El libro de Apocalipsis se refiere a Jesús como "el Cordero" casi treinta veces. El pueblo de Dios ha utilizado corderos como símbolos del Mesías venidero desde el inicio mismo del Plan de Redención. Abel ofreció "de los primerizos de sus ovejas" (Gén. 4:4), y antes de que Israel partiera de Egipto hacia la Tierra Prometida se le ordenó que redimiera a cada persona o animal primogénito sacrificando en su lugar un cordero de un año (Éxo. 12:5).
Años después de la muerte, resurrección y ascensión de Cristo, Pedro reflexionó acerca de lo sucedido y escribió: "Sepan que han sido rescatados de la vana conducta que recibieron de sus padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha ni defecto" (1 Ped. 1:18,19).
Jesús fue el único ser humano cuya vida resultó aceptable a los ojos de un Dios santo. Todos los demás hemos pecado, y la manera pecaminosa en que vivimos representa una mentira acerca de la naturaleza y el carácter de nuestro Hacedor.
Jesús, sin embargo, se convirtió en el "postrer Adán" (1 Cor. 15:45). Donde nosotros habíamos fracasado, él vivió perfectamente. En su humanidad, él era todo lo que la raza humana debía ser. Reflejaba perfectamente la gloria de Dios. "El que me ha visto a mí ha visto al Padre" (Juan 14:9).
Jesús fue crucificado durante la celebración de la Pascua, lo que demuestra aún más que es el Cordero antitípico. Jesús dijo en Juan 18:19 y 20 que exponía "públicamente" su doctrina. Paralelamente, los israelitas recibieron la orden de escoger un cordero para la Pascua y "guardarlo" o "cuidarlo" (NVI) durante los días previos al sacrificio (Éxo. 12:5, 6). Cuando el sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus enseñanzas, el Señor hizo referencia al hecho de que él mismo había estado expuesto en el Templo para que todo el mundo lo viera. Su vida, sus obras, sus enseñanzas, todo revelaba quién era realmente. Él es el Cordero sin mancha, la expresión más poderosa de la justicia y la gloria de Dios.
■ ¿Cómo podemos reflejar mejor el carácter perfecto de Jesús en nuestra vida?
Jesús es nuestra garantía. "Él aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del
mundo". Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado por nosotros. Cada gota de sangre derramada por los
sacrificios judíos señalaba al Cordero de Dios. Todas las ofrendas típicas se cumplieron en él. El tipo se
encontró con el antitipo cuando murió en la cruz. Vino para hacer posible, mediante el sacrificio de sí
mismo, la eliminación del pecado. Pagó el rescate de nuestra redención. Hemos sido comprados por un precio,
y Cristo nos invita a que le permitamos cargar con nuestros pecados e imputarnos su justicia (The Review and
Herald, 19 de julio de 1898, "Go, Preach the Gospel", párr. 7).
Jesús obró con fervor y constancia. Nunca existió en el mundo nadie tan abrumador de
responsabilidades, ni llevó tan pesada carga de las tristezas y los pecados del mundo. Nadie trabajó con
celo tan agobiador por el bien de los hombres. No obstante, era la suya una vida de salud. En lo físico como
en lo espiritual fue su símbolo el cordero, víctima expiatoria, "sin mancha y sin
contaminación". 1 Pedro 1:19 . Tanto en su cuerpo como en su alma fue ejemplo de lo que Dios se había propuesto que fuera
toda la humanidad mediante la obediencia a sus leyes (El ministerio de curación, p. 33).
La observancia de la Pascua comenzó con el nacimiento de la nación hebrea. La última noche de
servidumbre en Egipto, cuando aún no se veían indicios de liberación, Dios le ordenó que se preparara para
una liberación inmediata. Él había advertido al faraón del juicio final de los egipcios, e indicó a los
hebreos que reuniesen a sus familias en sus moradas. Habiendo asperjado los dinteles de sus puertas con la
sangre del cordero inmolado, habían de comer el cordero asado, con pan sin levadura y hierbas amargas.
"Así habéis de comerlo —dijo— ceñidos vuestros lomos, vuestros zapatos en vuestros pies, y vuestro
bordón en
vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente: es la Pascua de Jehová". Exodo 12:11 . A la medianoche, todos los
primogénitos de los egipcios perecieron. Entonces el rey envió a Israel el mensaje: "Salid de en medio
de mi pueblo... e
id, servid a Jehová, como habéis dicho". Exodo 12:31 . Los hebreos salieron de Egipto como una
nación independiente. El Señor había ordenado que la Pascua fuera observada anualmente. "Y —dijo él—
cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué rito es este vuestro? vosotros respondéis: Es la víctima de la Pascua
de Jehová, el cual pasó las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los Egipcios". Y
así, de generación en generación, había de repetirse la historia de esa liberación maravillosa.
La Pascua iba seguida de los siete días de panes ázimos. El segundo día de la fiesta, se
presentaba una gavilla de cebada delante del Señor como primicias de las mies del año. Todas las ceremonias
de la fiesta eran figuras de la obra de Cristo. La liberación de Israel del yugo egipcio era una lección
objetiva de la redención, que la Pascua estaba destinada a recordar. El cordero inmolado, el pan sin
levadura, la gavilla de las primicias, representaban al Salvador (El Deseado de todas las gentes, p.
57).
Juan 8:54-58
1 Corintios 1:26-29
26 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois
muchos
sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos
nobles; 27 sino que lo necio del mundo escogió Dios,
para
avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió
Dios,
para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y lo
menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para
deshacer lo que
es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia.