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«Acuérdense de sus dirigentes que les hablaron la palabra de Dios; consideren el resultado de su vida e imiten su fe» (Heb. 13:7).
Todo padre sabe que los hijos aprenden con el ejemplo. De allí que muchos progenitores se sienten preocupados al ver que sus pequeños imitan sus malos rasgos de carácter en lugar de los buenos. Cualquiera sea nuestra edad, nos resulta más fácil obrar mal que hacer lo bueno. Eso es parte de lo que significa ser seres caídos. «Porque no hago lo que quiero sino lo que aborrezco» (Rom. 7:15). ¿Quién no se sentiría identificado con esto?
Desde que nacemos, los seres humanos somos moldeados por el poder del ejemplo. Aprendemos a hacer las cosas más básicas de la vida, como caminar, hablar y expresar nuestras emociones, imitando a quienes tenemos más cerca. Cuando ya somos adultos, seguimos necesitando modelos y, aunque no sean perfectos, podemos admirar y emular aquellos rasgos espirituales que los convirtieron en **gigantes de la fe**.
Esta semana profundizaremos en los ejemplos personales de dos gigantes de la fe que aparecen en el libro que estamos estudiando: **Caleb y Josué**. ¿Por qué se destacaron en medio de su generación y desempeñaron un papel clave en la vida del pueblo de Dios durante uno de los períodos más cruciales de la historia de Israel?
El Señor ordenó a Moisés que enviara hombres a explorar la tierra de Canaán, que él daría a los hijos de Israel… Después de haber alabado la fertilidad de la tierra, **todos excepto dos** hablaron en forma muy desalentadora acerca de su capacidad para poseerla… A medida que el pueblo escuchaba ese informe, expresaba su desilusión con amargos reproches y lamentos. No aguardaron para reflexionar y razonar que Dios, que los había traído hasta allí, les daría ciertamente la tierra…
Caleb se apresuró en adelantarse, y su voz clara y resonante se escuchó sobre el clamor de la multitud. Se opuso a la opinión cobarde de sus compañeros de exploración, que habían debilitado la fe y el ánimo de todo Israel. Llamó la atención del pueblo que acalló por un momento su lamento para escucharlo… Pero mientras hablaba, los espías desleales lo interrumpieron, gritando: “No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros”.
Esos hombres, al seguir su mala conducta, endurecieron sus corazones contra Dios, contra Moisés y Aarón y contra Caleb y Josué. Cada paso que avanzaban por esa dirección incorrecta los afirmaba en su propósito de desalentar cualquier intento de poseer la tierra de Canaán. **Distorsionaron la verdad** a fin de llevar a cabo su funesto propósito. Dijeron que el clima era insalubre y toda la gente de estatura gigante…
Este no era solamente un informe malo, sino además mentiroso. Era contradictorio; si la tierra era insalubre y devoraba a sus habitantes, ¿cómo era posible que estos tuvieran proporciones tan grandes? Cuando hombres que ocupan posiciones de responsabilidad se entregan a la incredulidad, no hay límites al avance que realizarán en la maldad… Si solo los dos hombres hubieran traído el mal informe, y los otros diez los hubieran alentado a poseer la tierra en el nombre de Jehová, ellos todavía hubiesen seguido el consejo de los dos en oposición a los diez, a causa de su perversa incredulidad.
(Conflicto y valor, 10 de abril, p. 106).El pueblo de Dios de este tiempo tiene mucha más luz de la que tenía el antiguo Israel. No solo tienen la creciente luz que ha resplandecido sobre ellos, sino la instrucción que Dios dio a Moisés para ser transmitida al pueblo. Dios marcó claramente la diferencia entre lo sagrado y lo común y manifestó que esta diferencia debía ser estrictamente observada…
El Señor ha dado a su pueblo gran luz y preciosas instrucciones. Cuánta tristeza, cuánta vergüenza, cuánta agonía espiritual se ha extendido sobre los fieles servidores de Dios que han permanecido como **Josué y Caleb**, cuando han escuchado a Israel rechazar a sus dirigentes… y elegir a un miembro del sector rebelde para que los condujera de regreso a Egipto. En medio de sus quejas los israelitas blasfemaron el nombre de Dios. El Señor había indicado que la defensa de la tierra de Canaán la había abandonado y que ese era el momento oportuno para entrar a ella.
Caleb dijo una verdad para esa época que lo es para todo tiempo. “La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena. Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel. Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis”.
(El Cristo triunfante, 25 de abril, p. 124).
Juan 8:54-58 |