El ministerio cristiano auténtico
Lección 10, para el 4 de septiembre

El ministerio cristiano auténtico

Pablo defiende la autenticidad de su ministerio apostólico frente a los falsos apóstoles. El verdadero ministerio se caracteriza por el sufrimiento por Cristo y la transparencia.

Consuelo y alegría

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Lee 2 Corintios 7. ¿Cuáles fueron los sentimientos de Pablo al enterarse de que los corintios se habían arrepentido?

¡Cuánto amor fluye de las palabras «están en nuestro corazón» (2 Corintios 7:3; ver también 2 Corintios 6:11)! En su profundo deseo de que su amor fuera correspondido, Pablo también dice: «Hágannos lugar en su corazón» (2 Corintios 7:2). Aunque la expresión «en su corazón» no aparece en el texto en griego, numerosas versiones de la Biblia en español la añaden, lo cual es correcto porque el contexto lo respalda.

De hecho, los corintios abrieron sus corazones a Pablo y a sus compañeros de trabajo. Por eso el versículo 4 es un estallido de alegría. Las palabras de Pablo expresan cuán positivos eran sus sentimientos en ese momento: «Mucha confianza les tengo, mucha gloria de ustedes. Estoy lleno de consuelo, abundo en gozo en todas nuestras tribulaciones» (2 Corintios 7:4). Pablo está lleno de consuelo y alegría. ¡Cuánto consuelo y alegría pueden traer nuestras iglesias a los corazones de sus ministros al comprometerse fielmente con Cristo!

En 2 Corintios 7:5-16, Pablo expone más detalladamente el motivo de su consuelo y alegría. Estos dos conceptos dominan el pasaje. El verbo parámale («consolar») o el sustantivo paralasis («consuelo») aparecen juntos siete veces en 2 Corintios 7. Esta sección de la Carta termina como comenzó; es decir, con mucho consuelo de parte de Dios (2 Corintios 1:3-7). El consuelo de Pablo en 2 Corintios 7 proviene del alivio que experimentó porque su severa carta produjo el efecto que él pretendía.

Aunque este alivio es el resultado del informe positivo de Tito, Dios es, en última instancia, el agente del consuelo que Pablo experimentó (2 Corintios 7:6). Dios es, en efecto, el «Dios de todo consuelo. Él nos consuela en toda tribulación» (2 Corintios 1:3-4).

Curiosamente, aunque Pablo está «lleno de consuelo», dice que abunda en gozo (2 Corintios 7:4, 7, 13). Aunque su dolorosa carta había causado mucha tristeza, era una tristeza acorde con la voluntad de Dios, con la intención de que se produjera el arrepentimiento (vers. 9-11). Los corintios experimentaron profunda tristeza (vers. 11), pero esta fue un dolor que produjo «un arrepentimiento saludable» para salvación (vers. 10). ¿Qué podría traer más alegría al corazón de un auténtico ministro de Dios?

¿Has experimentado alguna vez una tristeza como esa? ¿Cómo supiste que ese dolor estaba en armonía con la voluntad de Dios y tenía el propósito divino de conducirte al arrepentimiento?

Comentarios Elena G.W

Anoche [1 de diciembre] pasé por una gran experiencia. Me pareció estar en una reunión en la que había numerosas personas; muchos eran creyentes y algunos, incrédulos. En cierto momento los presentes se dividieron en varios grupos pequeños. Yo sentía una carga especial y había dirigido mis comentarios a unos pocos que estaban siendo tentados por el enemigo. Albergaban ideas que no eran correctas, y que los conducirían a negar la verdad. El tiempo en el cual vivimos es un período de gran tentación, en el cual existe el peligro de dar oído a sugerencias y sentimientos erróneos procedentes de espíritus seductores, de vincularnos con ángeles malos, y de presentar tales ideas como la verdad presente. Se manifestaba un profundo interés en el escudriñamiento de las Escrituras.

Sentí una necesidad especial de orar; el peligro en que se hallaban estas almas representaba un peso demasiado grande para mí. Derramé la carga de mi alma delante del Señor, intercediendo fervientemente para que Dios quebrantara el poder del enemigo y nos liberara, a fin de que las mentes de los amados que estaban siendo tentados fueran libradas y la verdad preciosa brillara en medio de las tinieblas morales. Presenté mi ruego al Señor para que viniera en ayuda de su pueblo y magnificara la verdad, a fin de que los desaprensivos no fueran engañados durante este período de gran peligro. Presenté delante del Señor nuestra gran necesidad: que fuera otorgada a su pueblo una ayuda especial, en armonía con la estabilidad de sus atributos [de Dios], para que obrara en nuestro favor y contestara nuestras oraciones para gloria de su propio nombre.

Me sentía como que me elevaba cada vez a mayores alturas. Intercedí ante Dios para que accediera a nuestras fervientes súplicas y permitiera que su verdad para este tiempo apareciera en toda su dignidad, su belleza y su gracia salvadora; que así como a menudo había dado a conocer su amor y su poder especiales, y había hecho que la verdad apareciera en toda su fuerza y autoridad, hiciera conocer otra vez su verdad clara y sagrada, sin mezcla de paja… Seguí intercediendo, y sentí que el Señor se había comprometido consigo mismo. Se produjo la victoria y desperté pregonando audiblemente, con gozo, que el Señor nos había manifestado su gracia, su verdad y su salvación. Por lo que comentaron los miembros de mi familia supe que mi oración había sido pronunciada en voz alta mientras dormía.

La preciosa bondad y el amor de Dios para conmigo me dieron consuelo, fortaleza y gozo. Sentí que se renovaban en mí la esperanza y el ánimo porque llegaría la liberación para las almas. La Palabra de Dios permanecerá eternamente y para siempre (Alza tus ojos, 2 de diciembre, p. 348).

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