Pocas metáforas bíblicas subrayan tanto la intimidad de la relación que Dios anhela tener
con la humanidad como la del matrimonio. Esta metáfora se utiliza con tanta frecuencia en la narración
bíblica, y aparece de forma tan señalada en el Apocalipsis, que es imperativo que los estudiantes de la
Biblia comprendan lo que Dios quiere decir cuando la utiliza en la Palabra.
En una ocasión en que Jesús se dirigía a los fariseos, citó el relato de Génesis acerca
del matrimonio de Adán y Eva, ante lo cual los fariseos preguntaron lo siguiente:" 'Entonces, ¿por
qué Moisés mandó dar carta de divorcio y despedirla [a la esposa repudiada por su marido]?'" (Mat.
19:7).
Moisés era considerado como un profeta fundador de la nación. Imagina lo que significaba
cuestionar al Autor de la institución matrimonial enfrentándolo con su propio profeta. Como de
costumbre, los fariseos intentaban así demostrar que las enseñanzas de Jesús contradecían las
Escrituras.
El matrimonio fiel y para toda la vida fue el ideal establecido por Dios al crear al ser
humano. Por desgracia, la humanidad caída arruinó este don fundacional de Dios.
Tal vez no sea una coincidencia que, dada la importancia que las Escrituras asignan al
matrimonio, este haya sido siempre objeto de ataques implacables. Junto con el sábado, el matrimonio es
uno de los dos dones que se nos concedieron en el Edén, y ambos pretendían demostrar el deseo de Dios de
mantener una relación íntima con sus criaturas humanas.
El matrimonio, la unión íntima de dos personas imperfectas, siempre será motivo de
tensión. A su vez, el matrimonio entre la iglesia y Cristo es la unión entre un Salvador perfecto y una
esposa muy imperfecta. Sin embargo, es posible aprender acerca del amor de Dios a partir de lo que
representa un buen matrimonio.
■ He aquí tres principios para el matrimonio.
En primer
lugar, perdona a tu cónyuge aunque no lo merezca, así como Cristo nos perdona aunque no lo
merezcamos. Segundo, acepta a tu cónyuge a pesar de sus defectos, así como Cristo nos acepta a
pesar
de los nuestros. Tercero, valora a tu cónyuge más que a ti mismo, así como Cristo nos valoró más
que
a sí mismo.
¿De qué manera podrían estos tres principios basados en el evangelio ayudarnos no solo a
entender cómo se relaciona Dios con nosotros, sino también a apoyar a cualquier matrimonio?
Los dos serán una sola carne, y si Cristo mora en el corazón, son una sola mente. El Señor [creó] al hombre, y luego a la mujer, para que se unieran en el amor y el temor de Dios como uno solo para glorificar a Dios en su mente, corazón, alma y fuerza: consultando juntos, orando juntos, escudriñando las Escrituras juntos. El Señor sabía cómo llevar adelante su obra en nuestro mundo.
El hombre debía anhelar el amor de la mujer y la mujer debía sentir que, en el plan del Señor, ella debía tener el afecto del hombre que había elegido y así traer a la vida la belleza de un afecto mutuo, íntegro y consciente (Manuscript Releases, t. 18, "Marriage a Sacred Ordinance, párr. 2, 3).
Dios mismo dio a Adán una compañera. Le proveyó de una "ayuda idónea para él", alguien que realmente le correspondía, una persona digna y apropiada para ser su compañera y que podría ser una sola cosa con él en amor y simpatía. Eva fue creada de una costilla tomada del costado de Adán; este hecho significa que ella no debía dominarle como cabeza, ni tampoco debía ser humillada y hollada bajo sus plantas como un ser inferior, sino que más bien debía estar a su lado como su igual, para ser amada y protegida por él. Siendo parte del hombre, hueso de sus huesos y carne de su carne, era ella su segundo yo; y quedaba en evidencia la unión íntima y afectuosa que debía existir en esta relación. "Porque ninguno aborreció jamás a su propia carne, antes la sustenta y regala". "Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y allegarse ha a su mujer, y serán una sola carne". Efesios 5:29; Génesis 2:24.
Dios celebró la primera boda. De manera que la institución del matrimonio tiene como su autor al Creador del universo. "Honroso es en todos el matrimonio". Hebreos 13:4. Fue una de las primeras dádivas de Dios al hombre, y es una de las dos instituciones que, después de la caída, llevó Adán consigo al salir del paraíso. Cuando se reconocen y obedecen los principios divinos en esta materia, el matrimonio es una bendición: salvaguarda la felicidad y la pureza de la raza, satisface las necesidades sociales del hombre y eleva su naturaleza física, intelectual y moral (Historia de los patriarcas y profetas, p. 46).
Con una parte del hombre Dios hizo a una mujer, a fin de que fuese ayuda idónea para él, alguien que fuese una con él, que le alegrase, le alentase y bendijese, mientras que él a su vez fuese su fuerte auxiliador. Todos los que contraen relaciones matrimoniales con un propósito santo —el esposo para obtener los afectos puros del corazón de una mujer, y ella para suavizar, mejorar y completar el carácter de su esposo— cumplen el propósito de Dios para con ellos.
Cristo no vino para destruir esa institución, sino para devolverle su santidad y elevación originales. Vino para restaurar la imagen moral de Dios en el hombre, y comenzó su obra sancionando la relación matrimonial. El que hizo la primera pareja santa y creó para ellos un paraíso, ha puesto su sello en la institución matrimonial, celebrada por primera vez en el Edén, cuando las estrellas de la mañana cantaban juntas y todos los hijos de Dios gritaban de alegría (Manuscript Releases, t. 14, párr. 32, 33; parcialmente en El hogar cristiano, p. 84).
Juan 8:54-58
1 Corintios 1:26-29
26 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois
muchos
sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos
nobles; 27 sino que lo necio del mundo escogió Dios,
para
avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió
Dios,
para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y lo
menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para
deshacer lo que
es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia.