Lee 2 Corintios 2:12-13. ¿Adónde fue Pablo después de escribirles «la carta severa»? ¿Qué hizo allí?
Pablo estaba inquieto mientras esperaba a Tito (2 Corintios 7:5-6). A pesar de esa inquietud, no podía dejar de hablar de Jesús (2 Corintios 2:12), a quien tanto amaba. En ese momento, aún no conocía los resultados de su Carta. Estaba ansioso por ver a Tito y escuchar acerca de la reacción de los corintios.
La obra de Pablo en Troas fue exitosa, pero «no podía permanecer mucho tiempo allí. “La solicitud de todas las iglesias”, y particularmente de la iglesia de Corinto, pesaba sobre su corazón. Había esperado encontrarse con Tito en Troas, y enterarse por él de cómo habían sido recibidas las palabras de consejo y reprensión enviadas a los hermanos corintios; pero se chasqueó. “No tuve reposo en mi espíritu —escribió concerniente a este incidente—, por no haber hallado a mi hermano Tito”. Partió de Troas, y cruzó a Macedonia, donde, en la ciudad de Filipos, encontró a Timoteo» (Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles, p. 241).
Lee 2 Corintios 2:14-17. ¿Cuál fue la reacción de Pablo al encontrarse con Tito en Macedonia y escuchar la respuesta positiva de los corintios?
En un estallido de alegría, Pablo afirma que Dios «nos lleva siempre al triunfo en Cristo Jesús» (2 Corintios 2:14). ¡Qué declaración tan maravillosa! Un corazón lleno de la presencia de Cristo difunde «la fragancia de su conocimiento [...] en todo lugar» (2 Corintios 2:14).
Pablo se regocija en Cristo porque la dolorosa carta dio el fruto que él pretendía cosechar (2 Corintios 7:5-9). Esta es una gran victoria. Mientras tanto, en 2 Corintios 2:17, Pablo reafirma su sinceridad como apóstol de Cristo (2 Corintios 2:17; 1:12). Según este pasaje, lo que distingue a un siervo fiel de Cristo de un falso ministro es que, mientras que este último comercia con el evangelio por interés propio, el primero predica la Palabra de Dios por amor sincero a Cristo.
¿Qué te motiva en todo lo que haces, especialmente cuando lo haces en el nombre de Jesús?
Comentarios Elena G.W
“Permaneced en mí”, son palabras de gran significado. Permanecer en Cristo significa una fe viviente, ferviente, refrigerante que obre por el amor y purifique el alma. Significa una recepción constante del espíritu de Cristo, una vida de entrega sin reservas a su servicio. Donde exista esta unión, aparecerán las buenas obras. La vida de la vid se manifestará en fragantes frutos en las ramas. La continua provisión de la gracia de Cristo os bendecirá y os convertirá en una bendición, hasta que podáis decir con Pablo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”. Gálatas 2:20.
La sagrada unión con Cristo unirá a los hermanos con los más afectuosos vínculos del compañerismo cristiano. Sus corazones serán tocados con la compasión divina mutua… La frialdad, la discordia, la contienda, están completamente fuera de lugar entre los discípulos de Cristo. Han aceptado la fe única. Se han unido para servir a un Señor, para soportar la misma contienda: para esforzarse en procura del mismo objetivo, y para triunfar en la misma causa. Han sido comprados con la misma sangre preciosa, y han salido para predicar el mismo mensaje de salvación…
Los que continuamente están recibiendo fuerza de Cristo, poseerán su espíritu. No serán descuidados ni en palabras ni en conducta. Descansará sobre su alma una permanente comprensión de lo que ha costado su salvación en el sacrificio del amado Hijo de Dios. Como una fresca y vívida representación, se presentarán ante su mente las escenas del Calvario, y se someterá su corazón y se enternecerá por esta maravillosa manifestación del amor de Cristo en ellos. Considerarán a otros como comprados por su sangre preciosa, y los que están unidos con Cristo les parecerán nobles y elevados y sagrados, debido a esa relación. La Muerte de Cristo en el Calvario debería impulsarnos a estimar a las almas tal como él los estimaba. Su amor ha magnificado el valor de cada hombre, mujer y niño (That I May Know Him, p. 132; parcialmente en A fin de conocerle, 6 de mayo, p. 132).
La experiencia que tuve anoche me impresionó profundamente. Parecía tener a Cristo muy cerca, a mi lado. Estaba henchida de esperanza, valor, fe y amor por las almas. Le rogué a Dios que me sostuviera, y me levantó y me hizo triunfar en él. Sé que el Señor obrará en favor de su pueblo cuando este santifique sus almas por medio de la obediencia a la verdad. Entonces el ser entero, cuerpo, mente y alma estarán en armonía con Dios. Amando a Dios por sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos poseeremos una libertad coronada de gloria.
“Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman”. 1 Corintios 2:9 (Alza tus ojos, 15 de agosto, p. 239).