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  • COMPLEMENTARIO - CAPÍTULO 5

    BRILLAR COMO LUCES EN LA NOCHE

    Contemplar el cielo nocturno en una zona remota revela innumerables estrellas, incluida la espectacular banda de luz de la Vía Láctea. Es una experiencia memorable que nos permite observar la inmensidad del Universo de Dios. También nos recuerda nuestra esperanza celestial, que es quizá la razón por la que las Escrituras se refieren metafóricamente al pueblo de Dios como estrellas. Dios prometió a Abraham que su descendencia sería tan numerosa como las estrellas (Gén. 15:5; 22:17), y el cumplimiento de esta profecía es mencionado repetidamente a lo largo de la Escritura (por ejemplo, Deut. 1:10; 10:22; 1 Crón. 27:23; Neh. 9:23; Heb. 11:12). Daniel 12:3 dice que "los que enseñan justicia a la multitud" resplandecerán "como las estrellas". Jesús utiliza imágenes similares al comparar a sus seguidores con "una ciudad situada sobre un monte" (Mat. 5:14) Y como "la luz del mundo" (vers. 14). En todos estos casos, cuanto más oscuro es el entorno, más brillante resulta la luz. Por eso, Pablo nos insta a resplandecer "como luces en el mundo" (Fil. 2:15).

    A medida que la moralidad decae a nuestro alrededor y las condiciones en la Tierra se vuelven cada vez más oscuras,

    Dios llama a su pueblo a brillar: "¡Levántate, resplandece, que ha venido tu luz, y la gloria del Señor ha nacido sobre ti! Porque tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; pero sobre ti nacerá el Señor, y sobre ti será vista su gloria" (Isa. 60:1,2). El versículo siguiente indica el propósito divino de ese llamado y su glorioso resultado: "Vendrán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu amanecer" (Isa. 60:3). Comentando este versículo, Elena de White describe un poderoso movimiento misionero al final de los tiempos:

    Entre los habitantes de la Tierra, hay, dispersos en todo país, quienes no han doblado sus rodillas ante Baal. Como las estrellas del cielo, que solo se ven de noche, estos fieles brillarán cuando las tinieblas cubran la Tierra y densa oscuridad los pueblos. En la pagana África, en las tierras católicas de Europa y de Sudamérica, en la China, la India, las islas del mar y todos los rincones oscuros de la Tierra, Dios tiene en reserva un firmamento de escogidos que brillarán en medio de las tinieblas para demostrar claramente a un mundo apóstata el poder transformador que tiene la obediencia a su Ley. Ahora mismo se están revelando en toda nación, entre toda lengua y pueblo; y en la hora de la más profunda apostasía, cuando se esté realizando el supremo esfuerzo de Satanás para que "todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos" (Apoc. 13:16), reciban, so pena de muerte, la señal de lealtad a un falso día de reposo, esos fieles, "irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin culpa", resplandecerán "como luminares en el mundo" (Fil. 2:15). Cuanto más oscura sea la noche, mayor será el esplendor con que brillarán.1

    A medida que el mundo se vuelve "tenebroso como la medianoche y casi completamente entregado a la idolatría",2el pueblo remanente de Dios debe brillar más y proclamar el mensaje en tonos aún más potentes y seguros, lo que conduce a una clara separación en su medio:

    Cuando multitudes de hermanos falsos se distingan de los verdaderos, entonces los que están ocultos se manifestarán, y con expresiones de alabanza en sus labios se alistarán bajo la bandera de Cristo. Aquellos que han sido tímidos y vacilantes en la iglesia llegarán a ser como David: dispuestos a trabajar y arriesgarse. Mientras más oscura sea la noche para el pueblo de Dios, más resplandecientes serán las estrellas.3

