“Ahora bien, hay diversos dones, pero el Espíritu es el mismo. Hay diversos ministerios, pero el Señor es el mismo; y hay diversas actividades, pero Dios, que efectúa todas las cosas en todos, es el mismo”1 Cor 12:4-6
LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Mateo 16:13-16; Efesios 2:20; Apocalipsis 22:6; Lucas 2:36-38; Hechos 21:9; Efesios 6:10-18.
En cierta ocasión, un padre y su hijo viajaban en automóvil de regreso a su hogar. Para pasar el tiempo, el niño observaba los automóviles que pasaban. Entonces, el hombre señaló un vehículo y exclamó: «¡Ese es igual al primer automóvil que tuve!». Cuando llegaron a casa, el padre mostró a su hijo el manual de su primer automóvil y el del actual, señalando las características de cada vehículo y destacando las que eran similares y las que habían cambiado. Sin embargo, cuando el padre comparó los dos motores, se dio cuenta que era idénticos. Muchas cosas habían cambiado, pero no el motor.
Dios habló a través de los profetas en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. La continuidad y la armonía entre ambos se deben a que el Espíritu Santo, la fuente o «motor» de la inspiración divina, ha permanecido invariable. El Espíritu Santo siempre capacita a los verdaderos profetas mediante el don profético. También coloca a Cristo en el centro de los mensajes de los profetas (Heb. 1:1-3).
Esta semana examinaremos el don profético en el Nuevo Testamento. También veremos quiénes ministraban como profetas, en qué se diferenciaban de los apóstoles y el peligro de los falsos profetas.