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Lee Josué 9:1-20. ¿Qué semejanzas y diferencias existen entre la historia de Rahab y la de los gabaonitas? ¿Por qué son significativas esas semejanzas y diferencias?
Este capítulo de Josué comienza relatando la decisión de cinco reyes cananeos de pequeñas ciudades-estado de crear una coalición contra los israelitas. A diferencia de ellos, los habitantes de Gabaón decidieron hacer una alianza con Israel.
Con el fin de engañar a los israelitas para que concertaran un pacto con ellos, los gabaonitas recurrieron al ardid de presentarse como embajadores de un país lejano. Según Deuteronomio 20:10 al 18, Dios hizo una distinción entre los cananeos y las personas que vivían fuera de la Tierra Prometida.
La palabra traducida como “astutamente”, o “con astucia”, puede tener un sentido positivo que denota prudencia y sabiduría (Prov. 1:4; 8:5, 12) o negativo cuando designa una intención criminal (Éxo. 21:14; 1 Sam. 23:22; Sal. 83:3). En el caso de los gabaonitas, detrás de su acción engañosa se escondía una intención de autopreservación.
El discurso de los gabaonitas es sorprendentemente similar al de Rahab. Ambos reconocen el poder del Dios de Israel y que el éxito de este pueblo no es simplemente una hazaña humana. A diferencia de otros cananeos, no se rebelan contra el plan divino de conceder la tierra a los israelitas y admiten que el Señor mismo está expulsando a estas naciones ante Israel. Las noticias de la liberación de Egipto y las victorias sobre Sehón y Og impulsan tanto a Rahab como a los gabaonitas a procurar un pacto o alianza con los israelitas. Sin embargo, en lugar de reconocer plenamente su disposición a someterse al Dios de Israel, como lo hizo Rahab, los gabaonitas recurren a un subterfugio.
La ley de Moisés establecía disposiciones para conocer la voluntad de Dios en casos como este (Núm. 27:16-21). Josué debería haber preguntado al Señor cuál era su voluntad y haber evitado así el engaño de los gabaonitas.
El deber fundamental de un líder teocrático, y de cualquier líder cristiano, es hacer la voluntad de Dios (1 Crón. 28:9; 2 Crón. 15:2; 18:4; 20:4). Al descuidarla, los israelitas se vieron obligados a violar las condiciones fundamentales de la conquista de la tierra o a romper un juramento hecho en nombre del Señor, lo cual lo convertía en obligatorio.
¿Cuántas veces te has encontrado luchando entre lo que parecen ser dos valores bíblicos opuestos?
El Engaño de los Gabaonitas y la Fidelidad de Josué
El Pacto Forzado por el Engaño
De Siquem los israelitas volvieron a su campamento de Gilgal. Allí los visitó poco después una **embajada extraña**, que deseaba pactar un tratado con ellos. Los embajadores manifestaron que venían de tierras lejanas, cosa que parecía confirmar su apariencia. Llevaban ropas viejas y raídas; sus sandalias estaban recosidas; sus provisiones de boca estaban mohosas, y sus odres, rasgados y remendados, como si se los hubiera reparado apresuradamente durante el viaje…
Estas explicaciones prevalecieron… “Y Josué hizo paz con ellos, y concertó con ellos que les dejaría la vida: también los príncipes de la congregación les juraron”. Así se concertó la alianza…
Consecuencias del Engaño
Pero les hubiera salido mejor a los gabaonitas si hubieran tratado honradamente con Israel. Aunque su sumisión a Jehová les permitió **conservar la vida**, su engaño solo les reportó **deshonra y servidumbre**. Dios había estatuido que todos los que renunciaran al paganismo, y se unieran con los israelitas, habían de participar de las bendiciones del pacto. Quedaban incluidos en la expresión “el extranjero que peregrina entre vosotros”, y con pocas excepciones esta clase había de gozar iguales favores y privilegios que Israel. El mandamiento de Dios fue: “Y cuando el extranjero morare contigo en vuestra tierra, no le oprimiréis. Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que peregrinare entre vosotros; y ámalo como a ti mismo” (Levítico 19:33, 34)…
Tales eran las condiciones en las cuales los gabaonitas podrían haber sido recibidos de no haber mediado el engaño al cual habían recurrido. Ser hechos **leñadores y aguadores** por todas las generaciones no era poca humillación para aquellos ciudadanos de una ciudad real, donde todos los hombres eran “fuertes”. Pero habían adoptado el manto de la pobreza con fines de engaño, y les quedó como **insignia de servidumbre perpetua**. A través de todas las generaciones, esta servidumbre iba a atestiguar el **aborrecimiento en que Dios tiene la mentira**.
(Conflicto y valor, 26 de abril, p. 122).El Deber de la Protección
La sumisión de Gabaón a los israelitas desalentó a los reyes de Canaán. Tomaron inmediatamente medidas para vengarse de los que habían hecho la paz con los invasores. Bajo la dirección de Adonisedec, rey de Jerusalén, **cinco de los reyes cananeos se confederaron contra Gabaón**. Sus movimientos fueron rápidos. Los gabaonitas no estaban preparados para defenderse y enviaron un mensaje a Josué que estaba en Gilgal:
“No encojas tus manos de tus siervos; sube prestamente a nosotros para guardarnos y ayudarnos: porque todos los reyes de los Amorreos que habitan en las montañas, se han juntado contra nosotros”.
El peligro no solo amenazaba al pueblo de Gabaón, sino también a Israel. La ciudad dominaba los pasos que daban acceso al centro y al sur de Palestina, y había que conservarla si se quería conquistar el país.
Josué se preparó en seguida para acudir en auxilio de Gabaón. Los habitantes de la ciudad sitiada habían temido que a causa del fraude que habían cometido, Josué rechazara su pedido de ayuda. Pero en vista de que **se habían sometido al dominio de Israel, y habían aceptado adorar a Dios, Josué se sintió obligado a protegerlos**. No obró esta vez sin consultar a Dios, y el Señor le alentó en la empresa.
“No tengas temor de ellos —fue el mensaje divino:— porque yo los he entregado en tu mano, y ninguno de ellos parará delante de ti”.
Así que “subió Josué de Gilgal, él y todo el pueblo de guerra con él, y todos los hombres valientes”.
(Historia de los patriarcas y profetas, p. 542).
Juan 8:54-58
1 Corintios 1:26-29
26 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; 27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia.