Lee Joel 2:28-32. ¿Qué prometió Dios hacer en los últimos días?
Joel, un profeta del siglo VII a. C., ofrece una importante perspectiva acerca de los acontecimientos futuros. Cuando leemos este pasaje, nos preguntamos si se refiere a su propia época o a eventos que sucederán en un futuro lejano.
Los teólogos tienden a distinguir entre dos formas de profecía: la clásica y la apocalíptica. La primera se refiere a naciones concretas y utiliza números y nombres reales (ver, por ejemplo, Jer. 25:1-11). La profecía apocalíptica, por otro lado, utiliza un lenguaje altamente simbólico, emplea números simbólicos para referirse al tiempo y a menudo menciona señales cósmicas (ver Dan. 7). A veces encontramos una superposición de estos dos tipos de profecía (ver, por ejemplo, Mat. 24).
Joel 2:28-31 parece pertenecer a la segunda categoría, lo que significa que su cumplimiento no ocurriría en la época del profeta ni en los años inmediatamente posteriores a su ministerio. Por el contrario, debemos buscar el cumplimiento de esta profecía en el futuro. Observa el contexto y el marco cronológico en el que Dios otorgaría el don de la profecía: «Antes que venga el día grande y espantoso del Señor» (Joel 2:31). ¿Qué día es ese? ¿La primera venida de Jesús? ¿La segunda? ¿O ambas?
Cuando consideramos la mención de las señales en el sol y la luna en la profecía de Joel, nos llama inmediatamente la atención el hecho de que también podemos encontrar esta idea en varios otros pasajes bíblicos. Jesús habló a sus discípulos acerca de las señales en el sol, la luna y las estrellas en su famoso discurso acerca del fin de los tiempos (Mat. 24:29). De manera similar, Juan el revelador menciona las mismas señales (Apoc. 6:12-13). Tanto Jesús como Juan se refieren a las últimas señales cósmicas antes de la segunda venida de nuestro Señor.
Por lo tanto, podemos suponer que la profecía de Joel, que apunta a señales similares, debería tener algún impacto en el fin de los tiempos: «Y mostraré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre y fuego, y columnas de humo. El sol se volverá en tinieblas; y la luna, en sangre, antes que venga el día grande y espantoso del Señor» (Joel 2:30-31).
Pensemos en todas las profecías que se han cumplido tal y como se predijeron.
¿Por qué debería esto ayudarnos a confiar en Dios en lo que respecta a las que aún están por cumplirse, como la que se refiere a la segunda venida de Jesús?