Poniendo a prueba a los profetas
Lección 9, para el 28 de noviembre

Poniendo a prueba a los profetas

FRUTOS POSITIVOS

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Jesús esbozó los fundamentos de la iglesia cristiana en el Sermón del Monte (Mat. 5-7). El ministerio profético parece formar parte de ese fundamento, pues Jesús advirtió en el mismo discurso contra los falsos profetas: «Por sus frutos los conocerán» (Mat. 7:20).

La calidad de un fruto solo puede ser juzgada después de un cierto tiempo. Al observar el carácter de un profeta y ver los resultados de sus mensajes, podemos saber si esa persona está acercando a otros a Dios o alejándolos de él.

Lee Jonás 1:1-3; Hechos 15:36-39; y Gálatas 2:11-14. ¿Qué nos enseñan estos versículos acerca de los profetas?

Los profetas genuinos no están libres de pecado ni son infalibles. Jonás, Pablo y Pedro cometieron errores y tuvieron defectos de carácter. Solo Dios es perfecto. Los profetas, al igual que nosotros, tienen debilidades, pero la tendencia de su vida debe estar claramente en armonía con la voluntad de Dios y no deben invalidar su ministerio con un estilo de vida contrario al mensaje que comparten.

Ningún profeta está a la altura de Jesús como nuestro modelo perfecto, pero un verdadero mensajero del Señor está comprometido con los principios y el estilo de vida del reino de Dios (Mat. 7:16-20). Debería desconfiarse de quien afirme ser mensajero de Dios pero contradiga con su estilo de vida el mensaje que proclama.

Aunque el llamado profético es muy desafiante, muchos profetas mostraron «buenos frutos» durante su ministerio.

Por ejemplo, Moisés condujo con éxito a los hijos de Israel a través del desierto (Deut. 34:10-12). La fidelidad de Hageo animó a los habitantes de Judá a comenzar la reconstrucción del segundo templo, que había estado paralizada durante 19 años (Hag. 1:12). El ministerio inquebrantable de Isaías sirvió a cuatro reyes de Judá, guiándolos durante un período tumultuoso y señalándoles al Mesías (Isa. 39:5-6; 53:4-6). No podemos olvidar la sincera confesión de Daniel (Dan. 9:15) ni el compromiso de Jeremías marcado por el llanto (Jer. 9:1). Aunque eran a menudo perseguidos y maltratados, los profetas de Dios siempre mostraban un amor genuino por él y su pueblo, lo cual es el sello distintivo de un ministerio fructífero.

¿Cuántas veces te han decepcionado hombres o mujeres de Dios por sus acciones o defectos de carácter? ¿Qué lección importante puedes aprender de esa experiencia?

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