    Este período de separación parece descrito también en Daniel 12. En el tiempo del fin, los justos y los impíos aparecen en agudo contraste. El ángel dijo al profeta: "Anda, Daniel, estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. Muchos serán limpiados, emblanquecidos y purificados. Los impíos obrarán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá; pero los sabios entenderán" (Dan. 12:9,10). Del mismo modo, se dice a Daniel que "los sabios resplandecerán como el fulgor del firmamento; y los que enseñan justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad" (Dan. 12:3).*

    Estos poderosos testigos revelan "el poder transformador de la obediencia" a la Ley de Dios.4 La luz descrita es la gloria de Dios, que consiste en su carácter y su justicia (Éxo. 33:18,19; 34:6,7; Sal 97:6; Isa. 62:2; Juan 1:14). Isaías 62:2 describe al pueblo de Dios como poseedor de la gloria del carácter divino: "Las naciones verán tu justicia, y todos los reyes tu gloria; y te será puesto un nombre nuevo, que la boca del Señor designará".

    Este nombre es "Señor, justicia nuestra" (Jer. 33:i6).6 ¿Cómo recibe el pueblo de Dios ese nombre, que es el carácter de Dios?

    LO QUE DIOS HACE DENTRO SE VE FUERA

    Pablo explica a los filipenses cómo funciona esto. Sin embargo, es esencial recordar que la justicia divina se encuentra definida en su Ley, que expresa los principios morales de su gobierno.5 Dios dice: "Óiganme, los que conocen justicia, pueblo en cuyo corazón está mi ley" (Isa. 51:7). Revelamos el carácter de Dios mediante la obediencia a su Ley, escrita en nuestros corazones por el Espíritu Santo (Jer. 3i:33; Rom. 2:15, 26-29; 2 Cor. 3:3,17,18). Por eso Pablo, al hablar de la obediencia, dice: "Ocúpense en su salvación con temor y temblor; porque Dios es el que obra en ustedes, tanto el querer como el hacer, para cumplir su buen propósito" (Fil. 2:12,13). Es imposible separar la salvación de la obediencia, como si no hubiera relación entre ambas. La obediencia no nos salva, ni nos salvaremos sin ella. No nos salvamos por obras, ni por nada que provenga de nosotros (Efe. 2:8,9); por el contrario, debemos participar en nuestra salvación haciendo la voluntad de Dios, siéndole obedientes, lo cual solo es posible en virtud de la presencia de Dios en nosotros (Fil. 2:13). Pablo subraya repetidamente que nuestra obediencia es resultado de la obra de Dios:

    • "Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, que Dios de antemano preparó para que anduviésemos en ellas" (Efe. 2:10).

    • "Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, al enviar a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado, y como sacrificio por el pecado, condenó al pecado en la carne para que la justicia de la ley se cumpla en nosotros, que no andamos conforme a la carne sino conforme al Espíritu" (Rom. 8:3,4).

    • "Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gál. 2:20).

    • "Y el mismo Dios de paz los santifique por completo; y todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado sin culpa para la venida de nuestro Señor Jesucristo. El que los llamó es fiel, quien también lo hará" (1 Tes. 5:23,24).

    Por lo tanto, la obediencia es resultado de la obra de Dios en nosotros; no podemos atribuirnos ningún mérito, pues ella representa la presencia y el poder de Dios que obran en nosotros por medio del Espíritu Santo. La obediencia es, al igual que el perdón, obra de la gracia de Dios. No podemos hacer nada para ganar la salvación. La justicia es un don consistente en el perdón y la justificación, que cubren nuestros "pecados pasados" (Rom. 3:25), y en la santificación, por la cual el Espíritu nos capacita para obedecer. Elena de White expresa esto maravillosamente:

    Así pues, no hay nada en nosotros mismos de qué jactamos. No tenemos motivo para ensalzarnos. El único fundamento de nuestra esperanza está en la justicia de Cristo imputada a nosotros, y la producida por su Espíritu obrando en nosotros y a través de nosotros.6

    Es comprensible que las personas se sientan preocupadas cuando leen que debemos llegar a ser "irreprensibles y sencillos, [...] sin culpa" (Fil. 2:15). Sin embargo, no hay por qué preocuparse, ya que todo esto es el resultado de la presencia del Espíritu Santo en nosotros. Pablo expresa su absoluta confianza en que "el que empezó en ustedes la buena obra, la irá perfeccionando" (Fil, 1:6). No hay razón para que tengamos menos confianza que él. Todas estas promesas de Dios son seguras, como también lo afirma Pedro: Él "nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas lleguemos a participar de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que está en el mundo por causa de los malos deseos" (2 Ped. 1:4).

