendrá un pueblo en la Tierra que sostendrá la Biblia y la Biblia sola como regla fija de todas las doctrinas y base de todas las reformas.11
Del mismo modo, Pablo y Bernabé exhortaron a los creyentes de Asia Menor "a permanecer en la fe y díciéndoles: 'Es necesario pasar por muchas tribulaciones para entibien el reino de Dios'" (Hech. 14:22). La infidelidad a Dios y ,1 su verdad, ya sea en el ámbito individual, familiar o ocle siástico, conduce a la desunión.
Según las Escrituras, la desunión es síntoma de un pro blema espiritual. Tras comer el fruto del árbol prohibido, Adán y Eva desconfiaron de Dios, se escondieron de él y comenzaron a culpar de su pecado a otros: Adán culpó a I !v,i (y, por extensión, a Dios mismo) y Eva culpó a la serpienl e (Gen. 3:12,13). El fracaso de Israel en Cades-barnea p;ir;i entrar en Canaán fue el resultado de un informe dividido de los doce espías, en el que la mayoría dudaba de que Dios pudiera darles la victoria sobre sus enemigos. Israel era más fuerte cuando estaba unido bajo los reinados de Davi< I
15 Elena de White, El conflicto de los siglos (Florida: ACES, 2012), pp. 6S2, 653.
y Salomón. Tras su división, los reinos del norte y del sur se debilitaron y a veces incluso se enfrentaron, hasta que ambos fueron finalmente destruidos. La disputa de los discípulos acerca de quién era el más importante entre ellos los llevó a malinterpretar la naturaleza del reino que Jesús había venido a establecer (Mar. 9:30-34). Esto condujo finalmente a la traición de Judas, a la decisión de los discípulos de huir cuando Jesús fue arrestado en Getsemaní (Mar. 14:43-50) y a la negación del Maestro por parte de Pedro poco después (Mar. 14:66-72).
La iglesia primitiva estaba dividida acerca de la circuncisión y tuvo que convocar el Concilio de Jerusalén, en el que los apóstoles y los ancianos se reunieron para estudiar la cuestión y arribar a una decisión (Hech. 15:1-29).14 No obstante, siguieron surgiendo problemas en torno a ese y otros asuntos (Fil. 3:2-5; 4:2; Col. 2:20-23). La iglesia de Corinto, desgarrada por divisiones y disputas teológicas (1 Cor. 1:11), llevó a Pablo a exhortarlos a que "hablen todos una misma cosa y que no haya entre ustedes divisiones. Antes, estén perfectamente unidos en una misma mente y un mismo parecer" (vers. 10).
Como en el día de Pentecostés, cuando todos buscaron "unánimes" (Hech. 2:1, RVR1995) el prometido "poder de lo alto" (Luc. 24:49), un derramamiento final del Espíritu Santo será otorgado para cumplir la comisión evangelizadora de Apocalipsis 14, de modo que "toda nación y tribu, lengua y pueblo" escuche el mensaje (Apoc. 14:6). Elena de White describe el proceso:
111 Comparar con Eiena de White, Los hechos de los apóstoles (Florida: ACES, 2017), p. 196: "Todo el cuerpo de cristianos no fue llamado a votar sobre el asunto. Los 'apóstoles y ancianos', hombres de influencia y juicio, redactaron y promulgaron el decreto, que fue luego aceptado generalmente por las iglesias".
Cuando el Espíritu Santo fue derramado sobre la iglesia temprana, "la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma" (Hech. 4:32). El Espíritu de Cristo los hizo uno. Este es el fruto de permanecer en Cristo. [...] Hasta que Dios no trabaje por su pueblo no verán que la subordinación a él es la única seguridad para toda alma. Su gracia transformadora en los corazones humanos conducirá a la unidad, una unidad que todavía no ha sido lograda, pues todos los que son asimilados por Cristo estarán en armonía los unos con los otros. El Espíritu Santo creará unidad.10
Ella dice, además, que "nuestras diferencias y desuniones deshonran a Dios", y que "es el plan de mentes no santificadas lo que estimula un estado de desunión. Los sofismas de los hombres pueden parecer rectos a sus propios ojos, pero no son verdad y justicia".11
Como iglesia, necesitamos orar por esa unidad que Cristo pidió al Padre en Juan 17:23, "para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste". Se nos ha dado esta extraordinaria promesa: "Cuando coloquemos nuestros corazones en unidad con Cristo, y pongamos nuestra vida en armonía con su obra, el Espíritu que descendió sobre los discípulos en el día de Pentecostés descenderá sobre nosotros".17
39
1 Clinton Wahlen, "State of the Dead", Cornmitted to Our Identity: Message, Mission, Unity,
ed. Arthur A. Stele, 2" ed. {Silver Spring, MD: Biblical Research Institute, 2024), p. 65. Un tratamiento más amplio de este tema puede consultarse en Alberto R. Timm, On Death, Dytng, and the Future Hope (Nampa, (D: Pacific Press, 2022).
2 Ver Clinton Wahlen,"Greek Philosophy, Judaism, and Biblical Anthropology", en WhotAre
Human Beings ThotYou Remember Them?, ed. Clinton Wahlen (Silver Sprlng, MD: Biblical Research Institute, 2015), pp. 124-131.
3 El verbo griego aireomai puede ser traducido en voz media como "elegir, seleccionar"
(como en 2 Tes. 2:13; Heb. 11:25) o "preferir", como aquí (BDAG, p. 28; Louw-Nida, §30.86).
4 G. Walter Hansen, The Letter to the Philippians (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2009), p. 81.
5 Félix H. Cortez, "Death and Hell ¡n the NewTestament", p. 193.
7 Lista adaptada tomada de Hansen, Philippians, p. 88.
Hansen, Philippians, p. 88, donde aparece su lista abreviada y la referencia a Romanos 6:7
corregida por Romanos 6:8.
8 Hansen, Philippians, pp. 88, 89.
" Homer A. Kent, Dr., "Philippians", en The Expositor's Bible Commentary (Granel Rapids, MI: Zondervan, 1978], t. n, p. U8: "Se hace referencia a la fe objetiva; es decir, a la totalidad de la verdad contenida en el mensaje del evangelio".
9 Clinton Wahlen, "Jesús and Doctrine", en True North: A Prophetic Col! to Falthfulness (Fallbrook: Hart Books, 2022), p. 43.
10 Elena de White, Exaltad a Jesús (Florida: ACES, 1988), p. 290.