Cómo lidiar con falsos maestros
Lección 12, para el 18 de septiembre

Cómo lidiar con falsos maestros

Los falsos maestros amenazaban la pureza del evangelio en Corinto. Pablo advierte contra aquellos que predican a otro Jesús y defiende la verdad del evangelio que él proclamó.

Llamado a los impenitentes

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En 2 Corintios 12:14 a 13:10, Pablo informa a la iglesia acerca de su tercera visita (2 Corintios 12:14; 13:1). Él había demostrado que no era inferior a ninguno de los falsos apóstoles y ahora se sentía seguro para ir una vez más a Corinto e intentar restaurar a los miembros impenitentes. De hecho, este era uno de los principales propósitos de su visita. Todo lo que Pablo hacía y decía tenía como objetivo la edificación de la iglesia (2 Corintios 12:19).

Lee 2 Corintios 12:20-21. ¿Qué pecados estaban poniendo en peligro la condición espiritual de la iglesia de Corinto?

La lista de pecados que aparece en 2 Corintios 12:20-21 es similar a las que se encuentran en otras Cartas de Pablo (Romanos 1:29-31; Gálatas 5:19-21). Los dos primeros de esos pecados aparecen en 1 Corintios 3:3, donde Pablo se refiere a los celos y las disputas entre los miembros de la iglesia de Corinto. Pablo temía que la situación no hubiera cambiado mucho para cuando les hiciera su tercera visita. Dice: «Temo que cuando llegue no los halle como quisiera». Agrega además: «Y que yo sea hallado por ustedes tal como no quieren» (2 Corintios 12:20). Esto significa que, en lugar de tratar con ellos con «la mansedumbre y la bondad de Cristo» (2 Corintios 10:1), ahora estaría «presto a castigar toda desobediencia» (2 Corintios 10:6).

Su principal preocupación era que los involucrados en «inmundicia, fornicación y lascivia» no se hubieran arrepentido (2 Corintios 12:21). Son pecados como estos los que causan divisiones en la iglesia.

A continuación, Pablo se centra en el papel de la disciplina eclesiástica para restaurar a quienes están en pecado (2 Corintios 13:1-4). La debilidad no es una excusa para llevar una vida pecaminosa. Hay poder disponible para quienes quieren vivir una vida victoriosa (2 Corintios 13:4). El hecho de que algunos en Corinto practicaran pecados sexuales es evidencia de que el poder de Dios no era una realidad en sus vidas. Pablo quería que se arrepintieran y experimentaran el poder que lleva a la obediencia. Disciplinarlos era lo último que quería. Él dice: «Pedimos a Dios que no hagan nada malo [...], sino [...] lo bueno. [...] Oramos a Dios para que los restaure plenamente» (2 Corintios 13:7-9, NVI). ¡Qué hermosa oración! Les pide que se examinen a sí mismos para ver si están en la fe.

Lee 2 Corintios 13:5. ¿Qué significa estar en la fe? ¿Cómo puedes saber que esa es tu experiencia?

Comentarios Elena G.W

Muchos de los que aman la complacencia propia y murmuran contra el recto testimonio contenido en el mensaje a Laodicea, ignoran cuán pecaminosas son realmente sus acciones; pero en ocasión del juicio se avergonzarán de su ingratitud y su rebelión contra Aquel que tanta paciencia tuvo con ellos, y no los separó de su pueblo por causa de sus pecados. No habrá entonces confesión ni llanto que valga para los que hayan mansillado su registro. Muchos que en la actualidad pretenden ser discípulos de Cristo se contarán entre los que no se arrepintieron, sino que engañaron sus almas para su ruina eterna. El evadir la verdad no le dará valor a ninguna alma en el día del juicio para que abra sus labios en defensa propia…

Dios ha enviado mensajes de su Palabra a las almas que viven descuidadamente, y que no se avergüenzan de su conducta errónea. Oí pronunciar estas palabras: “¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel: Mi camino está escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio? ¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance”. Isaías 40:27, 28. Si las almas descuidadas y complacientes buscaran al Señor y confesaran sus pecados, comprenderían que mediante sus vidas inconversas han desviado a otras, y entonces se arrepentirían y se convertirían…

Dios está llamando constantemente al corazón humano, induciéndolo a reconocer su amor y su misericordia, y a aceptar su justicia en lugar de los principios del mal. De ese modo le ha suplicado a la humanidad en todas las épocas. En los días de Noé Cristo habló a los hombres por medio de un instrumento humano, y predicó a los que se hallaban en la esclavitud del pecado. Se presentó a Israel envuelto en una columna de nube de día y en una columna de fuego de noche…

Hay quienes no valoran suficientemente estas cosas. La instrucción dada a Israel debiera ser comprendida hoy por toda alma viviente. El hombre puede pretender ser muy inteligente, pero se necesita más que inteligencia humana para captar las revelaciones del evangelio (Cada día con Dios, 26 de septiembre, p. 276).

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