    El propósito de Cristo es presentarse "una iglesia gloriosa, sin mancha ni arruga ni cosa semejante; antes, que sea santa e inmaculada" (Efe. 5:27). Sabemos que esto sucederá porque Dios lo predice en la profecía. Juan vio la iglesia de Dios de los últimos tiempos preparada por los mensajes de los tres ángeles para la Segunda Venida: "¡Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús!" (Apoc. 14:12). "Pero tenga la paciencia su obra completa, para que sean perfectos y cabales, sin que les falte cosa alguna" (Sant. 1:4). Así es como el pueblo de Dios se destacará en contraste con las tinieblas y la corrupción del mundo que lo rodea, "sin culpa en medio de una generación torcida y perversa, en la cual ustedes resplandecen como luces en el mundo" (Fil. 2:15). Pablo explica aún más específicamente qué significa el hecho de que brillemos. No se trata solo de vivir correctamente, amar a Dios y a los demás, por muy importante que eso sea, sino de aferrarse a "la palabra de vida" (Fil. 2:16). Pablo compara la palabra de Dios con la fuente de la vida eterna, y dice que debemos sostenerla en alto como una fuente de luz para que las personas vean el camino que conduce a la vida (Sal. H9:i05).7

    LA PALABRA DE DIOS COMO "PALABRA DE VIDA"

    Hay algo misterioso en el mecanismo de la salvación, como nos lo recuerda un conocido himno cuya letra dice: "No sé cómo [Dios] me impartió esta salvación, ni cómo su palabra trajo paz a mi corazón".8 Afortunadamente, no es necesario entenderlo. En tal sentido, Jesús dijo a Nicodemo: "El viento sopla de donde quiere y oyes su sonido. Pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu" (Juan 3:8). Es por medio de la Palabra de Dios como nacemos "de arriba" (Juan 3:3, NC);9 es decir, "del Espíritu" (Juan 3:6).

    Los apóstoles comprendieron que "la fe viene por oír, por oír la palabra de Cristo" (Rom. 10:17). Ese es el medio por el cual una persona experimenta el nuevo nacimiento:

    • "Por su voluntad, él [Dios] nos engendró por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas" (Sant. 1:18).

    • "Pues han nacido de nuevo, no de semilla corruptible, sino incorruptible, por medio de la palabra de Dios que vive y permanece para siempre" (i Ped. 1:23).

    Pablo insiste en lo mismo cuando dice a Timoteo: "Y que desde niño conoces las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación mediante la fe en Cristo Jesús" (2 Tim. 3:15). De allí que Pablo llama a las Escrituras "palabra de vida", ya que ellas nos transforman por obra del Espíritu. En virtud de ello, experimentamos "una nueva creación" (2 Cor. 5:17) y comenzamos a disfrutar de la vida eterna, la que viviremos en el Cielo, ahora mismo (1 Juan 5:11-13), porque "el amor de Dios está vertido en nuestro corazón por medio del Espíritu Santo que nos ha sido dado" (Rom. 5:5). Elena de White describe esto de la siguiente manera:

    El amor hacia el hombre es la manifestación terrenal del amor hacia Dios. El Rey de gloria vino a ser uno con nosotros con el fin de implantar ese amor y hacernos hijos de una sola familia. Y, cuando se cumplan las palabras que pronunció al partir: "Que os améis unos a otros, como yo os he amado", cuando amemos al mundo como él lo amó, entonces se habrá cumplido su misión para con nosotros. Estaremos listos para el Cielo, porque tendremos el Cielo en nuestro corazón.10

