La mayoría de los programas académicos comienza con un curso general que cubre principios
amplios y básicos que formarán la base para el estudio posterior a medida que se profundiza en el tema. Del
mismo modo, cuando se lee toda la Biblia, se descubre rápidamente que Dios también tiene un curso general de
estudio contenido en el libro de Génesis, donde introduce ideas que serán examinadas más detalladamente en el
resto de la Biblia.
En términos generales, la primera vez que se menciona un concepto o símbolo en la Biblia,
sobre todo si esto ocurre en los primeros capítulos de Génesis, se establece allí una comprensión general de ese
concepto para ayudarnos a entender cómo se utiliza más adelante.
Algunos estudiosos de la Biblia se refieren a esto como "la ley de la primera
mención", aunque sería más apropiado etiquetarla como un principio (o un patrón), pues no es férrea y hay
muchas excepciones a esa regla. El patrón que parece emerger del estudio general de la Biblia y de la profecía
bíblica es que Dios instruye gradual y progresivamente a sus hijos entregándoles información a lo largo del
tiempo y a partir de un concepto básico que es ampliado numerosas veces a lo largo de los años o incluso de los
siglos.
Gran parte del mundo moderno habla de "veracidad", no de "verdad", pues
supone que la "verdad" es algo que puede cambiar con el tiempo. En algunos casos, el concepto mismo de
"verdad" es visto con suspicacia.
Sin embargo, cuando Dios establece la verdad no cambia de opinión. Una vez que comienza a
enseñar la verdad a su pueblo, podemos contar con que las sucesivas repeticiones del mismo principio o tema
bíblico no cambian de significado, sino que, por el contrario, arrojan más luz acerca de ese significado. Por lo
tanto, al estudiar la profecía, tiene mucho sentido comprender adecuadamente el libro de Génesis, donde se
explican por primera vez muchos conceptos clave que luego servirán al explorar el resto de la Biblia.
■ ¿Por qué es tan importante que no permitamos que nada ni nadie, por convincente o lógico
que sea, debilite nuestra fe en la Biblia y en las verdades infalibles que enseña? ¿De qué maneras, incluso
sutiles, puede producirse este debilitamiento?
"Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te
herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar". Génesis 3:15. La divina sentencia pronunciada contra
Satanás después de la caída del hombre fue también una profecía que, abarcando las edades hasta los últimos
tiempos, predecía el gran conflicto en que se verían empeñadas todas las razas humanas que hubiesen de vivir
en la tierra.
Dios declara: "Enemistad pondré". Esta enemistad no es fomentada de un modo
natural. Cuando el hombre quebrantó la ley divina, su naturaleza se hizo mala y llegó a estar en armonía y no
en divergencia con Satanás. No puede decirse que haya enemistad natural entre el hombre pecador y el autor del
pecado. Ambos se volvieron malos a consecuencia de la apostasía... Si Dios no se hubiese interpuesto
especialmente, Satanás y el hombre se habrían aliado contra el cielo; y en lugar de albergar enemistad contra
Satanás, toda la familia humana se habría unido en oposición a Dios.
La gracia que Cristo derrama en el alma es la que crea en el hombre enemistad contra
Satanás. Sin esta gracia transformadora y este poder renovador, el hombre seguiría siendo esclavo de Satanás,
siempre listo para ejecutar sus órdenes. Pero el nuevo principio introducido en el alma crea un conflicto allí
donde hasta entonces reinó la paz. El poder que Cristo comunica habilita al hombre para resistir al tirano y
usurpador. Cualquiera que aborrezca el pecado en vez de amarlo, que resista y venza las pasiones que hayan
reinado en su corazón, prueba que en él obra un principio que viene enteramente de lo alto (El conflicto de
los siglos, pp. 495, 496).
El único plan que podía asegurar la salvación del hombre afectaba a todo el cielo en su
infinito sacrificio. Se interpondría entre el pecador y la pena del pecado. Dejaría su elevada posición de
Soberano del cielo para presentarse en la tierra, y humillándose como hombre, conocería por su propia
experiencia las tristezas y tentaciones que el hombre habría de sufrir. Todo esto era necesario para que
pudiese socorrer a los que iban a ser tentados. Hebreos
2:18. Cuando hubiese terminado su misión como maestro, sería entregado en manos de
los impíos y sometido a todo insulto y tormento que Satanás pudiera inspirarles. Sufriría la más cruel de las
muertes, levantado en alto entre la tierra y el cielo como un pecador culpable. Pasaría largas horas de tan
terrible agonía, que los ángeles se habrían de velar el rostro para no ver semejante escena. Mientras
la culpa de la transgresión y la carga de los pecados del mundo pesaran sobre él, tendría
que sufrir angustia del alma y hasta su Padre ocultaría de él su rostro.
Cristo aseguró a los ángeles que mediante su muerte iba a rescatar a muchos, destruyendo
al que tenía el imperio de la muerte. Iba a recuperar el reino que el hombre había perdido por su
transgresión, y que los redimidos habrían de heredar juntamente con él, para morar eternamente allí. El
pecado y los pecadores iban a ser exterminados, para nunca más perturbar la paz del cielo y de la tierra
(Historia de los patriarcas y profetas, pp. 49-51).
Juan 8:54-58
1 Corintios 1:26-29
26 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois
muchos
sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos
nobles; 27 sino que lo necio del mundo escogió Dios,
para
avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió
Dios,
para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y lo
menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para
deshacer lo que
es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia.