PARA MEMORIZAR:
“¡Regocíjense en el Señor siempre! Repito: ¡Regocíjense!”
 

Lección 1: Para el 3 de enero de 2026
PERSEGUIDOS, PERO NO OLVIDADOS





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Lección 1 | Martes 30 de diciembre

PABLO EN FILIPOS

Durante el segundo viaje misionero de Pablo, poco después de la incorporación de Timoteo al equipo, el Espíritu Santo les impidió continuar con su labor en Asia Menor (Hech. 16:6). Entonces, durante una visión nocturna, Pablo vio a un hombre que le suplicaba: “**Pasa a Macedonia, y ayúdanos**” (Hech. 16:9). Así que, inmediatamente se dirigieron al puerto marítimo más cercano para partir desde allí a Macedonia, y navegaron desde Troas a través del mar Egeo hasta Neápolis, en el continente europeo. Pero, en lugar de predicar allí, Pablo, Silas, y Timoteo y Lucas (quienes se unieron a ellos en Troas, como indica el uso del plural “vinimos” en Hech. 16:11), se dirigieron a **Filipos**.

En su actividad evangelizadora, Pablo siempre pensó **estratégicamente**. Filipos era “la principal ciudad de la provincia de Macedonia” (Hech. 16:12). De hecho, era una de las más honradas del Imperio Romano, pues se le había concedido el estatus de *Ius Italicum* [derecho italiano], el título más honroso que se podía otorgar a una ciudad. Sus ciudadanos gozaban de los mismos privilegios que los de una ciudad situada en Italia, incluida la exención del impuesto sobre bienes inmuebles y del impuesto sobre la renta de capitación que pagaban los ciudadanos romanos poseedores de cierto capital. Además, cualquiera que naciera en la ciudad se convertía automáticamente en ciudadano romano. También era una parada importante en la **Vía Ignacia**, la principal ruta terrestre que conectaba Roma con Oriente. El establecimiento de una importante presencia cristiana allí permitió a la iglesia de Filipos llevar el evangelio a muchas otras ciudades cercanas, como Anfípolis, Apolonia, Tesalónica y Berea (ver Hech. 17:1, 10).

Curiosamente, la lengua oficial en la Filipos del siglo I era el latín, como demuestra el predominio de inscripciones en dicha lengua. En Filipenses 4:15, Pablo incluso se dirige a ellos con una palabra que suena latina (*filippēsioi*), al parecer en reconocimiento de su especial condición romana. Sin embargo, el griego era la lengua del mercado y de los pueblos y las ciudades de los alrededores, así como el medio de difusión del evangelio. Lucas describe cómo Pablo y su equipo se reunieron para orar junto al río, donde **Lidia** y su familia se convirtieron (Hech. 16:13-15). Como mujer de negocios (vendía púrpura), es posible que haya sido uno de los principales apoyos financieros en Filipos para el ministerio de Pablo. El tiempo que Pablo y Silas pasaron allí en la cárcel condujo a la conversión de toda otra familia: la del carcelero.

El Espíritu Santo sabía que Filipos sería el puesto de avanzada para la expansión del evangelio a través de Europa, aunque también habría persecución. Por muy mala que sea, la persecución puede, en determinadas circunstancias, permitir que el evangelio llegue a personas que de otro modo no podrían ser alcanzadas.

Lee Hechos 9:16. ¿Cómo nos ayuda este texto a entender algunas de las pruebas de Pablo? ¿Cómo puede ayudarnos a entender algunas de las nuestras? 9


Comentarios de Elena G. de White

A pesar de la iniquidad que prevalecía, había un número de hombres santos, ennoblecidos y elevados por la comunión con Dios, que vivían en compañerismo con el cielo. Eran hombres de poderoso intelecto, que habían realizado obras admirables. Tenían una santa y gran misión; a saber, desarrollar un carácter justo y enseñar una lección de piedad, no solo a los hombres de su tiempo, sino también a las generaciones futuras. Solo algunos de los más destacados se mencionan en las Escrituras; pero a través de todos los tiempos, Dios tuvo testigos fieles y adoradores sinceros.

¡Cuán a menudo los que confiaron en la Palabra de Dios, aunque eran en sí mismos completamente impotentes, han resistido el poder del mundo entero! Enoc, de corazón puro y vida santa, puso su fe en el triunfo de la justicia contra una generación corrupta y mofadora; Noé y su casa resistieron a los hombres de su época; los hijos de Israel resistieron al más poderoso ejército de la más poderosa nación del globo; David resistió a Saúl; Sadrac y sus compañeros en el horno de fuego; Daniel entre los leones; Jesús en la cruz y Pablo encadenado ante Nerón.

No solo en la Biblia se encuentran estos ejemplos. Abundan en los anales del progreso humano. Los valdenses y los hugonotes, Wiclef y Hus, Jerónimo y Lutero, Tyndale y Knox, Zinzendorf y Wesley, y multitudes más, han dado testimonio del poder de la Palabra de Dios contra el poder y el proceder humanos que apoyan el mal. Estos constituyen la verdadera nobleza del mundo. Constituyen su realeza. Los jóvenes de hoy día son llamados a ocupar sus lugares.

(Conflicto y valor, 3 de enero, p. 9)

Consideremos por un momento la experiencia de Pablo. El apóstol fue encarcelado y encadenado en el momento en que parecía que su labor era más necesaria para fortalecer la sufrida y perseguida iglesia. Pero este fue el momento en que el Señor obró y las victorias que ganó fueron preciosas.

Cuando en apariencia Pablo podía hacer menos, la verdad encontró entrada en el palacio real. No fueron los sermones magistrales de Pablo delante de estos hombres notables, sino sus cadenas lo que llamó la atención de ellos. Mediante su cautiverio el apóstol se transformó en un conquistador para Cristo. La paciencia y la humildad con las que él se sometió a su prolongado e injusto confinamiento impulsaron a estos hombres a pesar el carácter del apóstol. Al enviar su último mensaje a sus amados en la fe, Pablo une a sus palabras los saludos de los santos de la casa de César dirigidos a los santos de las otras ciudades.

(Reflejemos a Jesús, 10 de diciembre, p. 350)