“«El mensaje de la cruz es locura para los que se pierden; pero para los que se salvan es poder de Dios»”1 Corintios 1:18
Lee para el estudio de esta semana
1 Corintios 1:17-31; Colosenses 1:20; 1 Pedro 2:24; Hechos 13:16-47; 1 Corintios 2:1-5.
Para memorizar
«El mensaje de la cruz es locura para los que se pierden; pero para los que se salvan es poder de Dios» (1 Corintios 1:18).
Cicerón, un escritor y orador romano pagano, había dicho al pueblo romano que mantuvieran lejos de sus mentes la idea de la cruz como método de ejecución. Aunque Cicerón murió aproximadamente medio siglo antes de que naciera Jesús, su declaración ilustra el desprecio que los romanos sentían por la cruz. Era para ellos algo tan detestable que ni siquiera debían pensar en ello.
Por el contrario, Pablo escribiría: «El mensaje de la cruz [...] es poder de Dios» (1 Corintios 1:18). Para Pablo, la cruz es el instrumento de reconciliación entre Dios y el hombre (Efe. 2:16; Colosenses 1:20), el símbolo supremo de la humildad de Jesús (Filipenses 2:8) y el lugar donde se saldó nuestra inmensa deuda (Colosenses 2:14).
La cruz es la respuesta de Pablo a los problemas de Corinto. No hay que leer mucho en 1 Corintios para darse cuenta de que le preocupa mucho el importante tema de las divisiones en la iglesia. Pablo está tan perplejo que, justo después de los saludos (1 Corintios 1:1-3) y la sección de acción de gracias (1 Corintios 1:4-9), este es el primer tema que aborda (1 Corintios 1:10-17). Esta semana nos centraremos en el poderoso mensaje de la cruz como respuesta a este problema y a otras cuestiones en Corinto.
Comentarios Elena G.W
Dios me ha dado un mensaje para sus hijos… Habéis sido comprados por precio, y todo lo que tenéis y lo que sois ha de ser usado para la gloria de Dios y para el bien de vuestros semejantes. Cristo murió en la cruz para salvar al mundo que perece en el pecado. Él pide vuestra cooperación en esta obra. Habéis de ser su mano ayudadora. Con esfuerzo fervoroso e incansable habéis de tratar de salvar a los perdidos.
El poder transformador de la gracia de Cristo moldea a quien se entrega al servicio de Dios… Ya no puede ser indiferente a las almas que perecen alrededor suyo. Se eleva por encima del autoservicio. Cristo lo ha transformado en una nueva criatura y el egoísmo no haya lugar en su vida. Comprende que cada aspecto de su existencia pertenece a Cristo, quien lo ha redimido de la esclavitud del pecado; que cada momento de su vida futura ha sido comprado con la preciosa sangre del unigénito de Dios.
¿Apreciáis tan profundamente el sacrificio hecho en el Calvario que estáis dispuestos a subordinar todo otro interés a la obra de salvar almas? El mismo intenso anhelo de salvar a los pecadores que señaló la vida del Salvador se nota en la de su verdadero discípulo. El cristiano no desea vivir para sí. Se deleita en consagrar al servicio del Maestro todo lo que posee y es. Le impulsa el deseo inefable de ganar almas para Cristo.
¿Cómo puedo glorificar mejor a Aquel a quien pertenezco por creación y redención? Esta es la pregunta que deberíamos hacernos. La persona verdaderamente convertida tratará de rescatar con ansiosa solicitud a los que se hallan todavía bajo el poder de Satanás…
Ya nos queda muy poco tiempo para prepararnos para la eternidad… La gente necesita la verdad, y esta les ha de ser comunicada mediante esfuerzos fervientes y fieles. Hay que buscar a las almas, orar por ellas y trabajar en su favor…
Sobre nosotros descansa la pesada responsabilidad de amonestar al mundo acerca de su destrucción inminente… Dios pide a su iglesia que se levante y que se vista de poder. Deben ganarse las coronas inmortales, el reino de los cielos se debe conquistar; y ha de iluminarse un mundo que perece en la ignorancia (Maranata: el Señor viene, 2 de abril, p. 103).
Diga a la gente: “Conozcan la doctrina por ustedes mismos”. No pronuncien sus labios ni una sentencia de duda. No se presente ante la gente con un sonido incierto. Conozca qué es la verdad y proclámela. La enseñanza de Cristo siempre fue de naturaleza positiva. Nunca, nunca exprese sentimientos de duda. Comunique con voz certera un mensaje afirmativo. Eleve al Hombre del Calvario, alto, cada vez más alto. Hay poder en la exaltación de la cruz de Cristo.
La divinidad de Cristo debe ser constantemente sustentada. Cuando el Salvador preguntó a sus discípulos: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Mateo 16:15, 16. Dijo Cristo “sobre esta roca”, no sobre Pedro, sino sobre el Hijo de Dios, “edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. Vers. 18.
Grande es el misterio de la piedad. Hay misterios en la vida de Cristo que deben ser creídos aun cuando no puedan ser explicados (Alza tus ojos, 13 de febrero, p. 56).