“«Porque ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a ustedes se hizo pobre, siendo rico; para que ustedes fuesen enriquecidos con su pobreza»”2 Corintios 8:9
Lee para el estudio de esta semana
2 Corintios 8-9; Juan 3:16; 17:5; Lucas 9:58; Apocalipsis 13:8; Romanos 12:8; 15:26-27.
Para memorizar
«Porque ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a ustedes se hizo pobre, siendo rico; para que ustedes fuesen enriquecidos con su pobreza» (2 Corintios 8:9).
Los capítulos 8 y 9 de 2 Corintios muestran que Pablo dio a los corintios la oportunidad de servir a sus hermanos y hermanas en Judea. Este pasaje muestra que dar es un privilegio que Dios nos concede para que imitemos el carácter abnegado de Cristo. La dadivosidad es el lenguaje del cielo. Nota cuán significativas son las siguientes palabras: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único» (Juan 3:16; énfasis añadido).
Además, Juan 3:16 expresa claramente el propósito de Dios al dar a Jesús: «Para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna». La mayordomía y la misión van de la mano en este pasaje. Son tan inseparables como las dos caras de una moneda. No es de extrañar que Pablo se identificara a sí mismo y a sus compañeros de trabajo como «administradores de los secretos de Dios» (1 Corintios 4:1). Nosotros también somos mayordomos en el mismo sentido.
Esta semana veremos que los conceptos de mayordomía y misión están profundamente arraigados en el ejemplo de Jesús. De hecho, son inseparables. La mayordomía proporciona a la iglesia los recursos financieros y humanos para cumplir la misión de Dios.
Comentarios Elena G.W
En cada acto de la vida, el verdadero cristiano es solo lo que desea que piensen que es los que lo rodean. Se guía por la verdad y la rectitud… Puede ser criticado, probado, pero a través de todo, su inflexible integridad resplandece como oro puro. Es un amigo y un benefactor de todos los que están relacionados con él, y sus semejantes tienen puesta su confianza en él porque es digno de crédito. ¿Emplea obreros para recoger su cosecha? No les escatima el dinero duramente ganado. ¿Tiene medios que no necesita ocupar de inmediato? Alivia las necesidades de sus hermanos menos afortunados.
No trata de agrandar sus posesiones aprovechándose de las circunstancias adversas de sus vecinos. Acepta solo el precio justo de lo que vende. Si hay defectos en los artículos vendidos, habla francamente al comprador, aun cuando con ello pueda parecerle que obra contra sus propios intereses pecuniarios…
Satanás conoce muy bien qué poder para bien hay en la vida de un hombre de integridad inflexible, y hace ingentes esfuerzos para impedir que esos hombres vivan tales vidas. Se les acerca con seductoras tentaciones, prometiéndoles salud, posición, honor mundanal, si tan solo flaquean en los principios de justicia. Y tiene mucho éxito… En la triste historia de muchos que han caído aprendemos el peligro de la prosperidad. No son los que han perdido sus bienes los que están en mayor peligro sino aquellos que han conseguido una fortuna… La oración es a menudo pedida por hombres y mujeres que están en aflicción; y eso es correcto. Pero los que están en prosperidad tienen mayor necesidad de la oración de los siervos de Dios, porque están en mayor peligro de perder la salvación. En el valle de la humillación los hombres caminan seguros mientras reverencian a Dios y hacen de él su confianza. Sobre el alto pináculo, donde se escucha la alabanza, necesitan la ayuda del poder especial de lo alto (In Heavenly Places, p. 243; parcialmente en En los lugares celestiales, 24 de agosto, p. 245).
La obra de Dios debe ser sustentada mediante diezmos, donaciones y ofrendas. El Señor pide ahora los medios que ha confiado a sus mayordomos. Debiera fluir una corriente constante a la tesorería, a fin de que la obra no se vea obstaculizada. A algunos. Dios les ha confiado riquezas terrenales para ser tenidas en custodia y devueltas a él a medida que las requiera para llevar adelante su obra en la tierra. Requiere de sus mayordomos un diezmo fiel de todo su capital, y en adición al diezmo pide donaciones y ofrendas.
El Señor no requiere de sus seguidores nada más que lo que él realizó. Aquellos que practican la abnegación y se sacrifican por la causa de Dios, no están sino siguiendo su ejemplo. Él puso a un lado su manto real y su regia corona, y descendiendo de su alto puesto se hizo pobre, a fin de que mediante su pobreza pudiéramos llegar a estar en posesión de los tesoros eternos. Dio no solamente sus riquezas, sino su propia vida en abnegación y sacrificio, a fin de eliminar todo obstáculo a los que buscan entrar en el reino de Dios…
El Señor Jesús nos invita a ser obreros juntamente con él. Es el dueño de todo lo que poseemos y tiene derecho sobre ello. Mediante nuestra disposición de ayudar en su obra podemos mostrar ahora nuestro amor por él (Alza tus ojos, 9 de abril, p. 111).