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Lección 4: Para el 26 de julio de 2025

Miércoles 23 de julio
Lee Éxodo 8:32 a 9:12. a Éxodo 9:12. ¿Qué enseña este relato acerca de la libertad humana de rechazar a Dios aun teniendo delante las mayores manifestaciones de su poder y su gloria?
Wadjet era la diosa egipcia de las moscas y los pantanos. A su vez, el dios Jepri (la deidad del sol naciente, la creación y el renacimiento) era representado con la cabeza de una mosca. Estos "dioses" fueron derrotados por el Señor. Mientras que los egipcios sufrían, los hebreos estaban protegidos (Éxo. 8:20-24). De hecho, ninguna otra plaga los afectó.
De nuevo, todo esto fue un intento de Dios de hacer saber al faraón que: "Yo soy el Señor en medio de la tierra" (Éxo. 8:22).
El faraón empezó a negociar. Sin duda, la presión iba en aumento. Estaba dispuesto a que Israel adorara a su Dios y le ofreciera sacrificios, pero solo en la tierra de Egipto (Éxo. 8:25). Sus condiciones no podían ser cumplidas pues los animales eran considerados sagrados allí. Sacrificarlos habría provocado la violencia de los egipcios contra los hebreos. Además, la propuesta de faraón no era el plan de Dios para Israel.
Mientras tanto, la siguiente plaga (Éxo. 9:1-7) cae sobre el ganado. Hathor, la diosa egipcia del amor y la protección, era representada con cabeza de vaca. El dios toro Apis también era muy popular y apreciado en el antiguo Egipto. Por lo tanto, esas otras deidades principales fueron derrotadas al morir el ganado de los egipcios durante la quinta plaga.
En la sexta plaga (Éxo. 9:8-12) se pone de manifiesto la derrota total de Isis, la diosa de la medicina, la magia y la sabiduría. También vemos la derrota de deidades como Sejmet (diosa de la guerra y las epidemias) e Imhotep (dios de la medicina y la curación), incapaces de proteger a sus propios adoradores. Irónicamente, ahora incluso los magos y los hechiceros están tan afligidos que no pueden comparecer ante el tribunal, lo que demuestra que están indefensos ante el Creador del Cielo y de la Tierra.
Por primera vez en el relato de las diez plagas, un texto dice que "el Señor endureció el corazón de Faraón" (Éxo. 9:12). Por confusa que pueda resultar esta frase, ella revela a la luz del contexto que el Señor permite que los seres humanos cosechen las consecuencias de su continuo rechazo hacia él.
El problema del faraón no era de índole intelectual, ya que contaba con suficiente evidencia para tomar la decisión correcta. Era, en cambio, un problema espiritual. ¿Qué debería decirnos esto acerca de por qué debemos guardar nuestro corazón, es decir, velar por nuestra condición interior?
Los egipcios adoraban a ciertas bestias, y consideraban una ofensa imperdonable matar a una de ellas. Y si uno de sus objetos de culto era sacrificado, aunque fuera accidentalmente, solo la vida de la persona podía responder por la ofensa. Moisés demostró al Faraón la imposibilidad de ofrecer sacrificios a Dios en la tierra de Egipto, a la vista de los egipcios, ya que podrían seleccionar para su ofrenda alguna de las bestias que consideraban sagradas.
Moisés propuso de nuevo ir tres días de camino al desierto. El rey consintió mientras estaba bajo la mano castigadora de Dios. "Dijo Faraón: Yo os dejaré ir para que ofrezcáis sacrificios a Jehová vuestro Dios en el desierto, con tal que no vayáis más lejos; orad por mí. 29 Y respondió Moisés: He aquí, al salir yo de tu presencia, rogaré a Jehová que las diversas clases de moscas se vayan de Faraón, y de sus siervos, y de su pueblo mañana; con tal que Faraón no falte más, no dejando ir al pueblo a dar sacrificio a Jehová. 30 Entonces Moisés salió de la presencia de Faraón, y oró a Jehová. 31 Y Jehová hizo conforme a la palabra de Moisés, y quitó todas aquellas moscas de Faraón, de sus siervos y de su pueblo, sin que quedara una. 32 Mas Faraón endureció aun esta vez su corazón, y no dejó ir al pueblo".
El Señor ordenó a Moisés y a Aarón que se presentasen de nuevo ante el faraón y le dijesen: "Jehová, el Dios de los hebreos, dice así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva". Y si se negara a dejarlos ir y los detuviera, la plaga caería sobre su ganado. "Y Jehová hará separación entre los ganados de Israel y los de Egipto, de modo que nada muera de todo lo de los hijos de Israel". Y murió todo el ganado sobre el cual cayó la plaga, pero no murió ni uno solo del ganado de los hebreos. El Faraón envió mensajeros para preguntar si había muerto alguno de los ganados de los israelitas. El mensajero volvió al rey con la noticia de que no había muerto ni uno solo de ellos, ni estaban afectados en absoluto por la plaga. Sin embargo, su corazón se endureció y se negó a dejar a Israel marcharse (Spiritual Gifts, t. 3, p. 211).
Los magos, con toda su magia y su supuesto poder, no pudieron, con ninguno de sus encantamientos, protegerse de la grave plaga de los furúnculos. Ya no podían estar delante de Moisés y Aarón, a causa de esta grave aflicción. Se permitió así a los egipcios ver cuán completamente inútil era para ellos poner su confianza en el supuesto poder de los magos, cuando ni siquiera podían salvar sus propios cuerpos de las plagas (Spiritual Gifts, t. 3, 212).
Juan 8:54-58
1 Corintios 1:26-29
26 Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; 27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia.