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Lección 2: Para el 12 de julio de 2025

Lección 2 | Miércoles 9 de julio
Lee Exodo 4:1 al 17. ¿Qué señales permitió Dios que Moisés realizara para reforzar así la posición de este como su mensajero?
Moisés trató nuevamente de rehuir la tarea que Dios le encomendaba (ver Éxo. 3:11). No quería ir a Egipto y enfrentarse al faraón. Después de todo, ya había fracasado antes cuando intentó por su cuenta ayudar a los hebreos. Además, su propio pueblo no creía en él ni lo aceptaba como su líder. Por eso formuló una tercera objeción: "¿Y si no me creen ni me escuchan?" (Éxo. 4:1, NVI). No era una pregunta motivada por el deseo de aprender algo nuevo, sino una manera de rehuir la responsabilidad que Dios le pedía que asumiera.
Se ordena entonces a Moisés realizar dos señales milagrosas ante los ancianos de Israel y, más tarde, ante el faraón: Su vara se convierte en serpiente y luego vuelve a ser un bastón. Luego, su mano se vuelve leprosa, pero es curada al instante. Ambos milagros debían convencer a los ancianos de que Dios había elegido a Moisés como su instrumento. Se añadió un tercer milagro por si aquello no resultaba suficiente: convertir el agua en sangre (Éxo. 4:8, 9).
Aunque Dios habilitó a Moisés para realizar estos poderosos prodigios, este aún expresa una cuarta otra excusa: no es buen orador.
Lee Éxodo 4:10 al 18. ¿Cómo responde el Señor a Moisés y qué lecciones podemos extraer de ello para nosotros en el caso de cualquier misión a la que creamos que Dios nos llama?
Este conjunto de cuatro excusas muestra la renuencia de Moisés a aceptar el llamado de Dios. Enmascaró con objeciones "razonables" su renuencia a ir. Las tres primeras excusas tienen forma de preguntas: ¿Quién soy yo? ¿Quién eres tú? ¿Y si no me creen? La cuarta objeción es una afirmación: "No soy elocuente". Dios reaccionó ante todas ellas y aportó en cada caso una poderosa solución. En respuesta a estas excusas, Dios presenta muchas promesas edificantes.
Moisés presenta entonces su quinta y última súplica, y pide directamente: "Señor mío, por favor, envía a otro" (Éxo. 4:13). En respuesta, Dios le dice que ya está enviando a su hermano Aarón a su encuentro como apoyo. Finalmente, Moisés acepta en silencio el llamado y pide a Jetro su bendición antes de partir hacia Egipto.
Reavivados por su Palabra: Hoy, Exodo 34 (Incluye Audio y Comentario Bíblico)
Moisés suplicó al Señor y dijo: «Pero he aquí, no me creerán ni escucharán mi voz; porque dirán: «El Señor no se te ha aparecido». El Señor le aseguró entonces, mediante el milagro de la vara que se convirtió en serpiente y la mano que se volvió leprosa, que con tales señales y obras maravillosas infundiría temor en los egipcios y en el faraón, para que no se atrevieran a hacerle daño. Con estas señales, le aseguró a Moisés que convencería al rey y a su pueblo de que alguien superior a él estaba manifestando su poder ante ellos. Y, sin embargo, después de realizar muchos milagros ante el faraón a la vista del pueblo, no dejaron ir a Israel. Moisés quería que lo eximieran de la ardua tarea. Argumentó su falta de fluidez de palabra como excusa. Es decir, llevaba tanto tiempo alejado de los egipcios que no tenía un conocimiento tan claro ni un uso tan fluido de su idioma como cuando estaba entre ellos. El Señor reprendió a Moisés por su temor, como si el Dios que lo eligió para realizar su gran obra no pudiera capacitarlo para ella, o como si Dios se hubiera equivocado al elegir al hombre. «Y el Señor le dijo: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿O quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo, el Señor?» ¡Qué súplica! ¡Qué reproche para los desconfiados! «Ahora pues, ve, que yo estaré con tu boca y te enseñaré lo que has de decir. Y él dijo: Oh, Señor mío, te ruego que envíes por medio del que tú envíes». Rogó al Señor que seleccionara a una persona más adecuada. La reticencia de Moisés al principio provino de la humildad, de una modesta desconfianza. Pero después de que Dios prometió eliminar sus dificultades, estar con su boca, enseñarle qué decir y, finalmente, darle éxito en su misión, que aún manifestara reticencia desagradaba a Dios. Su renuencia a ejecutar la misión para la cual Dios le había preservado la vida y lo había capacitado para llevarla a cabo, tras recibir la seguridad de que Dios estaría con él, demostraba incredulidad, un desaliento criminal y desconfianza en Dios mismo. El Señor lo reprendió por esta desconfianza. La liberación de Israel de Egipto, tal como Dios se proponía, le parecía imposible de que la misión tuviera éxito. —Spiritual Gifts, vol. 3, págs. 192, 193.
Juan 8:54-58
1 Corintios 1:26-29
26 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; 27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia.