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Lee Salmo 47:1 al 4. CB ¿Qué dice el salmista acerca del lugar que nos espera en el reino de Cristo?
A largo plazo, el futuro es brillante. Hasta entonces, la humanidad ha cedido el dominio del planeta a Lucifer, y cuando Satanás apareció en el concilio celestial registrado en el libro de Job se jactó de que esta Tierra le pertenecía. "¿De dónde vienes?", le preguntó Dios. "De rodear la tierra y andar por ella", respondió (Job 1:7).
Satanás estaba declarándola su propiedad; el hecho de poner el pie en un lugar era en la antigüedad una manera de representar el derecho a la posesión. "Levántate, recorre la tierra a lo largo y a lo ancho, porque a ti te la daré", dijo Dios a Abraham (Gén. 13:17).
Compara 1 Tesalonicenses 4:13 al 17 CB con Zacarías 14:4 CB y presta atención a lo que dice este último pasaje acerca de los pies de Cristo. ¿Qué diferencia encuentras entre esos pasajes y qué enseñan acerca de estos dos aspectos diferentes, pero relacionados, de la soberanía final de Cristo sobre este mundo?
Elena de White escribió lo siguiente acerca de lo que Cristo hará al final del Milenio: "Cristo desciende sobre el Monte de los Olivos, de donde ascendió después de su resurrección y donde los ángeles repitieron la promesa de su regreso. El profeta dice: 'Y vendrá el Señor mi Dios, y con él todos los santos'. 'Y en ese día afirmará sus pies sobre el monte de los Olivos que está al oriente de Jerusalén. El monte de los Olivos se partirá por el medio hacia el oriente y el occidente, y hará un valle muy grande'. 'Y el Señor será rey sobre toda la tierra. En ese día el Señor será uno, y uno su nombre' (Zacarías 14:5, 4, 9). La nueva Jerusalén, que desciende del Cielo con deslumbrante esplendor, se asienta en el lugar purificado y preparado para recibirla, y Cristo, con su pueblo y los ángeles, entra en la Santa Ciudad" (Elena de White, El conflicto de los siglos, pp. 720,721).
■ Nota la esperanza que se nos ha dado en Jesús. Piensa en lo que significaría la vida si todo terminara para siempre con la muerte. Todo sería inútil, ¿verdad?
A este tiempo se refiere el revelador cuando dice: "Los reinos del mundo han venido a ser los reinos de nuestro Señor, y de su Cristo: y reinará para siempre jamás". Apocalipsis 11:15. El contexto demuestra claramente cuándo sucederá esto. "Y se han airado las naciones, y tu ira es venida, y el tiempo de los muertos, para que sean juzgados, y para que des el galardón a tus siervos los profetas, y a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeñitos y a los grandes, y para que destruyas los que destruyen la tierra". Vers. 18. El reino de Cristo se establecerá en la época del juicio final, cuando se dará la recompensa de los justos y el castigo de los impíos. Cuando todos los que se oponen a la soberanía de Cristo hayan sido destruidos, los reinos de este mundo se convertirán en los reinos de nuestro Señor y de su Cristo...
Hasta que no llegue aquel tiempo no se puede establecer el reino de Cristo en la tierra. Su reino no es de este mundo. Sus seguidores han de considerarse como "peregrinos y advenedizos sobre la tierra". Pablo dice: "Nuestra vivienda es en los cielos; de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo". Hebreos 11:13; Filipenses 3:20 (Historia de los patriarcas y profetas, pp. 755, 756).
El reino de la gracia de Dios se está estableciendo, a medida que ahora, día tras día, los corazones que estaban llenos de pecado y rebelión se someten a la soberanía de su amor. Pero el establecimiento completo del reino de su gloria no se producirá hasta la segunda venida de Cristo a este mundo. "El reino y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo" serán dados "al pueblo de los santos del Altísimo". Daniel 7:27. Heredarán el reino preparado para ellos "desde la fundación del mundo". Mateo 25:34. Cristo asumirá entonces su gran poder y reinará.
Las puertas del cielo se abrirán otra vez y nuestro Salvador, acompañado de millones de santos, saldrá como Rey de reyes y Señor de señores. Jehová Emmanuel "será rey sobre toda la tierra. En aquel día Jehová será uno, y uno su nombre". "El tabernáculo de Dios" estará con los hombres y Dios "morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios". Zacarías 14:9; Apocalipsis 21:3.
Al orar: "Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra", se pide que el reino del mal en este mundo termine, que el pecado sea destruido para siempre, y que se establezca el reino de la justicia. Entonces, así como en el cielo, se cumplirá en la tierra "todo su bondadoso beneplácito". 2 Tesalonicenses 1:11 (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 93, 94).
Alcemos los ojos y dejemos que nuestra fe aumente de continuo. Dejemos que esta fe nos guíe a lo largo de la senda estrecha que ha de llevarnos por las puertas de la ciudad al gran más allá, al amplio e ilimitado futuro de gloria que espera a los redimidos. "Pues, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia, hasta que reciba la lluvia temprana y tardía. Tened también vosotros paciencia: confirmad vuestros corazones: porque la venida del Señor se acerca". Santiago 5:7, 8 (Profetas y reyes, pp. 540, 541).
Estamos abatidos cuando podríamos estar esperanzados. No me atrevo a apartar el ojo de la fe de Jesús hacia las embravecidas olas, como hizo el pobre y tembloroso Pedro, para no hundirme. Veo suficiente agitación, confusión y perplejidad para distraerme y confundirme si las miro y me detengo en ellas. Digo muchas veces al día: Ayúdame, Señor, porque solo tú puedes ayudarme.
Confiaré en ti plena y enteramente. La obra es tuya, la causa es tuya. Tú no permitirás que tu verdad sea reprochada (Carta 3b, 1881, párr. 5).
Nos hallamos todavía en medio de las sombras y el torbellino de las actividades terrenales. Consideremos con sumo fervor el bienaventurado más allá. Que nuestra fe penetre a través de toda nube de tinieblas, y contemplemos a Aquel que murió por los pecados del mundo. Abrió las puertas del paraíso para todos los que le reciban y crean en él. Les da la potestad de llegar a ser hijos e hijas de Dios. Permitamos que las aflicciones que tanto nos apenan y agravian sean lecciones instructivas, que nos enseñen a avanzar hacia el blanco del premio de nuestra alta vocación en Cristo. Sintámonos alentados por el pensamiento de que el Señor vendrá pronto. Alegre nuestro corazón esta esperanza. "Aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará". Hebreos 10:37. Bienaventurados son aquellos siervos que, cuando venga su Señor, sean hallados velando (La segunda venida y el cielo, p. 152).
Juan 8:54-58
1 Corintios 1:26-29
26 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; 27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia.