Nuestro estudio de la Biblia debe centrarse en dos propósitos principales: el crecimiento espiritual personal y la conducción de otros a una relación salvadora con Jesús. Cristo definió al verdadero cristiano como alguien guiado por el Espíritu Santo «a toda la verdad» (Juan 16:13), que vive «de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mat. 4:4) y que enseña a otros «todo» lo que él nos ordenó hacer (Mat. 28:20).
Lee Lucas 4:16-30 y 24:25-27, 44-49. ¿Qué podemos aprender de la forma en que Cristo explicó las Escrituras?
Jesucristo fue, sigue siendo y siempre será «el camino, la verdad y la vida» (Juan 14:6). Aun así, su predicación estaba firmemente anclada en las Escrituras.
Por ejemplo, Marcos 1:14-15 dice: «Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios. Decía: “El tiempo se ha cumplido, el reino de Dios está cerca”». El tiempo mencionado se refería claramente a Daniel 9:24-27. En el Sermón del Monte (Mat. 5-7), citó Éxodo 20:13 y 14 (Mat. 5:21, 27). En Lucas 4, citó Isaías 61:1-2. Jesús era un predicador totalmente bíblico.
En otro ejemplo, Hechos 8 dice que el eunuco etíope «había ido a adorar a Jerusalén» (Hech. 8:27), lo que significa que estaba familiarizado con la religión judía y con algunas de sus ceremonias. Incluso poseía una copia del libro de Isaías, que leía con avidez durante su viaje. Sin embargo, no podía entender la profecía del Siervo portador del pecado, por lo que procuró que alguien se la explicara.
Esta experiencia nos enseña algunas lecciones importantes. En primer lugar, la simple lectura de un pasaje de las Escrituras no siempre conduce a una comprensión más profunda de él. En segundo lugar, al estudiar las Escrituras podemos y debemos aprender unos de otros. En tercer lugar, tenemos la obligación personal de compartir mensajes bíblicos sólidos con otros.
La exposición de Felipe del libro de Isaías y otros pasajes del Antiguo Testamento condujo al eunuco al bautismo (Hech. 8:35-39; comparar con Sal. 51:12). Nuestras exposiciones acerca de las Escrituras deben tener el mismo propósito (ver Juan 17:17).
Aunque necesitemos a veces ayuda para comprender algunos textos bíblicos, ¿por qué debemos estar siempre convencidos de lo que creemos?