Pablo comienza su carta a los corintios identificándose como apóstol de Jesús, llamado «por la voluntad de Dios» (1 Corintios 1:1; comparar con 2 Corintios 1:1). Su convicción acerca de quién es él en relación con Jesús es tan firme que, con pocas excepciones, así es como comienza todas sus cartas.
Lee 1 Corintios 1:1 y Romanos 1:1. ¿Qué dos elementos del ministerio de Pablo son destacados en estos textos? (Ver también Gálatas 1:1).
Pablo habla de su llamado y apostolado como el cumplimiento de la voluntad de Dios. Está convencido de que su llamado no proviene de los hombres, sino de Dios (Gálatas 1:1). Al igual que Jeremías (Jeremías 1:5), Pablo fue llamado por Dios desde el vientre de su madre como un acto de la gracia de Dios (Gálatas 1:15), y sucedió para que proclamara el evangelio de Cristo entre los gentiles.
En 1 Corintios 15:8, Pablo se incluye entre aquellos a quienes Cristo se apareció después de la resurrección (1 Corintios 15:5-7). Unos versículos más adelante, da a entender que su vocación como apóstol fue el resultado de ese encuentro con Jesús (1 Corintios 15:9-11).
El título «apóstol de Jesucristo» abarca una serie de conceptos. En primer lugar, transmite la idea de alguien enviado por Jesús. Sin embargo, Pablo también utiliza esta expresión para identificarse a sí mismo como siervo de Cristo (Romanos 1:1; Gálatas 1:10; Tito 1:1), así como predicador y maestro (1 Timoteo 2:7; 2 Timoteo 1:11). Cristo está siempre presente en su tarea como predicador y maestro. En resumen, Pablo es un apóstol de Jesús, quien es no solo el centro del apostolado de Pablo, sino de su vida. Los pensamientos y sentimientos del apóstol estaban llenos de la presencia de Jesús. Prueba de ello es que se refiere a él repetidamente en la introducción y en la sección de acción de gracias de 1 Corintios (nueve veces en nueve versículos). Pablo amaba tanto a Jesús que no podía dejar de pensar y hablar de él. Quería compartir a Jesús con aquellos que estaban bajo su cuidado para que la vida de ellos también estuviera centrada en Cristo. Mientras que él fue llamado a ser apóstol, ellos fueron llamados a ser fieles seguidores de Jesús en cualquier tarea a la que el Señor los llamara.
Pablo fue llamado a ser apóstol. ¿Cuál es tu llamado y cómo sabes que lo es? Si crees que no tienes ninguno, ¿qué podría estar fallando en tu experiencia con Dios?
Comentarios Elena G.W
La solemne comisión dada a Pablo, en ocasión de su entrevista con Ananías, descansaba con creciente peso sobre su corazón. Cuando, en respuesta a la invitación: “Hermano Saulo, recibe la vista”, Pablo miró por primera vez el rostro de este hombre devoto, Ananías, bajo la inspiración del Espíritu Santo, dijo: “El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca. Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído. Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre”. Hechos 22:13-16.
Estas palabras estaban en armonía con las de Jesús mismo, quien, cuando detuvo a Saulo en el viaje a Damasco, declaró: “Para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti, librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados”. Hechos 26:16-18.
Al meditar en estas cosas, Pablo comprendió más y más el significado de su llamamiento para ser “apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios”. Efesios 1:1. Este le había venido “no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre”. Gálatas 1:1. La grandeza de la tarea lo condujo a estudiar profundamente las Sagradas Escrituras, a fin de predicar el evangelio “no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo” (1 Corintios 1:17), “sino con demostración del Espíritu y de poder”, para que la fe de todos los que lo oyeran no estuviera fundada “en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” 1 Corintios 2:4, 5 (Recibiréis poder, 27 de septiembre, p. 281).
En la historia de aquellos que han obrado y sufrido por el nombre de Jesús, no hay ninguno que brille con un esplendor más puro y refulgente que el nombre de Pablo, el apóstol a los gentiles. El amor de Jesús, brillando en su corazón, lo hizo olvidarse de sí mismo y ser abnegado. Había visto al Cristo resucitado, y la imagen del Salvador se había impreso en su alma y brillaba en su vida. Con fe, valor y fortaleza, para no ser amedrentado por el peligro o retrasado por los obstáculos, anduvo de un país a otro difundiendo el conocimiento de la cruz (Dios nos cuida, 20 de abril, p. 119).