    El último mensaje al mundo prepara a las personas para el Cielo porque el amor de Dios se revela a través de los mensajeros. Es un mensaje que atrae a las personas a la verdad:

    Los últimos rayos de luz misericordiosa, el último mensaje de clemencia que debe darse al mundo, es una revelación de su carácter de amor. Los hijos de Dios deben manifestar su gloria. En su vida y su carácter deben revelar lo que la gracia de Dios ha hecho por ellos. La luz del Sol de Justicia debe brillar en buenas obras, en palabras de verdad y hechos de santidad.13

    A medida que incorporemos este mensaje a nuestra vida cotidiana, la obra del Espíritu resultará visible para todos. Debemos vivir la verdad además de proclamarla. Eso es lo que me resultaba tan atractivo cuando era un joven ateo. Gracias a la providencia de Dios, pasé un verano en la casa de un pastor adventista que estuvo encantado de poner a mi disposición una cantidad de libros que respondieron todas mis preguntas acerca de la Biblia. Pero no solo leí acerca de la verdad, sino también la vi ejemplificada en las interacciones entre padres e hijos, en los momentos dedicados cada día a la adoración familiar y en las deliciosas comidas vegetarianas que compartían amablemente conmigo. Todo ello conquistó mi corazón y mi mente. Ciertamente vi lo que la gracia de Dios había hecho por ellos y fui bendecido sin medida por sus "palabras de verdad y obras de santidad". Eso es lo que Dios desea que ocurra.


    1  Elena de White, Profetasy reyes (Florida: ACES, 2014), pp. 140,141.

    2  Elena de White, "The conflict and thevictory", Review and Herald, 17 de diciembre de 1908, p.l.

    3 J Elena de White, Testimonias para la iglesia (Doral, FL: APIA, 2008), t. 5, p. 77; cf. White, El conflicto de los siglos, p. 666.

    4 ^ Ver la cita anterior de Elena de White en Profetasyreyes, pp. 140,141: "Dios tiene en reserva un firmamento de escogidos que brillarán en medio de las tinieblas para demostrar claramente aun mundo apóstata el poder transformador que tiene la obediencia a su Ley".

    5 1 Según Salmo 89:14, "la justicia es el fundamento del trono de Dios". Ver Elena de White El Deseado de todas las gentes (Florida: ACES, 2014), p. 711.

    6  Elena de White, El camino a Cristo (Florida: ACES, 2017), p, 54.

    7  Ver Thayer, "epejó", p. 1907. Este participio griego (epejontes) es traducido en numerosas

    versiones de Filipenses 2:16 como "reteniendo", "sosteniendo firmemente", etc. Esas opciones de traducción opacan la metáfora de la luz usada por Pablo para destacar el hecho de que la Palabra de Dios ilumina nuestra mente y orienta como una lámpara nuestras decisiones.

    8  Daniel W. Whittle, "I Know Whom I Have Believed",1883.

    9 " La palabra griega onóthen no tendría aquí el sentido de "otra vez" o "de nuevo" (como en Gal. 4:9), sino más bien "desde arriba". Nicodemo interpretó erróneamente las palabras de Desús o las malinterpretó deliberadamente al sugerir que significaban "entrar otra vez en el vientre de su madre y nacer" (Juan 3:4). Por lo tanto, la idea de "nacer de nuevo", en tal sentido, no procedió de Jesús, sino de Nicodemo (aunque Pedro habla de "renacer" [anagegenémenoi, 1 Ped. 1:231). Jesús estaba enfatizando que debemos experimentar un nacimiento sobrenatural por obra del Espíritu Santo para entrar en el reino de Dios.

    10  Elena de White, El Deseado de todos las gentes (Florida: ACES, 2014), p. 596.

    " Elena de White, Palabras de vida del gran Maestro (Florida: ACES, 2014), p. 342.