Aunque los seres humanos a menudo nos contradecimos y somos engañosos, Dios no miente (ver Núm. 23:19). Los mensajes que él comunica por medio de los profetas revelan esa coherencia. La veracidad inmutable de Dios se observa también en los mensajes proféticos que él envía.
Lee Isaías 8:20. ¿Qué punto crucial se señala allí?
La Biblia es la norma definitiva para evaluar cualquier afirmación de inspiración. Los profetas deben ser evaluados comparando lo que dicen con lo que dice la Biblia. Un verdadero profeta nunca contradirá, minimizará ni desviará la atención de las personas de la verdad bíblica. Por eso es tan importante el conocimiento de las Escrituras para quienes desean seguir al Señor y no ser engañados por maestros o profetas falsos.
En el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, los profetas a menudo destacaban los escritos proféticos anteriores y se remitían a ellos como norma para su propio ministerio profético. Los profetas bíblicos posteriores revelaron ideas adicionales acerca de los planes de Dios y el camino de la salvación, pero nunca contradijeron los principios y los conceptos básicos revelados previamente por el Señor.
¿Qué nos enseñan 2 Pedro 1:19-21; Romanos 15:4; y Santiago 1:17 acerca de Dios y de los mensajes proféticos que comunicó a lo largo de los siglos?
La base del Antiguo Testamento para comprender el plan de salvación se encuentra en la primera profecía que Dios mismo presentó en Génesis 3:15. El sistema de sacrificios ilustraba este plan, pero los detalles de cómo el Cordero de Dios, Jesucristo, vendría, viviría y moriría por la humanidad fueron expuestos paso a paso en profecías posteriores. El registro bíblico muestra que Dios revela la verdad cuando su pueblo es capaz de comprenderla. Esto permite que la comprensión de la verdad se profundice con cada nueva generación. Esto es lo que se denomina «verdad progresiva». Es decir, una generación posterior tendrá a menudo una comprensión más profunda de la verdad de Dios que una anterior.
Sin embargo, hay un punto crucial que no es posible enfatizar demasiado: las nuevas revelaciones de la verdad nunca contradirán las revelaciones previas.