Pablo señala en Efesios 4 que el propósito principal de los dones espirituales es ayudar a los creyentes a cumplir la misión divina de anunciar el evangelio. El ministerio profético de Elena de White tenía el mismo propósito. Sus mensajes inspirados han ayudado a los creyentes a desarrollar una relación más profunda con Dios y los han impulsado a compartir su amor con los demás.
«Los adventistas del séptimo día debieran destacarse entre todos los que profesan ser cristianos en cuanto a levantar a Cristo ante el mundo. La proclamación del mensaje del tercer ángel exige la presentación de la verdad del sábado. Esta verdad, junto con las otras incluidas en el mensaje, ha de ser proclamada; pero el gran centro de atracción, Cristo Jesús, no debe ser dejado a un lado. Es en la cruz de Cristo donde la misericordia y la verdad se encuentran, y donde la justicia y la paz se besan. El pecador debe ser inducido a mirar al Calvario; con la sencilla fe de un niñito, debe confiar en los méritos del Salvador, aceptar su justicia, creer en su misericordia» (Obreros evangélicos, p. 162).
Más aún, cada creyente, insistió ella, ha sido llamado a ser parte de la misión divina: «El Señor exige mucho más esfuerzo personal de parte de los miembros de nuestras iglesias. [...] Únanse diferentes personas en el trabajo como pescadores de hombres. Traten de recoger a las almas de la corrupción del mundo y conducirlas a la pureza salvadora del amor de Cristo» (El evangelismo, p. 116, 118).
Elena de White misma fue misionera en Europa en la década de 1880 y en Australia durante la década de 1890.
Satanás está «airado» (Apoc. 12:17) contra el pueblo de Dios en el tiempo del fin a causa del llamado profético que el Señor le ha hecho al compromiso personal y a la misión. He allí a los seguidores de Jesús que tienen un mensaje para este tiempo final, que cuentan con la orientación del don profético y han recibido discernimiento espiritual: «El Señor ha revelado los peligros que nos rodean y nos acechan. Por medio del espíritu de profecía ha puesto de manifiesto los engaños que cautivarán al mundo y ha hablado a su pueblo diciendo: “Este es el camino; anden por él” (Isa. 30:21). [...] El conflicto de los siglos desenmascara los engaños de Satanás» (Elena de White, Manuscrito 31, 1890).
Satanás se enfurece cuando las personas entregan su vida a Jesús, y hace todo lo posible por desacreditar la voz profética de Dios. Algunos de sus métodos tienen como objetivo desacreditar el don profético de Elena de White como «irrelevante» ya que escribió en una época muy diferente de la nuestra. Otra estrategia es sembrar la duda cuestionando sus afirmaciones proféticas y señalándola como una falsa profetisa. Pero la forma más eficaz de hacer que Elena de White sea irrelevante es evitar que la generación actual lea sus escritos.
Para conocer más acerca de este tema, lee Elena de White, Fundamentos de la educación cristiana (Florida: ACES, 2015), cap. 9 «Importancia de la educación», pp. 89-99; David J. B. Trim, «Elena G. de White y la misión adventista», en El don de profecía en las Escrituras y en la historia (Miami, FL: APIA, 2016), pp. 443-470; Erton Köhler, «Nuestro mandato misionero», Adventist World, abril de 2020, pp. 24-25.