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Lección 4: Para el 26 de julio de 2025

Jueves 24 de julio | Lección 4
GRANIZO, LANGOSTAS Y OSCURIDAD
Lee Éxodo 9:13-35 a Éxodo 10:1-29 ¿Hasta qué punto consiguen estas plagas que el faraón cambie de opinión?
Nut era la diosa egipcia del Cielo, y a menudo se la representaba controlando lo que ocurría bajo el Cielo y en la Tierra. Osiris era el dios de las cosechas y la fertilidad. En la Biblia, el granizo se asocia a menudo con el juicio de Dios (Isa. 28:2, 17; Eze. 13:11-13). Durante esta plaga, quienes resguardaran sus bienes en un lugar seguro estarían protegidos (Éxo. 9:20, 21). Todos son ahora puestos a prueba: ¿Creerán a Dios y actuarán en consecuencia o no?
Dios anuncia que su propósito al dejar vivir al faraón es que toda la tierra conozca al Señor (Éxo. 9:16). El rey de Egipto confiesa ahora que ha pecado, pero más tarde cambia de opinión.
El dios egipcio de la tormenta, la guerra y el desorden se llamaba Seth. Tanto él como Isis eran además considerados deidades de la agricultura. Shu era el dios de la atmósfera. Serapis personificaba la majestad divina, la fertilidad, la curación y la vida después de la muerte. Ninguno de los dioses egipcios podía detener los juicios de Dios (Éxo. 10:4-20) porque los ídolos no son nada (Isa. 44:9, 10, 12-17).
Los siervos del faraón lo instaron a que dejara marchar a Israel, pero él volvió a negarse. Hizo un ofrecimiento que Moisés rechazó con razón, pues las mujeres y los niños son una parte vital e inseparable del culto y de la comunidad de fe.
Por último, Ra era la principal deidad egipcia, el dios del Sol, mientras que Tut era un dios lunar. Sin embargo, ninguno de ellos era capaz de proveer luz. El faraón intenta nuevamente negociar, aunque sin éxito. Un período de tres días de oscuridad asoló Egipto, pero había luz donde vivían los israelitas. La separación no podía ser más espectacular.
Sin embargo, a pesar de la disciplina divina recibida por la nación, el faraón estaba decidido a luchar y a no cejar en su empeño. Aunque no conocemos sus motivos más profundos, su actitud pudo haberse tornado en cierto punto una cuestión de mero orgullo. No importaba cuán poderosa fuera la evidencia ni cuán obvio resultara lo que estaba sucediendo. Incluso sus propios sirvientes declararon: "¿Hasta cuándo este hombre nos ha de ser un lazo? Deja ir a esos hombres, para que sirvan al Señor su Dios. ¿No sabes aún que Egipto está destruido?" (Éxo. 10:7). Tampoco importaba que la opción correcta estuviera justo delante de él. Tras vacilar un poco, el faraón seguía negándose a rendirse a la voluntad de Dios y a dejar ir al pueblo.
Cuán dramático ejemplo de las palabras: "La soberbia precede a la ruina, y la altivez de espíritu a la caída" (Prov. 16:18).
Los que obedecieron la orden del Señor reunieron su ganado en establos y casas, al paso que los que tenían endurecido el corazón, como Faraón, dejaron su ganado en el campo. Aquí hubo una oportunidad para poner a prueba el orgullo exacerbado de los egipcios y para mostrar cuántos había cuyo corazón realmente estuvo afectado por el maravilloso proceder de Dios con su pueblo, a quien ellos habían despreciado y tratado cruelmente. "Hubo, pues, granizo, y fuego mezclado con el granizo, tan grande, cual nunca hubo en toda la tierra de Egipto desde que fue habitada. Y aquel granizo hirió en toda la tierra de Egipto todo lo que estaba en el campo, así hombres como bestias; asimismo destrozó el granizo toda la hierba del campo, y desgajó todos los árboles del país. Solamente en la tierra de Gosén, donde estaban los hijos de Israel, no hubo granizo. Entonces Faraón envió a llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: He pecado esta vez; Jehová es justo, y yo y mi pueblo impíos. Orad a Jehová para que cesen los truenos de Dios y el granizo, y yo os dejaré ir, y no os detendréis más. Y le respondió Moisés: Tan pronto salga yo de la ciudad, extenderé mis manos a Jehová, y los truenos cesarán, y no habrá más granizo; para que sepas que de Jehová es la tierra. Pero yo sé que ni tú ni tus siervos temeréis todavía la presencia de Jehová Dios. El lino, pues, y la cebada fueron destrozados, porque la cebada estaba ya espigada, y el lino en caña. Mas el trigo y el centeno no fueron destrozados, porque eran tardíos"
Después de que la plaga fue detenida, el rey rehusó dejar salir a Israel. La rebelión engendra rebelión. El rey se había endurecido de tal manera con su continua oposición a la voluntad de Dios, que todo su ser se alzó en rebeldía ante la tremenda exhibición del poder divino (Spiritual Gifts, t. 3, pp. 214, 215; parcialmente en Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 1, pp. 1114, 1115).
Por último, el temor arrancó a Faraón una concesión más. Al fin del tercer día de tinieblas, llamó a Moisés, y le dio su consentimiento para que saliera el pueblo, con tal de que los rebaños y las manadas permanecieran. "No quedará ni una uña —contestó el decidido hebreo—; porque... no sabemos con qué hemos de servir a Jehová, hasta que lleguemos allá". La ira del rey estalló desenfrenadamente y gritó: "Retírate de mí: guárdate que no veas más mi rostro, porque en cualquier día que vieres mi rostro, morirás". La contestación fue: "Bien has dicho; no veré más tu rostro".
"Moisés era muy gran varón en la tierra de Egipto, a los ojos de los siervos de Faraón, y a los ojos del pueblo". Moisés era considerado como persona venerable por los egipcios. El rey no se atrevió a hacerle daño, pues la gente le consideraba como el único ser capaz de quitar las plagas. Deseaban que se permitiese a los israelitas salir de Egipto. Fueron el rey y los sacerdotes los que se opusieron hasta el último momento a las demandas de Moisés (Historia de los patriarcas y profetas, p. 278).
Juan 8:54-58 |
1 Corintios 1:26-2926 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; 27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia. |