El ministerio cristiano auténtico
Lección 10, para el 4 de septiembre

El ministerio cristiano auténtico

Pablo defiende la autenticidad de su ministerio apostólico frente a los falsos apóstoles. El verdadero ministerio se caracteriza por el sufrimiento por Cristo y la transparencia.

El ministerio cristiano auténtico

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Versículo clave
«Estamos atribulados en todo, pero no angustiados; en apuros, pero no desesperados; perseguidos, pero no desamparados; abatidos, pero no destruidos. Llevamos siempre en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo»
2 Corintios 4:8-10

Lee para el estudio de esta semana

2 Corintios 3:1-9; 4:7-18; 5:11-15; Colosenses 1:19-23; Efesios 2:13-16; 2 Corintios 6:11-7.

Para memorizar
«Estamos atribulados en todo, pero no angustiados; en apuros, pero no desesperados; perseguidos, pero no desamparados; abatidos, pero no destruidos. Llevamos siempre en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo» (2 Corintios 4:8-10).

La semana pasada vimos que, al afirmar la pureza de sus motivaciones y su sinceridad, Pablo se defendió de las acusaciones de inconstancia y falta de amor para con los corintios. Siempre trabajó por el bien de sus hijos espirituales.

En 2 Corintios 2:12-17, el apóstol comenzó una línea de pensamiento que llega hasta 2 Corintios 7 y en la que reflexiona acerca de las características de un ministerio cristiano auténtico. Podemos extraer muchas lecciones de los pensamientos de Pablo al respecto.

Esta semana estudiaremos 2 Corintios 3-7, donde Pablo habla de su ministerio como ganador de almas para Cristo. Elena G. de White dice: «La conversión de los pecadores y su santificación por la verdad es la prueba más poderosa que un ministro puede tener de que Dios lo ha llamado al ministerio. La evidencia de su apostolado está escrita en los corazones de sus conversos y testificada por sus vidas renovadas. Cristo se forma en ellos como la esperanza de gloria. Un ministro es fortalecido grandemente por estas pruebas de su ministerio» (Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles, p. 244).

Comentarios Elena G.W

Ministerio significa servicio, y a este ministerio somos llamados. Deshonra a Dios el que alguno escoja una vida de satisfacción propia. Mis hermanos y hermanas, ¿comprenden ustedes que cada año miles de almas están pereciendo, muriendo en sus pecados porque la luz de la verdad no alumbró su senda?…

Hay una gran obra que hacer en nuestro mundo. Los hombres y las mujeres han de ser convertidos, no por el don de lenguas ni por la operación de milagros, sino por la predicación de Cristo crucificado. ¿Por qué demorar el esfuerzo por mejorar el mundo? ¿Por qué esperar que se haga algo maravilloso, que se provea alguna estructura costosa? Por humilde que sea su esfera, por modesto que sea su trabajo, si usted trabaja en armonía con las enseñanzas del Salvador, él se revelará por intermedio de usted, y su influencia atraerá las almas a él. Él honrará a los mansos y humildes, los que sinceramente buscan servirle. En todo lo que hacemos, sea en el taller, en la chacra o en la oficina, hemos de esforzarnos por ganar almas.

Hemos de sembrar junto a todas las aguas, manteniendo nuestra alma en el amor de Dios, y trabajando mientras es de día, usando los medios confiados a nosotros en el servicio al Maestro. No importa qué encuentren nuestras manos para hacer, trabajando mientras es de día, hemos de hacerlo con alegría; cualquier sacrificio que seamos llamados a hacer, hemos de hacerlo alegremente. Al sembrar junto a todas las aguas, descubriremos la verdad de las palabras: “El que siembra generosamente, generosamente también segará”.

Debemos todo a la gracia, a la gracia soberana. La gracia decretó nuestra redención, nuestra regeneración y nuestra adopción para ser herederos con Cristo Jesús. Revelemos esta gracia a otros.

El Salvador toma a los que encuentra que serán moldeados y los usa para la gloria de su propio nombre. Usa materiales que otros dejarían de lado, y trabaja en todos los que han de entregarse a él. Se goza en tomar material aparentemente inservible, aquellos que Satanás ha degradado y por medio de los cuales ha trabajado, y los somete a su gracia. Se goza en librarlos del sufrimiento, y de la ira que está a punto de caer sobre los desobedientes. Hace de sus hijos agentes para realizar esta obra, y en su éxito, aun en esta vida, encuentran una preciosa recompensa.

Pero ¿qué es esto comparado con el gozo que tendrán en el gran día de la revelación final? (Reflejemos a Jesús, 30 de agosto, p. 248).

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