Bendiciones de la palabra profética
Lección 13, para el 26 de diciembre

Bendiciones de la palabra profética

LA PROFECÍA UNE AL CUERPO DE LA IGLESIA EN CRISTO

Próximamente
0:00
0:00
Audio gentileza de audioescuelasabatica.com

Lee Juan 17:20-23 y 1 Corintios 1:10-13. ¿Cuál es el mensaje central de estos dos pasajes?

Cuando Jesús se acercaba a la cruz, su corazón estaba movido por un deseo imperioso. Quería que todos sus seguidores fueran uno, como él y el Padre son uno en amor, propósito y acción. La unidad por la que Jesús oró no era una uniformidad insípida. La oración de Jesús fue una poderosa profecía que se cumplirá antes de su regreso: un rico tapiz de seres humanos de diferentes orígenes, etnias y perspectivas se uniría en él y en el Padre en virtud de la obra del Espíritu Santo. El apóstol Pablo se basó en este tema cuando suplicó a los creyentes de Corinto que fueran de un mismo sentir, comunicaran la misma verdad y no dieran lugar a las divisiones (1 Cor. 1:10). ¿Por qué es tan importante esta unidad profética?

Jesús oró «para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti. Que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste» (Juan 17:21).

Dios desea que todas las personas sean salvas, pero para ello deben creer en Jesús y que Dios lo envió para salvar al mundo. Cuando los integrantes de un grupo heterogéneo de personas proclaman a Jesús como su Señor y Salvador y se aman genuinamente, el mundo cree que Jesús fue quien dijo ser. La unidad que Jesús anhelaba es a la vez significativa y poderosa. Desgraciadamente, desde el principio han existido fuerzas que amenazaron esa unidad (ver, por ejemplo, Hech. 6:1) y han dividido al cristianismo.

La unidad por la que Jesús oró es obra del Espíritu Santo en virtud de los dones que él otorga. Efesios 4:11-15 dice que los dones del Espíritu Santo son concedidos para equipar a los creyentes y edificar el cuerpo de Cristo, «hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un estado perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo» (Efe. 4:13). El don profético, uno de los dones característicos del Espíritu, es esencial para unificar al pueblo de Dios, especialmente a medida que se acerca la segunda venida de Jesús, a fin de que crea en el Señor Jesucristo y sea salvo (Hech. 16:31).

En la actualidad, cuando la Iglesia Adventista del Séptimo Día es quizás el cuerpo religioso protestante más heterogéneo del mundo, ¿cómo podemos mostrar el tipo de unidad que ayuda a las personas a creer en Jesús? ¿Qué fuerzas amenazan esa unidad?

Escuela Sabática™ 2026 v2.0 Desarrollado por Raúl Medina & Julio Silva