PARA MEMORIZAR:
"Al día siguiente Juan vio a Jesús que venía hacia él, y dijo: '¡Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!'" (Juan 1:29).
 

Lección 6: Para el 10 de mayo de 2025

ENTENDIENDO EL SACRIFICIO





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Domingo 4 de mayo | Lección 6

¿SACRIFICIOS INÚTILES?

Contrastar dos ideas puede resultar muy instructivo. Por ejemplo, se puede aprender mucho acerca de la perspectiva bíblica del sacrificio a la luz del rechazo que Dios hizo de los sacrificios que su pueblo le ofrecía.

Compara Isaías 1:2 al 15    CB    con Isaías 56:6    CB    y 7, y Salmo 51:17.    CB    ¿Qué lecciones importantes enseñan estos textos acerca del sacrificio?

Este trágico episodio de la historia de Israel no fue la primera ocasión en que Dios rechazó un sacrificio. Algo similar ocurrió cerca del comienzo de la historia de la salvación, cuando el sacrificio de Abel fue aprobado y aceptado por Dios a diferencia del de Caín. Ese temprano episodio representa otra oportunidad de observar el contraste existente entre los sacrificios aceptables y los inaceptables (ver Gén. 4:3-7;    CB    Heb. 11:4).    CB   

En la época de Isaías, Israel cumplía con sus obligaciones y tildaba mentalmente las casillas de los deberes religiosos en un facilista y vano intento de apaciguar a Dios mientras que vivía a su antojo. Sus sacrificios estaban, como los de Caín, anclados en el yo, no en una actitud de entrega y sumisión a Dios.

Ese es el mismo espíritu de autosuficiencia que anima a los reinos de este mundo. Caín vivía a su antojo mientras ofrecía a Dios un ritual de formas realizado en sus propios términos. Es de suponer que consideraba a Dios como un inconveniente, un obstáculo para seguir su propio camino, pero lo temía lo suficiente como para cumplir con sus obligaciones.

Por el contrario, Abel ofreció un cordero, el sacrificio que Dios había pedido, el que representaba la promesa que Dios había hecho de un Mesías venidero (Gén. 3:15) y señalaba hacia el acto salvador de Cristo en el Calvario.

"Abel se aferró a los grandes principios de la Redención. Se veía pecador, y vio que el pecado y su pena de muerte se interponían entre su alma y la comunión con Dios. Trajo la víctima inmolada, la vida sacrificada, y así reconoció las demandas de la ley que había sido transgredida. En la sangre derramada contempló el sacrificio futuro, a Cristo muriendo en la cruz del Calvario; y al confiar en la expiación que iba a realizarse allí, obtuvo testimonio de que era justo, y de que su ofrenda era aceptada" (Elena de White, Patriarcas y profetas, pp. 59, 60).

■ ¡Cuán crucial es que evitemos simplemente "cumplir con las formalidades"! ¿Cómo podemos experimentar lo que significa depender totalmente de la muerte de Jesús como nuestra única esperanza de salvación?


Reavivados por su Palabra: Hoy, 2 Corintios 2.    CB   


Comentarios Elena G.W

El Señor no ignoraba los sentimientos de resentimiento abrigados por Caín; pero quería que Caín reflexionara sobre su conducta y, convencido de su pecado, se arrepintiera y pusiera los pies en el camino de la obediencia. No había ninguna causa para sus sentimientos de ira hacia su hermano o hacia su Dios; fue su propio desprecio de la voluntad de Dios, claramente expresada, lo que había llevado al rechazo de su ofrenda. A través de su ángel mensajero, Dios dijo a este hombre rebelde y obstinado: "Si haces bien, ¿no serás aceptado? y si no haces bien, el pecado está a la puerta". "Si haces bien", no te sales con la tuya, sino que obedece los mandamientos de Dios, te acercas a él con la sangre de la víctima inmolada, mostrando así tu fe en el Redentor prometido, que, en la plenitud de los tiempos, haría expiación por el hombre culpable, para que no perezca, sino que tenga vida eterna...

Así, el asunto quedó claramente expuesto ante Caín; pero su combatividad se despertó porque se cuestionó su proceder, y no se le permitió seguir sus propias ideas independientes. Estaba enojado con Dios y enojado con su hermano. Estaba enojado con Dios porque no aceptaba los planos del hombre pecador en lugar de los requisitos divinos, y estaba enojado con su hermano por no estar de acuerdo con él (The Signs of the Times, 16 de diciembre de 1886, "Cain and Abel Tested", párr. 8, 10).

Se puede aprender una lección importante de la historia de las ofrendas de Caín y Abel. Las demandas de la justicia infinita y las exigencias de la ley de Dios solo pueden satisfacerse mediante el sacrificio expiatorio de Cristo. La ofrenda más costosa que el hombre puede traer a Dios, el fruto de su trabajo, sus adquisiciones físicas e intelectuales, ya pertenecen a su Creador. El hombre no tiene nada que no haya recibido. Ni la riqueza material ni la grandeza intelectual expiarán el pecado del alma. Caín despreció la idea de que fuera necesario acercarse a Dios con una ofrenda de sangre. En el mismo espíritu muchos en nuestros días se niegan a creer que la sangre de Cristo fue derramada como sacrificio por los pecados de los hombres. Aunque Caín decidió desobedecer el mandato de Dios, llevó su ofrenda con gran confianza. La considerada como el fruto de su propio trabajo y, por lo tanto, como algo que le pertenece; y al presentarla a Dios sintió que estaba obligando a su Creador a respetarlo a él. La gran pregunta debería ser: ¿Qué puedo hacer para obtener la aprobación de Dios? y no: ¿Cómo puedo complacerme mejor a mí mismo?

