"Poco a poco, primero subrepticiamente y en silencio, y después con más desembozo, conforme iba cobrando fuerza y dominio sobre la mente de los hombres, 'el misterio de iniquidad' hizo progresar su obra engañosa y blasfema. De un modo casi imperceptible, las costumbres del paganismo penetraron en la iglesia cristiana. El espíritu de avenencia y conformidad fue refrenado por algún tiempo por causa de las terribles persecuciones que sufriera la iglesia bajo el régimen del paganismo. Pero, habiendo cesado la persecución, y habiendo penetrado el cristianismo en las cortes y los palacios de los reyes, la iglesia dejó a un lado la humilde sencillez de Cristo y de sus apóstoles por la pompa y el orgullo de los sacerdotes y los gobernantes paganos; y sustituyó los requerimientos de Dios por las teorías y las tradiciones de los hombres.
"La conversión nominal de Constantino, a principios del siglo IV, causó gran regocijo; y el mundo, disfrazado con una forma de rectitud, se introdujo en la iglesia. Desde entonces, la obra de corrupción progresó rápidamente. El paganismo, que parecía haber sido vencido, vino a ser el vencedor. Su espíritu dominó a la iglesia. Sus doctrinas, ceremonias y supersticiones se incorporaron a la fe y al culto de los que profesaban ser seguidores de Cristo" (Elena de White, El conflicto de los siglos, pp. 53, 54).
En línea con la pregunta que aparece al final del miércoles, ¿no corremos todos el peligro, sobre todo cuanto más tiempo estemos aquí, de cambiar "la humilde sencillez de Cristo y de sus apóstoles" por la pompa, el poder, los elogios y las tentaciones del mundo? Si pensamos que no es así, nos engañamos a nosotros mismos.
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Cuando Dios envió a su pueblo al exilio en Babilonia,
fue para ellos un momento especialmente doloroso. Abraham había sido llamado a salir
de Caldea para establecer el pueblo del pacto como luz para el planeta, y ahora este
pueblo era llevado allí en cadenas. Durante su cautiverio, Dios mostró a Israel lo
que podría haber ocurrido si hubieran sido fieles. Nabucodonosor, el gobernante de
un sistema totalmente opuesto a Dios, terminó acercándose a Cristo (Dan. 4). Al final del cautiverio en Babilonia, Dios levantó a un rey persa para que sirviera como tipo o representación de Cristo, libertara a su pueblo de Babilonia y lo devolviera a la Tierra Prometida. Aunque Ciro no era israelita, Dios lo eligió para mostrar al mundo el plan de salvación al permitir que el pueblo del pacto regresara a Jerusalén. ¿Qué lecciones podemos aprender acerca de cómo ve Dios a la humanidad a partir del hecho de que usó a personas que no formaban parte de su pueblo para lograr sus objetivos?
2. Puede que no estemos en Babilonia, pero ¿cuánto de ella puede haber en nosotros? ¿Cómo podemos detectar este problema y corregirlo?
26 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois
muchos
sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos
nobles; 27 sino que lo necio del mundo escogió Dios,
para
avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió
Dios,
para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y lo
menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para
deshacer lo que
es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia.