Moisés predijo que «un Profeta de en medio de los tuyos, de tus hermanos, como yo, te levantará el Señor tu Dios; a él oirás» (Deut. 18:15). ¿Quién era ese profeta? Las Escrituras dicen claramente que se trató de Jesús mismo: «Porque Moisés dijo: “El Señor vuestro Dios les levantará de entre sus hermanos a un profeta como yo. A él oirán en todo lo que les diga”» (Hech. 3:20-22; ver también Juan 6:14).
¿Cuál fue el papel profético de Jesús? ¿Cómo se respondía esta pregunta en la época de Jesús? (Mat. 16:13-16; Mar. 8:27-29; Luc. 9:18-20).
Jesús es aquel a quien todos los profetas del Antiguo Testamento señalaban como el Cristo o Mesías venidero. En el Nuevo Testamento, él es reconocido como el cumplimiento de esas profecías mesiánicas. En Lucas 24:13-35, Jesús se identificó como aquel a quien señalaban las profecías mesiánicas.
De hecho, la descripción que se hace en Juan 1:1-5 del Verbo no se ajusta a ningún ser humano, profeta o no. El Verbo es identificado como el Creador, porque «todas las cosas fueron hechas por él. Nada de cuanto existe fue hecho sin él» (Juan 1:3). Es decir, él es el autor de todo lo creado; es decir, del cosmos entero, cuya extensión se estima en 93 000 millones de años luz.
En cada «dijo Dios» de Génesis 1 oímos hablar a Jesús. Aquel que dijo: «Haya luz» (Gén. 1:3) es también la «luz de los hombres» (Juan 1:4), quien estaba disipando las tinieblas de la tierra mediante el plan de salvación (Juan 1:4-5).
Las palabras proféticas de Dios son ciertas y confirmadas. Cuando se les presta atención, son una luz «que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el Lucero de la mañana salga en sus corazones» (2 Ped. 1:19). La profecía seguirá trayendo luz a nuestro mundo pecaminoso hasta que Jesús, «la Estrella de la mañana» y fuente de esa luz profética, inaugure su reino eterno.
Hasta entonces, Cristo ofrece la eternidad a todos en virtud de su vida, muerte y resurrección. La única pregunta es si la aceptaremos o no.
Reflexionemos sobre el hecho de que Jesús, el Creador (Juan 1:1-3), es también quien murió en la cruz por nuestros pecados. ¿Qué nos enseña esta asombrosa verdad acerca del amor de Dios para con nosotros?