El pecado en la iglesia
Lección 4, para el 24 de julio

El pecado en la iglesia

La iglesia de Corinto enfrentaba serios problemas de inmoralidad. Pablo aborda con firmeza el pecado en la iglesia, llamando a la pureza y a la disciplina eclesiástica con amor y restauración.

El matrimonio y la soltería

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La afirmación de Pablo de que nuestro cuerpo «es templo del Espíritu Santo» (1 Corintios 6:19) aparece en el contexto de una advertencia contra la inmoralidad sexual. Ser templo del Espíritu es la única forma de llevar una vida santa. La iglesia es una comunidad cristiana que se distingue del entorno que la rodea. La presencia del Espíritu Santo hace posible esto.

Lee 1 Corintios 6:19-7:9. ¿Cómo ilumina este pasaje la forma en que se puede poner en práctica el mandato de huir «de la inmoralidad sexual» (1 Corintios 6:18)?

Hay lecciones importantes sobre la sexualidad en 1 Corintios 7. A grandes rasgos, este capítulo se puede dividir en dos secciones: (1) Instrucciones sobre el matrimonio (1 Corintios 7:1-24); (2) instrucciones sobre la soltería (1 Corintios 7:25-40). El capítulo 7 de 1 Corintios nos ayuda a comprender que es importante y necesario hablar acerca de la sexualidad.

Sin embargo, al leer 1 Corintios 7, debemos recordar que Pablo está respondiendo a preguntas específicas relacionadas con cuestiones de la iglesia de Corinto. De lo contrario, algunas afirmaciones podrían dar la impresión de que tiene una opinión negativa del matrimonio, lo cual no es así (1 Timoteo 4:1-3; 5:14; ver también Hebreos 13:4).

Es notable que el mandato «huyan de la inmoralidad sexual», en 1 Corintios 6:18, esté enmarcado por la idea de unirse a Cristo (1 Corintios 6:17) y ser templo del Espíritu (1 Corintios 6:19). ¿Hay una mejor manera de huir de la inmoralidad sexual? Por supuesto que no.

Además, Dios es el creador de la sexualidad, un privilegio reservado por Dios exclusivamente para ser disfrutado por un hombre y una mujer heterosexuales y biológicamente nacidos como tales, en el contexto del matrimonio, el único tipo de unión matrimonial sancionado en la Biblia.

Al decir «huyan de la inmoralidad sexual», Pablo puede tener en mente la historia de José (Génesis 39:6-18). La Biblia dice que, ante las insinuaciones lujuriosas de la esposa de Potifar, José «huyó» de la casa (Génesis 39:18). Esto se menciona nada menos que cuatro veces en Génesis 39:6-18. Aunque la Biblia no lo dice directamente, se da a entender que José se mantuvo virgen hasta llegar al matrimonio (Génesis 41:45). Era un hombre lleno del Espíritu Santo (Génesis 41:38) y quería hacer lo correcto ante los ojos de Dios.

¿Cómo podemos, como iglesia, protegernos de las opiniones aberrantes acerca de la sexualidad que dominan la cultura?

Comentarios Elena G.W

Si los que piensan contraer matrimonio no quieren hacer después reflexiones tristes y desdichadas, deben dedicar ahora a su casamiento muy serias meditaciones. Si se lo da imprudentemente, este paso es uno de los medios más eficaces para destruir la utilidad de hombres y mujeres jóvenes. La vida llega a serles entonces una carga, una maldición. Nadie puede destruir tan completamente la felicidad y utilidad de una mujer, y hacer de su vida una carga dolorosa, como su propio esposo; y nadie puede hacer la centésima parte de lo que la propia esposa puede hacer para enfriar las esperanzas y aspiraciones de un hombre, paralizar sus energías y destruir su influencia y sus perspectivas. De la hora de su casamiento data para muchos hombres y mujeres el éxito o el fracaso en esta vida, así como sus esperanzas para la venidera.

¡Ojalá que pudiera inducir a la juventud a ver y sentir su peligro, especialmente el de contraer casamientos desdichados!

El casamiento es algo que afectará vuestra vida en este mundo y en el venidero. Una persona que sea sinceramente cristiana no hará progresar sus planes en esa dirección sin saber si Dios aprueba su conducta. No querrá elegir por su cuenta, sino que reconocerá que a Dios incumbe decidir por ella. No hemos de complacernos a nosotros mismos, pues Cristo no buscó su propio agrado. No quisiera que se me interpretara en el sentido de que una persona deba casarse con alguien a quien no ame. Esto sería un pecado. Pero no debe permitir que la fantasía y la naturaleza emotiva la conduzcan a la ruina. Dios requiere todo el corazón, los afectos supremos (El hogar cristiano, pp. 34, 35).

¿Qué debe hacer todo creyente cuando se encuentra en esa penosa situación que prueba la integridad de los principios religiosos? Con firmeza digna de imitación debe decir francamente: “Soy cristiano a conciencia. Creo que el séptimo día de la semana es el día de reposo bíblico. Nuestra fe y principios son tales que van en direcciones opuestas. No podemos ser felices juntos, porque si yo sigo adelante para adquirir un conocimiento más perfecto de la voluntad de Dios, llegaré a ser más diferente del mundo y semejante a Cristo. Si usted continúa no viendo hermosura en Cristo ni atractivos en la verdad, amará al mundo, al cual yo no puedo amar, mientras yo amaré las cosas de Dios que usted no puede amar. Las cosas espirituales se disciernen espiritualmente. Sin discernimiento espiritual usted no podrá ver los derechos que Dios tiene sobre mí, ni podrá comprender mis obligaciones hacia el Maestro a quien sirvo; por lo tanto le parecerá que yo le descuido por los deberes religiosos. Usted no será feliz; sentirá celos por el afecto que entrego a Dios; y yo igualmente me sentiré aislado por mis creencias religiosas. Cuando sus opiniones cambien, cuando usted responda a las exigencias de Dios y aprenda a amar a mi Salvador, podremos reanudar nuestras relaciones”.

El creyente hace así por Cristo un sacrificio que su conciencia aprueba, y demuestra que aprecia demasiado la vida eterna para correr el riesgo de perderla. Siente que sería mejor permanecer soltero que ligar sus intereses para toda la vida a una persona que prefiere el mundo a Cristo, y que le apartaría de su cruz (El hogar cristiano, pp. 58, 59).

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