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Lección 2: Para el 12 de julio de 2025

Jueves 10 de julio | Lección 2
Lee Éxodo 4:18 al 31. ¿Cómo entendemos esta extraña historia y qué lección podemos extraer de ella?
Los estudiantes de la Biblia se escandalizan cuando leen que, después de que Moisés obedeció al Señor y emprendió el viaje de regreso a Egipto, el Señor "estuvo a punto de matarlo" (Éxo. 4:24, NVI). Por el contexto del relato, es evidente que se trataba de la circuncisión. Su hijo menor no estaba circuncidado, como exigía el pacto abrahámico (Gén. 17:10, 11).
Como líder del pueblo de Dios, Moisés debía mostrar su perfecta sumisión y obediencia al Señor a fin de estar capacitado a fin de guiar a otras personas para que fueran obedientes. Tenía que ser un modelo de esa entrega total a Dios. Su esposa, Séfora, era una mujer de acción, y circuncidó a su hijo para salvar la vida de su marido. Ella tocó a Moisés con el "prepucio ensangrentado", y esta sangre representa la expiación, la vida y el sellamiento del pacto. El hecho de que aquello se hiciera tan prontamente añadió dramatismo a la situación.
Es posible extraer una importante lección de este episodio; a saber, nunca debemos dejar de hacer lo que sabemos que es correcto.
"Mientras se alejaba de Madián, Moisés tuvo una terrible y sorprendente manifestación del desagrado del Señor. Se le apareció un ángel en forma amenazadora, como si fuera a destruirlo inmediatamente. No le dio ninguna explicación; pero Moisés recordó que había desdeñado uno de los requerimientos de Dios y, cediendo a la persuasión de su esposa, había dejado de cumplir el rito de la circuncisión en su hijo menor. Falló en cumplir con la condición que podía dar a su hijo el derecho de recibir las bendiciones del pacto de Dios con Israel; y tal descuido de parte del jefe elegido no podía menos que menoscabar ante el pueblo la fuerza de los preceptos divinos. Séfora, temiendo que su esposo fuese muerto, realizó ella misma el rito, y entonces el ángel permitió a Moisés continuar la marcha. En su misión ante Faraón, Moisés iba a exponerse a un gran peligro; su vida podía preservarse solo mediante la protección de los santos ángeles. Pero no estaría seguro mientras tuviera un deber conocido sin cumplir, pues los ángeles de Dios no podrían escudarlo" (Elena de White, Patriarcas y profetas, p. 261).
■ ¿Qué te dice esta historia si eres culpable de descuidar lo que sabes que deberías hacer? ¿Qué cambios necesitas hacer, incluso ahora mismo?
Reavivados por su Palabra: Hoy, Exodo 35 (Incluye Audio y Comentario Bíblico)
Mientras Moisés viajaba a Egipto, el ángel del Señor lo encontró y adoptó una postura amenazante, como si fuera a matarlo. Temía por su vida. Había cedido a la negativa de su esposa de circuncidar a su hijo y, cumpliendo sus deseos, había desatendido la obediencia a Dios. Su esposa, temerosa de que su esposo fuera asesinado, superó su afecto indebido por su hijo y realizó el acto ella misma. Después de esto, el ángel dejó ir a Moisés. En su misión ante el faraón, se vería en una situación peligrosa, donde su vida quedaría expuesta a la voluntad del rey si Dios, mediante su poder y la presencia de sus ángeles, no lo preservaba. Mientras Moisés viviera desobedeciendo uno de los mandamientos positivos de Dios, su vida no estaría segura, pues los ángeles de Dios no podrían protegerlo en desobediencia. Por lo tanto, el ángel lo encontró en el camino y lo amenazó de muerte. No le explicó a Moisés por qué asumió esa actitud amenazante. Moisés sabía que había una causa. Iba a Egipto según el mandato expreso de Dios; por lo tanto, el viaje era correcto. Enseguida recordó que no había obedecido a Dios al realizar la ordenanza de la circuncisión en su hijo menor y había cedido a las súplicas de su esposa de posponer la ceremonia. Después de obedecer el mandato de Dios, quedó libre para presentarse ante Faraón, y nada impedía la ministración de los ángeles en relación con su obra.
En el tiempo de angustia, justo antes de la venida de Cristo, la vida de los justos será preservada mediante la ministración de los santos ángeles. Quienes lleguen a ese momento difícil descuidando los mandatos de Dios no tendrán seguridad para sus vidas. Los ángeles no pueden protegerlos de la ira de sus enemigos mientras vivan descuidando cualquier deber conocido o mandato expreso de Jehová. —Spiritual Gifts, tomo 3, págs. 195, 196.
El Señor desea que descansemos en Él sin dudar en cuanto a la medida de nuestra recompensa. Cuando Cristo mora en el alma, el pensamiento de la recompensa no es primordial. Este no es el motivo que impulsa nuestro servicio. Es cierto que, en un sentido secundario, debemos tener respeto por la recompensa. Dios desea que apreciemos las bendiciones que nos ha prometido. Pero no quiere que anhelemos recompensas ni que sintamos que por cada deber debemos recibir una compensación. No debemos anhelar tanto obtener la recompensa como hacer lo correcto, sin importar cualquier ganancia. El amor a Dios y al prójimo debe ser nuestra motivación. — Palabras de Vida del Gran Maestro, pág. 398.
Juan 8:54-58
1 Corintios 1:26-29
26 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; 27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia.