Profetas del Nuevo Testamento
Lección 4, para el 24 de octubre

Profetas del Nuevo Testamento

PROFETISAS Y AYUDANTES PASTORALES

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Lee Lucas 2:36-38 y Hechos 21:9. ¿Qué dicen estos textos acerca de las profetisas?

En los tiempos del Antiguo Testamento, Dios llamó tanto a hombres como a mujeres para que actuaran como sus mensajeros. En el Nuevo Testamento hay evidencias claras de la existencia de profetisas en el siglo primero. Ana fue la primera en ser llamada «profetisa» en el Nuevo Testamento. Ella era alguien que, en su ministerio de tiempo completo, «servía noche y día con ayuno y oración. […] Dio gracias a Dios y habló del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén» (Luc. 2:37-38).

Hechos 21:9 dice que Felipe tenía «cuatro hijas solteras que profetizaban». Los autores cristianos que se ocuparon de la historia del Nuevo Testamento, como Eusebio, tuvieron acceso a textos posteriores que mencionan dónde es posible que vivieran y dónde fueron sepultadas. En definitiva, esto confirma la existencia de mujeres, muy probablemente jóvenes, que tenían el don profético. No conocemos exactamente el contenido de sus mensajes proféticos ni el alcance de su ministerio, pero sabemos que, como en el caso de muchos otros profetas genuinos, sus palabras no llegaron a formar parte del canon bíblico.

Además de las profetisas, jóvenes pastores trabajaban en estrecha colaboración con los apóstoles, quienes los guiaban en el ministerio. Pablo, por ejemplo, se refirió a Timoteo como «verdadero hijo en la fe» (1 Tim. 1:2; ver también 1 Tim. 4:12). Pablo instruyó a Timoteo en los fundamentos del ministerio pastoral y afirmó lo siguiente acerca de su llamamiento: «Hijo Timoteo, te encargo este mandato conforme a las profecías que antes se hicieron acerca de ti. Milita por ellas la buena milicia» (1 Tim. 1:18).

En Tito 1:4, Pablo presentó a Tito como «verdadero hijo en la común fe», le encomendó la tarea de nombrar líderes para la desafiante congregación de Creta, le ofreció orientación espiritual acerca de cómo abordar esta importante responsabilidad y concluyó: «Esto habla, exhorta y reprende con toda autoridad. ¡Nadie te menosprecie!» (Tito 2:15).

Jóvenes, ancianos, hombres, mujeres: todos podemos desempeñar un papel en la obra de Dios. ¿Cuál es el tuyo y cómo puedes hacer aún más?

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