Abel confiaba plenamente en los méritos del sacrificio expiatorio de Cristo. Fue esta fe la que lo conectó con Dios. La promesa de un Redentor era tenuemente comprendida; pero las ofrendas del sacrificio arrojaron luz sobre la promesa. Caín tuvo la misma oportunidad de aprender y aceptar estas verdades que Abel. Dios no aceptó a uno y rechazó al otro sin razón suficiente. Abel creyó y obedeció; Caín dudó y se rebeló. Dios no hace acepción de personas, pero recompensará a los obedientes y castigará a los desobedientes (The Signs of the Times, 6 de febrero de 1879, "El gran conflicto entre Cristo y sus ángeles y Satanás y sus ángeles: Capítulo 5—Caín y Abel", párr. 5, 6).


Juan 8:54-58   

1 Corintios 1:26-29   

26 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; 27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia.


Éxodo 33:15-22

 
  15 Entonces le dijo: Si tu presencia no ha de ir con nosotros, no nos saques de aquí. 16 ¿En qué, pues, se conocerá que
  yo y tu pueblo he hallado gracia ante tus ojos? ¿No será en que tú vayas con nosotros, para que yo y tu pueblo seamos
  distinguidos de todos los demás pueblos que están sobre la faz de la tierra? 17 El Señor le respondió a Moisés: También
  haré esto que has dicho, porque has hallado gracia ante mis ojos, y te he conocido por tu nombre. 18 Entonces Moisés le
  respondió: Te ruego que me muestres tu gloria. 19 Y él respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y
  proclamaré el nombre del Señor delante de ti; tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré compasivo con el
  que seré compasivo. 20 Pero El le respondió: No puedes ver mi rostro, porque nadie puede verme y seguir con vida. 21
  Entonces el Señor dijo: "He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás allí sobre la peña. 22 Cuando pase mi gloria, yo te
  pondré en una hendidura de la peña y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado.
  

Oseas 14:1-4

1 Vuelve, oh Israel, al Señor tu Dios, porque has tropezado a causa de tu iniquidad. 2 Llevad con vosotros palabras y volveos al Señor, y decidle: Quita toda iniquidad, y recíbenos con misericordia, y ofreceremos el fruto de nuestros labios. 3 Asiria no nos salvará, ni montaremos a caballo, ni volveremos a decir: "Dios nuestro" a la obra de nuestras manos, porque en ti el huérfano hallará misericordia. 4 Yo sanaré su apostasía, los amaré generosamente, porque mi ira se ha apartado de ellos.

Apocalipsis 4:11

11 Señor y Dios nuestro, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.

Juan 17:24

24 Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.

Mateo 22:1-14

1 Jesús les habló otra vez en parábolas, diciendo: 2 «El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo un banquete de bodas para su hijo. 3 Y envió a sus siervos a llamar a los que habían sido invitados a la boda, pero ellos no quisieron venir. 4 Volvió a enviar a otros siervos, diciendo: "Decid a los invitados: 'Mirad, ya he preparado mi comida; mis toros y animales engordados están todos muertos y todo está listo; venid a la boda'". 5 Pero ellos no hicieron caso y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio, 6 y los demás agarraron a los siervos, los maltrataron y los mataron. 7 Pero el rey se enfureció, y envió a sus ejércitos y destruyó a aquellos asesinos e incendió su ciudad. 8 Luego dijo a sus siervos: "La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. 9 Id, pues, a los caminos principales, y a cuantos encontréis por allí, llamadlos a la boda". 10 Los siervos salieron a las calles y reunieron a todos los que encontraron, tanto malos como buenos; y la sala de bodas se llenó de invitados a la cena. 11 Pero cuando el rey entró para ver a los invitados a la cena, vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda, 12 y le dijo: "Amigo, ¿cómo entraste aquí sin vestido de boda?". Y el hombre se quedó sin habla. 13 Entonces el rey dijo a los sirvientes: "Atadle las manos y los pies, y echadle a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes". 14 Porque muchos son llamados, pero pocos escogidos.

Juan 10:17-18

17 Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. 18 Nadie me la quita, sino que yo la pongo por mi propia voluntad. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.

Oseas 14:4    CB   

4 Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia; porque mi ira se apartó de ellos.

Juan 7:30    CB   

30 Entonces procuraban prenderle; pero ninguno le echó mano, porque aún no había llegado su hora.

Juan 8:20    CB   

20 Estas palabras habló Jesús en el lugar de las ofrendas, enseñando en el templo; y nadie le prendió, porque aún no había llegado su hora.

Juan 12:27    CB   

27 Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora.

Juan 1:1-18    CB   

1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Este era en el principio con Dios. 3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. 4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. 5 La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. 6 Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. 7 Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. 8 No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz. 9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. 10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. 11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. 14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. 15 Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo. 16 Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia. 17 Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. 18 A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.

Juan 6:35    CB   

35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.

Juan 6:41

41 Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo.

Juan 6:48

48 Yo soy el pan de vida.

Juan 6:51

51 Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.